Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
En la viña del señor cada cual decide dónde coloca su pasión. Puede habitar en las grandes causas, en pequeños detalles o en lo que te enchufan por la diversidad semejante de telediarios en prime time. Esa es la extraña diversidad humana.
Las organizaciones con un potente sentido del propósito pueden jugar con la pasión de sus seguidores. No sé si hablar de trabajadores; quizá sea mejor usar la palabra “seguidor”. La organización con propósito puede repartir migajas entre sus seguidores porque sabe que las cogerán del suelo con un placer inmenso. La comunidad se construye sobre pilares emocionales. Como las sectas. Ponte a separarlas. A veces es difícil, ¿verdad?
Porque la pasión, insisto, la colocamos donde nos apetece. Me imagino cola de gente para trabajar gratis haciendo lo que fuera para Fernando Alonso o cualquier otro ídolo de masas. Esa inmensa satisfacción de logro ante el dios publicitario es impagable. Así que, por supuesto, no se paga. No es tanto problema de los súbditos sino de los dioses. Porque la tentación de jugar con la plebe es evidente. Y, además, gratis. ¡Qué más se puede pedir en el reino de la competitividad! Reduzcamos costes y traigamos voluntarios.
Cada cual se construye donde puede su choza de felicidad. Bastante jodido baja el mundo como para andar mirando estas menudencias. Si puedo soltar cuerda para que la cojan mis creyentes, ¿por qué no repartir migajas de felicidad? Pero es que aquí casi casi como que ninguno podemos esconder la mano. Todos vivimos atrapados en ese círculo de la pasión. La conexión emocional la hacemos con las cosas más extrañas. Puede ser una Barbie, el equipo de petanca, CR9, los robots Mindstorms de Lego, el software libre, un coche de carreras o salvar ballenas. Sí, conforman una categoría: cosas para las que pueden reclutarse voluntarios. Un dos tres…
En tiempos de pasiones mediáticas, los hay que juegan sin escrúpulos. Tengo que leerme el último libro de Christian Salmon sobre Kate Moss, ahora que parece que también anda detrás de Belén Esteban. A ver si entiendo algo más del circo en que vivimos. Porque digo yo que la sensación de payaso no tiene por qué ser tan desagradable, ¿no?
Ayer estuve comiendo con un buen amigo, gerente de una de esas cooperativas grandes y tradicionales de la corporación MONDRAGON. Un placer, como siempre. Como la conversación fluía del trabajo al no-trabajo, acabamos hablando, una vez más, de los límites entre esos dos mundos y cómo los gestionamos. Él me decía que hace esfuerzos por separarlos y que de hecho funciona de esa forma. Yo le explicaba cómo en mi caso esos dos mundos hace tiempo que se han fundido.
Pero donde me quería detener un momento es este argumento tan manejado: si algo es tu pasión, tu hobby, tu afición… entonces no es trabajo. Porque si fuera trabajo acabaríamos pervirtiéndolo. Es decir, que las dinámicas humanas de interacción con el lucro y con el no-lucro son bien diferentes. Si una ONG cuyo objetivo me parece loable me pide algo se lo daría; si fuera una empresa que persigue resultados económicos entonces le diría que me pague. Claro que no es siempre así. Y en este terreno, pudiera ser que nos hayamos vuelto tontos o más tontos aún.
En el fondo hay una valoración íntima de quién y cómo lo pide. No es lo mismo que te pidan dar una charla en un evento con grandes empresas que lo promocionan por detrás o que te lo pida una gente que está empezando y que necesita apoyo. No, no es lo mismo. Igual que mi precio de mercado no es igual para un proyecto bonito que para uno feo. O igual que no es lo mismo que surja química o que no surja. Complejos los caminos por los cuales decidimos qué es una afición, qué es trabajo o qué es “no hacer nada”.
De todas formas, creo que está muy extendido eso de que mezclar gusto con trabajo lía la gestión -no sé si es palabra aplicable- de nuestras vidas. Mejor que la frontera me diga que ahora estoy en modo “trabajo” y luego en modo “placer”. Así, todo es evidente: el trabajo es lo que no me queda más remedio que hacer para disfrutar el tiempo en que no lo hago. Simple y contundente.
Ya he comentado alguna vez por aquí que yo mismo cuando empecé allá por 2003 a trabajar de esta forma “artesana” me sentía en pecado al coger la bici un jueves por la mañana. ¿Qué hago en bici subiendo al Pagasarri en “horas de trabajo” cuando debería estar “sufriendo” de otra forma? O sea, trabajando.
Por supuesto que fundir trabajo y no trabajo tiene un gran peligro. El trabajo se comporta como la teoría de los gases: dale espacio y lo llenará. Y eso es tiempo. El trabajo necesita fronteras artificiales para que no traspase límites razonables. Bueno, puedes no estar de acuerdo, no pasa nada. En mi caso casi siempre trato de usar la agenda para colocar en ella mis actividades de “no-trabajo”. Pero incluso así tengo algunos ejemplos de cómo me han entrado proyectos mientras daba pedales. Y os aseguro que no han sido ni uno de dos, sino unos cuantos. De verdad de la buena.
Hacía mucho tiempo que no planteábamos una idea radical. Imagina la escena. Luego la comentamos y si quieres, como siempre, lo hablamos.
- Bueno, entonces… ¡enhorabuena! Estás admitida, vas a comenzar a trabajar con nosotros a partir del próximo lunes.
- Estupendo, por fin. Ya pensaba que esto de la crisis no se acababa nunca. Empezaba a desanimarme.
- Bueno, son tiempos complicados. Creo que a todas las empresas nos afecta. Pero creemos que puedes aportarnos muchas cosas. Así que, lo dicho, el lunes comienzas aquí, en la que va a ser “tu empresa”.
- Genial.
- En fin, quedan algunos trámites operativos. Por ejemplo, si no te importa, pásate por favor por el Departamento de Sistemas para que te den una cuenta de correo y te expliquen todo el asunto de cómo trabajamos aquí con lo digital, ¿de acuerdo?
Entonces Ana se queda mirando al tipo que tiene enfrente y no sabe muy bien si preguntarle o no. Una duda asalta su mente. Por fin se decide.
- Pero…, ¿para qué quiero yo una dirección de correo electrónico? Si… ¡ya tengo!
Pues eso: ¿debe la empresa dar una dirección de correo? ¡¡¡Qué preguntas más tontas!!! Pues claro. Te da un “dominio”. Te identifica, te dice quién vas a a ser. Es una prestación que vas a obtener por entrar a trabajar en una empresa: esta será tu dirección de correo electrónico. Claro que todo esto bajo una óptica de escasez, de empresa ominipresente, de empresa-poder frente a persona-vasalla. Claro, claro, ¡soy un exagerado!
Por supuesto que es evidente que nadie usa la dirección de correo electrónico del trabajo para temas personales… ¡como si esto fuera posible! Trabajo y vida personal se funden, compañeros de trabajo y amigos forman un conjunto que se funde, la vida corre más deprisa que la separación categórica entre trabajo y no-trabajo, entre cuenta de correo personal y profesional.
Pero hay una imagen, una identidad, un proyecto, un norte, algo que define a la empresa. En el orden superior son unos valores, una visión, una misión blablabla. Claro, pero, ¿las personas no tenemos valores, visiones, deseos, objetivos? ¿No tenemos una vida tan rica o más que la que la empresa me ofrece? ¿No tenemos una o varias identidades digitales? Entonces, la empresa me da “otra identidad”. Pero puede no hacerlo si acepta la regla de la red distribuida y un enfoque más relajado y, por qué no decirlo, más centrado en quienes somos. Sí, más humano.
La empresa puede jugar entre tres enfoques:
Te da una identidad digital fuerte. Toma tu cuenta de correo, aquí están los valores (el kit, por supuesto, incluye visión y misión), este es nuestro modelo de gestión, “así nos gusta la gente aquí”. O sea que tu identidad, o alguna de ellas al menos, debe encajar en la empresa. Te valoramos en tanto tu perfil encaje aquí. Te vigilaremos.
Te da una identidad digital más. Toma tu dirección de correo, úsala con sentido común. Sabemos que eres una persona, con tu propio universo. Aceptamos diversidad, aunque te contamos nuestro modelo. Y habrá tensiones, porque la empresa es la empresa y necesita determinado tipo de gente.
Te da un espacio donde desarrollar tus identidades digitales. Claro, el enfoque de una ONG que atrae personas voluntarias. Pero ¿no hay empresas o “no-empresas” que nos enganchan porque facilitan que nos desarrollemos a través de ellas? Quizá no haga falta que me des una dirección de correo. Quizá sí. Pero hay alternativas. Acepto quién eres y ya veremos hasta qué punto tu proyecto encaja en esta organización.
Ah, por cierto, ¿cuánto se gasta una empresa en mantener el orden y la seguridad en su recinto? La policía es cara de mantener. Hay que montar sistemas para vigilar y luego castigar. Y si hay sospechas razonables, no hay elección: se levantarán sistemas donde pagan justos por pecadores. Primero se prohíbe, luego ya se verá. ¿Alguien usa de forma indebida una red social? Pues se prohíbe el uso de las redes sociales en Internet y asunto arreglado. Es lo que tiene la seguridad, que provoca daños colaterales.
¿Cómo sería un modelo empresarial donde las personas mantienen su identidad digital? Pensad en la práctica, pensad en la realidad que os rodea: ¿cuántas personas juegan con su correo de Google integrando en él cuentas profesionales o de otro tipo? Pues eso, la realidad a veces supera a la ficción. No hay que olvidarlo. Y ojo, que hablamos de Google. Más leña al fuego.
No digo que no haya que dar dirección de correo electrónico “corporativo”. Digo que es una posibilidad. ¿Qué me define mejor: jiturbe@eteo.mondragon.edu o julen@jiturbe.com o juleniturbe@gmail.com? ¿Qué me aporta la primera frente a las demás? Me parto la caja con LinkedIn cuando veo que obliga a proporcionarle un “dominio” para aceptar la creación de una empresa. Claro, es pura realidad: empresas poderosas que se diferencian de los simples humanos porque nos dan una identidad. Sí, pero ¿cuánto de atractiva es esa identidad digital que, como empresa, me proporcionas?Porque hoy esa identidad compite con otras y quizá pierde de forma nítida en la comparación.
Vivimos en una sociedad más distribuida aunque haya quienes jueguen a reducir la abundancia a escasez artificial. Podemos querer que la montaña venga a Mahoma, pero pudiera ser más lógico que Mahoma se mueva hacia las montañas, ¿no?
Creo que somos una empresa privilegiada. Lo digo en plural ahora que David “disfruta” junto a mí Consultoría Artesana en Red. Nuestra colaboración con MIK y con Enpresagintza, la Facultad de Empresariales de Mondragon Unibertsitatea nos está permitiendo participar en la investigación de la cosa que sea la economía abierta, como ya comentamos en su día. La EOI nos adjudicó esta investigación y creo, sinceramente, que no se puede pagar con dinero. Nos está abriendo los ojos a otras realidades empresariales que ¡están aquí!
Ya que mañana tenemos una reunión de balance en Madrid, he pensado compartirlo aquí. Son ya 15 los casos analizados. De ellos hemos ido escribiendo algunas cosas en el blog oficial sobre la investigación que mantenemos en EOI. Aún nos quedan cinco casos más de analizar, pero ya tenemos una cierta perspectiva. Estas serían nuestras conclusiones “en curso”:
La economía abierta es diversa y admite enfoques camaleónicos. Van desde cooperativas -con diferentes filosofías- hasta sociedades limitadas, iniciativas personales, empresas de tercer sector o asociaciones sin ánimo de lucro. La apertura a los stakeholders es diversa porque en ellos hay matices y diferentes fuentes de valor. Eso sí, todas se ven colaborando de forma estrecha con personas… que “estrictamente” no son parte de su organización formal.
Estamos ante un sector con empresas en constante evolución. Estamos convencidos de que si esta investigación la hacemos dentro de tres años, veremos organizaciones diferentes: con distintos productos/servicios o dirigidos a otros nichos de mercado, o incluso con estructuras societarias que han cambiado.
Son empresas con un compromiso “potente”. Puede ser que tenga que ver con el software libre, con la economía solidaria, con una visión crítica de la tecnología o con otra forma de aportar valor desde su sector. Sea lo que sea, hay “ideología”, hay una forma de encarar la realidad que no es neutra. Ese tipo de visión suele estar conectada con lo que la empresa ofrece. Además, este tipo de compromiso a veces la coloca en posturas de “lo coges o lo dejas”. Es decir, las vemos bastante “autorreferenciadas”.
Vemos contradicciones. Por ejemplo, con la forma en que gestionan la propiedad de sus contenidos. El mercado es el mercado y a veces impide ser coherente. Se percibe una cierta tensión entre lo posible y lo deseable. En tanto que hay leyes de mercado y que el sistema lo engloba todo, estas organizaciones se saben insertas en esa realidad. No hay alternativa y eso provoca tensiones.
Mantienen una actitud positiva ante Internet. De hecho ninguna de estas organizaciones podría vivir al margen de la red de redes. Internet ha supuesto una gran oportunidad para que sus negocios se desarrollen y sean competitivos. Sea como soporte para impulsar una comunidad o como eje transversal a su actividad, Internet es un elemento natural y consustancial a estas empresas. Y también conviene aclarar que no tiene por qué asociarse al uso intensivo de herramientas de la web social.
No parecen estar a la caza del máximo resultado económico. Claro que hay matices en los enfoques, pero no parece que lo económico sea el motor principal. En general, estas organizaciones persiguen algo más allá de que consigan ganar dinero. De hecho encontramos maneras alternativas de establecer retribuciones. El compromiso que comentábamos en el punto 3 mueve a las personas con un grado extra de motivación.
Se ven parte de un ecosistema o de una comunidad más amplia. Todas ellas se vinculan con un conjunto más amplio en el que se sienten una pieza más. Saben que no pueden hacer las cosas desde sus propias capacidades y recurren de forma constante a encontrar compañeros de viaje con quienes compartir esos grandes objetivos. Esta comunidad más amplia de la que forman parte estructura relaciones de “coopetición” pero dentro de un consenso global (puede que no explicitado) respecto a los grandes asuntos.
Estas organizaciones poseen una gran ventaja respecto a otras porque en ellas suelen trabajar personas apasionadas. Cuando te están contando su proyecto estás viendo que no tiene mucho que ver con “el trabajo”. Sea lo que sea, no es “sólo” trabajo; es una conexión con un proyecto, con unas actividades que dan sentido a sus vidas. Por eso admite formas diversas, porque esos proyectos a veces no caben bien en las límites de las empresas.
Casi siempre son organizaciones que ejercen la crítica, sea social o empresarial. No parecen estar conformes con el mundo en que viven. O, al menos, con parte de él. Han identificado algo que no está bien, algo que no puede continuar, por tanto, de esa forma. Esta definición “en negativo” de lo que no gusta actúa como palanca para movilizar. La percepción de la injusticia es motor de activismo.
Disponen de mucha información sobre sus enfoques y modelos de negocio en la red. Es decir, facilitan mucha información en abierto a quienes, como es nuestro caso, quieren saber de ellas. Parece que es una característica obvia pero no lo es tanto cuando se mira a la forma habitual de “comunicar” que tienen muchas empresas. Sea mediante blogs u otras formas, encontramos explicados sus modelos de gestión para quien quiera conocerlos.
Estas diez conclusiones son un primer avance y seguramente irán enriqueciéndose (y modificándose) a medida que le dediquemos más tiempo de atención. Por supuesto que también hay dudas. Algunas recurrentes:
¿por qué no encontramos una mayor presencia de la mujer en estos casos?
¿son sólo casos “raros” y marginales o pueden convertirse en una forma alternativa de hacer empresa?
Escrito el 25 de abril, 2010 por Julen en Escapatoria
La lentitud acabo muriendo allá a principios del siglo XXI. Tras algunos debates al más alto nivel, los grandes mandatarios del mundo decidieron que debíamos vivir deprisa. Fue un momento crucial en la historia de la humanidad. Un punto de no retorno. Aquella decisión oscureció el cielo por mucho que el sol brillara como siempre. Despacio murió. Se eliminaron los correspondientes iconos. Todo, claro está, muy deprisa. Visto y no visto.
El tiempo comenzó a huir. Buscaba huecos en la presión cotidiana y sabía escapar. A veces a hurtadillas, a veces por la puerta grande. Tapar aquí era dejar un agujero allá. El tiempo se marchaba, abandonaba su papel estructurador. Relegado a un papel de eterno enemigo, al final fue sometido a tortura. Y de la peor forma posible, acabo muriendo. La lucha a partir de entonces sería contra el tiempo. Un tiempo que encarnó como nadie antes la eficiencia. Eres más eficiente cuanto menos tiempo usas.
Así que los nuevos dioses de la era rápida en que todo se había convertido eran efímeros. Nacían, crecían y morían. Adolescencia que abocaba a una breve tercera edad para acabar enfangados en un meteórico declive final. Era ver sin mirar, observar sin comprender, centésimas de segundo para decidir. Ya, de inmediato. Sea lo que sea, pero ya. Adiós a quienes dejan pasar el tiempo sin atraparlo.
Se inventaron cápsulas de tiempo. Se inventaron mediciones matemáticas. Se invento más en menos. Se inventaron experiencias fulgurantes. Se inventaron descargas de adrenalina. Se inventó la intensidad. Todo porque alguien decidió hace ya mucho tiempo que no podíamos vivir despacio.
Laura Fernández, una de esas personas que sabe escuchar y remezclar, ha preparado este video del programa Quid Pro Quo, que Diego Soroa ha puesto en marcha en la sala Amarika en Vitoria-Gasteiz. Están allí desde este pasado 31 de marzo y hasta el 4 de junio.
“Quid pro Quo” es un programa de exposición y debates que traslada al espectador a una hipotética bifurcación entre tecnología y humanidad. Durante el mes de abril la Sala Amarika de Vitoria-Gasteiz expondrá una mezcla de obras artísticas y prototipos científicos y albergará un debate entre pensadores, creadores e investigadores para desgranar algunas implicaciones de esta transición acelerada del presente al futuro digital.
En el fondo la idea es sencilla: aproximarse de forma crítica a la tecnología. Algo que comparto al cien por cien. La adopción inconsciente de las tecnologías conlleva riesgos. En el ciclo del aprendizaje hay que hacer consciente el uso para saber de sus implicaciones. Pero eso ocupa tiempo. Y en un mundo sin tiempo, las drogas artificiales sustituyen al esfuerzo consciente. Por eso el programa de Quid Pro Quo es tan interesante.
Creo también que es un debate perdido de antemano. La tecnología es cada vez más transparente. Frente a ella, uUna alternativa es la negación, la rebeldía. Sí, la tecnología como parte del sistema que no actúa ya como apisonadora sino mediante agradables emisiones de anhídrido carbónico que llevan a una muerte dulce. Y si no muerte, sí estado zombie. Eres un esclavo rescatado de la humanidad que trabaja para un ser que no sabes muy quién es: tu papel es emitir información sin que lo sepas.
Si puedes, este próximo jueves 29 de abril, a las 7 en la Sala Amarika es la última de las sesiones de Quid Pro Quo. Parece que buscarán algunas conclusiones. Puede que paradójicas, me temo.
Han sido cuatro días en los que hemos realizado el primer taller dirigido a PYMEs que quieran realizar una reflexión sobre lo que supone Internet para sus modelos de negocio con Enpresa Digitala en Miramón. La primera cuestión y creo que la más importante tras este primer taller: tener claro cuál es su objetivo. Lo que pretendemos es mirar primero a las empresas que somos, al modelo de negocio que tenemos entre manos y luego tener en cuenta Internet como un elemento consustancial. Es decir, que el binomio Internet-Empresa es el que da sentido al taller, pero mirando primero a la empresa y luego a Internet.
Esto último me parece fundamental de cara a las expectativas de las personas que acudan a próximos talleres. A finales de junio haremos otro en Zamudio. ¿A quiénes va dirigido el taller? A quienes tienen pequeñas empresas entre manos y quieren hurgar en sus modelos de negocio para descubrir qué rol debe desempeñar Internet y cómo desarrollarlo.
No ha sido ni van a ser talleres donde explicar las herramientas de la web social, aunque es evidente que acabamos hablando de ellas y colocando algunos ejemplos. Esto supone que conviene disponer de una cultura básica respecto a esas herramientas. ¿Qué es cultura básica? Bufff, complicado. En fin, al menos saber qué son estas herramientas y para qué sirven. Quizá convenga irse a la wikipedia y repasar algunas entradas genéricas como rss, etiquetación social, redes sociales en internet, microblogging, blogs, wikis, copyleft, mashups, reputación online, gestor de contenidos CMS. Y si todo eso lo trasladamos a herramientas concretas, conviene saber, por ejemplo, qué son y más o menos qué se puede hacer con: WordPress, Google Reader, Deliciuos, Facebook, LinkedIn, Slideshare, Youtube, Vimeo, Twitter, Flickr o Joomla. Y, claro, no están ni de largo todas las que son…
No obstante, hay un paso previo de carácter técnico que ya comentaba hace unos pocos días por aquí: tenemos que manejar bien nuestro navegador. Si no, el asunto se complica. Hay que tener en cuenta que es la herramienta fundamental con la que vamos a explotar todo lo anterior.
Así que hay un curioso triángulo conformado por las competencias básicas en el manejo de Internet y su enorme caja de herramientas, la empresa que tenemos entre manos con su modelo de negocio bien pensado y la necesidad de tomar decisiones, de elegir entre varias opciones estratégicas cuáles pueden ser las más adecuadas para desarrollar ventajas competitivas. Todo ello, por supuesto con unos cimientos de conectividad, seguridad y velocidad de acceso a Internet suficientes. Y actitud, que no se nos olvide; actitud.
Por compartir la evaluación que hicimos al finalizar el taller y para que se entienda qué sugerencias o mejoras se podrían introducir, cito las que me parecieron más relevantes:
Introducir algún caso concreto de una empresa que esté llevando a cabo lo que explicamos en el taller de tgal forma que actué como eje transversal a lo largo de las cuatro sesiones.
Incorporar horas de consultoría para mezclar sesiones en aula con asesoramiento específico sobre cada caso particular de empresa. Parece un paso lógico pero que implica ya otro formato de taller, quizá como los que tiene Euskalit en lo que llamaban formación-acción. Por ejemplo, en los módulos de 5S hacemos tres sesiones presenciales y dos de acompañamiento a empresa in situ. Puede ser un modelo muy adecuado.
Espaciar las sesiones para dar tiempo a introducir más reflexión entre sesión y sesión. Esto puede favorecer que las empresas aprovechen mejor lo presencial para trabajar en casa con más profundidad. Claro que luego otra cosa será si traen los “deberes” hechos
Asegurar que haya una base previa respecto a las herramientas que van a citarse. Al principio se me ocurrió que podríamos hacer unas fichas, pero quizá sea más sencillo dar la referencia de la wikipedia como “paso de obligada lectura” de ciertos conceptos y herramientas. Si lo que da valor al taller es la metodología, hay que tener cuidado con que exista ese conocimiento previo de las herramientas. Si no, puede despistar al no saber muy bien de lo que estamos hablando.
Tendría sentido ya algún curso monográfico enfocado hacia la figura de community manager. Aunque puede ser un tea de controversia, la figura está ahí y emerge este perfil como alternativa de gestión en torno a la presencia en Internet y la web social en particular.
Puede tener sentido un enfoque sectorial de este tipo de talleres, aunque con matices. Hay ocasiones en que no se comparte cuando alrededor de la mesa hay otra gente con la que competimos. Es asunto a tener en cuenta. De todas formas, sí que añadiría valor centrar la mirada en un tipo más concreto de producto/servicio.
Bueno, que esto se alarga. Seguimos trabajando en ello y puliendo fondo y forma. Ya sabéis que podéis utilizar la metodología, que para eso está licenciada con reconocimiento-compartir igual. Nos leemos.
Supongo que más de una empresa diría que su gran reto es conseguir que las personas que la componen se enchufen con sus objetivos y se comprometan con el proyecto que representa. Ha sido, es y seguirá siendo una de las claves para conseguir eficiencia. Y conste que esto no descarta que en un mundo lleno de paradojas, encontremos otros modelos menos considerados con las personas que también funcionan (al menos temporalmente).
Pues bien, ¿podríamos tomar la referencia de lo que está pasando con el tráfico hacia redes sociales en Internet y aplicarlo al diseño de las empresas? Si en vez de construir un sitio web www.miempresa.com al que me cuesta Dios y ayuda traer tráfico, me voy a los bares del siglo XXI, ¿qué sucede? Si la gente va a Facebook o a Twitter o a lo que sea, ¿la empresa debe ir allí y reconocer que su capacidad de atraer ha caído en picado frente a los nuevos dioses de la sociedad moderna?
Siguiendo con esa lógica, si la empresa no atrae talento -oh, qué bonita expresión- porque la gente prefiere los bares, ¿por qué no llevar la empresa a los bares? Es más, ¿por qué no hacerla en sí misma un bar? Pero claro, eso va a suponer que lo económico se echa al monte en busca de pillar a tirios y troyanos como sea. Es la versión pesimista. Puede haber otra optimista que ponga sobre la mesa que la empresa se baja los calzoncillos y acepta, porque no lo queda más remedio, que las personas desarrollan sus vínculos con otras cosas que no son precisamente las empresas.
Si la empresa fuera un bar -redes sociales en Internet- quizá se planteara a sí misma como un contenedor que da cabida a proyectos personales ya existentes. Es decir, que viendo que la montaña no viene a Mahoma, no queda sino irse para la montaña, pero reconociendo que esa montaña usa reglas diferentes de juego. En la montaña Mahoma tiene que ser capaz de reencauzar ideas y proyectos de las personas, individuales o colectivos, y darles cobijo en una estructura que los desarrolle.
¿Estás por la labor de dejarte embaucar por las hordas marketinianas de la empresa del siglo XXI? ¿Vas a ser fan “me gusta” de una empresa y te vas a dejar enredar por ella? ¿Cómo renegociarás esa relación entre tus proyectos, tus gustos, tus aficiones (en definitiva, la persona que eres) con esa empresa que te dará dinero a cambio?
Richard Sennett ya nos decía que la empresa dejaba de ser un eje vertebrador de nuestras vidas. Tanta precariedad, tanta eficiencia desbocada, tanto ERE cuando hay crisis, tanto curso de motivación han tumbado a la empresa como generadora de confianza. Siendo así, la empresa diluye su poder de atraer en el magma de unas redes más complejas y subrepticias… que quizá son más poderosas. Porque cuando no te das cuenta de que es lo mismo de siempre pero “pareciendo” que en ello te realizas personalmente, entonces es que esto es más grave de lo que pensábamos.
Las empresas-bares van a jugar a la diversión, al tiempo productivo disfrazado de tiempo reproductivo.Van a jugar fuera de casa todo el tiempo pero es posible que dominen el contraataque a la perfección. La empresa-bar es lo que anuncia Google cuando te dice que, si trabajas con ellos, un día a la semana es para ti. Pero si luego el bar obtiene beneficios, tú te llevas tajada. Es la secta moderna que utiliza el dinero en vez de la fe ciega. Tenía trampa, ¿verdad? Bueno, sólo quería decirte que seas feliz.
Ayer me dio tiempo a dar una vuelta cortita por la zona de Lasarte con la bici. Me cargué una ruta desde Wikiloc y pude aprovechar para dar pedales por una zona que no conocía. Montes urbanos como tantos otros por esta parte del sur de Islandia. Montes explotados y sometidos a criterios de eficiencia económica. Fueron apenas 25 km en algo menos de un par de horas.
El primer tramo, junto al río Oria es un festival de gente paseando. Parece que ya está asumido que: ¡Contra el colesterol, paseo! Por recomendación facultativa. Cosas del primer mundo: hordas de paseantes purgando penas por una vida disoluta. Al menos desde el punto de vista de la ortodoxia medicinal. Este país está repleto de este tipo de desfiles procesionales. Admiten paso rápido, pueden ser en pareja, en cuadrilla o en soledad purgante. Todo ello al pil-pil en una tarde soleada de primavera.
Así que toda la primera parte discurre por una carreterita placentera que invita a no acelerar y disfrutar. A la derecha el río Oria y junto a nosotros la vía férrea. Más allá del río vías de comunicación del primer mundo.
Luego toca subir, primero por pista de cemento que luego se convierte en la típica pista empedrada de nuestra zona. Ya por la zona de arriba -se sube hasta un poco más de 400 metros- se divisa la costa cantábrica. Sin embargo la bruma vespertina de ayer no permitía grandes alegrías. En el cruce de caminos de arriba hay un panel que recuerda que estamos en la estación megalítica de Andatza: túmulos y dólmenes.
La bajada pasa primero por una zona de auténticos socavones a cuenta de la explotación forestal. Supongo que con barro tiene que ser todo un fangal. Con el terreno seco hay que andarse con cuidado a cuenta de las profundas roderas. Luego hay incluso una zona divertida bajando entre piedras justo antes de llegar de nuevo a la civilización. O lo que es lo mismo: a las pistas encementadas.
En fin, a ver si ahora que alargan los días puedo hacerlo más veces. Es alimento para el espíritu. Dejo aquí el enlace a mis rutas. Otro día me tengo que poner a compartirlas en wikiloc.
Vale, se lo copio a la buena gente de ZEMOS98, pero creo que procomún y remezcla son dos buenos conceptos para hacer real la empresa abierta. Probablemente chocan con modelos vigentes pero he aquí algunos argumentos que podemos colocar para defender a este par de revoltosos:
PROCOMÚN. Creo que hace real la economía de la abundancia. ¿Para qué insistir en la protección del conocimiento y en una generación artificial de escasez cuando podemos obtener más beneficios devolviéndolo a a la sociedad para que lo reutilice? Extender el procomún es construir una sociedad con más recursos y más solidaria. Ya, claro, que para eso no están las empresas. Bueno, déjanos pensar que hay algunas empresas que sí están por la labor.
REMEZCLA. Mejorar, aportar nuevas ideas, ir más allá de lo que conocemos: ¿cómo se puede avanzar si no es a partir de lo ya conocido? Creatividad que comienza con lo ya existente. No hace falta un folio en blanco para generar nuevas ideas. La mayor parte de las veces podemos partir de lo que ya tenemos. Es cuestión de cambiar de sombrero y empezar a dibujar nuevos mapas sobre territorios que ya existen.
En estos últimos años en que día sí y día también he andado rodando por empresas he podido observar que la forma en que se enfrentan a Internet es, lógicamente, muy diversa. Ahora que andamos diseñando talleres para mirar desde la estrategia a Internet, se me ocurre una clasificación para comprender la actitud de las empresas ante la red de redes. Haciendo un ejercicio de simplificación, veo tres tipos de empresas.
Aquellas en las que Internet es tecnología y no herramienta de uso social. Bien por el sector en que llevan a cabo su actividad, bien por su cultura empresarial o incluso por malas experiencias previas, Internet se entiende como algo que pertenece al campo de la tecnología, si no al de la “informática”. Hay personas expertas que llevan a cabo una gestión técnica de Internet y en la que suele primar la seguridad y evitar que el sistema se caiga. Esto puede traducirse en perversas relaciones donde el usuario es “potencial enemigo” y donde la práctica cotidiana es que “una cosa es trabajar y otra Internet”. Los usos se reducen a dinámicas transaccionales y no de valor añadido. ¿Quién asume las responsabilidades? El área de Sistemas, Informática, TICs o como se quiera llamarle. Y no digo que esto sea malo por naturaleza.
Aquellas que usan Internet para comunicar. Creo que hoy es casi lo habitual. A la pregunta de qué es Internet responden algo así como: un canal a través del cual voy a poder comunicar mejor mi producto/servicio. Así que los esfuerzos están pilotados desde áreas de comunicación, relaciones públicas o, en sentido más amplio, desde el área de marketing. Internet es algo que va a hacer que mis servicios lleguen de forma más fácil a mis clientes y ahí centro los esfuerzos. Esto suele dar lugar a una importante carrera armamentística para estar presente en todos los sitios donde “se cuecen habas”. Pueden generarse problemas porque quienes lideran este enfoque ven cómo el mundo se parte en mil pedazos donde la comunicación ya no es apenas “controlable”. De todas formas, este enfoque se vende bien porque “mira al cliente”.
Aquellas que “están en Internet”. Más allá de mirar a la función comunicativa, este tipo de empresas se sienten cómodas en Internet porque es el lugar relevante donde las personas y las organizaciones llevan a cabo buena parte de sus relaciones. No se trata tanto de comprender Internet como algo ajeno a la actividad empresarial sino de reconocer que es algo inherente al negocio, para lo bueno y para lo malo. Son empresas que integran Internet en su día a día y que lo ven como “ese sitio donde no se puede no estar”. Es habitual que forme parte de la estrategia y pueden enfocarse tanto desde un punto de vista vertical para aprovechar oportunidades que ofrece Internet, como horizontal para desplegar su uso en la organización de forma que sea la forma habitual en que la gente hace las cosas.
Aquellas que pudieran denominarse “empresas digitales”. Las distingo del grupo anterior porque Internet es la materia con la que hacen negocios y que define sus procesos. Es decir, que es su campo de actividad, bien con más peso de “lo social” o con más peso de “lo tecnológico”. A veces estos dos enfoques pueden generar tensiones porque las lógicas de funcionamiento a las que abocan son diferentes. Estas empresas pueden también “sobredimensionar” el peso de Internet al verlo inundando cualquier actividad hasta el punto de minusvalorar procesos sociales de base. Conforman en sí mismas un amplio sector con múltiples ramificaciones en la medida en que la dimensión de su mercado continúa creciendo.
Y una vez que tenemos la tipificación, ¿qué empresas pueden ser representar cada uno de los enfoques? Bueno, dale un par de vueltas y piensa dónde está la tuya. Otro día buscamos los ejemplos. De momento, dejamos reposar el artículo para matizaciones que den pie quizá a introducir nuevos detalles útiles para encontrar esos ejemplos. Nos seguimos leyendo.
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Escrito el 18 de abril, 2010 por Julen en Escapatoria
La mirada esquiva de la niña juega a buscar lo que no parece querer encontrar. Sus ojos vivos y muy abiertos buscan con curiosidad qué es lo que ha pasado. Los adultos se agolpan en la acera y construyen una barrera aparentemente infranqueable. Oye murmullos. La niña, detrás, escucha sin que pueda evitar sentir curiosidad.
Mira por entre el mar de piernas. Es su manera de alcanzar el otro lado de la muralla humana. Juega con los ángulos. Cabe la posibilidad de avanzar entre todo aquel bosque arisco de gigantes. Allá al fondo ve luces y también lo que parece que es una ambulancia. Como las del cuento del mendigo. Ella sabe que eso es una desgracia. Imagina lo peor, hasta donde puede con sus cinco años.
Llega a entender palabras que escapan a su diccionario, todavía limitado por la protección de la edad. Palabras serias, palabras que no denotan; ella las interpreta por los gestos y las caras serias y crispadas. Escucha para tratar de entender. Su curiosidad sigue exigiendo explicación, tiene que comprender aquel tumulto. Sus cinco años no fijan tanto una razón para enterarse cuanto un juego para llegar a saber por qué aquella luz azul gira y gira mientras la gente sigue allá parada.
La curiosidad avanza. Gana posiciones en el espectáculo de la vida. Ve entonces al mendigo tumbado, como otras veces. Cuando lo ve, no entiende muy bien por qué esa mañana es diferente. La muerte suele evitar testigos de tan corta edad.
Bien, la primera cuestión es evidente: ¿qué cosa es la empresa tradicional? Bueno, permitidme unas pocas viñetas para describirla:
Nace bajo el criterio de “juntos explotamos lo que sabemos para ganar dinero“.
Se define en tanto una cuenta de resultados que obliga a establecer objetivos -cualitativos y cuantitativos- para alcanzar las ansias de éxito.
Dispone de un equipo directivo y un gerente (habitualmente varón de raza blanca, caucásico, mayor de 40 años y con claras filias por el estilo John Wayne).
Dispone de un mercado con clientes a quienes hay que convencer todo el rato con la oferta irrechazable.
Y más y más y más… bueno, ¿queda clara la idea de empresa tradicional? Me alegro.
Y entonces, Internet, ¿qué cosa es para la empresa tradicional? Pues en gran número de casos un actor nuevo que aparece en escena, que cobra demasiado protagonismo y que además se salta el guión cuando le da la puta gana. Vamos, un tipo caprichoso que habla de nuevas reglas y que concita un interés incomprensible en las nuevas generaciones. Y no tanto porque hablen del fenómeno sino porque lo hacen real en el día a día.
Pero ¿qué hay de los negocios y las empresas en que se basan? Pues que la mayor parte de ellos necesitan previsión, control y un régimen de explotación donde se puedan establecer relaciones causa-efecto medianamente dignas. Y, claro, Internet destruye ese escenario.
¿Por qué una persona o una empresa debe “exhibirse” en Internet? No hay respuesta clara. Entonces, ¿cómo vas a convencer a un equipo directivo de algo que ni sabes explicar? ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Y si no hay razones claras, ante la duda, no. Ya lo siento. O me das razones o sales por la puerta de inmediato.
Pero todo es más simple de lo que parece. Internet se muestra como red distribuida y sin gerente ni equipo directivo. Lo cual no quiere decir que no haya intentos de regular. Porque otra cosa no, pero regulable, vaya si lo es. Y si no, castigado a leer de nuevo El Código 2.0 de Lawrence Lessig. Es decir, que si la empresa es gestionable; Internet no lo es tanto. Lo mismo pasa con el conocimiento: como es de las personas parece imposible de gestionar.
¿Soy pesimista? Tú me dices. Pero yo veo lo siguiente: Internet es una amenaza para la mayor parte de nuestras empresas. Las reglas, caso de que las haya, son confusas. Se percibe un revuelo difícil de manejar. No hay a quién preguntar y si lo encuentras, resulta que la respuesta se queda obsoleta enseguida.
¿Qué hacer? Lo más complicado del asunto es que, encima, lo peor parece que sea “no hacer”.