Wednesday, Jul. 17, 2019

Cultivo de microbios, una manera de ser y estar

CULTIVOmlb_cronica_JULENLos días 6 y 7 de julio tuvimos reunión de cultivo de microbios en Medialab Prado allá en Madrid. Quedamos en llevar a cabo una devolución individual de lo que filtramos en esos dos días de debate. Mi cuaderno me dejó con 11 páginas de notas y sé que no voy a ser capaz de recoger aquí todo lo que bullía por la mente aquellos dos días.

Esta es la primera reflexión: ¿realmente es tan importante la narración completa, multiformato, inmensa y que todo trata de abarcar? ¿De dónde nos ha venido esta obsesión por documentar nuestra existencia? ¿Tan relevante es explicitar lo que tan agradable circula a través del conocimiento tácito?

Porque ¿cómo se explica la capacidad infecciosa de los pequeños microbios que nos reunimos en Madrid? Si acudimos al plano de la razón, razones habrá. Y se explican en sesudos papelotes en donde garabateamos palabras, dibujos, esquemas. Sin embargo, si acudimos al plano de las emociones: ¿cómo se explicitan? Las emociones suceden y, claro, tratamos de explicarlas; pero su esencia no está en cómo las describimos verbalmente. Las emociones fluyen y eso es lo que las caracteriza. Suceden. El momento efímero en que acontecen es lo que cuenta. Como el cultivo de microbios.

Sentí un tono pesimista que impregnaba cada momento de hilaridad. Un pesimismo mezclado con la esperanza del 15M. Y yo, sintiendo que estoy descolocado respecto a ese movimiento. Lo asumo intelectualmente pero le aplico mi implacable escepticismo. Uno de los momentos para el recuerdo es la conversación con María ptqk y la palabra que utilicé: marginal. ¿Movimiento marginal? Es lo que dije, no sé si con razón o sin ella. Otra cosa es si marginal es quizá la mejor de las estrategias posibles para modificar las condiciones de partida. Porque la capacidad de subsumir cualquier movimiento en la “oficialidad” es tremenda hoy en día. La comunicación es lo que tiene: la narrativa no tiene guión previo, sino que emerge y se incorpora al discurso imperante. Más madera para hacer dinero.

Los microbios, desde mi perspectiva, deberían jugar al despiste. Despiste respecto a la gestión de su no-marca, respecto a sus formas jurídicas, respecto a su relación con el mainstream, respecto a su relación con el poder y la economía. Puede que sea inherente a su condición un cierto gusto por el caos. No es que no haya patrones de comportamiento, pero no son tan evidentes como con organizaciones de mayor tamaño. Lo que sí sigo pensando que es importante es la gestión de los proyectos. El proyecto es la unidad de actuación y, en general, la unidad de medida que se nos aplica.

Mirando al futuro, el cultivo de microbios ha quedado fumigado. Sí, la nube de dicloro difenil tricloroetano se ha posado en sus plantas y el cultivo ha muerto tal como lo conocíamos. Pedro insistía: el cultivo ha muerto, viva el cultivo. Los microbios han mutado: es su estado natural. Su capacidad reproductiva implica mutación. Nadie puede esperar que el siguiente cultivo reproduzca miméticamente el que le precedió.

Conglomerado, amalgama, confederación, federación, masa, colectivo. Los microbios necesitan reunirse. Pero no rigen las mismas normas que cuando se mira a una “organización”. Asociarse, encontrarse, conversar. El sentido del cultivo es la emergencia de patrones útiles para quienes se amalgaman, pero no tienen sentido unos objetivos que guían el comportamiento de los microbios individuales. La fuerza del cultivo es su (casi) imposible replicación.

Cada cual fue explicando sus proyectos, su interés, sus paranoias. Tiempo productivo y reproductivo entremezclado en proyectos que se apartan de lo que “el mercado” acepta. Así que el microbio se “infiltra” entre los resquicios que deja ese “mercado”. Juega con sus cartas (no parece haber otras a día de hoy) pero hace trampas. Son trampas que más parecen magia: suceden, hay un resultado. Pero no es fácil captar la magia.

Persona, ritmo vital, identidad, idiosincrasia, especificidad, particularidad. ¿Marca? La marca es la percepción externa. No puedes evitarla. El microbio está expuesto al análisis de los microscopios de los mejores laboratorios. Las multinacionales farmaceúticas aplican sus mejores recursos para detectar la marca. El mercado crea las marcas. No puedes no tener marca. Como no puedes no estar en Internet. Pero me parece relevante no gestionar la marca desde la perspectiva de lo que “se espera” por parte del mercado.

En esta sociedad contemporánea hemos levantado un gran imperio: el monstruo de la economía precaria. Alimentado desde una financiación pública que se balancea al ritmo de la situación económica y que se ahueca sin cesar para pasar a manos privadas. Alimentado por el trabajo basura, por los no-lugares que reclaman no-personas para que empleen su tiempo productivo en algo que no aporta sino insatisfacciones. Los microbios existen dentro de la economía precaria. Lo inmediato como valor supremo. Un reto a la forma en que (des)organizarse.

Como consecuencia de este cultivo sanferminero en Madrid han surgido “temazos”: autocensura, radicalidad conceptual, gestión de la retirada, marca/identidad, minoría como estado natural, precariedad, institucionalización, éxito. Es el metacultivo. Microbios que hablan de microbios. Microbios que se miran al ombligo. Una autocrítica constante a sus formas y a sus resultados. Larga vida al cultivo. A nuevos cultivos.

Una conclusión: los cultivos de microbios son parte del juego. Igual que hay convenciones, juntas de accionistas o misas. Los microbios necesitan saber de la existencia de otros microbios. El cultivo continúa. De alguna forma, es acción mutante. Más imágenes que pueden sugerirte líneas de fuga:

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(4) comentarios

  1. Amalio A. Rey
    15/07/2011 at 07:54

    Creo que es bueno documentar nuestra existencia, pero sin obsesiones. Y convertir lo tácito en codificado también, porque ayuda a comunicarnos y en definitiva, a ser mejores seres sociales.
    Con los años aprendo que si bien conviene asumir la complejidad, porque la vida es eso, en cambio la hiper-complejidad paraliza, y me hace tender al pesimismo porque es quisquillosa y perfeccionista. Para mi gusto, el zoom microscópico puede ser excesivo, y cada vez me gusta más la cultura del boceto.
    Está bien la gestión activa de las contradicciones pero hay un punto en el que conviene simplificar. Aceptar con naturalidad las paradojas, no estresarse con ellas, pero en un momento dado, asirme a unos pocos principios o referentes, y guiar la acción por ellos. Eso me funciona.
    Por ejemplo, a mí me asusta la idea de la “minoría como estado natural”. En algunas cosas puedo ser minoría y en otros no (lo que decías de ver la vida por proyectos). Ser minoría no puede ser un problema, a mucha honra. Incluso una oportunidad. Pero me gusta aplicar el mismo principio para reivindicar las mayorías.
    Evocador relato el de los microbios. Palabro sugerente, dispara la imaginación. Me gusta la honestidad con que estáis tratando estos temas, enhorabuena.

  2. Ricardo_AMASTE
    18/07/2011 at 09:51

    Desde un microbio que no estuvo allí.
    El relatar, documentar, esquematizar ayuda. Sirve para que nos observen con grandes microscopios, pero también para que nosotr*s mism*s aprendamos a replicarnos, sumemos experiencias... Open source.
    Porque jugando al despiste, muchas veces nos quedamos sól*s. Un reflejo más del individualismo imperante (virus que van por libre). Y puede ser más una impostura, un no saber jugar a otra cosa, que una estrategia de deriva o de guerrilla.
    Me quedo con el peligro de caer en la "radicalidad conceptual" y pienso sobre eso de "gestionar la retirada"... Yo, en general, me quedo hasta que me echan.
    Y para terminar, en la magia siempre hay truco. en este caso quizá se la precariedad. Mucha... y demasiada, autogenerada.

  3. Rubén Martínez
    19/07/2011 at 09:43

    Gracias por el artículo Julen!, por un momento cuando decías 'marginal' pensé que te referías a la economía marginalista, y casi me da un patatús ;D

    Richi, es curioso porque lo de 'radicalidad conceptual' expresaba un deseo, no un peligro. Cuando decíamos lo de ser radicales con los conceptos creo que señalábamos a ser rigurosos, no a ser dogmáticos. Como estamos en tiempos de cacofonía y de usos aleatorios de las palabras, parece necesario pedir o, mejor dicho, autoexigirnos, radicalidad conceptual.

  4. Ricardo_AMASTE
    19/07/2011 at 10:49

    Yo me refería más bien al peligro de ser muy radical con el discurso, en el plano conceptual y luego ser mucho menos consecuente en la práctica cotidiana (esto es, ser muy intolerante en lo que se dice y muy laxo en lo que se hace). Lo mismo que con la autocrítica, que es fácil la retórica y tan complicada el aplicarla después al volver a casa. Y digo peligro como algo interesante, como correr el riesgo de.

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