Wednesday, Jul. 30, 2014

Idea radical: implanta la práctica del gap year en tu empresa

Hacía ya mucho, mucho tiempo que no colocaba una idea radical sobre management. Son esos pequeños apuntes a través de los cuales tratamos de aplicar una mirada diferente sobre la gestión empresarial. Con la idea de provocar, pero también de, por qué no, considerarlas alternativas aplicables. ¿Qué te parece implantar en tu empresa una práctica sistemática de gap year?

Seguro que os suena ese anuncio de KitKat donde manejan la idea de la pausa. “Tómate una pausa”. Nada nuevo bajo el sol. Pararse, detener la mirada, romper con la inercia. Algo que en nuestra cultura contemporánea se lleva mal con la eficiencia. ¿Cómo dejar de producir?, ¿cómo permitirse salir de la rueda de la competitividad entendida al estilo habitual? ¿Qué será de nosotras/os cuando volvamos?

En el mundo académico, no obstante, aún se escucha hablar del año sabático, aunque resulte moneda de uso corriente. Más habitual, en cambio, es el gap year, algo que en la cultura anglosajona tiene un cierto enfoque iniciático o de experiencia personal intensa. Un año que se ubica en un momento de la vida donde se está aprendiendo (cosa que no debemos dejar de hacer nunca, claro) y el viaje puede suponer una considerable fuente de aprendizaje. Esta es la forma, por ejemplo, en que se concibe el viaje en el planteamiento del grado LEINN en Enpresagintza-MU o de cómo lo enfocamos también en TrendTrotters.

En la naturaleza la sabiduría popular también ha utilizado el concepto. Las tierras de cultivo se dejan en barbecho “con el propósito de recuperar y almacenar materia orgánica y humedad“, tal como describe la wikipedia. En todo esto la lógica es evidente: estos períodos de descanso “activo” forman parte de un ciclo natural que permite mantener o mejorar las cualidades al introducir en él una visión diferente de las cosas. Vamos, como ponerse otras gafas para interpretar la realidad.

Claro que el gap year puede requerir una negociación entre las partes, si es que hablamos de personas que están trabajando en una empresa. ¿Cómo organizar este año “diferente” dentro del curso habitual de los acontecimientos? Quizá sea un buen reto de gestión de un proyecto. ¿Cómo conseguir que resulte sostenible económicamente?, ¿de qué manera podrían generarse ingresos mientras dura esta experiencia? ¿Debería ser una ruptura total o sería mejor mantener puentes y colocar objetivos pactados a este tipo de actividades?

Desde luego que adquirir una visión global, relativizar puntos de vista y aprender de otras culturas es algo que debería enriquecernos como personas. Cada cual desde su visión particular. Pero con un trazo común: el del aprendizaje. Y hoy en día la distancia geográfica es menos obstáculo que nunca. La “conexión” admite formatos múltiples. No por estar a la mesa de una reunión, una persona está más conectada a lo que allí sucede que si lo hiciera desde otro punto lejano del planeta.

Buscar gap years en la gente que trabaja contigo es, por tanto, provocar un aprendizaje doble: en tanto que gestión de un proyecto y como fuente de aprendizaje en sí mismo. Creo que lo fundamental sería cómo pactar este período. Y no sería restrictivo. Hay muchas maneras de enfocarlo. La organización debería incorporar a sus prácticas de gestión esta posibilidad, estableciendo un enfoque de mínimos que en cualquier caso habría que cumplir. Algo similar a la manera en que se suele regular en el mundo académico. Se establecen unas condiciones y a partir de ahí, “ancha es Castilla”.

Claro que la visión cortoplacista y de eficiencia ciega en que nos movemos considerará que esto es imposible. Quizá asuste el lapso de un año. Bueno, podrían ser períodos más cortos. Quizá seis meses. Habría que buscar la justa medida de este tránsito, según lo que la persona se plantee. Integrar la cultura de gap year en una empresa es una forma alternativa de que las personas encuentren sentido a eso que hacen “dentro” de una organización. Creo que nos coloca en una dimensión más amplia, en un marco de colaboración donde se ensanchan los objetivos y donde nuestro compromiso sube de nivel.

Incluso dentro de una empresa puede haber diferentes enfoques de períodos sabáticos. En el barbecho se suele distinguir entre el labrado y aquel otro en el que ni siquiera se labra el terreno, aunque pueden quitarse malas hierbas por ejemplo. Pudiera concebirse como un continuo con diferentes alternativas, donde las posibilidades tienen que ver con los diferentes objetivos que se plantean. Y ojo, porque la oferta de empresas que ofertan servicios para organizar el gap year, por ejemplo en el ámbito anglosajón,  es bien completa.

En fin, ¿por qué no apostar por una manera alternativa de concebir la relación con las personas de una organización y proponer que diseñen y lleven a cabo sus experiencias de gap year o algo similar? A fin de cuentas las organizaciones las hacemos las personas y el bagaje emocional e intelectual que incorporamos en ellas puede tener que ver con el tipo de experiencias que somos capaces de desarrollar.

¿Has pensado como sería tu gap year?, ¿qué harías?, ¿qué territorios querrías recorrer?, ¿de qué manera? ¿Cómo podría reportarte una experiencia de aprendizaje valiosa? Anímate. Lo que hizo Iván no es tan complicado. Esa fue una forma, pero hay muchas otras. Encuentra la tuya.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.