Pantalla transparente
Ángela – La carta – Carol – Las lágrimas se lanzaron mejilla abajo

Siempre dijeron de ella que era de lágrima fácil. Sí, tenían razón. Enseguida se le hacía un nudo en la garganta y de ahí al escozor de ojos solo quedaba un instante. Después las lágrimas invadían sus mejillas y descendían rápidas hacia la desembocadura. Ya no trataba de ocultar que ella era así, que llorar no era algo diferente de reír. Risa fácil y lágrima también. Sus veintidós años eran lo que eran. A la mierda con las apariencias.
Sentada en el suelo escuchaba el jaleo de la manifestación allá fuera. Otra más. En casa le habían explicado las broncas de principios de los ochenta, pero ella veía todo esto completamente diferente. No era una simple cuestión de trabajo. Tenía que ver con su identidad, con el mundo completo que estaban heredando. Que no hubiera trabajo era solo la punta del iceberg. Por debajo se estaba produciendo un auténtico cataclismo.
Carol y Kepa ya habían pasado por lo mismo que ella. Trabajo de mierda que convenía a quienes los contrataban. Siempre había un trabajo para un sueldo basura. Por horas. Una simple transacción horaria. Me dedicas una parte de tu tiempo, la contabilizamos y a cambio te doy unos euros para que engañes a tu independencia. En realidad era un dinero cuyo intercambio convenía a las dos partes pero que nunca sellaría ningún tipo de relación digna. Era solo combustible para una explosión diferida.
La algarabía se iba perdiendo como música de fondo de una película que volvía al intimismo. En blanco y negro, la ventana quedaba enfrente, con su marco difuminado que daba paso a un mundo también borroso. Ahí fuera todo parecía necesitar límites y formas. Porque no había dónde agarrarse. Todo parecía en permanente movimiento sísmico. De baja intensidad, pero la suficiente para provocar desamparo. No había allá fuera nada que diera confianza. Parecía que hubiera que rehacer el mundo. Parecía que hubiera que reconectarlo todo de nuevo sin un triste plano de referencia. Sería por ensayo y error.
Se levantó poco a poco. Escuchó cómo el ruido provenía ahora casi en exclusividad de dentro. Pensó coger su diario y escribir algunas líneas. Se sentó en el borde la cama y con el portátil sobre sus rodillas escribió en aquella caja de texto:
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Comentarios recientes
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