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La participación debe manejar fechas de caducidad 7 comentarios

ACAMPADA GANDIALos esfuerzos continuados en el tiempo suelen acabar pagándose. Lo que empieza con ilusión se va resquebrajando y la magia del comienzo se va diluyendo en mil y un pequeños detalles que conducen al precipicio. Manejar los tiempos se convierte, no cabe duda, en una de las claves de la arquitectura de cualquier proyecto participativo.

La primera pregunta lógica respecto a la participación es: ¿siempre y por parte de todo el mundo? Pedir es gratis. Querer que la gente ponga sus cinco sentidos y su alma en contribuir es bonito. Pero irreal. Hay quien reivindica el derecho a estar callado. Hay quien se siente más a gusto en la sombra y quien, por contra, necesita la luz de unos focos que lo señalen. Hay quien escucha. Y quien toma notas. Hay quien imagina. Todas son formas de participar. Y no siempre hace falta vocear ni levantar la mano.

Las acampadas están sometidas a una regla dura: el tiempo las debilita. Lo que tiene sentido como un acto de rebeldía y hartazgo necesita un final que provoque otro comienzo. El movimiento continuo, lineal y previsible es su tumba. Y terminar con algo que ilusiona es duro. Solo adquiere verdadero sentido si se piensa en que esto es una carrera de fondo.

No obstante, este principio de caducidad es de aplicación casi universal. Muy poca gente -hay que tener mucha fe- es capaz de mantener un constante flujo de participación. Lo normal es que haya momentos en que te convence más jugar un rol activo pero junto a otros en que no le ves demasiado sentido. Por supuesto, depende de cuál sea la cuestión, de lo que ves en juego, de lo que podemos ganar o perder. Es decir, es una decisión personal, que coloca el momento concreto en una secuencia y que decide qué es lo que el cuerpo pide.

Pienso también en el proyecto que tenemos en marcha ahora mismo con el Gobierno Vasco dentro de su Plan de Innovación Pública. Me refiero a las comunidades de práctica y equipos de innovación. Las primeras representan un cierto intento de formalizar, hasta cierto punto, estructurar informales. Piensan en unas relaciones de medio-largo plazo mediante las cuales quienes comparten esos espacios puedan salir ganando en lo profesional. Complicado asunto que requiere metodología y mano izquierda. Por contra los equipos de innovación, más vinculados a asuntos concretos, pueden trabajar con un enfoque de guerrilla: llegan, se organizan, actúan en la medida de sus posibilidades y se disuelven con la satisfacción de una serie de mejoras aportadas.

Muy poca gente mantiene en el tiempo la tensión de una participación intensa. Cada momento pide un tipo de compromiso, personal y colectivo. Los grandes proyectos de largo plazo necesitan otro tipo de estructuras. Pero el momento presente es un buen reto para plantear alternativas de organización. No digo que desaparezcan los grandes proyectos pero muchos pequeños proyectos también conforman un gran proyecto. Y se juega con reglas diferentes. Este es el reto: disolverse y permanecer.

Más sobre participación en este mismo blog:

Fútbol de élite, ¿fracaso educativo? 8 comentarios

Futbol ChilenoAyer leí un pequeño artículo en El País -lo siento, no lo encuentro en la edición digital- acerca de la eterna comparación entre los modelos ¿educativos? del Barcelona y del Real Madrid. Fútbol, por supuesto. ¿De qué se puede hablar si no? Ah… sí, hay unos pocos pirados en las acampadas repartidas por la geografía peninsular. Pero eso no es nada comparado con el fútbol. Tiempos gloriosos como estos no hay muchos. Así que a disfrutarlo.

La “pirámide es brutal” en el fútbol de élite, leía. Pues claro. Solo hay sitio para unos pocos. Para unos pocos niños (no niñas) que son elegidos para la gloria. Es gente que ha llegado a lo más alto. Sus camisetas de pega están repartidas por cualquier mercadillo que se precie. Messi y Casillas. Mamá, mamá, quiero la camiseta. Pues claro, niño, la camiseta representa el éxito, eso que debes perseguir. He aquí los nuevos iconos de la sociedad moderna. A ver si nos sacas de pobres.

Claro que ¿cuántos jugadores de fútbol de élite avanzan en sus estudios? No, no hay tiempo. Ahí fuera les reclaman otro tipo de virtudes. No hace falta que se apliquen a estudiar. Lo suyo es ser los mejores dando patadas a un balón. Y sabiéndose las alineaciones de los equipos de fútbol que marcan las portadas de los grandes medios. No hay sitio para muchos. Las estadísticas dicen que uno de cada cien de los ya elegidos que pasan por las escuelas de los grandes clubes de fútbol llegan al primer equipo. Tasa de fracaso: 99%. Y si lo ampliamos a quienes ni siquiera llegan a pasar por esas escuelas de élite, la tasa de fracaso alcanzará el 99,99%. El éxito es duro.

El caso es que los jugadores se convierten en modelos a imitar para los niños. Da igual que escupan al contrario o que llamen “morro” (¿¿??) a un jugador negro en un pequeño momento de descontrol que cualquiera puede tener. Da igual que conduzcan vehículos de gran cilindrada y muestren una ostentación que deja claro el modelo: he triunfado, chaval. ¿No querrías ser como yo? Pues claro.

Así que la Masía se convierte en el modelo a imitar. El Barcelona es la referencia de un circo donde los niños son malabaristas. Pero no hay problema porque les enseñan valores. ¿Cuáles? Vete tú a saber. Ya, claro, “valores”. Supongo que será algo así como: disfrutar, compañerismo, empatía, solidaridad. Eso es lo que diferencia a un club mediático de otro. Que Figo vaya de un sitio a otro o que un gran futbolista se bese el escudo es signo de los tiempos modernos: identificación con los colores del mercado, de la marca, de quien pague. Excepcioines siempre habrá, menos mal.

Claro que la pasión por unos colores, la identificación con los grandes logros nos viene de serie como humanos que somos. Así que aquí también juegan las contradicciones. La alegria inmensa de tanta gente es la rabia contenida de otra tanta. Extremos que comparten un modelo. Con una pirámide brutal: en la cúspide los elegidos. No es la primera vez que esto del fútbol me desata esta reflexión:

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El ocaso en Mazagón. (Huelva)Tras la ventana, solo suena el silencio. Porque la mar se detiene cada día a última hora de la tarde. El sol cae y casi todo parece ralentizarse aún más. La arena se apelmaza y se vuelve esquiva. El tiempo, perezoso, deja a un lado su ritmo intenso e hiberna escondido en un rincón.

Son tardes que terminan a un ritmo lento mientras mientras se funden con la noche. En un momento que apenas se concreta, el día se aparta y cede su lugar. No hay nada que perpetuar porque mañana el ciclo continúa. Junto a la playa, la tarde holgazanea y deja que el sol se balancee sobre unas nubes que lo esconden con discreción.

La línea del horizonte se funde con la de la mar. Ningún obstáculo hasta un punto al final que semeja el infinito. No hay olas que rompan en la orilla. El agua pierde su tono azul para adquirir matices grises y apagados. Arriba la luz se diluye entre todo lo que el día no fue capaz de ofrecer. Los recuerdos se sumergen y quedan allá almacenados hasta que otra luz sea capaz de rescatarlos. Misterio saber por qué sucederá.

Así que el día se vuelve noche. Un paso tras otro, sin prisa. Ahí fuera las sombras terminan por desaparecer. Sin prisas. No hay sombras, no hay luz. Solo queda dejar que la mirada recorra de nuevo la línea del horizonte. Y como un dibujo animado, de repente, la imagen desaparece replegada sobre sí misma. El tiempo se desvanece entre los dedos de las manos. Como la arena.

O tienes un coach o estás en la lista negra 5 comentarios

Management of Complexity“Más con menos”, “gestión de recursos escasos”. Todo tiene su nombre. La eficiencia coloca en el denominador el “número de empleados”. Cuanto menor sea esta cifra, más eficiente. La productividad del siglo XXI se escribe con cuantos menos empleados mejor. ¿Hacen falta más ejemplos? Todas las grandes empresas compiten en el mismo terreno de juego: no quieren generar empleo. Quieren generar beneficios.

Mientras tanto emerge todo un complejo sistema de “preocupación” por el desarrollo profesional de las personas. Con algún que otro problemilla de suicidios, de stress laboral o de nuevas enfermedades profesionales en general, el sistema continúa galopando: coaching, acompañamiento, planes de desarrollo personal. Paradojas de nuestra época. O tienes un mentor, un coach o alguien que vela por ti en la empresa, o vete pensando que estás en la lista de prescindibles.

Si te quedas, te cuidamos. Pero si no estás en la lista, un día te va a tocar. Así que ya sabes tu suerte. Solo es cuestión de tiempo. Cuando la cifra de beneficios no sea suficiente, te enviarán un correo y amablemente, con empatía, te mandarán a la mierda. Simple, claro, diáfano, evidente.

Pudiera ser que luego las grandes empresas consigan que sus manos izquierdas no sepan qué hacen las derechas. Se cargan entonces de responsabilidad social corporativa, de memorias impresas en papel reciclado y de obras sociales que flirtean con el filantrocapitalismo. Son buenas, son responsables, están comprometidas con el desarrollo de sus comunidades. Pelean por causas justas. Pero si no estás en la lista de elegidas para la gloria, que sepas que un día te echarán.

Es un escándalo asumido por el poder. Las grandes empresas llegan con su capacidad de negociación. Y las administraciones a hacer el juego. ¿Cuántos puestos de trabajo dices que vas a crear? Pues allá vamos: suelo barato o gratis, desgravaciones fiscales, lo que quieras. Ha llegado el rey Midas. Traerá empleo y desarrollo a esta zona en que tanta falta hace. Y hará una lista con dos columnas: los del coaching, los prescindibles. La primera restringida a los elegidos para la gloria. La segunda, mano de obra que no queda más remedio que ocupar porque los robots todavía no son del todo fiables o son más caros.

Otro post de cascarrabias. Qué más da cuántos escriba. ¿Acaso va a cambiar algo porque yo aquí escriba sobre estas cuestiones? No, para nada. La economía es poder. Y el poder lo tienen bien agarrado quienes están en la cúpula de todas estas grandes empresas. Que son modernas instituciones con sistemas de gestión avanzados. Y en ellas solo hay sitio para una pequeña cuadrilla de miembros selectos. Si llegas a estar en ese grupo, el mundo ya no te parecerá como antes. Tentaciones.

Algunas pequeñas muestras de que las cosas son así. No las he inventado yo:

Qué dura la vida de quienes están en la lista equivocada.

Pequeños y en minoría 3 comentarios

Small houseMe parece muy respetable pretender que tus ideas sean las que más se extienden y que más y más gente se sume a tu fiesta. Si estás convencido de que esas ideas son estupendas para que la humanidad progrese, ¿por qué no divulgarlas hasta donde puedas? Si estas convencida de que cuanta más gente esté de acuerdo contigo todo va a ir mejor, pues estupendo. Ánimo.

Entre las opciones, no obstante, una que a veces olvidamos es la de seguir siendo minoría. ¿Falta de ambición? Puede ser. Pero hay muchas formas de pasar por este mundo. En las organizaciones pasa lo mismo. Preparing your organization for growth, uno de los últimos artículos que he leído en diagonal (son más de lo mismo) en The McKinsey Quarterly es un buen exponente: crecer, aumentar, expandir, abarcar. Todo un axioma, algo incuestionable en la dinámica del éxito en el siglo XXI.

Ando de nuevo dándole vueltas a lo pequeño porque en julio creo que vamos a retomar el cultivo de microbios que se inició hace más de un año en el 12 Festival Internacional ZEMOS98. Será en MediaLab Prado y andamos ahora dándole vueltas a cómo organizarlo. El asunto de fondo tiene que ver con la paradoja irresoluble de no crecer e influir.

Comento lo anterior para reivindicar la importancia de las minorías, de lo que queda fuera del sentir general, de lo que no se siente cómodo con la multitud. Traducido a un esquema mercantilista son los negocios de nicho. ¿Acaso no es una opción para no crecer mantenerse en un hueco donde no cabe mucha gente y disfrutar de la complicidad de lo íntimo? ¿Por qué asumir ese discurso del crecimiento como modelo del éxito? Pero la paradoja es incuestionable: si creemos en el decrecimiento, ¿no deberíamos intentar que más y más gente lo practicara? ¿Para qué trabajar en torno a él si solo unas pocas personas lo practican? Irresoluble.

Puede que tenga que dar mi brazo a torcer y que todo sea mucho más simple: no tengo suficiente ambición. No me pone que mucha gente piense como yo. Las prácticas de empresa abierta no se van a convertir en mainstream nunca. Y mejor que sea así. Sin embargo, son una opción para ser empresa competitiva. ¿En qué condiciones?, ¿en qué sectores? Es evidente que no en toda circunstancia las prácticas de gestión de la empresa abierta tienen sentido. Primero tienes que sentirte a gusto con la dimensión contenida, con la dimensión humana. Luego, ya veremos.

¿Y pueden las mayorías comportarse como minorías? Ja, eso es lo que quieren. Disponer del compromiso y la convicción de los entes pequeños. Pero no pueden. Ni podrán. Han elegido otra vía: la de la mayoría, la del mercado global, la del crecimiento, la del éxito, la del neón y los grandes titulares. Es una opción. Pero como tal opción, excluye otras. Aquellas que otra gente hemos elegido: la contención, lo íntimo, la minoría.

Así que, una vez más -sé que me repito- hay que decirlo: ser pequeño es una opción. Ni mejor ni peor que otras. Es una opción, diferente al discurso imperante de las mayorías. Aquí andamos, en una esquina. Jugando un partido que no concita la atención de los grandes medios. No salimos en prime time ni somos apetecibles para los grandes consumos de masas. Somos marginales. No pasa nada, hay muchas opciones.

La ansiedad y tensión del éxito 6 comentarios

Ayer me sentí de pueblo. Por muy de Bilbao que sea. Sí, de pueblo. Es evidente que un evento como TEDxMoncloa (o en su momento TEDxBilbao) supone un trabajo tremendo. Esa impresión me dio. Claro que como todo acto de comunicación con ambiciones. Pero también es cierto que cuando llega el día, te la juegas. Esas cuatro horas son la medida del éxito. Tienes un montón de miradas clavadas en tu evento. Y criticar es lo más fácil, no olvidemos.

A mí me cuesta entrar en esa rueda de sobrevaloración del “momento” como medida del éxito. Hay un antes y un después de TEDxMoncloa que ensombrece ante los focos del día de autos. Claro que en la sociedad del espectáculo, el glamour del acto central se lo lleva todo. Murphy además siempre agobia. Un micrófono que no va, una ponencia que no llega, una diapositiva que se enquista, un tweet cabrón…

Imposible controlar todas las variables. Pero en la medida en que se genera expectativa alrededor del momento de gloria, la tensión crece. Hay que triunfar. Y esto con unas ponencias donde se hablaba de educación, de gente motivada, de ilusión, de emociones, de talento. ¿Todo rodeado de un modelo de sociedad que nos presiona para que los mejores sean mejores? ¿Y los peores… peores? ¿El ganador se lo lleva todo?

Sé que son mis neuras y que cada cual nos la cultivamos y regamos como queremos. Somos libres de fabricar nuestras miserias. O, quizá más justo, estamos condenados a ser libres de fabricar esas miserias. A mí no me gusta esa presión por el éxito allá arriba del escenario. Es una situación demasiado asimétrica. No soy tan importante, por favor. No me lo puedo creer. Tan solo puedo compartir algunas reflexiones y contar lo que hacemos y lo que queremos hacer. Uno no está allí si no hay otra mucha gente que arrima el hombro contigo.

Como siempre, la jornada de ayer me sirvió para hacer unos cuantos garabatos en mi cuaderno. En una entrevista que nos hicieron luego de forma individual a cada ponente, nos pedían una palabra para definir nuestra experiencia en TEDxMoncloa. Yo elegí estimulación. Pero estos saraos me sugieren muchas líneas de fuga y una palabra se queda corta. Así que me he construido este wordle, que supongo es una interpretación muy sesgada de lo que allí pasó.

Para gustos, los colores. Aprovecho para agradecer a toda la gente que se trabajó el evento. Se me escapan los nombres, pero entre otras personas, un detalle el que Helena López-Casares citara la artesanía y la bici en la presentación que hizo de servidora. A todo el equipo cuyos nombres aparecen en la web y también a todo ese otro equipo de gente más anónima que a veces cuesta encontrar en los créditos, pero que es tan necesaria como quienes subimos al escenario a magnificar esta sociedad del espectáculo en la que vivimos. Ánimo, que Murphy aprieta pero no ahoga ;-)

Wordle TEDxMoncloa

Un secuencia de hechos para explicar la empresa abierta 3 comentarios

Como ya comenté el otro día, luego participo con una ponencia en TEDxMoncloa. Finalmente, la secuencia de los hechos que narraré creo que seguirá este guión. Aunque, claro, como decía el propio Alberto Blanco el otro día, muchas veces casi nada sale como se espera. Dejemos margen al suspense. Pero los acontecimientos es probable que se sucedan así:

  1. Llegó un buen día en que lo que sabíamos dejó de servir o, al menos, no servía para ciertos cambios que observábamos. De ahí nació un grupo de investigación. Y la criatura, difusa, se llamó Obea. Aquello fue en 2007. Algo estaba pasando mucho antes del 15M. Menos idealista, se trataba de buscar otras fuentes de competitividad.
  2. El tiempo empezó a desaparecer, a recrearse. Deprisa fue el mantra. Y slow la alternativa. Empezó a ser más importante el tempo que el tiempo, el ritmo que la velocidad.
  3. Y el saber profano ascendió y complementó al saber experto. Tensiones en el horizonte. ¿Cómo hacer que se extiendan y sumen? Y cuanto más se profundizaba en lo que se sabía más oportunidades de negocio. Más ignorancia aparecía. Más mercado.
  4. Pero el saber vive en tanto que se comparte. Si solo lo sabes tú, haces solitarios. ¿Ese es el juego que quieres? ¿Los monopolios son tu fuente de competitividad?
  5. Mientras, la sociedad se autoimpuso una extraña ley: lo vamos a contar todo. Lacan por fin reconocido: extimidad por los cuatro costados y un google que sirve de gran hermano. Pero la materia prima la aportamos entre tú y yo. Material para hermosas tesis doctorales: comportamiento humano que muda hábitos.
  6. Todo lo cual nos coloca enfrente de una realidad: la organización ambidextra. Hemisferio izquierdo hiperdesarrollado que se encuentra con un compañero de viaje ahí al lado que plantea lógicas distintas. El hemisferio derecho también está aquí.
  7. Y por eso nacen organizaciones difíciles de clasificar. Por eso se inventan palabros: el cuarto sector.
  8. ¿Y cómo se gestiona todo esto? No hay que olvidar una lógica diferente: la abundancia. El conocimiento abunda, pero las leyes para trabajar con él no son las que conocíamos tú y yo.
  9. Así que por eso hay que andar atento a que lo que antes planificábamos hoy emerge. Y no sabemos muy bien qué será. Pero puede aparecerse en forma de oportunidades de negocio. Es cuestión de sembrar y dejar que los tomates sigan su ciclo natural de crecimiento. No exageres el marketing, que los tomates son tomates.
  10. ¿Y cómo nos relacionamos con las personas en estas nuevas organizaciones? Primero, procurando dimensionarlas de forma humana. Sí, una locura: tres personas son multitud. No, no hay que exagerar. Son ocho, ocho personas son ya multitud.
  11. Porque la rsponsabilidad de gestión básica es la de crear contextos. Crear condiciones para que la gente quiera hacer lo que quiera y que esos “quereres” sean aproxidamente coincidentes respecto a algo que, como empresa, nos interesa.
  12. Es el reino del individualismo en red. Un colectivismo que quedó en el pasado y que acabó sucumbiendo a la exaltación eufórico del yo. ¿Una caracerística patológica de nuestra sociedad? No necesariamente. “En red” es la alternativa natural.
  13. Y para complicarlo todo más el texto se vio invadido por el hipertexto. Dicho así parece poco, pero es otra forma de aprehender el mundo. Los límites se difuminan, de un sitio saltas a otro, enlaces sin fin. Y hay que decidir por dónde tirar. Pero hay tantos cruces, tantas opciones, que es fácil fracasar.
  14. Por eso el variopinto mucho de tecnologías de la web social conforma un universo hasta cierto punto diferente del que conocimos. Lo “social” se funde con la tecnología. Nos empodera y nos estresa. Paradojas del mundo moderno.

En fin, espero que cada cual encuentre ideas para mejorar un poco en su vida cotidiana. Y quizá en la profesional. Ánimo, que la actitud mental positiva lo es (casi) todo.

5 conclusiones del taller de Aprendices sobre GTD 2 comentarios

El pasado viernes montamos un taller de Aprendices en Eutokia sobre GTD. Josu Orbe nos lo propuso en su momento y como aquí “quien la propone se la come” no le quedó más remedio que “organizarse” para tirar del carro y montar el taller. En la correspondiente página de la wiki donde se documenta el taller hemos dejado algunos materiales. Por mi parte, de las notas que tomé, acabo con al menos cinco conclusiones:

  1. Conviene encontrar el justo punto donde cada cual se siente a gusto. Hay quien necesita más control y quien disfruta con cierta falta de planificación. Eso sí, en general, parece que la sociedad nos aprieta para que aprovechemos el tiempo disponible. Nada de “dejarlo pasar”. Pudiera ser que haya que empezar por aquí: ¿de verdad quieres emprender esta carrera por la eficiencia y el aprovechamiento del tiempo? No creo que haya que responder obligatoriamente que sí. O al menos estoy convencido de que admite un sí bastante relativo.
  2. Dedicar tiempo a gestionar el tiempo siempre es positivo… si lo que quieres es sacarle partido. Sea de una forma y otra, solo por el simple hecho de ponerse manos a la obra, ya avanzas en el camino de la eficiencia personal. No me cabe duda de que hay tomar con precaución las recetas universales que muchos gurús nos quieren vender. Lo que para ti puede funcionar en mi caso puede ser un desastre. Y hay que admitir esta diversidad. Lo hace todo más interesante.
  3. Hay un considerable número de herramientas que ayudan a organizarse. Muchas de ellas son aplicaciones informáticas que ruedan en los más diversos dispositivos. Sea cual sea la elección -si es que es alguna, claro- no hay que olvidar que también el papel y el boli son dispositivos. La forma en que “aprehender” lo que hay que hacer admite muy diversos formatos. Eso sí, cuando sale de la memoria y va a un soporte, entonces la mente descansa. Y merece la pena que le demos descanso, ¿no?
  4. Clasificar las tareas que tienes entre manos es interesante para distinguir entre ellas. Pero a partir de ahí hay muchas formas de diferenciarlas. Quizá tantas como humanos se ponen a ello. La etiquetación es un buen recurso para poder acceder a ellas de diversas maneras. No obstante, puede que demasiada flexibilidad provoque fracasos. Hay quien prefiere un orden único y si además hay elementos que contribuyen a mantenerlo, mejor. Fichar estructura tu vida, no hay ya tanto para decidir. Creo que conviene respetar la libertad de elegir el grado de libertad que queremos manejar.
  5. Un smartphone puede convertirse en la gran herramienta de GTD. Es al menos mi sensación a partir del uso que hago de él. Pero ¡ojo! porque necesita una gestión inteligente, esa que tú puedes llevar a cabo. No permitas que ese tremendo artilugio te gobierne porque puedes acabar con un nuevo tipo de esclavitud, bien moderna y autoinflingida. Hay que pensar cómo nos organizamos antes de ponerse manos a la obra. El número de aplicaciones alrededor de la “productividad” (solo hace falta mirar esta categoría en Android, por ejemplo) tiene el evidente riesgo de que seas improductiva en una primera fase. Paciencia. Por cierto, “paciencia”, una buena recomendación porque las urgencias a veces se convierten en la norma. Y de ahí a enfermar hay poco trecho.

En fin, que solo quería dejar aquí algunas notas sobre ese taller del viernes. Josi Sierra parece que quiere ya plantear el siguiente alrededor de su metodología para trabajar el conocimiento a través de video y mapas conceptuales. O sea, conocity, en donde algo tengo que ver, que para eso soy medio tío de la criatura. Una sobrinita bien hermosa y que seguro que dará que hablar cuando se haga mayor. Pues eso, a ver si se monta este taller y aprendo algo más para avanzar, por ejemplo, en el proyecto Rodamos Suave Suave, que enseguida se meterá en aventura transpirenaica, desde Cap de Creus hasta Hondarribia en bici.

Björn Borg y la hierba 4 comentarios

Ya sabéis que me gusta escribir. Pero no tengo grandes ambiciones. “Me sale”, sin más. Entre otras cosas, es la escapatoria de cada domingo. Así que no soy muy exigente con mis dedos y les dejo que toqueteen las teclas sin excesivo sentido del ridículo. El caso es que un jurado ha decidido que un relato mío sea ganador, en su modalidad de castellano, del IV Premio de Relato Corto “Las redes de la memoria” en su edición de 2010. Detrás de este premio está Globalkultura, una de las incontables iniciativas de ese fenómeno de la naturaleza llamado Nati de la Puerta, también conocida como Jaio la espía.

El relato se titula Björn Borg y la hierba y recupera unos instantes concretos de mi infancia. Antes de dejaros con él creo que es de justicia citar a Noemí Pastor, Boquitas Pintadas en su blog. ¿Por qué? Yo escribo en bruto. Como decía, “me sale”. Pero luego hay una mano experta que me ayuda sobremanera a pulir defectos. Y no solo esto, porque en esta ocasión también me proporcionó una formidable ayuda a la hora de  estructurar el relato. Gracias, Noe.

Y eso es todo, hoy la escapatoria del domingo es un poco más larga. Son 7368 caracteres. Ya sabré más adelante por Nati si hay sarao de presentación alrededor del premio y también comentaré por aquí cuando el libro con los relatos premiados esté publicado por si alguien lo quiere para decorar una estantería ;-)

Para Felipe, de parte de un señor mayor que él.

Björn Borg y la hierba

En la campa de OcioPunto, juego, set y partido. Lo veía en el UHF, con las orejas rojas y los ojos brillantes por la emoción.

Llegaban los días en que el calor se dejaba notar. La primavera había sido muy extraña. Viento y más viento. Pero ya había quedado atrás. Como la escuela. Terminaba junio, un mes glorioso para escapar de una cárcel sin sentido, así que ya era hora y llegaba julio. Había que segar la campa.

Gregorio nunca supo segar bien; segaba a machetón. Nada que ver con mi abuelo. Dos guadañas, una u otra según la ocasión. Había hierba y hierba, campas y campas. Casi siempre en cuesta y ariscas, no eran fáciles de doblegar. Esfuerzo y sudor, con la piedra de afilar en un cuerno bien elegante ajustado al cinto. Mi recuerdo es siempre el mismo: una labor dura pero con una recompensa inmediata como era el olor de la hierba cortada.

No había que segar a machetón. La guadaña debía entrar fina por abajo y trazar un suave arco de salida hacia arriba. Si no, podías caer en la humillación de que la punta se clavara en la tierra. Cada vez que se clavaba, era como un suspenso. Pero no el suspenso de don Enrique, el que fumaba farias en clase por la tarde. No. Era suspenso de verdad, muy deficiente. Suspenso por la mirada de mi abuelo y suspenso íntimo porque sabía que lo había hecho mal. Autoevaluación lo llamaban en la escuela.

Tardábamos en segar la campa a lo mejor dos o tres días. Tampoco iba a ningún lado meterse un atracón. No apretaba tanto el deber. Había unos tiempos y los respetábamos. Mi abuelo seguía unos ciclos naturales, al ritmo de lo que sus animales, la huerta y las campas necesitaban. No tenía mucho misterio. Era dejarse llevar y no maldecir demasiado aquella suerte. Porque suerte era no haber pasado hambre en el cuarenta y uno. Eso decía mi abuelo.

A veces al segar encontrábamos enánagos. ¡Qué miedo! Pero, claro, como me decían que no hacían nada, me lo tenía que tragar. Jugar a hombre tenía su precio. Y si me dejaban segar ‒poca cosa porque costaba abatir aquellas hierbas tan altas‒ no era cuestión de montar el numerito.

La hierba salía preciosa por la tele. Claro que yo la imaginaba verde porque el aparato sólo me dejaba apreciar un gris apagado. No importaba. El verde era radiante y allí estaba Borg. No tenía ninguna duda de que iba a ganar el torneo. Y más si jugaba la final contra Nastase. En mis partidos contra mí mismo, contra la pared de la cuadra, siempre ganaba Borg. Daba igual que a veces tuviera el juego difícil con puntos de break en su contra. Yo sabía que al final iba a ganar. Y ganaba.

La hierba, una vez segada, necesitaba cuidados especiales. Y suerte, también necesitaba suerte. Lo peor era que lloviera. Entonces mi abuelo se ponía de mal humor. Juraba y maldecía. Aunque eran maldiciones sin mala intención. Se decían y punto. Un rato después volvía la resignación de saber que tienes suerte y que, si llueve, escampará. Nunca recuerdo haber asistido al desastre de que no hiciéramos fardos. Año tras año, julio era el mes de enfardar. Podía haber más o menos hierba, pero se enfardaba. Era fácil saber si había ido bien o mal: arriba en el camarote no quedaba sino contar los fardos. Bien o mal. Aunque la queja también formaba parte del rito; no nos vamos a engañar.

La familia bajaba con los rastrillos. Mi abuelo sólo imponía una prohibición: los niños no podíamos tocar la horquilla. La horquilla era el peligro. Se ponía muy serio, casi diría que amenazante: no toquéis la horquilla, podéis haceros daño. Así que, por supuesto, aquella horquilla de tres finísimas puntas recibía miradas furtivas a cada rato. Mi abuelo la manejaba con destreza y hacía el trabajo de cinco o diez personas a la vez. Los demás, con nuestros rastrillos, éramos actores secundarios. La jerarquía era la jerarquía

Preparar la hierba nos llevaba una semana o más. Eran tiempos de espera. Imposible de llevar bien. Mi impaciencia de los diez años podía más que cualquier cosa. Pero había que esperar. Porque siempre me explicaban que de aquello dependía que hiciéramos buenos fardos. No quedaba sino esperar. Y ver tenis, claro.

Borg había vuelto a ganar. Esta vez en semifinales a Roscoe Tanner. Sólo quedaba el partido de la final. ¿Contra quién? Lo habéis adivinado. Contra Nastase. Estaba cantado; no había duda. Borg iba a ganar su primer Wimbledon sobre la hierba gris. Sin mayores problemas, con la misma elegancia con la que mi abuelo segaba la hierba. Yo lo sabía desde el principio. Porque contra la pared de la cuadra yo ya le había hecho ganar mil veces. Una raya de lado a lado era la red. Primero sacaba Borg y luego respondía Nastase, casi siempre de revés. Otra vez Borg; de nuevo Nastase. Pero cuando yo quería, Borg colocaba la pelota donde Nastase no llegaba nunca. Nunca. Y si quería humillarlo, le hacía un ace. Qué se había creído.

Entonces no sabíamos qué tiempo iba a hacer al día siguiente. Así que siempre había incertidumbre. Bueno, no exactamente. Porque mi abuelo miraba al monte Serantes y sabía el tiempo que iba a hacer. Más o menos. Pero más más que menos. De verdad.

El día sería caluroso. Siempre era así. Aunque era un calor diferente, más pegajoso que el de costumbre. La hierba seca parecía concentrarlo. El día de enfardar, además de la expectación y la algarabía de mi infantilidad, era un día de calor, de muchísimo calor. Por eso había que buscar unos jaros para refrescar el vino, la gaseosa y el agua.

Enfardar era un trabajo meticuloso; de fuerza, pero también de precisión. Fue el primer trabajo de responsabilidad que tuve en mi vida. Sin llegar a la adolescencia, alguien decidió que también un niño tenía que participar en la faena. Pero no era un juego, era un trabajo. ¿De mayores? Fuera como fuera, lo hacía un niño.

Los hombretones se colgaban de la palanca de la enfardadora. Eso quería decir que eran las últimas prensadas. Una más. Otra. Y una última. La hierba quedaba atrapada entre dos topes. Entonces los hombretones descansaban sentados sobre la palanca para que quedase bajada mientras cosíamos el fardo con alambre.

No se trataba de cualquier cosa. No era un simple añadir hierba seca a la tolva de la máquina. No era un rastrillar menudencias aquí y allá. No, no era nada de eso. Se trataba de coser el fardo, nada más y nada menos. ¡Coser el fardo! Había que meter el alambre por el agujero del extremo, apuntar e introducir con limpieza una enorme aguja metálica de lado a lado del fardo. ¿Por qué lo hacía yo? No lo sé. Nunca lo pregunté. No sé si fue una concesión o si era pura necesidad. Pero yo lo hacía. Una y otra vez. Y tenía que hacerlo bien. Los mayores no bromeaban. Si me equivocaba y metía la aguja torcida, oía palabrotas y maldiciones. Sabía de sobra que tenía que poner todos mis sentidos en aquella operación.

Cada fardo era una satisfacción, una sonrisa. Cada fardo iba quedando atrás. Poco a poco iban saliendo. La puerta que separaba un fardo del siguiente se iba desplazando hasta que llegaba al final. Entonces el fardo ya cosido caía a la campa y allí quedaba hasta que lo subíamos a casa. Pero cada fardo era un éxito. Si habíamos trabajado bien, el fardo simulaba un poliedro perfecto, como estudiábamos en la escuela. Hasta la burra los subía triunfante, de cuatro en cuatro, por un camino que se sabía de memoria

Borg también triunfó en las semifinales. No podía perder. No había la más mínima posibilidad. Puede que no resultara fácil, pero no importaba. El destino sería el previsto. Ya os dije que ganó a Roscoe Tanner, ¿no? El segundo set fue muy emocionante, de verdad.

La fiesta final era subir los fardos con la polea al camarote. El balcón de arriba se vestía de gala. Porque en contadas ocasiones montábamos la polea. La de mayor festejo era, sin duda, la del día en que subíamos los fardos. Porque el invierno era frío y llovía. Y nuestras dos vacas se merecían lo mejor. Aquellos fardos eran el alimento del invierno. Por eso, uno a uno, los subíamos con la polea para guardarlos bien apilados en el camarote.

Arriba y abajo, en ambos lugares hacía falta fuerza. Así que mi corta edad poco podía aportar. Sólo la emoción de saber que subían y bajaban, con aquel gancho que se clavaba en la hierba y en el alambre que yo había cosido, con mi abuelo al otro lado de la enfardadora siempre atento al trabajo bien hecho. Pocas veces se caía un fardo mientras lo subíamos. Porque hacíamos las cosas bien.

En aquella operación siempre quedaban hierbas secas esparcidas por aquí y por allá. Era como confeti bullicioso para festejar que la faena terminaba. Abajo cada vez quedaban menos fardos,  Gargantúa se los comía arriba. Entraban por la puerta del balcón y se quedaban a vivir allá hasta que acababa el invierno. Así terminaba todo.

Y también llegó el partido de la final. Para repartir la emoción entre aquellas dos tareas mágicas, Borg ganó por 6-4, 6-2 y 9-7. Todos los fardos estaban ya arriba en el camarote. Qué curiosa aquella felicidad coincidente.

En TEDxMoncloa hablando de empresa abierta 2 comentarios

Ponte en mi lugar. Tienes enfrente a un buen número de personas que ocupan puestos de esos que se llaman directivos en empresas de cierta dimensión. Y tú allá arriba vas a hablar de empresa abierta y de ciertos modelos emergentes que surgen de los nuevos tiempos. ¿Por dónde empiezas? Claro, una tentación es el #15-M. ¿Quién iba a pensar que la gente se organizara así, de esta forma, con una combinación de calle e Internet que descoloca? En fin, este martes 24 ando por Madrid porque soy uno de los ponentes en el sarao de TEDxMoncloa.

Pero sea eso u otra cosa, el suelo bajo nuestros pies se mueve (y siento que no solo sea una metáfora). Son muchos los síntomas de que las organizaciones llamadas empresas en 2011 no pueden ser lo mismo que lo que representaban cuando mi hermana y yo íbamos al economato de la Babcock Wilcox en las cestañas de la burra de mi abuelo. Y esto último sí que sí, también era real. Aquellas empresas estructuraban la vida de la gente. Hoy apenas hay brújulas que señalen con certeza dónde queda el norte. Porque el norte se desplaza constantemente.

Así que manejaré ideas simples. Y pegadas a la realidad. Quienes tenemos más de 45 años y llegamos a la gestión de las organizaciones a través de Mintzberg, Peters, Drucker, el kaizen, el despliegue de objetivos y la planificación estratégica… tenemos un problema. El ciclo PDCA ha saltado en mil pedazos. Pero sigue siendo una referencia. ¿Cómo es esto? Porque vivimos en Paradox Land. Solo es cuestión de prestar atención y dejarse balancear hacia un lado o hacia otro. ¿Dejarse llevar? Tú estás loco.

Los mensajes, en mi caso, son casi siempre los mismos. Pero diferentes. ¿De qué depende? De quiénes sean las personas a las que nos dirigimos. Ayer charlaba por la mañana con Guillermo Dorronsoro y Pilar Kaltzada. Hablábamos de las organizaciones con las que trabajamos. ¿Cuál es el estándar, si es que lo hay? Las rutinas, las inercias, lo que ha sido y sigue siendo. Todo esto marca una dirección. Parece fácil, pero el norte se desplaza y el buque no es que tenga tanta capacidad de maniobra. Y para complicarlo todo, no hay una solución. Pero sí hay soluciones; es cuestión de táctica. En un modelo líquido no hay que olvidar que además de tu embarcación, las corrientes son poderosas. Y Kaiku, según la calle por la que boga en la ría, sabe que lo tiene mejor o peor para ganar.

Así que va a ser que todo esto de la empresa abierta es un nuevo “estilo”. Porque hay quien rechaza la idea de “modelo”. Y parece que con buen criterio. La empresa abierta emerge. Se puede gobernar, pero hasta cierto punto. El contexto es fundamental. Crear contexto para incrementar las probabilidades de que las personas decidan que algo merece la pena.

Y siempre dejo para el final la guinda de Internet. Uno de los grandes avances de la humanidad en los últimos tiempos. Un mundo de posibilidades inmensas con el pequeño inconveniente de que son humanos quienes concretan ese potencial. Con nuestras limitaciones y fracasos. La humanidad que llevamos a cuestas nos conduce a errores. Internet es aplicar a nuestras vidas un factor de corrección que provoca la desmesura. Nos hace más pequeños y más poderosos, más vulnerables y más capaces. Nos dicen que la tecnología será transparente algún día. Y mientras, las empresas las hacemos las personas. Cada vez con menos brújulas y con más manuales de instrucciones.

Pero ni el mejor de los mapas te dice el lugar al que debes dirigirte. Eso sigue siendo tu decisión.

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Nota.- Por cierto, será un placer compartir presentación con semejantes compañeras/os de escena. Un potosí para aprender y sacar ideas útiles para lo que tenemos por delante. Y mi reconocimiento también a quienes se han puesto manos a la obra para organizar este sarao, que trabajo seguro que da ;-)

Instituciones e interfaces en crisis 4 comentarios

El asunto de Democracia Real Ya admite análisis desde muchos puntos de vista. En mi caso, me quedo con lo que representa de crisis de las instituciones en general. Por aquí he hablado en muchas ocasiones de la que afecta a la empresa, pero es evidente que si vamos subiendo peldaños en la forma en que está organizada la sociedad acaba por afectarla globalmente. La democracia representativa a través del sistema de partidos políticos es, en definitiva, lo que a día de hoy se cuestiona.

Dicho lo anterior, no creo que sea tanto una cuestión de que alguien vaya a cargarse el sistema sino de que puedan plantearse alternativas al modelo actual. La interfaz empresa -en expresión de Juan Freire- no es la única para generar riqueza económica. Pues bien, la interfaz de partidos políticos no parecería que es la única ni la mejor interfaz para representarnos. Y esto implica un nuevo acceso de la ciudadanía a gestionar lo que le afecta. Subsidiariedad hasta donde sea posible, pero ¿cómo se organiza todo esto? He aquí la madre del cordero.

Si tomáramos la idea de la red distribuida que tanto nos sirve para explicar la arquitectura de Internet, entonces ¿qué sentido tiene una “unidad de organización” que canaliza toda una diversidad de malestares e ideologías? Pero parece difícil imaginar un sinnúmero de opciones que se mueven en paralelo y que se “autocoordinan”. Sin embargo, puede obtenerse cierta validación colectiva mediante herramientas interneteras. Pero esto conduce a una pregunta delicada: ¿qué hacemos con quienes no disponen de competencias digitales para ejercer este nuevo tipo de supuesta democracia directa? Esta es una parte delicada de todo esto. Democracia Real Ya dice de sí mismo que es una iniciativa que “se ha forjado al calor de internet y de las redes sociales” (ver Quiénes Somos).

Otro asunto delicado es cuál es el soporte digital intrínseco a este tipo de nuevas movilizaciones. La empresa privada, sea Facebook, Teléfonica y su Tuenti, o Twitter se convierten en las plataformas sobre las que se coordina la movilización. Lugares que ganan más (y probablemente contribuyen a la desigualdad económica) cuanto más se utilizan. Publicidad mediante, el modelo de organización digital emplea los medios más sencillos a su alcance. Pero la tecnología no es neutra, claro.

Yo no soy quien para analizar este tipo de movimientos de grandes dimensiones. No tengo suficiente criterio ni perspectiva y no me siento cualificado para que lo que digo pueda ser tenido en cuenta con suficiente rigor. Pero es una opinión y en lo que sí creo es en la diversidad y en la construcción colectiva de consensos desde las diferencias. Y esto que antes era política-ficción hoy no lo es tanto. El activismo tiene muchas vías y te sumerge en tremendas contradicciones, pero lo peor es meter la cabeza debajo de la tierra y renunciar a la acción.

Eso sí, el sistema que tenemos es el que entre toda la gente hemos construido. Una parte de él lo hemos construido por acción y otra por omisión. El “sistema” es algo demasiado grande como para pararlo y presenta muchas caras. Siempre nos es más fácil hablar de lo que no vemos bien que aportar alternativas sobre cómo podría ser de otra manera. El manifiesto dice, entre otras cosas, que “somos personas, no productos del mercado” y añade que “no soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro”. Pero el caso es que el capitalismo funky se consume fácil y el mercado del alma (autoayuda a raudales) es inmenso.

Sea lo que sea lo que vaya a pasar, lo de Democracia Real Ya es muy interesante. Por la movilización que supone y por la posible emergencia de un nuevo modelo de ciudadanía. ¿Cómo no reducirlo a un enfoque único y mantener la diversidad que encierra? ¿Por qué esa obsesión por limar las diferencias para encontrar puntos comunes que se parecen tanto a una expresión global de simple malestar? No sé, tiempo al tiempo. El sistema crea sus propios anticuerpos y luego los incorpora al torrente sanguíneo para cargarse a cualquier elemento patógeno. Espero que no sea la cuestión y que se puedan cambiar algunas cosas.

En cualquier caso, bien está que de momento se puedan ir leyendo los contenidos que propone este movimiento: el manifiesto, las propuestas o la forma en que se define. Una buena parte de su existencia tiene que ver con canalizar un malestar mediante los medios digitales actuales para también llevarlo a la calle. Combinación de frentes en una moderna lucha plagada de contradicciones y paradojas. Por supuesto, las mías bien grandes.

TrendTrotters en Navarra Factori Sin comentarios

Actualización.- Disculpas, por un lío de fechas (me hago mayor, me temo), la jornada será el día 24 y no mañana jueves como decía. La impartirán Iván y Asier López.

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Mañana jueves El día 24 por la tarde Iván Marcos Peláez y el menda estaremos en Navarra Factori para compartir con quienes asistan nuestra metodología de investigación TrendTrotters. Al igual que ya hicimos en su momento en Lan Ekintza, vamos a enfocar la charla de cuatro horas con un doble objetivo:

  • Explicar nuestra metodología de trabajo, que combina trabajo a pie de calle viajando por cualquier parte del mundo y uso intensivo de herramientas de la web social.
  • Comentar algunas tendencias abordándolas desde la filosofía TrendTrotter y cómo incorporarlas oportunidades de negocio.

Actualmente el proyecto TrendTrotters continúa inmerso dentro de MIK. Además de la oportunidad de desarrollar con Azti Tecnalia FoodTrendTrotters hoy en día están en curso nuevas posibilidades vinculadas a LEINN, el grado en emprendizaje e innovación que Enpresagintza-Mondragon Unibertsitatea lleva a cabo junto con los finlandeses de Team Academy. Por otra parte, TrendTrotters sigue manteniendo diversos contactos con otros agentes en busca de proyectos relacionados con la inteligencia competitiva, que es como se define en origen esta iniciativa.

Esta es la segunda ocasión en que colaboro con Navarra Factori con una ponencia. La anterior, que fue el 7 de abril pasado, tuvo que ver con innovación abierta y la grabaron en video. Habrá que ver lo que va saliendo de este proyecto mediante el que se quiere fomentar la innovación y la creatividad y que se ha dotado de un edificio que impresiona lo suyo. Tiempo al tiempo.

Os dejamos aquí la presentación que utilizaremos Iván y yo mañana. Bueno, la que tenemos prevista… que luego la conversación nos va conduciendo por un viaje que a veces no es del todo planificable. En principio, como decía, comparte enfoque y contenidos con una anterior que hicimos en Lan Ekintza, aunque en esta ocasión nos centraremos mucho más en charlar sobre nuestra metodología de trabajo.

Metodología de preguntas y respuestas Sin comentarios

QuestionsSeguramente que los grandes proyectos resuelven grandes dudas. Pero la gente de a pie busca respuestas más sencillas, formuladas desde un punto de vista que se aleja de la grandilocuencia del lenguaje del manajemén. Las preguntas (Germán escribe mucho y bien de ello) son grandes compañeras de viaje para entender de qué va tal o cual proyecto. Y quizá nuestras actividades de consultoría, en vez de dejar guías de uso, metodologías o manuales, debería contestar a una simple relación de preguntas frecuentes.

En realidad, las FAQ, las Frequent Asked Questions, son un invento que ya está aquí desde hace tiempo. Dice la wikipedia que en el contexto de Internet esto de las FAQ nos viene de la NASA. Qué cosas. En cualquier caso, construir una buena relación de FAQ tiene una gran ventaja: implica a las dos partes, a quien no sabe y a quien se supone que sabe y podría aportar respuestas. Pero la respuesta comienza con la pregunta y no al revés.

Explico esto de las FAQ porque me parece, por simple, poderosa herramienta para que un proyecto vaya resolviendo los problemas reales. Porque en la jerga de la gestión empresarial una vez que has comenzado a escalar en abstracción, todo se convierte en una huida hacia delante. Y ahí el lenguaje se monta una espiral de palabros terminados en “ción” que no hay quien la pare.

Una buena secuencia de preguntas requerirá luego cierta catalogación. Pero lo poderoso del asunto es que puedas hacer una búsqueda de texto para encontrar respuestas que tengan que ver con esa palabra que te sugiere alguna pregunta aunque quizá ni siquiera sepas muy bien cómo formularla. Las FAQ sugieren además que, antes de preguntar, leas lo que ya se ha constestado. Cuestión de netiqueta básica, ¿no? O sea, que mírate las cosas antes de hacer el ridículo preguntando lo que ya está respondido.

¿Dónde podemos aplicar esta metodología? En cualquier proyecto que tenga ambición y quiera llegar a la ciudadanía rasa. A lo mejor también pide a gritos un glosario como complemento perfecto. Descríbeme qué quieres decir con esos palabros y déjame accesible una lista de preguntas frecuentes. Y punto pelota. ¿Para qué seguir escribiendo? FAQ y glosario. Simplicidad contra el farragoso mundo de la gestión ;-)

Administración Pública hipo-organizada 4 comentarios

paradoja-papelera-reciclajeLa semana pasada David y yo debatíamos sobre la forma en que canalizar a corto-medio plazo nuestras investigaciones sobre empresa abierta. Creo que hicimos un buen trabajo (en breve lo compartiremos) para crear un contexto donde quienes muestren interés en esto de la empresa abierta puedan enseñar su patita y decir que quieren contribuir y de qué forma. Pues bien, dentro de este enfoque, uno de los puntos al que siempre andamos dando vueltas es el de la hipoorganización, de la mano de nuestro gurú de cabecera Eric Abrahamson.

Este asunto me ha venido a cuenta del post Un nuevo modelo organizativo para euskadi.net que Alberto Ortiz de Zárate ha escrito en el blog del Plan de Innovación Pública (PiP) donde nosotros colaboramos en el proyecto que tiene que ver con las comunidades de práctica y los equipos de innovación. En ese artículo Alberto explica que no ha encontrado instrucciones de montaje para un supuesto modelo de publicar webs en la Administración Pública. En el fondo, el asunto parece ser la organización. Algo así como que “la web sigue a la organización como la sombra al ciprés”. Alberto ya me entenderá.

Mi duda sube de peldaño y llega hasta el punto de hasta dónde tenemos que organizar. Por supuesto, quiero huir de una visión utópica donde el desgobierno sea el estándar y allí las personas se autoorganizan al máximo. Estamos donde estamos. Pero ¿por qué no agarrarse al principio de la navaja de Ockham y ante dos opciones coger siempre la que menos organización requiera? Si ante las múltiples bifurcaciones que van apareciendo jugamos con las opciones simples, quizá al final tengamos un modelo más sencillo. Y anárquico, claro. Pero es que Internet tiende al caos y remar todo el rato contracorriente es duro, muy duro.

Las comunidades de práctica pueden ser una salida. Una forma alternativa para poder navegar en la informalidad con unas dosis suficientes de organización formal. A fin de cuentas cuesta imaginar “otra Administración” que no disponga de roles, servicios, garantías y todas esas cosas de la moderna eficiencia. Pero como luego todo eso, personas mediante, es un coladero, pues a lo mejor conviene no ser tan maximalista -organizativamente hablando- y buscar unos mínimos suficientes.

En nuestra investigación de economía abierta, decíamos en la introducción:

Por eso, la empresa abierta ante la duda, no organiza. Esto requiere otro enfoque, complejo pero más coherente con el hecho de colocar en el centro a las personas [...]. Por tanto, se enfatiza, como decimos, más la creación de contextos, de condiciones para que las personas desplieguen su potencial. En la medida de lo posible, la empresa abierta coloca límites blandos, permeables, apenas definidos. Trata de jugar con la necesidad de las personas de organizarse, de implicarse cuando deben alcanzar ciertos objetivos. La cuestión es el compromiso con el qué y la aceptación de una serie de normas básicas y de mínimos.

Todo esto suele traducirse en normas más relajadas respecto a los horarios, la definición de puestos de trabajo, la asunción de responsabilidades, la fijación de objetivos y la evaluación del rendimiento.

Internet es un contexto donde como nunca antes disponemos de potentes herramientas para extraer orden del caos. Las taxonomías se retroalimentan de las folksonomías y las decisiones pueden emerger de la valoración colectiva de ideas. El contexto es importante porque las personas son las que deciden, las que se involucran y las que prestan un buen o mal servicio. Las webs pasan por gestoras/es para quienes queremos un contexto donde “quieran” relacionarse con otra gente que desempeñe su mismo rol. En ello andamos, en la compleja tarea de prestar una mínima organización a lo que tiende al caos.

Manos a la obra, mientras la arena para la masa se nos escapa entre los dedos. Vuelta a la carga en nuestra particular maldición. Tarea de Sísifo, de nuevo a por otro intento. No hay alternativa. Insistir y hacerlo de buena fe.

Por cierto, ya he escrito en otras ocasiones sobre los peligros de la sobreorganización:

Flores de colores Sin comentarios

FloresEn una esquina, tras unos coches que afean la callejuela. La iglesia arriba, orgullosa. Mientras, en un pequeño recodo que bien podría pasar olvidado, alguien decidió que sería un buen lugar para las flores. Y la primavera siempre ayuda. Allá están.

Se entremezclan en olores y colores. Juegan a competir por una mirada en un espacio diminuto para su exultante vivacidad. Pero han encontrado la sintonía que a veces tanto cuesta. Ella es quien se preocupa. La vieron y enseguida se dieron cuenta. No todas las flores tienen tanta suerte.

No son solo los cuidados materiales. Es la mano, es la atención. También la mirada. Y las palabras. Son las palabras las que acompañan. Ellas bien que lo entienden. No pueden sino agradecerlo y ahora que el sol juguetea tras la lluvia, ellas se empeñan en avivar la estampa. Aunque solo sea para devolver algo de lo que esa chica ha depositado en esta pequeña esquina bajo la iglesia.

Las plantas se esconden porque son tímidas. No quieren que el mundo descubra que han elegido a su preferida. Y que su preferida no es otra flor. Claro, las tomarían por locas. Por eso lo llevan en secreto. Las flores ocultan su pasión aunque de vez en cuando tanto color las ponga en evidencia.

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