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Los últimos tres minutos y medio de la TransAndalus 1 comentario

Después de 2.200 kilómetros, volvía a Antequera por el camino que llaman de Las Arquillas. La típica emoción de los momentos finales para terminar la TransAndalus. Claro que ha tenido su coña esta jartá de kilómetros para terminar en el follaero municipal :-) :-)

Vuelta a la normalidad: el espectáculo del paro Sin comentarios

Royal WeddingTras el periplo transandalusero toca retomar la actividad cotidiana. Hay que repasar tareas pendientes, actualizar compromisos, leer textos que han quedado marcados para cuando tuviera algo de tiempo, planificar la participación en diversos saraos… Vamos, lo de siempre. Y eso sí, confirmar que en la vuelta a la realidad, la sociedad del espectáculo brilla poderosa mientras muchas personas pierden la batalla por disponer de una actividad laboral, sea la que sea.

Lo de la boda real británica seguro que le da a Christian Salmon y a Gilles Lipovetsky para escribir otro par de libros a cada uno. La realidad se ficciona para deleite del pueblo. El gasto se convierte en inversión. La realeza, ese anacronismo boyante de pleno siglo XXI, interpreta sus mejores escenas ante las masas. Millones de audiencia, portadas para la prensa y una atención mediática que, en definitiva, lucha con lo mejor de la ficción. Es economía, estúpido.

En paralelo, por aquí las estadísticas hablan de casi cinco millones de parados. Y surge, por tanto, la gran duda: ¿qué titular ofrecer? Triunfa el cuento de hadas, la evasión, el final feliz. ¿Para qué colocar delante esa realidad oscura y fea que nos avergüenza pudiendo mostrar un dedo real con un anillo que seguramente no está comprado en el baratillo? Pues eso, a fin de cuentas, la noticia es la noticia, vende periódicos y consigue audiencia. Y eso es economía real. Para que te enteres. No solo del paro vive el hombre.

Por cierto, la bolsa subió ayer también. Los datos de paro esta vez parece que no afectan a los movimientos de dinero de los inversores. La actividad laboral es un mal necesario para que las empresas consigan beneficios. Lo disfracemos como queramos. La macroeconomía se aleja de la ciudadanía rasa y ofrece un guión donde las personas son, no ya actores secundarios sino que reciben unas migajas en forma de extras. Se necesitan para que la película funcione pero como algún día lo digital consiga colocarlos sin corporeidad presente, adiós al dinerillo por ser extra.

Así que de nuevo me pongo con mis cosas. Tengo trabajo. Qué suerte que tengo. Estamos en la parte afortunada. La campana de Gauss nos coloca en el lado bueno, en el que mañana hay más y más proyectos por acometer. Mientras, en la gran zona normal de la campana se agolpan los prescindibles. Gente que trabaja pero que pude dejar de hacerlo en aras de una economía de ficción. Tan real que asusta. Y no debería ser yo quien dejara de tener miedo, que también viajo en el mismo barco.

10 voces en Andalucía Sin comentarios

Barcaza en el Guadalquivir

Lo escuchas y sin saber por qué se convierte en un recuerdo que queda anclado en algún rincón de tu memoria. Son sonidos unidos también a imágenes concretas, pero se entienden mejor como voces. Las pongo en contexto para que lo entendáis.

¿Para Ardales?
El pastor con su jeep no se queda muy convencido de que subiendo para el puerto de Lifa y con el río Turón de por medio mi destino ciclista sea Ardales. Vamos, que me toma por chiflado. Quizá no le falta razón.

Venimos de Moguer. A lo que el camarero responde: ¿Y eso dónde está?
La escena sucede en una terraza de Sanlúcar de Barrameda. ¿Tan lejos queda Moguer o es un agujero negro sin identificar? Así que con este hombre… ni mentar a Platero.

¿Huelva? Eso es por Portugal
Entrañable escena en la hospedería Colón en Antequera con una señora mayor que me acompaña a la habitación y que luego me explica que el Internet va muy lento. Le digo que vengo desde Huelva pero para ella eso anda por Portugal.

Viene bueno, se van las nubes
Un restaurante a pie de playa arrasado física y emocionalmente por el temporal en Conil. Allí un lugareño deja pasar las primeras horas del día mirando a una mar que le dice que escampará. En aquel momento todo un placer escuchar esa sabiduría popular.

Beeee, beeee
Vale, no son humanas. Pero arriba en el puerto de Lifa al cruzar un prado bien verde y rebosante de agua, las ovejas me obsequian con un precioso concierto de balidos. Voces animales.

¿Y qué haces en el cole? Trabajar
En la estación de autobuses de Antequera se me acerca un niño, Agustín (eso creo entenderle al menos) y jugamos a grabar con el iphone. Me explica que el al cole va a trabajar. Ya lo entenderá más adelante.

Nací en Cruces
Perdido en El Colmenar un alojamiento de turismo rural que ofrece terapia naturista. Ambiente hippy, comida vegetariana y una familia que se dedica a estas cosas. En un momento de la conversación lo dice: el chico que cocina también nació en Cruces (el hospital donde nace mucha gente de esta parte del sur de Islandia). Pequeño el mundo.

¡¡Zapatero, dimisión!!
Barcaza de Sanlúcar de Barrameda. Revuelo y movimiento de gentes con un bullicio curioso. ¿Qué pasa? Hasta que las voces gritonas lo explican: ¡Zapatero, dimisión! ¡Zapatero, dimisión! Y Zapatero hace el paseíllo hasta la barcaza.

¿Eso que lleva ahí es el radar?
Bueno, supongo que el GPS y la cámara me dan un aire de la NASA. Así que, ¿por qué no iba a ser la cámara un radar para pillar incautos a más de 110km/h?

Vas a tener problema de rodillas
Es la profecía de la mujer que dio un masaje en El Colmenar. En realidad ha sido mi pasado y espero cuidarme para que no sea mi futuro. Claro que algo noto ella en estas rodillas mías.

Terminamos la Transandalus en Antequera 3 comentarios

Moles de piedra del Chorro hacia Valle de AbdalajísTiene su gracia pero fue en este mismo locutorio de Internet aquí en Antequera donde escribí el comienzo de mi periplo transandalusero en julio de 2009. Ahora casi dos años después ya puedo decir que está terminada. Bueno, uno no sabe dónde terminan estas cosas, porque una cosa son los kilómetros por pistas y senderos y otra bien distinta los recuerdos con que te quedas. Y estos juegan de formas imprevisibles. Supongo que en la Andalucía rural quedan muchos caminos esperando que una bici los recorra, compartiendo espacio con animales y humanos.

Hoy la etapa ha sido durilla. Mucho desnivel acumulado en un sube-baja constante. La bajada al Chorro era de esos tramos que esperaba con ganas. A ratos montado y a ratos andando, el senderito baja desde una presa arriba hasta otra abajo. Quizá sean 200-300 metros de desnivel entre una y otra. Curiosa mano del hombre en un paisaje agreste que se hace duro para la bici.

En Ardales el día amanecía temprano. A las 7:30 de la mañana la plaza bullía por sus cuatro costados. Dos bares abiertos, los hombres con sus cafés y sus carajillos (no he visto ni a una mujer) y el día que arrancaba con el cielo azul. Nada más salir, cuesta arriba. Subir y subir para luego entrar en un continuo rompepiernas por pistas perdidas en las que sólo parece tener cabida el tránisto de quienes van al campo a trabajar o de quienes andamos con la Transandalus a cuestas.

En El Chorro tocaba reponer fuerzas en el bar del camping. Porque otro cuestón de aupa estaba esperando. La pista se pega a unos enormes bloques de piedra que marcan el horizonte. Mientras das pedales a 5 km/h te sientes bien poca cosa. Avanzas tan despacio como lo haría cualquiera andando. Y miras hacia arriba porque sabes que en el algun sitio terminará y entonces todo será dejar que la bici baje rápida hasta el siguiente pueblecito: Valle de Abdalajís.

Se atraviesa de lado a lado. Andan quitando los adornos festivos de la calle principal. Los camiones de reparto hacen su trabajo mientras los jubilados dejan pasar el tiempo hablando o vagando sin prisa de una esquina a otra. Subo por una calle estrecha hasta dar con la panadería de la fuente de arriba. Unas galletitas para afrontar los últimos kilómetros. Quedan 22 km para Antequera. El tipo que atiende me pregunta por el viaje que hago. Casualidad: preguntas cuando estoy a punto de terminar. Y le cuento toda la película, resumiendo dos años en cinco minutos.

Para no faltar a la tradición, la salida de Valle de Abdalajís es otro buen cuestón por campos de cereal. El sol se ha decidido a apretar un poquillo para despedir la TransAndalus. Y hasta el viento pega de atrás. Una vez arriba los diez kilómetros que quedan se hacen deprisa, incluyendo el último tramo por un camino entretenido, el de las Arquillas, que sobrevuela por la ladera para terminar en el “follaero municipal”. Lo deja claro una pintada en el bordillo de la acera para dar la bienvenida a Antequera. Hazte 2200 km para llegar al final con este mensaje. Tiene su gracia. Eso sí, a la una del mediodía el “follaero” estaba vacío ;-)

Ahora queda recopilar material, ordeanr algunas cosas y ver qué sacamos de estos viajes documentados a través de posts en este blog. Las entradas de los cuatro bloques de mi TransAndalus las puedes consultar aquí:

Por otra parte, los tweets con su mapa están disponibles va tweetpaths introduciendo mi usuario de twitter y las fechas entre el 19 y el 27 de abril. Hay también un album en Flickr (tengo que meter más fotos) y subiré también algunos videos. Ya iré contando por aquí porque esto es el comienzo de nuestro proyecto Rodamos Suave Suave.

Por cierto, muchas gracias a todas las personas que me habéis acompañado vía twitter. Nos vemos ;-)

Por la serranía de Ronda entre ovejas Sin comentarios

Sol de mañana a la salida de RondaAgradable la charla con el hombre que atendía en el hotel de Ronda: los 101 km están a la vuelta de la esquina. Esta marcha de bici de montaña (que organiza la Legión) se ha convertido en seña de identidad del lugar. Acoge a más de 7000 ciclistas este año y eso es mucho pastel. En el caso del hotel en que me hospedo están ya completos a cuenta de una reserva “masiva” desde Badajoz. Ver para creer.

Desayuno tranquilo porque al final he decidido ir más “suave” aún. Hoy no he llegado a los 50 km, pero han sido duros en su primera parte hasta El Burgo. Subida larga hasta el puerto de Lifa para dejar Ronda al fondo tras los tapices verdes que ofrece el cereal en estas fechas. En el camino un pastor con su jeep conduciendo un rebaño mientras la mujer recorre el camino a pie para que no desmanden.

Arriba en el puerto de Lifa hay una granja. He tenido que cruzar un campo repleto de ovejas que me han ofrecido un espectacular concierto de balidos en re menor. Luego, tras pasar la segunda cancela y salir del cercado, comienza la bajada, a rato andando y a rato en bici, hasta encontrar en lo hondo del valle el río Turón. Bajaba bien hermoso y tras un incidente que me ha dejado sentado sobre unas aulagas (menos mal que todavía están un poco verdes), hemos vadeado el río con baño incluido.

La guía oficial decía “por lo general seco”. No ha sido el caso, pero mejor de esta forma, que eso quiere decir más vida. El vadeo ha tenido su gracia porque no era capaz de encontrar el lugar más adecuado. Oía voces de gente que desde el otro lado parecía que iban a cruzar pero solo cuando yo ya estaba en su lado y ellos en el mío he sido capaz de verlos. Así que la bici y yo hemos salido limpitos del Turón… pero por poco tiempo porque la subida hasta la pista era por un pequeño barrizal. Nada a lo que no esté ya acostumbrado, jajajaja.

Por una pista ancha y fácil y en su mayor parte descedente, enseguida me he plantado en el bar de la plaza allá en El Burgo. Un poco de hielo en la rodilla, una bebida para retomar el aliento y un tratar de entender lo que la gente del lugar hablaba. Imposible. Otra lengua. Un mundo de sonidos de los que la mitad son incomprensibles para mí. Curioso para quienes venimos del norte. Quizá al revés pase lo mismo aunque me da que no en la misma intensidad.

Salir de El Burgo ha sido reencontrar al olivo. Una subida por una pista cuyo suelo se rompía a medida que subía. Primero olivar, luego cereal, arriba pino y cuando bajaba para Ardales incluso algunos frutales. Nada que ver con los alcornoques y quejigos de días pasados. Hemos cambiado de paisaje. Moles calizas salpican el paisaje y el cereal, verde intenso, coloniza las llanuras.

En fin, que hoy es el primer día que usamos la infraestructura de Guadalinfo. Es aquí en Ardales, otro pueblo en cuesta, por cierto, como Facinas. Mañana terminaremos la TransAndalus. Habrán sido más de 2.200 km más los de propina de pequeñas pérdidas aquí y allá. Muchos recuerdos que ya iremos (des)ordenando poco a poco. Hasta mañana.

De El Colmenar a Ronda, entre barro anda el juego 2 comentarios

Nota.- Post escrito desde el móvil

Ahora mismo la tormenta descarga sobre Ronda. El cielo negro negro no dejaba lugar a dudas. Truenos tras los relámpagos junto a unos enormes gotorrones que suenan de lo lindo ahí fuera. Venan ya esta camino de Manilva de donde se ha subido a pasar la tarde conmigo. Todo un detalle. Mil gracias, te debo una comidita en Bilbao ;-)

El día ha salido precioso. Desde Colmenar una agradable subida por carretera hacia el Puerto del Negro dejaba el pueblo pegado al valle con los primeros rayos tímidos de sol. A medida que subía se abrían horizontes, cargados de verde y azul, vegetación y cielo despertando con la luz de la mañana.

Después se coge una pista que tras pasar por un cortijo se convierte en un constante disfrutar: cabras en el camino, corcho de los alcornoques, quejigos espectaculares, verde radiante…, un tramo para recordar, de veras. De lo más bonito de la Transandalus, aunque son tantas las etapas que van quedando ancladas al recuerdo que la colección de momentos mágicos se va haciendo bien extensa.

Este tramo finaliza en un alto, el puerto de Las Heras. De ahí para abajo. Claro; si no fuera porque un barro pastoso, espeso y pegadizo se quería quedar a vivir conmigo y sobre todo con la bici. Vuelta para arriba; imposible seguir en esas condiciones. A limpiar toca, como puedo. Y a buscar alternativa para retomar ruta más adelante. Maravillas del GPS, no problem.

El siguiente tramo es una vía pecuaria, la Cañada Real de Gibraltar, que comienza ancha y luego se vuelve “graciosa”. Paso por debajo de las vías del tren donde me doy el primer baño en un caudaloso riachuelo. Luego llega una zona de sendero, un PR, que está hecho un fangal aunque al menos hay que cruzar varios arroyos donde dejar que el agua nos limpie un poco, a mí y a la bici. Veo caballos: claro, ya entiendo el fangal.

Tras mis amoríos con el barro, decido seguir por carretera para Ronda. Toca una hermosa subida hacia Benaoján. Porque aunque el pueblo está no muy alto respecto al río Guadiaro queda por medio una hermosa carretera que sube por las crestas calizas de la serranía. Todavía con barro a cuestas decido pasar por manguerazo: la misma medicina para máquina y humano.

Quedaban catorce kilómetros para Ronda y en el camino he decidido parar a comer. Es cuando Venan me ha pasado mensaje de que se acercaba a Ronda para saludarme. Encantado. Así que hemos pasado la tarde callejeando. Tremenda turistada, para lo que uno acostumbra en la Transandalus. Pero hay que reconocer que este sitio lo merece. Espectacular, no cabe duda.

Creo que voy a tomarme dos etapas para llegar a Antequera más tranquilo. Hoy han sido más de 1500 metros de desnivel acumulado, como ayer. Los caminos están muy pesados por las lluvias y mejor voy con calma. Dos etapas para cerrar los más de 2000 kilómetros de Transandalus. Hace ilusión terminar.

De Castillo de Castellar a la lluvia otra vez 1 comentario

Nota.- Post escrito desde el móvil

Cuando todo parecía indicar que lo del agua iba a ser solo lo que se veía en el pantano a los pies de Castillo de Castellar resulta que no, que no para. Esta vez en el monte bien arriba, tras un lugar llamado la Carrera del Caballo, el cielo se ha desplomado en forma de lluvia torrencial. O sea, que he disfrutado de una bajada gloriosa hasta El Colmenar, divertida entre charcos y arroyos improvisados en mitad de la pista.

Hoy ha sido el día en que Alberto ha tomado las de Fuengirola y se ha ido de nuevo hacia la costa, que es lo que le gusta. Por cierto, supongo que contento con la victoria del Athletic sobre la Real ayer. Tras una divertida bajada desde la fortaleza medieval allá arriba por una carretera que se convertía primero en pista, después en cauce de un arroyo y finalmente en un buen fangal, Alberto ha girado a la derecha y yo a la izquierda. Adiós, compañero, hasta la próxima. Un placer dar pedales en tu compañía.

Para Jimena de la Frontera he tomado la opción carretera porque ya sabía por Jaime (quien nos acompañó en el diluvio por las marismas de Puerto de Santa María) que la pista sería una merendola de barro. Esto me ha permitido también celebrar en la típica venta de carretera el ritual de la tostada con aceite… y una bola extra que ha consistido en un espectacular bizcocho. Ya, vale, que no hago más que hablar de comer. Pues sí, es que dar pedales debe ser la excusa ideal para hacer hueco en el estómago.

Tras cruzar Jimena por una buena cuesta ha comenzado la parte bonita de la ruta del día, primero acompañando al río Hozgarganta y luego con una preciosa subida hasta la loma de los Cerquijos entre quejigos y alcornoques. Y allí estaba una pareja de la Guardia Civil haciendo fotos a una de las pequeñas cascadas que aparecían en multitud de rincones. He estado de cháchara con ellos hablando de la TransAndalus y de lo verde y espectacular que está el monte por aquí en primavera.

El día lucía precioso, aunque allá arriba asomaban nubes. Luego, ya pasada la loma y cuando quedaba solo bajar los quince kilómetros hasta El Colmenar, todo ha sido un llover y no parar. Así que he aterrizado en el pueblo como un nazareno, sin cruz a cuestas pero calado hasta lo más hondo de mi ser. Menos mal que la cacharrería, en sus bolsas de plástico, ha aguantado.

Quería ir derecho al hotel. Pregunto a un lugareño y ni idea. Entro a un bar, pregunto a otro y tampoco. Que no, que eso no está aquí. Joooder, resulta que he reservado en un pueblo llamado “Colmenar”, también provincia de Málaga, y no en esta pedanía, que se llama “El Colmenar”. Menos mal que he conseguido habitación en Ahora, un complejo de varias casas con habitaciones bien chulas (al menos la mía lo es) con aire ecológico.

Tras una comida vegetariana me he venido al salón comunitario a escribir desde el móvil este artículo. Eso sí, previo paso por masaje, que he visto que ofrecían en este alojamiento. Qué dura la vida del cicloturista de montaña ;-)

De Facinas a un castillo en lo alto 4 comentarios

Al fondo la bahía de AlgecirasCómo no, a las siete de la mañana se escucha un buen estruendo de lluvia fuera de la habitación. Guan mor taim. Todo hacía presagiar otro divertido día de lluvia y pedaleo. Pues no, casi ni una gota. Y claro, se echa en falta ;-)

Desayuno en el hotel y a coger carretera hacia Facinas, básicamente un pueblo en cuesta. Porque desde lo alto hemos bajado a un mar de modernos molinos de viento para enseguida adentrarnos en el Parque de Los Alcornocales, verde a rabiar. Tremendo parecido con nuestra tierra allá al norte. Desde luego que es uno de los tramos estrella de la TranAndalus.

Carretera preciosa con incidente incluido con una pequeña cabritilla separada de su rebaño y a la que no podíamos ayudar a volver al otro lado de la alambrada. En fin esperemos que el instinto animal la haya ayudado a regresar por el sito por donde salió.

Dejamos la carretera para subir poco a poco entre alcornoques. A pesar de la lluvia de los últimos días, la pista está muy bien. Nos vamos encontrando con mucho ciclista local. Se ve que es la típica zona por la que anda la gente de Algeciras y alrededores. Pistas limpias que nos dejan de un collado en otro con vistas espectaculares al estrecho y África (suponíamos) allá enfrente. También la bahía de Algeciras tras un manto verde.

Un último tramo de carretera nos ha acercado a Castellar de la Frontera y de ahí al castillo, que queda en un promontorio. En traducción ciclista: hermosas cuestas finales para rematar los más de noventa kilómetros que nos hemos metido entre pecho y espalda.

Por cierto que estamos aquí discutiendo cómo colgar la colada. Joder, si es fácil, Alberto usa por favor la segunda habitación, que he dejado las ventanas abiertas y hay buena corriente. Ahhh, estos hombressss. Y es que hoy estamos alojados en una casa rural con tres habitaciones y un par de millones de camas. Tremenda casa de pueblo aquí en el castillo de Castellar… donde ya sabemos que también posee vivienda Felipe González. Pero no debe estar porque, si no, ya nos han comentado, habría guardia civil por aquí cerca.

Así que aquí este pueblecito es en sí una fortaleza llena de hippies y con su peña flamenca. Callecitas empedradas que dan cobijo a un racimo de casas, unas cuantas acondicionadas para el turismo rural. Como es el caso de la nuestra. Productos artesanos, orfebrería, tiendecitas de hippies. Y dos tíos que han subido en bici. Es que la TransAndalus pasa por aquí. Buena elección.

Por playas y acantilados 6 comentarios

Barriga de atún a la planchaDe mañana el viento y el agua se escuchaban desde la cama antes de levantarnos. Las ráfagas, fuertes a ratos, hacían presagiar lo que luego ha sido una realidad: una primera parte de etapa transandalusera con los huesos bien calados. Ya de camino hacia las urbanizaciones de Novo Sancti Petri y Torre del Puerco hemos parado bien temprano a desayunar mientras fuera arreciaba la lluvia. Inmensas tostadas andaluzas con su buen aceite; sencillo y bien rico. ¿Seguimos? Parece que para un poco…

Dos minutos después el cielo se desplomaba sobre calles desiertas de urbanizaciones que esperan más público con mejor tiempo. Las avenidas tristes e inundadas se iban sucediendo. Hasta que hemos decidido parar por un momento y esperar a que solo lloviera y no diluviara. Y enseguida, a pesar de la lluvia, el terreno se ha puesto espectacular en los acantilados de Cabo Roche. Veíamos la silueta de su faro recortada contra la lluvia mientras abajo las olas azotan la costa. Espectacular momento.

Bajamos a la playa de Conil donde charlamos un rato con un buen hombre que nos orienta sobre el tiempo: va a escampar. Y la sabiduría popular mirando a la mar no da pie a la duda. Poco a poco el día ha ido mejorando hasta dejarnos hacer la última parte sin chubasquero y en manga corta. ¡Quién lo iba a decir a primera hora de la mañana!

De Conil cogemos un senderito paralelo a la costa que nos deja en la playa del Palmar. Hay que buscar un sitio para tomar un cafelito y quitarse de encima algo de la humedad que llevamos. Al azar cae uno con la música bien alta: el Cigala suena poderoso. Y Alberto, claro está, encantado. Allí estamos un buen rato, dejando pasar un huequecito de tiempo sin dar pedales, twitteando y viendo que también en Viernes Santo hay actividad en Internet. Con algo de pereza dejamos el bareto y seguimos ruta.

Barbate es el siguiente destino (previo paso por el Faro de Trafalgar), al que llegamos por carretera, aconsejados por el típico lugareño alemán. Primeras cuestas desde que comenzamos en Moguer. Se agradecen (cosas mías). El estómago ya avisa de que ha hecho hueco para avituallamiento sólido. Así que en Barbate nos metemos una impresionante barriga de atún a la plancha. Si no la habéis probado, hacedlo; no os arrepentiréis.

Tras Zahara de los Atunes, carreterita hacia la playa de Bolonia. Tremenda la duna que se divisaba. Y desde allí una subida con viento a favor para bajar luego hasta este hotel en el que estamos. Por cierto, me estoy dejando los dedos en el teclado, que es lo más parecido a una máquina de escribir que he encontrado en muchos años. O aporreas teclas o no hay manera ;-)

De Sanlúcar al diluvio Sin comentarios

Nota.- Post escrito desde el móvil

Bueno, en realidad hemos terminado con un sol imposible de concebir a lo largo de cualquier momento de la mañana. Ni el más optimista, o sea Alberto, que se ha venido con su traje de baño, hubiera sido capaz de imaginárselo. Pero a las seis de la tarde ahí que estábamos paseando por la playa de La Barrosa, viendo las piruetas de las estrellas del kite surf local.

El día empezaba a las ocho tras unas tostadas (tostadas enteras, que no medias) en un bareto surrealista con mezcla de Semana Santa y Marilyn Monroe. Nos hemos encontrado luego con Fran, Carlos y Jose, además del arco iris sobre el Guadalquivir. Nos han acompañado hasta Puerto de Santa María, donde ha cogido el relevo Jaime. Hoy todo un lujo con acompañantes transandaluseros de postín.

Primeros kilómetros agradables por la vía verde de Chipiona aderezada con unos buenos baches y algún que otro resto de invernadero guarro guarro. Cháchara primero con Fran, luego con Carlos (vaya crack de la cartografía digital) y también con Jose. Este tramo, cómo no, ha terminado en la Parrilla Venta Las Tinajas. Esta gente del sur se ha dopado con unas tostadas de manteca, pero sin zaparra. Bah, unos flojos estos lugareños :-p

El caso es que ha sido salir de Las Tinajas y ¡zas! Toma chaparrón… hasta final de etapa. Para darle más emoción Carlos ha decidido que la cámara de su rueda delantera necesitaba más presión mientras los demás nos empapábamos medio kilómetro más adelante esperándole. A todo esto con la incorporación de un espontáneo que nos ha hecho conformar un sexteto de ciclistas.

Llegamos a Puerto de Santa María… santa maría madre de dios la que caía. Chuzos de punta. Jaime nos esperaba en el muelle del vapor con toda una jauria de jubiletas resguardados de la lluvia como buenamente podían. Abrazos y apretones de manos, pero sin una triste caña ni unas gambas que llevarse al paladar. Nos hemos despedido de Fran, Carlos y Jose, que han vuelto para Sanlúcar mientras Jaime ha tenido el detallazo de acompañarnos unos kilómetros por un caminito precioso a través de la marisma bajo el diluvio universal.

Una charla con Jaime me ha hecho descubrir su proyecto de recorrer en bici algunas islas comenzando por La Palma. Curiosas conexiones porque aquí el que escribe comparte afición junto a Boquitas Pintadas por territerios isleños. Tiempo tendremos de compartir experiencias.

Luego de despedirnos de Jaime atravesamos Puerto Real por su paseo marítimo para afrontar la última parte del tramo de hoy. En poco más de una hora estábamos metiéndonos un buen menú cerca de la playa de La Barrosa muy cerca de nuestro hotel. Y tras el diluvio, sol y cielo azul. Caprichos de la costa gaditana. Incluso ha dado tiempo para un paseo. Eso sí, ahora mismo, desde aquí en el hotel se ven unos nubarrones más negros ahí enfrente…

De Moguer a Sanlúcar de Barrameda Sin comentarios

Camino de Sanlúcar por la playaImagina una playa. Imagina 33 kilómetros en los que puedes pedalear por arena mojada. Las maravillas de la marea baja y una playa larga y ancha. Era “la etapa” de este tramo final de la TransAndalus que espero terminar en Antequera. Claro, cómo no pensar que pedalear por un lugar así durante tantos kilómetros no iba a ser una gozada.

Ahora imagina un viento en contra que te clava y no deja ir a más de 10 km/hora. Con 50 kilómetros ya recorridos en tus piernas, desde Moguer. Una pedalada, otra pedalada, viento y más viento. ¿Monotonía? Para eso estaba la guardia civil. Con controles. ¿Controles? De repente en uno de ellos un número nos dice que a lo mejor tendremos que darnos la vuelta. Sorpresa e incredulidad. ¿Por qué? “Hay una personalidad”. Sí, es frase literal. “Una personalidad”

Al final resulta que Dios aprieta pero no ahoga. Poco a poco hemos podido llegar hasta la barcaza que cruza al otro lado del Guadalquivir. Y mientras comíamos en una terraza en Sanlúcar: ¡Zapatero, dimisión!, ¡Zapatero, dimisión! Risas varias porque el séquito del presidente del gobierno, con policía, autoridades, guardia civil y toda la parafernalia que queráis ha hecho acto de aparición para cruzar en la barcaza al otro lado. Así que había tanta guardia civil por la playa.

Antes habíamos amanecido en Moguer con  un estruendo de chaparrón que no presagiaba nada bueno. Pero el día ha sido estupendo en cuanto al tiempo. Nos hemos mojado un poco a primera hora, pero nada que el viento no fuera capaz de secar enseguida. Y eso sí, viento, viento y más viento en contra. Una etapa llana que no lo ha aparecido. Cerca de 80 kilómetros que han resultado especialmente duros.

El carril bici que hemos seguido a la salida de Moguer nos ha conducido hasta un derrumbe que nos ha hecho retroceder. Un pequeño río ha recuperado su espacio y se ha llevado por delante un puentecito por el pasaba el carril bici. El pedaleo por esta zona que se adentra en el Parque de Doñana es bien agradable.

En fin, pues esto es lo que hay. Hemos filmado bastantes cosas, aunque no me siento muy ágil con el iPhone. Además, creo que para hacer fotos me manejo mejor con mi cámara, aunque he de reconocer que poder subirlas a Flickr sin un ordenador de por medio es asunto interesante. Todavía no hemos entrevistado a nadie, pero ya tendremos tiempo.

Más fotos en el album de Flickr.

Desde Moguer, día cero de la TransAndalus 2011 Sin comentarios

Nota.- Post escrito desde el móvil

Día lluvioso y día soleado. Llegamos a Moguer tras dejar atrás el río Tinto, que queda rojo allá abajo. Hotel ya conocido con gente amable en la recepción, algo que siempre se agradece.

La tarde por delante para pasear. Las trazas de Juan Ramón Jiménez te siguen los pasos pues se aparecen en cada rincón. Una pensión Platero, un azulejo con una inscripción, una plaza, una calle. Mientras, el cielo sigue amenazando con impedir la salida de los pasos de la procesión, aunque según nos enteramos, es de parigüelas, nada serio por esta parte del sur de Islandia.

Dejamos que el tiempo transcurra. Espera la bogeguita de Los Raposo, lugar donde sí o sí, hay que tomarse unas raciones. Recuerdo cuando estuve hace un aňo y por la tele echaban un partido de la Champions del Barça. Fue curioso ver cómo animaban los africanos que trabajab por aquí a “su Barça”. Iconos globales.

En fin, es el primer día de la TransAndalus. Abajo otro par de bicis embarradas. Mañana empezaremos a dar pedales #rssuave

Nos ha dado tiempo a trastear con el iPhone y abrir un album en Flickr. También hemos descargado fotos y pequeños videos en el disco duro externo por gentileza de la chica de recepción. Todo fácil.

Tranquilidad. El tiempo reposa.

De Bilbao a Moguer, TA día 0 6 comentarios

burrosDía cero. ¿Cero? Mentira porque hay muchos días por detrás pensando cómo hacer todo esto. Rodamos suave suave se pone en marcha, hasta donde la rodilla izquierda lo permita. Hoy toca día de traslado en coche. Cerca de 1000km para bajar más al sur de Islandia, al pueblo de Juan Ramón Jiménez. Con unas burritas en vez de un burrito para moverse por los caminos: son las bicis. Me voy con Alberto, que me acompañará hasta el domingo. Luego pedales conmigo mismo.

Es día para cambiar punto de vista. De una costa a la otra, de una rutina a otra. Cada día me espera para ir rodando sin prisa. Hay que descubrir rincones y perspectivas. Con la cámara GoPro de vigia para el camino y con el iPhone para recoger momentos concretos. Porque, aunque suene extraño, el viaje también sirve de plataforma para aprender. Queremos desarrollar una metodología sobre la producción de video en ruta cuando no llevas un ordenador a cuestas.

También es cierto que no tengo del todo claro si este afán por exprimir un viaje en bici no resulta un tanto neurótico. En vez de dejar que el tiempo transcurra y que cada pedalada sea solo lo que conduce de un lugar a otro para desintoxicar neuronas, aquí estamos, queriendo grabar material para documentales. Como no tengo líos entre manos, allá va otro.

En fin, que no son todavía las cinco de la mañana cuando escribo esto. Me voy a recoger a Alberto y salimos para Moguer, a 110 km/h por estas autovías del progreso y el ahorro de combustible. ¿En coche? Joder, que soy de Bibao, otro año me bajo en bici ;-)

Conectando la TransAndalus con las islas Azores 1 comentario

Dos territorios lejanos, aunque los dos comparten costas oceánicas. Desde el martes, rodamos suave suave desde Moguer a Antequera para terminar la TransAndalus. Anuncian mal tiempo, con lluvia al menos para los primeros días. Muy lejos de allí, en Azores casi seguro que también lloverá.

Cada viaje suele tener su libro. Recuerdo a Montalbano en el viaje por los Pirineos de hace siete años o a Petra Delicado y su colega Fermín Garzón cuando empecé la TransAndalus en 2009. En este viaje será Dama de Porto Pim, una novelita de Antonio Tabucchi, de quien no he leído nada hasta la fecha y que tiene su película,  con Emma Suárez como protagonista. Ballenas, diminutas biografías y alguna que otra historia de amor que acontecen en una ficción aseteada por dosis de realidad. Dice el autor en su prólogo:

Efectivamente yo puse pie en tierra y este librito procede, además de mi disponibilidad hacia la mentira, de un periodo de tiempo transcurrido en las islas Azores. Sus temas son fundamentalmente las ballenas que más que animales parecen metáforas; y con ellaslos naufragios, que en su acepción de actos fallidos y de desastres, parecen asimismo metafóricos.

En la imaginación que todo lo puede, Andalucía se llenará de ballenas. Mientras la ruta avanza por la costa y luego penetra el Parque de los Alcornocales para dirigirse hacia la Serranía de Ronda, yo podré disfrutar del recuerdo de Faial, de Pico, de Flores o de San Jorge. Antiguos puestos de vigia para escrutar en el mar las ballenas. Aquí en Cádiz, allá al otro lado del mar, quizá veamos África, si el tiempo no lo impide.

Porto Pim fue el Puerto principal de Horta hasta 1878 y está enclavado en una bahía con una preciosa playa de arena dorada y aguas turquesa. De las fortificaciones que protegían la isla en el Siglo XVII sólo nos quedan el portón del viejo puerto Portão Fortificado de Porto Pim y los muros del pequeño fuerte de São Sebastião. A la izquierda de la playa está la vieja factoría ballenera convertida hoy en un interesante museo que nos ofrece información sobre lo que fue la industria ballenera.

Hace unos años tuve la ocasión de escuchar a un viejo trabajador de la fábrica de ballenas. Un pasado que se esconde del progreso porque el humano convirtió en indigna la pesca de ese tipo de mamíferos. Seguramente que no por las cantidades de una actividad con regusto heroico que se practicaba en las islas Azores, pero el progreso tiene estas cosas, que arrasa también con ciertas prácticas humanas. Pone en peligro de extinción especies animales y sepulta bajo la ignominia lo que antes fue motivo de orgullo.

La Dama de Porto Pim viajará por tierras andaluzas para poner el contrapunto y dar salida a un mundo paralelo. En verano, eso sí, nos iremos para allá, a escuchar viejas historias de la gente que miraba a la mar en busca de ballenas. Santa María y Graciosa cerrarán varios años de visitas a las Azores. Pero eso será en verano. Mañana mismo salimos para Moguer y quién sabe si en las costas gaditanas podremos ver orcas y delfines. O quizá sea una ballena que ve a los hombres.

La taza de café 2 comentarios

Un café con un poco de leche!Los rituales se convierten en cárceles. La taza siempre a la derecha. Dentro, un café caliente que termina la mayor parte de las veces por enfriarse. Es la escena que se repite en un guión que queda escondido bajo los escombros del anonimato. Una rutina que levanta el día mucho antes de que el sol sea capaz de hacerlo.

Un regusto que se pasea por el paladar y permanece allí anclado durante un buen tiempo gracias a su sombra alargada. Luego explota en mil pedazos y se lanza a ocupar más y más recovecos del cuerpo humano que lo ha ingerido. Juguetea en la boca, pero no se queda sólo ahí. Va en busca del cerebro, allá arriba. Se recrea, se imagina que inunda neuronas, invade por insistencia. La ficción da paso a la realidad: la droga hace su efecto.

Cada mañana igual. Una taza de café que no debería llamar la atención. Un acto mecánico, una pequeña herida en la incertidumbre que todo lo arrasa. Algo así como una defensa natural del organismo para saber que hoy también ha comenzado. En su sitio, con su espacio reservado, con sus lemas mudos sobre la cerámica, una taza de café que queda inmune a la turbulencia que se agita fuera.

¿Por qué no permitir que esa rutina se infiltre en las líneas enemigas? Lo cotidiano convertido en manual de autoayuda barata. Una taza de café que permanece muda y sin vida hasta que, por fin, muere. Una paradoja más que acaba en la fregadera del pensamiento. Agua, detergente y estropajo para volver a la línea de combate. Como si fuera tan fácil.

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