Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
Escrito el 31 de enero, 2010 por Julen en Escapatoria
Es de esas cosas que uno lleva pegadas toda su vida. Porque los espacios necesitan personas y el barrio es una forma sencilla de vida en común. Quiero pensar que los barrios son humildes. Aunque los hay que marcan distancias, la esencia del barrio tiene que ver con una dimensión humana de las cosas. Ahí hay nombres, motes, conocimiento tácito, miradas cómplices. No hay por qué contarlo todo; los secretos se mantienen a voces.
El barrio tiene sus nodos porque la red es una metáfora adecuada para comprenderlo. Los nodos generan conversación. Son hilos que fluyen sobre cauces diversos, sujetos al azar de la argumentación. Los nodos son puntos fijos y volátiles. Son referencias que se deshacen y rehacen con lo cotidiano.
Quiero pensar que un barrio tiene las puertas abiertas. No puede ser de otra forma. Si acaso sujeto a ciertas normas cívicas básicas. Pero debe favorecer el tránsito. Las personas, sus pensamientos y emociones, deben sentirse cómodas vagabundeando por sus aceras. Llega gente nueva y otra se va. Pero algo queda que permite la vuelta de quienes se fueron. Sin mayores problemas. No hay un sello sagrado que delimita una clara frontera entre quienes están dentro y quienes están fuera. Una cierta confusión alegra la vida del barrio.
Definirse “de barrio” es reivindicar la humildad. Y no creo que tenga que ver con rebajar expectativas. Los barrios crecen y se dispersan; no pueden ser grandes. Porque su crecimiento implica disolución en nuevas unidades. Como personas necesitamos referencias abarcables a través de nuestras emociones. Es una hermosa metáfora. ¿Vives en un barrio?
La economía de la experiencia lleva tiempo hurgando en cómo divertirnos. El contenido necesita cada vez más de cosmética para llegar a la persona. Los mensajes compiten por nuestra atención. Y en este escenario la sobreactuación es moneda de uso corriente. Provenga de la empresa privada o de su aliado/competidor, la Administración.
En la sociedad del tremendismo, impactar es lo que cuenta. Seamos Benetton colocando corazones de colores y jugando con el sida o seamos la Administración. Es preciso que las miradas se dirijan al punto concreto que requiere interés. Por ejemplo, Irekia.
Hoy todo parece que necesita de los medios, de todos los medios. Sirve una lista de elegidos para la gloria, sirve una cuenta atrás con luces de neón, un escenario alegre y unas dosis de arte y embrujo. El gobierno abierto juega sus cartas porque necesita atraer atención. Tiene que ganar la baza de la atención. Si no, nace muerto. Asumidas las reglas del juego, ¡luces, cámara, acción!
En la red distribuida que parecía ser Internet -¿sigue siéndolo?- era difícil encontrar el centro. En la sociedad de la abundancia todavía cuesta más. Sin embargo, la carrera por captar la atención de los focos es cada vez más despiadada. Hay que conseguir que esa gente a la que se llama “influenciadores sociales” estén cargando la artillería de la comunicación. La ciudadanía distribuida, el peatón, el soldado raso, esos ya no son dignos de estar presentes en el lanzamiento mediático de Irekia. No hay sitio para todos, perdón, para “todas y todos” (curiosa la corrección en los subtítulos del video de presentación). Hay que elegir. Que vengan los representantes de la sociedad. Los líderes, que diría Innobasque. Esos son los elegidos para la gloria.
La puesta en escena es teatral. Igual que siempre, es el mismo perro con distinto collar. La escena está pensada, hasta donde se puede, para conseguir el objetivo. Las grandes figuras de la comunicación disponen el mejor de los guiones posibles. Un supuesto terreno de igual a igual, aunque una parte lleve las respuestas preparadas y se autopregunte algunas cuestiones para mayor gloria de la participación ciudadana.
¿Cómo se puede estar en desacuerdo con la apertura del gobierno a la ciudadanía? No, no es esa la cuestión. Y agradecidos tenemos que estar de que haya gente que se lo curra con convicción, como es el caso de Alberto. El problema sigue estando en otro lado. Es lo mismo que nos sucede en muchas empresas. ¿Para qué meterse en follones relacionados con la web social cuando no se han recorrido otros caminos de confianza y transparencia previos? La asimetría del poder brilla como el oro: venid, venid, venid. Los mensajes son los de siempre, el autobombo y el oropel continúan amarrados al poder.
Miro y remiro Irekia y veo las buenas intenciones mezcladas con las habituales losas de la escasez de participación. Sí, el síndrome del cero comentarios, ese mal endémico cuando lo que prima es el contenido y no la persona. Además, ahora ya queda claro que la liberación de datos públicos está de moda. “De moda”. Peligro. En todo caso, espero que seamos capaces de aprovecharnos de la moda.
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La foto del corral de comedias de Almagro en Flickr es de .Bambo.
Ya recomendé en su día la lectura del documento Emprendizajes en cultura, de Jaron Rowan, miembro de YProductions. Es evidente que el sistema económico del primer mundo ha virado el rumbo desde los pesados átomos hacia los gráciles y etéreos bits. Este giro no sólo tiene que ver con el consumo de “experiencias” como fuente de generación de riqueza sino que encierra la perversión de insuflar de economicismo la creación cultural. Hasta aquí nada nuevo que no sea constatable una y mil veces.
Jaron Rowan analiza en su documento cómo se emprende en el amplísimo panorama de la cultura actual. En general, el sector se atomiza y busca alternativas confusas. Mucha gente se mueve en torno a la creación individual y, a la vez, se sumerge en la remezcla. Los nodos creativos de la red cultural se perciben a sí mismos débiles la mayor parte del tiempo. Débiles por su escasa capacidad y deseo de negociar y de usar los estándares del mundo económico moderno.
Muchas ¿empresas? culturales sufren una esquizofrenia hiriente. Viven presas del hiperconsumo y gozan de la economía de la abundancia pero se sienten incómodas con su rol alternativo. La Administración intermedia de la misma forma que lo hacen las empresas patrocinadoras. El pequeño colectivo cultural no puede sino sumergirse en el calvario burocrático de “prepare usted este informe”, “rellene aquí esta casilla” y “firme aquí por duplicado”. Porque de ahí viene la pasta.
Y si esto es así, ¿qué salidas quedan? Vamos por partes, para ver si buscamos algunos clavos ardiendo a los que agarrarnos mientras tratamos de no quemarnos demasiado.
La primera cuestión es, ya sé que suena raro, aprender a jugar con las armas del sistema. Porque el sistema es todo, está omnipresente, no hay no-sistema. Lo alternativo es sistema. Así que hay que ver cómo se juega en campo contrario sin que la esquizofrenia nos conduzca al pabellón de cuidados paliativos. ¿Cómo se hace esto? Con inteligencia. No es tanto un reto de “management” sino de inteligencia, de lógica, de utilidad, de rapidez, de no perder el tiempo y preparar un sistema que se mueva ágil con lo que no aporta valor. Incluso, ¿por qué no?, colaborando con pequeñas asesorías, sacando fuera lo que no nos define. Es decir, “zapatero a tus zapatos”, pero sabiendo que hay que comprar material, pagar facturas e impuestos.
La segunda cuestión es mantener un permanente diálogo colectivo sobre el proyecto que se comparte. Sí, claro, desde mi punto de vista, cuanto más abierto, mejor. Insertar la cultura en la sociedad no es sólo el acto final, la exposición, la obra finalizada. Lo que acontece mientras se crea forma parte también del juego cultural. La extimidad del proceso creativo es una alternativa interesante, que abre muchas oportunidades no previstas. La cultura debe jugar con la serendipia e incrementar las probabilidades de que emerjan proyectos diferentes a los iniciales. Lo llamemos hibridación, mestizaje o multidisciplinariedad, el caso es que la cultura necesita jugar con lo diferente a partir de la identidad propia.
Cuando digo dialogar en abierto sobre el proyecto que se comparte me refiero a hacerlo con un cierto sentido discursivo, de avance en el tiempo, de reflexión siempre inacabada. Creo que la cultura tiene más capacidad de representar el movimiento que la industria. Puede jugar mejor con las metáforas y dotarse de un sentido de propósito más ilusionante y tractor. Quienes comparten un proyecto que crece deben discutir y generar conflicto; y deben hacerlo sin excluir a nadie. Pueden manejar un límite muy sencillo: cuando todas las personas del equipo no son ya capaces de discutir con el formato mismo tiempo/mismo lugar, entonces empieza a llegar el momento de romperlo en pedazos.
El equipo que está detrás de un proyecto cultural debe visualizar roles. Necesitan percibirse desde la individualidad pero con un mapa global. El equipo necesita diversidad -que puede llamarse también complementariedad- para que pueda gozar de buena salud. De la mezcla de diferencias al poder del consenso. Aprender a manejar esas diferencias es fundamental. ¿Cómo podemos visualizar el mapa de nuestras diferencias?, ¿cómo podemos representar el poder que emerge de las diferencias individuales?, ¿cómo cohesionar desde la diferencia?
Este ejercicio de visualizar la diferencia puede organizarse de forma simple. Cada persona puede escribir en un papel tres palabras que la definen, tres palabras que no la definen (por favor, que no sean simplemente antónimos de las anteriores) y tres palabras que concretan su aportación al proyecto colectivo. Luego comenzamos la danza de visualizar el resultado. ¿Dónde están las lagunas?, ¿dónde las redundancias?, ¿dónde los agujeros negros?, ¿dónde los miedos?, ¿dónde está el sol?, ¿dónde las nubes? Podemos jugar también con los sombreros de Edward de Bono e irlos usando de forma lineal para que el mapa explote en posibilidades.
Según la situación, conviene disponer de herramental para distintas operaciones. ¿Necesitamos sentido colectivo? Probemos a desarrollar las fuerzas centrípetas: uso compartido de recursos, etiquetación colectiva de contenidos, recompensas asociadas al equipo. ¿Necesitamos diversidad e innovación? Probemos con las fuerzas centrífugas: creación individual, colaboración con agentes externos, exploración en la periferia.
Así que el crecimiento de las organizaciones culturales genera conflicto de identidad. Pero también de operativa, de distribución de responsabilidades, de burocratización inevitable. Construir unos mínimos operativos es labor a veces ingrata porque la creatividad suele llevarse mal con la organización. Pero no queda sino recurrir a algunas pequeñas trampas para recorrer el camino. En ello estamos. Y, por supuesto, todo es más fácil cuando eres artesano.
Bueno, ya estoy en Bilbao mientra escribo esto. Dos días revoloteando en torno a la consultoría artesana en Málaga requieren un pequeño inventario de impresiones. Las listo para que que no se me escapen y ya habrá tiempo de desarrollarlas:
La forma en que la consultoría artesana quiere trabajar requiere escenarios contenidos. No hablamos de grandes ciudades sino de barrios. Lugares donde casi todo el mundo se conoce, para lo bueno y para lo malo. La “cantidad” de producción artesana necesariamente es limitada.
Me ha encantado escuchar como trabaja Vigoncas. Porque de nuevo es la misma vieja historia de siempre. Sensibilidad social para hacer que la profesión tenga sentido. Eso sí, por rutas alternativas. ¡Cuánta gente andará rulando con enfoque similar y no sabemos que ya están practicando consultoría artesana! Cuatro o cinco personas, unidas por un pegamento que va más allá de la labor profesional. Probablemente esto de la artesanía es una forma de vivir. Quizá suene cursi, pero las cosas como son.
Cuesta concretar, pero no hay que obsesionarse con ello. Es más, la concreción es sólo una de las consecuencias. El final de la obra no tiene especial relevancia. Mientras las cosas suceden o hasta que suceden: ahí es donde se cuece la artesanía. En la cocina. Más que de platos elaborados disfrutamos de su preparación. Sí, a veces alquimia pura y dura.
Da vértigo ser un grupo más grande. Es evidente. Creo que, al mismo tiempo que queremos que la gente conozca nuestro planteamiento y, si le apetece, se adhiera a él, en su difusión lleva la semilla de su disolución. Sé que suena contradictorio, pero lo íntimo se lleva mal con la hipérbole de extimidaden que nos hemos instalado.
Se abre un campo muy interesante: cómo compartimos con personas que no están presentes en la web social y que se conducen con el mismo espíritu. Internet está ahí, pero puede que no convenga asignarle tal cantidad de luz que ciegue la vista. Nuestra artesanía bebe de las nuevas fuentes de la información compartida a través de Internet, pero ¿son aguas imprescindibles?
El propio grupo debería comenzar a hablar de su disolución. Ya sé que suena a otra provocación. Pero la autodisolución es necesaria porque esto va a crecer. Va a requerir que se disuelvan en propósitos más específicos. La red crece por desagregación, por nodos que encuentran sintonía con otros nodos y que se alejan de un centro que existió pero que deja de tener sentido a medida que las cosas suceden. El futuro de la consultoría artesana son las consultorías artesanas, formas evolucionadas y adaptadas a realidades concretas.
En fin, ya hay otras reflexiones sobre el encuentro de Málaga. Lee las que ya han escrito Amalio, Manel y sigue atento a la pantalla que seguro que el resto de personas artesanas que estuvieron por allá acabará compartiendo su experiencia vía blog.
Sí, ya sé que me repito y me deslizo por una espiral que me devuelve al punto de inicio, aún más reforzado si cabe. Gilles Lipovetsky, en La felicidad paradójica:
Cuanto más obtiene el hiperconsumidor un poder que no conocía hasta entonces, más extiende el mercado su influencia tentacular, más autoadministrado está el comprador y más extrodeterminación hay vinculada al orden comercial.
Es la misma idea que ayer manejaba hablando de Internet. Somos lo que quieren que seamos, jugando con el mercado de las emociones y la felicidad. Ante nosotros un inmenso océano azul: Señoras y señores, les presento al más grande y poderoso mercado jamás concebido. Sí, hablamos del mercado del alma.
La comercialización de nuestras vidas necesita conversaciones desmedidas. No hay éxito si no se consigue desmesura. Vas a convertirte en la mejor máquina de extimidad jamás conocida. Necesitamos tu materia prima. Dinos, cuéntanos quién eres. Nuestras máquinas de la felicidad necesitan quintales de emociones para transformarlas en códigos de barras.
Sólo queda conseguir que la película sea de risa. Los finales tristes no venden.
Ayer a mediodía mientras me tomaba un cafelito al final de la calle Larios, aquí en Málaga, me repasé El País de arriba abajo. Me entretuve un buen rato con unas cuantas páginas dedicadas a los ciberataques chinos a USA. Luego, más adelante en el periódico encontré Violencia digital, un artículo de Elvira Lindo a cuenta de You Are Not a Gadget, el reciente libro de Jaron Lanier. Sí, Jaron, ¿no recuerdas aquel artículo, Digital Maoism, que tanta guerra dio hace ya cerca de 4 años al poner sobre la masa ? Pues el mismo rastafari de siempre, con posturas incómodas de digerir.
Reconozco que es el primer artículo que leo de esta mujer. No, no es de esa gente que me genere especial simpatía. Eso sí, por referencias, que use a Jaron Lanier era poco menos que predecible. Pero dicho eso, me tragué el artículo. Porque siempre conviene reutilizar la fuerza de quien está frente a ti.
¿Qué me evocó? La cosa que hoy es Internet y cómo refleja la sabiduría de las multitudes. Porque es evidente que Internet se nos está presentando como un potenciador de la inteligencia de mucha gente toda junta y a la vez. Eso sí, sin cumplir al menos una de las condiciones que Suroweicki explicaba en The Wisdom of Crowds: la independencia de unas personas respecto a las otras. Aquí, hoy, en nuestro mundo, todo es interdependiente. Los presupuestos de Suroweicki son inviables en nuestra sociaedad suciedad actual. Porque pudiera ser que la estupidez humana, de nuevo, la subestimemos en Internet.
No todo el monte es orégano en Internet. En demasiadas ocasiones practicamos una peligrosa internetfilia. Creo que es importante sacar punta a argumentos que ponen en duda algunas cuestiones de la maravillosa Internet. Claro que hay que andar con cuidado porque enseguida se puede caer en el otro extremo: la demonización. Y de esto hay mucho, demasiado a decir verdad.
Pero hoy en día es evidente la comercialización masiva de la experiencia humana usando Internet como aliado natural. Lawrence Lessig en Código 2.0, desde otra perspectiva, también previene contra el laissez-faire en el ciberespacio, donde, pudiera ser que más que democracia, lo que surja sea otro tipo de gobierno, más alineado con Internet S.A. Porque eso de que no hay gobierno y de que la estructura distribuida de la red configuran un territorio idílico vamos a darlo por muerto. Cada click es una lucha comercial, no lo olvides. Muchos de tus clicks y de los míos tienen detrás sesudos análisis psicológicos y sociales. Hacemos, en parte, lo que quieren que hagamos.
A veces me parece que aceptamos mal las críticas a nuestra aclamada Internet. Pero creo que el desembarco de las tropas de la comunicación, la parafernalia gubernamental y los intereses de las grandes empresas son aspectos a tener en cuenta, ¿no? Empezando, claro está, por quienes nos proporcionan las conexiones y siguiendo por quienes nos ayudan a encontrar contenidos. En la cadena de valor de Internet hay demasiado negocio como para que nadie dé su brazo a torcer. Tú y yo somos objeto de deseo en tanto que tu click y el mío, como decía antes, son ingresos.
La utilización de Internet para todo lo malo es tan evidente como lo es para todo lo bueno. Si China anda pensando que los cibertaques son lo más de lo más para conseguir información y Obama junto a sus fuerzas militares son conscientes de ello, las modernas guerras ya sabemos dónde se van a desplegar. Si, he dicho “guerras”. Sí, son “militares”. Esa gente que estuvo en el nacimiento de Internet.
Escrito el 24 de enero, 2010 por Julen en Escapatoria
En el centro no hay nada. La forma de embudo termina en un lugar donde en vez de salida, sólo hay vacío. Resulta extraño cuando todo parecía indicar lo contrario. Pero allá, al final, no hay nada. Por encima se ha acabado el aire y sólo queda la tranquila angustia de saber que el camino no conduce a ningún lado.
Sus formas geométricas son duras y dejan a las claras cuál era la funcionalidad esperada. Trazos directos, sin ambages, en busca de un resultado. Una línea recta como camino más corto que une dos puntos. Es como tiene que ser. Nadie puede cuestionar que no sea lo que se esperaba.
Pero al final la esperanza queda escondida en mitad de la sorpresa. No hay salida. No hay salida. La caída termina en un golpe contra el fondo metálico. No hay lugar por donde continuar. No hay aire. Y junto a la sorpresa, el silencio abrumador de algo que se acaba. Al otro lado hay luz. Pero desde el lugar de quien observa, sólo un sinsentido.
Aunque la fe mueve montañas, el centro permanece quieto. Es una forma de demostrar la sinrazón del poder. Es manifestación pura de soberbia. Eliminar lo previsible para que la huida sólo pueda acontecer a través de la imaginación. Es lo único que aquel embudo no era capaz de cercenar. La imaginación de un ser humano desesperado.
Esta semana que viene, lunes 25 y martes 26, estaré ¿trabajando? en Málaga en un encuentro que hemos organizado en torno a la consultoría artesana. Nacho y Amalio nos hacen de anfitriones a una representación del autoproclamado gremio de consultores artesanos, sea lo que sea el asunto en cuestión.
Allá vamos a discutir con un programa disponible en una wiki caótica y que pocos ojos son capaces de soportar… excepto si asumes que forma parte del juego, claro. Ya iremos aclarándonos. O no. Desde la reunión anterior allá en Segovia -cochinillo y brazo en cabestrillo unidos por una causa noble- la discusión en el grupo ha ido revolviéndose en múltiples líneas de fuga. Una de ellas, por ejemplo, tiene que ver con quién es o no artesana/o en este turbulento mundo de la consultoría. No sé, supongo que algo aclararemos. O no.
El programa dice que habrá (copio/pego):
Debate y discusión de los puntos de la declaración (un texto al que agarrarse para decir que las cosas van por ahí, más o menos). Aquí la versión inicial que se ha ido puliendo.
Debate sobre las formas de difusión de la declaración y estrategia de adhesión de simpatizantes: ¿Cómo podemos difundirla y a qué tipos de colectivos dirigirnos?, ¿qué canales de “conversación” utilizar?, ¿con qué espíritu?, ¿cómo hacer el “trabajo distribuido” de difusión?
Exposición individual sobre ámbitos de actuación, intereses personales y capacidades que cada cual puede ofrecer para el trabajo en RED.
Diseño y puesta en común del modelo de colaboración en RED, debatiendo sobre los contenidos expuestos.
Conclusiones: ronda de intervenciones breves para que cada asistente exprese sus impresiones.
Y así vamos haciendo el camino. Con intereses diversos y con una amalgama de imposibles y diferencias que buscan un nivel suficiente de consenso. Os dejo, que me han mandado deberes y como no los lleve hechos, me ponen con los brazos en cruz y un par de cientos de manifiestos cluetrain impresos en tamaño de letra 48.
Un sábado como aquel en otoño no se podía desperdiciar. El día azul. Intenso, brillante, pleno de energía. Como otras tantas veces había quedado con la gente de la cuadrilla. Anboto arriba, se veía poderoso.
Un desayuno hermoso y todo el ceremonial de salir al monte. Calcetines, botas, gorro, ese jersey que aguanta bien el frío. Ángel tenía una mañana de sábado ante sí para disfrutarla. La máquina de inyección quedaba atrás. Lunes a viernes, compañera de fatigas. Y ahora, en tiempos de crisis, más fatigas aún.
Se juntaba con otra gente del pueblo. Subían despacio primero y luego a más ritmo. En la base del Anboto, en el cruce de caminos, siempre había tiempo para una paradita técnica. Hacia Tellamendi y luego bajando por el hayedo en busca del Betsaide. Un buen camino ahora que otoño explotaba de color.
Ya arriba, hablando hablando. La cabeza se va de excursión. Los pensamientos fluyen. A veces se escapan porque la conversación es caprichosa. No sabía muy bien por qué, pero aquella mañana de sábado otoñal, allá arriba se le ocurrió la mejor de las ideas para que de una vez por todas, aquella máquina funcionara como Dios manda. ¿Qué paso aquella mañana? Cualquiera lo explica. Simplemente se le ocurrió.
Luego, lunes y martes fueron días de pruebas. Pero funcionó, vaya si funcionó. Ah, por cierto, aquel sábado se encontró con un tipo en bici. Le veía de vez en cuando y siempre el mismo saludo: ¡Aupa!
Esta es la historia y esta es la pregunta: ¿Ángel estaba trabajando aquel sábado por la mañana entre el Betsaide y el Anboto? Deja tu respuesta, por favor. Luego ya debatiremos después de disponer de algunos resultados. Mil gracias.
Por cierto, disculpad el formato de la encuesta. No consigo que se vea bien.
La actividad económica ha ido ocupando cada vez más espacio en la sociedad y, por extensión, en nuestras vidas pesonales. Curiosa contradicción frente al hecho de que las horas (teóricas) de la jornada laboral se han reducido y representan admirables conquistas sociales. Incluso parece mayor la contradicción si atendemos a la importancia que el ocio cobra en la vida del primer mundo. Es una paradoja curiosa. Y creo que Internet, de alguna forma, está contribuyendo a que la “sensación” de trabajo se expanda más y más en nuestras vidas. Cada vez más, somos lo que trabajamos. Para bien, para mal.
Pero, en la práctica, ¿qué ocurre? Como quiera que decimos que el trabajo lo llevamos a cabo con conocimiento y éste no sabe de fronteras temporales, la disponibilidad de nuestro cerebro es 7/7 y 24/24 (no descartes que vengan ideas cuando duermes). Como una silenciosa mancha de aceite, un trabajo enriquecedor y en el que desplegamos conocimiento, nos atrapa full time. Eso sí, no hay que fichar. Es cuestión de ver lo que aportas; no importa el momento. Pero aporta. No te obligamos a que nos digas que trabajas para nosotros. Eso sí, hazlo.
Así que, ¿no es lógico que se levanten defensas contra esta invasión silenciosa? Las modernas guerras no requieren grandes acciones estrepitosas. No hace falta armamento pesado. Es algo más sutil, una empresa emocional que quiere que su gente se apasione y desee realizarse en el trabajo, colocando en él su alma, corazón y vida. No ya su intelecto, sino sus emociones. Por eso es importante la inteligencia emocional; para que la apliques allá donde debes: en el trabajo.
Me permito esta breve reflexión porque si las empresas necesitan a las personas, puede que sea más cierto que las personas necesitan otro tipo de empresas. Bueno, pudiera ser que no necesiten empresas sino otro tipo de entidad aún por inventar, que a lo mejor no es empresa. Andamos hurgando en nuevas posibilidades, que haberlas, seguro que las hay. Si nos colocamos el sombrero azul del amigo de Bono y nos ponemos a pensar sobre el propio trabajo, muchas veces caemos en la cuenta de que así, como es ahora, “no puede ser”. Hay que buscar alternativas.
¿Qué tal te va? ¿El trabajo ha invadido tu vida? ¿Te defines por el trabajo que realizas? ¿Te hace sentirte bien? Para gustos los colores. Disfruta.
Va a ser una buena piedra de toque para probar si algo está cambiando o si seguimos con los viejos paradigmas. Si el conocimiento se concibe como punto de partida para la competitividad, no cabe sino generar contextos intensivos en comunicación. Y eso pasa por aceptar el uso de las redes sociales en Internet, si no potenciarlo.
Cada vez que escuchemos que se establecen restricciones al uso de las redes sociales en la empresa, estamos generando mal clima de trabajo. Dicho de otra manera, estamos limitando la expresión de la persona como tal, estamos concibiendo a la persona en su rol exclusivo de trabajo y no como tal persona. La cosa no es broma porque cuando luego vamos a pedir compromiso y rendimiento, la moneda de cambio será la falta de involucración.
¿Se escapa la productividad por los agujeros de Facebook? Por supuesto que se escapa. Ha sido así, es y seguirá siendo. La productividad se escapará por las rendijas de la comunicación entre personas porque no habrá forma de retenerla. Las mediciones clásicas referidas a lo que sucede entre las cuatro paredes de nuestras empresas cada vez son más complejas. En un mundo donde es tan fácil establecer comunicación con el exterior, se complica todo lo que se refiera a aislar variables “dentro” de la organización.
El tan referido informe Whistle – But Don’t Tweet – While You Work, de Robert Half Technology venía a decir que un 54% de empresas americanas prohibían totalmente Facebook, MySpace y Twitter.La muestra era de unas 1.400 empresas de más de 100 empleados y se preguntaba a los responsables de Sistemas de Información. Eso era en octubre de 2009. ¿Cómo creéis que evolucionan los datos? ¿A peor?, ¿a mejor? Lo cierto es que escucho a muchas empresas quejarse de ello.
“Using social networking sites may divert employees’ attention away from more pressing priorities, so it’s understandable that some companies limit access,” said Dave Willmer, executive director of Robert Half Technology. “For some professions, however, these sites can be leveraged as effective business tools, which may be why about one in five companies allows their use for work-related purposes.”
¿Tiene sentido pensar que existen empresas de dos tipos? ¿Las que requieren que sus personas se conecten y las que no? Otra vez nos descubrimos pensando en la gente como simples medios para un fin. Mal camino.
Otra cuestión igualmente delicada es la forma en que abordar quién eres en las redes sociales. Me refiero a tu rol como profesional y a tu vida personal. Vida profesional, vida personal: escenarios donde se entremezclan las tramas. Separar puede resultar difícil. Pero también ¿peligroso? La vida profesional, en ocasiones, actúa de acuerdo con la teoría de los gases y se expande para ocuparlo todo. ¿Hay que defenderse contra esa invasión?
Por otro lado, cabe la posibilidad de generar códigos éticos sobre el uso de redes sociales en el ámbito profesional. Rosaura Ochoa recapitulaba algunas de estas recomendaciones en su artículo El uso de redes sociales en el lugar de trabajo. Cuando las repasas no son sino una serie de normas cívicas básicas y lógicas. Vamos, nada que el sentido común no debiera reconocer. Pero, en fin, son una alternativa para “prevenir” males mayores.
El uso de las redes sociales generalistas tipo Facebook no hace sino abrir más la empresa, que no puede “controlar” una conversación que diluye los límites dentro/fuera de su organización. Si pudiéramos captar una instantánea de las conversaciones que se están produciendo en una empresa en un momento dado, ¿cuántas de ellas serían sólo entre personas del interior de la organización? Esos límites artificiales se desmoronan porque los costes de la conversación con el exterior son a veces menores que los de la conversación interior.
Fuera está la autorregulación sobre la base de quién soy y qué hacen los demás. Dentro percibo una regulación que terceras partes han dispuesto y que compite con esta otra autorregulación. Dentro, me temo, hay menos libertad.
Ah, y todo esto no obvia, por supuesto, para reivindicar el silencio. Otro día escribimos de ello.
Mañana martes 19 de enero en el Edificio Verde de la Cámara de Comercio de Bilbao, en Alda. Rekalde 50, han organizado una jornada sobre “La innovación en los procesos de gestión del conocimiento y el talento” en la que imparto una conferencia sobre Open Innovation. Información e inscripciones aquí.
PROGRAMA
09.30 Bienvenida y presentación
09.50 “Liderazgo 2.0″
Para sobrevivir, las empresas no sólo tienen que adaptarse a los cambios sino que tienen que ser capaces de crear potenciando la innovación y el inconformismo del individuo.
D. Juan Carrión Maroto
Ph.D. (Doctor) in Business Management por la BIU – California University, Licenciado en Ciencias Económica y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid, Ingeniero Superior en Informática y DEA por la Universidad Pontificia de Salamanca, MBA por ESIC, PDD por el IESE.
10.50 Pausa – Café
11.10 “Open Innovation, ¿acaso podía ser de otra forma?”
La innovación es fuente de competitividad en la economía actual y se basa en la forma en que las empresas generan nuevo conocimiento.
D. Julen Iturbe-Ormaetxe
Licenciado en Psicología, especialidad Industrial, por la Universidad de Deusto y con varios cursos de postgrado relacionados con la gestión de empresa. Es consultor y profesor e investigador en torno a modelos de empresa abierta en Mondragón Unibertsitatea.
12.10 Despedida y cierre
En principio es un formato clásico, de 45 minutos de pájaros y flores y luego otros 15 de preguntas. Si alguien quiere pasarse, allí estaré. Voy a usar parte del material que Aitor Bediaga, David Sánchez Boteet moi andamos trabajando. Entremezcla cosillas de empresa abierta en sentido amplio y de innovación abierta más en concreto.
Escrito el 17 de enero, 2010 por Julen en Escapatoria
Hay veces en que el escenario, por lo desacostumbrado, hace el arte más amable, ¿verdad? Lo descubrí el otro día gracias a la lista de correo de Colabora, ese proyecto que busca soluciones a los problemas de nuestras ciudades mediante aportaciones de la ciudadanía.
Hace ya mucho tiempo que las organizaciones desarrollaron la función de comunicación. Cualquier entidad que asuma que la sociedad tiene que aceptar sus mensajes, aplica fuertes dosis de cosmética a sus productos y servicios. El pueblo consume productos elaborados, no carne o pescado sin cocinar. Quien comunica está pensando que con la cosmética va a influir en quien recibe el mensaje. Eso es el principio de todo y, por tanto, la empresa, privada o pública, se dedica a colocar recursos en torno a esa actividad. Nada nuevo bajo el sol, hasta ahora.
¿Qué ocurre si la sociedad aprieta y exige transparencia? Hace poco argumentaba en artículo que podemos estar asistiendo a un espectáculo de gatopardismo. El caso es que el brazo armado de la ley comienza a trabajar con nuevas reglas. No pasa nada. Es un reto que desafía las formas. Ahora hay que transparentar y con ello comunicar. Y, como siempre, no me vale tirar la piedra y esconder la mano. Yo, también. Con este blog, por ejemplo. Pero sigamos con el razonamiento.
O sea que: transparencia = confianza = posibilidad de clientes más enganchados = $$$$$. Tirando del último elemento, cualquier empresa va a pensar que sí, que hay que invertir en el nuevo maná. Así que diseñemos la transparencia. Que nadie piense que esto es algo así como “ponte en bolas y el mundo juzgará”. No, el asunto es que la transparencia se diseña:
Quien más, quien menos va a comenzar por lo mismo que decidió colocar en su web-presencia de toda la vida: transparentará sus maravillas (si no las tiene, más cosmética de producto tendrá que hacer, no hay problema). Las miserias van al fondo. La responsabilidad social corporativa cuenta lo bueno, no lo malo.
Convendrá una cierta campaña mediática que prepare al público objetivo a “consumir transparencia”. Rodearla de valores positivos, de compromiso social, de “somos buena gente, fíjate qué cosas hacemos”. En definitiva, la transparencia necesita de emociones positivas. Pues nada, esto se arregla con un buen un equipo creativo al frente, faltaría más; necesitamos ideas para que la gente consuma felicidad. A fin de cuentas, ¿quién quiere transparencia para las miserias? Si no de enteras de la mierda, ¿no quiere decir eso que nos preocupamos por tu salud mental y te protegemos de la escoria que te rodea? Agradecido deberías estarnos.
Al final, el diseño de la transparencia es tal que podemos no ver lo que está delante de nuestros ojos. Es ciencia, es saber de percepción humana, es psicología. Así que sí, no lo dudes: la transparencia servirá también para ocultar los asuntos turbios. Sólo hay que encontrar formas de que la atención se dirija a determinadas partes de esa supuesta transparencia que tenemos ante nosotros. Es el famoso experimento del gorila.
No cabe duda de que, en líneas generales, mejor que una Administración o una empresa sea transparente a que no lo sea. No voy a ser tan cenizo de decir que no a la posibilidad de enterarme de lo que pasa. Pero también tengo que reconocer que vamos a asistir -supongo que ya está aquí- al despegue mediático de la transparencia. Y entonces nos pasará lo que más de una vez he comentado por aquí a cuenta de la lectura de Storytelling, el libro de Christian Salmon: la realidad acabará inscrita en un marco de ficción y la ficción rodará por los reality shows. El magma de la transparencia se difuminará y la confusión será transparente. Jugarán con la complejidad para simplificar la transparencia en la línea que más convenga a los intereses de quien comunica.
Cuando Google ha derribado el tabique entre la habitación número 1 y la número 4, es cierto que es ha supuesto un cambio en las reglas. Pero a nuevas reglas nuevas herramientas. Empresas, Administraciones y gobiernos intentarán que sepamos lo que ellos quieran, lo que convenga a sus objetivos. Prepárate para dar la bienvenida a la industria de la transparencia.