Tuesday, Jul. 16, 2019

Reinterpretando el sentido colectivo de una empresa

Ciaboga de Kaiku - III Bandera de BilbaoMuchas veces pienso que la empresa abierta “parece”, a la vista de la tradición del management, demasiado individualista. ¿En qué sentido? Desde hace mucho tiempo hemos hablado del “individualismo en red” como una de las piedras angulares en que se apoyarían estas nuevas formas de hacer empresa (o como queramos llamarlo). Y clarom es fácil quedarse con “individualismo” y menospreciar el apellido “en red”.

Además, el sentido colectivo -las cooperativas de Mondragón son un referente fundamental- de un proyecto empresarial parece incuestionable. Juntos, en equipo, todos a una. ¿Pensamiento grupal? Sí y no. Porque hay que reconocer que muchos proyectos colectivos generan fuerza y compromiso precisamente… ¡porque son colectivos! Es algo así como si ese ente -la empresa cooperativa, pongamos por caso- fuera el que da sentido a la persona.

Pero en este primer mundo, la felicidad ha empezado ha recorrer extraños vericuetos. Muchas personas no reconocen en el esfuerzo y en el logro colectivo derivado de él algo que satisface sus aspiraciones. El mercado del alma ha descubierto un universo de emociones y pasiones, que son el caldo de cultivo de la moderna competitividad empresarial. Y se puede mirar desde el mercado: ya no vendes coches, vendes el gusto por conducir. Y se puede mirar también desde las personas que habitan las organizaciones: ya no trabajo con habilidades duras sino que meto a mis directivos en procesos de coaching para trabajar su inteligencia emocional.

Lo colectivo se diluye en una moderna adoración de la persona. Una a una, en su diferencia, en su unicidad. ¿Y qué es de los proyectos colectivos? ¿Dejan de interesar? Digamos que en gran medida “cambia el interés”. No me parece que sea tanto que “desaparece” el interés” sino que “cambia”, “muta”, “se transforma”. Lo colectivo, si hablamos de empresas, sigue presentando de todas formas un gran inconveniente: a medida que se agiganta reduce el valor de las personas. Individualmente pierden valor. Si Telefónica quiere prescindir de personas, piensa en el colectivo de las mayores de determinada edad, no piensa en términos individuales. No puede. Se ha agigantado y ese es un camino sin retorno.

Pero la gente sigue “conectando” con causas concretas. ¿Qué papel juegan las empresas ante esas causas? ¿Es más relevante para mi compromiso que yo forme parte de Fagor Electrodomésticos o que lo mío sea cómo hacer que ciertas máquinas llamadas lavadoras ahorren agua porque esto puede hacer que este planeta tenga un futuro algo mejor? Quizá la empresa pierde valor relativo como institución “con valores” por la presión del mercado (ahora transformado en “los mercados”). Cuenta de explotación que te crió como primer referente, gran problema.

Y además hay otro asunto delicado: la empresa moderna ha hablado tanto de valores que ya (casi) nadie se los cree. Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Y como tapar las vergüenzas cada vez cuesta más, las empresas sufren. Dentro de sus excelentes sistemas de gestión habita un complejo conjunto de prácticas, unas buenas, otras no tanto y otras peores. Pero si quieres hacer ver que las no tan buenas o las peores no existen en tu organización, entonces vas de cráneo. La persona individual no te va a creer por muchos valores que recorran las paredes de tus salas de reuniones.

Creo que hay que reinterpretar lo colectivo. Porque creo que sigue existiendo como valor social compartido. Quizá la empresa (igual que otras instituciones) pierde terreno como referente colectivo. Ahora compite con asociaciones, con ONGs, con entes difusos, con artefactos que no se sabe bien que son. Pero que están ahí. Lo complicado es que “individualismo en red” parece una paradoja, ¿no? ¡Y vaya paradoja!

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(8) comentarios

  1. Jose María Delgado
    09/09/2011 at 08:50

    Interesante artículo. En realidad es un tema eterno (me parece a mí). Planteas las bases para un tratado de antropología-sociología moderno. Soy abogado y llevo 30 años viendo "por qué se pelea la gente". Ultimanente estoy intentando terminar un trabajo sobre las relaciones de colaboración empresarial (ejemplo típico, redes de distribución). Son interesantes por qué no son mero intercambio de bienes o servicios, esporádico o regular, ni son societarias (abandono mi individualidad e intereses y me "realizo" o los realizo en sociedad). Lo que planteas tiene un poco que ver con la problematica que yo estoy analizando. Hay un entrecruce de intereses particulares, una zona de intereses interdependientes y una zona de intereses comunes. A los fabricantes les encanta llamar "partners" a sus distribuidores pero cuando llega la hora de la verdad, "si te he visto no me acuerdo". La cuestión es que somos sociales e individuales a la vez. Y la clave y dificultad está en buscar la dosis adecuada. Realización individual y colectiva. Pero tienes razón que el mito del colectivo empresarial está en decadencia y por el contrario en auge las redes. (Recomiendo siempre "Las Redes Humanas"(una historia global del mundo) de los McNeill - padre e hijo. Como dicen en la presentacion tomando la frase de un profesor "Si se vieran Uds. obligados a leer un solo libro sobre la historia del mundo, éste es el que deberían escoger". En fín, muchas gracias por tus siempre interesantes reflexiones. Creo que pertenezco un poco como tu al gremio de los asesores artesanos, entre otras cosas porque - despues de haber pasado por ello - me resisto a practicar mi profesión en una cadena de montaje. Saludos

  2. Julen
    10/09/2011 at 06:41

    Hola, José Maria.

    Tomo nota del libro que comentas. Ya tengo que hacer otra visita a la librería ;-)
    Yo también creo que hay mucho de "si te he visto no me acuerdo" en este complejo mundo de las relaciones "coopetitivas" entre empresas. A lo mejor soy un poco pesimista pero me parece que pocas son las ocasiones en que esas relaciones funcionan. Al final, las cuentas de resultados particulares de cada empresa pesan mucho. Sí o sí hay que ganar dinero y todo parece acontecer entre relaciones bélicas donde hay que tumbar al enemigo.

    Ya me gustaría saber más del trabajo que tienes entre las manos. Pinta muy bien.

    Un abrazo,

    Julen

  3. Yuri
    11/09/2011 at 01:44

    Me encanta este post.

    Ya sabes que yo tengo ese reto entre otros: Basta de café para todos. Tenemos que empezar a dar un mayor protagonismo a la individualidad frente a lo grupal al menos para hasta llegar a equilibrar la balanza. Eso sí, tenemos mucho que hacer para que las personas quieran o 'se atrevan' a ser visibles como tal dentro del "colectivo".... y más importante, que el "colectivo" sea capaz de respetarlo.

    Pocos cambios aún, pero en eso estamos, en eso estamos... :-)

    Espero en un futuro donde los "valores de la organización" sean el fruto del trabajo de unos pocos quien su tarea sea de recopilar (y en todo caso, agrupar) todas las voces reales de cada individuo y no que haya "valores definidos" entre pocos, que difunden a cada individuo de la organización. Y como todos sabemos, con la tecnología actual, eso es posible. Solo es cuestión de querer hacerlo. ¿no?

    Un abrazo.

    • Julen
      11/09/2011 at 08:16

      De todas formas, Yuri, desde el sentido colectivo tradicional con el que nacieron muchas cooperativas a lo que sucede en los tiempos actuales hay un abanico muy amplio de opciones. Pudiera ser que haya muchos matices que permiten aceptar diferentes enfoques para tratar lo individual y lo colectivo. Pero es evidente que estamos en 2011 y que los estilos de vida son lo que son, algo a tener en cuenta a la hora de interpretar lo colectivo.

      • Yuri
        11/09/2011 at 21:32

        Eso es lo que quería decir. Creo que lo colectivo de ser algo "valores compartidos" o "algo en común"... tiene que ser entendida como un conjunto, como si fuera un mozaico. Por eso, pienso que se pierde sentido hablar de "valores" más allá de dar respuesta tipo: ¿qué valores existen en 'este colectivo hoy'? Porque será cambiante, tanto el mismo colectivo (nueva composición) y las personas también cambian. Pienso que la definición de un "colectivo" se tiene que convertir en algo afimero.

        Un saludo.

        • Julen
          13/09/2011 at 06:27

          De todas formas, mira que en las cooperativas le damos vueltas y revueltas a esto de los valores, ¿verdad? Para mí, en exceso.

  4. Jose María Delgado
    11/09/2011 at 12:29

    Gracias por tus comentarios Julen y tus amables ánimos sobre el trabajo. Como seguiré asomandome por aqui te tendré al tanto. Un abrazo. José María

  5. Pingback: La empresa abierta como plataforma | Consultoría artesana en red

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