Saturday, Jul. 20, 2019

El cortoplacismo y la economía de servicios

El cortoplacismo y la economía de servicios

Traffic lightsSigo desgranando contenidos del último libro de Richard Sennett. Al igual que en los anteriores, se detiene en la forma que ha adquirido el empleo en los últimos tiempos. Un empleo que ya no vive pegado a una proyección temporal amplio sino que se encuentra intrínsecamente unido a la eficiencia de lo inmediato. La empresa ya no es eje vertebrador de nuestras vidas.

En Juntos, este libro donde centra el análisis en la cooperación, nos alerta del grado en que el cortoplacismo socava una cooperación real entre las personas. Dejo una amplia cita que forma parte del capítulo en el que profundiza en las consecuencias que para las relaciones sociales tiene el nuevo capitalismo que triunfa. Al tiempo que mira a las personas para sacar de ellas de mejor -por supuesto, coaching de por medio- genera un sistema global de desamparo porque no hay proyecto global que poner sobre la mesa.

Además, Sennett lo asocia en buena parte a la aplastante economía de servicios propia del primer mundo. Desplazada la producción a zonas donde la “mano de obra” es más barata, aquí queda un tipo de trabajo que no echa raíces en nada, que va de flor en flor picoteando aquí y allá en busca de éxitos fugaces. Innovación continua que mata lo que funciona. Porque no queda sino renovarse o morir.

El cortoplacismo ha reestructurado la índole del trabajo. Hoy en día, el mercado de trabajo ofrece un panorama compuesto de breves períodos de empleo y no ya toda una carrera sostenible. “Nada a largo plazo” es la acertada expresión de un ejecutivo de ATT, por ejemplo, que hace unos años declaraba: “En ATT tenemos que promover el concepto global de una fuerza de trabajo contingente […] los empleos están dejando su lugar a los proyectos”. El trabajo temporal, y a menudo a tiempo parcial, es un reflejo de este espíritu; hoy, el trabajo temporal es el sector que más rápido crece en la economía de servicios. Aun cuando esté empleado a tiempo completo, el joven graduado universitario de nivel medio puedes esperar que en el curso de su vida laboral cambiará al menos una docena de veces de empleador y al menos tres veces su “cualificación básica”: las habilidades que tendrá que ofrecer a los cuarenta años no serán las que ha adquirido en la facultad.

Aceptar esta condición es, curiosamente, una base para el éxito. Pero, ¿estamos realmente empobreciendo nuestras vidas? ¿Es esta la conclusión final de toda la crítica de Sennett? Saber navegar en la precariedad parece la nueva competencia endiosada por los tiempos hipermodernos. Un éxito que puede cimentar un gran fracaso colectivo.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(7) comentarios

  1. guiller
    28/01/2013 at 07:18

    Una reflexión muy necesaria. Si no recuperamos en la educación y en la práctica la mirada a largo plazo, y el compromiso con lo colectivo, las cosas no irán mejor.
    Me parece sano que el concepto "empleo" vaya a la baja (es bueno que a las personas no nos guste eso de ser usadas), y sea sustituido por el concepto "proyecto en el que participo".
    Pero si al final no hay un proyecto estable, tu duda me parece muy razonable. Saldremos de Guatemala, para entrar en Guatepeor...

  2. Iñaki
    28/01/2013 at 10:09

    Es lo que hay, pero no deja de ser inquietante sobre todo tras las últimas cifras de desempleo en España y también en Europa. Me temo que la cosa es que no estamos quedando sin proyectos...

  3. Posaderos
    28/01/2013 at 16:27

    Es triste que éste parece ser el mañana, pues cuando hay un proyecto de futuro en el que pones tu vida y en ella integras a tu trabajadora, la cual forma parte de él desde el principio y disfruta con lo que hace, resulta que luego sale el capo de la mafia, entiéndase el banco para acabar con él.
    Desafortunadamente parece ser que estamos abocados a una deshumanización del trabajo y no se puede uno identificar con él; tan sólo valen los beneficios y dinero, y más dinero...

    Saludos desde Andalucía

  4. Alfonso
    28/01/2013 at 18:56

    Muy interesante y sugerente tu comentario, Julen, daría para escribir decenas de páginas. Alguna apreciación personal: Lo que ha sido el "eje vertebrador de nuestras vidas" no es tanto la empresa sino una forma-trabajo (la alienada a la tarea, la del "empleado") que se constituye en mediación social por excelencia (la relación trabajo-persona antes del capitalismo industrial nunca fue así, para bein o para mal). Y lo que se destruye es, precisamente, el trabajo en toda su extensión; ya no es necesario cuando, en el cortoplacismo que indicas, una operación especulativa sobre cualquier país puede producir en pocas horas beneficios suculentos... El "hágase a sí mismo" tan repetido por el Sistema (y, si miramos alrededor, por tantas instituciones con un aura angelical) es una forma suave de decir "¡sálvese como pueda, ya no hay sociedad!"
    Pues bien, hoy veía un reportaje de TV3, y volvía a ver cómo Mol-Matric ha construido una empresa basada en un trabajo colectivo, cooperativo, y la ha elevado al concepto de "comunidad". Tal vez recuperar lo "común", "desalienarlo", hacerlo producir para todos, sea una vía a investigar.
    Leía este fin de semana a Postone: "... la noción de Marx de contradicción fundamental del capitalismo es, en definitiva, la de una contradicción entre el potencial de las capacidades generales acumuladas de la especie y su forma existente, alienada, tal y como es constituida por la dialéctica entre las dos dimensiones de trabajo y tiempo."
    Perdón por el rollo...

  5. Antonio Palacián
    28/01/2013 at 19:26

    Tengo ganas de leer “Juntos” precisamente por el interés que siempre he tenido por la cooperación tanto a nivel individual como colectivo. En este sentido, cada día me gusta más el concepto de que “la gestión es cuestión de tiempo”, lo que significa traer el futuro a la gestión del presente, abandonando el “cortoplacismo” de una gestión que sólo se mueve por el beneficio inmediato, incapaz de gestionar el futuro por no poder generar confianza. Sin confianza no hay equipo tampoco organización, por eso me cuesta creer que en la economía no financiera pueda ser un buen negocio trabajar a corto y espero que la economía financiera este más controlada, después de lo que estamos pasando
    http://www.desdelafrontera.com/2013/01/como-gestionar-con-futuro-comparte-el.html

  6. Isabel
    29/01/2013 at 00:22

    Me apunto este subrayado tuyo: Innovación continua que mata lo que funciona.
    Muy contradictorio con lo de incentivar los "procesos" de creatividad y el tan proclamado ensayo y error. No sé si es tan bueno como dicen eso de equivocarse rápido

  7. Pingback: Carrera profesional, sálvese quien pueda | Consultoría artesana en red

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