La empresa ya no es un eje vertebrador de nuestras vidas
Esta es la tesis que maneja Richard Sennett en varios de sus libros. Quizá es en La corrosión del carácter donde más la desarrolla, aunque también es tema que explica en La cultura del nuevo capitalismo. La empresa está pasando a ser un lugar contradictorio donde al mismo tiempo que nos hablan de conexión emocional se producen despidos y se contrata en condiciones precarias. La empresa, en último instancia, no se fía de sus personas y busca su eficiencia a través de hacer más con menos personas. Quiere ser emocional, pero es pura ficción. Antes podía jugar un rol estructurador y paternalista, hoy juega con las cartas de lo efímero.
Ignacio Muro Benayas ha publicado recientemente Esta no es mi empresa. El subtítulo: El desapego de los profesionales del siglo XXI. Más de lo mismo, pero con muchos datos. Este autor describe cómo navegamos en la contradicción de observar cómo las empresas ensalzan el valor del trabajo, pero persiguen siempre reducir el precio que pagan por él. Son los dictados de la competitividad del siglo XXI.
Ante este panorama, la cuestión es: ¿hay algo que ejerza como verdadero eje vertebrador de nuestras vidas? Quizá el trabajo pueda serlo, pero no la empresa. Porque la empresa acompasa su ritmo con el de la liquidez de los tiempos modernos actuales. En palabras de Sennett, “la organización a corto plazo de las instituciones modernas limita la posibilidad de que madure la confianza informal“. La referencia de la misión, visión y valores es un cuento chino que trata de fijar un norte, pero que luego, cuando llega una crisis, acaba hecho pedazos. Las prácticas son tozudas: las empresas están para ganar dinero, para dar valor a los accionistas, para generar riqueza. Y las personas son un medio para ese fin, se note más a veces o se note menos.
Cuando digo que el trabajo sí puede representar un eje vertebrador, me refiero a nuestra profesión, a nuestras actividades profesionales y remuneradas. Pero es una cuestión primero individual y luego colectiva. Aunque en ocasiones necesite de instituciones -empresas, por ejemplo- lo que en realidad genera sentido es la forma en que nos percibimos como profesionales. La empresa no es de fiar, el contrato que firmamos es lo que es: dinero a cambio de horas. Léelo, repásalo bien: ¿qué encuentras en ese contrato que vertebre tu vida? Nada, es demasiado prosaico.
Por eso insisto tanto en buscar alternativas para dotar de sentido y sensibilidad a nuestra actividad profesional. Necesitamos recuperar el control sobre la actividad profesional. En las empresas grandes se diluye en una frenética carrera hacia el sinsentido. Por eso -una vez más- te recomiendo que leas El Artesano, de Richard Sennett. Hay forma de recuperar el control. Por cierto, espero que no sea nada la enferemedad de este hombre. Tenía que dar una conferencia ayer en el CCCB de Barcelona y se ha suspendido por enfermedad, según puede verse ahora (5:43 am) en la web donde se anunciaba.
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La foto en Flickr es de antolazaZD.
8 comentarios en “La empresa ya no es un eje vertebrador de nuestras vidas”
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11 de Noviembre 2009 a las 10:40 :
Julen, no estoy muy de acuerdo y creo que podría ser un tema interesante para debatir en la presentación de “Filés”. De momento te respondo en la bitácora del Arte.
11 de Noviembre 2009 a las 13:33 :
Pues a mi me encaja bastante bien. El eje que vertebra mi vida es otro, pero sí que considero mi trabajo, lo que hago, como una de sus “vértebras” importantes. Un abrazo.
11 de Noviembre 2009 a las 14:06 :
Tengo ahora que leer tu post pero desde luego no estoy nada de acuerdo con el título…para mú y para tí y creo muchos de tus lectores, sí que la empresa o su actividad profesional o la que la actividad que no remuenra sí que es uno – no el único, vale, eje vertebrador de nuestras vidas.
11 de Noviembre 2009 a las 14:21 :
Pues esta vez sí estoy totalmente de acuerdo. La profesión -en casos afortunados, como el nuestro- sí es eje de nuestra vida. La empresa te paga y se aprovecha de los enamorados de su profesión… Aunque en realidad lo hace como compensación interna de balance, pues hay empleados que le dan a su empresa menos de lo que se les abona por ello. Políticamente incorrecto, pero cierto.
11 de Noviembre 2009 a las 16:46 :
Estoy de acuerdo que es parte por la empresa, pero no tengo muy claro qué vertebra la vida de las personas hoy en día. Andamos demasiado perdidos. La empresa no vertebra porque está mal planteada, pero la gente no consigue nada que vertebre su existencia porque está confusa.
Se dedica una cantidad de horas tremenda a algo que no llena, no gusta. Y aun así no se cambia. Será por pereza, será por miedo, será por comodidad. Pero la realidad es que hay mucha gente que se levanta cada día maldiciendo por tener que ir a trabajar, pero no plantean alternativas. Quizá el irse a vivir al campo no es tan mala idea, como el Hotel Existencia de Paul Auster en Brooklyn Follies. El tema es que existe un pensamiento crítico ante lo que sucede en nuestras vidas.
Falta garra, todo el mundo quiere ser funcionario, o ejecutivo, poca gente quiere crear, ser emprendedor, salirse de los caminos trillados.
Hasta que eso no cambie, no creo que la empresa pueda vertebrar la vida de nadie. Podrá ser un mejor lugar para trabajar, será algo más agradable, pero las vidas de las personas seguirán girando al ritmo de los golpes del destino
11 de Noviembre 2009 a las 23:22 :
Interesante reflexión. Merece reposarla. Gracias
12 de Noviembre 2009 a las 09:07 :
Gracias a todas/os por las ideas, sigo la conversación en este otro artículo que publico hoy: Profesión como eje vertebrador de la vida.
13 de Noviembre 2009 a las 14:24 :
Julen, yo creo que hay de todo: empresas en las que sólo se piensa en ganar dinero (las que describes) y empresas que buscan también una realización personal de sus miembros (desde el fundador hasta el último currela).
Lo que sí te puedo contar, porque lo he visto con mis propios ojos, es que en España no se concibe fácilmente que una empresa pueda ser del segundo tipo. Estamos muy cerrados en la idea de que las empresas sólo están para ganar dinero. Y así nos va, por cierto.