Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
Ayer David y yo, como comenzaba curso escolar, nos reunimos para darle una vuelta de rosca al estado de la cuestión: ¿cómo encaramos el nuevo curso académico en lo que concierne a nuestra línea de trabajo alrededor de la empresa abierta? De 9 a 12 vuelta para arriba y vuelta para abajo. Más bien atascados. Luego, se hizo algo de luz. Y todo porque tenemos que presentar a corto plazo un proyecto para poner en marcha un postgrado que gire alrededor de lo que quiera que sea esto de la empresa y la economía abierta.
Ya iremos desgranando contenido sobre el asunto porque como siempre, lo iremos divulgando vía nuestros blogs… y seguramente a través de un sitio donde vamos a centralizar la mayor parte de la producción. El caso es que tras la reunión de ayer y casi más para aclararme yo mismo acerca de dónde estamos y lo que queremos hacer, me he hecho un esquema con el quiero guiarme en los tiempos que vienen. Lo comparto y explico sus líneas básicas. Ya habrá tiempo más adelante de profundizar, quitar, añadir o cambiar.
En primer lugar, ¿por qué “fase 3” de este proyecto? Bueno, eso ya tratamos de explicar cuando publicamos Empresa abierta, encuentros en la tercera fase. Allí ya adelantábamos varias líneas de trabajo que a través del esquema que compartimos queremos aclarar aún más. No obstante, el giro fundamental que pretendemos dar es el de dedicar recursos, tiempo y cariño a construir una comunidad alrededor de la empresa y la economía abierta. Esta comunidad -seguramente en estado latente a día de hoy- necesita dedicación. Así de simple. Por tanto habrá que ver cómo se la proporcionamos, combinando siempre jornadas presenciales con otras actividades en Internet.
Ayer también hablábamos David y yo que lo que nos interesa es llegar a aplicar, a abrir -hasta dónde sea posible- las empresas. Quizá no debamos ser maximalistas. Diferentes sectores y diferentes empresas admiten diferentes “grados” de apertura. Aunque pueda existir una guía común para analizar qué y cómo abrir, esto solo tiene sentido cuando te sientas ante un caso concreto. Cada organización tiene su historia, su cultura, sus clientes. Hay que contextualizar: qué se puede hacer y qué es mejor no tocar. En nuestro caso “aplicar” se traduce en tres grandes líneas de trabajo:
Realizar consultoría de cierto calado (proyectos que nos permitan como poco seis meses de acompañamiento a una organización… y mejor si hablamos de un año).
Ayudar a poner en marcha nuevos proyectos empresariales donde se puedan aplicar herramientas y técnicas que provienen de modelos abiertos.
Servir nosotros mismos como ejemplo de lo que predicamos, algo que no conviene olvidar para dar credibilidad al mensaje.
Es evidente que somos gente que nos movemos en aulas, en talleres, en clases de la universidad. La docencia forma parte de nuestra actividad natural. Tenemos clases en grado y en postgrado. En este último ámbito participamos con un módulo en el MBA Executive. Pero el gran reto es sacar al mercado un postgrado en empresa y economía abierta. A ello vamos a dedicar buena parte de este tramo final de año.
Además, hay una fórmula que consideramos muy útil para transitar hacia la aplicación: los talleres. Ya tenemos concretado uno para noviembre a través de Euskadi+innova y vamos a ver de qué forma ponemos en marcha algún otro. El formato de estos talleres es sencillo: buscar ganancias en competitividad mediante la apertura de ciertos aspectos de la gestión empresarial, que se van presentando como “opciones”. El taller propone contextualizar cada caso. Tendremos 16 horas para compartir qué y cómo abrir la organización propia (o el proyecto emprendedor que se presente) en buscar de una mayor competitividad.
Esta parte docente tipo taller, junto a lo que hacemos en grado y postgrado, más los proyectos de aplicación que comentábamos antes, se complementan con la parte investigadora. Para ello, como ya sabéis, nos apoyamos en buena parte en la línea oficial de investigación que se desarrolla en MIK y que esperamos nos permita poner en marcha alguna que otra tesis doctoral y publicar en el entorno académico.
Todo lo anterior necesita divulgación, sea en ponencias breves, en publicaciones no tan académicas o mediante nuestro trabajo con la web social. Este es paso previo para que podamos cimentar bien lo que queremos que sea una comunidad amplia de personas interesadas en la empresa y la economía abierta. Y trabajar esta comunidad supone, como decíamos antes, dedicarle tiempo. Queremos hacer otra jornada al estilo de la que hicimos en abierta18f, aunque más amplia y sin “ponentes” preasignados. Ya comentaremos fecha y las coordenadas necesarias para apuntarse. Aunque, de todas formas, nos seguiremos viendo por Internet a través de un sitio nuevo que en breve pondremos en marcha…
Suelo poner de ejemplo a Orbea. Hace casi 15 años atrás visité su planta industrial en Mallabia. Olía a taladrina. Al comienzo de su proceso productivo, en la zona de los cuadros de las bicis, el olor era el normal, el que tenía que ser. Corte de tubo y soldadura. Así que la consecuencia era evidente: estabas en un taller, en una fábrica. Enfrente de ti todo un proceso productivo.
Cuando hace poco más de dos años entré de nuevo en la planta de Orbea ya no olía a taladrina. Aquella fábrica que yo conocí había evolucionado. Era, sobre todo, un negocio basado en la logística. Basado en una ingeniería capaz, con una gestión de compra de materiales supongo que muy potente, una visión internacional del negocio y una acertada segmentación del mercado. Ahí es nada. Eso sí, hay que seguir “fabricando” producto físicos de suficiente fiabilidad y hay que que distribuirlos llegando al mercado de la mejor manera posible.
Cuento lo anterior porque de vuelta al laboro, he recuperado una lectura pendiente: Defendamos nuestra industria. Es un pequeño artículo de Guillermo Dorronsoro donde comenzando por Gabriel Aresti acaba por compartir una conversación que mantuvo allá en Singapur. Y copio literalmente lo que le contaron a Guiller: “cuando decides dejar de hacer, y dedicarte solo a pensar cómo se hacen las cosas, pronto descubres que la mejor forma de pensar es haciendo y si olvidas cómo se hace, pronto olvidas cómo se piensa”. Pensar y hacer. Hacer y pensar. Dos partes necesarias. Por si se nos había olvidado.
David y yo a menudo hablamos de si nos estamos alejando sin remedio de la empresa industrial “de toda la vida” teniendo en cuenta el tipo de proyectos que ponemos en marcha. La realidad es tozuda. Internet parecería haber volatilizado el ingente esfuerzo por diseñar y fabricar átomos en un mundo empeñado en ganar a base de bytes. Nicholas Negroponte lo profetizó en Un mundo digital en la década de los 90 del siglo pasado. Los átomos perdían terreno frente a los bytes, más rápidos, más ligeros, menos costosos.
Y ahora resulta que aquella carrera por abandonar los átomos, por centrarnos en “servicios de valor añadido”, por el espeluznantemente inmenso mercado del alma, necesita una revisión. Guiller, claro, está condicionado porque tiene la ría de Bilbao ahí cerca. Las cartillas de Altos Hornos, la vía del tranvía y los astilleros forman parte de un pasado del que parece que hemos renegado. Aquel pasado dejó lindane, pero también espíritus contaminados. El futuro se escribiría con un conocimiento ingrávido para el que no harían falta puentes grúa. Levedad frente a industria pesada.
Por eso me ha encantado la reflexión de Guiller. No sé si en el taller artesano de Sennett buscan la misma esencia o incluso tratan de ir algo más atrás en el tiempo. Pero repensar el futuro en términos de “industria” plantea un reto vital. Porque será una nueva industria, que tenga en cuenta lo que aportan los bytes y cómo se complementan con el peso de los átomos. No será el Orbea de la taladrina, pero será una industria que necesitará bytes para construir su competitividad.
Echando una mirada atrás en este blog, encuentro, por cierto, líneas de pensamiento compartidas con Guiller. Solo que están escritas en 2006 y 2007. Tiempo ha pasado. Y parece que fue ayer:
Antes de que la semana que viene volvamos a la ¿rutina? de nuestros quehaceres profesionales y este blog vuelva a hacerse pesado y machacón hablando de personas, de gestión de empresas y de esta sociedad del conocimiento en que vivimos, me permitís seguir con mis neuras, ¿vale? Que no solo de dar pedales y recorrer islas olvidadas vive el menda. Comparto en este artículo otra de mis aficiones: la novela negra y criminal. Y me permito hacerlo ligándolo a algunas de mis investigadoras preferidas y la geografía en que acontece la ficción que narran. Vaya también como guiño a ese proyecto que anda impulsando, entre otra gente, Iván Marcos Peláez: Leer y Viajar (y escribir). Sí, Iván, ya sé que te debo alguna cosilla
Claro, evidente, lo de la novela negra es por influencias cercanas, ¡qué se le va a hacer! El caso es que con el tiempo he cogido afición por lo que podría ser un subgénero de este tipo de novela. Bueno, quizá me lo estoy inventando, pero se trataría de novela negra con mujer investigadora de por medio. No sé, empezó como un juego y tengo que reconocer que he acabado cogiendo cariño a unas cuantas chicas que van por ahí deshaciendo tramas y resolviendo casos. La lista es larga, yo solo acabo de llegar para compartir algunas de mis lecturas.
Quizá la que me atrapó en todo esto fue Kinsey Millhone, esa joya de mujer con un solo vestido para todo y que disfruta con sus carreritas mañaneras por Santa Bárbara. Si quieres recorrer la geografía californiana de los alrededores de Santa Teresa y dejarte llevar por tramas complejas y bien rematadas, ahí tienes a la señora Sue Grafton, a quien tuve ocasión de escuchar en la semana negra de Barcelona del año pasado. Su personaje de Kinsey es entrañable.
De California hacia la otra costa americana pasando por Chicago. Por allí se mueve V.I.Warshawski, con un estilo algo más salvaje. Mira que le dan tundas a esta chica en cada novela. Pero no pasa nada, que ella bien que se sabe defender. Si Kinsey te hacer recorrer las suaves lomas californianas, Warshawski te entrega una buena colección de barrios turbios y degradados. Sara Paretsky ha construido un personaje con el que recorrer esa otra parte de una gran ciudad, Chicago, que seguramente no venga recomendada en las guías turísticas.
Si Kinsey y Warshawski son modelos americanos, aquí una buena referencia podría ser Petra Delicado. De la misma forma que Vázquez Montalban nos entregaba a un Pepe Carvalho con quien conocer una parte concreta de Barcelona, Alicia Giménez Bartlett nos ayuda a movernos en esa misma ciudad, pero de otra manera. Petra investiga junto a su inseparable Garzón en una serie que cuenta ya con ocho entregas.
Y para movernos por territorio europeo y cruzar hacia el norte los Pirineos, incorporo mis tres lecturas seguidas, en un abrir y cerrar de ojos, de las respectivas entregas que Rosa Ribas ha publicado sobre su investigadora Cornelia Weber-Tejedor. Una curiosa mezcla gallego-alemana para resolver intrigas allá en Francfort. Y esto incluye, por cierto, su aeropuerto, con una pequeña ONU en la trama de su último libro. Más al norte, en Oslo, hay que buscar a Hanne Wilhelmsen. De momento solo he leído la primera novela de esta subinspectora de policía creada por Anne Holt, quien parece haber proyectado mediante la ficción sus experiencias de la vida real en sus más variadas facetas.
Acelerar. ¿Por qué? La competición es parte de “lo que hay que hacer”. Hay que competir. Hay que ganar. Si no tienes ambición, te falta el alma de nuestros tiempos. No sirve con hacerlo como ayer. Tienes que hacerlo mejor. Y esto admite versiones diferentes: más rápido, más preciso, con menos recursos. Sea lo que sea, es progreso. Y mañana será mejor que hoy. El pasado es nuestra vergüenza. ¿Por qué moverse en un carro tirado por un burro?
Pisar una de estas islas pequeñas en Azores es pasar a otro plano. En las capas que conforman la cebolla de nuestra existencia, de repente accedes a una en particular que te desconcierta. ¿Cómo tienes que devolver el coche que has alquilado? Bien sencillo: en el aparcamiento del aeropuerto (donde cabrán unos 40 coches) abierto y con las llaves en el contacto. Pues claro, evidente: esa es la mejor forma, la más cómoda. Pero implica un punto de partida: “esto es Santa María”. Lo que quiere decir que nos conocemos, que así lo hemos hecho toda la vida.
El ritmo ahora en Graciosa, después de una semana en Santa María, creo que ha bajado todavía un peldaño más. La isla tiene formas amables, de suaves colinas que holgazanean con las vacas pastando tranquilas. El mar siempre está abajo; el cielo arriba. Y en un lugar allí enfrente se unen. Son dos azules que juegan a atrapar el verde variado de las campas. Un terreno partido en mil pedazos con sus muretes de piedra que resisten el paso del tiempo sin mayor sonrojo.
Y en uno de los centros de la isla, una caldeira. No un cráter cualquiera, no. Porque se accede allá dentro por un sencillo túnel que divide el mundo entre adentro y afuera. Dentro de la caldera queda la Furna do Enxofre, un agujero que lleva al centro de la tierra, pero que ahora no puede visitarse por la alta densidad de dióxido de carbono. Dentro de la caldera el mundo se ha parado algo más si cabe.
Desde arriba, en una de las tres ermitas que el Monte Ajuda ofrece, la vista sobre Santa Cruz de Graciosa es completa. Se ve allá abajo la plaza que conforma un triángulo irregular con sus dos estanques para combatir en otro tiempo los problemas de las sequías. La vida se recoge en su ritmo cíclico allá abajo a la sombra de las auracarias, con su biblioteca, sus terrazas y su holgazana falta de productividad.
La velocidad se rompe en mil fragmentos para dar paso al ritmo, que no se obsesiona por buscar celeridad. El mundo moderno pasa rozando por el aeropuerto o si acaso reflejado en las motoras que desplazan a algunos turistas despistados en busca de avistar ballenas. Luego la estela que queda en el mar se disuelve mientras el motor de la lancha calla para esperar que emerja el cetáceo. Tiempo que se diluye en un ritmo olvidadizo. Estamos en verano, temporada alta aquí en Graciosa, la isla más al norte de todas las Azores.
Fotos de estas islas por las que andamos en el album de Flickr:
Volver a estas islas Azores es encontrarse con lo de siempre y con matices que proporcionan una impronta particular a cada lugar. Solo nos quedaban por conocer Santa María, la isla en la que estamos, y Graciosa, a la que marcharemos este próximo jueves. Acercarse a este archipiélago en la mitad del Océano Atlántico es como escapar a ninguna parte. Estás en Europa, pongamos por caso. Pero todo el tiempo te acecha un aire de que no, de que este lugar bien pudiera encontrarse en cualquier otro sitio. Estés en Flores, Terceira o Pico; da lo mismo. Estás en un lugar que se empeña en esconderse a Google.
Ciertamente venirse por aquí es colocar un inmenso paréntesis en la actividad cotidiana. No hay mucho que hacer, pero el tiempo sigue transcurriendo entre un trilho que recorres para ascender al monte más alto de la isla, un pescado que esperas para comer en una tasca con el ronroneo del mar al fondo o el simple observar a la gente del lugar. Más aún si llegas en fiestas. Y eso supone apreciar un estado alterado de las cosas: la XXX edición del rally de la isla, las tasquinhas, los grupos flolklóricos, la procesión con la virgen de rigor. Un aire triste que se mezcla con alegrías básicas, algo escondidas por aquello del qué dirán.
Cuando decía que cada isla parece marcada por una peculiaridad, ésta es una de las que se lleva la palma. ¿El motivo? Los aviones y su aeropuerto. Un accidente en 1989 con 144 víctimas deja marcada a una isla como esta. Y más de tres kilómetros de pista que los americanos se encargaron de construir por aquello del lugar estratégico que ofrecía este enclave también dejan su huella. Eso fue allá por los años 40 del siglo pasado, pero hoy sigue presente en un fantasmagórico enjambre de casas dispersas a su alrededor y de pequeñas construcciones tipo hangar con su hojalata formando una semicircunferencia. Te imaginas volar en el tiempo y situarte en medio del Pacífico sesenta o setenta años atrás. La guerra pedía extrañas obras en islas perdidas. Como Santa María, aunque en este caso hablemos del Atlántico.
Poco más de 5.000 personas viven habitualmente por aquí. Dos vuelos diarios, aunque me temo que no siempre será así. También las compañías de barcos que hacen rutas por aquí pasan en verano cada dos o tres días. En otras épocas que no sean verano, lo mismo hay un barco a la semana. Y a lo mejor soy optimista.
Así que aquí dejamos pasar los días. Con la cabeza algo alejada del mundo real. Cuesta mantener la conexión. Si acaso los libros -siguen siendo de papel- tienden un lazo que une con el continente. Ando con la tercera entrega de Rosa Ribas en la que Cornelia Weber-Tejedor se transforma en Cornelia Lenz. Mira tú por donde me está encantando esta novela. Algún día tengo que hacer repaso de mis investigadoras favoritas. Entre los tres aviones que tuvimos que coger para llegar hasta aquí cayó una entrega de V.I.Warshawski en el Chicago de finales de los 7o y principios de los 80 que había comenzado en la Transpirenaica. Y ahora enseguida me termino de devorar la tercera y última trama de Cornelia en el Francfort actual.
De todas formas, en cuanto esta noche caiga el final del libro de Rosa Ribas, me volveré al mundanal ruido. Tengo pendiente sacarle las cosquillas al libro de Osterwalder y Pigneur sobre modelos de negocio. En fin, por aquello de decir que seguimos conectados. Nos seguimos leyendo
Por cierto más fotos de nuestra estancia en Azores en este verano de 2011 en este álbum de Flickr.
Siempre es bienvenido experimentar. En 2005 cuando abrí mi blog, no tenía claro cómo lo iba a usar ni para qué podría servir. Me gusta empezar algo con lo que experimentar sobre la marcha mientras lo utilizo. La clave está en sentirme cómodo con el uso. A medida que voy haciendo, voy descubriendo para qué y cómo podría utilizarlo. Esto me sirve tanto en los proyectos de consultoría y en la gestión en su más amplio sentido, como para echar un vistazo, como ha sido el caso, a lo que ofrece una página de Facebook en sus opciones más básicas.
Siempre he escrito en mis viajes. Fuera en papel, en un blog o ahora en una página de Facebook. Escribir para recordar. Y siempre he hecho fotos, como todo el mundo. Pero no llevo la cultura audiovisual de serie. Me cuesta generar contenido “potable” con la cámara o con el móvil. En este viaje he generado 35 Gb de material. ¿Cuánto será utilizable? Quizá un 1% siendo muy optimista. Así como escribir “me sale”; grabar y hacer fotos “me obliga”.
Otro asunto que influye a la hora de generar contenido es la forma en que viajas: solo o en compañía. En el primer caso, producir contenido e interactuar online te sale “por necesidad”, estás deseándolo en cuanto paras: hablar con gente (online+offline). Pero cuando viajas en compañía, la conversación atrapa, las risas se suceden y los incidentes amenizan. Eso quiere decir que hay una relación interpersonal potente que desvía la atención de la conversación digital. Claro, hay más posibilidades de generar contenido, pero resulta más difícil introducir ahí la cámara y encontrar además el espacio para documentar luego las sensaciones escribiéndolas.
Al margen de todo esto, hay que tener en cuenta que hemos hecho trampa: Naiara y Mikel han estado ahí para echar un cable con lo que yo necesitara. He tenido problemas -no sé aún muy bien por qué- para manejar las fotos en el formato adecuado a través de la aplicación de wordpress para Android. Lo conseguí un par de días, pero luego mi torpeza se instaló como obstáculo insalvable. Subir fotos desde el móvil a la página ha sido, sin embargo, muy fácil. Eso sí, mediante correo electrónico a la dirección que te ofrece la página de facebook. Lo mismo que subir fotos al album de Flickr que hemos creado (todavía tengo bastante material para llevar allí).
Por supuesto que las actualizaciones de la página no tienen misterio… ¡siempre que tengas conectividad! En los Pirineos esto ha sido un problema. En muchos de los caminos y pistas por el monte no había opción. Así que hay lagunas en la generación fluida de contenidos. Las opciones para jugar con actualizaciones y enlaces, además de las fotos, son sencillas si tienes conectividad. Ah, por cierto, que la HTC Desire Z, como ya sabía, se come batería como Gargantúa niños. Así que hay que ir jugando con las opciones de ahorro de energía todo el tiempo, lo que incluye hasta activar el modo avión si es que andas por zonas sin cobertura.
Al comienzo del curso académico siguiente allá por septiembre haremos un balance más amplio de esta experiencia. Nuestra intención es diseñar y poner en marcha algún taller para compartir lo que hemos aprendido. Esto incluye, por supuesto, a la gente de Ubiqa -gracias, Itxaso, por la interacción- y también me gustaría contar con Jon Sáez, a quien sé que estas cosas le ponen los dientes largos. Con todo ello ya iremos contando a través del blog nuestros siguientes pasos con este proyecto de Rodamos Suave Suave.
Y, cómo no, gracias a quienes habéis compartido pedales con nosotros, sea de forma digital o sudando la gota gorda, como Fran, Alberto, Mai, Ilde y Jaime
Pues sí, ya hemos terminado. De hecho estoy escribiendo esto desde mi portátil en casa. Gracias a Alberto que me ha traído en coche desde Hondarribia, ya puedo publicar estas líneas sentado frente a mi “máquina” cotidiana. Nada de dejarse los dedos en el teclado qwerty del HTC. Vale, es qwerty, pero sigue siendo un dolor escribir cuatro párrafos seguidos a una velocidad digna. A lo mejor es que ya hemos perdido la paciencia con la cacharrería.
En fin, que la etapa, como la de ayer, también ha sido durilla. Primero unos rampones considerables por una pista encementada para subir a la Venta de Lizaieta y luego después de la Venta de Yasola, una bajada endemoniada por unos pedrolos resbaladizos de verdad. Así que bajada pateando hasta la Venta Zahar para desde allí hacer otra subidita hasta el collado de Ibardin, el supermercado de las ventas fronterizas. Espectacular el trasiego de franceses haciendo acopio de todo lo que sea más barato. ¡In presionante!
El día ha sido lluvioso y con niebla hasta bajar al Bidasoa y enfilar hacia Hondarribia. Pero todo muy llevadero. Hemos llegado hasta el faro del cabo de Higuer para luego bajar a la playa y tomarnos el baño de rigor, además de verter el agua que traíamos del Mediterráneo. Actos protocolarios para cumplir con la tradición.
Fin de fiesta comiendo todos juntos antes de que Fran, Mai, Jaime e Ilde fueran a coger el tren para Donostia mientras que Alberto y yo nos veníamos en coche para Bilbao. Queda ahora ir ordenando todo el material, tanto fotografías como videos que hemos realizado con el HTC Desire Z y con la GoPro que hemos llevado durante el viaje anclada al manillar de la bici. En fin, mucha tela que cortar, además de hacer balance de la experiencia de cruzar los Pirineos de este a oeste en bici, ocho días solo y otros ocho en compañía.
No sé qué más contar. Un placer dar pedales con Fran, como siempre; con Alberto, que está que se sale de forma física; con Mai, que menos mal que la chica no estaba en forma, que si no a ver quién la sigue; a Jaime, que será para siempre nuestro heróe de Puerto Santa María a cuenta de acompañarnos en un diluvio a Alberto y a mí en la TransAndalus de semana santa pasada; y a Ilde, que ha sido un estupendo maestro en las bajadas de Alberto.
Pues eso, que ya habrá más viajes en bici para contarlos por aquí o por donde sea. Besas y besos.
Día estupendo para pedalear a la salida de Burguete: fresco, niebla, lluvia fina. A la salida de Burguete una riada de peregrinos que bajan desde Roncesvalles y que nos vamos cruzando nada más comenzar a rodar. Hacia Ibañeta el día se iba cerrando cada vez más… y quedaba toda la bajada desde Lindux hasta Banka, que son cerca de 20 km sin dar pedales. Una gozada.
En Francia cafe au lit y chocolat, cómo no. Porque la primera de las dos subiditas se las traía. Hasta el collado de Elorrieta, la carreterita asciende en plan salvaje. Menos mal que no pegaba la solana y las nubes se estaban portando bien. Al final de la subida hay una zona de monumentos megalíticos que se reparten por unas campas de un verde explosivo. Y de ahí para Elizondo por un caminito de piedras la mar de entretenido.
Y de Elizondo…otro ¡subidón! Más y más cuesta para no perder la costumbre. Por la zona de cumbres antes de Etxalar se cogen varios tramos de GR que hacen la ruta divertida. Desde uno de los altos, al fondo se veía el Cantábrico, que es nuestro destino mañana en Hondarribia. Se veía lejos, pero el camino ya se andará.
En Etxalar nos hemos encontrado con un funeral. Y como suele ser norma, bares llenos después; ya se sabe que el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Tras una toma de contacto con el noble deporte de la pelota a mano, la tarde se pasa entre risas y compartiendo tragos con la gente del lugar. Ya solo queda la jornada de mañana. Cerca de mil kilómetros y no sé cuántos puertos subidos y bajados: todo termina mañana en Hondarribia.
Día de grandes bosques, quizá pueda ser la mejor manera de explicar la etapa de hoy. Ya a la salida de Isaba la carretera que sube al alto de Laza por Uztarroz curvea rodeada de pinos y hayas. Arriba en el alto la perspectiva es de variados tonos de verde según el tipo de árbol que esté plantado por la zona.
A la selva de Irati se entra por el collado Ollokia, en la ruta de Larraun. Es lugar bien conocido porque ya hemos pedaleado por aquí unas cuantas veces. No hace falta decir que toda la zona de Irati es un recreo para la vista, sea por el sol que juega con las hayas o por el agua azul verdosa del embalse que se esconde entre los árboles. Un placer pedalear por estas pistas, a pesar de esa sensación de territorio conquistado por las masas.
De Irati salimos por el collado Orión hacia la fábrica de armas de Orbaitzeta, otro lugar “diferente”. Las ruinas escondidas con sus cuatro casas alrededor siguen tomando un aire irreal. Antes de comenzar la subida final hacia Burguete hemos repostado calorías en el albergue que queda abajo del collado Orión. Menús que ofrecen casi siempre las mismas alternativas. Es fácil acertar dos o tres de los primeros y de los segundos platos.
El tramo final, después de la comida, va poniendo las cosas en su lugar. Las fuerzas andan algo justas después de 15 días de pedalear y de subir no sé cuántos puertos. El cuerpo me pide ir más despacio. No es que vaya mal; solo se trata de aflojar, de “rodar suave suave”, de no querer apurar en esa nueva cuesta las energías que todavía quedan. No hay prisa. Restan dos etapas para terminar en Hondarribia lo que empezamos en Llançà. Hoy compartimos ruta con los peregrinos aquí en Burguete. Nuestra particular peregrinación ciclista está cerca de su final.
Pues ya hemos andado. Ha sido una etapa mixta, mitad en bici y mitad a pie. Los senderos que hemos tomado, comenzando por el de salida de Aragües han exigido echar pie a tierra y hacer caminando lo que no se podía en bici. Así que el tiempo se ha ido de tal forma que para hacer poco más de 50 km hemos empleado más de 5 horas. Hasta las 17:30 no hemos llegado a Isaba. No está mal.
De Aragón hoy hemos pasado a Navarra. Los pueblos, eso sí, mantienen una continuidad arquitectónica: la piedra es el elemento común de grandes casas con sus balcones llenos de geranios. Pueblos con sus buenas fuentes de agua fresca y sus gentes sentadas en la plaza para saludar al paso y preguntar de dónde venimos y adónde vamos.
Hoy hemos parado un rato en Urdués porque amenazaba lluvia (de hecho han caído algunas gotas), aunque las paradas técnicas de avituallamiento han sido en (H)echo y Ansó. ¿Cómo se escribe el nombre del primer pueblo que cito? Lo hemos visto con las dos grafías. Antes de llegar a Ansó hemos perdido (sin querer) a Alberto, que se nos ha despistado y ha seguido por carretera lo que era otro tramo de pista primero y sendero después.
El tramo final de bajada a Isaba nos ha deparado una agradable sorpresa: una de esas cascadas idílicas, escondida en un rincón. El sendero bajaba precioso por un bosque frondoso y ahí a la izquierda ha aparecido. Quedaba escondida a la vista, pero después de trepar por un par de escaleras de madera, ahí ha aparecido. Buen regalo final para una etapa dura por lo de tanto patear. Mañana, por lo que recuerdo, será otro tipo de etapa bien distinta. Espera Irati, otro buen lugar para rodar.
Escribo desde la plaza de Aragües d’o Puerto entre timbas de guiñote y griterío típico de fiestas. Sí, este pequeño pueblo oscense está revolucionado con sus fiestas patronales. Luego tenemos orquesta por la noche y antes el campeonato de guiñote. Es otra forma de apreciar el lugar: encontrarlo en medio de un desmadre colectivo
La etapa ha sido tranquila, con una subida inicial larga hasta el collado de Pueyes y una bajada rápida hasta Castiello de Jaca, donde uno toma de nuevo contacto con el progreso a través de su transitada carretera.Hay que hacer solo un kilómetro, pero sirve para darse cuenta de lo agresivo que estas vías rápidas son para las bicis.
Después de Castiello se suceden tres subidas por carretera con sus correspondientes bajadas. Todo asfalto aunque muy poco transitado. La segunda y la tercera subida son agradables y se hacen muy llevaderas. Al final, desde Jasa, un senderito bien chulo nos ha dejado en Aragües d’o Puerto, donde estamos alojados.
Mientras estoy escribiendo esto, el resto de la tropa está repartida entre la siesta y la piscina. Dura vida del ciclomontañero. Aragües d’o Puerto es un pueblo con sus casas de piedra repartidas entre calles estrechas. Un lugar granquilo para hacer salidas a las cumbres cercanas… excepto ayer y hoy en que andan con las fiestas patronales.
Día de incidentes que a base de ir sucediéndose uno tras otro han acabado por conformar una jornada un tanto esperpéntica. Por mi parte dos pinchazos y la segunda abrazadera del portabultos reventada, Alberto con un problema en la cala de una de sus zapatillas, Mai que necesitaba centrar los radios de las dos ruedas, Fran sufriendo con la pérdida de líquido en su freno trasero y Jaime que ha abollado la llanta trasera. Nada nuevo bajo el sol, aunque todo el mismo día…
Seis personas recorriendo la travesía da para mucho “susedido”. Todo lo anterior no impide hablar de los cuestones del día, que a la salida de Fiscal y hasta coger la pista que lleva al pueblo abandonado de Sasa, son de los de echar pie a tierra de vez en cuando. Eso sí, vamos jugando con pino, roble y haya hasta llegar a la base de Peña Oturia, una mole cubierta de prados que atrae la vista durante un buen número de kilómetros.
Ha habido tiempo para hacer una visita a la ermita de Santa Orosia, de la que dice es la patrona de la bici de montaña… o eso decían por estas tierras. El caso es que no hemos debidi rezarle bien porque tras coronar el paso por debajo de Peña Oturia en la primera bajada Jaime ha tenido problema con un llantazo y Alberto ha perdido un tornillo de la cala de una de sus zapatillas. Bueno, un rato al solete y hemos continuado por una bajada larga hasta el río Gallego, que hemos cruzado por un curioso puente de tablones de madera dispuesto en tres tramos.
Comida estupenda en Senegüé y llegada a media tarde a Sabiñánigo. Hemos comprado cámaras nuevas y arreglado el problema de la segunda abrazadera del portabultos. Sin tiempo para repasar más pensamientos sobre la etapa, derechos a cenar, que mañana será otro día.
La tarde en Viu transcurrió alrededor de los intentos por arreglar un problema en el cambio trasero de la bici de Mai y los paseos por las cuatro calles del pueblo, además del repostaje líquido en el “bar” improvisado de Germán, Chulian y Alejandro. Al final, Mai se quedó sin bici útil a pesar de los mil intentos de Jaime por repararla. Esperemos que mañana se pueda reincorporar junto a los demás porque se han acercado a Ainsa a repararla.
La cena me trajo los recuerdos de hace siete años. Allí en Casa Miguel seguían los trofeos de guiñote, las fotos de la familia, el mueble con sus cuberterías y cristalerías repartidas por las baldas; todo parecía igual, excepto porque a la mesa no estaba la abuela Asunción, que murió a los 92 años. Comida básica en un lugar humilde, en el último lugar habitado antes de la subida final al collado Cullivert. Por cierto, cuestas bien duras para llegar a la pequeña pradera del final, todo un lujo para los sentidos.
En la primera bajada pedregosa tras el sendero de la cumbre, ¡problema técnico! Uno de los anclajes del portabultos ha reventado. Ha cascado, sin más. Esto hacía que sintiera un traqueteo raro con ruido metálico que no sabía de dónde venía. Lo hemos resuelto con una buena colección de bridas. A ver si aguanta hasta Sabiñánigo mañana donde espero pasar por algún taller a ver cómo lo resolvemos. De momento está aguantando pero quedan todavía seis jornadas por delante y habrá que buscar alternativas más fiables.
Hoy hacemos fin de etapa en Broto, un pueblo animado, con su calle principal repleta de hotelitos y restaurantes. Casualidad, nada más llegar Fran ha reconocido a la chica de recepción del hotel, que había contactado con él en su día para recorrer la Transandalus. Pequeño es el mundo.
Tras cuatro días en que no he podido conectarme a Internet desde un PC aquí ando, descargando los tracks del GPS y subiéndolos a mi sitio web de Garmin. También los compartiré vía nuestra página de Facebook. Tengo trabajo por hacer. Nada como rodar sobre la bici cerca de cinco horas y media… ¡y tener trabajo nada más llegar al fin de etapa! Pero, “sarna con gusto no pica”. Nos leemos.
Resulta que Asunción murió hace un par de años. Aquella señora que me contaba hace 7 años cuando pasé por aquí en mi travesía transpirenaica de 2004 cómo subía al collado de Cullivert andando para bajar a Escalona murió hace un par de años. Os parecerá una tontería, pero me hacía ilusión volver a hablar con ella.
La etapa ha sido diferente a todas las anteriores. Claro, pedalear con Mai, Alberto y Fran le da una dimensión diferente: vas comentando detalles aquí y allá, hay más paradas, todo se hace más ameno. Las subidas de hoy son complicadillas, más por el terreno, con mucha piedra que obliga a ir atento y a ir eligiendo trazada todo el tiempo. La bajada a Seira, tremenda, con un pedregal para mí inciclable.
Hacemos fin de etapa en Viu, el último pueblo antes del collado de Cullivert. Estamos hospedados en una casa de turismo rural, modesta y al tiempo entrañable. Luego se acercan también Jaime e Ilde para cenar. La tarde va cayendo mientras una obra en el pueblo con su ruido da muestra de que hasta cierto punto se están recuperando algunos edificios. Del Viu que conocí en 2004 a este de 2011 me quedo con este último.
Gracia tiene el negocio que unos chavales tienen montado a la entrada del pueblo vendiendo bebidas no alcohólicas. A un euro se sacan unos dinerillos. Su negocio va enfocado a los ciclistas que pasamos por aquí teniendo en cuenta que no hay bar. Incluso tienen un aparcamiento de bicicletas y su correspondiente cartel publicitario