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Etapa 11: Salamanca-Manganeses de la Lampreana

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03/04/2013


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Etapa 11: Salamanca-Manganeses de la Lampreana

En fila para la fotoSalamanca me pareció muy viva, con una mezcla de turistas, chavalería Erasmus y gente local. Quizá contribuyó también una tarde soleada y cierto tiempo para callejear sin prisas. La plaza Mayor reducía espléndida con algún que otro viejecito dormitando en los bancos al sol. Se ve que andan escasos del astro rey últimamente y quieren aprovechar cada rayo que ofrece en estas tardes de primavera.

Aproveché para quedar con una amiga a la que pude desvirtualizar mientras nos contábamos lo imprescindible que hoy en día es mantener una actitud mental positiva ante la crisis. En la conversación junto con otra amiga suya, salió a escena el caso islandés, bien interesante como referencia de que hay alternativas.

La tarde también dio de sí para pasar por las manos de una fisioterapeuta a la que llegué por recomendación de una farmacéutica. Al pedirla algo para una pequeña rotura fibrilar que creo tengo en el cuádriceps izquierdo me sugirió acudir donde una amiga suya. La llamó y me hicieron un hueco. Muy de agradecer cuando uno está en ruta. Como tantas otras veces, tengo que ponerme más serio con los estiramientos. No somos chavales y el cuerpo pide cuidados extra a medida de que cumplimos años.

Por la noche planifiqué la etapa de hoy. No había mucha alternativa si quería llegar a destino a la hora de comer. Un poco más de cien kilómetros necesitaban carretera y por ahí hemos venido. En definitiva, que el camino-camino va a quedar pendiente para una próxima ocasión. Eso sí, cada vez que me he cruzado con él enseguida se ven las huellas de las lluvias. Pero debo decir que hoy desde las ocho de la mañana en que he salido hasta las dos de la tarde en que he llegado, en esas seis horas, no me ha caído ni una gota, a pesar del aviso de mal tiempo que habían previsto.

Se sale de Salamanca hacia el norte para encarar los extensos campos de cereal que caracterizan gran parte de la etapa de hoy y que la hacen bastante monótona. El horizonte es muy amplio la mayor parte de las veces y como la velocidad no puede compararse a los vehículos que llevan motor, la distancia pasa lenta por la falta de referencias.

En El Cubo de la Tierra del Vino paro en un bar del pueblo para tomarme un Cola-Cao, pero el dueño me dice que no tiene “batidos de Cola-Cao”. Le pido un té, me siento un rato y escucho cómo el buen hombre parece muy atento a un consultorio sexológico que emiten por la radio. Por cierto, a todo volumen. Escucho recomendaciones sobre juguetes eróticos para gays y lo importante que es hablar con tu pareja de las fantasías sexuales aunque luego no las cumplas. Termino el té y sigo mi camino.

Llego a Zamora entrando por la carretera nacional pero como se hace autovía tengo que inventarme el camino para entrar en la ciudad. Es lo que tiene separarse de la ruta original, que toca buscarse la vida. Tras un rodeo y un poco de barro, cruzo el Duero, que se ve marrón y que evidencia restos de una crecida reciente. Como voy algo renqueante de la pierna, no entro a su parte antigua, que conozco bastante bien de otras veces que he estado aquí. Así que sigo hacia el norte y me paro en un pueblo a la salida de Zamora, en Roales de Vino.

Otro bareto curioso. Grandes éxitos de los 80 a toda pastilla y un camarero al que no entiendo nada porque solo utiliza onomatopeyas. Dos viejecitos comen, mientras tanto, chorizo en una mesa de la esquina. Entra otro personaje al que dan la bienvenida con una salva de insultos (cariñosos) donde lo más suave es hijo de puta. Ambiente de camaradería testosterónica, cómo no.

Ya sólo quedan treinta kilómetros hasta el final de la etapa. Los hago suave suave. El cereal levanta ya un par de palmos del suelo y se muestra verde en toda su intensidad. Llego a Riego del Camino, donde veo a un peregrino a pie que me saluda efusivamente, y enfilo la carreterita que en cinco escasos kilómetros me dejará en Manganeses de la Lampreana. Directo a la casa de turismo rural donde he reservado.

Tras la comida y mientras escribo este post, abajo en la cafetería medio pueblo (todo hombres y una mujer) se alborozan en un ambiente de cartas y dominó que es tremendo. El choque las fichas y los juramentos de los que pierden se entremezclan para dar autenticidad a la escena. Qué sueño me está entrando zzzz…. zzzz. Hasta luego.

Distancia recorrida: 101,40 km. Tiempo sobre la bici: 4h 56min. Desnivel acumulado: 690 m.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Iñaki Murua
    03/04/2013 at 22:09

    ¿Cómo que a tu edad no eres (todavía) un chaval? :-D
    Viva la cosecha del 64.

  2. Pingback: Resumen del Camino Mozárabe y Vía de la Plata | Consultoría artesana en red

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