Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
Escrito el 31 de octubre, 2010 por Julen en Escapatoria
Queda escondida a las miradas ajenas. Con la levedad de un simple pliegue en el papel. Una casual incoherencia a cuenta de un error humano. Aquellas letras quedaron escondidas para siempre. Un libro que oculta una parte de su ser. Voluntad ajena que se desliza por una página cualquiera.
Doblada sobre sí misma, tímida y sin querer mirar al futuro. ¿Para qué? ¿Acaso la siguiente página iba a tener la deferencia de escucharla? No había razón para la esperanza; así que mejor replegarse sobre su regazo y dejar que el tiempo pasara para siempre jamás. Aquellas palabras compartirían la cárcel del anonimato. Nunca más.
Irreal, ilógico, al margen de las convenciones. Un libro con un pliegue en la página 118. La maldición de la casualidad que escondió para siempre el sentido. Los ojos no llegaban hasta aquella transparente profundidad. Allí estaba, resistiendo el oleaje de las miradas ajenas. No quería salir. No podía hacerlo. Había sido una decisión colectiva. Siete palabras, cuarenta y tres letras ocultas al genocidio. Libertad apresada.
Al final quedó apilado en una balda cualquiera. Recibía el cariño del polvo, constante en sus visitas vespertinas. Más y más de lo mismo hasta fundirse en una comunión antinatura. Olvidados de la mano de un dios que a partir de entonces sólo se podría escribir con una primera letra minúscula. Como el resto de las otras cuarenta y dos letras. Enterradas en vida.
No es fácil hablar de libertad. Menos hacerlo de libertad en la empresa. Si el otro día decíamos que la seguridad es una percepción, qué decir de la libertad. ¿Se puede ser libre encerrado en una cárcel? La imaginación es poderosa y no debemos menospreciar su capacidad para crear universos.
¿Se pueden crear condiciones de libertad en las empresas actuales? Bueno, convendrá mirar primero al contrato que firmamos, ¿no? Allí es probable que leamos condiciones relacionadas con las horas, el dinero, las normas, las sanciones o los derechos. Es la base de la relación entre las partes. Luego, por supuesto, el capitalismo emocional inventó el contrato psicológico. Opera en otro plano, diferente, más poderoso y complejo. Ahí la mayor parte de las veces no se escribe nada.
Es evidente que hoy las empresas levantan sus “perímetros de seguridad“. A veces son físicos: vallas que rodean la propiedad. A veces son intelectuales: protección del conocimiento. A veces son emocionales: cobertura de un marco de relaciones humanas bendecido por un código de normas laborales. Este perímetro de seguridad, más o menos evidente según casos, existe y contribuye a configurar la identidad corporativa. Ahí la persona deber ejercer la libertad. Es lo que hay. Y se puede leer en positivo, no hay que olvidarlo, porque las empresas también pueden actuar como buffer de seguridad, que diría Amalio Rey… o como simple interfaz… o como factor limitante.
Las personas allá dentro aceptan ciertas condiciones. La carrera por explicitar conocimiento ha generado una sobredocumentación de los procesos. La persona lee una pauta de proceso que guía su actividad laboral. Primero haces A, luego B y después C. Todo ello en un periodo determinado de tiempo, con todos los elementos bien dispuestos para que sea imposible equivocarse. Esto, conviene no olvidarlo, es norma en la inmensa mayoría de las empresas industriales gestionadas de acuerdo con sistemas de calidad. La excelencia tiene estas cosas: minimiza el impacto humano. Un proceso robusto es aquel que minimiza la influencia del error humano. ¿Cómo negarse a semejante avance para la humanidad?
Para gustos son los colores. Yo no me siento tan libre dentro de la empresa como fuera de ella. Por supuesto que también fuera hay normas y condiciones que se me imponen. Pero es bien cierto que gano en el grado de libertad percibida. Puedo hacer más sin que el vecino me tenga puesto el ojo para ver si lo que hago está bien o no. Ese constante estado de “tener en cuenta el qué dirán” los demás porque hay alguien que vendrá tras de ti a controlarte siempre me ha puesto nervioso. La alegría de hacer y equivocarte la he logrado si, sobre todo, las explicaciones se las tengo que dar a mi conciencia por las noches. Y no digo que sea la única forma. Por eso, para gustos los colores. Siempre necesitamos a nuestros semejantes y también hay que escuchar lo que nos dicen. Críticas bienvenidas.
Sin embargo, la pregunta del título del post me sigue pareciendo pertinente: ¿te sientes libre en tu empresa?, ¿cuánto de libre?, ¿puedes hacer lo que quieras con responsabilidad? Pero, ¿qué hay de la forma en que manejas lo que sabes? ¿No queda demasiado encarcelado? ¿Qué hay del procomún? ¿Oyes hablar en tu empresa de esta idea de ceder a la sociedad nuestro saber hacer para que el planeta que compartimos progrese? ¿Qué dice tu empresa de la libertad a través de su manual de responsabilidad social corporativa? ¿Aparece esta palabra?
El conocimiento libre, la cultura libre. Ideales para guiar la conducta. ¿Las empresas también son capaces de manejar estos ideales? ¿Los “manejan” pero con la acepción manipuladora y utilitarista del término?
Son ya varias ocasiones últimamente en las que veo recurrir de nuevo a la pirámide de Maslow para explicar los modernos enfoques de las empresas. Y no me refiero a la autorrealización comprando gasolina. El bueno de Abraham no sé si fue consciente del juego que iba a dar su pirámide de las necesidades. Mira que pasa el tiempo y sigue siendo útil para explicar por qué se mueven los humanos.
El caso es que la mayor parte de quienes habitamos el primer mundo -con crisis de por medio, eso sí- vivimos con nuestras necesidades básicas cubiertas. Por la parte de arriba de la pirámide habitan la (auto)estima, nuestra dimensión social y sentirnos a gusto con lo que somos. Suponen potentes motores conductuales. Eso sí, ya decíamos ayer que también hay juego por la parte de abajo de la pirámide: la proyección -artificial o no- de inseguridad, rebaja las necesidades para impactar en instintos más básicos.
Arriba de la pirámide se acabó la producción en masa y la eficiencia basada en costes. No, no son esas las fuentes de competitividad. Allá arriba se ubica la antropología, la etnografía, la cultura, el arte y la búsqueda de felicidad. Pero también se ubica la parte caprichosa del ser humano, la irracionalidad o la volubilidad de un comportamiento que se bambolea al aire del moderno capitalismo cognitivo y emocional. Es un territorio donde las empresas compiten con la fe, con la iglesia, con los grandes ideales y las tendencias culturales.
¿Es esa zona de las necesidades humanas un terreno lógico para hablar de dinero y lucro? ¿Cómo compaginar el poderoso deseo de la empresa de conseguir más y más beneficio económico con unas reglas que no son precisamente las de mercado? Todo anda revuelto y hay una clara ganancia de pescadores. Marketing emocional, neuromarketing, economía de la experiencia, living labs y chanflainas parecidas. Todas a por lo mismo: a por la conquista de nuestros corazones. Eso sí, en la inmensa mayoría de las ocasiones con un amo de fondo que insiste en ganar dinero porque hay que satisfacer al accionariado.
¿Qué sentido queda cuando a una empresa le quitas los grandes objetivos típicos de facturación y conquista de nuevos mercados? Primero, antes que cualquier otra cosa, ¿la empresa maneja intenciones fiables de cara a la sociedad que la rodea? ¿Debe competir contra esas otras organizaciones que no ambicionan lucro pero que atraen talento?
La economía abierta plantea un reto hasta ahora desconocido. Han entrado en el mercado entidades que se apartan de la línea oficial de maximizar beneficio económico. Son potentes porque desde su nacimiento quedaron instaladas en la parte alta de la pirámide de Maslow. Es su terreno natural. Mientras tanto, el pelotón de las empresas competitivas en épocas pasadas se ven obligadas a cambiar sus estándares e indicadores. Ya no pueden medir la satisfaccion de sus clientes en tanto que cubren necesidades básicas. El mercado es mercado y no lo es. Hay lucro y no lo hay. Las paradojas campan a sus anchas en un escenario complejo y que admite casi de todo.
Maslow sigue siendo útil casi setenta años después de que presentara su famosa pirámide. Ahí queda eso.
Algunos otros artículos en los que le doy vueltas a estos mismos asuntos:
Ulrich Beck tiene un libro clásico dedicado a caracterizar la sociedad en que vivimos hoy como una sociedad de riesgo, de riesgo global. Beck usa esta idea para distinguir una actual segunda modernidad de aquella otra en la que los estados-nación proveían un marco sólido al desarrollo industrial basado, entre otras cosas, en unas empresas que jugaban un papel importante en el progresivo incremento de la calidad de vida. Eran los tiempos de satisfacer necesidades básicas. Como comenta Beck en la introducción de La sociedad del riesgo global:
Utilizo el primer término [se refiere a la primera modernidad] para describir la modernidad basada en las sociedades de estados-nación, en las que las relaciones y redes sociales y las comunidades se entienden esencialmente en un sentido territorial. Las pautas colectivas de vida, progreso y controlabilidad, pleno empleo y explotación de la naturaleza típicas de esta primera modernidad han quedado ahora socavadas por cinco procesos interrelacionados: la globalización, la individualización, la revolución de los géneros, el subempleo y los riesgos globales (como la crisis ecológica y el colapso de los sistemas financieros globales). El auténtico reto teórico y político de la segunda modernidad es el hecho de que la sociedad debe responder simultáneamente a todos esos desafíos.
¿Por qué comento esto? Alaitz Landaluze, de Innobasque, compartía por correo conmigo ayer una cuestión que me parece muy relevante y oportuna. Hago un copia/pega de lo que ella me decía:
¿El concepto de empresa abierta o innovación abierta se contrapone al de seguridad de la información? Es decir, ¿apertura y seguridad son dos conceptos contrapuestos?
A simple vista pudiera pensarse eso de que: “en boca cerrada no entran moscas”. Y si no hay moscas, más seguridad. Pero la seguridad no deja de ser una “percepción”. Los hechos objetivos están ahí pero la sociedad en general y el individuo en particular los interpretan. Y ya hace tiempo que la seguridad se ha convertido en un gran negocio. Un negocio que vive de generar inseguridad. Difusa en la mayor parte de las ocasiones, porque el miedo se ha convertido en un gran motor económico.
¿La economía abierta es más insegura? ¿Abrir el conocimiento -asumiendo que este es el núcleo de la economía abierta- nos conduce a un entorno menos seguro que antes? Creo que la complejidad en que vivimos explica por qué no es así. “Predecir” y “controlar” la inseguridad presenta muchas limitaciones en el momento presente. Sobre todo cuando ese control tira de principios de la economía de la escasez y asigna a una pequeña parte de la sociedad la responsabilidad de hacerlo, sea la policía o las empresas que negocian con la seguridad (informática y cualquier tipo).
¿Cómo explicamos el controlado vandalismo en la wikipedia? Por una arquitectura mixta: hay mecanismos de “autodefensa colectiva” donde cualquiera puede intervenir y también una autoridad efectiva derivada de una meritocracia transparente. Porque, claro, la transparencia es parte de la medicina para tratar con la inseguridad. Primero hay que detectar para luego intervenir. Una actuación rápida minimiza problemas. Por ahí creo que está una de las claves para que el sistema se mantenga relativamente (in)seguro.
Además, hay otra cuestión que merece la pena comentar. ¿Qué ha pasado con Linux y la seguridad? ¿Por qué hasta hoy la situación de Linux en cuanto a seguridad es mucho mejor que la de Windows? ¿Por qué virus y troyanos despliegan su artillería en Windows y no en Ubuntu? Compleja la interpretación, pero la realidad es la que es. ¿Autocontrol? Cuando “abrimos” la gestión global de la seguridad puede que emerge una conciencia colectiva. Los experimentos del ya fallecido Hans Monderman para eliminar elementos de regulación del tráfico en las ciudades apuntan a la toma de conciencia colectiva como vacuna contra el riesgo.
Me parece un tema apasionante el que propone Alaitz. Hemos construido una sociedad que induce inseguridad: cada dos por tres nos informan de las “alertas”. El mapa del tiempo ahora incluye “alertas”. Casi siempre hay alguna en lontananza. También podemos estar ante una alerta terrorista permanente. Es negocio. Abrir la caja del conocimiento no tiene por qué conducir a más riesgo. Conduce a más información disponible. Y esto a su vez nos presente un reto: ¿qué arquitectura social es la más adecuada para tratar con la (in)seguridad en una economía abierta?
La consecuencia de esta forma simple de operar es grave: desconfianza. Esto es un gran mercado y unos cuantos espabilados te la van a colar en cuanto puedan. Así que no queda sino tirar de la queja individual y colectiva y formalizarla. Bien sea a través de los cauces que ofrece la Administración o de divulgación de las pifias que sufrimos.
Pero no sólo se trata de sablazos económicos. El otro gran agujero actual son las prácticas ilícitas con nuestros datos. Las operadores de telecomunicaciones se llevan un escandaloso primer premio de multas por infringir la ley de protección de datos personales. Bueno, y los bancos, que no le van a la zaga. Así que, ¿cómo vamos a construir una Internet que genere confianza entre la ciudadanía? Mucha gente calla y consume con pasividad, resignada porque sabe que “esto es lo que hay”.
No es asunto fácil de resolver. Desde fuera, como simple ciudadano, tengo siempre la impresión de que se trata, lisa y llanamente de dinero. Quieren ganar más y más dinero. La tarta del acceso a Internet a través de la telefonía móvil sigue creciendo y supongo que quienes prestan el servicio de conexión ven en ello una gran oportunidad. Las campañas de publicidad nos engatusan, aunque luego tengas cinco líneas de letra pequeña que son la cruda realidad. ¿Acaso no es una simple forma de tratar de engañar a los consumidores? Sí, la Administración debería ser más severa y prohibir semejantes planteamientos.
Pasa el tiempo y todo sigue igual. ¿Para cuando un planteamiento público potente de acceso a Internet, sea móvil o no? La Administración debería intervenir más en este terreno. Ponerte a trabajar en un gobierno abierto es una sonora contradicción si los mecanismos para acceder a esa apertura -en muchos casos será a través de Internet- no son de fiar. ¿No es mejor trabajar en la capa base antes de empezar a construir habitaciones, puertas y ventanas? ¿No merece la pena cimentar bien el edificio?
Pero la Administración hueca, que diría Naomi Klein, no puede con sus amos económicos. Se ha retraído a un papel de comparsa. Se ha sumado a las letras de neón que venden humo. Y probablemente haya subcontratado hasta los propios carteles anunciadores.
La semana pasada en el curso sobre Eficiencia personal y gestión del tiempo surgió, como no podía ser de otra forma, el asunto de qué es tiempo de trabajo y qué no lo es. Como siempre, depende del color del cristal con que se mire. Porque trabajar, lo que se dice trabajar… pues claro, eso admite múltiples significados. Y ya la hemos liado sin empezar a hablar de medir tiempos o cosa parecida. La pregunta primera es: ¿qué es hoy en día trabajar? O quizá sea aún más delicado: ¿qué no es trabajar hoy en día?
¿Conviene separar el tiempo de trabajo del tiempo de no-trabajo? Resulta difícil obligar a nuestra sesera a dejar de pensar. Y cuando piensas, es posible que el trabajo reciba cierta atención. ¿Deberíamos educar a nuestra cabeza para que no acceda a su zona de disco donde se mueven las cuestiones laborales? Un poco difícil, ¿no? Quizá hasta sea imposible. Porque mover neuronas es salud, sea para trabajar o para dedicarnos al ocio. Pero, ¿tiene sentido levantar muros de contención frene al tiempo de trabajo?
Nuestra vida de primer mundo depende más y más de la economía porque ésta -en su más amplio sentido- impregna todo. ¿Qué hacer? “Relájate y disfruta” es una opción. Sin embargo, creo que conviene mantener una actitud crítica con las horas que exige el trabajo. ¿Es mejor que nuestros trabajos nos provean de medios para integrar nuestra vida familiar y de ocio dentro de ellos? ¿No es una verdadera perversión? ¿Googleplex es lo deseable? Porque a la inmensa mayoría de gente se le pide que flexibilice su vida para que se adapte al trabajo. ¿Y al revés no puede ser?
Se puede entender a quienes prefieren un horario fijo. De 6 a 2, de 2 a 10. Límites bien establecidos. Muros de contención para un trabajo que se extiende como la teoría de los gases. Quiere ocuparlo todo. La conquista social de menos horas de trabajo sucumbe ante la potencia del poder económico. Trabaja, maldito, que en ello va tu dinero. No querrás ser un desgraciado, ¿no? Pues mete horas.
Los funcionarios deben fichar. Se les va a controlar más. Tienen que dedicar un tiempo estructurado. Nada de escaqueos. Acabarán con un chip implantado. Los problemas de otra naturaleza se resuelven con tecnología de control. Bienvenidos al futuro: funcionarios estabulados en la Diputación Foral de Bizkaia o cómo abordar los efectos y no las causas.
En 1997 llegué con toda la ilusión a Maier. En la reflexión estratégica que se llevaba a cabo cuando yo aterricé aparecía un proyecto emblemático: la gestión del conocimiento. Así se llamaba. Aquella reflexión la hacía Maier con Alfonso Vázquez, de Hobest. En el informe final el proyecto tenía que ver con la construcción de una “miniuniversidad”. Fue el bautismo de fuego. Entonces y ahora los procesos de transferencia y construcción colectiva de conocimiento en las empresas han recibido mucha teoría y quizá no tanta aplicación.
Cuando luego pasé a dedicar parte de mi tiempo al mundo académico, el baño de realidad fue inmediato. ¿Compartir apuntes?, ¿abrir contenidos? No, el modelo seguía siendo el mismo de la empresa industrial: no hay razón para abrir el conocimiento.
Siento seguir cenizo, pero la inercia mueve el molino. En la mayoría de los casos, la gente no comparte, “por si acaso”. Compartir te conduce a un camino de potenciales problemas. Quizá también potenciales beneficios, pero “por si acaso”, mejor nos quedamos como estamos. Yo creo que en el fondo tiene que ver con que la empresa suele moverse en terrenos ultraconservadores donde es muy difícil ver la cooperación como vía para la competitividad. En teoría puede ser, pero en la práctica a ver quién es el guapo que se arriesga.
Las políticas para compartir conocimientos a través de licencias al estilo de Creative Commons son pura anécdota en el marco empresarial. Pero lo mismo sucede en centros tecnológicos y universidades. ¿Qué está siendo del consorcio Opencourseware Universia donde las universidades iban a abrir contenidos? En su sitio web se le sigue dando lustre:
Esta iniciativa ha tenido un gran impacto y ha impulsado a que otras universidades de prestigio internacional se hayan adherido, generando proyectos propios en coordinación con OCW-MIT. Este el caso de OpenCourseWare – Universia que, a través de medios digitales y en abierto, difunde los recursos docentes estructurados en asignaturas. En definitiva se concibe como un escaparate para la difusión internacional de las actividades de nuestras universidades.
Por eso cuando Josi Sierra me explicaba su proyecto, siempre colocando por delante la apertura de los contenidos multimedia que iba a producir, me daba cuenta de que hay quijotes que seguimos erre que erre. Y seguiremos, vaya si seguiremos. Porque dejar a disposición de otras personas lo que sabemos es un acto de simple justicia con la sociedad que nos rodea. Siempre que podamos y hasta donde podamos.
Creo que nuestras ideas sobre la economía abierta nos conducen a un escenario cuanto menos curioso. Conceptualmente se comprende, pero, por la razón que sea, las cadenas del pasado impiden actuar en consecuencia. Seguimos sin ver acciones claras de compartir materiales en cuanto se atisba la sombra alargada de la competitividad. Las ideas de wikinomics son bonitas para las diapositivas de una presentación, pero otra cosa es verlas en la realidad.
Y dicho todo eso, no por ello vamos a dejar de insistir. Creo que a pesar de todo seguimos ganando terreno. Eso sí, las tierras comunales del conocimiento suponen una mínima superficie del total. Las personas quizá estarían dispuestas a compartir más, pero las organizaciones siguen con sus perímetros de seguridad vigentes. La policía del conocimiento -hoy seguridad privada- cuenta con artillería pesada. Qué le vamos a hacer.
Dejo aquí otro de los ejemplos de video enriquecido que Josi ha preparado mientras los pinches (Naiaraet moi) tratamos de contribuir en lo que podemos dentro de la cocina
Escrito el 24 de octubre, 2010 por Julen en Escapatoria
Inmensa y callada, te abraza. La ves llegar desde lejos, como un gran manto que te acaricia. Y ahí también estás tú. Planes que nunca verán la luz. Ideas que morirán antes de nacer. El día se mueve despacio y sólo queda dejarse llevar, sumergirse en el placer de dejar pasar el tiempo. Disfrutar con ella, reconocer que sí, que también forma parte de lo que somos.
La lista de tareas pendientes se arruga. Al final queda petrificada, inmune al paso de las horas. Nada que hacer. Sólo estar. Estar, tomar conciencia de que el reloj va a relajar su tránsito al futuro. Porque poco a poco se amontona el tiempo. No hay salida. El redil recoge intenciones y las amansa para demostrar la poca cosa que somos. Allí junto a otros signos del progreso, se nos ningunea. Grandes proyectos reducidos a un montón de chatarra.
¿Hasta cuándo, por favor, hasta cuándo? No hay prisa, la sensación es completa. Los poros dejan de recibir información del exterior. Todo en calma. Es una prueba para tu tolerancia. ¿Intranquila? Déjalo estar. Mañana será otro día. O puede que no. No conviene jugar a enfadarse con lo que somos. A fin de cuentas, vivimos en la cárcel de nuestro cuerpo. O en su libertad. Simple percepción humana.
Sigue, continúa, decide quedarse. Despacio. Completa, rebosante de felicidad. Pereza. Miras por la ventana para ver que el día viene de nuevo gris. ¿Te gustan los días grises? También los hay.
Creo que hay ¿trabajos? en los que no debemos facturar. O al menos hay que considerar ciertos proyectos de tal forma que su objetivo no sea ganar dinero. Quizá cobremos por ellos, pero debería ser lo mínimo imprescindible. Trabajar siempre para facturar te hace perder mucha perspectiva… de negocio. Sí, he dicho de “negocio”.
Cuando hablamos de economía abierta, en realidad, lo que vemos frente a nosotros son alternativas en los modelos de negocio. Si Radiohead decide no cobrar de la forma habitual por un disco o el MIT a través de su opencourseware abre la lata de los apuntes de clase y los pone a nuestra disposición, no por ello renuncian a disponer de un modelo de negocio. Al eliminar una de las fuentes clásicas de ingreso tradicionales se afila la imaginación para buscar alternativas.
¿De dónde llega la facturación que alimenta la primera línea de la cuenta de resultados? Puede ser este un buen momento para repensar su procedencia. ¿Los ingresos atípicos pueden representar alternativas viables a futuro? Pero si eso es así, ¿debe la empresa aceptar como propio de su negocio una fuente de ingresos no vinculada a su cadena de valor tradicional? Mi respuesta es sí. La economía abierta “abre” también la lata del ingreso. Hay que repensar por qué las personas y empresas estamos dispuestas a “pagar”.
¿Puede una empresa privada con ánimo de lucro pedir “donativos” y contemplarlo como una fuente de ingreso estable? Parece una locura. Pero el lucro y el no lucro se están fundiendo en una plaza de mercado donde las fronteras se diluyen. El tercer sector se privatiza y la empresa privada migra -o quiere hacerlo y hay que estar atento a las formas- hacia esquemas de valores propios del tercer sector. Y la santa madre iglesia bendice el cuarto sector, lo dijo el Aspen Institute, amén.
En un ámbito artesano, esta realidad la tenemos enfrente todos los días. Llevamos a cabo muchas actividades no facturables, junto a otras donde facturas lo que puedes. Aplicas leyes de mercado donde los proyectos tienen un precio. Pero ¿cómo cobrar a gente que se acerca para poner en marcha nuevos proyectos en los que están colocando toda su ilusión? Quizá pueda facturarse si disponemos de ayudas públicas… lo cual no sé en realidad si es facturación, porque se rige por otros criterios. Hay lo que hay y se factura lo que se factura. Nada que tenga que ver con precio de mercado. Y tan contentos.
Tenemos que conseguir proyectos para no facturar. Así de claro. O, como decía antes, proyectos que no se rijan por la obtención del máximo beneficio económico. Sí, tenemos que ser empresa y tenemos que no serlo. O tenemos que ser otro tipo de empresa. Al final, no me engaño, hablamos de ética. Eso en lo que tantas aplica el refrán: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Y hasta incluso, a veces, seguro que se me puede aplicar. Paradojas y dilemas irresolubles con los que convivimos.
El martes de esta semana me reuní una tarde con Josi Sierra y con Naiara Pérez de Villarreal. Josi tiene en marcha un proyecto muy interesante con el que Naiara y yo estamos colaborando. Que Josi maneja bien la cámara -fue maisu en Aprendices en aquel taller de videodonde me lo pasé tan bien- y que es persona sensible con temas de educación y transferencia de conociminto ya lo tenía claro. Pero ahora andamos gestando un nuevo proyecto de esos que ilusiona desde el primer momento.
ConocityPro es una cocina-laboratorio donde vamos a intentar mezclar tres ingredientes:
las mejores voces que encontremos dispuestas a compartir sus ideas sobre comunicación, innovación, red, empresa, de manera generosa y cooperativa
los vídeos enriquecidos mejor realizados para explicar estos temas complejos y abstractos combinando todas las materias expresivas que podamos encontrar para hacer comprensible el mensaje
un entorno interactivo que vista los vídeos con múltiples medios, para facilitar su visualización, ayudar a su comprensión, y favorecer al usuario el aprehender mejor el tema
Josi está trabajando con mapas conceptuales como forma de enriquecer la comunicación y facilitar la transferencia de conocimiento. El proceso incorpora la producción de video subtitulado. Todavía estamos al principio aunque ya hay varias personas con las que Josi está experimentando la técnica. Yo mismo formo parte del laboratorio; así que ya veremos qué sale.
De momento os dejo con un ejemplo de lo que puede hacerse con una cámara de video, unos mapas conceptuales y un poco (o un mucho) de experiencia para reelaborar el material y presentarlo en un formato muy agradable y fácil de asimilar. Se trata de Pilar Kaltzada hablando de comunicación y empresas líquidas. En breve daremos forma a un sitio web para presentar todo el proyecto.
Nuestra sociedad global y planetaria ha decidido que necesita emprendedores. Las instituciones han bendecido el asunto y la nueva fe se despliegue en grandes actos mediáticos. Hay que ir a por una sociedad emprendedora, fijar modelos de éxito y trabajar duro para ello. Lázaro, levántate y emprende, que diría San Juan (11,38) en pleno siglo XXI.
Dice la RAE que emprender es “Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro.” Dificultad y reto. He aquí los acicates del moderno emprendedor. Las escuelas de negocios los preparan para lo peor. Que sepas que el mundo empresarial está lleno de tiburones y allí nadie regala duros a cuatro pesetas. Hay que luchar y trabajar duro porque la competencia es voraz y va a querer joderte cada segundo que pasa. Tienes que estar preparado para lo peor: hambre, interminables jornadas de trabajo y toda esa retahíla de tópicos bendecidos por el sistema.
Y he aquí que a resultas de ello, ya tenemos modelo emprendedor. Se le añade el ingrediente del tío Gilito amasando fortuna y ¡manos a la obra! Es difícil y supone un reto… pero en la cumbre hay un tesoro en forma de resultados económicos -bueno, o que te compre Google- u otras recompensas por las que merece la pena luchar.
Sin embargo, el modelo para mí tiene un pequeño problema: empuja hacia la competitividad pero no tanto hacia colaborar y compartir. Por defecto, el vecino es tu competidor. Eso se traduce en mantener, si no alentar, la protección del conocimiento y el trabajo en privado, para que los demás sepan de ti lo menos posible. Cada vez que alguien se entera de algo que llevas entre manos, tu competitividad peligra porque te va a robar y a copiar. Te va a levantar eso que tanto esfuerzo te ha costado.
¿En cuántos programas de formación para el emprendizaje se habla de procomún, de copyleft, de una colaboración más allá del perímetro de seguridad de la empresa? ¿En cuántos programas se discute sobre el modelo opencourseware del MIT o de cómo utilizar licencias de Creative Commons u otras similares para compartir lo que sabemos y favorecer la reutilización del conocimiento que generamos? No, aquí el modelo sigue siendo el de que los clientes son míos y sólo míos y hay que defenderlos en cruentas batallas y, por supuesto, en que el conocimiento se protege con siete candados.
Eso sí, la buena nueva es que existen alternativas. Y esto al menos da ánimos, ¡vaya si los da! Pero el repiqueteo monocorde de las campanas del emprendizaje me parece que conduce en la mayoría de los casos a la reproducción de un modelo gastado. Ah… y maldecido por una buena parte de la sociedad. En esto, como en tantas otras cosas, podemos tener un problema: asumir sin crítica los módelos de éxito del imperio americano.
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La imagen en Flickr es de la iglesia de San Lázaro, creo que en Guatemala, de antwerpenR.
De vez en cuando suelo impartir jornadas de formación para ERKIDE, la Federación de Cooperativas de Trabajo Asociado, Enseñanza y Crédito de Euskadi. Desde mi época en Maier tengo relación con ellos por diversos motivos. En general, vivo cerca del mundo cooperativo desde que comencé a trabajar… hace ya más de ¡¡20 años!! Sgluuupppss, cómo pasa el tiempo.
Agustín Mendiola, su gerente, me pidió hace cosa de un mes que impartiera un curso sobre Eficiencia Personal y Gestión del Tiempo. Bueno, lo cierto es que son temas que siempre te rodean y como tenía materiales del año de maricastaña, dicho y hecho. He preparado el curso actualizando contenido. No sé cómo saldrá, pero yo me lo he pasado como un enano preparándolo. Siempre pasa que hubiera querido tener más tiempo y cambiar cosas… pero por lo menos hemos puesto al día ciertas ideas. Ya lo haremos evolucionar.
Tengo que decir que hay materiales que tenía guardados y de los que no conozco la fuente. Sé que en su día leí bastantes cosas de gestión del tiempo, pero que fueron quedando en el olvido. Lo digo porque no cito fuentes, pero sí espero poder añadirlas cuando tenga más tiempo. Si alguien las reconoce y me lo dice, con mucho gusto las añado.
El curso está pensado para terminar elaborando un plan de trabajo personal. No le veo sentido a charlar sobre eficiencia personal y no acabar con una lista de tareas. Ese el sentido que tiene todo esto. Y, por cierto, no quiero dejar pasar la ocasión de comentar de que me siento como un simple aficionadillo a estas cosas cuando veo lo que, por ejemplo, conoce y comparte José Miguel Bolívar. Así que tengo claro que si en clase piden “dónde saber más”, no hay color: GTD del bueno en Óptima Infinito.
Comparto aquí el material que usaré. Si crees que te sirve para algo, úsalo como mejor te parezca. Dejo la presentación vía embedit.in porque slideshare parece que en este momento anda colgado. Ya la subiré allí cuando esté disponible.
Hace tiempo que la paradoja se quedó a vivir aquí al lado. La escucho porque me cuenta historias diferentes. Dilemas que sólo admiten explicación con una mezcla de imposibles. La certeza de equivocarnos al hacer lo que no debíamos haber hecho si lo hubiéramos pensado bien. Pero el resultado sólo confirma lo que antes ya sabíamos. Son nuestras invenciones, rabiosamente reales.
Reconozco que me siento cómodo con la paradoja. Ayer David me decía que la uso para dar forma al sentido crítico. Yo creo que es que me hago mayor. Me cuesta ver la superficie y creer que no hay nada debajo. Porque no sirve con hacer y ver. Tenemos que ponernos manos a la obra mediante la reflexión.
El sentido crítico es fundamental para comprender esta sociedad del espectáculo. Los reyes de la venta aplican cosmética a sus productos para que las píldoras entren sin sentir. Se nos niega el placer de la deglución. Diseñado, fabricado y empaquetado para hacerte la vida fácil. Adiós al esfuerzo. Vivimos en la ergonomía cognitiva, una ciencia tan delicada que piensa por ti.
Lo siento, hubiera preferido seguir tirando de Pylones. Otro día será, porque la paradoja continúa. En los detalles a veces se aprecia que no es oro todo lo que reluce. Porque ¡vaya si reluce! La realidad se recrea en formas y colores que estudia el neuromarketing. Más y más investigación para que no lo sintamos. Es violencia estructural dentro de una burbuja hedonista.
Por aquí, en este humilde blogsito, hace ya mucho tiempo que hablábamos de estas cosas. Sí, cómo ha llovido desde entonces; hablamos de ¡¡¡2006!! Entonces escribimos:
Search: las personas buscan y encuentran lo que necesitan para su actividad laboral navegando por los contenidos mejor o peor organizados de sus Intranets corporativas. Encontrar lo que buscas es el argumento básico de esta nueva empresa.
Links: la forma en que buscamos ya no es mediante secuencia de principio a fin, sino de un recurso a otro. El enlace es el orden de la empresa 2.0.
Authoring: si Nicholas Carr ya anticipó lo bueno y lo malo de la amateurización de la web 2.0, McAfee confirma que todo el mundo puede producir y generar sus contenidos. Cada cual es capaz de mostrar lo que sabe y de generar tráfico en torno a sus contenidos, siempre que sean útiles para los demás.
Tag: la experiencia de quien usa los sistemas de información de una empresa se ve enriquecido por la etiquetación. No son las máquinas sino los humanos quienes etiquetan el contenido. De esta forma la búsqueda se acerca al criterio de la persona, se humaniza, en buena parte.
Extensions: el sistema de recomendación como vía de avance en la búsqueda. Si le doy valor a este contenido y éste a su vez se lo concede a otro, es probable que me fije también en este último. La búsqueda de contenido relevante se realiza extendiendo desde las conexiones de un punto de origen. Las redes son la forma en que se organiza el conocimiento.
Signals: como forma de saber que algo relevante ha sucedido. No podemos perseguir todo aquello que nos interesa. Necesitamos recibir señales cuando algo se mueve en ese objeto de deseo que previamente he fijado. Son las tecnologías RSS, la gran fuente de conocimiento asociada a la empresa 2.0.
Ayer discutiendo con Amalio A. Rey sobre organizaciones 2.0 y tecnología, me surgió la idea de aclarar nuestro punto de vista. Que no tiene por qué ser el mejor ni con el que tampoco tienes por qué estar de acuerdo. El planteamiento que hago es el que se deriva del camino recorrido estos cuatro últimos años, yendo de aquí para allá, hablando con muchas empresas y degustando éxitos y fracasos. Camino recorrido, vamos.
A Amalio le chocaba que cuando trabajamos con una empresa en su “transición” hacia escenarios 2.0, coloquemos en los cimientos la tecnología. De hecho, ahí solemos colocar dos aspectos, porque además del tecnológico está de el de actitudes y cualificación de las personas. Es decir, cuando una empresa nos llama para hablar de “Internet” (suele ser la llamada habitual), no queda sino hablar de tecnología. Porque aunque para mucha gente se esté convirtiendo en una capa transparente, no es así para la inmensa mayoría de las empresas.
Pero hablar de “Internet” no es hablar de “empresa abierta”. Eso sí, la empresa abierta tiene un potenciador natural: la web social. ¿Puede entenderse sin ella? Cada día que pasa es más difícil. Pero de la misma forma en que los usos sociales de la tecnología se extienden más y más por toda la sociedad. Así que no creemos que la web social sea un distintivo de la empresa abierta, sino que habría que preguntar por la forma en que la utiliza. La sociedad no puede entenderse sin Internet y la web social. La empresa seguirá esa tendencia.
Sin embargo, la “organización 2.0″ presenta un serio problema de conceptualización. Porque coloca el foco en lo 2.0. Y para bien o para mal, lo 2.0 ya explotó en su día: primero con la generalización de Internet como plataforma (sin tanta intensidad de uso, siendo realistas) pero sobre todo, en un segundo momento, mediante el uso masivo de las redes sociales en Internet (Facebook, Linkedin y Twitter a la cabeza). Hablar de “organización 2.0″ no tiene demasiado sentido desde mi punto de vista. Creo que hace falta -cada vez más- un uso crítico de todo lo que trae la web social.
En este sentido, ¿estamos trabajando en modelos abiertos de empresa? Sí, pero en cierto grado y según nos dejan las circunstancias. Creo que es más fácil desarrollar la empresa abierta a través del emprendizaje. Si la empresa nace ex novo tenemos más posibilidades. Puede sentirse ya nativa en Internet y eso facilita una aproximación diferente a la gestión. Es más fácil entonces comprender el sentido de la abundancia (por uso intensivo de lo digital), cómo usar la meritocracia o hiperconectarse, características todas ellas de la economía abierta.
Así pues, las “organizaciones 2.0″ corren el riesgo de morir por la propia ola que las arrastra. Community Managers que hacen bien su trabajo pero que no modifican las condiciones estructurales de funcionamiento de la empresa van a provocar que lo 2.0 represente un adjetivo útil para el marketing y la comunicación, pero anclado en las viejas premisas de siempre. Charles Leadbeater, cuando hablaba de innovation in e innovation out daba la pista de los dos escenarios posibles: el de un simple cambio de enfoque frente al de una transformación radical.
La realidad es la que es. Nosotros jugamos la mayor parte de las veces en terrenos de juego con unas líneas ya pintadas. Hay reglas y árbitros. Es un enfoque. Estás dentro del sistema y ahí lo 2.0 es un eje que se hace más y más transversal. Pero en la inmensa mayoría de los casos no modifica la esencia de la empresa.
Por contra, la empresa abierta construye un nuevo campo de juego. Toma prestadas ciertas condiciones de la sociedad que la rodea y las transforma en nuevas formas de hacer gestión. La consecuencia es que surge algo que puede, o no, ser empresa. Es un lugar de construcción colectiva de conocimiento. Un lugar que normalmente incrementa el procomún. Más que mirar al beneficio propio juega con la referencia del beneficio global.
La empresa abierta no puede no usar Internet. No puede no usar tecnología. El mundo es como es. La empresa abierta necesita Internet y la web social, pero no creo que sea una característica tan relevante como para decir que la define.
Dicho todo esto, ya me lo veo: Amalio va a estar de acuerdo conmigo. ¿O no?
Escrito el 17 de octubre, 2010 por Julen en Escapatoria
Alimentos de la violencia, una ingesta que mantiene el dolor de fondo. Nunca más agudo, ese dolor es sólo un ligero zumbido crónico que queda oculto en la escena. El poder lo ha conseguido. Comes, te alimentas y con ello introduces nuevos nutrientes de dolor.
El dibujo amplio, global, inmenso y multiforme es inabarcable. La excusa perfecta para seguir comiendo. Yo no quise, yo no sabía, yo no puedo. Nunca antes fue tan fácil eludir la responsabilidad. ¿Violencia? Sólo la que vemos por la tele, en dosis justas, con el dolor medido. Píldoras de autoconsumo expedidas en máquinas de vending. Tú misma.
La acera se estrecha y al final sólo podemos ir en fila de a uno. Delante, detrás. Sin uniforme. La diversidad de origen se multiplica en diversidad de moda. Y tal caos sólo sirve para que el engranaje dé otra vuelta más. Sin que tú ni yo nos demos cuenta. El giro es silencioso. Otro muerto en una calle de un lugar que ya no será más el mismo. Lo mismo da.
En el rompecabezas del desastre, cada pieza encajaba bien. Sorprendentemente bien para la complejidad global. Alimentos funcionales para el espíritu. ¿De dónde vienen? Los campos de cereales de la niñez nunca más. El poder es nuestro. Podemos. Por fin podemos. Pero el reloj en que vivimos nos es ajeno. Sólo sabeos que nos necesita. Que nos quiere. Somos su herramienta.