Tuesday, Sep. 2, 2014

Idea radical: no selecciones a los mejores

Idea radical: no selecciones a los mejores

Retomo ideas radicales de management. Propongo una bien simple: no te obsesiones con seleccionar al mejor candidato. Vivimos en una sociedad que creo que sobreestima al líder, al mejor, a quien destaca. La mayor parte de la gente somos personas normales y corrientes, que hacemos bien algunas cosas, otras no tanto y algunas rematadamente mal. Y esto es lo que abunda: gente normal.

Porque resulta que no solo de una inteligencia vive el hombre. Hay inteligencias múltiples. Y que levante la mano quien destaque en todas ellas. ¿Cuántas manos vemos levantadas? Ya, ninguna. Pero si fuéramos preguntando por separado por cada una de esas inteligencias, entonces el panorama sería diferente. Un equipo necesita personas que complementen capacidades y actitudes. Por eso me gusta el enfoque de Belbin.

Sin embargo, este discurso en la inmensa mayoría de empresas caerá en saco roto. La leyenda urbana dice que hay que ir a por los mejores. En un mundo de escasez, hay que luchar porque el talento (que parece ser solo algo aplicable a cierto tipo de personas y no a todas, cágate lorito) venga a nuestra organización. Los mitos están ahí, incluyendo a Google como paradigma. Allá solo van los mejores. Con un proceso de selección largo y tortuoso, con entrevistas de una y mil formas para seleccionar a los mejores candidatos y algunas que otras preguntas con las que no sabes si reír o llorar.

¿Y si lo que hace falta son personas normales y la clave es afinar en qué capacidades necesitamos para complementar lo que ya tenemos? Claro que esto conduce a buscar diversidad. Y esto queda bien solo en los libros. En la práctica, lo normal es que busques lo que se parece a ti. Se llama cooptación. El efecto halo despliega su poder y hacemos química con la gente que es como nosotros. Este discurso en una empresa se traduce en que necesitemos gente que comparta nuestros valores. Ah, y nuestra misión y nuestra visión. Como debe ser.

El mundo, insisto, está lleno de gente normal. De gente como tú y como yo. Toda esta cantidad de gente parece no ser objeto de deseo por parte de las empresas. El manual dice que en esta sociedad competitiva es necesario hacer una lista, donde el primero es el primero y por tanto el elegido. Y todos los demás son perdedores. Perdieron en una competición donde el premio era un puesto de trabajo. Y en esa lucha encarnizada solo hay sitio para un vencedor. Los demás, que muerdan el polvo y que se esfuercen más en la siguiente. Bien con cosmética de currículum o con un curso avanzado de cómo comportarte delante del dios seleccionador.

A lo mejor el problema es que no nos empeñamos en buscar lo que la gente normal hace bien. Sí, porque “gente normal” no quiere decir gente que no destaque en algo. Eso sí, la búsqueda de aquello en que destacas es algo que cuesta demasiado. Ahí tienes tus funciones y tus competencias. Eso es todo. No al revés: qué competencias tienes y vamos a ver qué se puede hacer. Bueno, claro que hay una excepción: que entres en un proceso de coaching. Moderno mercado del alma este que tenemos montado, ¿verdad? Y ya sabes que si no tienes un coach, a lo mejor estás en la lista negra.

Yo me pasé un buen tiempo haciendo selección de personal. De hecho mis dos o tres primeros años de trayectoria profesional estuvieron llenos de entrevistas. Siempre buscando al que diera mejor con el perfil que teníamos en cada caso. En realidad tampoco buscábamos a los mejores, sino a aquellas personas que “encajaran” en el perfil de puesto de que disponíamos. Y si se salían por exceso, ese era su problema. A mí no me valían. A la papelera de reciclaje: te has equivocado, amigo; aquí no necesitamos semejantes capacidades. Media vuelta y que entre el siguiente.

Pues bien, mi propuesta es simple: olvida lo de buscar a lo mejores. Es una pelea con demasiados gallos queriendo presumir de gallinero. A lo mejor con menos ambición nos va mejor a todos. Claro que no hay que estar de acuerdo. Faltaría más.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.