Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
Desde la radicalidad a veces poco o nada podemos hacer para que las organizaciones se embarquen a la búsqueda de nuevos horizontes abiertos. Abrir una organización puede tener más sentido como proceso gradual, donde se van probando nuevos sabores y, por qué no, algunos de ellos acaban gustando. De hecho, si nos escoramos hacia los nuevos proyectos quizá sea porque abrir la globalidad de algo que ya existe -una empresa con su inercia de mercado- es imposible como acto único. Por eso hacen falta las tácticas. Y se me ocurre, cuando menos, cinco para comenzar.
Una bien sencilla es plantearse un proyecto piloto que surja a partir de actividades intraemprendedoras. Es decir, tratamos de encontrar una unidad al completo, pero segregada de las dinámicas habituales. En vez de probar con el todo, ponemos en marcha un proyecto piloto. Lo tratamos como un negocio nuevo al que dotamos del enfoque de la economía abierta, comenzando por evaluar su potencial dentro de este nuevo escenario. Lo digo porque existen a día de hoy productos/servicios que pueden funcionar mejor que otros en el paradigma de lo abierto.
Otra aproximación tiene que ver con buscar en los mercados actuales prácticas cercanas a las propias de la economía abierta. ¿Existe algún proveedor, cliente o competidor que esté llevando a cabo prácticas diferentes y con el que podríamos llegar a colaborar y aprender? Un ejemplo bien sencillo: si la EOI, como comentaba Tíscar Lara ayeren su twitter, ya dispone de 1.000 documentos abiertos a través de su proyecto SAVIA, ésta puede ser una referencia para otras escuelas de negocio. ¿Competencia? Sí, pero también posibilidades de cooperación. Dadlo por hecho.
También puede ocurrir que la forma más adecuada sea concentrar los esfuerzos en una actividad específica. Por ejemplo, se puede trabajar en la idea de un concurso de ideas que se rija por estándares abiertos. Identificada una temática concreta se pone en marcha una maquinaria que busca abrir la lata de la colaboración para dar paso a personas que a día de hoy no sabemos quiénes son. ¿Tenemos algún producto/servicio atractivo que puede ayudarnos a poner en el mercado un concurso que nos ayude a experimentar con dinámicas abiertas? Es otra opción no muy complicada, teniendo en cuenta que ya hay bastantes experiencias de este tipo en el mercado.
Una cuarta manera de abrir la empresa es a través de un proceso “tradicional” de reflexión estratégica. ¿De dónde viene la competitividad en el siglo XXI? Quizá el típico sesudo proceso de reflexión estratégica puede dar lugar a la “inevitabilidad” de practicar la economía abierta. Si el time-to-market es vital, puede suceder que los mecanismos habituales de lanzamiento de producto/servicio al mercado sean demasiado lentos. ¿Cómo podemos incorporar prácticas de beta permanente? ¿Es posible? ¿Quizá con alguna línea de producto/servicio? Puede que no aplique al conjunto de nuestra oferta, pero sí a alguna gama de producto en particular, ¿no?
Por fin, la quinta táctica que se me ocurre está vinculada al comportamiento de nuestra empresa en Internet. En este escenario -abierto por defecto- podemos poner en marcha prácticas que nos descubran “otras maneras” de conversar. Abrazar la esencia de la web social nos conduce a la economía abierta, pero cuidado, porque lo que implica no es poco. No se trata de abrir un blog o incorporar de forma masiva contenidos a través de redes sociales en Internet. Se trata de modificar la forma en que vamos a interactuar a partir de esos contenidos. Los mercados son conversaciones y el reto será cambiar los hábitos: de proteger a compartir, de informar a conversar, de controlar a predecir mucho menos cuál será el futuro. El ejercicio de incorporarse a la web social puede ser una manera de incorporar nuevos hábitos de gestión… que nada tienen que ver (al final) con la tecnología.
Creo que estas cinco tácticas (y otras que iremos desarrollando) bien pueden dar para un taller. ¿Por qué un taller? Porque el movimiento se demuestra andando y ya vale de “meter rollo” sobre lo que es o deja de ser la economía/empresa abierta. Desde Bic Berrilan me estaban pidiendo programar una actividad alrededor de la economía abierta, después de la jornada sobre Open Innovation que organizamos allá por noviembre pasado alrededor de las experiencias de MTC, Orbea y Fagor Electrodomésticos. Creo que ya tengo respuesta: un taller para abrir empresas. Al tajo, que es donde suceden las cosas. Daremos noticia de este taller cuando esté planificado.
Mientras tanto, no perdáis el tiempo. Abrid, dejad entrar el aire en vuestras organizaciones, que a lo mejor es menos complicado de lo que parece.
Escrito el 30 de enero, 2011 por Julen en Escapatoria
Ver sin mirar. Juegos de guerra. Error y fatalidad.
Muros y democracia. Decir sin pensar. Probable imposible.
Conexión fallida. Infinito presente. Permanente y amable contradicción.
Crítica enemiga. Crítica desligitimadora. Crítica insoportable. Crítica callada.
Cristales opacos y junglas de cristal. Entretenimientos asesinos.
No eres de los míos, me criticas. Calla, no digas lo que sientes. Sentir y llorar.
Altura cruel. Grandes objetivos y sacrificio. Penurias y recompensa final.
Religión y fe. Fe y suicidido. Final y principio. Bucle recursivo, nada es posible.
Lo miras y te encuentras. Lo miras y te alejas. Encuentros lejanos que dejan volar la imaginación. Más de lo mismo vestido de cartón. Cartón que fue y ya no es. Sillas rotas y vecinos incómodos. Vallas mentales que se levantan al paso de la artillería. Conexión improbable replanificada. En el centro de la mirilla y en su circunferencia. Objetos imposibles de Carelman hechos trizas
Repetición y repetición. Lo mismo de mil maneras. Mil maneras de decir lo mismo.
¿Son conexiones probables? ¿Es lo definitivamente cierto, más de allá de resultar probable?
¿Es lo que no puede no ser?
Your mind is connecting… sorry, fatal error. Often wonder why.
Aunque ya habrá tiempo de hacerlo con más detalle, no quiero dejar pasar la ocasión de hacerme una lista rápida de impresiones de Todo por la pasta, el cuarto taller de la red de consultoría artesana. Antes de nada agradecer a toda la gente que ha colaborado, desde el director de medios (ya va de vuelta el trípode, tranquilo) hasta Ziortza, la coordinadora de actividades en Eutokia, pasando por quienes han acudido a contribuir con sus opiniones al taller. Un placer la conversación.
Pequeña ráfaga de primeras impresiones:
Lo pasamos bien, uno de los mejores indicadores de que ha sido un acierto la convocatoria.
Hay mucha gente, diversa, que está interesada en fórmulas alternativas a las que ofrece la consultoría de empresa tradicional (sea esto lo que sea).
La sencillez a la hora de organizar talleres “de igual a igual” es importante, pero hace falta que un grupo se ponga manos a la obra. La red distribuida funciona en forma elástica, a veces menos, a veces más.
Es muy importante la opinión individual y dejarse un tiempo para escuchar toda esa ingente cantidad de posibilidades de autoorganizarse la actividad profesional. No hay recetas, pero sí sugerencias interesantes sobre cómo manejar los ingredientes.
La fórmula mixta de colegueo artesano y taller abierto es una manera de compartir que permite dos planos complementarios. Ambos necesarios, ambos útiles.
No somos nada si no hacemos este tipo de saraos donde cada cual trae lo que quiere y comparte lo que considera pertinente. Creo que no generar mucha expectativa es fundamental para que el resultado sea la multiplicación de opiniones. Me he sentido aprendiz.
Nos conviene un enfoque tecnológico de bajo nivel porque el encuentro presencial necesita mirada centrípeta. Eso sí, las antenas desplegadas porque de fuera también nos llega aire fresco.
El tema del dinero acaba derivando en la forma en que trabajamos. Personalmente quizá me hubiera gustado más concreción, pero reconozco que el ejercicio de ponerse en pelotas económicamente es complicado. Además, hay un buen número de medias tintas que propaga la niebla.
¿Necesitan este tipo de encuentros continuidad o es mejor pensar en ellos como lo breve si bueno, dos veces bueno? A veces el cuerpo pide más, pero las dosis justas forman parte del juego.
He estado leyendo despacio -sí, despacio, ya sé que suena raro- el último artículo que Maria ptqk ha escrito en su blog: Investigación en cultura: un Objeto Cultural No Identificado. En él ordena algunas ideas a partir de una jornada sobre investigación en cultura que organizó en Barcelona la plataforma Zzzinc. Os recomiendo que, como yo, le deis un tiempo y leáis estas ideas. Me parecen muy sugerentes y contextualizan ciertos territorios de lo que denominamos “abierto” donde la cultura y la economía se soportan retroalimentan mutuamente. Me explico un poco, aunque el asunto da para largo.
En realidad, la dueña del blog centra su reflexión en el binomio investigación y cultura (para eso era la jornada), pero acaba por llegar a un pueblo que todos conocemos y que se llama procomún.
Y en este punto los organizadores de la jornada nos proponen una diapositiva en la que se lee lo siguiente: “¿No debería la investigación en cultura ser un proceso de producción de conocimiento que funcione de manera abierta y genere recursos accessibles y de dominio público?”. De existir una singularidad en la investigación en cultura, esta se situaría por lo tanto en el terreno de lo que identificamos como procomún, entendiendo por tal la producción de formas de saber, recursos, materiales o contenidos que, de una manera u otra, reviertan en el dominio público. La producción en definitiva de una determinada idea de sociedad gobernada por el paradigma de “lo que es de todos porque no es de nadie”. Y esto no es otra cosa que un modelo político.
¿La economía abierta también debe llegar hasta este lugar llamado procomún? Me inspira la reflexión que Patricia Sáez y Luis Pareras dejan en Capitalismo 2.0: las organizaciones de nuevo cuño -joder, no sé ya cómo llamarlas- persiguen grandes objetivos planetarios con gran poder movilizador yson sólo constructos instrumentales para alcanzar esos fines. Es decir, “cuanta más gente se sume a la idea mejor”. Pero quienes se suman no pueden ser vistos como competidores sino como aliados. De esto tengo que escribir otro día. María ptqk se queda con la intención “política” en su sentido más relevante. Por aquí encuentro uno de los consensos básicos actuales entre la economía abierta y la (investigación en) cultura: son instrumentos para un fin mayor. Ahora sólo hace falta conseguir que ese objetivo tenga que ver con contribuir al procomún.
Pero ¿es el procomún intrínsecamente positivo? ¿No hay un procomún que puede alimentarse de contenidos para fabricar bombas, crackear webs y todo lo malvado que se te pueda ocurrir? ¿Este procomún también debe desarrollarse? Claro, la intención política es lo que cuenta. Vuelta al argumento del principio. De nuevo en la casilla de salida.
La economía abierta y la cultura van de la mano porque ambas viven de la hipertrofia. La cultura se extiende como teoría de los gases, lo invade todo y se funde en un akelarre total con la economía -abierta, por supuesto- y con todo lo que se cruce en su camino. La cultura se redefine para morir como la entendimos. Ahora es la gran herramienta de progreso de empresas y territorios. El futuro es cultura. El dinero se hace con cultura. Los Estados Unidos de América producen cultura a toneladas: series de televisión como nunca antes, videojuegos para matar todo lo matable, películas globalizadas. Por eso un problema añadido de la investigación en cultura es que es investigación de todo y de nada. Sí, claro que sigo la reflexión de Lipovetsky y Serroy en La cultura-mundo:
En los tiempos hipermodernos, la cultura se ha convertido en un mundo que tiene la circunferencia en todas partes y el centro en ninguna.
Claro que circunferencia y círculo son sólo dos puntos de vista del mismo hecho. La redimensión emocional de todo lo que sucede es el alimento de la nueva economía. Procomún y economía abierta se cruzan con la ¿producción? cultural y segregan una amalgama de artefactos que son la materia prima con la que se desplaza el mundo moderno. Las conexiones improbables son las que ahora ya no existen, como dice José Luis Roncero, de Ubiqa, en su contribución al video de autos.
¿La economía abierta ha huido del producto físico y se queda con la emoción de la experiencia, ese nuevo dios que rellena los inmensos vacíos de las circunferencias huecas en que nos hemos convertido? ¿Es la investigación cultural otro síntoma más de que todo es lo mismo y de que sólo la forma y el color del collar es lo que cambia? ¿Seguimos siendo los mismos perros?
Un último apunte porque espero aportar más reflexión en los próximos meses. A través de mi colaboración con MIK, comenzamos ahora junto a la EHU-UPV y la Universidad de Deusto, una investigación encargada por Innobasque para definir el cuarto sector en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca. Me temo que vamos a encontrar -quizá ya lo estamos buscando- un amasijo de conceptos que se entrechocan de mil formas. Procomún, investigación cultural (y cultura), economía abierta y todas sus manifestaciones necesitan, más que nunca, sentido político. Y reconozco que esto lo pienso ahora, después de habérselo escuchado mil veces a esta mujer, María ptqk. Gracias, joven
Mañana viernes realizamos un taller en Eutokia: Todo por la pasta. La cocina comenzó en una terraza de Olot, con Manel y Anna, después de imaginar que iba en tren. Era julio de 2010. A lo mejor hace falta fuego lento. Algo que se lleva mal con la fast food y con la presión de los tiempos modernos: hacer más con menos. Y esto, por supuesto, tiene que ver con nuestras necesidades económicas.
Hoy comprar y consumir tiene que ver con nuestras almas. El primer mundo está lleno de objetos fetiches. Compras Apple pagando no el producto sino lo que supone para ti. Tu imagen, tu autoafirmación personal navega entre objetos. De ahí surgen las necesidades. Dinero para comprar quién eres. ¿Suena fuerte? Vale, pero ahí está.
La economía artesana debería buscar alternativas. Por eso el taller planeta una línea de trabajo alrededor de la exploración de esos nuevos territorios. Como quiera que el objetivo es aportar ideas, comparto un pequeño brainstorming en torno a esa otra economía, que hoy también es posible. Allá van cinco ideas locas envueltas en preguntas quizá algo surrealistas:
Mira lo que tienes y empieza a quitarte cosas de encima. Regala o da lo que sobra a quienes lo pueden necesitar. ¿Cómo sería esto desde el punto de vista de consultoría? ¿Qué podemos regalar? ¿Qué obtendríamos a cambio de nuestros regalos? ¿Deberíamos esperar algo a cambio? ¿Son eso “regalos” de verdad? Esta reflexión siempre me viene a la cabeza al pensar en cómo Iratxe Molinuevo enfoca su proyecto Orientalore Etxea.
Busca mecenas y si no los encuentras factura a saco y sin contemplaciones a quienes tienen capacidad de pagar. Práctica la economía Robin Hood. ¿Es ético cobrar más -todo lo que el cliente pueda pagar- por ciertos servicios según a quién los dirijamos? ¿Nos prostituimos? Suena fuerte, pero, si no ¿sólo aceptamos trabajos maravillosos? ¿Y estos trabajos dan para vivir?
Pregunta por el dinero que tiene tu cliente. Y haz lo que puedas por ese dinero. ¿Debe ser contingente el servicio que prestamos al dinero que recibimos? ¿Podemos relativizar el “producto” que manufacturamos con nuestro saber y nuestro sentir según el dinero que recibimos a cambio?
En un mundo donde el resultado es lo que cuenta, ¿debemos facturar por resultados de los proyectos que hacemos? ¿Es una trampa o es un compromiso? ¿Realmente influimos en lo que ganan/pierden nuestros clientes con lo que hacemos? ¿Y si renunciamos a una carrera que magnifica la consultoría stajanovista?
Si la percepción de nuestros clientes es importante, una alternativa puede ser el modelo Radiohead. ¿Podríamos establecer un modelo de pago indie por el que el cliente decide lo que paga? ¿Debemos jugar con transacciones en las que nuestros clientes asignan valor y pagan por ese valor que perciben, teniendo en cuenta su tesorería? ¿Estamos locos o esto también es posible?
Pasa el tiempo y me temo que seguimos en las mismas. Unidad, alineamiento y homogeneidad siguen siendo las máximas de la inmensa mayoría de nuestras instituciones. Parecería como si la diversidad molestara, como si hubiera que limar las aristas para que todo “parezca” similar. Eso sí, para homogeneizar se recurre a las más diversas prácticas, desde plantillas para documentación hasta presencia en la web. Nos debes lealtad, llegan a decir. Pues cómprate un perro.
La iniciativa individual debe pasar por el aro de lo corporativo. ¡Por favor! Cómo podemos permitirnos la más mínima incoherencia a la hora de presentar ante el mundo nuestra imagen. ¿Acaso no habéis visto lo bonito que lucen los militares en sus desfiles, todos con el mismo disfraz? Pues ese es el objetivo: que lo hagas de la forma -única- en que yo te digo que lo debes hacer.
Los daños colaterales no importan. Los humanos deben ser minimizados a simples reproductores monocordes de imagen corporativa. Porque, por supuesto, esa imagen se construye por el alineamiento de planetas, lo que obliga a usar los mismos colores, pies de página y viñetas. En el afán homogeneizador todo vale. Si hace falta, artillería pesada, cañonazos a babor y estribor para que que la imagen luzca plácida a los ojos de quien nos mira. Fuera tensiones y diferencias. El aro es ese sitio por el que, sí o sí, tienes que pasar.
Ya sé que soy un poco díscolo y que no me gusta hacer de oveja en el rebaño, pero conste que me ponen las estupideces a huevo. Si no lo decía, reviento, aunque me callo en parte. A lo mejor hay que ser insumiso por defecto contra las instituciones -esos monstruos de diverso tamaño y forma- que actúan como gargantúas que se tragan nuestra creatividad y la excretan como heces inservibles (perdón por el momento escatológico).
A veces me parece que hay gente que se mete en su silo funcional y hace de sus responsabilidades una cruzada contra el resto de la humanidad. La gente que lleva la imagen corporativa de las instituciones no trabaja sobre mínimos sino sobre máximos. No dibujan “lo básico” o “lo lógico” sino que dibujan la excelencia, la puta excelencia que te dice cómo tienes que sentarte en la taza del WC. Y así sigue el mundo, diverso y de colores, pero gris dentro de las murallas de las instituciones.
No hace mucho que Txelu me explicaba un curioso nicho de mercado grupo de entusiastas de las bicis fixed gear. Culto a una manera de entender lo que se puede hacer con dos ruedas y un humano sentado encima manejando el artefacto. En Bilbao hay un grupo en Facebook que agrupa a una cuadrilla de ¿sólo? tíos que se divierten alrededor de la bici de una sola marcha. Y que montan, créetelo, partidos de bike-polo.
La bicicleta es de esas actividades que incluye miles de formas de práctica. Pocos inventos habrá que se traduzcan en tan variadas formas de expresión. Siempre recuerdo que cuando hemos estado trabajando con Orbea ya nos dimos cuenta de que esta era precisamente una de las ventajas/inconvenientes del sector de la bici: hay tanto ahí enfrente que la cuestión es decidir dónde vas a poner el énfasis como fabricante y distribuidor.
En realidad, es un mercado típico de lead users, que diría el experto Bediaga. Bueno, más que lead users quizá les pega mejor lo de mad users en su acepción más divertida o really cool users. Gente que a partir de una pasión despliega en este producto -la bici- su saber hacer. Y en ello colocan todos sus sentidos. Genera vida social, prurito artesanal para adaptar la bici a los deseos íntimos y diversión suficiente para que se disparen las hormonas de la felicidad.
Por supuesto que este tipo de actividades, sea la fixed gear o el moverte por ahí con una bici cuyo cuadro es de madera (ver el video más abajo), no son para multitudes. Son ejemplos de la ¿economía? de la larga cola. Pequeños grupos de humanos unidos por una pasión que para el resto de la sociedad suena a “si es que hay gente pa tó”, “gente rara rara rara”. Porque, claro, Txelu ya me decía que en Bilbao no le hacía caso ninguna tienda para llevar a la realidad sus inventos adaptativos para fixed gear a partir de una bici vieja.
Así que como ahí fuera no nos comprenden, el sentimiento de unión es mayor dentro de los límites de estos agrupamientos humanos. Algo nos distingue, es divertido y podemos desplegar en ello nuestra creatividad. ¿Qué mas queremos? Sólo tenemos esta vida y hay que aprovecharla.
Lo dicho, os dejo con un par de videos. Uno es de Axalko, una empresa de Zerain, aquí en Gipuzkoa, que diseña y fabrica cuadros de madera. Y no tienen mala pinta, desde luego. La noticia la leí, hace tiempo, en Euskadi+Innova. El otro video es de un reportaje sobre los partidos de bike-polo en Nueva York.
Seguimos moviéndonos para recabar más puntos de vista alrededor de la empresa y la economía abierta. Visto que Eutokia nos presta soporte logístico -y nosotros encantados- nos hemos animado a hacer en sus locales una jornada sobre Empresa y Economía Abierta. Será este próximo viernes 18 de febrero. Como tenemos un límite de 50 personas (que estaremos como piojo en costura, que diría mi madre) la lista de asistentes es cerrada. Ya veremos más adelante si lo movemos de otra forma y con participación más numerosa.
Como decimos en la presentación de la jornada:
Esta jornada de trabajo es una actividad que forma parte de la investigación en curso que desarrollamos en MIK alrededor de la empresa/economía abierta. Tras la publicación del libro en el que recopilamos, de la mano del proyecto Sectores de la Nueva Economía 20+20 de la EOI, 20 casos a nivel estatal y en el que realizamos una primera descripción de los elementos comunes a este tipo de economía, queremos seguir profundizando junto a personas que entendemos son sensibles a nuestros planteamientos. O críticas, por qué no.
La empresa abierta es el concepto que manejamos en nuestra investigación. Y no es fácil fijar sus límites. Alrededor de él puedes encontrar un sinfín de elementos que se retuercen y conforman un panorama complejo. Lo social, lo empresarial, la explosión de información, los deseos de las personas de sentirse plenas en sus actividades profesionales, Internet y las tecnologías que la hacen posible, un procomún que regenerar… mucho bacalao que admite diferentes interpretaciones. Por eso la jornada es humilde en sus objetivos:
Al igual que en otro taller que organizamos desde la red de consultoría artesana también aquí en Eutokia, “queremos compartir lo que sabemos, muy al estilo de Aprendices“. Sí que vamos a tener 9 ponencias y 6 talleres, además de distintas narraciones complementarias (Pernan, Josi y OihulariKlown), pero el espíritu es el de que nadie es más que nadie en esta jornada, que el camino se hace andando y que el objetivo principal que nos marcamos es el de aportar ideas útiles para el trabajo de las personas con las que vamos a compartir este 18 de febrero de 2011.
Así que, ya veis, movemos ficha para mantener una buena velocidad de crucero en nuestra investigación sobre la empresa abierta. Hemos conseguido que se integre como una línea oficial de investigación en MIK y queremos seguir cerca de la gente que muestra sensibilidad por formas alternativas de organización. Si quieres estar al tanto de la jornada, ya sabes: http://eabierta18f.obeanet.net
Confianza, palabra mágica a la que se recurre en muchas ocasiones para mostrar la relación entre consultor y cliente. Confianza que representa una especie de íntima comunicación entre dos partes, que aísla del exterior y confiere un plus al vínculo. Cliente y proveedor -pero casi siempre personas individuales- comparten una especie de unidad de destino. Puertas cerradas y ventanas selladas; lo que allí se habla allí queda. Secreto sumarial. Es ley. Ley escrita en la deontología profesional. Ley no escrita pero por todos asumida. Ssssshhhh.
Es lógico. A nadie debe extrañar. Esos espacios íntimos proporcionan seguridad a las partes. Definen perímetros donde se está a salvo de invasiones de agentes extraños. Allí las personas se conocen, se dicen cosas que sólo el silencio que rodea a la conversación permite. Bajo ciertas condiciones -lo dicho allí queda y nadie por nunca jamás debería enterarse- las personas encuentran seguridad en este modelo de relación profesional.
Insisto, es lógico que eso suceda. Ha pasado, pasa y seguirá pasando. ¿Y qué quiero decir entonces con este artículo? Muy sencillo: que no tiene por qué ser (casi) siempre así. Que hay otras opciones y que pueden y deben ser exploradas. Que las personas, si seguimos la lógica de la ventana de Johari, también crecemos desde nuestro lado público, desde una conversación abierta en la que terceras partes pueden beneficiarse. Es la contribución a la sociedad que nos rodea.
En realidad esta parte pública bien podría considerarse una ampliación del procomún físico. No sólo de aguas compartidas y pastizales vive la humanidad. También lo hace de ideas, de conocimiento, de superación de divergencias, de aprendizaje constante. Y esto sucede más fácil cuando las prácticas son documentadas y explicitadas y salen de las habitaciones sin aire en que suelen habitar tantas y tantas veces.
Dicho lo anterior, también creo que hay que reivindicar lo íntimo, lo tácito, el silencio, la complicidad. Los dos escenarios hacen falta. La confidencialidad por defecto debe dejar paso a la confidencialidad como opción consciente y como derecho. Pero no como obligación. Lo íntimo y privado debe reivindicarse dentro de un marco plural de opciones donde la luz y la taquigrafía también son válidas.
¿Por qué no abrir un proyecto de consultoría para que su intrahistoria vea la luz? Por supuesto, puede que no sea la opción por defecto, pero debería ser una opción. La confianza entre las partes también se construye sobre la confianza en uno mismo. ¿Qué sucede si me ven trabajar? Me pueden criticar, me pueden alabar, me pueden señalar defectos y puedo ser referente para gente que quiere aprender. Importa, y mucho, la buena fe de lo que hacemos.
Ayer charlaba con Naiara y veíamos la posibilidad de que un pequeño trabajo de diagnóstico de trabajo colaborativo se traduzca en una herramienta que puede ser útil para cualquier organización. ¿Por qué no devolverlo al procomún para que pueda ser reutilizado? Las metodologías mágicas pueblan demasiadas estanterías y discos duros en una soledad incomprensible. Ese conocimiento resultado de un esfuerzo individual o colectivo bien merece entrar en contacto con otros territorios.
Quizá debamos reconstruir la deontología de la profesión de consultoría. No tanto para redactar “la deontología” sino las “opciones de deontología”. Dejar que corra el aire siempre ayuda, ¿no?
Hoy, de las cien economías mayores del mundo sólo la mitad son estados y la otra mitad son grupos empresariales. General Motors es mayor que Dinamarca. Toyota es mayor que Noruega y Mitsubishi es mayor que Sudáfrica. Por lo tanto, las grandes multinacionales deberían sentarse en las grandes cumbres para intentar resolver problemas que los países por sí solos no son capaces de atajar.
Resulta paradójico que mientras las grandes empresas aumentan su poderío con una mayor presencia global, los estados intentan fragmentarse en pequeños países que por su tamaño no pueden ejercer influencias. Así, mientras la globalización exige crecer a las empresas ampliando su red internacional, realizando fusiones y adquisiciones, van apareciendo en todo el mundo naciones claramente insostenibles.
Al margen de la unidad utilizada para medir y comparar empresas y estados, este texto (donde los subrayados son míos) es parte del editorial del último número de la revista de APD (de pago). Creo que refleja una forma de entender el mundo. Nada que ver con la diversidad cultural y la red distribuida. Más grande, más fuerza. La influencia se consigue con volumen. Es una opción; espero que no la única. Pero es un discurso institucional, corporativo, asentado en la cultura de la gran empresa. Necesitan hacer efectivo su poder.
¿Deberían las empresas tener diálogo de igual a igual con los estados? Se me antoja pensar que mientras la ciudadanía persigue, con mayor o menor acierto, sistemas democráticos para sus territorios, las empresas se rigen por otras pautas, ¿no? ¿A lo mejor deberían sentarse a la mesa personas elegidas por sufragio dentro de las empresas junto a los cargos electos de los países? Me temo que las empresas -sus propietarios- no lo verían con buenos ojos.
Es evidente que tenemos que reconocer el poder de las empresas. Sin embargo, no se trata de “todas” las empresas, sino de un pequeño grupo: las grandes empresas multinacionales. De nuevo llega el señor Pareto para hacernos evidente que un pequeño grupo de enormes organizaciones dispone de un poder espectacular sobre la marcha del planeta. Las empresas no son sólo las grandes multinacionales. Éstas son sólo una forma de expresión del hecho empresarial, pero hay otra infinidad de alternativas, desde la artesanía hasta las cooperativas pasando por miles de fórmulas variopintas, según culturas, sectores o enfoque social.
Cuando leo párrafos como los dos que he extraído más arriba, me digo a mí mismo que sí, que esa es la realidad. Que un país que rula bien (o eso parece) como Noruega tiene menos poder que Toyota. Es lo que es. Lo uno, un país que elige a sus gobernantes. Lo otro, sea lo que sea, es otra cosa. Otra cosa que no elige a sus dirigentes. ¿Debería?
De vez en cuando conviene sacarse una hora para volver a detener el tiempo y tomar ideas. Me ha pasado con la educación expandida. No sé muy bien por qué, pero me han asaltado unas cuantas dudas sobre nuestro papel como docentes. Demasiada ¿competencia? a nuestro alrededor con una presión impresionante para captar atención. ¿Competimos o colaboramos en esto de la educación? ¿Tiene sentido plantear una dirección compartida de ambas partes? ¿Las aulas han perdido la batalla?
El viernes pasado se me encendió de nuevo la bombilla roja tras una reunión con Mikel Mesonero, director académico de Enpresagintza, la Facultad de Empresariales de MU, Aitor Bediaga y Josi Conocity Sierra. Antes de dar rienda suelta a las ideas, se me ocurrió pararme y volver a ver este documental. Necesitas una hora. No hay prisa. ZEMOS98 con la colaboración muy particular de Platoniq te presentan La Educación Expandida. Después es ya cuestión de que cada cual se ponga manos a la obra y saque sus propias conclusiones.
Este documental, co-producido por ZEMOS98 Gestión Creativo Cultural e Intermedia Producciones, narra la experiencia vivida en el IES Antonio Domínguez Ortiz (situado en el barrio de las Tres Mil Viviendas de Sevilla) durante el desarrollo del taller de Banco Común de Conocimientos de Platoniq en el Festival Internacional ZEMOS98- 11 edición. Una mirada crítica y desafiante al interior del sistema educativo tradicional, una pregunta formulada en forma de respuesta: la educación puede suceder en cualquier momento, en cualquier lugar.
Creo que la jornada puede ser un buen momento para charlar sobre lo posible y lo imposible. Reinventar la ciudadanía es expresión grandilocuente. Y por mucho que estemos en Bilbao, prefiero jugar con mis eternas dudas y paradojas. Os dejo con este texto. No usaré pobrepoin, prefiero conversar, de igual a igual. Sin la ventaja que da un supuesto atril y una pantalla. Os dejo con el texto que me servirá para compartir ideas.
No recuerdo bien el experimento. Pero era algo así como que traspasado un límite en la abundancia de opciones, el resultado no es que mejore sino que empeora. Más información, vale. Información excesiva, problema. ¿Y dónde estamos? En un inmenso océano poblado por animales que segregan información. La tecnología se pega al humano, que no sólo suda o lagrimea. No, el humano, sobre todo, produce información. Aunque no haga nada de manera proactiva. El diseño, el código fuente, es tal que se informa a todas horas y en cualquier lugar.
Esa ingente materia prima en bruto no es asimilable por la inmensa mayoría de la ciudadanía. Wikileaks se propaga por la prensa, la de toda la vida. ¿Acaso no es la mayor de las evidencias de que todo es como siempre fue? Y, además, la sociedad del espectáculo favorece el consumo fácil, ¡qué agradable! O el que acontece sin que te des cuenta, ¡qué miedo!
¿Y sobre qué hablamos? Leer el último libro de Manuel Castells es ponerse nerviosa/o. Tú decides si quieres saber o si no quieres hacerlo. La cultura del escándalo que nos presenta Castells es la pequeña escala de la doctrina del shock que proponía Naomi Klein. Se mete todo en un saco, se agita y, contra lo que podría parecer, no se elige al azar. No, porque la industria del mundo -sea esto lo que sea- decide de qué hablar y cómo hacerlo. El azar, la casualidad o la serendipia de los tiempos modernos no son tales. Son sólo la consecuencia lógica del diseño adecuado. Eliges o eso te parece. Es el código 2.0, en expresión de Lawrence Lessig: el ciberespacio como amenaza para la libertad.
La argumentación nunca tuvo antes tantas voces. La explosión de Internet, las redes sociales (o antes los blogs) se nos presentan como la tierra prometida de la diversidad. Muchas voces, una inmensa red distribuida de nodos que reconfiguran sus discursos a velocidad de vértigo. Pero el mundo sigue siendo simple y dos tetas tiran más que dos carretas. “Lo más leído” es lo que es, mírate el Marca. Y los anuncios clasificados de prostitución en los periódicos siguen siendo lo que son: ingreso económico. La multitud es como es. La naturaleza humana es terca. La vulgaridad de lo que somos va en el código genético de la excelencia. La estupidez humana, siguiendo a Carlo Cipolla, sigue terca repartiéndose por igual en todas las capas sociales. Sí, aquí entre quienes escribimos y leemos, también.
Participar en todo este circo va en el precio de la entrada. El show ha diseñado sus mecanismos de retroalimentación. El consumidor produce, el amateur se hace profesional, la innovación abierta hace del mundo su laboratorio. No estás a salvo: produces mientras consumes. Antes decíamos que información, pero también se diseñan mecanismos de mínimos. Tu voto, tu click, tu “me gusta”. Diseños delicados para que un mínimo acto de tu voluntad segregues más información de la que mi abuelo sería capaz de divulgar en muchos años de su vida. Tu click y tu voto son hiperanalizados. Pero no por humanos. Todos sabemos que Google no lee nuestro correo, que lo hacen sus robots. Hasta ahí podíamos llegar: los humanos nos respetamos entre nosotros. El trabajo feo lo hacen los robots. San Asimov, ten piedad de nosotros y perdona nuestros pecados.
La democracia agoniza, decía Albert Pla. “Tu novia es un encanto y tú estás tan enamorado por eso le perdonas sus deslices sus engaños”. Pero es tu novia. ¿Quién va a destruir el edificio de la democracia representativa? La política se llena de estúpidos en la misma proporción que otros estamentos. Pero la crisis no es tanto de confianza en las personas sino de confianza en las instituciones. Sirvieron, pero ¿sirven? Los grandes mandatarios reciben clases de dicción, son la imagen de ellos mismos, pero trabajada profesionalmente. Señor Lehendakari, aproveche su punto friki y sácale partido al Capitán Spok. Señor Lehendakari, escriba un blog y no cometa faltas de ortografía; twittee, que a usted se le da bien, tiene que construir un personaje. Mandatarios que necesitan pasar por La Noria o el Vanity Fair. Belén Esteban, la princesa del pueblo. Kate Moss Machine, que ha escrito Christian Salmon.
¿De veras que no podemos “saltarnos” a estos intermediarios de la política? Ayuntamientos, comarcas, territorios históricos, comunidades autónomas, estados, geochos, geveintes y onus. ¿No se puede montar todo esto sólo con barrios? “La comunidad internacional” impone. Hasta tenemos representantes de los internautas para hablar con el gobierno por mediación del presidente de la academia de cine. Todo un espectáculo. Los payasos guardan historias truculentas en su interior. Pero están ahí para hacer reír. La ciudadanía cabalga a lomos de la desconfianza y sólo se la sujeta con adecuadas dosis de diversión. No con cadenas sino con risas.
Y llegamos también nosotros, los abanderados de lo abierto. Economía abierta, gobierno abierto, datos públicos abiertos, ciencia abierta. Como los chiringuitos de la carretera para puteros: Open. Con luces de neón. Transpariencia, taquígrafos, focos. Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Hay que acceder hasta el código fuente, el santo grial. La Administración también se abre. Ya no habrá trabajo para Wikileaks. Assange, jódete, cabrón, que te vas a ir al paro porque no va a haber cables ocultos. Lo mismo le entra la risa floja al hombre.
O sea que como ciudadanía tenemos el poder. Nunca antes como ahora. Tenemos la capacidad de cambiar la realidad. Pero eso conduce al mercado del alma. Convencer ya no va de la mano de satisfacer necesidades de la base de la pirámide de Maslow. Hoy todo son ansías de realización personal, de experiencias, de tratamientos personalizados. Quiero ser yo. La ciudadanía se rompe en mil pedazos para, recurriendo de nuevo a Castells y su colega Barry Wellman, configurar un moderno poder: el individualismo en red. Las Administraciones Públicas luchan por atraer a la ciudadanía para que no se deje llevar por los votos de castigo que recurren a extrañas opciones fuera del sistema. La profesión es la profesión y el corporativismo manda. La ciudadanía del siglo XXI se resquebraja entre instituciones diseñadas en tiempos pretéritos: la gente no se fía de la clase política, de la clase empresarial o de la clase que, sea donde sea, tiene el poder. Y sin embargo, ¡qué grande Berlusconi!, ¡qué listo el cabrón! Un ídolo para las masas en general y los puteros en particular.
La vigilancia se convierte en autovigilancia, la censura en autocensura. Los fumadores son delatados por ex-fumadores. La carrera está abierta: necesitamos tu participación. Dinos quién traspasa el límite de velocidad, quién se salta el semáforo, quién copia en el examen, quién fuma donde no debe. Moderno estado de derecho, logro social de autorresponsabilización de la ciudadanía. El estado te necesita; no dejes que otros nos engañen. Si engañan al estado, te engañan a ti. ¡A por ellos! ¿Por qué no una Asociación del Rifle también aquí en Europa?
Dicen que el mejor árbitro es el que pasa desapercibido. ¿Debería ser ese el papel de las instituciones? Pues me temo que estamos en las antípodas. La clase política que está detrás necesita de intensas campañas de marketing para que sus logros luzcan. No hay espacio para la humildad. No es posible. No puedo decir que hemos hecho algo mal. Para eso ya está el enemigo político. Enemigo, eso sí, que puede ser amigo, pero sólo cuando de por medio está el legítimo deseo de llegar al poder para hacer realidad los sueños. Eso sí, extraños sueños que necesitan al poder constituido y no se conforman con el poder constituyente.
Más de una vez hemos dejado reseñas aquí de El Artesano, el primero de los libros de Richard Sennett de lo que ha prometido será una trilogía. En los agradecimientos nos dice que a una pregunta que le hacía el filósofo Richard Foley respondió que “hacer es pensar“. Esta obra es la defensa de ese argumento.
El libro del que os extraigo estas diez citas es muy especial para mí. Porque allá en 2003 cuando comencé con esta idea de consultoría artesana aún no había leído nada de Sennett. No tengo el gusto de conocer a este hombre, pero supongo que existe alguna extraña química que une el pensamiento. He pensado desgranar el libro en varios artículos. Hoy comienzo con una selección de citas de uno de sus capítulos, el que dedica al taller artesano.
Me parece que este capítulo es para leerlo despacio y digerirlo con tranquilidad, saboreando y deglutiendo bien cada párrafo. Alimento para el espíritu y para nuestra actividad profesional. Allá va mi selección de citas, con un breve comentario que las precede.
Hogar y trabajo, dos lugares confrontados. ¿O no?
El taller es el hogar del artesano, expresión que debe entenderse históricamente en su sentido literal. [...] Es fácil comprender el atractivo romántico que el taller-hogar ejercía sobre los socialistas que afrontaban por primera vez el paisaje industrial del siglo XIX. Karl Marx, Charles Fourier y Claude Saint-Simon veían en el taller un espacio de trabajo humano, donde también parecían encontrar un buen hogar, un lugar en el cual el trabajo y la vida se entremezclaban.
Y he aquí otra definición de “taller” volcada no tanto en el qué sino el cómo. Un cómo que tiene que ver con las relaciones personales que se establecen:
… espacio productivo en el que las personas tratan las cuestiones de autoridad en relaciones cara a cara. [...] nadie aprende a poner cristales en una ventana o a extraer sangre trabajando solo. En el trabajo artesanal tiene que haber un superior que establezca patrones y que dé formación. En el taller las desigualdades de habilidad y experiencia se convierten en un asunto de relaciones personales. El taller exitoso depositará la autoridad legítima en personas, no en derechos y deberes preestablecidos en el papel.
Una reflexión sobre la celeridad como patrón de éxito:
En la Gran Bretaña anglosajona, por ejemplo, los santos Dunstan y Ethlewood eran artesanos del metal, venerados por el sosiego con que trabajaban.
Sennet bucea en la historia medieval y encuentra a la Muqaddinah, allá por los tiempos de la Andalucía árabe, y describe cómo funcionaba en forma nómada.
A su juicio[se refiere a Ibn Jaldún, un sociólogo de la época] los orfebres se parecían a los bereberes, fortalecidos por los viajes y la movilidad. Los gremios sedentarios, por el contrario, le parecían perezosos y “corruptos” . El buen maestro, en sus palabras, “preside una casa itinerante”.
Autoridad, ética y destrezas profesionales, todo unido en una reflexión sobre el artesano íntegro, con expresión plena de sentido en lo que se hace.
Tener “autoridad” es algo más que ocupar un lugar honorable en una red social. Para el artesano, la autoridad reside igualmente en la cualidad de sus habilidades. Y en el caso del orfebre, las buenas habilidades que establecía la autoridad del maestro eran inseparables de su ética.
Una comparativa con el momento actual que resume su planteamiento de la artesanía.
El artesano medieval era al mismo tiempo hermano y extraño para la mirada actual. Su trabajo era migrante, aunque también procuraba estabilidad mediante la habilidad compartida. La conducta ética estaba implícita en su trabajo técnico. Su oficio requería la participación activa, como una práctica clínica.
Avanzando hacia el Renacimiento, Sennett se topa con la autonomía, que permite comparar al artesano con el artista. Encuentra los argumentos en la obra Nacidos bajo el signo de Saturno de los historiadores Margot y Rudolf Wittkower, que
… narra el surgimiento del artista del Renacimiento a partir de la comunidad medieval de artesanos. En esta versión del cambio cultural, el “arte” realiza un ascenso de gran envergadura. Ante todo, representa e privilegio nuevo y más amplio que la sociedad moderna concede a la subjetividad: el artesano está volcado haca fuera, hacia su comunidad, mientras que el artista se vuelve hacia dentro, hacia sí mismo.
¿Y qué hay de la soledad? ¿Dónde encuentra el artesano -o el artista- su comunión íntima con la actividad que realiza? ¿Es expresión de autonomía?
Aunque la pregunta «¿qué es el arte?» plantea una cuestión seria e inagotable, es posible que esta particular preocupación por encontrar la definición del arte esconda algo más: tratamos de hacernos una idea de qué significa la autonomía, entendida como impulso que nos impele desde dentro a trabajar de una manera expresiva, por nosotros mismos.
Pero el taller es una experiencia social, que contribuye a estructurar la sociedad, a conformar prácticas sociales que se hacen cultura.
Los talleres, hoy como ayer, han sido y son un factor de cohesión social mediante rituales de trabajo, sea el de compartir una taza de té, sea el del desfile de la ciudad; mediante la tutoría, sea la formal paternidad del medievo, sea el asesoramiento informal en el lugar de trabajo; o mediante el hecho de compartir cara a cara la información.
Y terminamos con un guiño a la cultura de remezcla. La originalidad como imposible o al menos entremezclada con la realidad de la reproducción.
El maestro establece un patrón absoluto, cuya reproducción se demuestra a menudo imposible. Pero debería tomarse en serio el interrogante democrático que se acaba de formular. ¿Por qué tratar de recuperar la originalidad de otro? El lutier moderno quiere continuar con la empresa de fabricar violines; desea producir los mejores violines posibles de acuerdo con sus aptitudes, antes que quedarse inmovilizado, preso de la infructuosa imitación. Esta es la reafirmación de la práctica contra la perfección.
Si quieres echar un vistazo a otros artículos en este mismo blog con reflexiones alrededor de la obra de Richard Sennett, puedes consultar esta etiqueta.
Poco a poco vamos concretando el taller de Todo por la pasta, el cuarto que llevamos a cabo desde la red de consultoría artesana. En principio, en la parte abierta del viernes 28 por la tarde nos juntaremos algo más de 30 personas (aquí la lista de asistentes). De aquí a entonces ya concretaremos más cómo dinamizamos el taller para que no sea mucha chapa. Ya sabéis que en principio tenemos cuatro grandes temas, según esquema que se curró el artesano Asier Gallastegi a partir de un intenso fuego cruzado de correos que antecedió a la convocatoria:
1. Números
Aunque siempre es un tema delicado, trataremos de hablar de cifras para tomar referencias de ingresos y gastos.
2. Estrategias y modos
En este punto buscamos compartir rutinas y claves de funcionamiento. Mirando al suelo: ¿cuál es nuestra estructura de costes?. Tarifas y precio/hora para facturar. ¿Tiene sentido? ¿Hay otras alternativas? Precios de mercado. Facturar y cobrar, dos conceptos diferentes. Condiciones de pago en las ofertas. ¿Contratos? Fiscalidad. Empresas, autónomos y otros engendros.
3. Economia alternativa
Proyectos facturables y proyectos no facturables. ¿Tiene sentido no
facturar?, trueque, compartir recursos, economía del cariño.
4. Inestabilidad estable
Todo apunta a un 2011 duro. Ya vamos compartiendo que algunos proyectos se reducen o directamente se caen. ¿Pensamos juntos sobre cuales son estrategias posibles en este escenario? ¿Dónde están las vacas lecheras para asegurar una facturación estable en el tiempo? Estabilidad inestable.
Para calentar motores estamos dejando poco a poco diversas reflexiones en la zona de Materiales de consulta. Id leyendo para haceros una composición de lugar de nuestros puntos de vista. Sería estupendo recibir más reflexiones e incorporarlas a esa página. ¿Te animas? Pásanos tus ideas vía correo y las compartimos con el resto de la gente. Ya sabes que esto no va sólo de escuchar sino también de compartir lo que cada cual opina. No tenemos verdades sino motivos de conversación. Cuantas más ideas previas al encuentro presencial, mejor argumentación podremos desarrollar el día de autos, ¿no?
Actualmente tenemos disponibles estos materiales:
José Manuel Aldamiz
Texto copiado de un correo electrónico remitido al grupo de la red de consultoría artesana, con unas interesantes reflexiones sobre la contratación pública.
Por otra parte, aprovecho también para comentar que hay bastante gente que anda preguntando si tendremos streaming. Lo intentaremos, pero no prometemos nada. Eso sí, como habrá mucha materia gris en el evento, quizá alguien se anima a echar un cable. Por nuestra parte, lo hablamos con la gente de Eutokia, pero cuaquier ayuda es bienvenida.