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Etapa 6: Sigüenza – Maranchón

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05/04/2012


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Etapa 6: Sigüenza – Maranchón

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¿La tarde en Sigüenza? Pues… viendo como llovía a base de bien. Comenzó a eso de las 17:30 y estuvo de continuo regalando eso que tanta falta le hace al campo. Eso sí, la lluvia no impidió el traslado del Santo Sepulcro y de la Virgen de la Soledad hasta la catedral. Allí estuvimos en primera fila observando toda la maniobra para depositar las imágenes sobre unos bancos. Después pasada por El Atrio, el típico bar de la plaza con un ajetreo tremendo de camareros sirviendo caldos de la región con sus tapas de calamares.

La noche ha sido más de lo mismo, lluvia en abundancia. Así que el despertar ha supuesto empezar a pensar cómo prepararse para que el agua no acabe traspasando alforjas y mochilas. Capa sobre capa, incluyendo un cutre protector con bolsas negras de basura que se ha montado Alberto. Joder, si es que no se puede venir con globeras de cicloturismo, ¿verdad, Fran? Bueno, el festín ha tenido su punto álgido cuando en Barbatona un lugareño le ha prestado una cuerdecita para sujetar el apaño. Y así se ha venido toda la etapa, luciendo protectores de plástico ultramodernos para sus alforjas.

La salida de Sigüenza ha resultado muy entretenida, por una carreterita que pasaba junto a un camping y por la que, a pesar de la lluvia, paseaban muchos caminantes. Hemos confirmado que la dirección era correcta y, ala, a mojarnos como benditas. La pista arenosa dejaba rodar pero al final después de pasar Jodra, hemos cogido carretera hasta Alcolea del Pinar. Vale, hemos cogido carretera y también un frío del carajo, lluvia incluida. Con frío en manos y pies y empapados hemos llegado hasta Alcolea.

Sin dudarlo, directos a un bar. El de Benito, con su rumana en la barra, como es costumbre en casi todos los bares desde que estamos en ruta. Cierto que primero estaba Benito, pero luego ha llegado la chica para dar aire de normalidad al establecimiento. Me he metido un ColaCao bien caliente y una chocolatina. Sobredosis de azúcar que seguro hubiera dado positivo en cualquier control antidopaje que se precie. Los guantes chorreando, los pies en remojo… así que todo el que entraba en el bar lanzaba la maldición: “Mal día para la bici, ¿eh?” A lo que venía nuestra rápida respuesta: “Pero bueno para el campo, que falta hacía, ¿verdad?”

Salida de Alcolea en busca de una gasolinera para hinchar ruedas. Allí parados constatamos una vez más el asunto: joder, qué frío hace. Ya, me repito. Pero es que… joder, qué frío hacía. Las manos entumecidas y el moquillo colgando. ¿Qué queréis? Así somos los humanos, que nadie nos apunta con una pistola; estamos ahí porque nos apetece. Y eso incluye una contractura en el pretibial, que ahí sigue dando guerra y que me tiene a medio gas en esta “etapita” que iba a ser de paseo.

Conste que ha sido dejar Alcolea y parar la lluvia. Hasta Maranchón se ha portado. Tras dejar atrás Anguita, hemos recorrido una preciosa pista que acompaña al río Tajuña mientras este se va encajando más y más. La pista termina en Luzón, desde donde ya solo unos pocos kilómetros nos separan del final en Maranchón. El día va a terminar bien… ejem, ¿bien? ¿Dije bien? Pues, ¡cómo no! Faltaba la dosis diaria de barro pegajoso y atrancarruedas, estupendo para la cerámica de la zona, no lo dudo. Diosssssss, qué horror.

Maranchón ahí enfrente a un par de kilómetros como mucho. Y nosotros atrapados en el barro. Tras un tramo andando y quitando barro de encima como podíamos, hemos podido salir a la carretera y terminar la etapa. En el pueblo hemos comido un plato combinado en un bar de la carretera. Era el típico bareto de aperitivo con una jauria humana vociferando sin parar. Impresionantes los decibelios que escupían un grupo de jóvenes con sus cervezas. Ya les quería ver yo en la procesión del silencio de jueves santo en Hellín o con voto cartujo de por vida.

En fin, que aquí estamos como reyes en una estupenda casa rural, El Rincón de la Fuente Vieja. Su dueño nos ha prestado una manguera a presión para quitar las dos toneladas de barro de cada bici, hemos puesto lavadora y Alberto tiene Canal Plus para ver luego el partido del Athletic. Mis dolencias descansan; espero llegar al menos hasta Alhama de Aragón, donde nos alojamos en uno de sus balnearios. A ver si me consigo recuperar otro poco. Hoy he acabado bastante mal. Mañana será otro día. Los nubarrones siguen ahí fuera, al otro lado de la ventana.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Oscar Tercero
    12/04/2012 at 18:51

    Julen veo que has sufrido los rigores de mi tierra y de la pegajosa arcilla, con la que nunca se han hecho botijos. Si los llego a saber me acerco a verte, que estaba en el pueblo disfrutando del aguanieve sobre mi burrita.

    • Julen
      13/04/2012 at 12:42

      Pensé en su día comentaros, pero como no iba a pasar por Molina ni por Torrecuadrada (porque iba hacia Sierra Menera) pues como que no avisé. Eso sí, quizá en verano me plantee volver por algún tipo de ruta "alrededor" del Camino del Cid.

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