Tuesday, Jul. 23, 2019

Fábricas llenas de ritmo y no de rutina

Case Goods conveyorAyer descubrí lo que ya sabía, pero que no tantas veces es evidente: las personas muchas veces organizan su trabajo al margen de lo que diseñan sus empresas. Y no hay que salir de las organizaciones clásicas para verlo. La forma en que una persona decide relacionarse con su trabajo es una decisión íntima y en los entornos fabriles habituales ocurre -quizá no tan escasamente como creemos- que hay quien hace de su actividad profesional delante de una máquina toda una obra artesanal.

Tener una máquina delante y estar sujeto al ritmo que marca no impide conquistar cotas de autonomía personal. Es un proceso complejo, que supone en buena parte reinterpretar esa parte degradante que toda rutina conlleva. Richard Sennett ya lo decía en El artesano (el subrayado es mío):

Repetir una y otra vez una acción es estimulante cuando se organiza mirando hacia delante. Lo sustancial de la rutina puede cambiar, metamorfosearse, mejorar, pero la compensación emocional reside en la experiencia personal de repetir. Esta experiencia no tiene nada de extraño, todos la conocemos: es el ritmo. Ya presente en las contracciones del corazón humano, el artesano ha extendido el ritmo a la mano y al ojo.

Apropiarse de la actividad profesional sin poseer ni los medios ni los materiales también es posible. Es una actitud; nada más, pudiera pensarse. Pero no sólo, porque suceden cosas tan curiosas como una que vi ayer. En un entorno altamente regulado, con un proceso delimitado por los cuatro costados -sistema de calidad desplegado al máximo- la persona que está frente a la máquina tiene “su herramienta”, que trae en su caja de herramientas personal. No la que le entrega la empresa, sino la suya personal.

La conversación gira entonces a la relación que tiene con esa máquina. Y descubres que aunque veamos 25 máquinas iguales, allí existe un mundo personal, íntimo, diferenciado. No hay estandarización que valga. Su “gancho” para desatascar piezas es su diseño particular, adaptado a su fuerza, estatura y maña. Y está ubicado en un soporte específico, un invento de quita y pon, que desaparecerá con su relevo. El compañero del relevo de noche será otro mundo.

La escena es sencilla: estamos escuchando a una persona que ha creado su microcosmos de satisfacción íntima con la máquina. ¿Hasta dónde quiere colocar en ese vínculo algo importante de su vida? Es algo que depende de ella. Es una decisión personal. ¿La empresa sabe que esa relación específica se da entre esa máquina y esa persona? Lo sabe, lo intuye… y lo respeta. Hasta cierto punto se queda al margen. No interviene. Deja que lo que tenga que ser, sea. Eso sí, esa persona se queja amargamente de que esa máquina está “sucia”. No quiere trabajar así.

Me acordé de algunas que escuché a Jesús Fernández en nuestra jornada sobre empresa y economía abierta del pasado 18 de febrero. Seguro que Yuri Noda también lo habrá visto. Cuando tienes frente a ti un mundo lleno de grandes avances tecnológicos y piensas que todo queda regulado, pues resulta que no. Que hay ¿enormes? espacios de creación individual en los ¿diminutos? actos cotidianos.

Hay muchos mundos en éste. Y también dentro de nuestras empresas industriales tradicionales hay actitudes artesanas que se traducen en un orgullo por el producto que se fabrica y por la actividad en sí que se despliega. Y en un mundo hiperregulado las personas encontramos alternativas. Sennett de nuevo:

En los talleres, las oficinas y los laboratorios se produce tanta improvisación como en las calles. Lo mismo que en el jazz, otras formas de improvisación implican habilidades susceptibles de desarrollo y mejora. La anticipación puede reforzarse; la gente puede hacer progresos en su capacidad para negociar lindes y bordes; puede hacerse más selectiva en relación con los elementos que decide variar.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(15) comentarios

  1. Ramon Sangüesa
    02/03/2011 at 10:42

    El concepto de ritmo me parece muy importante. También cuando que los entornos de trabajo sepan creara espacios para el ritmo personal y que el conjunto sea "ritmado". Sennett me sugirió esta reflexión:

    "La pregunta que me hago es cómo extender a un grupo humano esa noción de ritmo que Sennett había imaginado para el artesano individual."

    Estaba hacia el final de este viejo post

    cuando todavía andaba en una institución con la idea de innovar en sus procesos y forma de trabajo. Ahora estoy en otros entornos pero sigo viendo la importancia de lo que apuntas, sea en un lugar "innovador" o tradicional o incluso en estos nuevos lugares que se desarrollan fuera de los edificios y espacios habituales.

    • Julen
      06/03/2011 at 09:24

      @Ramón, esa parte de "ritmo" es muy complicada dentro de los modernos procesos industriales. La tecnificación ha pasado del humano que luego estaba a pie de máquina. Sin embargo, cuando bajas al taller el "ritmo" sigue presente de una manera hasta cierto punto ajena a esa programación maquinal. Es una especie de coordinación entre iguales que encuentra su hueco en el conjunto.

  2. Jesús Fernández
    02/03/2011 at 11:12

    Introduces un concepto importantísimo que abunda en la idea de que 'lo importante no es tanto lo que te pasa (que lo es), sino lo que haces con lo que te pasa'. Pero no es sencillo y muchas veces no lo hacemos sencillo ni personas ni empresas.

    Hace unos años (en un breve paso por una muy pequeña empresa) tuve la ocasión personal de "dialogar" unas horas (con cierta frecuencia) con una máquina, de acompasar nuestras intenciones mutuas, de domar sus posibilidades para adaptarlas a mi forma de moverme en el espacio que se definía a su alrededor. "Ritmo" es una analogía acertadísima que haces en este post, porque es lo que recuerdo haber sentido. Algo así como lo que percibes ese día en que notas que tu coche y la carretera se acoplan sólidamente a tu mente y a tu cuerpo... si te gusta conducir.

    Me ha gustado mucho esta cara B del disco. Cuando tu conciencia se topa con una realidad visible que es como ésta que describes, te das cuenta de que es posible. Y eso justifica la pelea.

    • Julen
      06/03/2011 at 09:26

      @Jesús, lo que ocurre es que eso que vi no es tan fácil de encontrar. La sobreorganización industrial empobrece en demasiadas ocasiones a las personas que la sufren. Al final, la gente se acomoda a lo que exige el guión.

  3. Yuri
    03/03/2011 at 01:16

    Vaya Julen... me has trasportado realmente al los primeros años de mi vida en la empresa donde estaba centrada en materia de la Calidad Total: 5S, Paneles, Minifábricas, TPM, SMED, Análisis Rojo-Verde...etc.

    Buscando un estándar - un ritmo continuo y compartido impersonal - y al mismo tiempo, tratábamos de que se originase un lazo emocional entre los trabajadores y SU máquina, SU equipo, ´SU proceso...haciéndoles partícipes del proceso de Impersonalización. Sí, visto así es una paradoja.

    Eso de “un invento de quita y pon, que desaparecerá con su relevo”… uy… miedo me da (es mi background de Calidad Total). Buscamos para que ese invento sea visible y reconocido que sea mejorada y estandarizada. Pero claro, eso hace que “quitemos” esa parte de la personalización –lo artesano -.

    Realmente la empresa – procesos - “aún” huimos de la personalización. Por supuesto hay cierto “dejar hacer”, pero no es por el respeto, es más bien por la tolerancia. Visto así… ¿Cómo motivar? ¿Cómo implicar? ¿Cómo hacer que es suyo?.... no es nada sencillo.

    Además, creo que ser un Artesano no siempre aspira a ser una Artista (según Seth Godin). Un Artesano se puede conformar con su microcosmos. Una Artista no.

    Y en una organización como la que estamos hablando, ser una Artista significa convertirse en un imprescindible o ser un hereje (de nuevo como explica Seth Godin). Los dos tocan Jazz. El primero es un solista, que toca muy bien. La organización le deja que toque a su manera. Un hereje no puede ser solista pero sí quiere tocar una determinada música.

    Un hereje tiene que crear un sonido ambiental. Sin interferir mucho pero que esté ahí. Aquí el truco está la capacidad de dar con sonidos armoniosos y jugar con el Volumen:

    No hagamos cambios bruscos de ritmo (orientación y coherencia) ni volumen tan alto (acaparar demasiada atención), porque dejaría de ser un sonido ambiental y convertiría en un simple ruido (resistencia al cambio) y será acallado (no para siempre, pero sí un ratito).
    Eso sí, tampoco tan desapercibida, porque entonces sí sería un microcosmos (sin generar cambio) y de eso no se trata.

    Fabricas llenos de ritmo sí, pero que no estén aislados (microcosmos), que podamos oír, combinar, unir, conectar. .. Es que … ¡Siendo honestos, necesitamos hablar de innovación, de competitividad y todo en clave de 12.0! ;)

    Un abrazo
    (ya lo siento… he dejado volar mi pensamiento ‘caótico’)

    • Julen
      06/03/2011 at 09:28

      @Yuri, lo que pasa demasiado a menudo es que la gente de a pie no interviene para nada en la creación de la partitura ;-)

  4. Carme
    05/03/2011 at 14:20

    Tan importante es lo que te pasa como lo que haces con lo que te pasa, pero muchas veces lo ponemos muy difícil, así es.

    Sólo muy de vez en cuando se da la circunstancia de que se dé cabida a las personas que hay en los operarios. De vez en cuando el operario que quiere pensar sabe que se le escuchará. La mayoría de las veces se descubren personas magníficas y quién sabe, aunque raramente, puede que haya operarios que descubran cosas que ningún ingeniero puede saber ni ningún software pueda encontrar... quién sabe, puede que además el cliente lo compre.

    Esto no pasa cuando quieres que pase, pero a veces pasa :-)

    • Julen
      06/03/2011 at 09:37

      @Carme, los talleres están llenos de pequeñas sorpresas a pesar de la apisonadora que muchas empresas han puesto en marcha. Descubrir a esa gente es algo estupendo.

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