Sunday, Jul. 21, 2019

¿Hacen falta los consejos rectores en el cooperativismo?

Este es un artículo que rondaba por mi cabeza desde hace tiempo. En realidad tiene que ver con la forma en que hoy en día delegamos la representación… y hasta dónde hace falta realmente delegarla. Puede ser que no se trate tanto de eliminar la figura de la intermediación a través de un órgano colegiado sino de resituarla en el escenario actual donde las personas tenemos muchas más posibilidades de interactuar de manera individual -sí, en red- para coordinar nuestras aspiraciones.

En realidad la creación de órganos colegiados en las cooperativas forma parte de la esencia de estas. El proyecto “colectivo” es, sobre todo, “colectivo”. Vaya perogrullada, ¿no? Realmente es que no sé cómo decirlo. Pero es que veo mucha tensión entre lo individual, lo colectivo a nivel de grupo pequeño y la sociedad en su conjunto. Y en la primera de las intersecciones, entre lo individual y lo colectivo como representación de poder delegado, se está cociendo un buen jaleo. Diría, además, que en buena parte es un choque entre generaciones.

¿Hacia dónde miran los órganos colegiados en las cooperativas? Me temo que en buena medida miran hacia atrás. La labor de control -incluyendo el control social– ha estado muy enraizada en sus formas de funcionar. El “descargo” es la expresión que se utiliza: hay que explicar lo que se ha hecho para que sea sometido a crítica y revisión. Algo sano en origen pero que acaba por desquiciar en más de una ocasión. Los excesos por controlar son grilletes que esclavizan el devenir futuro de las organizaciones.

Ser persona elegida para un órgano de representación supone acercarse a las dinámicas de poder. No se ve lo mismo desde la ciudadanía rasa que desde la atalaya de quien puede acceder con más detalle a cuentas de resultados e información supuestamente estratégica. No, no es lo mismo. Supongo que se siente el poder más cerca y la tentación, ya se sabe, siempre vive arriba, como nos enseñó Billy Wilder hace muchos años.

Pero hoy cualquier persona que quiera estar informada en una cooperativa (o en la sociedad en su conjunto), lo está. Hay recursos para acceder a información. Quizá otra cosa sea separar el grano de la paja, porque toda comunicación es un intento por influir. Si la información es más neutra (no del todo porque los datos se pueden organizar de diferentes maneras), la comunicación es intento de modificar la conducta de quien escucha. Ha sido, es y seguirá siendo así. Por tanto, ¿no parecería lógico utilizar más democracia directa en las cooperativas y menos democracia representativa?

En parte sería como volver a un cierto asamblearismo. Pero evolucionado y contextualizado en el siglo actual donde el control social es algo que viaja no solo entre bares y pasillos, sino también en Internet. Y más que viajará. Cada vez debería ser más simple la “consulta a las bases para tomar decisiones”. Es esta, no cabe duda, una expresión incorrecta y viejuna propia de mi generación porque el poder es de las bases. Se trataría de potenciar la inteligencia colectiva, de que existiera una participación más intensa en la toma de decisiones usando para ello -también- herramientas de la web social.

Tengo la sensación de que mi generación no puede percibir las grandes tomas de decisiones como un proceso colectivo. Necesitamos recurrir a la cultura de los grandes hombres. Y digo hombres porque el sesgo testosterónico es evidente, sea en las cooperativas de Mondragón o en el IBEX35. Los modelos de escasez en la toma de decisiones necesitan ceder el lugar a otras fórmulas. Que unos pocos decidan la mayor parte de lo que nos compete no es procedente en los tiempos actuales.

¿Cómo sería una cooperativa sin consejo rector? Casi parece imposible concebirla de esa forma. Los estatutos sociales de las cooperativas, 5o años después, se parecen como gotas de agua a los que surgieron en otro momento histórico. ¿Necesitarían repensarse los órganos colegiados de las cooperativas? No creo estar en posesión de verdades ni tengo respuesta clara, pero sí creo intuir que una generación que pensó un modelo de gestión debería hacerse a un lado -un poco al menos- para poder innovar -de verdad- en asuntos hasta ahora casi intocables.

José M. Larrañaga en el último número de TU Lankide, la revista de la corporación Mondragón reflexiona sobre este asunto. Ya lo siento, porque no encuentro enlazable el artículo en la web. José Mari reivindica la pertinencia de la “indignación” en los tiempos actuales como primer paso pero reclama más.  Y allí hace alusión al choque generacional:

Para salir de la oscuridad necesitamos un programa para construir el nuevo itinerario. Los jóvenes de hoy no son habitantes de la galaxia Gutenberg como nosotros, ellos viven en el mundo nuevo de la informática, de la comunicación online, de un modelo nuevo de relaciones en los que el poder difícilmente puede controlar y menos censurar las comunicaciones interpersonales, pero que sí pueden tergiversar los acontecimientos, desvirtuar comportamientos, manipular intenciones… No pueden confiar en los viejos esquemas ni en los viejos pensamientos. Necesitan un proyecto de ellos mismos, construidos sobre los cimientos esenciales de la Humanidad pero con un nuevo esquema social con los nuevos materiales que la tecnología y la ciencia ofrece, pero tal vez las nuevas generaciones deben tener en cuenta que cambiar las formas no supone romper con el pasado sino descubrir lo que los antecesores no han sabido descubrir, no han sabido ver y no han sabido hacer.

Termino con otro texto extraído del mismo artículo. El último epígrafe habla de la “indignación del cooperativismo” y allí comenta:

Una vez más los movimientos más progresistas nos encuentran despistados, embebidos en nuestras propias preocupaciones y dilemas. No nos hacemos visibles para las corrientes sociales más avanzadas a pesar de que nuestra historia nos avala como depositarios de un pernsamiento humanista y constructivo.

—-

Nota.- Descubro que en este último de TU Lankide aparece reproducido al completo en la sección de “Colaboraciones” un artículo que escribí el pasado 31 de mayo en este blog: La participación debe manejar fechas de caducidad. “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, que diría Pedro Navaja.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(4) comentarios

  1. anónimo
    11/07/2011 at 10:17

    Hace unos meses creamos una asociación. Veníamos de un núcleo de activistas asamblearistas y no se quería renunciar a eso, pero había que crear la asociación porque había dinero que gestionar y en este caso, tuvimos que echar mano a la formalidad. Me pidieron que ayudara en la recacción de los estatutos. Al definir el consenso opté por una opción estricta: en el consenso la fórmula se va obteniendo a través de las aportaciones individuales que se van enmendando entre sí hasta que al final se llega a una solución que es sintética y compartida. Ergo, un sólo disenso invalida una propuesta porque obliga al colectivo a replantearse la cuestión y reformular la decisión. Hasta el día de hoy no ha dado problemas y en una sola ocasión el debate llegó a punto muerto y no prosperó la iniciativa por el ejercicio del derecho de oposición al que da esta forma de entender el consenso. Personalmente pienso que el disenso es más que necesario y debe ser compatible con el consenso, pero también es cierto que, en cualquier modo, la fórmula a la que he hecho referencia obligará a hacer un esfuerzo de comprensión, síntesis y a valorar lo colectivo que en el caso del que hablo son las máximas desde las que se parte. De hecho, en muchas colectivos he acabado prestando mis manos para acciones de las que no era partidario, pero confié en los demás y en muchas ocasiones, acertamos, incluso cuando el ejecutante era un disidente al principio, la confianza y las ganas de aprender son el mejor aliado. Al fin y al cabo, siempre se tratará de una cuestión de ética y en eso estoy especialmente convencido de que estamos muy bien armados, aunque siempre haya excepciones. Definamos el consenso como lo definamos, y aunque creamos que hay que definir mayorías y minorías, creo que lo principal está fuera del método de decisión, y algo flota en el aire, el asamblearismo está presente y vamos con pasos de plomo, no hay mejor consejero que la calma.
    He estado en varios colectivos y el autoritarismo surge en algún momento u otro, con sibilinas formas. Para desactivarlo y no acabar en la frustración hay que estar bien atento, aprender a autocapacitarnos y saber aprender de forma colectiva. Afortunadamente, los últimos acontecimientos han demostrado que tenemos un buen trecho recorrido y esto es sólo el principio.
    La reflexión que haces es necesaria, no ahora, sino constantemente. Gracias

  2. Pingback: ¿Hacen falta los consejos rectores en el cooperativismo?

  3. Yuri
    16/07/2011 at 22:08

    Hola Julen

    Con todo esto de Intranet, wikis, Blogs... el diálogo participativo HOY es posible. Además, creo que es COMPATIBLE a los órganos representativos como un elemento COMPLEMENTARIO. Uno permite llegar a más, y otro a más profundidad.

    Acabo de remitir este post a alguno de los más implicados en este tema. No sé si he hecho bien. ¿Qué mensaje subliminal has puesto en este post? :-D
    El que no se arrepiente... es que no está arriesgando ¿no? Todo sea por provocar cambios :-)
    Un abrazo.

  4. faustotorres12
    08/09/2011 at 02:41

    http://losconsejostotal.blogspot.com
    hola amigos este es una pagina y presenta algunos de los consejos para una mejor calidad de vida.

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