Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
Reseño desde aquí un artículo de la chica de enfrente, Boquitas Pintadas, en el blog colectivo de cine Zinéfilaz. ¿Por qué? Porque en él nos resume las tesis que plasma Steven Johnson en su libro Cultura basura, cerebros privilegiados. El argumento que maneja el autor, que estuvo recientemente por Madrid impartiendo una conferencia titulada ¿De dónde vienen las buenas ideas?, es bien simple: la supuesta cultura basura no es tal.
Tomando un párrafo de la reseña de Noemí Pastor:
Steven Johnson defiende que la cultura popular hoy es más compleja y estimulante que nunca y nos obliga a tareas cognitivas a las que nunca nos empujó la cultura “clásica”.
Interesante este análisis del señor Johnson para derribar el muro de la simplicidad que conduce a pensar que la cultura de masas es lo peor de lo peor. Resulta que hay elementos para ponerla en valor. Porque en un mundo más complejo necesariamente la oferta cultural también se complica. Las tramas se enredan y, como señala Noemi, los personajes adquieren un arco argumental que da mucho más juego.
El Ejército, camino de El Hierro y listo para una improbable catástrofe. Impresionante documento, damas y caballeros. El tremendismo se instala, sí o sí, en la forma en que comunicamos. ¿Que no es probable que no haya una catástrofe? Bueno, pero eso no impide que usemos la amenaza de que el mundo se derrumbará. Así que, ande o no ande, tremendo por si acaso.
Ayer El Hierro era trending topic en twitter. Interesante que una isla que queda allá en un rincón salga a la superficie informativa por la desmesura de la información tremendista. No sé lo que sucederá y nunca está de más prevenir, pero la fiesta se ha instalado y la viralidad de los mensajes simples y directos a la médula espinal del susto hace su agosto. Y luego, por supuesto, la solidaridad. Por cierto, eché en falta a la familia real.
¡Qué distinto de aquel otro incidente allá por el año 77 en el que un avión militar americano se estrelló en la isla! Eran otros tiempos y el suceso supongo que quedaría tapado por losas de secretismo bélico. Quedó allá en la isla, repartido en el recuerdo de unos pocos cientos de personas. Hoy la fiesta de la eventual explosión de un volcán tiene una fase previa antes inconcebible: la explosión informativa. Telediarios de prime time, twitter y lo que haga falta.
Sin embargo, cuando las autoridades tienen que hacer una recomendación a la gente para que esté al tanto de las noticias, les indican que lleven consigo ¡¡¡una radio a pilas!!! Toma baño de realidad. Preemergencia en El Hierro por riesgo volcánico, pues radio a pilas. Si quieres llegar a la mayor parte de la población con un medio robusto, ahí está la radio. Y no una radio integrada en su smartphone de campanillas, no. A ver si te vas a quedar sin batería, que el consumo de energía en esos aparatos lo carga el diablo. Así que la mejor opción es una radio a pilas. A ver si me acuerdo de pedírsela a mi madre.
Este tipo de pre-sucesos deberían generar más análisis sociológico. Creo que son carne de tesis doctorales. ¿Cómo se maneja la información cuando algo “gordo” podría pasar? Todos los atentados podrían causar cientos y miles de víctimas porque siempre hay una escuela en diez kilómetros a la redonda. Todas las desgracias puedes serlo mayores porque la imaginación es libre. Así que en El Hierro parece improbable una catástrofe, pero la mente de los periodistas que han de colocar titulares viaja a cien por hora y hay que vender.
En fin, nosotros, si nada anormal sucede, nos iremos para El Hierro en la primera semana de noviembre. Ya tenemos nuestros vuelos y unos apartamentitos en La Caleta. Hace ya un par de años que no estamos por allí. Lo mismo encontramos otra isla. No, no lo creo. Me parece improbable.
Puertas para fuera tus clientes y grupos de interés están (también) en la red. Ahí son entidades con una determinada identidad digital y, según su valor relativo de mercado -medido en capacidad de influencia-, adquieren la condición de “a por ellos”. Esta es una de las razones por las que la web social en general y las redes sociales en Internet en particular han explotado. Es mercado, estúpido. Es negocio. Nada nuevo bajo el sol.
Claro que dialogar con un mercado que se mueve en Internet necesita el dominio de ciertas herramientas tecnológicas. Ponte manos a la obra y ármate de paciencia para que quienes andan por las alturas del organigrama comiencen a operar en estos nuevos territorios. Demasiadas veces, labor imposible, les sale sarpullido. No sé si porque no hay mayor ciego que quien no quiere ver o porque el óxido recubre sus teóricas habilidades de comunicación en Internet. El caso es que al final es mejor olvidar esa opción y trabajar con community managers.
Es más de lo mismo: la conversación con el mercado. Pero se renuncia a conversar en forma poliédrica y diversa para hacerlo pasarlo por el embudo de esa persona de los tiempos modernos llamada community manager. A ver cómo se lo explicas a tu madre. Lo mismo es que no hay alternativa. Porque ponte tú a generar las competencias de comunicación en Internet y repártelas entre quienes forman parte de tu organización. Labor de Sísifo. La piedra rueda de nuevo hasta abajo; así que bienvenida tú, community manager.
En realidad es la vieja función de comunicación reinterpretada a la luz de los tiempos modernos. Eso sí, una labor de locos en un mundo en el que cada vez más las personas de una organización van a ser activas en Internet. Y lo van a ser tanto en cuestiones privadas -extimidad a raudales convertida en negocio- como en el ámbito profesional. Así que quien sea community manager va a tener mala vida. Lo va a pasar bien, porque entretenida va a estar, pero con una jauria de animales digitales suelta sin apenas control.
¿Hay que generar una visión homogénea en LinkedIn de nuestra empresa? Toma usuarios que explicitan sus perfiles profesionales por decisión propia y como les da la gana. ¿Hay que manejar una página de Facebook corporativa para proyectar cierto tipo de imagen? Toma usuarios que transparentan más de lo que te gustaría en torno a su actividad profesional vía actualizaciones en el muro o donde sea. ¿Una cuenta de twitter como dios manda, con sistemático bombardeo de conversación digital bien elaborada? Toma usuarios impulsivos que se divierten con los trending topics o con lo que sea.
La función community manager es el embudo de la comunicación corporativa en Internet. Hace falta porque la empresa va a querer controlar los mensajes. Y hace falta porque hay competencias tecnológicas que conducen a un terreno especializado. Pero, insisto, en muchas ocasiones va a dar muy mala vida.
¿Hay antídoto? Creo que sí y bien simple: dar confianza. Traducido a jerga empresarial: dar galones. Asumir que si los mercados son conversaciones, entonces hay que dejar que el diálogo crezca y que se abran las argumentaciones, que intervenga más gente y que quien sea community manager “facilite” el proceso. Fácil escribirlo aquí, pero ciencia ficción en la mayor parte de las ocasiones.
Y dicho todo lo anterior, bienvenida sea la creación de nuevos puestos de trabajo. Que también hay que mirar por estas cosas en los tiempos que corren.
En 2003 cuando di el paso de volver a la consultoría y de llevarla a cabo con mis recursos, reconozco que tenía mis miedos. Uno, bien simple y poderoso: ¿seré capaz de facturar lo suficiente como para seguir tirando? Lo cual se podía interpretar de otra manera: ¿seré capaz de contener los gastos para no andar tan presionado por facturar?
Han pasado más de ocho años desde entonces. Echando la mirada atrás, no sé si fui consciente de lo que hice, pero lo hice: decidí por ejemplo trabajar desde un despacho en casa y usar prácticamente los mismos medios de que ya disponía. En realidad, la barrera de entrada relativa al coste que suponía trabajar en consultoría por cuenta propia había prácticamente desaparecido.
Los costes tenían que ver básicamente con realizar los pagos a la seguridad social. Trabajar con el conocimiento (sabéis que me gusta en su versión de pensamiento, emoción y acción) tenía sus ventajas. No hacía falta inversión en maquinaria o en otro tipo de infraestructuras.
Ahora, sin embargo, creo que puedo ver esta minimización de costes desde otra perspectiva. ¿Cuánto hace falta facturar si el punto de partida es tan liviano? ¿Por qué no aceptar una expresión más contenida de los objetivos de facturación? El éxito puertas para fuera siempre se mide en incrementos de facturación, mayores cuotas de mercado y más clientes. ¿No hay alternativa?
Si fuéramos capaces de reducir la tensión por facturar seguro que descubriríamos nuevos territorios. Ya sé que puede sonar a chulería. Primero hay que facturar, llegar a la cifra para poder subsistir. Pero ¿es esto realmente así? ¿No estamos en una carrera donde no se trata de subsistir sino de facturar mucho para que se vea que somos gente de éxito? Y si la facturación es la reina de la fiesta, ¿no queda todo impregnado por su aroma?
Reducir costes es eliminar necesidades. No me voy a poner en plan “momento zen” para descubrir que podemos vivir con mucho menos de lo que poseemos ahora que la crisis golpea duro. A lo mejor es un insulto para mucha gente. Pero en nuestra actividad de consultoría artesana conviene no perder la referencia de que ambicionar facturación es aceptar una carrera en la que podemos no participar. O al menos podemos hacerlo con otros valores.
La consultoría artesana es un negocio pequeño. Nunca vamos a tener muchos clientes porque no tenemos capacidad. Así que deberíamos obsesionarnos por otros asuntos que tengan más que ver, por ejemplo, con la calidad de las conexiones que establecemos con nuestros clientes.
El sábado en Fuenteheridos charlando con la fontanera digital de Valdelarco sobrevoló todo el tiempo en la conversación la manera en que sobrevaloramos la tecnología al aprender. Es más habitual de lo que parece eso de desplazar lo que comienza como un medio a entenderlo como un fin en sí mismo. Y, además, negando la mayor: No, te equivocas, yo priorizo el aprendizaje y no las herramientas.
Desde luego que asignar entidad a la tecnología tiene sus ventajas. Entre otras, como siempre se complica en una espiral interminable, la tecnología en sí misma da mucho para hablar de ella. Cuando piensas en lo que “podrías” hacer con la tecnología, enseguida nos dirigimos hacia algún lugar cerca del infinito. Así que, claro, ¿quién es el guapo que pasa de la tecnología o la minimiza cuando las promesas son tantas y de tal magnitud?
Francesc Balagué en akoranga anda ahora trabajando en metodologías que ayuden a “que no se noten” tanto las tecnologías. Aprender es algo inherente al hecho de ser persona. La tecnología aparece como una intermediación para el fin que perseguimos. Cuando planteamos cómo usarla, en realidad creo que estamos provocando una inmensa paradoja de fondo: importa aprender pero queremos hacer “invisible” lo que intermedia en ese proceso. ¿O no? Doble salto mortal con tirabuzón, complicado.
¿Tiene sentido aprender de Internet sin tecnología de por medio? Cuando Internet es una plataforma sobre la que suceden cosas, cuando Internet es un lugar de socialización, explicar “ese Internet” es explicar algo parecido a la vida misma. Ya, claro, exagero. Y entro en una contradicción brutal: no es la tecnología, estúpido… pero si no somos conscientes de la tecnología, ¿vivimos en una cárcel con paredes de cristal?
Me hago un lío, es evidente. Quizá sea irresoluble lo que querría desentrañar. A fin de cuentas, el aprendizaje invisible está ahí. No me gusta que la tecnología gane terreno de la mano de un hiperconsumo desbocado. La última tablet, el modelo más potente de smartphone o la killer-app de la que no puedes prescindir forman parte de la sobrevaloración de la tecnología. ¿Pudiera ser que asistamos a una hipertrofia tecnológica? Tanto tanto tanto que se vuelve cada vez más inhumana.
Otro momento de pataleo que no me lleva a ninguna solución. Estoy pensando que voy a tener que abrir en este blog una categoría que sea algo así como “cascarrabias” o “pataleo” para dejar constancia de estas paradojas que solo soy capaz de formular pero no de resolver. Porque, claro, seguramente son irresolubles. Y no me acabo de enterar, torpe que soy.
Escrito el 25 de septiembre, 2011 por Julen en Escapatoria
Extraños por inusuales. Estar en un lugar es también reconocer olores que encierran, vete tú a saber por qué, aspectos de su devenir. Quizá algo que sucedió o quizá algo que pudo suceder y se escondió para solo aparecer esquivo mediante el olfato. Lugares abiertos y lugares cerrados. Lo mismo da.
Los hay intensos, explosivos, penetrantes. Olores que marcan carácter y que definen casi mejor que cualquier otro elemento un lugar. Los encuentras de cualquier forma, sin esfuerzo. Están ahí y son parte de lo cotidiano. Nada que esconder, están. No dejan que nada ocupe su lugar.
En el otro extremo, olores que solo insinúan. Ni siquiera son perceptibles por todo el mundo. Esconden su aroma para quien tenga vocación por reconocer la diferencia. Son olores de proximidad, sujetos a algún pequeño fragmento. No juegan con expandir su poder sino con deleitar a quien se acerque con la convicción de que quiere oler.
Mientras, desde aquí no consigo encontrar la manera en que un escrito adquiera un olor que lo defina. Como si el olor se hubiera situado en un plano paralelo con el que nunca me encontraré. ¿Lo sientes? Ni siquiera la imagen puede ayudarme. El olor está aquí, pero no juega al escondite.
Echo para atrás la mirada y me cuesta encontrar antecedentes. Comienza el curso y la nueva hornada de LEINN practica con el video. Sí, son alumnas y alumnos de Enpresagintza en Mondragon Unibertsitatea, una facultad universitaria que se dedica a las cosas del emprendizaje, el manajemén y la innovación. Este mundo ya no es lo que era
Euskalit ha tenido el detalle de incorporar a este humilde blogsito en su lista de buenas prácticas finalistas del Encuentro PROPEX 2011, que tendrá lugar este próximo martes 27 de septiembre en el Parque Tecnológico de Zamudio. Así que hemos preparado una sencilla presentación para contar en veinte minutos algunas interioridades del noble oficio de bloguear cuando te dedicas a esto de la consultoría.
En diversos artículos ya hemos escrito sobre la consultoría y las herramientas de web social. En su momento fue un tema al que dimos relevancia. Luego, con el paso del tiempo, lo del blog y la consultoría artesana han acabado fundiéndose en un magma complejo de desmenuzar. En fin, que dejo aquí la presentación. Seguiremos compartiendo experiencias.
Bueno, no sé si llamarlo “agresividad” pero si no llega hasta ese punto, cierto es que se le acerca mucho. Esas aseveraciones que acompañan a muchos productos donde las promesas se suceden sin rubor. O esas alusiones al sentido épico de la existencia: “una guía práctica dirigida a visionarios, a personas con ganas de asumir nuevos retos que luchan por dejar atrás…“. Sí, el mismo libro de moda de Osterwalder y Pigneur acerca de la generación de modelos de negocio. Esa frase que entrecomillaba es, por ejemplo, de la portada.
Pues lo reconozco: me echan para atrás estas declaraciones grandilocuentes. Parece que la filosofía de conversación entre iguales no llega a una buena parte de la población que se mueve alrededor de las empresas. Bombo y platillo para frases lapidarias de vendedor del elixir de la eterna juventud. Por favor, que esto no es así ya.
Sin embargo, en una economía donde parece que el verdadero recurso escaso es la atención, el sistema sigue con un bombardeo inmisericorde. Cada vez que leo algo que se pasa un poco en la autoalabanza, me genera un rechazo visceral. Disculpen, que no será asunto suyo sino mío. Pero me desahogo un poco contándolo aquí. ¿Es que no es posible un lenguaje más humano y normal? ¿Es que los epítetos deben poblar por obligación el lenguaje con el que se comunica en el planeta empresa?
En el caso, por ejemplo, de la propuesta de análisis de modelos de negocio de Osterwalder y Pigneur, me parece completamente fuera de lugar. ¿Para qué engordar un texto a base de promesas mesiánicas que solo conducen a lo ridículo? No entiendo esta desviación hacia la charlatanería. Y más cuando hay una propuesta en principio bien estructurada y seria. No sé si es que en el momento de pasar a la venta, alguien decide que el registro debe ser otro completamente distinto. Vengan promesas, vengan frases lapidarias.
Ayer en el Iniciador de Alicante hablamos un buen rato de comunidades y mercados. ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? ¿Preferimos que el mercado preceda a la comunidad o vicerversa? Bueno, sea como sea, se rigen por detalles diferentes. Y ya sé que hay que afinar entre la tienda y el bazar, la comunidad y el mercado. Bienvenidos los matices, no pasa nada.
Pero es que a veces me parece como si el mercado economicista en que se ha convertido todo generara exceso e hipertrofia a la hora de comunicar lo que ofrece. Vamos, que frente a una comunidad que no necesita megáfonos para que sus partes se entiendan, el mercado inunda con decibelios tanto el espacio como el ciberespacio.
En fin, no sigo. Momento pataleo del día. Esto del blog como válvula de escape es un invento
Es más que evidente que hemos endiosado la velocidad. Hacer algo en menos tiempo es sinónimo de eficiencia. En buena medida la competitividad se mide con unidades de tiempo. El time to market que uno estudió hace muchos años ha ganado puestos en la clasificación de lo más venerado empresarialmente.
En buena parte hacer en menos tiempo supone poner en riesgo “disfrutar” de ese tiempo. Porque parecería que este es el enemigo a batir. No es un aliado sino una variable que estorba y que debemos minimizar. En general, la ambición de un proyecto se mide por los plazos que plantea. Aunque, por supuesto, la presión de los costes también influye: más horas más dinero. Así que no, de eso nada, no puedes tardar tanto en hacer eso que dices.
Sin embargo, hay ritmos naturales que tiran en sentido contrario. El crecimiento de un ser vivo sigue la misma dinámica desde hace miles de años. Bueno, también es verdad que no soy mal pensado sino realista cuando veo que las granjas de animales destinadas a alimento humano pasan de ser “granjas” a ser “fábricas”. Y el time to market bendito sigue presionando. Miedo da adentrarse en esos territorios. Pero ahí están y son las carnes que tú y yo comemos (si quieres saber algo más echa un vistazo al ensayo La Bella Durmiente que María ptqk incluyó en su día en Soft Power).
Los ritmos naturales son tozudos. En terapias para modificar conductas humanas aparecen sobrevolando la curación. Hay un proceso sistemático, progresivo, que avanza poco a poco. Bien que puede producirse un desencadenante que acelere el proceso. Pero el tiempo transcurre según pautas lógicas. Y las prisas no son buenas compañeras. Acelerar muchas veces se traduce en curarse a medias. Las recaídas siempre estarán al acecho.
En las empresas la carrera contra el tiempo es axioma. En Internet más aún. En un lugar donde fijar la atención es casi imposible, el tiempo en conseguir visitas, followers o lo que sea es una vara de medir qué tal haces las cosas. Lo quiero y lo quiero ya. Y pedir es gratis. Impaciencia, urgencia, velocidad. Muévete y haz, que no están los tiempos para andar despacio.
El moderno dios de la competitividad sigue ahí: más con menos. Aplicado a la gestión de recursos perecederos tiene sentido. Pero es el mantra que nos persigue en cada rincón: una lucha contra el tiempo. Alargamos en valores absolutos el tiempo que vivimos y, en cambio, nuestra percepción es la de que no hay tiempo para nada. Al querer hacer muchas más cosas en la misma unidad de tiempo, la percepción es que ya no hay tiempo. Antes sí, antes lo había hasta para dejarlo pasar.
Gracias a Francisco Páez mañana miércoles estaré por la tarde en Alicante para hablar de empresa abierta. Será en Iniciador, un buen lugar para contrastar puntos de vista a cerca de las formas en que ganar competitividad empresarial mediante prácticas más abiertas. Creo que Iniciador es un buen lugar para conversar sobre el asunto.
Iniciador es una comunidad de emprendedores sin ánimo de lucro que tiene como objetivo fomentar y facilitar el “emprendizaje”. Para conseguirlo se organizan actividades de emprendedores para emprendedores, donde puedan compartir conocimiento y experiencias, y que fomente las bondades de la cultura empresarial.
Estamos ahora en plena faena de desarrollo de la línea de investigación sobre empresa y economía abierta dentro de MIK, lo que incluye también la posibilidad de poner en marcha un curso de postgrado en Enpresagintza, la Facultad de Empresariales de Mondragon Unibertsitatea. Además, nuestra intención es hacer de vez en cuando talleres en los que concretar más aún qué se puede hacer para abrir más un proyecto empresarial para hacerlo más competitivo. El primero ya lo tenemos planificado para noviembre a través de Euskadi+innova.
Como diría David, cada vez vemos más organizaciones a la sombra de comunidades. El panorama anda revuelto y lleno de incertidumbre con la crisis que nos rodea. Parecería que nos han sacudido todos los cimientos de lo que aprendimos sobre gestión. Aunque las estanterías cada vez se ven más repletas de recetas para el éxito empresarial, nadie es capaz de asegurar que A conduce a B. Pero esto no impide que hablemos y aprendamos sobre una posible cartografía que ayude a abordar el mercado actual.
La conferencia de mañana apunta algunas ideas que cada cual tiene que interpretar mirando a los sectores en que opera. Además, iremos desgranando ejemplos que siempre ayudan a evaluar hasta qué punto esas prácticas pueden ser aplicables. Lo que buscamos es mirar a las circunstancias específicas en que se inscribe cada proyecto empresarial para decidir qué se puede o no hacer.
Dejo aquí la presentación que utilizaré y que refunde ideas anteriores a la vez que pone el énfasis en cinco movimientos con los que convivimos:
De gestión de mercados a gestión de comunidades
De empresa como fin a empresa como medio
De estrategia planificada a estrategia emergente
De la mejor I+D+i del mundo al mundo como I+D+i
Del mensaje controlado a la conversación como acelerador
De organizar a diseñar contextos más libres
Según copio de sitio web de Iniciador, la cita es en el Club Información, a las 7:00 PM. Avda. Doctor Rico, 17. 03005 Alicante (mapa aqui). La inscripción puedes hacerla en la web del CEEI Alcoy, aquí.
Mañana martes tenemos una jornada de trabajo con un grupo de gente que lleva entre las manos diversos proyectos culturales. Se trata de un encargo de Cultura del Gobierno Vasco, quien nos propuso organizar esta jornada con el objeto de encontrar hilos comunes entre quienes participan para analizar cómo desarrollar una colaboración que incluya el uso de soportes digitales.
He estado dándole vueltas a la marabunta de herramientas que hoy en día podemos utilizar para llevar a cabo un trabajo colaborativo. Al final, cada vez pienso más que no son tan importantes las herramientas sino las actitudes. Y sin olvidar la inteligencia para encontrar dónde están las prioridades y qué tipo de incentivos contribuyen en cada caso particular a conseguir más participación.
En el fondo esto de poner en contacto a personas que comparten ciertos intereses suscita, en general, elevadas expectativas. Alguien pudiera pensar que es cada vez más fácil colaborar en este mundo donde hay tantas herramientas digitales a nuestra disposición. Pero antes que las herramientas, actitud y aptitud son condiciones necesarias. Y, además, hace falta conseguir una dinámica de contribución que se automantenga en el tiempo.
No, no es fácil cuando hay tantas opciones ahí enfrente. ¿Por qué tengo que elegir esta y desechar aquella otra? ¿Tengo las competencias para usar los soportes digitales? ¿Qué gano en todo esto? ¿Y qué puedo perder? No, no es tan fácil. El riesgo del fracaso por exceso de oferta es alto.
Para guiar la reflexión de quienes vengan, he preparado una presentación que pretende utilizar este guión (comento diapositiva a diapositiva, siguiendo el documento que se expone más abajo):
Importa dibujar una colaboración que tenga en cuenta las posibilidades de compartir o no tiempo y espacio, de combinar presencialidad con actividades online.
De la misma forma, hay que considerar las relaciones de ganancia/pérdida en la relación que establecemos con los demás. Todo es más fácil si los demás perciben que ganan. Pero, ¿y nosotros? Podemos ganar pero también podemos perder.
No hay que olvidar que, en general, hablamos de construir grupos secundarios. Conviene conocer de dónde nace el sentido de estos grupos. Objetivos externos, incentivos, percepción de utilidad… todo esto es muy importante para configurar un grupo secundario.
Hay dos fuerzas que pugnan: la homofilia y la diversidad. Lo natural es juntarse con quienes se nos parecen, pero eso nos conduciría al pensamiento grupal. ¿Estamos ante una paradoja? ¿Es resoluble?
Por otra parte, construir comunidad es arquitectura: necesitamos un propósito de amplio alcance, gestionar la participación, pensar en incentivos, asignar recursos, introducir herramientas que generen experiencias ricas, ofrecer cauces de socialización y dotarnos de soportes tecnológicos que nos faciliten todo lo anterior.
Y todo lo demás supone satisfacer una serie de funcionalidades que los soportes para la colaboración deben ofrecer. Pero, ¿dónde ponemos el énfasis?
Y finalmente, sin pretender ser exhaustivo, el número actual de alternativas tecnológicas tiende ¿al infinito? No vamos a ser tan exagerados, pero la oferta crece cada día… ¿en exceso?
En fin, que aquí dejo la presentación que, si hace falta, manejaremos. Según la dinámica del grupo puede que sí o puede que no. Tiempo al tiempo.
Escrito el 18 de septiembre, 2011 por Julen en Escapatoria
Difícil de reconocer. No parece atesorar nada que pueda identificarlo. Quizá la piel, algo más oscura de lo habitual, por largas horas de exposición al sol. Pero eso solo es perceptible para quien tenga ojos acostumbrados a buscar diferencias. En la fila nada hay que nos diga que ese rostro es único.
Las cejas se enredan para escaparse hacia los lados sobre unos ojos que juegan con un tono marrón oscuro. Unas pestañas normales, ni grandes ni pequeñas, unas ojeras apenas marcadas. La mirada se pierde algo inquieta en busca de lo que sucede más allá de quien le precede. Arquea las cejas, se pone de puntillas y mira hacia un lugar al fondo donde aún no sucede nada. Nada.
Se gira y busca si por detrás la fila crece. La gente de momento aguanta tranquila. Cada cual con su imaginaria actividad para que el tiempo no se detenga. Los minutos pasan despacio al dividir su dimensión entre una actividad inexistente. Todo el mundo espera que aquello se mueva, pero cada cual encierra la desesperación de sentirse atrapado en un bucle cuyas carreteras conducen siempre al punto de partida.
Ese rostro se diluye entre los demás. No adquiere identidad porque no hay rasgo para que la atención detenga la mirada. Uno más en una fila de rostros que se enfrentan a la espalda de quien los procede. Cierto que la fila serpentea y parece fluir en la distancia, pero a medida que te acercas caes en la cuenta de que apenas sucede nada. Trámites humillantes para hacer indignos a quienes no tuvieron la suerte de nacer en el lugar adecuado.
No estoy seguro de si hice en su día bien la instalación de Google+ en mi smartphone con Android. El caso es que me encontré con que “por defecto” (me gustaría que me corrijáis si me equivoco, pro favor) todas las fotos o videos que hacía con el móvil se iban derechitos pal internés. Luego vi que había opciones para acotar el asunto y decirle cuándo quería que me subiera esa información. Además, hace unos días leí en Genbeta que Skydrive ofrecerá alojamiento ilimitado para imágenes y documentos. Parece que se despejan las dudas: lo quieren todo. Todo en Internet, todo en la nube.
No sé si lo anterior se traduce en que de “nube” pasaremos a “nubarrones” y luego llegará la “tormenta”. Con aparato eléctrico y con descargas torrenciales. Pero la diferencia es que la nube en Internet se carga de información que nosotros “decidimos” subir allí. Pero, ¿quién tiene conciencia de “tomar decisiones” cuando firma unas condiciones de uso? Me temo que no la mayoría. Vamos a dejarlo ahí: no la mayoría. La ingeniería social funciona.
En el fondo tiene que ver con la persona que somos. Podemos sentirnos más cómodas en la intimidad y la introversión que en la plaza pública y el escenario. Pero los tiempos modernos te extimizan. No hace falta una policía del pensamiento porque parece que la mayor parte del sistema tecnológico en el que estamos insertos ya camina en esa dirección. No es tanto una decisión de nuestros gobiernos sino una decisión mercantil. En la nube habrá una inmensidad de información que hará florecer nuevas oportunidades de negocio.
Lo curioso del asunto es que la materia prima no son minerales, plantas o cualquier otro elemento regido por la escasez. No, en la nube no hay escasez que valga: el cielo es inmenso y se expande, como todos sabemos que ocurre con el universo. Más y más información. Lo curioso es que la materia prima somos las personas. Quienes somos, lo que nos gusta, lo que hacemos, lo que sentimos. La extimidad desbocada se instala en Internet, en la nube. Yottabytes de información para el progreso de la civilización.
La pelea, de todas formas, creo es por ver quién se queda con más información. Por eso veo dos tácticas que me parecen las mejores para habitar este nuevo mundo:
Distribuir entre varias nubes tu información para que cueste más que se conviertan en un único nubarrón.
Disponer de tu propio espacio, lo que implica una mínima alfabetización tecnológica para saber que, hasta cierto punto, puedes tener tus propias llaves para esa información que quizá tenga especial valor para ti y que no conviene que vague por nubes ajenas.
Otro día hablamos más de estas dos tácticas. Ánimo, que es fin de semana