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Saturday, May. 27, 2017

Aprender de quien aprende y no tanto de quien enseña

Aprender de quien aprende y no tanto de quien enseña

EffortTenía a medio escribir este artículo cuando ha caído en mis redes un macro-post de Asier Gallastegi donde hace una potente reflexión sobre diversos aspectos relacionados con la educación, dentro de las aulas pero también fuera de ellas. Os lo recomiendo. Mi artículo, como decía a medio escribir, compartía piso con otro buen montón de borradores que suelo tener en la recámara para cuando llega la inspiración. El artículo de Asier me ha hecho desempolvarlo. Gracias, compañero 😉

Aunque resulte complicado, yo creo que la bronca, el conflicto y la tensión deben estar presentes en la educación. La lógica me dice que si las aulas se convierten en un bálsamo de aceite algo estamos haciendo mal. Y no veo que la tensión del aprendizaje sea algo que se encare en positivo. Me parece que en esta sociedad hiperprotectora que estamos construyendo, todo tiene que rodar perfecto. Que no te cueste, que no te desagrade. La letra no puede entrar con sangre. Eso es de otras épocas.

Así que los esfuerzos de quienes enseñan van dirigidos a construir el mejor de los actos educativos. Hay que manejar todas las variables para que la experiencia -sí, aquí también llega la moda empresarial de crear experiencias- educativa sea gratificante. La idea es sencilla: al disfrutar del aprendizaje la gente aprende mejor. Redundancia y perogrullada… pero quizá no es así siempre ni tenemos que darlo por sentado. Interviene mucho eso de para qué aprendo y el valor que asigno a lo que estoy aprendiendo. Los estímulos pasan por el tamiz de la percepción personal y ahí todo se reinterpreta. No somos tabula rasa.

De hecho me parece que puede tener más sentido aprender de quienes aprenden bien que no tanto centrarnos en la figura de quien enseña. A fin de cuentas, el mundo se ha licuado lo suficiente como para que el conocimiento semeje algo más parecido a un río en continua transición que no a bloques permanentes de contenido. Las fronteras de los países cambian, surgen nuevas enfermedades, aparecen nuevas especies, se descubren errores de la ciencia… El mundo se mueve, ¡menos mal!

¿Por qué ante los mismos estímulos unas personas aprenden y otras no? Si el contexto es el mismo, ¿qué sucede para observar esas diferencias? ¿Acaso es un asunto que viene de serie solo en cierto tipo de ser humano? ¿Ha ocurrido algo en la genética que ha perturbado las capacidades que parecen innatas en otras personas? ¿O es una cuestión de habilidades que se pueden aprender y que son entrenables? ¿Alguien en la sala tiene la respuesta?

Ayer repasaba la estupenda presentación que Ainhoa Ezeiza había preparado sobre aprendizaje basado en proyectos. Por ahí veo muchas posibilidades. Igual que en el modelo de aprendizaje basado en problemas, que me explicaban hace un par de semanas guía todas las unidades educativas que se imparten desde la UOC Business School. El qué debe movilizar recursos y obligar a conformar coaliciones donde las personas interactúen y entren en conflicto. Porque así es el mundo, porque aprender es partir de cierta tensión, de algo que no está tan claro y que hay que escudriñar. Ya vale de tanta perfección política, demos paso a lo incorrecto y transgresor.

Debería ser una labor conjunta de quien enseña y quien aprende. Una labor donde los roles se intercambian de vez en cuando porque en esa transferencia de conocimiento quien “teóricamente” enseña debe aprender… ¡¡¡sobre cómo aprenden los seres humanos!!! Y eso solo lo hace observando a quienes consiguen hacerlo y a quienes no llegan a hacerlo. Así que, al final, necesitamos que haya gente que aprenda y otra que no lo haga, porque del éxito y del fracaso obtenemos conocimiento. Claro que lo segundo, el fracaso, es un estigma. Pero no, no siempre tiene por qué serlo.

 

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(6) comentarios

  1. Isabel
    18/07/2012 at 06:52

    Creo que el miedo a aprender implica obsolescencia en el enseñar. Coincido, el post de Asier es magnífico.

    Saludos

    • Julen
      18/07/2012 at 11:08

      Bueno, miedos hay muchos y a veces aprender lo volvemos, quizá sin querer, amenazante.

  2. Ainhoa Ezeiza
    18/07/2012 at 10:08

    Ostras, Julen, no sé por dónde empezar... empezaré por el título entonces.

    Aprender de quien aprende: el problema es lo que se conoce comúnmente con que cada cual es de su padre y de su madre (y del entorno, y de etc. etc.). Las investigaciones que se han realizado sobre cómo aprende quien aprende mucho y bien (en fin, dejemos lo de qué es aprender bien de momento...) indican que la diferencia individual es tan alta que se puede decir que es una estafa que los docentes digamos que hemos dado con la forma adecuada de enseñar (o de "generar experiencias de aprendizaje", así más en plan "cool"). Yo suelo decir que los profes vamos "a voleo" y cruzando los dedos a ver si damos en el blanco de alguien. Por eso, desde la didáctica promovemos las propuestas abiertas, para ver si conseguimos llegar de alguna forma a un porcentaje mayor de personas.

    Y es que no es solo que no sepamos cómo aprenden nuestros/as alumnos/as y hay que tantear, sino que además no solemos saber cómo aprendemos nosotros mismos, con lo cual tampoco podemos pedir ayuda tan fácilmente a nuestros profes. Porque, claro, no solo es la variabilidad individual y la dificultad para ser conscientes de lo que nos funciona, sino que además no funcionamos igual ante las mismas cuestiones de aprendizaje (vamos, que se puede ser muy torpe aprendiendo a crear una empresa y muy hábil aprendiendo idiomas, etc.), y también pasan cosas en "experiencias" tipo "cursos para fomentar el liderazgo", que claro, en el curso todo muy bien pero no es lo mismo liderar un proyecto de un tipo o de otro, o liderar una empresa, o un gobierno.

    En fin, eso en relación a aprender de quien aprende. Hay que saber a quién estás copiando el día del examen, que es muy fácil equivocarse.

    En relación al conflicto, suelo utilizar el símil del pescado atlántico frente al pescado mediterráneo (tuve la ocasión de probar langosta del Pacífico y... en fin... que parecía pollo). Los peces que saben que hay que pelear para subsistir son más "consistentes"... claro, que también fallecen algunos en el intento. Estamos de nuevo en lo mismo: hay personas que necesitan calma para aprender y hay quien necesita tensión y kaos. Tratar de buscar una solución única para todo el mundo me temo que es volver a meter la pata.

    En relación a la metodología de aprendizaje basado en problemas... me decía un matemático a quien aprecio mucho, que es David Pinyol, del IOC (Institut Oberto de Catalunya) es que no le ve la gracia a que los alumnos resuelvan problemas si no son capaces de inventárselos, encontrarlos o detectarlos. Por eso veo mejor el aprendizaje basado en proyectos, a ser posible proyectos que surgen de los propios estudiantes. Creo que es mejor que el aprendizaje no se base en hacer diagnóstico y tratamiento de problemas prediseñados, sino en la búsqueda de ocasiones para experimentar.

    Sobre el trabajo en grupo y equipo... eso sí que es la ley de la selva. Se hace cada barbaridad que ahora que se ha puesto de moda trabajar en grupo, tenemos quemados a los estudiantes. El conflicto y el disenso son parte del aprendizaje, pero pocas veces se ofrece el tiempo suficiente para que los grupos resuelvan y aprendan sobre sus dificultades. Es el problema de la orientación a la tarea, el establecimiento de cronogramas donde no se prevé el tiempo para trabajar la cohesión de grupo o reflexionar sobre los procesos de aprendizaje grupales.

    Bueno, que esto más que un comentario parece un post ;-) En cualquier caso, estoy de acuerdo contigo en la mayor, que es la necesidad de tomar el conflicto y el disenso con naturalidad y no "vender la moto" de que el aprendizaje deba suceder en el planeta de las piruletas.

    • Julen
      18/07/2012 at 10:37

      Porque voy en el metro y el qwerty del móvil da para lo que da, que si no..., es broma, gracias por tu reflexión. Se ve que hay mucha ciencia y experimentación por detrás de lo que dices. Trabajo bonito el de intentar ser profe hoy en día y no morir en el invento, ¿verdad? ;-)

  3. gallas
    20/07/2012 at 08:21

    Egunon.
    Leo el post y la aportación de Ainhoa y me refuerzo en la tesis que manejaba en ese post más largo que un dia sin pan. Es importante que generemos espacios abiertos, con metodologias apropiadas para que ocurran cosas diferentes a las que podríamos controlar a priori, donde haya viajes personales y colectivos, con tiempos para aprender de lo que courre, con personas preparadas y apoyadas para dinamizar este tipo de procesos, con criterios de evaluación más centrados en el camino que en la meta,... El lugar en el que más he podido experimentar sobre esto que escribimos ha sido la educación no formal y la docencia en talleres y propuestas diferentes a lo escolar y universitario. Alguna experiencia tengo al respecto y en 2012 voy a tener la posibilidad de contrastarlo y aprender más. Gracias por compartir vuestras ideas. Tienen la tierra del cotidiano y la tensión entre la teoria y la practica. Un abfrazo

  4. Pingback: Optimismo en tiempo de crisis | enredando+korapilatzen

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