Friday, Sep. 21, 2018

Por una actividad profesional sin ambición

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30/01/2012


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Por una actividad profesional sin ambición

Statue HandsNo entiendo por qué una empresa se asocia a crecer y a liderar. No entiendo que no haya alternativas. ¿Es obligación que la cuenta de resultados cada año prevea mayor facturación que el anterior? No entiendo que no podamos ser empresa sin manifestar esa ambición por competir, a fin de cuentas, por un resultado de suma cero. Yo gano mientras mis competidores muerden el polvo. ¿Y qué mierda de progreso supone eso?

A mí me gusta que haya gente que se dedica a cosas parecidas a las mías. Antes que competidores son colegas de profesión. Es gente a la que necesariamente tengo que sentir cerca. Han realizado elecciones parecidas a las mías. ¿Y si me quitan trabajo? Pero, ¿y si me dan conversación y argumentos para ir mejorando? Las personas y empresas que se mueven en territorios cercanos -o incluso en el mismo- no pueden ser sino compañeras y compañeros de viaje.

No entiendo por qué tengo que pelear. No me gusta el lenguaje de la guerra. No me gusta la violencia ni me gustan los puñetazos en la mesa. Nunca he comprendido por qué un gerente levanta la voz en una reunión de consejo de dirección. Su agresividad le invalida. Allá él. Para mí deja de ser persona de respeto.

Dos no se pegan si una parte no quiere. Y yo no me quiero pegar con nadie. Me siento más a gusto como gilipollas que como luchador en busca de una ambición. No entiendo por qué tengo que conquistar nuevos mercados ni por qué hay que expandirse. No veo que haya para ello una razón más poderosa que para dejar que la tarde pase despacio mientras leo una de mis novelas de detectives.

Defiendo la imperfección y el fracaso. Y tengo una empresa que es solo una herramienta. Como diría Amalio, soy empresario por accidente. Lejos de ser ejemplo, preferiría ser normal. Nada del otro mundo, normal. Con la parte de chapuzas y cosas mal hechas que me corresponde. La reivindico como propia, personal e intransferible. En lo personal y en lo profesional.

Tengo una lista de defectos que trato de no ocultar y con la que me llevo razonablemente bien. Esto incluye, como digo, a la persona que presta servicios de consultoría. O sea que hay un gran número de proyectos para los que no sirvo. Porque los haría (algunos los hago) mal. Esa pudiera ser la mayor ambición que puedo aceptar: no hacer lo que sé que hago mal. Sobre todo, por no causar problemas a mis semejantes.

Claro, esto no es lo que se supone que, cuando tienes una empresa, deberías decir. Sin ambición solo queda el gusto. Que lo pasemos bien haciendo lo que hacemos. No siempre sucede, pero sí con relativa frecuencia. No sé muy bien cuándo trabajo y cuándo no. El conflicto no es tal. Es lo que es. Lo cojo y sigo para delante.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(22) comentarios

  1. Luis
    30/01/2012 at 11:01

    Julen,

    Es una buena reflexión. Cada uno debe decidir cuan ambicioso es en su vida profesional. reivindico la ambición como un aspecto positivo. como la lucha por llevar a cabo los sueños.

    Pero esta claro que no todos tenemos por que ser iguales,y lo que vale para uno no es necesariamente bueno para otro, y eso es estrapolable a las empresas.

    • Julen
      01/02/2012 at 07:12

      Luis, seguro que hay muchas opciones. La mía es una, pero no tiene por qué ser ni la mejor ni la más deseable. Es una y trato de reivindicarla.

  2. Jose Antonio
    30/01/2012 at 11:36

    Estimado Julen,

    Aunque estoy subscrito a tu blog, no siempre lo leo, pero si que lo utilizo como fuente de inspiración y motivación, después de leer este post, me quedo con la impresión de que estas un poco molesto, o quemado, si no es así disculpa mi intromisión, si realmente lo estás, quisiera compartir contigo lo siguiente:

    Creo firmemente en el dicho: "Cuando cambias la forma en que miras las cosas, las cosas cambian para tí ", y en este caso, creo que tu visión del concepto "ambición" puede ser cambiado.

    Creo que tú ambición es aportar valor allí donde estés, y allí donde puedas, que tus resultados dependerán de la persona que tú eres, por ello, no es que no tengas ambición, simplemente es que tienes suficiente.

    En un libro de Tom Peters cuentan como un escritor fue invitado a una recepción de un gran gestor de fondos en NY, durante la fiesta alguien se dirigio al escritor y le dijo: ... nuestro anfitrión gana en un día más que tú con tu novela en toda la vida...., a lo que el escritor contesto: "... sí, pero yo tengo algo que él nunca tendrá, yo tengo SUFICIENTE".

    Por esto, creo que el éxito y la ambición son conceptos que deben ser propios de cada uno, y no tenemos que juzgar desde fuera.

    Espero que estas palabras te den otra visión de tú ambición, a mi me sirvieron.

    Por otro lado, me gustaría que hicieses un post con tu listado de virtudes, porque lo ese sí que lo copiaré.

    Un saludo.

    Jose Antonio

    • Julen
      01/02/2012 at 07:14

      Gracias por lo que compartes, Jose Antonio. No sé si debo cambiar el concepto de ambición. Quizá es que llevo muchos años en el mundo empresarial y cada encuentro más cosas que no me gustan. Quizá me estoy haciendo, definitivamente, un cascarrabias. En cualquier caso, lo que sí tengo claro es que hay ciertas conductas relacionadas con acceder al poder que quisiera desterrar.
      Ya haremos un post de virtudes. Algún día ;-)

  3. Alberto Secades
    30/01/2012 at 12:57

    Interesante entrada. A mí me ha animado a reflexionar sobre lo que significa el éxito y la competición y la búsqueda de ser mejor que los demás y crecer y ser más alto, pero no siempre más grande.

    No sé.

    ¿Trabajamos para construir una sociedad en la que nos sintamos más a gusto? ¿Tenemos claras las bases sobre las que nos apoyaremos?

    Tengo para mí la sensación de que damos demasiadas cosas por supuestas, lo que, por supuesto, nos supondrá un problema.

    Por si alguien mostrará interés, dejo adjunto un enlace a un artículo sobre el concepto de "la competencia".

    http://comunsinsentido.blogspot.com/2011/09/la-competencia.html

    Un saludo

    • Julen
      01/02/2012 at 07:15

      Gracias por el enlace, Alberto. Interesante. Subir un poco hacia los cimientos de nuestras creencias no viene mal de vez en cuando.

  4. Iván
    30/01/2012 at 14:49

    Gran post Julen. Imagino que puede haber puntos intermedios. Lo de expandirse y los mercados es algo de la mayor parte de las empresas para ganar pasta y sobrevivir ¿ no?. No sé, imagino que mcuha gente necesita llenar la nevera, y por eso deben existir empresas.
    A lo mejor es que juegan en otra liga y a otro juego que el que tu Amalio podéis andar como consultores artesanos. Me parece interesante eso que dice José Antonio "aportar valor allí donde estés, y allí donde puedas, que tus resultados dependerán de la persona que tú eres, por ello, no es que no tengas ambición, simplemente es que tienes suficiente". Pero claro, eso choca de lleno cuando una empresa cualquiera debe vender sus productos, servicios a un público.
    Creo que son hechos puntuales, porque la gente que tiene que fichar en una empresa o una fábrica (INCLUIDOS LOS GERENTES Y EL RESTO DE CURRELAS) puede no entender tus planteamientos o diría, bah, ese porque es Freelance o tiene su propia empresa, pero mi mundo se mueve de 9 a 18h.
    Creo que es complicado, no obstante comparto lo que dices, pues creo que eres un tipo humilde que ve la pasta como un medio y no como un fin.

    • Julen
      01/02/2012 at 07:16

      El dinero truena a demasiada gente, Iván. A demasiada.

      • vicente
        18/11/2012 at 11:24

        No puedo estar mas de acuerdo, Julen. Aprecio mucho tu valentia. Pues pienso de manera muy parecida y cuando trato de compartirlo a veces siento que los demas no me entienden, no me pueden entendet o tampoco quieren hacerlo. Imagino que todos necesitamos confiar en que el mundo en el que creemos es el mejor de los posibles.
        Desde mi punto de vista poco nos empobrece tanto como el dinero. Aunque debo admitir que en la actualidad carezco de ambicion y quiza eso me confunda.
        Antes quise tener casa, jardin, piscina, coche,... Pero alguien me invito a dar un paseo en bici, atravesar un bosque, acampar frente al mar... Por mucho que gane, no me alcazara para tener en casa algo asi, no?
        Hoy, que la amenaza es el desempleo, la caida de ingresos, el desahucio... A lo peor alguien descubre que no hay techo como el cielo y que en un bolsillo bien vacio caben otras cosas: libertad, humildad, austeridad, aprecio por lad cosas, respeto por uno mismo... Feliz dia, Julen!

        • Julen
          26/11/2012 at 06:37

          Vicente, seguro que podemos vivir mejor sin tanta presión hacia nosotros mismos. A lo mejor hay que relajar expectativas. Ánimo ;-)

  5. Pingback: 5 ideas estratégicas para el tiempo que viene

  6. Maren
    31/01/2012 at 10:43

    Pero la ambición no tiene porqué estar sujeta necesariamente a luchar con la competencia.

    Tambien puede ser ambición por encontrar nuevos mercados, o por dar soluciones a necesidades que aun no están resueltas. Esa es otra manera de crecer, entiendo yo que mejorando la sociedad. Y en mi caso es la ambición lo que me motiva a seguir peleándome, con la vida y conmigo mismo por conseguirlo. No ambición económica, o de notoriedad, sino de superar retos.

    Me pasa también cuando corro. Imagino que será una ambición parecida a la gente que sube ochomiles, o que cruza el polo sur sin asistencia (que en su disciplina también compiten a veces con otros).

    • Julen
      01/02/2012 at 07:18

      Por supuesto que habrá ambiciones sanas, Maren. El problema es la ingente cantidad de ambiciones "insanas" que se suelen observar en las tierras altas de las empresas ;-)
      Por cierto, yo también tengo ambiciones cuando ando en bici: pasar más tiempo en la bici, pero no tanto apretar para que dure menos la experiencia.

  7. Carmen - Fofotgrafo bodas tenerife
    31/01/2012 at 21:23

    Entiendo lo que quieres decir....Está claro, que la ambición es un arma de doble filo. Puede ser por un lado una herramienta injusta de represión empresarial, o mirándola desde otro ángulo, puede ser una meta personal, un objetivo.

    Desde este segundo punto de vista, que debe de sostenerse siempre sobre la base de la superación, la motivación, incluso de la felicidad, (ya que tu objetivo puede ser crecer para cubrir una meta necesaria, que te ayude a ser más feliz), no debiera estar sometida al crecimiento sin límite, al beneficio sobre cualquier otra cosa, ya que muchas veces elegimos caminos que no necesariamente nos reportan un mayor beneficio, pero entendemos que nos reportan otras ventajas. No obstante, no todas las empresas piensan igual. Recientemente vi en un documental llamado "la corporación" un test psicológico que le hacían a las corporaciones empresariales, de las más exitosas del mundo (ya que en ciertos aspectos legales, cuentan como una persona física) y el resultado que dio el test para estas empresas que son como Psicópatas. Algo poco alentador, ya que tienen mucho poder.

    En nuestro caso, supongo más modesto, debiéramos tener unas metas, una base mínima que al cumplirse dejara la ambición no para el beneficio en un primer plano, si no para el crecimiento personal y profesional.

    • Julen
      01/02/2012 at 07:19

      Buff, La Corporación te deja hasta mal cuerpo, Carmen. Brutal ese documental. Vale que hay que tener metas pero a lo mejor "no todo vale" para llegar hasta ellas. Gracias por darte una vuelta por aquí y dejar tu comentario.

  8. Pingback: No escribas lineas en el CV, ¡vívelas! | Un sitio en las nubes

  9. Ricardo_AMASTE
    06/02/2012 at 09:35

    No se si este post tiene que ver con esa sensación que tenías el otro día cuando nos encontramos.
    Es complicado vivir con tantas contradicciones como con las que nos gusta (o nos toca) juguetear. Supongo que tenemos que ponernos más límites en el juego y saber decir que no a muchas cosas (muchas más que a las que se lo decimos ahora), para poder decir si a las que más nos interesan, a las que merecen la pena, a con las que queremos comprometernos... Sin olvidarnos de decir sobre todo si a la vida. Desde el compromiso político, pero sobre todo, desde el compromiso vital.
    Creo que seguimos invirtiendo demasiada energía en trabajar con, convencer a, personas que realmente están muy lejos de nuestros valores, de nuestros intereses. Quizá primero debamos ir tejiendo círculos de proximidad, no tratar de relacionarnos con los círculos más excéntricos, si de verdad no hay reciprocidad, si no hay el mismo compromiso (como lo del cerdo y la gallina con los huevos con bacon).
    Últimamente vuelvo continuamente a una idea: la eskizofrenia como procomún. En un proyecto complejo, todos los agentes implicados deben compartir incertidumbre, riesgos, cierta inestabilidad de sus principios y valores. Si todo el mundo está dispuesto a arriesgar, entonces arriesgamos conjuntamente. Si no, creo que no merece la pena el esfuerzo, porque tu pones toda la energía y te llevas a casa todas las contradicciones, mientras la contraparte hace un uso instrumental del proceso de transformación y sólo se queda con lo que le sirve... No se si me explico.
    En definitiva, debemos elegir bien las oportunidades, medir bien el tiempo y la energía. Sobre todo no relacionarnos con agentes que sobre todo cogen y casi nunca dan.

  10. Empleos Chofer
    09/03/2012 at 02:03

    Muy buena reflexión, si en la vida no todo puede ser la competencia y la ambición que tanto se vive en la sociedad, se revive el espacio para soñar y creer que las cosas pueden cambiar. Excelente Post, felicitaciones y gracias!

  11. Neelu Espiritu
    17/05/2012 at 18:36

    Muy bueno. Ayuda a aclarar, la confusion mental, que tenemos los jovenes.

    • Julen
      18/05/2012 at 04:56

      No sé si ayudará, pero al menos quiero poner el acento en la necesidad de elevar el sentido crítico de nuestra mirada hacia una sociedad que presenta unos valores de competitividad a veces malsanos.

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