Saturday, Sep. 23, 2017

Por qué el descrédito de muchas grandes empresas

Por qué el descrédito de muchas grandes empresas

Big Brother is watching you ... .. .Casualidad he llegado estos días a dos artículos que giran sobre el mismo eje: la desconfianza en las grandes empresas. Mario Amartino, en su blog Denker Uber, ha escrito Jack Dorsey y las estructuras corporativas. Por su lado, Beatriz Tejedor, de B+I Strategy se pregunta directamente ¿Por qué no gustan las grandes empresas?, un artículo publicado en el periódico Estrategia Empresarial.

En este blog hemos hablado largo y tendido de la importancia de la “dimensión humana” de las organizaciones. De hecho, es una de las características que asignamos a la empresa abierta. Frente al axioma de crecer, sí o sí, que suele plantear el dogma empresarial, afirmamos que una empresa concebida sobre pequeños nodos, bien conectados y ágiles, puede resultar una opción más interesante a día de hoy al haber descendido los costes de transacción, que era lo que en muchas ocasiones justificaba la acumulación de recursos propios.

Mariano, en su artículo, repasa ideas de Jack Dorsey expuestas en un artículo que ha escrito Eric Savitz en Forbes. Ya sabéis, se trata de uno de los fundadores de Twitter y que ahora anda en Square, un proyecto muy  potente de pago a través de teléfonos móviles. Nos explica que la estructura no es que sea mala per se sino que es necesaria para conseguir repercusión y alcance. Vale, pero hoy es evidente que no es la única opción. Y de opciones hablamos, porque ya dije en su día que también las grandes empresas hacen falta. Y dicho lo anterior, eso no quita para que podamos preferir otras opciones.

Beatriz Tejedor, por su parte, dice no entender por qué la mala fama de las grandes corporaciones. Y muestra su incredulidad:

Resulta sorprendente que a la ciudadanía no le gusten las empresas grandes, y que sin embargo la política industrial de los gobiernos intente lograr el crecimiento de las pymes para que superen determinadas carencias propias de su tamaño y que las hacen menos competitivas internacionalmente.
No entiendo que a todos nos llene de orgullo que un determinado deportista o equipo triunfe en el exterior y tenga repercusión mediática internacional y que sin embargo no aplaudamos masivamente a los empresarios y equipos directivos que, superando dificultades, han sido capaces de crecer y construir empresas sólidas, competitivas y referentes en sus respectivos sectores.

Mi reflexión es bien sencilla: estamos ante una crisis de confianza en las instituciones. Demasiadas malas jugadas. Se le han visto las orejas al lobo en tantas ocasiones que ahora se percibe casi un reflejo automático de prevención ante esas voluminosas corporaciones. Algunas de ellas representan al capitalismo más brutal, desatado y ¡emocional! Juegan con reglas que “parecen” humanas pero que no lo son. Las personas dejan de tener un nombre para ser un número. Cuando la crisis llega y comienzan los despidos, no hay nombres sobre la mesa, solo hay números. Y aquello de que las personas eran el capital más valioso me temo que ya nunca podrá volver a ser utilizado.

En muchos casos, las personas de a pie son obstáculos para los deseos de las grandes corporaciones. En realidad trabajan en un escenario donde sobran los corazones y las mentes críticas. Los objetivos de beneficio y de valor para el accionista son sagrados y derriban cualquier construcción ética precedente cual bulldozer desfogado.

Es evidente que entre la población de grandes empresas las habrá fiables. Pero el daño ya está hecho. La ciudadanía ha sido agredida. Los modelos de competitividad se han cargado la confianza de las personas. Recuperarla va a costar mucho. El enriquecimiento de unos ha sido el despido de otros y el empeoramiento de las condiciones de la mayoría. Los desequilibrios sociales son el daño colateral que minusvaloraron. Ahora que carguen con las consecuencias. Mucha gente de a pie está en contra. Y no sé hasta dónde son personas recuperables. La fractura social es una realidad. Las empresas, como dice Richard Sennett, han dejado de ser un eje vertebrador de nuestras vidas.

Ahora queda todavía la esperanza de que ese eje pueda serlo quizá nuestra profesión entendida de una forma abierta y distribuida, en colaboración con nuestros iguales.

 

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(8) comentarios

  1. Alfonso Romay
    13/11/2012 at 07:25

    Mucha razón tienes, compañero.

    Hablando de que pasamos de personas a números, me has recordado un tuit de Manuel Cuéllar (uno de los periodistas de El Pais despedidos recientemente) que se quejaba amargamente del despido por correo electrónico y como le había llegado una cita (también por correo), con un número de expediente de su caso y sin referencia personal alguna. Cuando una empresa hace las cosas de esta forma, no es difícil pensar que nunca le importaste demasiado. Personas de usar y tirar.

  2. Iván
    13/11/2012 at 10:19

    La dimensión humana creo que es algo super importante, sobre todo para un % de personas y profesionales que prefieren el trato en las distancias cortas.. Es curioso el cambio de paradigma, hace años la gente se peleaba por ir a esas grandes organizaciones, e incluso los MBA fueron un puente para ir a esas empresas. Fruto de todos los cambios las cosas empiezan a verse de otra forma, incluyendo esa educación superior de grandes ejemplos sobre grandes empresas.

  3. Coworking & Business Place
    13/11/2012 at 16:44

    Muy buen post, felicidades. Es sorprendente pero muchas veces no se trata más que de sentido común (el menos común de los sentidos). Cuando la sociedad se comporta de una forma determinada no es al azar. Se dan una serie de factores que producen esos comportamientos y se debería prestar más atención a esto antes de tomar decisiones. No sirven de nada las teorías económicas si no se tiene en cuenta que estamos hablando de personas.
    Un saludo y muchas gracias a todos.
    @Coworking_Place

  4. Arguelles_I
    13/11/2012 at 17:29

    Yo trabajo en una, y me consuelo pensando que la verdadera empresa son los compañeros que tengo alrededor y con las personas que trato habitualmente.
    Ya no hay confianza y no nos creemos las promesas (si es que las hay) que llegan desde los departamentos de RR.HH.

  5. Pingback: Personas, ¿activo más valioso de una empresa? | Blog de Alfonso Romay

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  7. Pingback: CarWarez.Com » Week-Log.447

  8. Julen
    26/11/2012 at 06:44

    Hola. Ese consuelo que comenta Arguelles_I creo que es compartido por mucha gente. No ver grandes empresas sino personas que trabajan allí es una buena defensa. Despidos por correo atentan contra el sentido común, pero éste ha dejado de habitar en buena parte de las grandes corporaciones. Por eso, Iván, seguimos peleando por las cosas pequeñas, mucho más gratificantes desde mi punto de vista.

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