Tuesday, Oct. 17, 2017

La generación a la que desvinculamos del trabajo

La generación a la que desvinculamos del trabajo

Forges_productividadHe escuchado en varias ocasiones a Petros Márkaris explicar que lo peor de la crisis griega es que se están cargando a toda una generación. La mezcla explosiva de falta de empleo para la gente joven con una sobrecualificación que no queda satisfecha al, por fin, entrar a trabajar, y una evidente pérdida de calidad en el empleo ofertado configuran un cóctel explosivo. Su última novela, Pan, educación, libertad, dibuja un panorama sombrío con gente que sobrevive al sistema y donde los grandes empresarios son también grandes delincuentes. Si querías medrar ya sabías lo que había que hacer: negocios corruptos. ¿Os suena?

Sé que voy a poner un poco dramático, pero creo que algo parecido está pasando por aquí. Yo pertenezco al baby boom de los 60. En mi caso la salida al mercado de trabajo coincidía con la de otra mucha gente joven, conformando promociones tremendas de universitarios. Lo hacíamos cuando aquí, en esta parte del sur de Islandia, se desmantelaba gran parte de la industria siderúrgica que había dado de comer a nuestros padres. Sin embargo, no me digáis por qué, había trabajo.

Tras aquel momento delicado de principios de los 90, comenzó una época de bonanza económica que ha llegado hasta las puertas de esta crisis sistémica en la que vivimos desde hace unos años. Crisis financiera que ha desembocado en una pérdida de confianza en muchas de las instituciones “de toda la vida”. Porque, por ejemplo, las “Cajas de Ahorros” representaban esa idea de confianza y obra social, muy pegada a los valores de la gente de a pie. Al mismo tiempo, la “empresa” ha escalado el Tourmalet de la competitividad y no quiere ni por asomo oír nada de contrato a largo plazo con sus personas. ¿Curvas de carrera? Forges ya ironizo con los contratos de 5 minutos y luego el “ya veremos”.

Creo que estamos tirando a la basura a buena parte de la generación de quienes han nacido en los 80. A veces pienso que es una especie de tormenta perfecta. Todos los factores se han unido para descabalgar a esta gente de la ilusión. Les estamos robando autoestima y estamos provocando que su vínculo con la actividad profesional haya perdido el norte. Esta gente no quiere compromiso con la empresa porque les hemos enseñado que la empresa no quiere compromiso con ellos. Como siempre, con excepciones, pero me temo que en estas andamos.

Los trabajos basura de personas cualificadas provocan daños colaterales. El vínculo con el trabajo es el que es: me da algo de dinero para tirar adelante. Pero no me pidas más porque las reglas que has puesto, tú empresa, son las que son. Quisiste mano de obra barata y ahora recibes tu propia medicina: compromiso cero. Soy tu empleado y tu enemigo.

El virus ya ha hecho su trabajo. Una generación está infectada. ¿Cultura del esfuerzo? Eso es lo que quienes venimos del baby boom escuchamos de nuestros padres y madres y que, hasta cierto punto, el mensaje nos caló. Trabajo con el sudor de nuestra frente. Hasta incluso lo llegamos a comprender. Vida dedicada al trabajo. Trabajo en lo alto de nuestras pirámides de autoestima. Pero eso está muriendo. La competitividad y el ansia por el éxito a toda costa lo están matando.

Disculpad el tono. Seguro que la crisis que nos envuelve nos conduce a un discurso recursivo donde crisis es causa y consecuencia. Pero ahí enfrente hay mucha gente joven que, con los niveles de paro en donde se ahoga, no puede pensar de otra manera. Alguien les ha jodido el futuro. Y bien jodido. Y no, no puedo ni debo excluir la parte de responsabilidad que seguro que me toca.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(13) comentarios

  1. Iván
    19/11/2013 at 14:12

    Tiempos complejos estos en los que vivimos. Hace años cuando todavía andaba estudiando la carrera un amigo ya me dijo aquello de que las empresas estaban sembrando vientos e iban a recolectar tempestades. Debido al putear a la gente joven estaban recolectando aquello de que mucha gente se convirtiese en mercenarios que iban donde estuviera el mejor postor. Obviamente el empleo y trabajo se está convitiendo en un bien escaso y algunas ( digo muchas) empresas se escudan en ello para bajar sueldos y hacer despidos totalmente improcedentes, ahora hay barra libre aunque las empresas no tengan problemas. Todo ello obviamente con las nuevas leyes que se sacan de la manga políticos ultraconservadores y que tiran por la borda décadas de derechos de la clase trabajadora.Ahora parece que estamos en un barco que se hunde y donde hay que luchar para salvarse, el mar está lleno de tiburones con una clase política empresarial y banquera que se hace favores entre ellos, todos unidos y velando por salvaguardar sus intereses y sus círculos de poder.

  2. Juanjo Manzano
    19/11/2013 at 15:27

    El optimiso no debe faltar, aunque la situación engendre odio, malestar y falta de vida. Lo mismo la buena noticia es que tengamos que trabajar menos si conseguimos necesitar menos para vivir. La sostenibilidad a largo plazo no es ni mucho menos sintoma de conformismo, es lo que es, recursos limitados que parece se siguen llevando unos cuantos. Lo más preocupante es que "el virus ya ha hecho su trabajo" y la nueva sociedad está desilusionada, cansada y harta de que Sres. de corbata pisoteen su única vida. Aún así también debemos mirar hacia los frentes de esperanza donde en masa, miles de jóvenes construyen caminos honestos de transparencia como el ejemplo del emprendimiento social. Felicidades por el post Julen! Feliz martes.

  3. Isabel
    19/11/2013 at 19:14

    La dimensión del problema es la que es y el modo avestruz no funciona. Hay que mirar a la realidad de frente. Firmo cada palabra y no soy una persona derrotista, más bien peco de lo contrario.

  4. antonio angel
    19/11/2013 at 22:00

    Hola Julen. No exageras y abordas un punto para mi clave; el famoso mantra de la vinculación con la empresa; el lamento de muchos falsos empresarios, que se rasgan las vestiduras por que sus trabajadores se les cae el boli o dejan su herramienta cuando llega la hora.

    ¿Qué quieres? Es lo que has sembrado. No los quieres, no te quieren. No das, no recibes. Es triste, pero lógico.

    Lo peor es que esta generación en muchos casos crece con esa desconfianza profunda hacia el trabajo por cuenta ajena con todo lo que implica; es como un virus, donde los buenos empleadores/as, (que los hay), deben demostrarlo permanente y pacientemente, para volver a sembrar motivación y pasión por un proyecto.
    Sigamos sembrando y algunas plantas crecerán
    Un abrazo

  5. Goyo del Sol
    20/11/2013 at 01:07

    Justo hoy, por otros asuntos, pensaba yo que más o menos dos o tres años después de mi año, el 78, estaba el nacimiento de los últimos que cuando lleguen a mi edad podrán pensar en su trayectoria laboral como una "carrera laboral" con un cierto sentido (y eso que la mía tiene poco de eso). En mi escasa experiencia y con mi pobre bagaje social, me atrevo sin embargo a decir que los nacidos desde el 82 en adelante son ya esa generación perdida. Y quizás, esperemos que no, yo y otros acabemos engrosando también sus filas: los del 78 empiezan a criar hijos y a acercarse peligrosamente a los 40, otra frontera terrible.

  6. Pingback: La generación a la que desvinculamos del...

  7. Susana
    22/11/2013 at 06:47

    Ciertos todos los comentarios, pero hay q dejar sitio a la ilusión. Los nacidos en los 80, sobrecualificados, tienen q luchar para ser felices y tratar de trabajar en lo q les guste aunque no sea en lo q están superpreparados.
    Y luchar. Si no se puede en España q sea en toda Europa o en cualquier lugar del mundo.
    No es bueno para todos ellos q se hable todo el rato de generación perdida.
    Han vivido muy bien en sus años mozos, cosa q no nos pasó a las generaciones del 50 y parte del 60. Ahora les toca luchar y no por ello estresarse, sobre todo si tienen la generación anterior para apoyarles

  8. Pingback: Emprender: superman y superwoman por necesidad | Consultoría artesana en red

  9. Gorka Corres (@gcorreszamacola)
    23/11/2013 at 09:57

    Hola Julen:

    Me ha gustado mucho el artículo porque formo parte de esa generación que citas en el post; aún sigo creyendo en la cultura del esfuerzo pero a veces no dejo de pensar lo que hay en mi alrededor y es preocupante.

    Saludos!

    Gorka

  10. Pingback: La generación a la que desvinculamos del...

  11. Formacion empresas
    04/12/2013 at 11:21

    Yo tampoco creo que exageres. Lo cierto es que hace tiempo que incluso yo me considero más un mercenario que un trabajador.
    Está claro que los tiempo que corren nos han llevado a un límite profesional que no habíamos conocido hasta ahora. La falta de estabilidad y el miedo no son buenos compañeros ni crean los mejores valores. Ahora todo vale.
    Sin embargo, todos deseamos que vuelva a haber ese compromiso, el poder confiar en que cuando llegue el final del contrato te renovarán y te harán indefinido y no te echarán a la calle porque la empresa recibe ayudas por contratar a alguien que esté en el paro.
    Los trabajadores queremos volver a confiar, volver a pasar años en un empresa, compromiso y responsabilidad, pero me temo que ahora las organizaciones no están o no quieren estar en esa tesitura y prefieren otros "premios" "mejores" a un empleado fiel y contento.
    Es el pez que se muerde la cola

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