Tuesday, Jul. 16, 2019

Fabricación artesana en red

500321723_75dbd04bb8El mundo viaja a lomos de las grandes multinacionales. Nadie hoy es capaz de comprender este planeta sin sus marcas. Las empresas buscan generar valor económico para quienes invierten en ellas, sean sus propietarios trabajadores o no. Son una de las formas en que se genera riqueza. Las empresas mueven el mundo y la mayor parte de las personas está atrapada en ellas, sea por la dependencia económica o por una dependencia emocional. Es lo que hay.

En este panorama, tras la crisis financiera, parece que el primer mundo se ha puesto manos a la obra para tratar de limitar algunos desmanes del conglomerado empresarial. Son límites referidos a los salarios y a otros aspectos que tienen que ver con la esencia de la empresa: ganar dinero. Y, claro, cuesta que acepten limitaciones allí donde está su núcleo duro. La sociedad pareciera que intenta defenderse del exacerbado ataque de su subsistema empresarial.

Y cuando todo esto pasa, la pregunta es: ¿necesitamos a las empresas? Mi reflexión es sencilla: cada vez menos. Al menos entendidas de acuerdo con el paradigma imperante. Las empresas ya no proporcionan ejes vertebradores de nuestras vidas. Han huido de la estabilidad para diluirse en un río donde flexibilidad y competitividad son los nuevos dioses. Y ahí cuantas menos anclas mejor. Por mucho que jueguen al capitalismo emocional, lo tienen difícil para recuperar la confianza de las personas. Sólo tienes que ver cuántas empresas despiden a su recurso más valioso: las personas. Como es el más valioso, es el más prescindible. Antes que prescindir de elementos tangibles, mejor nos cargamos a la materia gris y a los corazones que tenemos con nosotros.

El ordenador personal es eso eso: “personal”. Pasó el tiempo en que las empresas nos proporcionaban un equipamiento tecnológico al que no podíamos acceder desde nuestro hogar. Hoy buena parte de la población tiene más capacidad de procesamiento de información en sus casas que en el trabajo. El laboro se convierte en ese lugar donde se obtienen experiencias de uso de información bastante peores que las que cualquiera consigue en su casa. Y si el conocimiento es la fuente de competitividad de la empresa moderna, resulta que su materia prima previa, la información, la manejamos mejor con nuestras capacidades y no con las de la empresa. Así que ordenador “personal” es eso, “personal” y no “del trabajo” (entendido como trabajo asalariado en la empresa, claro está). Pero a la vez que es “personal” necesita la red. Sin la red, sin las conexiones, no somos nada.

¿Y qué hay del fabricador “personal” del que la gente del MIT nos lleva hablando tanto tiempo? Las técnicas de fabbing evolucionarán. Quizá más rápido de lo que pensamos. ¿Es imposible prever una fabricación descentralizada? Las centrales eléctricas siguen existiendo como grandes inversiones que hablan de un mundo de gigantescas estructuras. Pero cuando más y más objetos físicos se funden con sus recreaciones digitales, ¿no será que algún día nuestros descendientes lo verán como una etapa de la humanidad? Hubo centrales eléctricas igual que hubo grandes recursos centralizados bajo una forma no muy evolucionada de organización: la empresa.

A día de hoy es complicado salir del circuito empresarial. Todo es empresa. El sistema es empresa. Nuestra Administración se ha ahuecado para dar más y más espacio al entramado empresarial. Le rinde pleitesía y juega con sus reglas. Hay que ser competitivo. Aunque Elinor Ostrom reciba un premio nobel de economía por machacar las “otras” reglas de la cooperación, el sistema es el que es: selección natural, o compites y ganas, o sucumbes.

La conclusión de todo esto: ¿y si las personas nos organizáramos en comunidades para satisfacer nuestras necesidades haciendo uso de nuestra capacidad de tratamiento de información y con una previsible cada vez mayor capacidad de fabricación personal? Sí, sí, ya sé que es ciencia ficción, que soy un iluso, un utópico y que me columpio con este brindis al sol. Pero la realidad ya ha demostrado que es capaz de superar a la ficción. ¿Qué es la realidad aumentada? Algo en lo que lo digital y lo físico convergen. Las empresas pueden fundirse en nuestras manos porque han agotado su papel. Tanta trampa y tanta multa, tanto capitalismo emocional, tanta barbarie desbocada de ganar y ganar, todo eso genera desconfianza. ¿De veras las necesitamos?

Por eso cabe considerar la fabricación artesana en red. Es sólo cuestión de creerse que tenemos capacidad distribuida y de ser inteligentes para usarla.

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La imagen es de chromalux en Flickr.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(4) comentarios

  1. Javi V
    19/11/2009 at 09:52

    Ufff... Cada frase que escribes da para un comentario extenso, pero sintetizo:
    - No creo que nunca las personas hayan sido el material más valioso para casi ninguna empresa. En todo caso, "algunas" personas, capaces de hacer cosas que otras no llegan ni a imaginar. El resto, mano de obra. Personal, sÍ; personas, menos.

    - La gran paradoja es que gracias a determinadas políticas empresariales cada vez más extendidas, crece el número de "empresas" a la fuerza. Hablo de antiguo personal (otra vez la palabra) laboral obligado a constituirse en empresa. ¿Falsos autónomos? ¡Ojalá fueran falsas las cuotas de la SS que hay que pagar cada mes!

    - Respondo a tu pregunta final: Si hiciéramos lo que planteas, de esa Arcadia Feliz emergerían líderes que pretenderían aprovecharse del curro del resto, tratarían de absorberlos, "oparlos"... Pasa en las mejores familias y en las mejores cooperativas. ¿Solución? Para algunos, ir de outsider. En el córner del sistema hay sitio para un puñado de pepitos grillos. Luego rascas, y resulta que esos antisistema tienen su propio "sistema" y montan EBEs como el de la semana pasada, que en NADA se diferencian de cualquier convención -valga la redundancia- de una entidad convencional.

    Siento, de nuevo, ser tan pesimista...

  2. M@k, el Buscaimposibles
    19/11/2009 at 16:26

    Lo que pides requiere cambiar más cosas. Adiós dinero, hola trueque.

  3. Alaitz Landaluze
    19/11/2009 at 23:23

    Cuando te leo me gusta la melodía que escucho, pero luego me surgen cantidad de preguntas, por ejemplo ¿cómo trabajar en comunidades cuando hay necesidades de inversión o actividades de fabricación de por medio?¿cómo sería, por ejemplo, una empresa industrial típica de aquí según este modelo? Comparto el discurso de Ostrom y lo entiendo aplicado a los recursos públicos (de hecho los hauzolan no son más que un ejemplo de su teoría) ,¿pero qué ocurre cuando hablamos de recursos privados?

  4. Julen
    20/11/2009 at 07:40

    @JaviV, tú y yo vamos a acabar malamente, compañero, tienes mi solidaridad realista ;-)

    @Mak, ¿dinero? ¿esa cosa de plástico?

    @Alaitz, no lo busques en la realidad y no empieces por lo más difícil. ¿Acaso no es mejor pensar dónde podría suceder y no tanto dónde no parece posible?

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