Thursday, Oct. 30, 2014

Consultoría artesana, microempresas unidas por una marca

Consultoría artesana, microempresas unidas por una marca

micro_buggy1Supongo que necesitas una imagen, una identidad corporativa, una marca. Vamos, un conjunto de elementos visibles a los ojos de quien te mira y de rasgos que conecten emocionalmente con sus corazones. Pero de esto hay gente que sabe mucho más que yo; así que no voy a meterme en camisas de once varas. Lo que me interesa es hablar un poco de las microempresas y su relación con una marca ¿común?

Claro, no me queda otra que recurrir a los ejemplos cercanos. Perdonad que me mire al ombligo pero ahí está lo de la consultoría artesana en red, sea lo que sea. Porque, ¿es una marca? A ver, por favor, los más jóvenes, si quieren aportar alguna idea, por mí encantado. Pues fíjate que yo no lo veo como una marca… en sentido estricto.

Por supuesto que si salimos ahí fuera es posible que “consultoría artesana” se perciba como un estilo, unas maneras y unas prácticas. Y eso hace que deba dar mi brazo a torcer y decir que sí, que pulpo es animal de compañía. Pero también supongo que una marca hay que trabajarla “intencionalmente”. Bueno, ya, seguro que hay quien me machaca los hígados porque a ver para qué tengo un blog o para qué incluyo un logo en propuestas y documentos varios. Ya, pero esta marca no es, ni mucho menos, de mi propiedad. Ahí estoy 100% de acuerdo con Jon Fernández, gerente de Orbea, cuando explicaba hace unos días en una clase de MBA que compartí con él cómo “Orbea” es una marca en poder de sus usuarios.

Hay gente que me pregunta de vez en cuanto si puede utilizar eso de “consultoría artesana”. Fue un debate de hace mucho mucho tiempo, allá por Málaga creo que tres años atrás. El manifiesto que parimos reflejó parte del sentir sobre una cierta forma de trabajar en consultoría. Y el calificativo de “artesana” volaba de flor en flor porque encajaba con el enfoque que otra gente quería dar a su actividad profesional. Así que, ¿quién era yo para decir que ese concepto de “consultoría artesana” me pertenecía? Nadie, no podía apropiármelo antes y mucho menos ahora.

En realidad, lo bonito de este asunto, ahora que sé que al menos una escuela de negocios se ha fijado en este variopinto sector de la microempresa, es que cuanta más gente usa la ¿marca? mejor. Y sí, ya sé que si esto sirve para vender, a lo mejor luego hay que renegar de ello. Pero no estamos en ese estadio. Ahora que la crisis aprieta como nunca y que en vez de precariedad dicen emprendizaje, puede ser momento para renovar el enfoque. ¿Qué nos distingue me gustaría que nos distinguiera? En el fondo es un estilo, una ética, tan difusa y tan difícil de replicar.

Así que lo que parece más lógico es impulsar microempresas y que cada una, si así lo decide, pueda beneficiarse de una marca que le proporciona cobertura para reflejar una manera concreta de entender la consultoría. Digo “microempresas” porque va pegado a la idea de artesanía. No soy tan purista como para hablar de unipersonal pero sí que diez personas son multitud. ¿O no?

Realmente lo bonito de esta historia no es ni siquiera que haya más gente que hable de “artesanía” en su trabajo consultor. Más que las palabras importan los hechos. Cuando veo que a gente a mi alrededor le va bien, de veras que me entra un subidón maravilloso. ¿Qué hay más reconfortante que otra gente también pueda salir adelante con sus proyectos, humildes y a la vez ambiciosos? ¿No se merecen que les echemos una mano con todo lo que podamos?

Mientras, la marca “consultoría artesana” se mantiene difusa, etérea, compleja de asir. No hay una frase lapidaria que se repite una y otra vez. No hay un esfuerzo mediático por enfatizar un mensaje convergente. No, la ¿marca? tiene que volar, tiene que romper amarras con quienes -viejunos ya- la empezamos a usar. Ni que Sennett se cruzara por el camino ni que un grupo de figuras nos encontráramos a gusto. Da igual. Lo que importa es que a la gente le sirva.

Vamos, resumiendo, que si tuviera que colocarle una licencia de Creative Commons, no lo dudaría: cesión a dominio público, esa que la misma gente de Creative Commons no recomiendan porque no tiene cobertura legal. Aún así, al igual que en el caso del manifiesto de la consultoría artesana -nada de legalidad-, merece la pena pensar en la marca como cedida al dominio público, de acuerdo con las premisas de este manifiesto, ¿no? Pues hasta aquí puedo leer. ¿Es esto branding abierto? ;-)

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.