Wednesday, May. 22, 2019

Internacionalización defensiva en el cooperativismo

Nota inicial.- Estas reflexiones me vienen a la cabeza a partir de conversaciones recientes con Iván Marcos Peláez. En buena parte él me ayuda a ver las cosas desde otro ángulo. Así que primero de todo, va un reconocimiento a él. Es de esa gente con la que te acabas convenciendo de que “otra forma es posible”. Yo sólo dejo aquí mis sensaciones y no tienes que estar de acuerdo con ellas, por supuesto.

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Recuerdo el concepto que utilizábamos para definir la estrategia que queríamos desarrollar para abordar el mercado global: internacionalización defensiva. Esta expresión dejaba claro que no íbamos a montar plantas allá por el mundo mundial por vocación. No, la cuestión era que lo hacíamos por obligación. ¿La razón última? Estar presente en otros países contribuía a desarrollar el negocio de aquí. Y todavía era posible apretar más el argumento: es que “si no abrimos plantas fuera desaparece el empleo que tenemos aquí“. Ojo, que viene el lobo.

Hoy, cuando han pasado muchos años de aquellas reuniones de reflexión estratégica en que participaba, resulta que aquel modelo continúa vigente en boca de muchos directivos de grandes empresas. La razón por la que se abran plantas en China no es otra que mantener el empleo de esta parte del sur de Islandia. Me parece un argumento que carga el diablo.

¿Qué consecuencias conlleva una estrategia de internacionalización defensiva? Se me ocurren las siguientes:

  • Las implantaciones en el exterior son sólo instrumentales. No tienen sentido en sí mismas, se llevan a cabo supeditadas a un objetivo que no tiene que ver con el nacimiento en origen de la cooperativa, vinculada en buena parte a la generación de riqueza en un entorno local. Así, hay empresas de primera, de segunda y de tercera.
  • El cooperativismo se acerca a cualquier otro modelo multinacional que prima la supuesta competitividad global frente al interés por las personas. Si estoy trabajando en una planta de este gigante europeo que se ha instalado aquí en este país no creo que perciba diferencias. Da igual que sea Visión S.A. que Misión S.Coop.
  • Las plantas industriales del exterior se integran con las cooperativas matrices y conforman un modelo global de gestión neocolonial. Las antiguas metrópolis son hoy las fábricas del primer mundo que teledirigen la producción repartiendo pedidos según necesidades.
  • Se extiende una asimetría de poder y surgen castas, estamentos y diferencias entre las personas. Diferentes derechos alejan a unas personas de otras y provocan tensiones. Es muy difícil la identificación con un proyecto sin sentido del propósito por sí mismo.
  • Hay muy pocas personas de la metrópoli que quieren apostar por una presencia comprometida en las colonias. Se convierten en expatriadas porque la referencia de la metrópoli es permanente. No se disfruta, es una obligación que hay que cumplir.

Los argumentos siguen repitiéndose endulzados ahora con un caramelo de buenas palabras que trata de ocultar el gusto amargo que se esconde en el fondo. No hay enfoque global sino clientes globalizados que exigen a sus proveedores rendirse a sus pies. Sale lo peor de la cadena de valor: si quieres seguir trabajando conmigo ya sabes lo que tienes que hacer: abrir una planta aquí, cerca de mis colonias. Sí, buana.

Pero, ¿acaso hay alternativa? Creo que la hay, pero resulta muy complicada. Supondría seguramente un giro copernicano. Porque la internacionalización no tendría que ver tanto con implantaciones “obligadas” por el mercado sino por el diálogo de igual a igual con comunidades locales donde quizá pueda haber convergencia de valores. ¿No tendría más sentido una internacionalización por valores y no por mercado? Pero esto hoy quizá sea ciencia ficción en el capitalismo emocional en que navegamos.

Así que en 2010 continúa la internacionalización defensiva del cooperativismo. Ahora con mediación de los poderes públicos y tratando de no mirar a izquierda y derecha por si acaso el corazón se encoge. Te dejo este glorioso travelling de cuatro minutos recorriendo una planta industrial en China: Manufactured Landscapes, de Edward Burtynsky.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(9) comentarios

  1. aitormanah
    01/10/2010 at 07:44

    Buena reflexión, pareja! Yo en este tema me pierdo, no tengo ni idea!
    Aun así, soy de los que creo que adivinar el futuro consiste en imaginar con puntería, es por esto por lo que me he lanzado a escribir (y bueno, también lo hago por "robar" o atraer a nuestro blog a algunos de tus lectores Julen. ;) ).

    Yo no creo que "internacionalizar por valores" sea la mejor opción. Es una buena opción, porque el proceso de internacionalización sería mucho menos doloroso. Es como hacer nuevos amigos, siempre será mas fácil "cuajar" con gente parecida a ti. ¿Pero es lo mejor? Pues creo que no.
    Mientras sigamos "relacionándonos" con gente "parecida" a nosotros, estamos dejando de ganar un aspecto importante: la riqueza de la diversidad.
    Es justamente eso, lo que nos da una pereza terrible, escudándonos utilizando frases tipo: "...es que culturalmente son demasiado diferentes a nosotros" " ...Es que no comparten nuestra forma de trabajar, tienen otro ritmo..."

    JA! Ja! JA! ...Excusas. Excusas de miopes.
    Bienvenidos a bordo. Nace un nuevo cáncer: El Racismo empresarial.

  2. David de Ugarte
    01/10/2010 at 08:13

    Pero Aitor, aunque no dudes que de eso hay (y cada cosa se oye que asusta) creo que lo que Julen quería decir era otra cosa que iba más bien no por poner en cuestión el lugar (China por ejemplo) sino el quién. Osea, si no entendí mal, la alternativa no sería ir y montar una fábrica de cero sino buscar donde fuera empresas cooperativas pequeñas (con cultura cooperativa homologable) y ayudarles a dar el salto de escala y tecnología en una relación que les permita acabar siendo una "cooperativa de casa" con participación igual en los procesos decisorios.

    Desde luego esto sería lo ideal en muchos aspectos, aunque claro, no en todos lados hay una cultura cooperativa que pueda servir de base. Y personalmente me pregunto si no cabría repensar la ayuda al desarrollo del mundo cooperativista precisamente para que sirviera al desarrollo de modelos cooperativos propios que madurando pudieran convertirse en interlocutores.

  3. Julen
    01/10/2010 at 08:27

    Aitor, voy más en la línea de lo que comenta David. Yo estoy convencido de que hay una forma alternativa de ver el mundo global, que tiene que ver no tanto con colocar primero la razón de mercado, sino con colocar antes la búsqueda de experiencias empresariales con las que conectar en valores. De acuerdo que hay que mirar al mercado y ser consecuentes con sus reglas de juego, pero puede haber alternativas a ese modelo tan uniforme.
    Si se crean empresas "instrumentales" será casi imposible conseguir que las personas aporten y se impliquen en los objetivos globales de la compañía.

  4. aitormanah
    01/10/2010 at 10:30

    Gracias por contestar. Entiendo mejor ahora lo que queríais comunicar. Sin embargo, creo que hay un tema de fondo que puede ser interesante,David.
    Yo pienso que el lenguaje nos "delata" cuando hablamos. Creo que el pensamiento patriota-posesivo-territorial debería ser desterrado (y nunca mejor dicho) en los procesos de internacionalización.
    Pienso que la clave está en "decir y pensar" que cuando delimitemos el territorio, lo hagamos a nivel mundial, y que cuando digamos "cooperativa de casa", la palabra CASA signifique MUNDO.
    Y Mundo, signifique un perfecto collage donde cada territorio conserve su identidad con humildad y firmeza, y así lo comparta con los demás territorios.

  5. david
    01/10/2010 at 19:22

    Aitor, me gusta como piensas!!! Por casa me referia al grupp cooperativo. Tenemos q hablar!!

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