Wednesday, Jul. 23, 2014

La empresa y el ciclo vital de una persona

Estos días en el Festival ZEMOS98 he acabado dándole vueltas, una vez más, a cómo debería ser una empresa para convertirse en un lugar donde las personas pudiéramos sentirnos a gusto. Y dicho esto, si no hay dos personas que sean iguales, ¿no sería lógico que hubiera un gran diversidad de modelos empresariales? Diversidad humana, diversidad empresarial, ¿no? ¿Hay otra opción?

Pero es que, además, está la cuestión de nuestros ciclos vitales. Puede haber edades más propensas al riesgo, a equivocarse, a experimentar, a decir que no, a la incredulidad. No digo que sea lineal y que aplique a todas las personas. Digo que las personas tenemos momentos vitales diferentes y que esto no es un factor que pueda quedar excluido en el modelo empresarial. Cuidado con quienes vamos a cumplir 50 años.

Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que las necesidades económicas varían con el paso del tiempo. Suele ser habitual que ingreses más pasta por viejo. Así de simple. Antigüedad es dinero. Pero puede llegar “a destiempo”. Si tienes 20, 25 ó 30 años quizá te haga falta pasta para mantener cierta autonomía de vida, al margen del hogar paterno quizá. ¿Y cómo fluye el ingreso? Al revés de tu necesidad. Puede que crezca hasta determinada edad. Aunque, claro, esto de la pasta ya sabemos que truena a la gente. Hay que andarse con cuidado.

Al final la imagen de una empresa basada en las personas casa mejor con el estado líquido. Varía según personas y sus momentos vitales. Acepta con unas lo que no admite con otras. No se convierte en un triste denominador común que lima asperezas y genera dibujos neutros. Eso es un cementerio: la tranquilidad total. Personas igualadas al multiplicarse por cero. Pero de verdad. Empresas-cementerio donde reina la paz.

Una empresa viva, al estilo de la que quería explicar Arie de Geus en su libro La empresa viviente, tiene que ser maleable y dúctil. Debe modificar fondos y formas según momentos. El paso del tiempo es un excelente compañero para romper hábitos y poner en cuestión prácticas que quedan atrás. Ya habrá un hilo conductor que actuará como pegamento líquido. Si las personas cambian, la empresa debería cambiar con ellas. Y no queda sino reconocer que el conflicto es quizá el elemento común más evidente de la empresa. Es probable que tengamos que asumir que el conflicto es el mejor síntoma de que la empresa vive y de que no está afectada por el mal de las organizaciones locas. ¿O sí?

—————

La imagen está tomada del último artículo de Rubén respecto al cultivo de microbios en el Festival ZEMOS98 y refleja la forma en que Ricardo_AMASTE trató de reflejar la verdad definitiva mediante viñetas de autoayuda ;-)

Share This Article

Related News

The Start-up of You, tú eres tu producto, fin de trayecto
Tú, yo y Facebook
Derecho al olvido… convertido en ¿censura?

Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.