Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
Resulta raro no encontrar una subida que parezca que no va a acabar nunca. Hoy ha sido el caso: las subidas salvaban desniveles de apenas 500 metros, algo que parece “poca cosa” tras unos cuantos días de ascensiones infinitas. Claro que esto tiene la contrapartida de pasar por pequeños pueblos a los que se accede por carreteritas olvidadas de tráfico casi inexistente.
En Espui al final la tarde aguantó sin tormenta, a pesar de que cuando llegué la cosa pintaba mal. Los nubarrones se disolvieron con la misma celeridad con que se habían conformado. El Hotel Montseny lo regenta una familia que me ha atendido muy bien, aunque cuando aparecí tenían un fregado considerable debido a una comunión. Eso quiso decir gritos de niñas y niños hasta eso de las siete de la tarde. Luego se declaró la paz. Bendita paz.
Ya en ruta hemos disfrutado del primer tramo largo a pie. A la salida de Guiró un senderito en su mayor parte no ciclable y con buenas vistas nos ha puesto a prueba la pericia empujando la bici para salvar rocas y pasos complicados. Luego se ha unido a la fiesta un pinchazo. Cómo no, en la rueda trasera. Quita bolsa, saca pasador del buje, lo de siempre. No sé para qué le pongo líquido antipinchazos y una cubierta extra por dentro. De pinchar siempre será la trasera
En Pont de Suert encuentro con los hermanos Etxeandia. Uno se viene a dar pedales hasta el Cantábrico y el otro se va a buscar ríos para practicar pesca sin muerte. Estamos alojados en el Hostal Canigó, un sitio de toda la vida y muy recomendable. Luego llegarán Fran, Mai, Ilde y Jaime. Empezará la segunda parte de esta travesía, ahora en grupo. Ya lo iremos contando.
Etapa prototípica de altas cumbres pirenaicas con cielo inmenso por encima, valles escondidos allá abajo en el fondo y ganado, vacas y caballos, como principal compañía. Bueno, también algún que otro ciclista y un grupo de moteros con quienes he compartido parada en el refugio de Quatre Pins. Cosas veredes, amigo Sancho, cuando estés a 2200 metros de altitud por esos montes de dios.
Llavorsí quedaba atrás. Pegado al Noguera Pallaresa y alimentado por sus aguas en todos los sentidos, incluido el económico. Enseguida la civilización quedaba atrás al tomar una humilde carretera que conduce primero a Arestui y luego a Baiasca, dos pueblos escondidos del mundo. Antes de llegar a este último, se toma la PISTA. Una pista con mayúsculas, que sube y sube y no deja de subir. Desde Llavorsí, a 800 metros de altitud, se asciende a los 2250. Por eso la pista parece interminable.
Arriba el cielo lo puede todo. Las moles de los montes cercanos y un terreno desnudo con prados y ningún árbol, apenas dejan el justo hueco para que una pista corte la ladera en dos allá arriba y permita dejarte llevar a algún sitio en soledad. Eso sí, la sensación no es del todo real: un jeep de alguien que cuida del ganado, un grupo de moteros, otros ciclistas…
La pista recorre 20km a más de 2000 metros de altitud. Hasta llegar a una tremenda y zigzagueante bajada a Espui. No es que la pista sea bonita, pero tiene su aquel dejar que la bici siga su curso mientras el fondo del valle se va acercando. Arriba un grupo de todoterrenos me da la bienvenida a la civilización moderna en todo su esplendor. Así son las cosas. Derecho al hotelito, bien chulo, donde dejar pasar la tarde, leyendo o conversando si se da el caso.
En la Seu d’Urgell la tarde de ayer se pasó en un santiamén callejeando por su casco histórico, muy animado y concurrido. Lo tienen vivo como zona comercial, algo que es de agradecer en vez de tanta repetición de centro comercial, todos iguales. Aprovechando los muchos soportales y la densidad de callejuelas la oferta es variada. Me gustó.
Había que deshacer los 15 kilómetros para volver a Noves de Segre y retomar la ruta transpirenaica allí. Justo al de poco de comenzar a rodar por una humilde carreterita que da inicio al subidón del día, me he encontrado con un lugareño con el que he estado charlando un buen rato. Resulta que era el alcalde de Noves de Segre. Me ha contado que cuando se acerca a Bilbao siempre va a comer al Baste. No está mal, no. Respecto al pueblo, lo de siempre: que ya no es lo que era. Encoge un poco el corazón escuchar cómo hay pueblos que se difuminan hasta desaparecer; espero que no sea el caso.
De Noves de Segre se hacen cerca de 30km sube que te sube. Con algún que otro descansillo, pero hay que ir ascendiendo desde los 600 a los más de 1700 en Sant Joan de l’Erm. Es una subida curiosa, con carretera olvidada, pistas mejores y peores, e incluso con tramo en que recorre algo más de un kilómetro de carretera nacional. Arriba un mar de pinos deja rodar por pistas donde la mano del ser humano es bien evidente.
Hasta Llavorsí queda una bajada monumental. Hay que encontrar el río Noguera Pallaresa que baja encajonado entre paredes y del que surgen gritos de quienes están practicando algún tipo de diversión este río de aguas bravas. Con viento de culo, llego a Llavorsí a las 13:20, algo que empieza a ser norma. Me refiero a lo de llegar tan pronto. En fin, mejor así porque el calor ya se empezaba a notar.Ya verás cómo acabaremos echando de menos esos cielos negros y esas mañanas frescas…
Seguir la Transpirenaica en bici de montaña saliendo de Bagà supone adentrarse en el Parque Natural del Cadí-Moixeró.La subida al Collel se hace en tres etapas: la primera hasta el collado de la Bena, la segunda te deja en el coll de Balma y la tercera, la que conduce a los casi 2000 metros, te pone en contacto visual con la enorme figura del Pedraforca. Hoy entre nubes y es que arriba en el Collell el cielo se cerraba con un negro amenazante. Pero hoy también nos ha respetado la climatología y hasta hemos “disfrutado” de los primeros calores en la subida al coll d’Arnat, antes del tramo final.
El día nos ha proporcionado un par de bajaditas bien entretenidas, una primera desde el Collell por un sendero que luego se hace pista para acabar en la carretera que lleva a Josa de Cadí, y una segunda desde el coll d’Arnat hacia Castellar de Tost. Desde la salida de Gabà son 35 kilómetros sin un pueblo, algo más de 20 subiendo y 15 bajando. Tiempo para pensar y hablar con las vacas. Eso sí, son rutas transitadas por senderistas; nunca tienes la sensación de estar muy alejado del mundo.
Resulta curioso ver cómo pistas que parece lógico que comunicaran pueblos están convertidas en pedregales. Supongo que debe ser así, que cuando una pista no se transita es porque no interesa. Lo digo porque se me hace extraño no encontar una vía más cuidada desde Castellar de Tost hacia la carretera que baja de la Seu d’Urgell hacia Lleida. Sería la conexión natural este-oeste según se viene del Collell.
Aquí en la Seu d’Urgell ya hemos pasado la máquina por boxes. Lo que ya había observado: la cadena roza en una zona del cambio trasero. Es algo bien extraño porque no es un lugar que reciba golpes habitualmente. Bueno, seguiremos palante. También he dedicido dejar las pastillas de los frenos; no sé, me pareció ayer que estaban desaparecidas en combate pero hoy han renacido misteriosamente
Aquí os dejo. Si estuvierais escribiendo como yo, con esta capilla de grasa en cada tecla, también huiríais cuanto antes. Cruz de cibercafés. Para un tiquismiquis como yo, son droga dura.
En Planoles durante la tarde más de lo mismo: lluvia. ¿De qué manera? Pertinaz, constante, vertical. Me repito, ya lo sé. También es cierto que el agua es lo que proporciona estos estupendos tonos verdes. Agua, verde. Si no, pues ya hay otras opciones en otras partes del planeta. ¿Cuál elegimos? Mejor con agua. Otra cosa es la justa medida, pero no vamos a quejarnos por lo que está cayendo. De hecho, todavía no me he mojado andando en bici. Las mañanas aguantan. Las tardes son otra cosa.
De Planoles la carretera sube poco a poco hacia la collada de Toses. Vuelta y revuelta, jugando con la vía del tren que va a su lado. Por fin, arriba el cielo se abre y tomamos una pista en la que compartimos territorio con vacas y caballos. Y más adelante, el progreso. Las laderas comienzan a estar limpias de pinos y en su lugar aparecen telesillas. Son las pistas de ski, que por aquí las hay en buen número, alrededor de las estaciones de La Molina y La Mosella.
Lo mejor del día: el encuentro con Francesc Balagué. La última vez que lo vi -en carne y hueso- fue en febrero del año pasado en Barcelona. Entonces tenía un viaje: su vuelta al mundo. Han sido 16 meses que han terminado hace poco. Hemos estado hablando de futuro, de posibles colaboraciones en proyectos que tengan que ver con educación, cibersociedad, viaje, trendtrotters o lo que sea. Porque algo acabaremos haciendo, seguro.
De vuelta a la ruta, sube que te sube zigzagueando junto a las pistas de ski. Hay que subir hasta el Coll de Pall, a 2070 metross de altitud. Primero por unas cuestas insufribles de las de pie a tierra de vez en cuando y luego ya más llevadero. Casi en la cumbre me he encontrado con otro par de ciclistas que andaban recorriendo el parque natural del Cadi-Moixeró. Fotos arriba y ¡para abajo! Son “solo” 1300 metros de desnivel, buena parte de ellos por un GR estupendísimo. Así que ahí hemos andado, en plena segregación salvaje de endorfinas
He dormido con una oreja levantada cual perro atento para ver si llovía mucho durante la noche. De vez en cuando se escuchaba que sí, que llovía. Pero ni tan mal. Por la mañana el día no estaba tan oscuro y lluvioso como la tarde precedente hacía suponer. Tras el desayuno de primera hora con los currelas en el típico bareto básico -dos madalenas y un croissant- a pedalear camino de la Collada de Gralla, a algo más de 2000 metros de altitud.
El primer tramo por carretera hasta tomar la desviación hacia las dos Treguras, primero la Baja y luego la Alta. Y después todo para arriba. Es una subida muy llevadera que me ha acabado dejando en la niebla. Tras varias parrafadas con las vacas, que nunca me hacen caso, llega un descenso meteórico para deshacer los mil metros de desnivel. Un ruido que me parecía provenía del buje y que ahora creo que es un rozamiento de la cadena en el cambio trasero me ha hecho recalar en Ribes de Freser. Pero no había taller de bicis. Así que en su lugar, el clásico avituallamiento sólido de carácter dopante: pan con tomate y jamón.
Dudas sobre qué hacer. ¿Busco taller en Ripoll? En fin, he seguido hasta Planoles por la ruta alternativa que viene de Pradines, un tramo que hice el año pasado cuando estuve por aquí. Y entre una cosa y otra, para las 13:30 ya estaba en Planoles. Con la duda en el cuerpo de qué hacer con la bici. He hablado con un taller de Ripoll para saber a qué hora abrían, pero como estaba (y está) lloviendo a base de bien me ha dado pereza hacerme los 20 km hasta allí. Habrá que ver si la bici se porta. Cruzo los dedos.
Y aquí estoy, en el casino de Planoles, con un ordenador con Ubuntu instalado y con la compañía de unas moscas bien alimentadas que recorren la pantalla de vez en cuando. Se ve que son cegatas. Las hay en buen número por toda esta zona. Yo que pensaba que La Rioja disponía de la mejor cosecha. Pero las de aquí son bien hermosas. En fin, os dejo, que la chavalería del pueblo también tiene derecho a usar este ordenador: Tuenti, Facebook y videos culturales en Youtube, lo de siempre.
La lluvia cae a plomo en Camprodon. Fina, vertical, constante. En la biblioteca no les funciona Internet y los escaparates de las tiendas, muchas de ellas cerradas hoy que es Santiago, rebosan de embutidos y dulces típicos. Así que tras vagabundear un rato y dejar que la lluvia haga su trabajo me he vuelto para este peculiar hotel, Sant Roc, que huele a decadencia y se mimetiza con la tristeza de esta tarde supuestamente veraniega.
Hoy la etapa es simple de explicar: una subida larga por una pista de vueltas y revueltas hasta el Coll de Riu y otra por una carreterita en la que en 20 km me he cruzado con dos coches de frente y ni uno solo que me haya adelantado. En medio una bajada bien bonita hasta el río Sant Aniol, que se encaja entre paredones y se amansa en mil una pozas que llaman a darse un baño.
Aunque con la civilización bien cerca es el de hoy un tramo sin apenas pueblos que transitar, a diferencia de la etapa de ayer. Los kilómetros se consumen mientras las cumbres empiezan a asomarse allá arriba lo que hace pensar que… ¡cuánto falta todavía, joder! Pero sarna con gusto no pica. Disfrutamos con el sudor, con las cuestas, con las piedras, con las pistas descarnadas y con los tramos inciclables. Para eso hemos venido.
Me ha salido un orzuelo. Cosas que pasan a los 46 años, digo yo. De momento se porta bien. Ha decidido quedarse a vivir al cobijo de los pelitos de las pestañas inferiores. Trataremos de llevarnos bien mientras dure la cohabitación. Por lo demás las piernas hoy han protestado un poco y eso que he procurado no pasarme. A ver qué tal mañana. Hay que subir hasta los 2000 metros de altitud y aquí abajo ahora mismo el día está cerrado y bien cerrado.
A veces pasa por estas latitudes: un valle bien encajado y algo alejado de rutas transitadas = problemas de cobertura. Así que aquí estamos escribiendo el realto del día a un euro los 15 minutos de conexión a Internet desde un camping bien repleto en el que me he cogido una cabañita de madera para hacer noche. El bullicio de los niños correteando y una mezcla de idiomas son las señas de identidad. Mundo moderno.
Etapa de aproximación a las cumbres pirenaicas. La mayor altura del día: 400 metros. Pero sumando todas las subidas el GPS indica que han sido más de 1.500 metros de desnivel acumulado. Casi todos acompañado de una pareja de ciclistas de La Solana, en Ciudad Real. Ellos han seguido hacia delante. Yo me conformo con pedalear hasta mediodía y luego dejar la tarde libre… bueno, no tanto, que hay que escribir, subir fotos y cosas de esas.
Ha sido una sucesión de pequeños pueblos: Villamaniscle, Rabós d’Empordà, Espolla, Vilartolí, Cantallops, Agullana, Darnius y Sant Llorenç de la Muga antes de llegar aquí a Albanyà. Todos con un aire de pueblo-pueblo, con sus plazas coquetas, su bar omnipresente, su gente amable. Incluso en Cantallops hemos estamos viendo la casa de un lugareño que nos la mostraba orgulloso, con sus arcos y el ladrillo visto.
Bueno, mañana espera la primera subida laaarga, hasta el Collado de Riu y luego camino de Camprodon, donde ya estuve el año pasado unos cuantos días explorando rutas, incluido un tramo de la Transpirenaica.
No quiero empezar con prisas. Así que el día ha pasado tranquilo a pesar de la tremenda carga de turistas y de tráfico que soportan estas carreteras por estas fechas. De Roses a Cadaqués es tremendo el desfile de coches y motos. Y Cadaqués… en fin ya volveré en otra época porque así no hay forma de disfrutarlo.
Al final no me he acercado al Cap de Creus. Me ha dado pereza sobre todo por el viento que ha estado soplando fuerte todo el día. Y como me he traído un libro de P.Lafargue que se titula El derecho a la pereza, ¡asunto arreglado! O sea que día suave suave para hacer honor a nuestro lema. Ya he rellenado seis pequeños recipientes con agua del Mediterráneo que espero podamos mandar al Cantábrico. Trabajo hecho.
Ahora estoy aquí en el Alberg L’Estacio, un sitio bien majo desde luego. Aprovechando que tienen por aquí un portátil a disposición de quienes estamos alojados, aprovecho para postear. Llançà tiene su estación de tren y junto a ella este albergue es punto de partida para mucha gente que se anima a hacer la ruta transpirenaica en bici. Una chica que andaba por aquí me ha dicho que la hizo hace un mes y hay otro par de ciclistas de Madrid que también parece que empiezan mañana.
En fin, todo en orden. Paz y tranquilidad. Estamos bien alimentados y con ganas de comenzar el sube-baja de puertos y valles pirenaicos. Mañana etapa de aproximación hacia Albanya. No habrá grandes cumbres pero parece un continuo tobogán. Ale, lo dejo, que tengo ocupación: vagar por el pueblo sin hacer mayormente nada
Para allá que nos vamos. Luego a mediodía me cojo coche de alquiler y cambio el gris y la fina lluvia de esta parte del sur de Islandia por… ¡¡algo parecido pero en el Mediterráneo!! Anda revuelto el tiempo. Casi mejor porque ya me encontraré días de calor. Esos puertos laaaargos a las 12 del mediodía con un sol de justicia tienen su gracia, ¿verdad?
Finalmente me llevo, como en otras ocasiones, lo mínimo imprescindible. Así que con la bolsa trasera bien sujeta al portabultos, una mochila de agua y una riñonera será suficiente. Siempre me gusta distribuir el peso entre estos tres elementos. Luciremos maillot de… ¡TransAndalus! Eso ha querido la opinión popular
Me llevo también una novela de la investigadora V.I.Warshawski de Sara Paretsky para irme al Chicago de los años 80 y también otro librito sobre la pereza. Además, claro está, de la GoPro para grabar desde la bici y el HTC Desire Z para hacer algún que otro video y “retratar” lo que se ponga por delante. Por lo demás, el GPS nos guiará el camino. Aunque también llevo en papel el libro de Jordi Laparra y sus mapas escala 1:40.000.
Bueno, se ve que rodamos suave suave, ¿no? Si en abril terminamos la TransAndalus nos ha llevado tres meses preparar este video que muestra de alguna manera lo que fue esa ruta, cargadita de lluvia y humor. La gente de Ubiqa se ha portado y ha producido el video. Así que… sobran las palabras. Allá va el video.
Como ya comenté hace unos días, voy a recorrer con la bici de monte y alforjas la Transpirenaica. Este sábado 23 empiezo con un pequeño recorrido desde Figueres a Cap de Creus y luego de allí a Llançà para comenzar luego el tobogán de puertos de montaña. Cogeremos un poco de agua del Mediterráneo y espero poder verterla en el Cantábrico el próximo 8 de agosto. Dos mares comunicados a pedales.
En 2004 recorrí la mitad de esta ruta. Entonces ni GPS ni smartphone; lo hacíamos con papel, mapas de toda la vida y un cierto sentido de la orientación. Eso sí, ya por aquel entonces usaba pulsómetro y podía generar la altimetría de la etapa. Todo un avance… que hoy suena un poco a chiste. Desde entonces ha llovido lo suyo. ¡Ni siquiera tenía blog y había que publicar en una web personal de las de fondo azul y letra amarilla!
Este proyecto representa la segunda experiencia de Rodamos Suave Suave, un proyecto en el que unimos cariño Naiara Pérez de Villarreal, Mikel Sánchez Balciscueta y también la gente de Ubiqa. Comenzamos con la parte final de la TransAndalus en Semana Santa pasada. GoPro y GPS en la bici y un iPhone para probar qué se podía ir grabando. Como en otras ocasiones, posteamos en ruta. Fue la primera vez que me di cuenta de las posibilidades que te da un smartphone.
Con la TransPirenaica vamos con una segunda experiencia. La gran novedad es que abrimos una página en Facebook, con la colaboración de Naiara y Mikel. Sí, en Facebook. Vamos a experimentar qué se puede hacer con una página cuando quieres tener al tanto a tu gente de un viaje que estás realizando. Eso sí, seguiré publicando por aquí en el blog algunos artículos algo más largos, aunque las actualizaciones espero realizarlas vía twitter y facebook. De todas formas, vía rss lo que escriba aquí en el blog también se publicará en la página de Facebook.
De nuevo voy a usar (casi) exclusivamente el smartphone. En este caso será un HTC Desire Z. ¿Por qué Z? Porque es la opción con teclado qwerty y si hay necesidad de postear desde él, o tienes un teclado físico o si no (para mí) es morir en el intento con uno táctil. El smartphone lleva una tarjeta de almacenamiento de 32Gb y llevo otra más por si hiciera falta, aunque en realidad lo que sí necesita la HTC es una batería extra. Así que me voy con dos baterías. Será la herramienta básica para:
grabar video, tanto para subir de vez en cuando a Internet como para hacer edición posterior
hacer fotos y subirlas al album de Flickr que tiene este viaje
twittear y hacer actualizaciones en la página de facebook
escribir algún que otro post más largo usando la aplicación de wordpress para android
añadir enlaces prácticos de la ruta vía delicious o directamente en FB
Además, me llevo el GPS para la bici, un Garmin Edge 705, donde tengo cargados los tracks, gentileza de Anibal en Wikiloc. He estado consultando alternativas y me parece la opción más fiable. Además Aníbal se ha subido todas las altimetrías e información adicional de la ruta, etapa a etapa. Vamos, que por información digital no va a quedar. Eso sí, por si las moscas, me llevo los mapas y el libro de Jordi Laparra.
Pues eso, que el día 23 empiezo a dar pedales desde Figueres en una etapa estilo verano azul de unos 80km para acercarme al Cap de Creus y mirar de frente al Mediterráneo. Serán unos 1000km y 25.000 metros de desnivel acumulado. Cruzamos los dedos… ya que vamos a cruzar los Pirineos de este a oeste con el solecito de la mañana a la espalda, una maravillosa sensación que espero me acompañé dieciséis amaneceres.
Mientras dure la travesía, verás que este blog modifica su aspecto. Mañana más detalles.
Aunque hace mucho tiempo ya debatimos en este blog sobre liderazgo -un tema que nunca acabará y que es recurrente por estos lares-puede que ahora tengamos otra “versión” comercial con la que convivir: la del e-liderazgo. Más madera al desarrollo de competencias para sacarle tajada a la economía contemporánea. Eso sí, seguro que sirve para impartir más masters y demás parafernalia asociada. Todo sea por crear necesidad.
En cualquier caso, sí que es cierto que las competencias tecnológicas son, por supuesto, un buen tema de conversación cuando te centras en la tecnología y no en la conversación, valga la redundancia. El ejemplo es evidente: hablas por teléfono. Pues ahora ponte a hacer un curso que acaba incorporando horas para explicar el teléfono y no tanto la conversación que puedes llevar a cabo a través de él. Ojo, que no digo que no haya que analizar ese tipo de tecnología, pero si la sobredimensionas, el producto resultante levanta sospechas.
David y yo hablamos mucho del enfoque que damos a la tecnología en nuestros proyectos. Mi caso es más sangrante: soy sobrepasado día sí y día también por lo que ofrecen las tecnologías. Me cuesta lo suyo “estar más o menos al día”. Así que he decidido hacer mío el lema de Josu Orbe: tengo que estar a la penúltima. David, sin embargo, es mucho más hábil que yo: me sobrecoge cómo se entera de la forma en que funcionan tecnológicamente las cosas, aunque luego él mismo no le dé importancia. Creo que lo mismo le pasa a Aitor Bediaga. Soy algo torpe, lo confieso, aunque parezca que me defiendo.
Pero volvamos al e-liderazgo, que me disperso. Supongo que tiene que ver con ser líder usando a machamartillo Internet y su incombustible mundo de herramientas. Armados hasta los dientes, los nuevos líderes blanden la espada del linquedín, el feisbuk y el tuiter para conquistar las almas de los subordinados. Los nuevos e-líderes refulgen de folouers, fans y sus cifras de seguimiento se disparan. Son éxito. Son futuro. Son el presente de un modelo que busca como sea tener fieles.
Las tácticas son importantes. Hay que planificar el asalto al castillo del enemigo, que se resiste con tesón. Así que las acciones de combate se suceden. Tweet aquí y actualización allá. Pimpam, la artillería digital dispara con machacona insistencia y con una precisión milimétrica balas mediáticas. Sin piedad, no hay que parar. Tenemos los medios, tenemos los conocimientos: fuego a discreción.
Un e-líder tiene que mostrar pericia técnica -estar a la última o caer en el olvido por rancio- y ambición. Hay que tener las cosas claras y no desfallecer en el intento. Esto sobre todo es cosa de hombres en busca de su momento de gloria. Lo mismo se enchufan una sobredosis de Fernando Alonso como un sistemático fuego amigo a través de las redes sociales en Internet. Es una manera de ser y de comportarse. Va con nuestros tiempos.
Me paro, que mira tú quién fue a hablar. Este que no hace sino escribir y escribir en su blog. Lo mismo hasta soy e-líder, por listillo. Yo qué sé. El mundo baja revuelto y cuanto más quiere uno dejar al lado lo previsible, más sucumbe a ser lo mismo, un conjunto de conductas predecibles para ganar notoriedad. Me bajo para la zona valle de la ciclotimia. Hasta luego.
El aparato se queda inmóvil frente a su dueño mientras este lo observa. Nada extraño. Teclas, pantalla. Otro artilugio más del progreso, a la espera de la ocupación humana. En sí solo parece un conector de ideas, un dispositivo para enlazar puntos de vista. Entre una mirada y otra mirada, ese aparato continúa empeñado en intermediar. Para bien y para mal.
Hierático. Parece sumiso y a la espera de recibir órdenes. Nada de tomar iniciativas; tan solo es un mero ejecutor. No hay ninguna voluntad de imponer nada. Sabe que su poder solo procede de esperar. De dejar que más y más comunicación pase por su territorio. Así que el tiempo juega a su favor. Por su pantalla comienzan a aparecer iconos que se elevan sobre el fondo para anunciar la buena nueva: eres tú quien decide.
Mientras, no hay esperanza para encontrar otra salida. Nadie conoce el final. La crítica se autoinmola para dar paso al progreso. El artilugio es en sí la esperanza. Revolución, utopía, un mundo mejor. Todo de la mano de un aparato que no hace sino dejar pasar el tiempo para ocupar más y más espacio. Sin estridencia, sin grandes golpes de efecto. Pasa el tiempo y se hace casi omnipresente.
¿Cuál es la relación con su humano? Porque cada aparato posee a su humano. Le está asignado por cadenas que parecen de cristal: nueve números y un perfil. Una identidad que se agarra a su propia interpretación tecnológica. Se funde. El aparato se diluye. La persona se diluye. El magma resultante es solo fruto de un mal sueño. Al día siguiente vuelta a empezar. El aparato sigue quieto, callado, en estado latente. Su manera natural de estar vivo. Inquieta quizá porque es una fábrica de humanidad.
Los días 6 y 7 de julio tuvimos reunión de cultivo de microbios en Medialab Prado allá en Madrid. Quedamos en llevar a cabo una devolución individual de lo que filtramos en esos dos días de debate. Mi cuaderno me dejó con 11 páginas de notas y sé que no voy a ser capaz de recoger aquí todo lo que bullía por la mente aquellos dos días.
Esta es la primera reflexión: ¿realmente es tan importante la narración completa, multiformato, inmensa y que todo trata de abarcar? ¿De dónde nos ha venido esta obsesión por documentar nuestra existencia? ¿Tan relevante es explicitar lo que tan agradable circula a través del conocimiento tácito?
Porque ¿cómo se explica la capacidad infecciosa de los pequeños microbios que nos reunimos en Madrid? Si acudimos al plano de la razón, razones habrá. Y se explican en sesudos papelotes en donde garabateamos palabras, dibujos, esquemas. Sin embargo, si acudimos al plano de las emociones: ¿cómo se explicitan? Las emociones suceden y, claro, tratamos de explicarlas; pero su esencia no está en cómo las describimos verbalmente. Las emociones fluyen y eso es lo que las caracteriza. Suceden. El momento efímero en que acontecen es lo que cuenta. Como el cultivo de microbios.
Sentí un tono pesimista que impregnaba cada momento de hilaridad. Un pesimismo mezclado con la esperanza del 15M. Y yo, sintiendo que estoy descolocado respecto a ese movimiento. Lo asumo intelectualmente pero le aplico mi implacable escepticismo. Uno de los momentos para el recuerdo es la conversación con María ptqk y la palabra que utilicé: marginal. ¿Movimiento marginal? Es lo que dije, no sé si con razón o sin ella. Otra cosa es si marginal es quizá la mejor de las estrategias posibles para modificar las condiciones de partida. Porque la capacidad de subsumir cualquier movimiento en la “oficialidad” es tremenda hoy en día. La comunicación es lo que tiene: la narrativa no tiene guión previo, sino que emerge y se incorpora al discurso imperante. Más madera para hacer dinero.
Los microbios, desde mi perspectiva, deberían jugar al despiste. Despiste respecto a la gestión de su no-marca, respecto a sus formas jurídicas, respecto a su relación con el mainstream, respecto a su relación con el poder y la economía. Puede que sea inherente a su condición un cierto gusto por el caos. No es que no haya patrones de comportamiento, pero no son tan evidentes como con organizaciones de mayor tamaño. Lo que sí sigo pensando que es importante es la gestión de los proyectos. El proyecto es la unidad de actuación y, en general, la unidad de medida que se nos aplica.
Mirando al futuro, el cultivo de microbios ha quedado fumigado. Sí, la nube de dicloro difenil tricloroetano se ha posado en sus plantas y el cultivo ha muerto tal como lo conocíamos. Pedro insistía: el cultivo ha muerto, viva el cultivo. Los microbios han mutado: es su estado natural. Su capacidad reproductiva implica mutación. Nadie puede esperar que el siguiente cultivo reproduzca miméticamente el que le precedió.
Conglomerado, amalgama, confederación, federación, masa, colectivo. Los microbios necesitan reunirse. Pero no rigen las mismas normas que cuando se mira a una “organización”. Asociarse, encontrarse, conversar. El sentido del cultivo es la emergencia de patrones útiles para quienes se amalgaman, pero no tienen sentido unos objetivos que guían el comportamiento de los microbios individuales. La fuerza del cultivo es su (casi) imposible replicación.
Cada cual fue explicando sus proyectos, su interés, sus paranoias. Tiempo productivo y reproductivo entremezclado en proyectos que se apartan de lo que “el mercado” acepta. Así que el microbio se “infiltra” entre los resquicios que deja ese “mercado”. Juega con sus cartas (no parece haber otras a día de hoy) pero hace trampas. Son trampas que más parecen magia: suceden, hay un resultado. Pero no es fácil captar la magia.
Persona, ritmo vital, identidad, idiosincrasia, especificidad, particularidad. ¿Marca? La marca es la percepción externa. No puedes evitarla. El microbio está expuesto al análisis de los microscopios de los mejores laboratorios. Las multinacionales farmaceúticas aplican sus mejores recursos para detectar la marca. El mercado crea las marcas. No puedes no tener marca. Como no puedes no estar en Internet. Pero me parece relevante no gestionar la marca desde la perspectiva de lo que “se espera” por parte del mercado.
En esta sociedad contemporánea hemos levantado un gran imperio: el monstruo de la economía precaria. Alimentado desde una financiación pública que se balancea al ritmo de la situación económica y que se ahueca sin cesar para pasar a manos privadas. Alimentado por el trabajo basura, por los no-lugares que reclaman no-personas para que empleen su tiempo productivo en algo que no aporta sino insatisfacciones. Los microbios existen dentro de la economía precaria. Lo inmediato como valor supremo. Un reto a la forma en que (des)organizarse.
Como consecuencia de este cultivo sanferminero en Madrid han surgido “temazos”: autocensura, radicalidad conceptual, gestión de la retirada, marca/identidad, minoría como estado natural, precariedad, institucionalización, éxito. Es el metacultivo. Microbios que hablan de microbios. Microbios que se miran al ombligo. Una autocrítica constante a sus formas y a sus resultados. Larga vida al cultivo. A nuevos cultivos.
Una conclusión: los cultivos de microbios son parte del juego. Igual que hay convenciones, juntas de accionistas o misas. Los microbios necesitan saber de la existencia de otros microbios. El cultivo continúa. De alguna forma, es acción mutante. Más imágenes que pueden sugerirte líneas de fuga: