Tuesday, Jul. 16, 2019

13 citas de El arte de la vida, de Zygumnt Bauman

De la enorme ristra de libros de Zygmunt Bauman, quizá sea El arte de la vida uno de esos que deja un sabor más agridulce. Uno no sabe si quedarse con la esperanza o con la desazón, con la posibilidad o con la depresión, con la ironía o con la cruda realidad. Sea como sea, dejo aquí una serie de citas que conforman una selección muy personal de la lectura, hace ya tiempo, de este libro. Lo he releído y he aquí esas citas con unos breves comentarios.

Curioso que fuera Robert Kennedy allá en 1968 quien dijera estas palabras, recogidas ahora por Bauman:

En una palabra, el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida.

Otra referencia nos trae de Laura Potter, nuestro yo-niño en pleno apogeo:

Con nuestro “culto a la satisfacción inmediata”, muchos de nosotros “hemos perdido la capacidad de esperar”.

La felicidad imposible porque el tránsito hacia ella es permanente. Un lugar al que nunca llegaremos porque cada vez que demos un paso se alejará algo más. La maldición de Sísifo moderna.

Uno de los efectos fundamentales de equiparar la felicidad con la compra de artículos que se espera que generen felicidad consiste en eliminar la posibilidad de que este tipo de búsqueda de la felicidad llegue algún día a su fin. […] Al no ser alcanzable el estado de felicidad estable, sólo la persecución de ese este objetivo porfiadamente huidizo puede mantener felices a los corredores que la persiguen.

El sentido de lo inmediato, eso lo que tenemos a nuestro alcance para ser felices. ¿Poca cosa?

Lo que antes era un proyecto para “toda la vida” hoy se ha convertido en un atributo del momento. Una vez diseñado, el futuro ya no es “para siempre”, sino que necesita ser montado y desmontado continuamente. Cada una de estas dos operaciones, aparentemente contradictorias, tiene una importancia equiparable y tiende a seer absorbente por igual.

Una explicación a la carrera desbocada por el poder y el dinero. Cada vez que se asciende en la pirámide del éxito queda menos gente. ¿De veras se disfruta de la soledad del éxito como última cota a conquistar?

¿Es el sentido del privilegio lo que hace felices a los ricos y poderosos? El progreso hacia la felicidad ¿se mide por número cada vez más reducido de compañeros de viaje?

La felicidad inducida, la obligación de ser felices. Las toneladas de libros de autoayuda siguen berreando consejos. O te exiges ser feliz o te lo inyectamos en vena, tú decides.

Podemos decir que el mundo generado por el “proyecto moderno” se comporta, en la práctica si no en teoría, como si los humanos tuvieran que ser compelidos a buscar la felicidad (al menos la felicidad esbozada por los que se han erigido en sus asesores y consejeros, así como por los redactores de publicidad).

El libro dedica un capítulo a la persona como artista de su propia vida. Creación y recreación de un sujeto que, haga lo que haga, necesita de su propia arquitectura y de su propia albañilería.

“Ser artista por decreto” significa que no acción también cuenta como acción; además de nadar y navegar, dejarse llevar por las olas se considera a priori un acto de arte creativo y retrospectivamente suele registrarse como tal. […] ¿quién puede saber cuál será el billete que ganará en el próximo sorteo de lotería? Sólo el billete no comprado carece de posibilidades de ganar.

Hacer y hacer. Hagas lo que hagas. Acción que se sucede a sí misma. Y si no haces, sigues haciendo. Un torbellino que se realimenta incluso de la calma. Todo vale.

Las historias modernas líquidas suelen centrarse más bien en el principio general de que, en un compuesto del destino benevolente, cualquier ingrediente añadido al azar, por común, sencillo e insignificante que sea, puede hacer que los cristales relucientes del éxito sedimenten en la turbia solución llamada “vida”. Cualquier ingrediente: no necesariamente el trabajo duro, la abnegación, el ascetismo o el sacrificio que sugerían las historias modernas clásicas. […]
Practicar el arte de la vida, hacer de la propia vida una “obra de arte” equivale en nuestro mundo moderno líquido a permanecer en un estado de transformación permanente, a redefinirse perpetuamente transformándose (o al menos intentándolo) en alguien distinto del que se ha ido hasta ahora.

Por fin, somos libres. Somos libres para comprar y para expresar lo que somos y quiénes somos. A través de la compra, de la libertad de aquirir un bien o servicio. Acto democrático último de nuestra moderna sociedad, que lo fue del bienestar.

En nuestra sociedad de consumidores, la necesidad de replicar el estilo de vida recomendado en el momento por los últimos ofrecimientos del mercado y elogiados por portavoces pagados o voluntarios ha dejado de asociarse a la coerción (una coerción externa y, por esta razón, especialmente ofensiva y enojosa). Al contrario, tienden a percibirse como manifestaciones de libertad personal (halagadora y gratificante).

Adiós a las separación, todo es híbrido, las trabacaciones y las travacaciones. Se nos junta todo en una escena única donde no hay intermedio.

Una de las causas principales de la impresión de que el paso de la “economía de la dirección” a la “economía de la experiencia” es claramente imparable parece ser la invalidación parcial de todas las opiniones categóricas, a causa de la disipación, atenuación o desaparición de las fronteras que, en otros tiempos, separaban con claridad las esferas independientes y autónomas y las áreas de valor de la vida: el puesto de trabajo de la casa, el tiempo de contrato del tiempo libre, el trabajo del ocio y, sin duda, los negocios de la vida familiar.

Culto a una vida que exige dedicación a un dios: eficiencia productiva. Trabajo que se extiende como teoría de los gases para ocupar todo el espacio disponible. Ahí está, invisible, siempre presente.

Estar siempre a entera disposición de los compañeros y jefes de trabajo, así como de los miembros de la familia y los amigos, se convierte no sólo en una posibilidad sino en una obligación, además de una necesidad interior; el hogar del ciudadano inglés puede ser todavía su castillo, pero sus paredes son porosas y no están aisladas del ruido.

Y una última visión de la red. Sí, de la red, ese lugar sin límites, difuso, lleno de alternativas. Angustia o felicidad, dos caras de la misma moneda.

La “red” de relaciones humanas (“red”: el juego interminable de conectarse y desconectarse) es hoy la sede de la ambivalencia más angustiosa, lo que enfrenta a los artistas de la vida a una maraña de dilemas que causan más confusión que pistas ofrecen…

Si queréis leer más artículos de este blog en los que hago referencia a la obra de Bauman, sólo tenéis que seguir este enlace.

Share This Article

Related News

Vehículos autónomos y dilemas morales
Las dosis justas de orden y desorden
Comunidad, revisamos el concepto de la mano de Zygmunt Bauman

Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(7) comentarios

  1. Nacho Muñoz
    05/02/2013 at 10:41

    Pues ahora que ando profundizando en Bauman este post tuyo me ha servido para descubrirle esa faceta suya más dubitativa entre el optimismo y la depresión más absoluta.
    A comprarme El arte de la vida...
    Seguimos ;-)

    • Julen
      15/02/2013 at 08:30

      Es que Bauman tiene varias caras, creo. Siempre me parece un tanto enigmático: no sé si aporta optimismo o si se va al otro extremo.

  2. Rose Mary Garcia
    27/05/2014 at 12:03

    Julen mil gracias. Soy poco internáutica pero cuando puedo me encanta leer artículos alentadores como los tuyos, de acceso a otros que también resuenan con el respiro cotidiano. Adelante***

  3. Pingback: Empresa: esa cosa con tantos significados | Consultoría artesana en red

  4. Sisifo
    12/01/2016 at 14:46

    Telémaco: ¿Sabes?... si nos tocase la primitiva nos podríamos ir a dar interminables vueltas por el mundo.¿Te imaginas?
    Circe (esposa de Telémaco): ¿Y que pasaría con nuestra familia y con nuestros amigos? ¿No los verías más?

    Hay veces que uno decide dar un giro, reinventarse, cambiar de camino e irse con su piedra a otra montaña. Pero cuando pasa el tiempo se da cuenta de que se equivocó.

    Y no porque eche de menos la montaña, que reconozco que a veces también ocurre, sino porque en aquellos días, entre tantas subidas y bajadas compartí ladera y conocí gente a la que en cierta manera abandoné de forma inintencionada y me arrepiento profundamente. Cuando los dioses me dejaron ciego pensé que el daño sólo afectaba a mis ojos.

    Julen ¡Os echo de menos!

    • Julen
      12/01/2016 at 16:56

      Cuanto me alegro de saber que sigues ahí. Pasan los años y seguimos a cuestas con parecidas piedras y parecidas montañas. Será el destino y habrá que tomarlo con ánimo. Eso sí, esta vez, aunque habías subido la piedra dos veces por aquello de un "hacer" y un "echar", hemos podido corregir el pequeño detalle en origen ;-)
      Abrazo grande grande .

  5. Pingback: Comunidad, revisamos el concepto de la mano de Zygmunt Bauman | Consultoría artesana en red

¿Quieres comentar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies