Wednesday, Jul. 23, 2014

Proyectos con CIF

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27/04/2012


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Proyectos con CIF

20070323elpepivin_1Creo que la unidad básica de trabajo de la nueva economía es el proyecto. Con sus grandezas y sus miserias, es el concepto que mejor trata de captar el sentido líquido de las organizaciones. Profesionales que facturan sus servicios por proyectos y que configuran una respuesta para cada necesidad. No soy el primero que lo dice, se lo he escuchado a The Project Odilas muchas veces. La idea de empresas à la Hollywood ahí está, ya tiene su tiempo.

Entonces, ¿por qué no una reforma que permita asignar a cada proyecto relevante un CIF cuando agrupa a profesionales de diferentes “personas jurídicas”? ¿Tan complicado es montar y desmontar estructuras en un mundo que viaja cada vez más rápido en digital? Parece una explicación de otros tiempos esa que te dice que montar una sociedad es algo que lleva semanas si no meses. ¿Pero de qué estamos hablando? ¿De escarbar en el suelo para conseguir unos cimientos de no sé cuántos metros bajo tierra? Que no, que no, que la burocracia no impida la gestión ágil.

En mi caso llevo en la universidad ya varios años trabajando con alumnas y alumnos de último curso de Administración de Empresas para que aprendan a gestionar proyectos. Acordamos uno al principio de las clases y allá que tienen que organizarse para llevarlo a cabo. Sufren los problemas derivados de la dificultad de aclararse con el cliente, de coordinarse, de avanzar el proyecto a través de una wiki documentando los pasos… Pero no podemos contrastar con ellos hasta qué punto el proyecto es una unidad de facturación en sí y que da sentido organizativo pleno a quienes lo sacan adelante. Sí, se entiende que es piedra angular del edificio del management moderno, pero le falta la bendición papal: el CIF.

En parte un CIF desmitificaría a la sacrosanta empresa. ¿O es mejor seguir tirando de misiones, visiones y valores redactados con fuego de artillería consultora? Esa unidad de destino en lo universal -esa sobrevaloración de la entidad empresa- no refleja los tiempos líquidos. Incurre además en la enorme contradicción al asignar poder a una institución que hace tiempo que descubrió que la competitividad viajaba de la mano de cuantas menos personas mejor. Y si hay fusión de por medio, échate a temblar.

Así que la propuesta es sencilla: ¿no podemos asignar un CIF a un proyecto cuando éste adquiere cierta dimensión? Pero no, el CIF es la manera de identificar personas jurídicas y los proyectos se le escapan entre las manos a un sistema pensado para controlar pero no para empaparse de la lógica fluida de los tiempos actuales. Fijar un proyecto mediante un CIF es proporcionarle consistencia y favorecer su valor como unidad natural de trabajo.

La empresa se convertiría así en un repositorio de proyectos, en una plataforma, en un servicio que se concreta en proyectos. Los sistemas internos de codificación de proyectos tendrían su reflejo paralelo en la codificación tributaria. Pero, claro, estas cosas son para administraciones ágiles. Los sistemas garantistas de contratación se volverían locos. No, definitivamente, no tiene sentido aplicar dinamita en los cimientos del mundo de dinosaurios institucionales. El estruendo que provocaría su caída sería insoportable.

Así que, mientras tanto, si quieres una experiencia hard en tu expediente, constituye una empresa y pasa por la burocracia del registro mercantil. Ya verás cómo te quitan las ganas de enredar con eso de nuevos CIFs. Siguiente, por favor. ¿Ya me trae toda la documentación? Pues al notario, a firmar y pagar.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.