Sunday, Jul. 21, 2019

Lo normal es trabajar, ¿pero queremos esa normalidad?

Fábrica de cementoAyer Alfonso Vázquez me pasaba un enlace al texto de una conferencia que había impartido en Cataluña: El trabajo de lo normal. Son reflexiones sobre lo que es normal, lo que es el trabajo y lo que es, al fin, vivir hoy en día y trabajar. Os recomiendo su lectura, son ocho páginas que te llevarán poco más de quince minutos de atención. Me permito comentar algunos párrafos a partir de lo que ha escrito Alfonso.

Buena parte del texto da vueltas alrededor de lo que hoy en día se ha normalizado como trabajo: la asignación de un salario a cambio de un cierto tiempo de las personas para realizar una serie de tareas relativamente bien delimitadas. Los procesos, los objetivos, las pautas, los indicadores, todo un sistema que goza de relativa buena reputación: es en gran medida, la consecuencia de los modelos de calidad. Ya sé que teóricamente no sólo esto, pero también esto.

¿No sería ese trabajo anormal (no sujeto a la norma, escapándose de ella), el que propone un contexto de liberación, de realización personal de todas aquellas personas implicadas en un propósito de humanización?

Cómo no, me viene a la cabeza Líneas de futuro para los trabajadores creativos, el texto que ha resultado de las jornadas sobre Para quienes disfrutamos trabajando. Autoexplotación y trabajo precario -en este caso en el mundo de la cultura- a lo mejor van de la mano de una huida de los modelos “normales” de actividad laboral. O quizá las vías para conseguir satisfacción en todas las alturas de la pirámide de Maslow conduzcan a territorios donde nos apartamos de la lógica.

Porque uno de los argumentos de Alfonso es que el trabajo actual, el trabajo del conocimiento, excede de largo lo que el sistema productivo imperante es capaz de asimilar. Algo así como que no puede ser “trabajo normal” el trabajo que desarrollamos con nuestro conocimiento (recordemos que siempre usa la amalgama de pensamiento, emoción y acción para definirlo). Así pues:

El “producto” (valga la expresión, aunque limitativa) del trabajo cognitivo es siempre excesivo; no queda agotado en la mercancía (un producto o un servicio) sino que se expande en cada acto productivo, convertido en nueva potencia productora, de forma que genera (como ha sido visible en las últimas décadas) incrementos de productividad impresionantes, aun cuando, sin duda, nuestras estructuras empresariales y sociales, diseñadas para la era del trabajo físico, destruyan parcialmente tal productividad.

Son los estándares sociales vigentes los parecen impedir la “anormalización” del trabajo. Nuestra sociedad ha reducido la actividad laboral a un territorio delimitado por la eficiencia y la productividad, eso que puede medirse. Y si se puede medir… quizá ya no sea tan humano, sino una cierta reducción del producto obtenido. Hacer “normal” el trabajo es “insertar” a la persona en un esquema de relaciones sociales imperantes: éxito como consecuencia o, más peligroso, éxito como fin en sí mismo.

En definitiva, la propuesta de Alfonso juega con la idea de hacer anormal el trabajo porque la oferta actual, la normal, nos conduce a territorios que nos deshumanizan. En fin, que son dos textos, el de Alfonso y el de las jornadas de Para quienes disfrutamos trabajando, que hay que leer despacio. Seguro que salen ideas de ahí, seguro. Y, por cierto, en una situación de crisis como la actual, tampoco está de más, dejar aquí la reflexión acerca del gravísimo problema de quienes no tienen ni siquiera la posibilidad de acceder al trabajo “normal”. O sea, la posibilidad de trabajar, sin más.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(7) comentarios

  1. Aitor Calero García
    31/03/2011 at 11:03

    Efectivamente, no cabe duda que gran parte de los modelos de trabajo de hoy en día tienen su raíz en un momento histórico muy concreto: la revolución industrial. En ese época, la cadena productiva y la producción estaban muy determinadas por el concepto hora/hombre. En mi opinión, esa métrica no es ya validad en la sociedad de la información y sin embargo es la que seguimos aplicando. El cambio de paradigma costará mucho tiempo, y quien sabe si esta crisis u otra distinta, lo provocarán.
    Entretanto, muchos seguiremos de 9 a 2 y de 5 a 7, aun cuando no todos los días lo necesitemos, ni lo valgamos.

    • Julen
      11/04/2011 at 05:47

      @Aitor, efectivamente muchos modelos de trabajo no van con los tiempos actuales. Pero la inercia es tremenda y no es tan fácil cambiar. Hay muchas presiones.

  2. Pingback: El trabajo y su contexto

  3. Pingback: nujateri

  4. Yuri
    03/04/2011 at 15:57

    Por todo lo que comentas... yo defiendo en humanizar el trabajo, para que el trabajo sea, -como decía José María Arizmendiarrieta (principios cooperativa)- un medio de la trasformación social y de propio ser humano.

    No se si todo tipo de trabajos es posible que sea "utilizado" como medio de autorrealización o desarrollo personal. Está claro que algunos más fácil que otros y si no es posible, seguramente es un trabajo a ser deshumanizado, es decir, automatizable.

    De modo que, yo apuesto en cambiar (o recuperar en caso de coop.) el sentido del "trabajo" en sí mismo y eso hace que avancemos en humanizar lo posible todo lo que hacemos en lo que llamamos "trabajo".

    Suerte que tiene de gente que no es capaz de delimitar con nitidez el trabajo y el no trabajo. Aunque... no se si es solo cuestión de suerte o es más bien de actitud personal.

    Saludos :)

    • Julen
      11/04/2011 at 05:51

      @Yrui, pues sí, supongo que se trata de "cambiar el sentido del trabajo" o quizá de "recuperar" algo que perdimos por el camino. A lo mejor no hay que inventar tanto ;-)

  5. Pingback: QQ » ¿Realmente 9 de 10 se quiere ir al extranjero?

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