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La pesada carga de crear contenidos para Internet 8 comentarios

3d people and symbol InternetHoy terminamos el taller sobre Estrategia de la PYME en Internet que también citaba ayer a cuenta del artículo sobre sindicación de búsquedas y Google CSE. Luego por la tarde, tuve otra reunión con otro cliente y estuvimos charlando sobre la generación de contenidos para Internet. El asunto, así planteado, no pinta bien. Tiene trampa.

Contenidos “para” Internet es una losa, es trabajo añadido, es sobrecargar a los humanos que ya tienen sus horas repletas de currelo. ¿Por qué esos contenidos tienen que ser diferentes de los que producimos habitualmente? Vale, admito una pequeña parte de novedad, pero estoy seguro de que los discos duros y las unidades de red de muchas personas y empresas está repletas de contenidos que perfectamente podrían fluir en abierto. ¿Por qué no lo hacen? Misterios tiene la santa madre iglesia.

Si no incorporamos la producción de contenido a Internet de forma natural y casi transparente, tenemos un problema. ¿Qué diferencia existe entre editar con un procesador de textos o con un editor web? ¿Por qué no podemos trasladar a Internet reflexiones y producción que habitualmente va al disco duro? ¿Acaso no nos damos cuenta de cuánto suele enganchar el making-off de una película? Esas interioridades son útiles para terceras partes, sean unos alumnos en busca de material útil para un proyecto o alguien que busca aprender sobre cómo hacer el trabajo.

Tenemos que conseguir que escribir en Internet sea tan natural como hacerlo en local. Por supuesto que hay que pensar qué contenidos son más relevantes, pero ¿por qué no hacer más sencilla la escritura en Internet? No hay tanto que explicar porque a fin de cuentas sigue siendo escribir, hacer fotos, hacer videos, contar una historieta o trasladar un estado de ánimo. No son contenidos cuya naturaleza cambia radicalmente porque fluyan a través de Internet. Puede haber matices, pero sólo eso: matices.

De ahí que hay que encontrar qué tipo de contenido ya está fluyendo fácil en la empresa y que podría ser susceptible de moverse por Internet. Si no colocamos contenido suficiente el posicionamiento es mucho más complicado. Creo que estamos endiosando el contenido “para” Internet. En realidad se trata de contenido, normal y corriente, del de todos los días. ¿Que hay cuatro reglas que convendría cumplir? Vale, pero insisto, son cuatro reglas y que no hacen sino poner sobre la mesa que hay que hacer las cosas con sentido común.

Tenemos que manejar herramientas con las que nos sintamos cómodos. Herramientas cómodas conducen a una producción fluida de contenido. Todo será más fácil si no te comes mucho la cabeza con la repercusión que tendrá lo que escribes en Internet. Primero tenemos que conseguir el hábito, la inercia, la rutina. Tenemos que escribir, narrar, exponer, argumentar. Eso no tiene tanto que ver con Internet cuando con competencias básicas “de las de toda la vida”.

Y, claro, te entiendo perfectamente. Si ahora hay que generar contenido “para” Internet vas a tener más trabajo. Mala vida te espera a cuenta de ese tipo de internés ;-)

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La imagen en Flickr es de crystaljingsr.

Sindicación a búsquedas y Google CSE 4 comentarios

Google BlogsAyer en el taller que estamos realizando en Vitoria sobre Estrategia de la PYME en Internet estuvimos hablando de la importancia de escuchar y de realizar una buena vigilancia competitiva. Nada nuevo bajo el sol. Claro que “escuchar” supone poner sobre la mesa nuestras competencias para saber buscar. En su momento ya hablé de Mis 10 consejos particulares para buscar en Internet, pero sigo dándome cuenta de lo importante que es desarrollar una buena estrategia de búsqueda de contenidos… y lo poco que la practicamos.

En primer lugar, necesitamos un mapa de conceptos clave porque no sólo se trata de suscribirnos a determinados sitios sino de hacerlo a búsquedas. Por ejemplo, una cosa es que te suscribas a este blog (se agradece) pero quizá te interese hacerlo también en torno a ciertos conceptos, independientemente de dónde surjan. Si por ejemplo quieres saber todo lo que aparece sobre “alimentos funcionales”, puedes hacer una búsqueda con el buscador de blogs de Google y sindicarte a ella.

Ten en cuenta que puedes reducir la búsqueda tanto como quieras a través de la búsqueda avanzada del buscador de blogs de Google. Es decir, que podrías limitar por ejemplo el seguimiento vía rss a determinados sitios para que sólo se te informe de las novedades relacionadas con determinados conceptos. Para ello, bien simple: acotas la búsqueda a determinados dominios y listo.

Por cierto, yo no me preocuparía porque no puedas leer todo lo que te va entrando en tu lector de feeds. Piensa más en utilizarlo como un almacén selectivo que te permitirá realizar búsquedas dentro de sus contenidos. Es decir, que los contenidos van a estar siempre ahí y que vas a poder buscar específicamente en estos “contenedores” que vas definiendo. Si tienes tiempo lees, pero si no, siempre quedará la opción de buscar dentro de ellos cuando te saques un hueco.

GoogleCSEJunto a este uso “avanzado” de la sindicación a búsquedas, creo que también es muy interesante personalizar Google para crearte tus propios buscadores a través de Google CSE (Custom Search Engine). ¿Para qué nos sirve? Pues por ejemplo, si quieres que Google bucee sólo en las webs de tus competidores, sólo tienes que añadir esas url a la lista que te pide. Además, a través del panel de control de los buscadores personalizados que vas creando, puedes obtener código HTML para integrarlo en cualquier sitio web.

Combinando la sindicación a búsquedas y Google CSE puedes organizarte un sencillo método de vigilancia competitiva. Coste cero y muy simple de administrar e integrar dentro de cualquier sitio web. Sí, ya sé que lo podemos complicar más, pero ya sabéis que soy fan de Ockham y su famosa navaja ;-)

La triste consultoría de la subcontratación 4 comentarios

CandadoRecuerdo cuando lo leí por primera vez hace unos años. Me lo dieron a firmar. Quien firmaba aquel contrato no podría trabajar de forma directa para aquel cliente en un plazo de dos años. La empresa grande de consultoría echa mano de un proveedor y le ofrece una colaboración. Para eso en sus procedimientos ya tiene un contrato preparado. La supuesta confianza va al papel y allí se firman las condiciones, las tristes condiciones de esa colaboración. Y encima te dicen que es que “es la norma pero que en realidad no tiene importancia”. Pues no me lo des a firmar, ¿no?

De nuevo la filosofía de que el cliente es mio, sólo mío. Tú ni me lo toques.

Viendo este panorama, ¿cómo vamos a ponernos a hablar de licenciar contenidos de forma más abierta con Creative Commons? Consultoría ficción, por supuesto. Seamos conscientes: somos cuatro chaladas/os quienes compartimos materiales para que otra gente pueda reutilizarlos. Las cosas como son.

La norma en consultoría es subcontratar. Y proteges todo lo habido y por haber:  supuestas metodologías de oro y supuestos clientes únicos. De nuevo volvemos al gatopardismo: de vez en cuando un movimiento “para que parezca” que también nos movemos en la web 2.0. Más de lo mismo. Los mismos enfoques ahora desplegados por las nuevas carreteras de la propaganda que quiere vender lo que no es.

Es evidente que hay ámbitos de privacidad a respetar; nadie lo discute. Tanto en la relación cliente-proveedor como dentro del propio proveedor. No hablamos de transparentar radicalmente. Tan sólo hablamos de actitud, de compartir, de equilibrar las relaciones entre la empresa y las personas que prestan sus servicios para ella, lo hagan como proveedoras externas o como empleadas. Los modelos piramidales que presentan carreras profesionales hacia la cúspide se reproducen también hacia proveedores. La consultoría es una excelsa representante de la economía de la escasez.

Nos guste o no, es la norma. La gente protege cuanto puede sus cotos privados de negocio. A los competidores ni agua. Y al resto del mundo que no es mi cliente y me paga, igual.

¿Por qué esta reflexión ahora? Porque aquello que vi hace unos años lo he vuelto a ver. Queremos personas que se comprometan con nosotros, pero ofrecemos unas reglas del juego canallescas.

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La imagen en Flickr es de esfema.

La realidad aumentada puede que no sea real 3 comentarios

eyeMobile KC-1 close up lens for iPhoneParece el nuevo maná que promete el cielo en la tierra. Son los dispositivos para aumentar la realidad. Sólo tienes que llevar un artilugio capaz de enfocar algo… y, claro, pagar esa conectividad móvil a buen precio, como siempre. Enfocas y aparece información. Real, de verdad. Puede provenir de una fuente oficial y de otra oficiosa. Más información cuando te hace falta. Es el just-in-time aplicado a la información. Nada del otro mundo.

La clave está en la información. Me refiero a la que está accesible a través de realidad aumentada. Porque habrás de andarte con cuidado. En la medida en que esto se convierta en mainstream que dicen los jefes del mundo a ver quién es el guapo qué distingue información legal de información publicitaria. Y cuando digo “publicitaria” digo… ¡casi cualquier cosa!

En un planeta infoxicado captar la atención es fundamental. Quienes publicitan hace ya tiempo que se dieron cuenta de que una alternativa para calar en la gente, es que el producto/servicio viaje en un medio que ya ha ganado nuestro corazón. Puede ser un señor que da patadas a un balón o una serie televisiva de éxito. El producto se pega a ese referente social y allá que tira de una cuota de atención ya conseguida de antemano.

No me cabe duda de que la publicidad entrará a saco en la realidad aumentada. Cuando enfoques esa calle para saber si hay algún hotel en ella, encontrarás publicidad y opiniones de verdad. Aunque estas últimas opiniones puede que incorporen también publicidad. O sea, que sean casi lo mismo, porque juntas viajan mejor. ¿Que la realidad aumentada es útil y sirve al humano que porta tecnología? Pues allá aparecerá el discurso publicitario invasivo. Los americanos, listos ellos, no obligan a diferenciar el product placement dentro del guión. O sea, que ya han fundido los límites: publicidad y lo demás son sólo un magma único y de formas confusas.

Las películas de ciencia ficción ya están aquí. Es cierto. La realidad aumentada cambia nuestra percepción: agrega poder S.A. a nuestras capacidades. Biopolítica, soft power del mejor. Es como si a nuestros ojos se les pudiera añadir una fina retina adicional. Eso sí, hay que aceptar el patrocinio. Grandes vallas publicitarias -lo retro siempre mola- que anuncian:

¡Realidad Aumentada Gratis! ¡Acepte nuestro implante! ¡Vístase de futuro y acceda a la información que necesita! Prueba sin compromiso

Por supuesto que la pelea está sobre la mesa. Aparecer en la realidad aumentada o no aparecer, he ahí la cuestión. Va a haber tortas para salir en la foto. Porque lo que sucede es simple: a nuestra percepción se le añade una capa tecnológica de ultrapercepción. Y esa capa no es inocua. Va a estar repleta de intereses comerciales. Quizá los cyborgs debamos aceptar que la civilización avanza por aguas turbulentas S.A.

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La imagen en Flickr es de taiyofj.

La viñeta 4 comentarios

Iñaki Murua y Julen Iturbe-Ormaetxe con Antonio Fraguas, ForgesEl trazo sube desenvuelto en busca de un repliegue. La nariz, protuberante para delatar al autor, se enrosca junto a un cuerpecillo inconfundible. El trazo continúa, decidido. El dibujo comienza a tomar una forma embrionaria, con la idea nítida en la mente pero aún con múltiples vías entre las que elegir la luz.

Economía de la atención colocada en un pequeño pedazo de papel. La mano guía el trazo, el trazo se recrea y todo se condensa en una viñeta. Después la vista se posará allí una y otra vez. Alguna conexión neuronal disparará una orden simple y directa: la mirada colocada sobre el objeto. El sentido, la ironía, quizá la risa. Por instantes, se quedan a vivir en la viñeta.

Rutina de cada día para mantener el alma alerta. La viñeta es el ejercicio que lubrica las conexiones. Sólo un dibujo que imanta la atención. Los trazos, nunca definitivos, comienzan su nueva andadura. ¿Qué mares surcará el dibujo? Imposible predecirlo porque cuando zarpa suelta todo el lastre de quien lo crea. No puede ejercerse control alguno sobre el rumbo. Tantos rumbos como emociones atrapadas.

Y de nuevo, al día siguiente, otra viñeta. La nariz sigue esperando su lápiz mientras el trazo sonríe malicioso porque le espera movimiento. Instantes de gozo comprometidos con la justicia. Creados para sonreír.

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Nota.- Ayer me encantó escuchar a Forges. La foto en Flickr es de Josu Garro y en ella estamos Iñaki Murua y quien escribe junto a Antonio Fraguas, Forges, en el homenaje que se le rindió en Bilbao durante la Risa de Bilbao.

Me criticas, no eres de los míos 9 comentarios

Forges, embrutecido mediáticoCriticar es fácil. Eres un criticón. Una cosa es criticar y otra aportar. Ya vale de criticar. Definitivamente, en la cultura popular, criticar no está muy bien visto. Pero más grave es el hecho de que con frecuencia, criticar equivale a traicionar. Me has criticado, nunca lo hubiera pensado de ti. Creía que eras de los nuestros.

Las críticas las haces en privado. Eso sí, si se trata de elogios, no hay problema. Coge megáfono y que la voz se extienda por los cuatro puntos cardinales. Pero si me vas a criticar, eso se hace en casa. Los problemas no se airean. Los hablamos aquí dentro, en el vestuario.

Trabajo en equipo y todos a una. Ese símil de la trainera donde uno observa el rumbo y los demás están a lo que diga el capitán. Porque donde manda capitán no manda marinero.

Ya sabéis de sobra que vivo en el mundo de quienes criticamos. Y no me quiero marchar de ese barrio. Verdades y mentiras vienen de la mano. Sí, me quedo en el barrio de Tíscar: Be critical, my friend, be critical. Por eso cada vez que alguien me critica, me siento feliz. Lo digo tal como pasa. Porque cada vez que alguien te mete caña, es un aliciente para repensar argumentos e hilar más fino si cabe. Y si no tenemos razón, no pasa nada. Seguro que estoy equivocado en muchos de mis planteamientos.

Sin embargo, el estándar es tapar la crítica. Callar para no molestar. Pues va a ser que no.

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La viñeta es, por supuesto, de Forges a quien hoy, por cierto, espero escuchar en La Risa de Bilbao.

Cuando motivar es un insulto 6 comentarios

Proyecto Habla

Ayer estuve conociendo más de cerca el proyecto que Úbiqa ha estado desarrollando en el Perú para Anesvad. Impresionante. Se trata del proyecto Habla, del que Itxaso ha realizado una reseña en su web. Ella y José Luis han estado dos semanas en el departamento de La Libertad en Perú trabajando en la realización de vídeos con teléfonos móviles producidos directamente por las personas implicadas. El fondo de la cuestión es empoderar a las comunidades locales para que su voz emerja también a través del formato audiovisual usando para ello un artilugio como el teléfono móvil.

El proyecto se lleva a cabo para Anesvad y centra la problemática en torno a la tuberculosis, una enfermedad que parece haber huido del primer mundo, pero que todavía está presente en otros lugares. Ayer me explicaban Itxaso y José Luis esa actitud de agradecimiento y al mismo tiempo respeto que veían en la gente con la que han trabajado. Supongo que nos ven como los llegados de El Dorado, un lugar que ahora en el siglo XXI se ha mudado al otro lado del charco, allá lejos.

El proyecto Habla es otro intento para dar voz al Sur. ¿Por qué no cualificar a las personas para que tengan capacidad mediática? Si Castells habla de la “autocomunicación de masas“, ¿por qué pensar que sólo la ciudadanía del primer mundo puede hacerla efectiva? Hoy en día manejar un móvil es algo a lo que pueden tener acceso muchas personas en el mundo. Muchas más que a un ordenador. El móvil es un artefacto pequeño, fácil de llevar, con cada vez más capacidades. Quizá el móvil es la puerta de entrada a la autocomunicación de masas en países en desarrollo. Las personas pueden comunicar masivamente su situación y elevar su voz también a través de estos nuevos medios.

Después de la experiencia en Aldea Moret, Ubiqa continúa trabajando en experiencias similares. Ahora con más contenido social, si cabe. De un barrio marginal de Cáceres a otros aún más recónditos y con problemáticas diferentes allá en Trujillo y alrededores, en el Perú. Su metodología pasa por cualificar a las personas. A través de unos talleres las personas que participan adquieren la cualificación para grabar y editar vídeo a través de teléfonos móviles. Por supuesto que la narrativa es diferente y también hay que aprenderla, pero a lo mejor no es tan complicado.

Cuando volvía para casa después de la comida con la gente de Ubiqa iba pensando en lo caprichoso que puede llegar a ser eso de la motivación. La necesidad sigue siendo un gran movilizador. Si para mejorar tu situación personal, si para poder erradicar la tuberculosis como una lacra social, ves que un teléfono móvil puede ser la herramienta que te dé voz, olvida la motivación. No tiene sentido hablar de eso. Si pasas hambre no hace falta que me expliques los beneficios de la ingesta de diferentes tipos de alimentos y las vitaminas que me aportan.

No hace falta que me motives. Tengo hambre y estoy jodido. Así que si lo que me das me sirve para salir de ahí, no te preocupes, la motivación la traigo de casa. Tú la llamas así pero es simple necesidad.

Cuando el objetivo no es la cantidad 5 comentarios

Pato de los vientosTener muchos seguidores o subir la cifra de facturación hasta lo más lo alto que se pueda son objetivos respetables. En un mundo infoxicado una primera pelea de supervivencia es hacer suficiente ruido para seguir existiendo. Pero enseguida aparece la tentación de convertir el ruido en estruendo para que no sólo sobrevivamos sino para que seamos líderes. La economía de la escasez necesita abundancia de clientes, seguidores o ingresos. Siempre parece que hay un techo por romper. Es un modelo, pero no el único.

Existe, al menos, otra opción: la eficiencia con una cifra de facturación contenida. No digo nada que nuevo. Como explicaba ayer José Antonio Gallego en la jornada sobre empresa 2.0 que organizó Euskadi+innova en Vitoria, hay diferentes indicadores para diferentes objetivos. Hoy muchos miran al volumen, pero otros lo hacen a la calidad de la participación o de la conversación que generamos.

La web social bebe de las multitudes. Seguramente que es su gran conexión con la empresa: la web social puede prometer a la empresa que la hará crecer y diversificarse hasta casi fundirse con lo que antes no era empresa. Hoy la web social, como dijo muy bien un “ingeniero y empresario” que habló ayer en la jornada que citaba, es social. Y la empresa, otra cosa. Ya, pero todos andamos buscando el lugar en que se encuentre lo social con lo empresarial. Sea de forma amable o con oscuras artimañas.

La promesa que la web social hará más “social” a la empresa tiene el problema de que en un gran número de ocasiones debería cuestionar la misma esencia de la empresa. Si el objetivo es romper el techo de facturación o de clientes o de penetración en el mercado, siempre va a necesitar volumen. Y eso se hace en abierto. He aquí un problema. Agrandar la empresa es aceptar una regla de la web social: hay que hacerlo todo más abierto e ir a jugar el partido al terreno donde ya están sucediendo las cosas. Y la empresa se retuerce porque está acostumbrada a sus perímetros de seguridad.

Si el objetivo no es la cantidad, el uso de la web social es mucho menos estresante. No hay que ir a por todas. No es una cuestión de llegar a los 800.000 fans y a los 2.000.000 de followers. Los grandes números conducen a una lucha encarnizada porque los márgenes allí son muy pequeños. En cambio, en la larga cola, las oportunidades son muchas, pero hay que poner en liza nuevas competencias. Las reglas de los grandes partidos del volumen son diferentes de las que rigen en los pequeños escenarios.

Montar un negocio en Internet enseguida conduce a volumen. El tráfico es el alimento de la publicidad. La estadística del ingreso publicitario en Internet sólo funciona cuando el volumen de visitas es elevadísimo. Entonces los números salen. Pero en esa pelea por captar atención son muy pocos los elegidos.

Hoy en día la gran parte de la gente que hemos puesto en marcha iniciativas empresariales somos gente normal, sea lo que sea esto. Ni mejores ni peores que el resto de la ciudadanía. No podemos competir por liderazgos planetarios. Eso sí, podemos recurrir a liderazgos humildes y compartidos, en pequeños nichos de mercado. Estos pequeños huecos enseguida se convierten en algo más que mercados. Pueden ser filés al estilo indiano o simples grupos de personas que comparten pequeñas pasiones. Porque tampoco hacen falta grandes declaraciones mesiánicas en la línea de que “esta empresa está aquí para salvar al mundo”.

La competitividad también navega por aguas tranquilas. Por objetivos menos ambiciosos que los que solemos encontrar en los libros de autoayuda empresarial. Hay un espacio para el negocio contenido, para decir que no a cierto tipo de volumen que sólo nos lleva a perder el norte.

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La imagen en Flickr es de Seryo.

Espectáculo global 8 comentarios

Circus SmirkusSocial media por aquí, social media por allá. Escenificación del mensaje. Despliegue de recursos que acompaña al poder mediático. Diversión, entretenimiento. Consumo fácil. Aprender divirtiéndose. TED como ejemplo. O TEDx por ejemplo. Grandes eventos y pequeños eventos. Todo, sea lo que sea, necesita cosmética y vaselina. Para que lo traguemos sin dificultad.

Bueno, es un modelo. Es una forma de hacer fluir conocimiento. El discurso juega a hacerse norma sin que ni tú ni yo nos demos cuenta. La narrativa bien construida cala porque es transparente. ¿Te ha gustado la película? Ah, pero… ¿era una película? Truman no es consciente del show en que participa. Es parte de la escena y la escena es parte de la realidad.

Empresas y organizaciones en general han migrado al terreno emocional. Coaching. Inteligencia emocional y realización personal. ¿Te gusta conducir? Maslow pensó que comprando gasolina en Repsol conseguirías autorrealizarte. ¿Delirio colectivo en el siglo XXI? El gran país que manda en el mundo vende un verdadero arsenal de armamento a Arabia Saudí. 60 mil millones de dólares. Bendito Obama. Por si acaso.

Y mientras, alborozados, vendemos proyectos basados en personas. Son las empresas de hoy y la garantía de futuro. Hay una clase empresarial que lidera la sociedad. Representan la ambición y el desafío. Los nuevos retos. Arriesgan y se sienten cómodos en la presión del logro. Los gobiernos ponen en marcha las modernas fábricas de emprendedores para reproducir el modelo. La administración se ahueca y se hace dospuntocero, se apodera del agujero del donut.

La gestión de las organizaciones se repiensa a sí misma. Sale a escena con todo el glamour de las estrellas. Y si no las tiene las compra. La roja y los modernos dioses sin estudios iluminan el camino. Son la nueva referencia. Imantan dinero y atraen la emoción de los pequeños. Son orgullo. Son cochazos de lujo y todoterrenos de escándalo aliados por un mundo sostenible y por la paz mundial. Amén.

Disculpas, ha sido un momento de debilidad. Se me han cruzado los cables por un instante. Ahora enseguida lo dejo y me pongo de nuevo a currar. Perdón, perdón.

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La imagen en Flickr es de hbp_pix y corresponde a una atracción del Circus Smirkus.

Más innovación abierta cuanto más pequeña sea la organización 7 comentarios

La teoría de la innovación abierta es sencilla: ahí fuera hay mucho que ganar y no tanto que perder. Pero una cosa es el dicho y otra el hecho. Ya puede estar presente en la estrategia de la organización, que luego hacerla realidad es harina de otro costal. ¿Razones? Entre otras, una bien sencilla: el tamaño grande reduce la necesidad de trabajar en abierto e introduce presión centrípeta.

Podríamos ir al extremo de una organización unipersonal -hasta donde tenga sentido la expresión- donde el conocimiento es muy limitado. Una persona sabe lo que sabe. Si quiere construir más conocimiento necesita a quienes están “ahí fuera”. Es el resto del mundo. Si se trata de innovar (sea esto lo que sea) tendrá que hacerlo no sólo leyendo libros y adquiriendo ciencia por análisis íntimo, sino en colaboración con otra gente. No le queda más remedio. Y esa gente, evidentemente, no es de “su organización”.

Las dimensiones reducidas facilitan la agilidad. No quiere decir que la produzcan de manera automática sino que, sin más, la favorecen. Luego es cuestión de cada cual ponerse manos a la obra. Por contra, las organizaciones grandes desarrollan fuerzas centrípetas poderosas: desde el perímetro de seguridad vallado (físico, pero no solo) hasta la preocupación constante por la “retención” de talento. Como son grandes necesitan mucha energía para subsistir. Y las fugas de conocimiento han provocado y siguen provocando miedo.

Claro que puede haber movimientos en sentido centrífugo. Las declaraciones institucionales en ese sentido son positivas. Pero la cultura de la organización es tenaz. La gente suele tener miedo o ciertos reparos a jugar en campo abierto. Han mamado que la organización es poderosa y que ese poder tiene que ver con volcar puertas hacia dentro. Por eso cuesta tanto que el conocimiento fluya de forma natural hacia fuera. Porque la gran falacia de la innovación abierta es entenderla sólo de fuera hacia dentro. Y así no hay quien juegue: si no das es difícil que tomes.

Yo sigo defendiendo modelos más distribuidos de investigación. E insisto que sigo la línea que han dibujado en las Indias Electrónicas. Es muy diferente el modelo descentralizado del modelo distribuido. El gigantismo de la investigación corre paralelo con los tiempos actuales: la competitividad mediante la eficacia, pero a costa de la eficiencia. Admitimos pérdidas de eficiencia porque la suma total consigue el resultado.

Sin embargo, la investigación en buena parte se mueve por sintonías. ¿Acaso no es lógico pensar que una buena investigadora sabe bien qué otras personas -con nombres y apellidos y con sus direcciones de correo electrónico- son las referentes en su campo? ¿Y dónde están esas personas? Claro, unas cuantas están allí fuera. Lo lógico sería colaborar con esa otra gente con la que compartes pasión. ¿Qué te lo impide? Ah, ya. No son de tu organización. Una lástima esa cárcel.

Y dicho lo anterior, al final convivimos con modelos mixtos. Gente que investiga dentro de grandes organizaciones y que escapan al control de los carceleros -sólo sigo el argumento normativo que Michel Foucault estableció para cárceles, centros educativos, manicomios y hospitales- un día sí y otro también. Porque además de interactuar con los compañeros del piso de arriba, también pueden hacerlo con la gente de ese equipo de investigación australiano. Todos quedan a un click de distancia, ¿no?

¿Cuánta gente encuentra conocimiento útil saliendo al mercado de Google antes que acudiendo a la intranet corporativa? Fuera el caos sirve, dentro el orden ralentiza. No es blanco ni negro, pero las grandes organizaciones presumen de que tienen mucho allá dentro. Poca cosa comparado con lo que es probable que haya allí fuera. ¿Cómo conseguir equipos de investigación distribuidos? Seguiremos retorciendo argumentos.

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La imagen en Flickr es de Drake, el hijo de ninja_4_life :-)

Jornada sobre participación de las personas en la empresa 2 comentarios

participaciónFred Freundlich, un compañero de Enpresagintza, la actual denominación de la Facultad de Empresariales de Mondragon Unibertsitatea, nos pasó hace unos días la referencia de la Jornada Internacional sobre la Participación de las Personas en la Empresa. Si viene de Fred, interesa. Tendrá lugar el próximo día 6 de octubre y aunque la asistencia es gratuita parece que es necesario inscribirse vía Euskadi+innova. Aunque me gustaría, por compromisos ya adquiridos, no creo que pueda estar.

El programa parece interesante. El matiz que incorpora es que se abordarán en buena medida experiencias de participación en los dineros. Supone desde luego un debate interesante introducir esa variable tan compleja: la pasta. Porque, al menos en mi experiencia, la pasta suele sacar con demasiada frecuencia lo peor de cada casa. Me refiero sobre todo a temas relacionados con sistemas retributivos. Es mi experiencia, que no tiene por qué ser la vuestra.

Cerca me quedan algunos casos de personas a las que el dinero apenas les dice nada. ¿Por qué? Supongo que cada cual es cada cual y que nuestros sistemas de valores son diferentes. Donde uno coloca el dinero más arriba otro está considerándolo como factor secundario. Por ejemplo, muchas veces se suele recurrir al tópico de que la pasta ayuda hasta ciertos niveles, pero que luego deja de ser estímulo. Claro que hay unos cuantos ejemplos de ricos y poderosos que sólo parecen ser felices buscando más riqueza y poder. De todo hay.

En la jornada se presentan experiencias americanas e inglesas junto a otras más locales pero tremendamente interesantes, como la de Lorenzo Mendieta en Alcorta, con quien he tenido el gusto de compartir algún que otro debate, tanto en el Foro Itaca como a través de los amigos de Hobest. También participa otro histórico -lo digo con cariño- como Juan Mari Uzkudun, al que siempre es estimulante escuchar.

En el fondo me asalta la duda sobre lo difícil y ¿estéril? que resulta “hacer participar”. De esto han escrito mucho en las Indias Electrónicas, quienes han optado por el modelo cooperativo y que algo tienen que saber al respecto. Por eso dejo aquí la entrada sobre “participación” de su indianopedia. ¿Qué os parece? ¿La participación favorece y perpetúa la desigualdad entre las partes? Me parece un debate apasionante el de analizar la pirámide del compromiso.

Llamamos participación a la respuesta de un determinado número de nodos de una red a la propuesta de un nodo exterior o centralizador.

Ejemplos clásicos de relación de participación serían la establecida entre un blogger y sus comentaristas, entre los lectores de un ezine y sus redactores o entre un determinado servicio de agregación de opiniones y los que rellenan sus encuentas.

La participación es es un fenómeno característico de la red descentralizada que sirve a la legitimación del nodo centralizador frente a sus pares y superiores. La participación refuerza el poder de centralización de estos nodos que pasan caracterizarse por precisamente por el número de nodos que encuadran o representan.

A las puertas Sin comentarios

Lluvia en la calle BarbieriEl camino terminaba en aquella ciudad. O debía terminarlo. A las puertas de su nueva vida. Toda llena de interrogantes desde que hace ya más de un mes dejó su casa. Allá donde quedaba enterrado el pasado con el que no sabía muy bien qué hacer. Formaba parte de ella, pero ¿para qué podía servirle?

Sus quince años no habían podido resistir. Allá lejos todos hablaban de la nueva vida. Cemento y casas de muchos pisos. En su pasado sólo el recuerdo borroso de una mala jugada del destino. Casi un mes de tránsito. Casi un mes para dejar atrás el pasado.

Su cabeza entraba en ebullición. Ansiedad y esperanza. Todo eran referencias nuevas. Ningún detalle familiar que sirviera como guía. Dejar atrás la miseria y el hambre para entrar en esta nueva civilización donde le habían dicho que la gente tiene nombres impresos en papeles. Eran las nuevas leyes. Y ella eba a estamparse contra esas nuevas reglas del mundo del otro lado. Ahora lo tenía a las puertas.

Fuera hacía frío. Un frío diferente traído por espíritus a los que no entendía. Sintió cómo tiritaba. Llena de dudas, el pasado terminó por borrarse. Hasta allí había llegado, a las puertas.

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La imagen en Flickr es de lefthandrotation.

El gran ejército investigador 4 comentarios

CondecoracionesParece que la investigación necesita de grandes concentraciones de recursos. Es difícil “ver” otro modelo. Hacen falta grandes inversiones a las que deben ser sensibles los correspondientes gobiernos de turno. Es lo que es, no hay vuelta de hoja. Así que unamos fuerzas. La fragmentación es un problema. Un modelo distribuido de investigación, en línea con principios P2P, es ciencia ficción.

Por esta parte del sur de Islandia el ejemplo más evidente es Tecnalia. Sumar capacidades para competir en el siglo XXI. Gigantismo investigador. Claro que a medida que el sistema crece en volumen la gestión se vuelve más y más complicada. Porque continuamos en gran parte con modelos de “integración cultural de diferentes” en busca de una escasez enfermiza. La fusión de capacidades no resulta en una mayor diversidad investigadora sino en una obsesiva convergencia de procedimientos (porque no tanto suele suceder con las prácticas de trabajo).

En nuestra investigación sobre la economía abierta hemos preguntado por la dimensión “humana” de las organizaciones. ¿Cómo la perciben?, ¿es necesaria?, ¿en qué se traduce? En realidad, creemos que detrás existe una lógica aplastante: el compromiso con lo cercano es más poderoso que con las grandes causas -demasiada cosmética para resultar creíbles- de las organizaciones. El sentido global de propósito de una organización sólo sirve de mecanismo tractor en contadísimas ocasiones.

Mientras tanto, a medida que los sistemas se agigantan, la gente sigue currando en sus pequeños grupos de trabajo, allá en las trincheras. Arriba, en la tierra incógnita de la dirección no se sabe muy bien qué pasa, pero tampoco importa tanto. Da igual. Hoy es de una manera, mañana de otra. Así que los pequeños grupos de investigación se buscan la vida y funcionan la mayor parte de las veces por química personal. Lo cual incluye, por cierto, química más allá de los límites del propio grupo formal en que se participa y de la propia organización para la que se trabaja.

El gigantismo en las personas suele venir acompañado de debilidad muscular. También son frecuentes los problemas sexuales derivados de una escasa secreción en las gónadas. El gigantismo encierra problemas porque detrás de esa apariencia poderosa se extiende una constante incapacidad para gobernar con energía semejante dimensión.

Pero el territorio actual es fértil y el ejército investigador parece avanzar poderoso. Grandes victorias que se transforman en argumentos de competitividad. El siglo XXI es el escenario de una batalla en la que los grandes aniquilan sin piedad a los pequeños. La persona que investiga es la nómina 3246, adscrita al nivel 7 en una escala de 16, con un nivel de cumplimiento de objetivos al 78%. Y como lleva ya un tiempo, es fija. Llegó a La Meca. Suerte para ella.

Las mesas de operaciones planifican y deciden las estrategias. Con la complicidad de las potentes consultoras de turno, hermanas de vocación, se disponen los objetivos, se afinan los planes y se apunta con armamento pesado. La investigación es el futuro y requiere un esfuerzo colectivo, un “todos a una”. La fragmentación y el trabajo intuitivo, los movimientos rápidos e imprevistos, se convierten en factores que no suman en las evaluaciones de desempeño. Y como dentro del sistema la tendencia es a comportarse según me midas, tienes lo que tienes: dime lo que hay que hacer, que para eso te pagan.

¿Cómo debería organizarse la investigación si no es en grandes corporaciones? No veo por qué no pueden utilizarse las cada vez mejores tecnologías de cooperación entre personas y grupos para saltar por encima de la burocracia maquinal en que se convierte el macromodelo investigador actual. Un trabajo tan intensivo en conocimiento debería aprovechar al máximo las posibilidades de interacción que, por ejemplo, proveen las tecnologías de la web social. Pero eso es perder buena parte del control. Con la iglesia hemos topado.

El taylorismo no vive solo en las grandes empresas industriales y en las megacadenas de distribución. También se ha instalado cómodamente en las actividades docentes y de investigación. ¿Qué grado de libertad existe? ¿Qué nivel de implicación personal suponen esas actividades? Parece como si hiciera falta un cerebro… ¡con el piloto automático activado!  Si A, entonces B, acotadas ciertas condiciones. Pasemos al siguiente experimento.

¿Quién rompe la baraja y fragmenta?, ¿quién deshace organizaciones piramidales con 15 niveles retributivos diferentes?, ¿quién siembra modelos emergentes donde la gente se reagrupe por sintonías?, ¿quién redefine estrategias en forma de mínimos comunes?, ¿quién elimina el concepto de “hora” como unidad de medida de eficiencia en un proyecto? Me temo que buena parte del MTM que conocí en el entorno industrial ha encontrado mejores condiciones de vida en los macrocentros comerciales de investigación. En pocos sitios parece tan de aplicación aquella frase lapidaria de Eric Abrahamson: “el gran problema de la mayor parte de las organizaciones es que están sobreorganizadas”.

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La imagen en Flickr es de Ronald Dueñas.

Orden físico y desorden digital 4 comentarios

De mi seis años en Maier guardo buen recuerdo del trabajo en 5S. Entre los temas de mejora continua que caían bajo nuestra responsabilidad aquello de trabajar la eficiencia mediante criterios de 5S fue algo que me dejó cierta huella. De hecho, llevo ya varios años colaborando con Euskalit como profesor en sus programas de 5S. Son programas muy agradecidos porque suponen trabajo en aula pero también tenemos horas para implantar la metodología en un área piloto. Hoy en día, además, la metodología Know-Inn que han impulsado, permite centrar las sesiones presenciales en la resolución de dudas y no en meter chapa teórica.

Así que, orden, método, disciplina: un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio. Qué cosas. Esa sensación de control sobre el espacio físico genera dos grandes beneficios: contribuye a conocer mejor lo que hacemos y cómo lo hacemos, pero también consigue en la mayor parte de las ocasiones que hagamos el trabajo “más a gusto”. Al final, lo que aplicamos es puro sentido común: lo que se utiliza con más frecuencia que esté a mano, prevenir errores mediante controles visuales, facilitar movimientos, optimizar el espacio…

Pero es curioso cómo este orden físico convive con un cada vez mayor desorden digital. El principio de “un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio” ha sucumbido ante el poder de la etiquetación. Las taxonomías tradicionales que estructuraban el mundo conviven ahora con la pujanza de sistemas anárquicos de descripción mediante etiquetas de los contenidos. Una “cosa” (unidad de información) puede ser descrita de muy diferentes maneras. Así que, ¿por qué renunciar a hacerlo? Dicho y hecho: la consecuencia lógica es el desorden digital. Y lo bonito es cómo surge un orden emergente. Delicious es el mejor ejemplo.

Soy un fan de Google Desktop. Eso sí, sabiendo que tiene un precio: también “mi información” que no estaba online pasa a estarlo. El omnipresente Google entra en este espacio privado e indexa contenidos. Y ahí nadie como él para demostrar la potencia de su tecnología. Correos electrónicos, ficheros o navegación por Internet; todo queda rastreado, listo para hurgar en ello. Pero, ¿no hay entonces necesidad de organizar nada? No, no lo creo así. Hay que manejar criterios y aplicarlos, pero sabiendo que hay tecnología que complementa nuestra organización. Sí, esa organización de la información que siempre tiende al caos, otro buen ejemplo de un management paradójico.

Ahora que vuelvo a mi despacho tras la reforma que hemos acometido, lo reconozco: necesito aplicar criterios de 5S. Si no, estoy incómodo. Necesito “control” sobre el espacio físico. No me siento cómodo con el desorden físico, aunque sé que esa es probablemente la estación de destino de la mayor parte de mis esfuerzos. Pero el camino de ordenar me sirve para disponer de una visión global de lo que hago. Creo que mueve mis neuronas de forma juguetona. Así que no estoy por la labor de renunciar a ese casi imposible objetivo de tener unas 5S maravillosas en mi despacho.

Cuento todo esto porque el lunes comienzo en Euskalit con un grupo de diez empresas un nuevo programa de 5S. Son empresas de carácter industrial. Es aire fresco y retomar contacto con la realidad de nuestras plantas de producción. Esos lugares donde hay que rebuscar eficiencia para seguir entregando pedidos a los clientes. Esos lugares donde la gente de a pie puede aportar sus ideas, su lógica aplastante, y conseguir que el trabajo sea un sitio donde pensar. Porque, aunque a veces lo olvidemos, cuando aplicas 5S te descubres pensando cómo hacer mejor tu trabajo. Ah… y cómo hacerlo con menos esfuerzo.

Por cierto, algún día tengo que charlar con el maestro José Miguel Bolívar sobre el cruce entre GTD y 5S, ahora que, además, él ha reorganizado su trabajo con el blog. Nos leemos ;-)

Algunas otras cosas que he escrito en este blog sobre 5S:

Aunque ya lo hice en otro post, os dejo aquí acceso a los tres videos de Euskalit sobre 5S. Quizá puedan seros útiles para animaros a trabajar 5S en vuestros espacios de trabajo.

Primer video (4:17)

Segundo video (6:53)

Tercer video (9:14)

El cliente es mío, sólo mío 8 comentarios

No quisiera parecer frívolo, pero el hilo argumental que voy a manejar es el mismo de la violencia contra muchas mujeres: el sentido de posesión. Cuando algo te pertenece quiere decir que eres dueño. Y ser dueño es ser el amo. Y ser el amo es disponer de las personas u objetos poseídos. Todavía recuerdo una preciosa exposición que vi hace ya un tiempo en Barcelona acerca de las colonias industriales catalanas. Allí, en aquellos poblados nacidos junto a las centrales hidroeléctricas, un edificio sobresalía sobre los demás: la “torre del amo”. Palabras suficientes para comprender una relación entre personas.

Pues bien, me temo que muchas empresas de consultoría -y de otros sectores, por supuesto- quieren “poseer” a sus clientes. Y despliegan actividades para que así sea. Desde poner a caldo a cualquier competidor a establecer cláusulas en contratos con proveedores. Todo para luchar porque ese cliente sea mío. En otro nivel es la misma mierda que ofrecen las grandes operadoras de telecomunicaciones con sus contratos de permanencia. Algo parecido a estar en la cárcel. Durante 18 meses no podrás salir. Bonitas prácticas empresariales de relación cliente-proveedor.

El sentido de posesión sobre el cliente tiene, además, otra connotación: me permite fardar de “mis clientes”. Nada de comprender una dinámica más amplia de sector y sentirse parte de ella. No, eso queda bien en los pobrepoints de las charlas de autobombo. Pero cuando hay que presentar de verdad la empresa, entonces, “he aquí nuestro tesoro, nuestros clientes”. Míos, míos para siempre. Que nadie me los toque.

Este sentido de escasez -nada de compartir algo que escasea- obliga también a no compartir ni agua con el mercado. Lo que hago con mi cliente es un asunto absolutamente privado, que queda entre él y yo. ¿Es que no te has leído las cláusulas de deontología profesional donde se especifica que allí quedarán sepultados los secretos para siempre? Confianza = confidencialidad. Pues ya lo siento, pero no lo veo. No por defecto. Hay otras formas.

Si el cliente es sólo mío y no quiero que aparezca por allí ningún competidor, suele suceder otro hecho lamentable. Sea cual sea el servicio que hay que ofrecerle, tengo que hacerlo bajo mi férreo control. Subcontrataré a quien sea, pero con mucho cuidado de que no pueda trabajar para ese cliente por su cuenta. ¡Qué se había creído! Mis clientes son míos y lo suyo me ha costado conseguirlos como para que ahora venga un mindundi a estropear el asunto.

Este sentido de la posesión de clientes me parece ruin y mezquino. Ya sé que un cliente es un cliente, pero eso de colocar comisiones y prohibir futuras relaciones profesionales habla mal de quien quiere ofrecer el mejor servicio posible. Las grandes empresas de consultoría -y las no tan grandes- caen en este tipo de prácticas día sí y día también. Es más, creo que es su norma: el cliente no me lo toques. Pues que les vaya bonito, ¿no? No creo que la consultoría artesana deba entrar en ese juego.

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La imagen en Flickr es de familymwr.

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