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Sobre las empresas y la propiedad intelectual 7 comentarios

Personas y organizaciones. Bien común y beneficio particular. Abrir y tapar. Conocimiento compartido y conocimiento protegido. La mayor parte de las organizaciones viven ancladas a un principio que las define: lo que sé tengo que protegerlo. Y tengo que protegerlo por encima de cualquier otro objetivo. Primero, protegerlo. Luego ya se verá.

¿Imaginas una conducta que parta del supuesto contrario? La argumentación sería la siguiente: por encima de cualquier otro objetivo, tengo que compartir lo que sé. Luego ya se verá. Es decir, por defecto trabajamos en abierto. Y puede que haya alguna que otra excepción, no lo niego. Pero son eso: excepciones.

Pues bien, asumámoslo: el estándar en la cultura de innovación más extendida en esta parte del sur de Islandia es el conocimiento protegido. Para nada es moneda de uso corriente el conocimiento compartido. ¿Hay un tránsito?, ¿se abre cada vez más contenido? Sí, de acuerdo. Pero quienes se perciben a sí mismas como empresas con poder actúan desde el paradigma que les ha dado competitividad: protejo lo que sé. Forma parte de su ADN. Quizá haga falta una mutación.

El problema no es tanto lo que hace la empresa tradicional, sino lo que hacen las organizaciones que dicen de sí mismas que son innovadoras. ¿Innovación abierta? ¿Dónde tengo que firmar para decir que me dedico a eso? Ah… sí, aquí, deme, deme, que lo firmo ahora mismo: “Por la presente, hago saber a mis grupos de interés que me dedico a la innovación abierta”. Por favor, pongámelo bien claro en la web y hágame unos folletos.

Pero en lo cotidiano hay mil prácticas que contradicen día sí y día también la declaración institucional. Tranquilidad, no debemos desilusionarnos. Es lógico, es lo que tiene que ser. Caminar hacia modelos abiertos es una carrera de fondo, de cambio cultural, de poco a poco, de pequeños logros. Nadie cambia radicalmente de un día a otro. Los milagros pertenecen a otro orden de cosas. Hay que irse a Fátima o pasar por Lourdes. Pero no es el caso.

Creo que es una cuestión de sentido práctico. De pensar que cuando abres contenidos contribuyes a que otras personas puedan usarlos. Es tu aportación a un modelo más sostenible. Cada vez que abres el grifo del sacrosanto copyright abres una oportunidad de que te encuentren otras personas con las que colaborar. Los perímetros de seguridad de las organizaciones se derrumban, lo quieran o no quienes las dirigen. Porque las personas disfrutan charlando con otras que comparten sus intereses y aficiones. Y hoy las redes sociales en Internet -usadas con más o menos consciencia- están dinamitando esas alambradas de seguridad.

Pasará el tiempo y seguiremos encontrando informes que lucen su hermoso copyright. Seguirá siendo lógico. Que lo disfruten. Que sientan orgasmos con cada nueva publicación. Que sonrían con aire de superioridad. Que gocen con sus políticas de protección.

Pero hay otros caminos. Con menos tensión. Más enfocados hacia el procomún. Por defecto, libres.

Algunos artículos relacionados con la propiedad intelectual en este blog:

Y un taller de Aprendices sobre propiedad intelectual, con su página correspondiente en la wiki, con un buen número de recursos disponibles.

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La imagen en Flickr es de no3rdw.

Mis 10 consejos particulares para buscar en Internet 12 comentarios

No cabe duda de que nos hemos pasado buena parte de los últimos años usando Internet para bucear en sus contenidos. El arsenal de herramientas y utilidades para buscar tiende a infinito. De mi experiencia y de conversar con otra gente sensible a estas cuestiones, me sale esta lista de consejos de búsqueda (hoy usamos “escucha”) en Internet:

  1. Exprime Google. Todavía hay gente que no usa la búsqueda avanzada o que no saca partido a la que tiene que ver con libros o material académico. Y no olvides que tras una buena búsqueda usando el buscador de blogs o el de noticias, luego puedes suscribirte a la fuente rss que te proporciona.
  2. Agregar motores de búsqueda en Firefox. Personaliza tu navegador y añade motores de búsqueda. Hay cientos y tener a mano los que más te convienen es sinónimo de eficiencia a la hora de encontrar lo que deseas.
  3. Usar Firefox y sus extensiones relacionadas con utilidades de búsqueda (la friolera 3.913 a fecha de hoy). De la misma forma que puedes personalizar buscadores, también hay muchas extensiones relacionadas con conseguir una mejor experiencia de búsqueda. Hay de todo; hablamos de Firefox. Por ejemplo, ¿quieres una búsqueda comparativa entre Google y Twitter a doble columna? Pues hasta eso hay.
  4. Exprimir twitter a través de funcionalidades de búsqueda. Al margen de que uses Twitter en forma intensiva o no, ten en cuenta que puedes aprovecharte de la búsqueda avanzada de Twitter. Y de nuevo no olvides que te proporciona una fuente rss. ¿Quieres seguir una etiqueta, un concepto, los twitteos de la gente de un lugar concreto? Búscalo en twitter y luego suscríbete a ello.
  5. Fundir y filtrar fuentes rss vía Yahoo Pipes u otras funcionalidades. Juega a filtrar para reducir el ruido de la conversación. No hay como practicar con alguna utilidad de este tipo. Cada vez hay más información danzando. Es nuestra responsabilidad filtrarla. Y no hay excusa porque tenemos las herramientas.
  6. Alertas vía correo electrónico para esas tres cosas fundamentales. No olvides que puedes activar alertas de Google vía correo para tener esa inmediatez de lo cotidiano. Quizá algunas pocas cosas merezcan la pena llegar a tu bandeja de entrada. Eso sí, aprende bien a trabajar con tu gestor de correo para filtrar bien el contenido y programar actividades automáticas.
  7. Usar las fuentes rss de los bundles de suscripciones en delicious. Si agregas subscriptions en delicious luego puedes agruparlas en bundles de los que puedes obtener una fuente rss para hacer seguimiento “agrupado” y conformarte tu propio rastreador. Canela en rama, inteligencia colectiva de la buena. Tampoco está de más configurar tu network particular con los usuarios de delicious en que confíes.
  8. Configurar buscadores personalizados a través de Google CSE. Recuerda que puedes configurarte tus propios buscadores para que hurguen sólo en los sitios que tú deseas. Es muy fácil y además puedes obtener código html para incorporarlo a tu blog, wiki o cualquier página web.
  9. Trabajar con wikis que integren información y la desplieguen de forma sencilla. A veces hay que desplegar la información que capturamos vía rss para que se consuma más fácilmente. No todo el mundo usa lectores de feeds. Así que hay que tenerlo en cuenta si queremos que “se consuma”.
  10. Hay que saber lo que quieres buscar. Es el último de los consejos pero el primero en importancia. Antes de pensar en herramientas, tenemos que decidir qué es lo que queremos encontrar. Y a veces no es fácil. Hay tantas cosas apetecibles. Pero, ¡cuidado! Lo importante es el embudo previo que seas capaz de hacer. A preguntas concretas respuestas concretas.

Y eso es todo, amigos. Ah, y no olviden supermineralizarse y supervitaminarse ;-)

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La imagen en Flickr es de Moff.

Inteligencia competitiva de salón 7 comentarios

Hoy terminaremos de preparar el material para el segundo taller sobre Inteligencia Competitiva 2.0 a pie de calle que impartiremos la semana que viene en Vitoria. Tras los errores cometidos, hemos dedicado tiempo a repasar el enfoque, hacer autocrítica y eso ha conducido a introducir ciertos cambios. No sustanciales, pero esperamos que suficientes para que quienes asistan queden satisfechos de la conversación. A lo largo de esta semana compartiremos por aquí el material.

No obstante, quería compartir una reflexión que tiene que ver con la forma en que manejamos información para tomar decisiones en las empresas. Hoy en día hay mucho escrito sobre los “sistemas” de inteligencia competitiva (casualidad este enlace que vi ayer a través de Manuel Gross). Casi siempre haciendo alusión a los procesos de toma de decisiones basados en una gestión ágil de la información.

Sin embargo, ¿cómo se decide en la empresa? Sea como sea, casi siempre, la clave es: ¡¡rápido!! ¿No debiera serlo? Bueno, hasta puedo darte la razón, pero mientras desaceleramos el mundo, no queda sino decidir y hacerlo rápido. La parálisis que deviene de los profundos análisis es enfermedad habitual en muchos negocios clásicos. El vértigo de decidir afecta a mucha gente. Sobre todo cuando el error es, como todo el mundo sabe, fuente de aprendizaje caminar hacia el descrédito.

Así que los “sistemas” caminan por el lado de la teoría. Sirven para escribir libros y para mostrar la “lógica”. Muestran sesudas metodologías que incorporan las más modernas técnicas. En buena parte se apoyan en consultoría de la cara, me temo. Gran parte del discurso va pegado a las prestaciones de ERPs y de paquetes informáticos que refutan en la práctica la economía de la gratuidad. Las cosas como son. Hablamos de estrategia, de competitividad de alto standing, de business intelligence, que mola más.

¿Quién no necesita información para decidir? Materia prima de la eficiencia moderna, la información es poder. Incluso hay quien osa decir que la información compartida es poder. Información, infoxicación, polución informativa: sociedad del exceso. Y en ese escenario, la norma del aeroplano no hace sino incrementar su vigencia (ver pág.7 de este pdf, con un texto de Alfons Cornella allá por 2002 en Papeles de Infonomía… qué tiempos). Vale, vale, ante toneladas de información que olvidaron los principios del just in time, ¿qué hacer? Pues afirmar ufano que decides con información y en la práctica tirar de la intuición.

Porque basar en la lógica de la argumentación perfecta la mayor parte de las decisiones empresariales es ponerse una venda en los ojos. Se sigue decidiendo mediante un complicado cóctel que incluye poder, estatus, miedo y dinero… además de información. Quizá al final todos los soportes del sistema son aprendizaje para usar mejor la intuición. Quizá ponerse manos a la obra para organizar mejor la información -aunque luego se quede en agua de borrajas- es síntoma de que luego decidiremos mejor.

Pero siendo sincero, a día de hoy, gran parte de la llamada inteligencia competitiva es de salón. Como aquellos viejos comedores que en las casas humildes no se usaban aunque se hubiera colocado allí buena parte del presupuesto familiar. No era aquello una estancia para la vida corriente. Eso pasaba en la cocina. Claro que esto lo puedo contar porque soy un carcamal.

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La imagen en Flickr es de hitzak_soberan.

La mesa 2 comentarios

Años de costumbre la inmunizaban contra la mirada humana. Objeto pasivo, permanente punto de unión para las vidas que corrían hacia fuera. Cada mañana un rito sin santificar ponía en marcha la rueda del destino. Platos, cubiertos, el sentido moderno de bienestar expuesto a los ojos todavía esquivos de la gente.

Aquella mesa sin dignidad y vulgar. ¿Cómo podía soportar la indiferencia? Callaba y continuaba muda, tranquila, día sí y día también, testigo de una vida escondida entre cuatro paredes. Secretos y gritos impregnaban su tosca presencia. Objeto inerte. Objeto.

Nadie en su sano juicio pensó darle vida. ¿Para qué? En la imaginación de alguna niña quizá. Pero nunca estuvo cerca de mutar. Su rol permaneció anclado al lugar en que encontraba. Un espacio poseído y evidente, un territorio de fronteras tan obvias que nunca sería objeto de análisis. La mesa, resignada, callaba y tragaba, plena de historias escondidas.

En lo cotidiano el objeto, sin embargo, vivía. Se recreaba con cada ciclo. Recursividad a oscuras. Regulado o regulador. Coetáneo de la previsible actividad humana se dejaba llevar. Ella calla, pensativa. Absorbe vida y la concentra en su estructura simple. Muda. Yo la observo y no entiendo tanta resignación. No dice nada. Pero lo sabe.

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La imagen en Flickr es de Nimmue.

Momento real o momento pesimista 9 comentarios

Una buena razón para buscar alternativas. Sé que me repito, pero de vez en cuando conviene tomar contacto con la realidad.

Los sueños no se cumplen en las empresas

Web social en la empresa, back to the roots 5 comentarios

Cada vez es más evidente. Hablar de web social en la empresa es ir a las raíces de la vinculación entre personas y organización. No puede ser la misma que antes. Si se asumen mínimos principios de web social, no pueden encajar los principios tradicionales de organización.

Las empresas que quieren disponer de una vida digital plena tienen que repensarse, así de claro. ¿Cómo si no, aceptas que las personas “salgan” de tu organización para campar a sus anchas por las redes sociales y que allí puedan generar tanta o más interacción profesional que dentro de tu empresa? ¿Cómo aceptas que sus perfiles profesionales sean públicos y no estén dentro del perímetro de seguridad de tu empresa? ¿Cómo te tragas la bilis de observar que el conocimiento que tu empresa genera se escapa día sí y día también? Dedícate a retener talento y no liberarlo y verás cómo tu empresa se llena de gente desmotivada que lo mismo no quiere marcharse.

Es evidente que surge otra lógica, que emerge “de fuera hacia dentro” y no “dentro hacia fuera”. Cuando Barry Wellman acuño el término “individualismo en red” estaba anticipando lo que sucede ahora: hemos encumbrado la cultura de idolatría a la persona. La revista Time lo bautizó en 2006 como personaje del año: You. Sí, claro, ¿pero qué supone esto para la empresa? Una vuelta radical a su sentido. Lo colectivo debe reinterpretarse desde el principio de la lección de delicious. ¿Qué beneficio obtengo yo como persona?

La economía de la experiencia se ha desbocado. Emerge poderoso el mercado del alma de la mano del cuarto sector: cifras de negocio que crecen sin parar. Productos y servicios que se dirigen a la persona y que la hacen más y más dios. En la era del acceso, la sociedad provee porque necesita consumo para seguir creciendo. La empresa ahí no puede ser como era. Los 14 principios de la administración de Henry Fayol que tuve que aprender de memoría hace 25 años cuando estudiaba cosas de gestión han quedado sepultados bajo las toneladas de información compartida en la web social.

Por supuesto que no hablamos de herramientas. Es tecnología que está dinamitando la forma en que nos organizamos. Aunque haya muchas empresas que quieran seguir siendo lo que son, si se adentran en el territorio de la web social, van a ver cómo crujen sus estructuras. No queda otra.

Eso sí, las medias tintas han existido, existen y existirán. Y que nadie descarte que vivan subcontratadas y escondidas en proyectos de cara a la galería. Porque en el país del storytelling lo que importa es que se crean el cuento.

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La imagen en Flickr es de delgaudm.

La paradoja del mínimo esfuerzo en Internet 3 comentarios

¿Somos vagos por naturaleza? ¿Ante dos trabajos nos quedamos siempre con el que menos esfuerzo suponga? ¿A menos esfuerzo más participación pero menos implicación? ¿Se trata, sin más, de de una extensión del principio de la navaja de Ockham? Ayer Loretahur y Teketen se salieron en la jornada sobre Redes sociales de Internet: oportunidades y peligros que se organizó en HikaAteneo. Llegué tarde y me perdí la primera parte de la exposición de Lorena pero vaya si mereció la pena. Venía de otro acto social, un cumpleaños infantil: red social típica del siglo XXI, por cierto.

Teketen argumentaba -como siempre- la importancia de “apropiarse” de la tecnología. Tomar consciencia del lugar en que te hallas y de las herramientas con que vives tu día a día. Pero eso es esfuerzo. Y si la motivación no sale de dentro, de algún lugar de nosotras mismas; si no sale de ahí, somos personas que vagamos por lugares y por no-lugares.

Pero, ¿qué hace que nos impliquemos y asumamos el esfuerzo? Hacen falta buenas razones desde luego. Porque hoy la tecnología también subnormaliza, porque hoy las redes sociales en Internet también imbecilizan. No sólo, porque también ayudan; pero sí, también nos hacen menos conscientes de sus implicaciones. Caer en la cuenta de cómo es el sitio en el que estás suele tener que ver muchas veces con tener un problema. Cuando algo te sale mal, entonces tomas mayor grado de consciencia sobre la realidad en la que te mueves. Sin embargo, la aceleración de acontecimientos provocan menos la reflexión y más la acción.

Ayer se hablaba de tecnología, de Internet y de redes sociales. Pero volviendo hacia atrás, hablábamos de psicología social, de antropología, de sociología, de estilos de vida. Vivimos en una modernidad permanentemente auscultada por quienes investigan esas cosas, pero como sujeto y objeto se funden el observador proyecta en la realidad lo que quiere ver. Las redes sociales en Internet nos dan información -pueden incluso elaborarla más allá de lo que nuestras capacidades nos permitirían- y aceleran el mundo. Un mundo acelerado cuya interpretación caduca mañana.

El mínimo esfuerzo cabalga desbocado. Y junto a él grandes ejemplos de personas que aprovechan al 120% este torrente de información para hurgar en lo que está pasando, para aportar consciencia a lo que sucede cada día. Mínimo esfuerzo junto a compromiso y dedicación. Pero, ¿quién quiere ser consciente? La mayor parte de quienes pisamos este planeta queremos una vida fácil y divertida, de fácil consumo. Larga vida al funky business: el alumno en clase es cliente de un sistema que debe ofrecerle un producto fácil de consumir.

La cultura del esfuerzo se diluye en el prime time televisivo. Cualquiera puede llegar a ser alguien. Es la verdadera democracia. Adiós a los derechos de sangre. La audiencia emite su juicio. Exhíbete y quizá ganes premio. Las reglas han cambiado. ¿Cuántos amigos tienes en Facebook?, ¿cuántos seguidores en twitter? Charles Handy ya predijo la edad de la paradoja. Por eso incluso conviene exhibir que no pasa nada, como en Miravete de la Sierra. Feliz jueves.

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La imagen en flickr es de Frodrig.

Crowdsourcing pagado, peligro a la vista 5 comentarios

Delicada la línea que separa la tontura de la genialidad. El arte de recurrir a las masas para sacar ideas tiene sus riesgos. Me temo que es lo que le acaba de pasar a Innobasque a través de su propuesta de concurso para disponer de una marca para la Comunidad Vasca de Innovadores. Está experimentando y eso está bien, pero quizá deban trabajarse mejor sus condiciones. De ahí ciertas posturas críticas.

En teoría el proceso es bien sencillo: tienes un reto y lo compartes para recibir aportaciones. Pero si hay pasta de por medio y es un trabajo del que podría encargarse gente profesional, te metes en arenas movedizas. No es lo mismo un reto potente, solidario o que conlleva un elevado grado de dificultad que un trabajo creativo claramente “cuantificable” como servicio estándar en el mercado.

El caso es que lanzas al ruedo una zanahoria y comienza la ¿pelea? por conseguirla. Pero es entonces cuando nos damos cuenta de que entran en juego muchos factores: ¿qué ascendencia tiene quien lanza la propuesta?, ¿cuáles son las reglas del juego?, ¿quién decide?, ¿qué se hace con las ideas que no ganan premio?, ¿se devuelve algo a quienes participan y no ganan?, ¿cómo se gestiona la transparencia del proceso? Muchas preguntas que necesitan respuestas. Si no, empieza el baile para poner a caldo la propuesta. Ha pasado, pasa y pasará.

Además, los tiempos de crisis complican el asunto. Si colocas una zanahoria cuantificada hay que tener en cuenta, como decía, cuánto costaría un servicio similar en el mercado real. Porque si no, las comparaciones van a ser odiosas. Puede entenderse lisa y llanamente como “mano de obra barata”.

Las dinámicas de contribución son muy diferentes dependiendo de que haya o no recompensa. En general las comunidades desarrollan la participación siempre que funcionen con criterios de transparencia y democracia interna. Por supuesto que hay muchos incentivos que pueden ponerse sobre la mesa. Paul Resnick, de la Universidad de Michigan, ha escrito mucho sobre ello. Mi compañero David Sánchez Bote ya tuvo la ocasión de conocer bien estos trabajos cuando estuvo allí. Using Social Psychology to Motivate Contributions to Online Communities es uno de sus artículos clásicos. Quizá convenga releer este tipo de textos de nuevo.

Plantear un concurso requiere un diseño meticuloso (en este sentido siempre me ha parecido muy interesante el trabajo de Maier en las bases de su concurso de diseño). Se necesita crear contextos favorables. Y ahí intervienen, como decíamos, muchos factores.

Si queréis algunas reflexiones más acerca de estas cosas, os recomiendo estos artículos de David: Crowdsourcing e incentivos, La genética de la inteligencia colectiva e Inteligencia colectiva y open innovation. Y, por cierto, buceando en este blog, me he dado cuenta de que ¡¡en 2006!! escribí aquello de: Crowdsourcing, ¿estamos tontos? Ha llovido desde entonces. ¿Se cobra antigüedad en la blogosfera? ;-)

Ah, también Sergio Monge ha escrito Buscan marca para la Comunidad Vasca de Innovadores. En sus comentarios veréis cierto debate en torno a la cuestión.

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La imagen en Flickr es de sergis blog.

Punto y seguido en Obea y Consultoría Artesana en Red 11 comentarios

La semana pasada tuvimos congreso galáctico de Consultoría Artesana en Red en Oñati. Nos juntamos Aitor Bediaga, David Sánchez Bote et moi. Espíritu Obea. De vez en cuando nos paramos y dejamos fluir la verborrea alrededor de nuestros proyectos. El río baja complejo con un buen número de ocupaciones diversas:

  • La investigación sobre economía abierta que hemos realizado con MIK para la EOI y que está “en maquetación” (me temo que las cosas de palacio van despacio). En el futuro organizaremos, como ya hemos anunciado en varias ocasiones, una jornada de trabajo a este respecto.
  • Los proyectos de consultoría abiertos con distintos clientes, la mayor parte de ellos centrados en la estrategia de presencia en Internet como forma de reflexionar sobre los modelos de negocio y de abrir las empresas.
  • La redacción de artículos y otras publicaciones encaminadas a documentar lo que estamos haciendo a fin de dejar huella útil para quienes quieran adentrarse en estos territorios de la economía abierta aún por explorar.
  • El desarrollo de un modelo de colaboración con MIK/MU a través de proyectos de diverso tipo.
  • El diseño y puesta en marcha de un curso avanzado relacionado con la economía abierta, para lo que ya decimos desde ahora que querríamos contar con colaboración de personas y empresas de nuestra red.
  • El impulso del TrendTrotters también dentro de MIK ahora que Iván está por aquí y que tenemos algunos pedidos en firme y otros que podrían salir y que son bonitos a rabiar.

David quedó en que se encargará de trazar ciertos objetivos en torno a las cuatro líneas de trabajo que nos pareció lógico abordar. Se lo pongo fácil, que le hago la introducción. Siempre con la intención de seguir profundizando en torno a la empresa abierta. Estas cuatro líneas son:

  1. Investigación, a fin de hurgar en las posibilidades de la economía abierta. Requiere colaborar con otros agentes y documentar el trabajo. Estamos en la periferia, es evidente.
  2. Consultoría, porque es la forma en que trasladamos estas nuevas posibilidades a la realidad.
  3. Formación-Acción, mediante talleres y trabajo docente que permita poner en contacto nuestros planteamientos con quienes tienen sensibilidad por estas nuevas formas de hacer y como forma alternativa a la consultoría.
  4. Divulgación, a través de nuestros blogs y también mediante la redacción de artículos y otras publicaciones de carácter académico o divulgativo.

En el fondo lo que buscamos es estrujar las posibilidades de nuevas formas de hacer empresa (o lo que sea) que sean más abiertas y colaborativas. La realidad está llena de ejemplos que pueden sernos útiles. Seguramente que no será con grandes empresas de objetivos faraónicos, pero quién sabe. Hay muchas maneras diferentes de abrir una empresa y no van a faltar esos ejemplos. Cada vez serán más y más diversos. Ahí tenemos que estar.

A mediados de julio haremos otra convención planetaria de Consultoría Artesana en Red. Habrá más gente, seguro. Porque la red se extiende.

La humildad (ausente) en los negocios 17 comentarios

Como siempre, no hay por qué estar de acuerdo con lo escribo. Ni mucho menos. Lo digo por delante, porque a lo mejor discrepas. Me parece que algo que muchas empresas deberían cambiar son sus ambiciones. Veo demasiadas a mi alrededor. Empresas en busca de la excelencia y ser líderes. No parece haber otra forma: darse codazos porque sólo hay un primer puesto en el pedestal. Creo que hay otras opciones, más humanas y lógicas. Vivimos repletos de imperfección y eso es una gran virtud.

La economía de la escasez conduce a una febril competición. Como se asume que no hay espacio para mucha gente, se trata de ir echando a los demás hasta que quedan pocas unidades en el pelotón. Entonces el reparto es más suculento. Va a tocar a más. Simple motivación para ir a saco. Nada que ver con las lógicas de la abundancia.

En este modelo lo que prima es el marketing y la comunicación. Sea como sea, pero necesito que te creas que somos los putos amos. Que no nos equivocamos nunca, que nuestra misión-visión-valores rayan la perfección, que tenemos a la mejor gente y los mejores medios. Y para que te lo creas voy a invertir en lo que haga falta. Si antes era publicidad tradicional, pues allá vamos; si ahora son los social media, más de lo mismo. Te vas a enterar de lo que vale un peine. Nada de uso comedido. Somos los putos amos.

Así que entonamos cánticos épicos con cada amanecer. Nos fijamos en lo que Guardiola usa con su tropa o en cualquier manual de autoayuda. Todo vale para la competición. ¡Hostias! Hay que dejarse los huevos en el intento. Tenemos que ser los mejores. Excelencia en lenguaje refinado, pero los putos amos para arengar a la tropa. Es el modelo de la escasez. No hay otra. Tengo que pelear para ser el mejor. Es la sociedad del siglo XXI, la de la eficiencia en la que todo vale, incluyendo la psicología de garrafón y la de los publicitarios creativos.

Todo eso representa un modelo. Macho dominante necesita sentir placer de victoria. Así que muchas empresas viven presas del pánico ante el fracaso. Que alguien te critique o que alguien descubra que tu producto no cumple con las promesas provoca una sobrerreacción: traidor, mala persona, cabrón. Con lo simple que es aceptar nuestros constantes fracasos.

En cambio cuando tienes un negocio proyecto pequeño entre las manos vives día sí y día también instalado en el barrio de la humildad. No veáis la cantidad de cosas que hacemos mal. Igual que algunas otras haremos bien. Eso sí, tratamos de compartir con nuestra filosofía abierta lo que producimos. Quizá le sirva a alguien más. Porque no navegamos en mercados escasos, sino en ecosistemas donde el lema es “hoy por ti, mañana por mí”. Necesitamos que otra gente haga las cosas bien. Cuantas más mejor. Ganamos (si es que sirve el verbo) todas.

El lenguaje de guerra empresarial conduce a las empresas al pasado, al siglo que ya terminó. Hoy hay un espacio para la ingenuidad, para la humildad, para pequeñas aventuras, para empresas abiertas.

Lo reconozco: tenía escrito este artículo desde hace tiempo. Sólo he tenido que actualizar un par de cosas. No sé por qué me ha apetecido publicarlo hoy. Será que me hacía falta. Vete tú a saber por qué. Quizá algo que he hecho mal y la conciencia se ha puesto pesada. En cualquier caso, de verdad que creo en la humildad como uno de los grandes valores artesanos. Que tengas buena semana.

Nuevo taller sobre Estrategia de la PYME en Internet 3 comentarios

De hoy lunes al próximo jueves voy a conducir un segundo taller sobre Estrategia de la PYME en Internet. Lo hacemos a través de Bizkaia Enpresa Digitala en Zamudio. Tiene el mismo enfoque que el primero que hicimos en Donosti hace un par de meses.

Este taller trata de compartir con quienes asistan la forma en que estamos trabajando en consultoría. Son varios los proyectos que tenemos entre manos en los cuales estamos analizando la mejor manera en que la empresa puede estar presente en Internet. Desde mi perspectiva esto supone sobre todo hablar del modelo de negocio, de la estrategia, de clientes, de cuál es el mapa de valor. Es decir, que el taller propone una metodología para dar sentido a la presencia en Internet.

Por supuesto, que hay que andarse con cuidado, porque mucho análisis conduce a la parálisis. Y en Internet el movimiento se demuestra caminando. Incorporar la experimentación y el diálogo permanente son las recomendaciones más simples, pero son muchas las ocasiones en que afloran obstáculos. En el fondo estamos proponiendo unas prácticas de gestión más abiertas y sometidas a una especie de juicio colectivo permanente. No es fácil asumirlo.

Este formato de taller nos parece el idóneo para extender nuestras prácticas de consultoría. En vez de proponer la típica chapa de “pasa y pasa diapositivas” proponemos que las empresas que están asistiendo al taller reflexionen sobre su propio modelo de negocio. Para ello utilizamos una serie de preguntas que pretenden ayudar a realizar esa reflexión.

El material que usamos es el mismo que en el taller anterior con sólo una diapositiva nueva… lo que supone todo un ejercicio de agudeza visual ;-)

El transformador de la General 1 comentario

Incluyo en este post el relato que ha recibido un accésit en el III Concurso de Relato Corto Redes de la Memoria 2009 que organiza Globalkultura. Más adelante verá la publicación en papel junto al resto de relatos premiados. Según me comentó la espía -gracias por chincharme para que escriba- están en maquetación. Todo llegará. Ayer me dio permiso para que lo publique en este humilde blogsito.

El relato refleja recuerdos vinculados a aquellos momentos en que la General Eléctrica (una de las fábricas que vertebraban la vida en la margen izquierda y zona minera de Bizkaia) transportaba alguno de los transformadores que fabricaban. Se trataba de enormes moles que a lomos de camiones peregrinaban lentamente hasta el puerto para embarcar hacia sus destinos. Y pasaban por delante de mi casa. Todo un acontecimiento en mi infancia.

La idea de escribir este relato me vino gracias a una visita que hice a ABB en Galindo. Esta fábrica ocupa algunos terrenos de la antigua General Electric, a la que todos llamábamos  “la General”. Fabián Cortés, a quien conocí en Consonni, y ahora responsable de Lean Manufacturing en ABB, me estuvo enseñando la planta y se me dispararon los recuerdos. Mil gracias.

El relato mezcla recuerdos y sitúa la escena en una tarde de julio de 1971. Aquel camión inmenso transporta un colosal transformador y al pasar por el barrio…

El transformador de la General

Era un día de julio de 1971. Más o menos las cinco de la tarde. Quizá algo antes. Algunas nubes despistadas garabateaban en un cielo azul. Y no hacía calor. El viento soplaba del norte, como era habitual. No, no hacía calor.

Yo sabía que el camión estaba al llegar.

Lo precedía una comitiva de inspección. A pie, unos señores mayores lo acompañaban en su lento peregrinar. Enfundados en sus buzos de trabajo, semejaban una procesión pagana. A ambos lados de la carretera, bajaban por delante del gigante transformador para anticipar problemas y resolverlos. Había que desfacer entuertos: cables de la luz de insuficiente altura, algún conductor despistado que podía obstaculizar el tránsito o alguna maniobra complicada en un cruce. Aquellos señores tenían plenos poderes.

El camión holgazaneaba con aquella enorme mole metálica a sus lomos. No había ninguna prisa, nada daba a entender que el tiempo presionara.

Sólo soy capaz de ver el camión con su mole adherida en un trayecto muy corto: desde el puente hasta el poste de la luz. Apenas treinta metros. Avanzaba a paso humano. Era grande, mucho más grande que mis camiones de juguete.

Puede que fuera de color verde, pero ese detalle perdía relevancia en el conjunto. No tenía nada que hacer frente a su carga deslumbrante. Mis siete años se encogían ante semejante monstruo, aunque no acertaba a comprender su utilidad. Allá arriba más parecía un rey mago sobre su carroza. Era todo un espectáculo.

Estaba presente toda la familia. Menos mi padre. Estaría trabajando. En algo relacionado con hierros. Era ley de vida en la zona. El futuro se cimentaba en el óxido y el metal.

Y la familia entera salía a la carretera. No era calle, sino carretera. En la carretera mirábamos cómo bajaba el camión con su prole: los señores de la General. Mezclábamos algarabía con respeto y conteníamos la respiración con un cierto aire de reverencia a su paso. Llegaban con su obra, la exhibían como gran triunfo ante las pequeñas multitudes silenciosas. Se sabían triunfadores. Eran todos hombres. Hombres hombres. Con sus ropas de trabajo limpias. Ropas que lavaban sus mujeres, muda que preparaban sus mujeres. Eran otros tiempos. Eran los mismos tiempos.

El transformador de la General recogía caras de asombro y admiración. Enorme, descomunal, de otro mundo. Tras muchos meses escondido, veía la luz y se desperezaba poco a poco. Primero, a lomos del camión verde de millones de ruedas. Luego, quizá en un barco. Luego, quizá en un tren. A lo mejor iba a la Cochinchina. Mis siete años imaginaban lugares imposibles cuya única referencia eran los cuentos. Así que el transformador de la General iba a la Cochinchina. Sólo lo sabía yo.

Ruedas, muchas ruedas, una detrás de otra, hasta componer una fila perfectamente alineada. ¡Firmes! Como nosotros en el patio de la escuela. Una línea recta, una distancia contenida entre niño y niño. El camión, igual. ¡Firmes! Rueda tras rueda, un mundo seguro donde había un sitio para cada cosa y cada cosa tenía su sitio. El camión no podía fallar. Aunque supiera que su papel era secundario, que las primeras planas del periódico serían para la mole que acarreaba. Él se llevaría las migajas de la gloria. Pero cumplía, muy digno, su papel.

El transformador era un bloque metálico con remaches. Sólo tenía sentido si el camión iba con él. No soy capaz de imaginar la escena sin alguno de sus componentes. El camión, el transformador y los señores de la General. Una especie de unidad de destino, una comitiva seria, adusta, con una misión no explicitada: conducir su creación con orgullo por la carretera. No esperaban vítores, sino respeto. El trabajo era serio: era lo que había que hacer. El sentido de la obligación los acompañaría hasta la tumba.

Todo era lento y pesado. Así que en casa teníamos tiempo de salir a la carretera. Desde arriba, en las escaleras, disponíamos de la mejor perspectiva. Porque bajar hasta el suelo suponía perder demasiados detalles. Allá abajo mi recuerdo se diluye. Porque la mole era enorme y no me decía nada. Necesitaba otro ángulo, una perspectiva concreta. Ahí se recreaba la escena, desde la escalera. Primero los señores, luego el camión.

No había ruidos. Es extraño. Porque las vozarronas de los señores de la General no rompían el silencio. Y reconozco que la imagen, a veces, se me escapa. Se desvanece gris entre los recuerdos. Sí, aunque resulte extraño, el camión bajaba en silencio. Pudiera ser que respetaran el luto de algún muerto en la fábrica. Esas cosas pasaban. Porque quería Dios, según me decían.

Los señores se afanaban por dejar la vía expedita. Levantaban unos temerosos cables de la luz que se sujetaban frágiles a los postes. El transformador de la General necesitaba que apartaran esos mezquinos obstáculos de su trayectoria. Su gigantismo era de otro mundo y las medidas de lo que encontraba a su paso eran ridículas para los de su especie. Cables hacia arriba, coches hacia los lados, necesitaba toda la carretera para él. De vez en cuando las ruedas se detenían. Todas a la vez, obedientes; habían aprendido la lección.

Yo imaginaba un viaje largo. Un vía crucis en el que la carga, esa especie de moderna cruz en forma de transformador sobredimensionado, se movía a un ritmo exasperante. Cada paso era una decisión; cada giro de las ruedas, un nuevo motivo de orgullo. La brea se retorcía bajo la mole y quedaban sobre el asfalto las huellas de que por allí pasó aquel ingenio. Un viaje largo con muchas estaciones.

Luego de pasar por allí, el transformador de la General era motivo de conversación en el barrio. Cada aparato tenía su vida propia. Junto con el camión y los señores, configuraban una escena única e irrepetible. Las nubes, la luz, la hora del día, los señores, mi imaginación: eran muchos pinceles para que el cuadro pudiera duplicarse.

Fueron decenas de camiones y de transformadores, todos distintos, todos iguales. Pero la estandarización de verdad llegó después, cuando la industria dejó de lado a los señores y los hizo operarios. Entonces dejaron de pasar transformadores. Quizá porque me hice mayor y dejé de hacerles caso. A lo mejor fue culpa mía. Porque aquella procesión necesitaba niños a los que dejar pasmados. Y los niños se hicieron mayores.

El caso es que el azul del cielo dejó también de ser tan brillante y el mundo enfermó de falta de horas. Alguien estableció en las fábricas unas nuevas reglas para jugar a la competitividad. Y el tiempo acabó destrozado en mil pedazos, preso de un delirio colectivo. El tiempo dejó de ser un compañero amable del que disfrutar. Sí, se enfadó y se puso en contra de los señores que venían caminando junto al transformador.

El camión transportaba progreso, pero respetaba el ritmo de quienes lo habían engendrado. Sabía quiénes eran sus amos. Aquellos fatigosos viajes probaban su honestidad y capacidad de sacrificio.  Parecía un último homenaje antes de acabar conquistado por el progreso científico y tecnológico. Entonces se hizo máquina y empezó a correr más y más. Y los señores del buzo azul ya no pudieron seguirle.

Aquel enorme transformador no tenía nada que ver con la industria ni con la energía. Esas palabras todavía no formaban parte del limitado vocabulario que me proporcionaban mis siete años. Aquel descomunal aparato sobre  el camión formaba parte de lo fantástico. Y ahí quedó. Creo que siempre lo retuve como un cuento, por mucho que la procesión se repitiera varias veces cada año. Siempre el mismo transformador, los mismos señores, la misma tarde fresca de verano. Siempre como un cuento fantástico.

No recuerdo que el camión avanzara más allá de los treinta metros que yo abarcaba con mi mirada. Ningún camión lo hizo. Todos quedaron atrapados en ese recorte de espacio y tiempo. Están inmóviles, desorientados, porque saben que sólo en aquel momento y en aquel lugar fueron relevantes a mis ojos. Yo los dejé allí, en un lugar que ahora ya no existe, pasto del progreso.

La General ya no es la General. Una buena parte de aquellos señores están muertos. Sus esquelas hoy apenas son recortes de papel en alguna caja de pañuelos perdida al fondo de un cajón. Allí yace su memoria, allí donde no corre el aire.

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La imagen que acompaña al texto me la pasó también Fabián Cortés.

Por qué ecosistemas y no mercados en la economía abierta 7 comentarios

Tourism Revolution EcosystemUn ecosistema se define, según la wikipedia, como “un sistema natural que está formado por un conjunto de organismos vivos (biocenosis) y el medio físico en donde se relacionan (biotopo). Un ecosistema es una unidad compuesta de organismos interdependientes que comparten el mismo hábitat. Los ecosistemas suelen formar una serie de cadenas que muestran la interdependencia de los organismos dentro del sistema”. Se dice también que “tiene en cuenta las complejas interacciones entre los organismos (por ejemplo plantas, animales, bacterias, protistas y hongos) que forman la comunidad (biocenosis) y los flujos de energía y materiales que la atraviesan”.

Esta idea de ecosistema la hemos encontrado repetida en bastantes de los casos que hemos analizado como economía abierta. Quizá el más evidente sea el Tourism Revolution Ecosystem, pero no es el único. A veces de forma explícita y otras de forma implícita, la idea de fondo es el equilibrio (inestable) y la interdependencia de las partes. Algo así como una especie de destino compartido en lo colectivo más allá de la propia unidad empresarial.

Esta idea me parece muy importante porque da un paso en la línea de tender hacia fórmulas colaborativas y no sólo competitivas. Si aceptamos la interdependencia es más fácil jugar a cooperar con otros agentes. El mercado se rige, por supuesto, por leyes de competencia. No es tanto ir del blanco al negro o viceversa, sino considerar lo que se gana cuando se desarrollan más actitudes de colaboración que de competencia. Porque la primera es expansiva y la segunda reduccionista.

La complejidad de agentes implicados en la economía (¿algo no lo está?) requiere una visión tanto vertical como horizontal de la estructura de estos nuevos ecosistemas. Todo parece interconectado y mantener relaciones variables según las leyes de las redes distribuidas. Los tiempos líquidos provocan un flujo constante de oportunidades que sólo lo son para aquellos agentes del ecosistema capaces de adaptarse a los cambios. Y la buena noticia es que eso se puede hacer de formas muy diversas. Se admite una tremenda diversidad de organización, pero la clave de competitividad es dejarse llevar por la corriente y desarrollar el sentido del equilibrio. La fuerza de la ola no tiene por qué llevarnos sólo hacia un sitio; somos nosotros quienes nos desplazamos sobre ella para ir hacia un lado u otro y con cierta velocidad. Pero lo que no podemos hacer es ir en el sentido contrario en el que viene la ola.

Sentirse parte de un ecosistema abre mentes. Genera una nueva dinámica de relación con quienes coopites. Por encima de todo queda el sentido de que compartimos algo grande, una transformación en marcha que no termina nunca. Por eso conviene preguntarse cuál es el ecosistema al que pertenecemos como empresas. Más allá de la visión, misión y valores individuales de un agente del ecosistema, dónde está la razón de todo esto. En cierta forma, tiene también que ver con el sentido de propósito que también hemos analizado en el marco de la investigación sobre economía abierta.

Y sí, todo esto tiene que ver con la potencia que da sentirse colaborando y no tanto compitiendo. Cosas simples.

¿Empleo de calidad en cultura? 2 comentarios

Forges y el entreguismoEl pasado lunes participé en una jornada de trabajo organizada por el Gobierno Vasco en la que se relacionaba “empleo” y “cultura”. El puente habitual, por supuesto, suele ser la creación de empresas potentes. Pero en el caso de la cultura esas empresas manifiestan unas características muy concretas: un porcentaje elevadísimo de microempresas, una temporalidad de escándalo en la contratación y una cantidad de personas que trabajan como autónomas también muy considerable.

En la presentación el lehendakari hablaba de “empleo de calidad” mientras se hacía alusión a esa definición tan profunda de la cultura que hace la UNESCO y que se recoge en la wikipedia. Esta visión optimista está relacionada con la elevada cualificación de las personas que trabajan en este sector, el carácter innovador y a la conexión con lo local. En la información que recoge Kulturklik sobre la jornada se dice:

La actual coyuntura socioecónomica ha puesto de manifiesto la necesidad de diversificar las actividades económicas y apostar por nuevos ámbitos de producción. Desde el Gobierno Vasco, se apuesta por el impulso de las industrias culturales y creativas como garantes de empleo y promotoras de la transformación del modelo económico.

La innovación, la creación de empleos de calidad para personal especializado, la capacidad para impulsar el desarrollo del territorio y el valor de un trabajo centrado en el fomento de actitudes positivas en nuestra sociedad, son algunas de las claves de esta industria, que tiene protagonismo en la estrategia Europa 2020.

Así que una de las grandes esperanzas blancas para el progreso es que la cultura se convierta en motor y símbolo de progreso. Claro que necesitamos “un tipo de cultura” para que esto sea así. Por supuesto que debe ser inclusiva, empezando por el deporte, que a fin de cuentas todos sabemos que, para la economía, es bueno que la Real esté en Primera División o que Baskonia gane la liga de la ACB. Luego, claro está, al margen del gigantismo hay una amplísima red de ¿negocios? de entre 0 y 2 trabajadores (el 78,4% de las empresas). Pero trabajadores culturales, cualificados y felices, incluso autoexplotados.

Pero sobre todo, para que sea motor y símbolo de progreso, necesita aceptar los estándares que el poder económico determina. Es decir, necesita supeditarse a los objetivos. Eso de “crear por crear” no tiene sentido en un moderno estado de derecho. Hay que “crear para”. ¿Para qué? Para que mediante un anuncio de 20 segundos me compre un coche con el que se me saltan las lágrimas mientras eyaculo de felicidad, para que el filantrocapitalismo nos llegue al corazón o para que un presidente de los Estados Unidos de América use una serie de televisión para explicarse mejor, como recoge Christian Salmon en su libro Storytelling. La cultura necesita ser de una determinada forma. Punto pelota. Y si no lo entiendes, te quedas sin dinero público. Porque con el privado ni lo sueñes, claro.

¿Empleo de calidad? La cultura no consigue ese tipo de empleo de acuerdo con los estándares al uso. ¿Quien trabaja en la cultura es feliz con su vocación/profesión pero infeliz con la forma en que la lleva a cabo? ¿Es necesario organizar de otra forma a toda esa ingente cantidad de espíritus libres para que atemperen su carácter dentro de cubículos llamados empresas con todo bien organizado, su consultoría por detrás y su certificación según norma ISO o su modelo de excelencia avalado por EFQM? Pues va a ser que sí, según los estándares de lo que se entiende por una empresa como dios manda. A ver, enséñeme el DAFO. ¿No lo tiene? Pues queda usted detenido.

El empleo en la cultura no es ni será de calidad para los estándares del sistema. Así que el sistema puede que intente cambiarlo. Como alguien meta mano con un análisis estratégico de los de 200 páginas de consultoría bien pagada, que se eche a temblar el espíritu libre, que se va a enterar de lo que es la competitividad. Porque la cultura, para que aporte al PIB, haga lucir a una región, y sea motor de transformación, va a necesitar pasar la prueba del algodón de la santa productividad. Amén.

Mi reflexión se repite: ¿debe la cultura adoptar los estándares de la competitividad económica para conseguir empleo “estándar” de calidad? La Administración se ahueca, ya lo dijo Naomi Klein. Y la cultura se desplaza de la creación a la comercialización. El estándar del mundo moderno económico pasa por el éxito. ¿Tienes éxito? Ven para acá, que te queremos. ¿No tienes éxito? Pues dedícate a otra cosa, fracasado de los cojones.

Bueno, en fin, tranquilidad. Que ya deja de llover (por fin). Hay datos interesantes en el informe de análisis de las empresas, empleos y mercado de trabajo del ámbito cultural de la CAE (resumen de indicadores). Conviene echar un vistazo si te mueves por estos territorios. El informe evidencia ciertas contradicciones pero creo que tienen que ver en buena parte con el galimatías irresoluble de definir qué es sector cultural y qué no lo es. Cada cual verá lo que quiera ver.

Por cierto, de la jornada (aquí todas las ponencias) me quedo con las reflexiones de Víctor Fernández Blanco sobre la condición de artista, el desenfado de los planteamientos extremeños de Guillermo Varela, las reflexiones sobre territorios que hizo Montserrat Pareja y, cómo no (pero esto es peloteo) con el permanente sentido paradójico de María ptqk. Ah… y la insurgencia emergente de Ricardo Antón. Silvia, un placer charlar de nuevo a ratillos contigo ;-)

10 joyas de delicious en el próximo taller de Aprendices 6 comentarios

Este viernes día 18 y el siguiente, día 25, vamos a realizar dos talleres sobre Delicious en Aprendices. El hecho de convocar dos tiene que ver con que el primer día coincide con las cuartas jornadas MoodleMoot Euskadi, que se celebrarán en TKNIKA. De ahí que hayamos decidido mantener dos convocatorias autogestionadas. En mi caso, estaré en la del día 18, que haremos en la Universidad de Deusto, en el aula 201, justo encima de la cafetería de Eside.

Me encanta volver atrás en el tiempo y retomar un taller sencillo para compartir el uso de una herramienta tan interesante como Delicious. Son ya más de cuatro años utilizándola. Hoy no sabría muy bien qué hacer con todas esas cosas que encuentro por la red y que me parecen dignas de guardar si no fuera por delicious.

Con la idea de mostrar un abanico de lo más destacado que creo que ofrece Delicious me he permitido componer este decálogo:

  1. Delicious aplica un principio egoísta: es una herramienta que te ayuda personalmente (después viene el beneficio colectivo) a organizar tu información. Es decir, que al margen de la potencia de compartir, es útil desde el primer enlace que se marca porque sirve para gestionar nuestra información.
  2. Fácil, muy fácil de utilizar. Una vez instalados los botones en tu navegador (o incluso sin ellos), usar Delicious es muy simple. Eso sí, tienes que tener sensibilidad por gestionar información. Si no, mejor lo dejas antes de empezar.
  3. Delicious refleja nuestras áreas de interés. Cuando llevas tiempo utilizándolo es fácil saber si un usuario está cerca de nuestros intereses o no. Sólo hay que mirar las etiquetas que usa. En cierta forma, refleja quiénes somos. Las etiquetas (no las las otras personas nos ponen sino las que nosotras usamos) nos describen.
  4. Es muy fácil añadir a tu red a personas con intereses similares. Puedes “usar” la inteligencia de tus almas gemelas. La utilidad de “network” está para eso.
  5. Todo tiene RSS en Delicious: una etiqueta, un usuario, una suscripción, una etiqueta de un usuario… Esto simplifica mucho la reutilización de contenido.
  6. Generar nubes de etiquetas para visualizar las áreas de interés es muy sencillo y puedes llevarte esa nueva con código embebido a cualquier sitio que acepte HTML. Simple, simple.
  7. La búsqueda con Delicious es una búsqueda mediatizada por humanos. En la medida en que uses la búsqueda mediante etiquetas lo que estás haciendo es buscar sólo aquello que un humano ha etiquetado. Aplicas filtro humano a la búsqueda.
  8. Añadiendo una pequeña descripción puedes destacar por qué ese contenido es interesante. Y no olvides que puedes enviarlo directamente a twitter para darle difusión. Ahora es más simple socializar lo que  etiquetamos.
  9. Puedes licenciar de forma alternativa al copyright todas tus etiquetaciones, incluso cediendo tu contenido a dominio público. Úsalas para extender tu red y compartir sin trabas lo que encuentras.
  10. Puedes componerte una suscripción con aquello que más te interese, añadiendo tantas condiciones como quieras y siempre con la posibilidad de llevarte el rss a tu lector de feeds preferido.

Bueno, hay mucho más pero estas diez utilidades de Delicious bien merecen que, si quieres, te des una vuelta por alguno de los talleres convocados. Ya sabes, no esperes sólo “escuchar” sino que estos talleres son para compartir lo que sabemos. Al menos para el del día 18 la intención sería hacer una pequeña presentación, luego trabajar por grupos y después compartir en la parte final lo que hayamos aprendido.

Como siempre, todo reflejado en nuestra wiki. Si quieres inscribirte, edita la wiki y añade tu nombre. Nos vemos.

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