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Pedir 1.0 = spam 2.0 5 comentarios

262091025_9825a64b68Con cierta frecuencia me sucede: alguien a quien no conozco me remite un correo para que “divulgue” un evento, un ranking de blogs o cualquier otro asunto. Ese correo habitualmente muestra esa horrible forma neutra de cualquier correo electrónico que busca un común denominador de lo que se quiere divulgar. Ya comenté algo cuando escribí El delicado arte de promocionarse en la web social.

Pues sí. Alguien decide que para eso está el correo electrónico: para tratar de recabar atención a través de determinadas personas que supuestamente tenemos cierta influencia social. Hasta aquí hemos llegado. Para eso tienes un blog, a ver qué te habías creído. Para bien y para mal. Alguien tira de rankismo y decide que eres carne de cañón para sus fines. La delgada raya que separa la comunicación del spam es difícil de determinar.

Me parece estupendo que alguien piense por mí y me explique qué es lo que salgo ganando cuando hago de vocero. Gracias por ejercer la empatía, pero no hacía falta. Es difícil distinguir qué es spam 2.0 y qué información útil. Yo colocaría el matiz en la forma en que está redactado el correo. Y que cada cual decida. Desde luego que hay cosas muy interesantes de las que podría enterarme, pero que eso se traduzca en recibir un correo que incluye la pertinente nota de prensa no me gusta.

En mi caso desde luego que distinguiría entre el correo de alguien que está empezando y pide ayuda, y quien ya viene montado con una infraestructura de sponsors bien hermosa. Las personas responsables de comunicación de ciertos saraos deberían andarse con un poco más de tacto. Sobre todo cuando sabes que el correo que has recibido será el mismo que habrán remitido a otras muchas personas con capacidad de influencia. Eso sí, empezará por un pudoroso, “Hola Julen” o similar. Como si fuéramos colegas de siempre, que estamos en la web social y somos muy 2.0, faltaría más.

Estoy seguro de que habrá quien piense que soy un tiquismiquis y que si estoy aquí con un blog pues que asuma las consecuencias, ¿no? Pero, ¿no es acaso una forma polite de spam? Reconozco que tengo miedo de la agresividad del marketing de promoción. Hay que llegar a esa gente que tienen seguidores en sus blogs, en twitter o donde sea. Así que allá vamos. No me gusta ser pasto de la actividad promocional de un sarao a través de un correo que me remite alguien a quien no conozco.

Hacer de correa transmisora “a petición de” tiene que ver con quién pide y qué quiere divulgar. Jugamos en un escenario donde las reglas de mercado exigen captar atención. Y vienen a saco. En una acepción amplia de “spam” este tipo de correos lo serían, ¿no?

Se llama spam, correo basura o sms basura a los mensajes no solicitados, habitualmente de tipo publicitario, enviados en grandes cantidades (incluso masivas) que perjudican de alguna o varias maneras al receptor.

Sigo cascarrabias, me temo que va a ser la edad. Pero de veras que mi mosqueo va en aumento. A veces me dan ganas de marcar como spam cierto correo que me llega y que no querría recibir, pero que recibo y recibiré porque, según parece, soy pasto de las actividades promocionales de quienes organizan saraos. Ah… y no penséis que recibo correos de estos cada dos días, que ni de coña soy tan relevante.

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La foto es de david-trattnig en Flickr.

Idea radical: pásate al dominio público 13 comentarios

ideasHacía ya mucho tiempo desde la última idea radical. La serie la componen, hasta la fecha, 23 artículos. Tengo varios borradores a medio escribir con nuevas ideas de este tipo, pero no me había atrevido a sacarlas a la luz. Una de ellas es la que desarrollo aquí. Quizá que el último premio Nobel de Economía se lo hayan dado a Elinor Ostrom ha ayudado a darle aire. Porque la idea en que se sustenta es el cambio en la lógica de mercado: de competir a cooperar, de una propiedad privada a una visión de conjunto más social.

Ya he comentado por aquí que en nuestro modelo de empresa abierta manejamos la idea de que “el ánimo de lucro” compite con otras organizaciones que persiguen un propósito mucho más elevado. El caso evidente es Microsoft y su navegador Internet Explorer. En el “mercado” aparece Mozilla, quien con un modelo de negocio bien diferente, pero con un propósito tan simple como el “hacer una Internet libre” concita mayor simpatía y adhesión. Firefox es un navegador pensado para el dominio público. Es una herramienta puesta al ser vicio de la comunidad para que se pueda acceder a Internet de forma gratuita. Es la consecuencia de un trabajo colaborativo de muchas personas.

Pero, ¿qué es el dominio público y cómo puede utilizarlo una empresa? ¿Tiene algún sentido? Primero, es importante comprender el concepto. Vamos a la wikipedia:

Por dominio público (también llamado demanio) se entiende el conjunto de bienes y derechos de titularidad pública, destinados al uso público (como las calles, plazas y caminos públicos), o a un servicio público (como un hospital público, un centro escolar público, las oficinas de un Ayuntamiento) o aquellos a los que una Ley califica como demaniales para impedir su apropiación por los particulares (como las playas, las aguas o las minas y cuyo uso privativo, en su caso, requiere una concesión, que sólo la administración pública puede otorgar.

¿Cómo puede pasarse una empresa al dominio público? En la práctica existe una licencia específica que puede obtenerse por ejemplo a través de Creative Commons. Es evidente que el objetivo es contribuir a la sociedad con una aportación de valor. Podríamos decir que frente a la responsabilidad social corporativa, la cesión al dominio público supone una contribución real y efectiva a la sociedad. Nada de cosmética, sino de forma inherente a la propia actividad de la empresa.

Trabajar para el dominio público no anula el derecho inicial que asiste a toda empresa que ha generado un producto/servicio de que se reconozca que es su propietaria. Lo importante, sin embargo, no está ahí, sino en el hecho de permitir que la creación circule ágil por un mundo que necesita más cooperación y menos competencia. De hecho, los bienes del dominio público suelen ser el producto de quienes se definen como una comunidad. Siguiendo con la wikipedia: “Algunos ordenamientos jurídicos consideran que el dominio público está formado por aquellos bienes cuyo titular es una comunidad. En este sentido, las comunidades de regantes, de pastos, de bosques, etc., serían ejemplos de dominio público.”

¿Desaparece una empresa como tal al pasar a trabajar para el dominio público? Seguramente que a más de uno le cruje el cerebro y se le retuercen las neuronas. Porque la empresa por defecto trabaja en el ámbito de lo privado, de la protección de su conocimiento. Da igual que los libros y los gurús de turno hablen de la importancia de generar nuevo conocimiento abriendo prácticas. La senda de la protección frente al enemigo sigue siendo la guía de actuación.

Nicholas Carr compara en The Big Switch lo que ocurrió con la electricidad y lo que está ocurriendo ahora con la información. Hace muchos años las empresas disponían de sus propios recursos para generar electricidad. Producir su electricidad era la forma en que garantizar que podían llevar a cabo su actividad. Pero, claro, la electricidad enseguida pasó a tener sentido en forma distribuida. Aunque todavía hoy sigue siendo lo que hace que algunas empresas ganen dinero (y de forma dudosa en algunas ocasiones, como atestiguan las multas que reciben), la entendemos mejor como algo que usamos de forma distribuida. Con la información hoy en día pasa algo similar. El negocio, si quieres llamarlo así, está en la distribución y la intermediación. El negocio está en los llamados brokers del conocimiento.

Así que si la competitividad llega de un manejo adecuado del conocimiento, eso que tienen las personas, ¿no sería una posibilidad que negociáramos un enfoque de dominio público a este respecto? Las desigualdades, ese daño colateral de la sociedad moderna, están en la base del conflicto. ¿Por qué no apostar por una contribución social que aporte un grano de arena a su eliminación? Parece que la protección refuerza el círculo vicioso de la desigualdad. Al no poder acceder a conocimiento, productos y servicios, las personas que menos tienen, menos tendrán. Y todos sabemos que la desesperación es fuente inagotable de que los humanos saquen lo peor de lo peor.

Desde luego que una empresa hoy en día tiene que replantear la forma en que licencia los contenidos que genera. Y, sí, hablamos de conocimiento. Las empresas tienen que hablar con su gente para tomar decisiones respecto al uso de fórmulas alternativas de proteger lo que saben. No sirve con actuar por defecto. Porque ese es el peor de los escenarios.

¿Cómo se redefine una empresa que quiere trabajar para el dominio público?, ¿tiene sentido seguir llamándola empresa?, ¿es algo diferente y, por tanto, necesitamos nuevos términos?, ¿compite en un mercado que es sólo uno?, ¿es lo mismo que una organización sin ánimo de lucro?, ¿sólo tiene objetivos de carácter social?, ¿puede generar mucha más adhesión y compromiso por parte de la ciudadanía? Muchas preguntas que sólo tienen respuesta haciendo. Sí, el movimiento se demuestra andando. En breve más noticias a partir de alguno de esos proyectos que conforman mi enredo.

El recuerdo 3 comentarios

3888789539_8613f9cfebCon sus propias leyes es una parte ajena y al mismo tiempo íntima. Pasa el tiempo y la inmensidad de nuestros recuerdos se vuelve incomprensible. Ahí dentro de cada una de nosotras, los recuerdos juegan a la autogestión. Se estiran y encogen, se ocultan, se manifiestan. Los años les dan vida mientras la vida avanza hacia el fin.

Un fragmento acaba pegado a algún rincón de la cueva. Porque el recuerdo habita en una cueva interior. Y la red de laberintos que hay que recorrer para acceder a algunos de ellos provoca la renuncia en un buen número de ocasiones. El ánimo inicial de recrear la escena se desvanece en esa tupida red de opciones. El final se aleja porque las bifurcaciones nos dispersan.

Incoherentes y simples. Son golpes de atención. ¡Zas! Aparece, es una imagen en color, brillante, nítida, real. Puedes tocar los objetos, volver a sentir su textura. Estiras el brazo y lo alcanzas, acercas los labios y puedes besar. Es eléctrico.

Somos los únicos animales que imaginamos. Imaginamos recuerdos y los anticipamos. Construimos nuestras viviendas de protección oficial allá en la memoria. Pisos donde repartimos coherencia pero de donde salen caprichos. Los planos que vimos en aquel despacho de arquitectura eran un simple ejercicio de cobertura emocional. Luego todo resultó diferente.

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La foto en Flickr es de itchy73.

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