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12 ideas sobre participación 9 comentarios

Llevo un par de días dándole vueltas al asunto de por qué se participa en algún sitio en Internet. David, por ejemplo, le ha dado muchas vueltas analizando cómo han funcionado las comunidades de Lego en torno a su robot Mindstorms. De algunas conclusiones que él ha sacado y otras que he ido recopilando, comparto aquí este corolario. ¿Qué provoca participación?

  1. Una primera cuestión tiene que ver con el momento en que se participa: es más poderosa la participación en el origen, desde los momentos iniciales. Requerir participación sobre chiringuitos ya montados presenta limitaciones. Claro que hay temas y temas, y eso quiere decir que no todo es “participable” desde su origen. Pero ante la duda, mejor ir hacia atrás en el tiempo.
  2. Otro asunto son las “herramientas” para participar. Es importante articular grados de participación y en diferentes formatos. Ahí enfrente las personas son diferentes entre sí. Esa heterogeneidad no puedes limitarla a una o dos vías de participación. Dejas fuera demasiadas prácticas. Hay que montar un sistema inteligente de participación, que muestre fórmulas nuevas a medida que se van produciendo.
  3. Hace falta dotar al sistema de una permanente retroinformación sobre el “estado de la cuestión”. Sea mediante una barra de progreso, con hitos preestablecidos, a través de un contacto vía correo electrónico o mediante otros medios más ingeniosos e impactantes. Quien participa debe saber qué puñetas está pasando con su contribución.
  4. Hay que gestionar la interacción entre quienes participan. Cuando participas es probable que haya otras personas cercanas a tu preocupación. ¿Cómo conseguir que interactúen en la participación? De entrada el sistema debe “proponerte” amistades sobre la base de participaciones previas, ¿no?
  5. Un espacio de participación debe ser humilde desde quien lo concibe. Cuanto más oropel y grandilocuencia en quien lo presenta, más provoca el desánimo. Lo institucional y las grandes palabras vacían la bolsa de la participación. Las personas entran mejor en lugares donde ven a sus “iguales” y no a “superiores”.
  6. El lenguaje de la participación requiere verbos, las cosas claras y evitar rodeos. Los formalismos son para otros lugares. En la cancha de la argumentación formalizar respuestas elimina vida e introduce la percepción de que es “más de lo mismo”.
  7. Allá donde se quiere dar relevancia a la participación debe primar el contenido de quienes participan y no de quienes organizan el sitio. No tiene sentido inundar con contenido de la parte que requiere participación. Eso es materia que debe segregarse del espacio de participación para no ensuciar las contribuciones.
  8. Un espacio de participación no puede concebirse en forma centralizada. La participación es algo que ya está pasando, pero no allí donde “la organización” quisiera que pasara. Así que hace falta una labor callada y de seducción para que esos lugares donde a gente conversa estén presentes de alguna forma. Parece que tiene más sentido visualizar una participación distribuida que no allá donde uno quiere que suceda. La abundancia de participación a través de una escasez de plataforma sólo muestra el error de la centralización.
  9. Hay que construir la participación con una actividad destacada de los nodos que ya consiguen concitar densas mallas de relaciones a su alrededor. Esos nodos ya están consiguiendo lo que el espacio de participación ortodoxo quiere lograr. Acercarse con humildad a esos nodos y pedir su contribución para sumar fuerzas es fundamental. Y sí, a veces, son nodos incómodos.
  10. Las personas necesitan reconocimientos emocionales y los necesitan de distinta forma. Hay quien funciona mejor con incentivos, hay quien busca complicidad y sentido de comunión en el viaje; puede utilizarse zanahoria o palmada en la espalda. La dosis adecuada es diferente para cada persona y no todos los reconocimientos son útiles para todas las personas. Pero hay que adentrarse en este campo.
  11. La famosa “delicious lesson” sigue presente aquí también: ¿qué gano yo cuando participo?, ¿en qué me beneficio? La contribución altruista debe contar, pero también la contribución egoísta necesita comprender que tiene sentido participar en el conjunto.
  12. El sistema completo requiere retroalimentación global. Cuando llegas a un sitio conviene ver números que te digan que allí está pasando algo. ¿Cuántas contribuciones?, ¿cuántos comentarios?, ¿cuántas líneas abiertas?, ¿cuántos temas resueltos? Dime que algo está pasando, por favor.

Pues eso, por si sirve para algo. Y no miro a nadie ;-)

Consultoría artesana e Internet 6 comentarios

Lo mismo voy al infierno: ¿puedes practicar la consultoría artesana sin usar intensivamente Internet? Pues va a ser que sí. Mi primera idea había sido que la pregunta fuera ¿puedes ser consultor artesano sin Internet? Y mi respuesta iba a ser: sí. Sí, de nuevo. Pero luego he pensado que (casi) nadie puede vivir en este primer mundo sin Internet. Está aquí y es como negar el aire. Así que no vamos a tirar de fundamentalismo, que no es el caso.

Sin embargo, ¿Internet redefine el trabajo de consultor artesano? Fíjate que creo que no. Dolors explica muy bien la potencia de las comunidades de práctica en varios artículos a través de un uso intensivo de lo que nos ofrecen hoy en día las tecnologías de información y comunicación. En ello anda tambén Odilas. ¿Es esta la nueva esencia de una forma de trabajar en consultoría? Sinceramente creo que no.

Otra cosa es lo que Internet y las TIC nos aportan para que la consultoría artesana sea más posible que nunca hoy en día y que podamos llevarla a cabo junto con nuestra red. Y que también permita aprender como nunca antes. Y que nos abra un mar de posibilidades. Y que nos haga más eficientes y competitivos frente a otra gente. Pero la esencia no viene de aquí sino de un replanteamiento de la actividad profesional de base.

Lo que sí parece que provoca Internet es un cambio en las posibilidades de ejercer la artesanía. Si la pericia, el cuidado por el trabajo bien hecho y la perseverancia son condiciones de quien practica la artesanía, es evidente que Internet ayuda a desarrollarlas. Pero los espacios íntimos en que se desenvuelve la artesanía no tienen por qué usar obligatoriamente Internet como si fuese “la” herramienta.

En realidad quizá podamos aprender mucho de quienes no utilizan Internet para su creación. Por supuesto que sus remezclas, sus ideas, sus puntos de partida pueden servirse de Internet, pero su proceso creador tiene que ver con lugares más tranquilos. La hiperextimidad puede combinar mal con el trabajo constante y tenaz del artesano.

Carcamal que soy, me cuesta ver al artesano definido por su frenesí twittero. Tengo que hacer un doble salto mortal con tirabuzón para aceptar sin sentido crítico cierto uso intensivo de herramientas de la web social. Cada herramienta tiene su uso y, en ese sentido, las herramientas multiusos, que también existen, sólo sirven para salir del paso.

En el barrio de consultoría artesana #redca habrá talleres donde se practica el silencio web. Quizá no a todas horas, pero sí en buena parte de la jornada. Son las cosas de no estar a la moda. Y de ser un carcamal, ¿verdad? Me hago mayor.

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La foto en Flickr es de ManRC.

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