Saturday, Jul. 20, 2019

ZEMOS98, MONDRAGON y las cooperativas pequeñas

Hace algo más de un año tuve la oportunidad de colaborar con Elkarlan en una reflexión estratégica acerca de la promoción de cooperativas. En nuestro caso, por esta zona del sur de Islandia, se trata de un modelo arraigado y tradicionalmente considerado de “éxito”. Los números de MONDRAGON son espectaculares: cerca de 100.000 personas son muchas personas. También he estado colaborando desde finales de 2008 y durante buena parte de 2009 con los servicios centrales de MONDRAGON en otra reflexión acerca de las oportunidades que presenta la web social para su modelo de gestión. Ambos proyectos han tenido un eje común: se ha hablado de emprendizaje.

Por otra parte, MONDRAGON y su modelo de gestión han sido referenciados en tiempos recientes como ejemplo desde perspectivas tan diferentes como estas:

Además, 2012 será el año internacional de las cooperativas, según resolución 64/136 del pasado 18 de diciembre.

¿Éxito? ¿Quién se atreve a negarlo? ¿Crisis? ¿Quién se atreve a negarla? ¿Crisis del modelo? De esto trata este artículo, que avanza algunas cosas más de las que ya he escrito en anteriores ocasiones. Entre ellas la más directa en ¿Mondragón en crisis?, publicado hace ahora algo más de un año.

Mi punto de partida no está en MONDRAGON sino en el primer mundo de este planeta que compartimos. Creo que hace ya tiempo que el capitalismo industrial dejó paso al capitalismo emocional y cultural. Aquellos valores de la producción masiva y la posesión de bienes para disfrutar de calidad de vida han quedado atrás. Esta es la era del juego, de la “experiencia de usuario”, de una realización personal que se funde con la diversión y el ocio. Estamos en la era del capitalismo funky. Y ahí las reglas son otras.

El cooperativismo ha sido y va a seguir siendo competitivo, pero antes lo tenía más fácil. La vinculación con el entorno geográfico cercano, el sacrificio, el trabajo, el esfuerzo, el compromiso; todo eso eran lo que servía para cimentar sus ventajas competitivas. Eran modelos construidos sobre un plus de motivación. Porque era la motivación, en buena parte, de los socios fundadores (entonces no se hablaba de socias fundadoras).

Pero el cooperativismo se hizo paradójicamente competitivo y fue perdiendo la referencia de lo inmediato. Porque la competitividad tenía que ver con estar el mundo. No porque fuera vocacional sino porque era “lo que había que hacer”. Con unos valores y principios cooperativos tan arraigados, el aterrizaje en otras zonas del planeta no podía ser sino complicado. Porque no estaba en los genes, no era objeto de gozo y de disfrute. Estar lejos de casa era y es, en la mayoría de los casos, un daño colateral de querer ser competitivo. Se hace por obligación, como sacrificio porque “la cooperativa nos lo pide”. Se generan personas expatriadas.

Las cooperativas son empresas fiscalmente protegidas. Tienen que representar, por necesidad, una alternativa al modelo imperante. Pero las cooperativas navegan en el mercado, un lugar donde el cliente es el rey y a la vez un tirano explotador. En ese mercado se hace, insisto, lo que se tiene que hacer: competir.

Pero en el siglo XXI la economía se ha vuelto más líquida. Los mercados que crecen son los que tienen que ver con intangibles, con cultura, con servicios, con experiencias de usuario. ¿Y dónde están las cooperativas de MONDRAGON? ¿Dónde están en software, en el entretenimiento, en la alegría, en la diversión?, ¿dónde están en desvergüenza y en osadía?, ¿dónde sintonizan con los estilos de vida de la generación que no ha conocido un mundo sin Internet?, ¿cómo asimila MONDRAGON el modelo LEINN, la utopía del cooperativismo líquido del siglo XXI?

Yo he trabajado doce años en cooperativas de MONDRAGON, seis en LKS y seis en Maier. Dos empresas muy diferentes. La primera fue una especie de bautismo donde comprobé allá a principios de los 90 la turbulencia de las relaciones personales y la competitividad interna; nada que no ocurra en otras organizaciones, por cierto. La segunda fue un lugar donde no creo que aporté lo suficiente, por muy diversas razones. Quizá -a toro pasado es fácil leer- porque no era la persona adecuada. En Maier conocí tres directores generales en seis años y un período convulso. Pero sí que vi allí capacidad de sacrificio, calidad y mejora continua. Eso sí, con la referencia de producto, producto y producto. Y el cliente, un cabrón, con muy honrosas excepciones. Después salí y son ya otros siete años que llevo colaborando con Eteo, la facultad de empresariales de Mondragon Unibertsitatea. ¿Qué echo en falta en estos 17 años de colaboración con MONDRAGON? Alegría.

En la última reflexión estratégica de nuestra universidad se usó el término effortjoyment. Pero no, no cala. Lo escribimos, pero quedó en el papel. Las viejas glorias siguen aferradas al esfuerzo y el compromiso, al sacrificio y a las cosas bien hechas, a la calidad del producto, a lo que se ve y se toca, al PDCA, al plan estratégico y al plan de gestión. Son valores respetables, dignos y que han generado un modelo de éxito. Y llega lo difícil: tener éxito con otro modelo.

Las cooperativas de MONDRAGON han crecido. En Maier éramos 2.000 personas. En Eroski son unas 40.000. Mis primeras prácticas remuneradas fueron en Elorrio, en su sede central, en el año 1988. Supongo que todos entonces conocían a Constan Dacosta y a su equipo. Gente como tú, ahí al lado. Luego, cuando las empresas crecen, “conocer” a la gente se vuelve imposible, porque Dunbar es realmente un jefe inflexible.

En octubre de 2008 se introdujo una modificación en la ley de cooperativas del País Vasco por la que se abría la posibilidad de que dos personas (no tres, como antes) constituyeran una cooperativa. En Madrid, los indianos se constituyen en grupo cooperativo y se autolimitan para no crecer. El decrecimiento comienza a hacerse un hueco. Creo que en lo pequeño sigue estando la esperanza de sentirse a gusto y comprometida con el trabajo que llevas a cabo. Y una cooperativa quizá aportar un añadido al sentido de lo pequeño.

Por cierto, que esta semana que viene estaré en la duodécima edición del Festival ZEMOS98. ¿El tema? Léelo y comprende sintonías.

Somos obstinadamente pequeños. Admitámoslo, somos microbios. Y a pesar de ser eso, seres microscópicos invisibles, nos obsesionamos con crecer. Somos individuos minúsculos jugando a interaccionar con otras formas de vida de diferentes tamaños y tratamos de establecer cadenas, de crear redes de pares o redistribuirnos por afinidad, familiaridad o simple azar. Somos eso, seres vivos diminutos con memoria. Pequeñas células sociales que comparten saberes. Microorganismos que se perpetúan, con sus virtudes y defectos, a través del tiempo, el espacio y en continua representación.

Hemos mutado. Hemos mentido. Hemos procreado. Hemos repetido. Hemos llorado y seguimos riendo. Como también hemos pensado.Y hemos producido cibercultura. Un cambio tecnosocial ligado a transformaciones en la sensibilidad, la ritualidad, las relaciones sociales, las instituciones y las organizaciones políticas. Ya nunca sentiremos, oiremos, oleremos, tocaremos y veremos de la misma manera. Si la educación puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar, entonces cada día practicas una pedagogía de contacto. Si aprender es una experiencia expandida, entonces la vida cotidiana es la escuela del siempre sin fin. Si la ciudad es una constante performance social y cultural, entonces todos somos actores y esto es teatro descomprimido. Si secuencias tu vida y la narras, compartes y remezclas a través de imágenes, sonidos y textos, entonces tú también lo eres : un ser vivo diminuto que se confiesa diariamente, que comparte su microhistoria, que aprende comunicándose y contándose. Un microbio de identidad múltiple e invisible.

Queremos conversar sobre los pequeños grandes cuentos. Como aquél del potaje. O el de esa esquina. O el de un tocadiscos abandonado, reencontrado a su suerte por un viejo DJ, padre de una joven soprano, que es amiga de un rapero de pueblo, que está enamorado de los sms de una poetisa treintañera, que escribe para olvidar y que escucha una canción en bucle, donde se hablan de las ecuaciones diminutas, de las cuentas de la vieja y de los rincones irreductibles, oída alguna vez por amigas que comparten secretos de balcón, que saben la historia de la cafetera robada por el vecino rico, el que esconde el libro sobre la sexualidad de las moscas, donde alguien escribió sobre cabezas pensantes y dubitativas, sobre escombros que no recuerdan cuando nacieron, que está al lado de una máquina dedicada a los que rehacen, los que formulan y reformulan, los del del interfaz y el avatar, los facilitadores, los aduladores y los conectores, los redentores persistentes, los quijotes urbanos, las maestras de todo y nada. Esta es una historia de nosecuando, escrita por quién sabe y leída en nosedónde.

Bienvenidas pequeñas personas, persistentes micro-usuarias del 12 Festival Internacional ZEMOS98, dedicado este año a vosotras : “Microbios, seres vivos diminutos.”

———

La imagen en Flickr es de bies.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(7) comentarios

  1. Pedro Jiménez
    13/03/2010 at 09:06

    wow! gracias por la sintonización... ahora vamos a ecualizarnos estos días que ya hay ganas!

  2. Amalio A. Rey
    13/03/2010 at 10:44

    Abrí este post por puro ego-ismo, por el enlace que hiciste a mi articulo, que agradezco. Pero ya ves lo bien que funciona la Serendipia. Además de la conexión tan interesante que haces entre Zemos, Mondragon y el Decrecimiento (sabes, me encantan los híbridos), gracias a tu post he descubierto dos enlaces k me he devorado. Uno es el modelo de cooperativa de los indianos, un fenómeno que habrá que seguir de cerca, y el otro, un fascinante artículo que ha escrito Juan Freire entre los informes de Zemos98 (a propósito de los microbios, un tema genial de convocatoria...jjj), que tiene una potente carga de Design Thinking y de pensamiento integrador, además de ese toque tan personal y honesto que le da el gallego a sus escritos.

  3. Ricardo_AMASTE
    13/03/2010 at 14:13

    Un tema que coincide con algunas de nuestras principales inquietudes: la resistencia al crecimiento como organización y el decrecimiento como apuesta general para una sociedad más sostenible. Zemos98 será entre otras cosas, una buena oportunidad para abordarlo.

    Sobre Mondragón, siempre me asaltan preguntas del tipo ¿Se puede crecer tanto sin convertirte en un peligro para el entorno y para un* mism*? ¿Se puede ser tan grande y no tener la pretenciosa sensación de que eres imprescindible, de que el contexto existe gracias a ti y no tu gracias al contexto?

    Nos vemos en Sevilla.

  4. Ibai Peña
    14/03/2010 at 13:25

    ¿cómo asimila MONDRAGON el modelo LEINN, la utopía del cooperativismo líquido del siglo XXI?

    A esta pregunta te respondo yo con un caso en particular. Petición formal de un mando medio de una empresa de MCC para realizar un postgrado muy similar al modelo LEINN que comentas. El mando está dispuesto a asumir el coste del postgrado y solo pide de la empresa el tiempo necesario para ir al Postgrado, que además debe repercutir positivamente en la empresa, ya que es uno de los objetivos definidos explicitamente.

    Respuesta: El postgrado no esta alineado con los objetivos estratégicos de la empresa.

    Resultado: Mando medio descontento, frustrado y desaprovechado. Eso si, alineado con los objetivos estratégicos...

  5. Julen
    15/03/2010 at 08:41

    @Ibai, jodido asunto. Un día compartimos experiencias. Ánimo.

  6. Yuri
    15/03/2010 at 11:15

    Post que creo que deberíamos de leer todos los cooperativistas, para que por un instante dudemos 'realmente' de nuestras fortalezas (lo que creemos que es así) y que abramos el mente a otras realidades.

    Y sí... estoy contigo, "¿Qué echo en falta en estos 17 años de colaboración con MONDRAGON? Alegría." Yo no llevo tanto tiempo como tú, pero sí, un poco de Ilusión Colectiva nos iría muy pero muy bien, para afrontar a cualquier cosa desde el optimismo y ganas (energía).

    Y dices... "Creo que en lo pequeño sigue estando la esperanza de sentirse a gusto y comprometida con el trabajo que llevas a cabo. Y una cooperativa quizá aportar un añadido al sentido de lo pequeño" Estoy de acuerdo en parte, pero ¿No es posible sentir parte de algo grande? Es decir, ¿No es "también" la responsabilidad de cada uno en que lo que hacemos (sentido de lo pequeño) forma parte de algo grande?... Esto me hace recordar la historia de aquel, que estaba colocando los ladrillos para construir un catedral :)

  7. Iván
    19/03/2010 at 05:51

    me ha gustado el comentario de Ibai,me gusta ese toque de realidad

    a mi me parece bastante complicado hacer entender ese cambio,el plan Team Academy a la gente de antes le acojona seguro o lo ven con malos ojos,es algo que es obvio,pero es una realidad que a la gente joven le motiva o flipa

    el caso es que hacemos cosas diferentes o se muere,es una realidad,yo me acojonaría con lo que viene y va a venir de India,China y Brasil....y eso no va a afectar solamente a la cuenta de resultados de producto,sino que lleva aparejado personas con muchas ganas de crear y comerse el mundo,y como sigamos haciendo lo mismo de siempre pues eso...a poner el cierre

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