Thursday, Jul. 18, 2019

El poder de la ilógica

Kinder Sorpresa 1No sé en dónde leí que “en las empresas no gustan las sorpresas“. Ay, ¡qué gran apunte! La empresa, como organización, lima asperezas y juega, hasta donde puede, con información para predecir el futuro. Las locuras tienen más que ver con simples humanos. En cambio las empresas buscan la excelencia y los mecanismos perfectos.

Muchas veces he escrito sobre el fracaso, el error y la importancia de socializar estas sensaciones. Si queremos seguir siendo humanos, vamos a tener que aceptar nuestras imperfecciones y reivindicar este derecho. ¿Está dispuesta la empresa a hacer lo mismo? ¿Cómo debe tratar la empresa sus imperfecciones? ¿Debe, sí o sí, pulirlas en una carrera sin fin de mejora continua? Fíjate que no lo tengo tan claro.

¿Deberíamos recuperar las ilógicas de relación entre personas para aceptarlas también en las empresas? ¿Acaso dejar que el azar intervenga? El mundo de los mejores, de la competitividad y del éxito tiene su precio: la deshumanización. Pasa lo mismo que con las grandes estrellas mediáticas: muchas se acaban interpretando a sí mismas. ¿Son ellas como son?, ¿son como deberían ser sin aceptar de sí mismas esa parte que no cuadra con la imagen pública en cuya cárcel viven? Los héroes escapan del mundo real.

Esta semana he tenido bastantes reuniones. ¿Es grave, doctora? Sí, reuniones donde la comunicación ha sido un elemento de análisis casi permanente. Todo el mundo se enfrasca en grandes objetivos. Ambición y control. Un cóctel explosivo porque genera tensiones por doquier. ¿De veras eso queremos? ¿Empresas que enloquecen en una carrera para captar nuestra atención por su oferta insuperable de productos y servicios? Es sólo un modelo, pero no “el modelo”.

Por eso me parece importante buscar ilógicas que nos hagan disfrutar como personas. ¿Qué hay tras la puerta? No lo sé. Y menos mal que no lo sé, porque si no, todo sería aburrido. Si sabes lo que va a pasar le has quitado ya parte de gracia a que pase, ¿no? ¿Cómo podemos generar contextos más favorables a la ilógica empresarial? ¿Sería aceptable por nuestra parte? La clave no son los problemas o los errores sino lo que hacemos con ellos.

Prefiero pensar que sí, que hacer las cosas sin tanto análisis, nos hace más humanos. Algo que quizá las empresas -sus personas- deberían explorar más. A fin de cuentas, lo podrán encontrar entre sus estrategias posibles: llámenlo diferenciación si les deja más tranquilos el discurso clásico del management de escuela de negocios.

Esto de lo que es escribo es algo recurrente en esta esquina del sur de Islandia:

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Amalio A. Rey
    27/11/2010 at 10:46

    Muy bueno, Julen. Es una reflexión que tambien me hago. El discurso establecido es como un pulpo con miles de tentaculos que persigue con zaña a la imperfección: "hazlo bien a la primera" es la consigna de la deshumanización. Me gusta esta idea: "me parece importante buscar ilógicas que nos hagan disfrutar como personas". El perfeccionismo, un mal que padecemos muchos, es institucional y personal. Tenemos que empezar por nosotros mismos....

  2. angel sánchez
    27/11/2010 at 11:06

    Totalmente de acuerdo!!

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