Es evidente que los niveles de tolerancia a la crítica son muy diferentes según personas. En nuestra cultura resulta muy habitual que sintamos la crítica como una especie de afrenta que invalida la conversación argumentada. En este sentido hay investigaciones que confrontan la crítica y la cohesión de un equipo (Richard Sennett cita una par de ellas en La corrosión del carácter). Un buen equipo significa “elevado grado de cohesión”. Y en este “ser del equipo” y “pertenecer al equipo” no está bien vista la crítica. Y menos la crítica abierta. Es lógico. Es humano. Por cierto, de esto del equipo ya comenté algunas cosas en Eficiencia de personas y de equipos.
Así, parece que se levantan dos obstáculos para abrazar la crítica como fuente de desarrollo personal y organizacional:
- Si eres de este equipo, no critiques.
- Si aún así se te ocurriera criticar, hazlo aquí dentro.
Es una opción, desde luego. Apagamos la crítica y engordamos en nuestra relación personal. Colegueo, estar a gusto, nos queremos, nos alabamos, nos reforzamos. Es natural que sea así. Es fácil entender que cualquier persona se sienta a gusto con esa forma colectiva de actuar. En las cooperativas este comportamiento es muy típico. Elevada cohesión social, luego entonces las cosas se hablan en casa. Pero, al mismo tiempo, es evidente que se generan gruesas turbulencias internas que buscarán alguna escapatoria.
Sin embargo, podemos contemplar otras posibilidades. Cuando abres la crítica a otros territorios y la sometes a cierto desenfoque es probable que consigas ideas diferentes. Y no digo que sean peores o mejores, pero sí diferentes. Esto abre perspectivas y genera nuevas posibilidades. Ahora bien, ¿quieres nuevas posibilidades o prefieres consumir tu tiempo dentro del terreno que ya conoces? Son opciones.
Quienes escribimos blogs creo que hace tiempo decidimos que ganábamos en higiene mental al abrir nuestra conversación. Esto de exponerse en el escaparate hace que lluevan alabanzas y críticas (cierto que éstas últimas en mucha menor cantidad que lo que quizá sería conveniente). En mi caso, debo reconocer que me siento a gusto con la discrepancia. Que alguien no piense como yo y rebata mis argumentos es el mejor regalo que puedo recibir. Es estimulación intelectual en vena. Claro que a veces tensamos la cuerda, añadimos una última gota y el vaso puede desbordar. Hay riesgo, conviene no olvidarlo. Por eso hay que mirar si por la noche, antes de dormir, la conciencia sigue tranquila. Eso es lo que importa.
En mi pedestal de gente que se maneja bien con la crítica tengo colocadas a algunas personas. María ptqk me parece una de ellas, pero también tengo colocados ahí a gente tan diversa como Fernando Polo, Txipi, Juan Varela, Teketen o el mismísimo Forges. Sé que es un terreno delicado donde cuesta entrar. Las críticas siempre son bienvenidas, hasta las más destructivas. Diana Franco me decía el otro día que cuando alguien criticaba algo ella siempre pedía el porqué. De acuerdo, pero incluso si no lo hay, es mejor que de vez en cuando nos pongan a caldo, nos hace más humanos.
Otra cuestión delicada es la crítica que parece suponer un juicio categórico: esto es bueno, esto es malo. ¿Corro el riesgo de parecer dogmático? Hay opiniones como esta expresada por Nonorninor respecto al artículo criticando el evento Euskadi 5.0, que son de agradecer:
Crítico, si; pero sin saber de qué va la historia, parece que es entrar en descalificación gratuita. O es que los prejuicios de siempre le obligan a situarse al otro lado de los organizadores…. no vaya a ser que nos contaminen.
Pensaba que el mundo de internet era abierto, social y universal, pero hay algunos qu se siguen empeñando en decidir qué es lo bueno y que lo malo… por si acaso alguno se confunde.
Vosotros decidís. Pero es parte del juego de la dialéctica. Si no hay crítica inicial, no hay movimiento. Forma parte de nuestro avance, como personas y como organizaciones. Manejarse con la crítica a través de un blog es uno de los grandes placeres de escribirlo. Y eso sí, son palabras, palabras a través de las cuales aprehender puntos de vista que son útiles para “hacer”. El escenario de la crítica produce la materia prima de la que se alimenta el escenario de la acción.
Eso sí, ¿qué ocurre cuando criticas y la “parte afectada” no contesta con argumentación pública para rebatirte? Si, como es el caso, estás criticando que se aplique una licencia restrictiva con copyright a un evento en torno a las blogosferas, ¿qué pasa si no se rebate? Primero, puede ser que se considere que callar es mejor (no hay mayor desprecio que no hacer caso, suelen decir) o, segundo, puede rebatirse con una descalificación general. Pero quien lee accederá a las dos partes, aunque una calle. Porque el silencio también dice muchas cosas.
Por eso en la crítica y en la generación de tensión divergente quizá haya incluso que jugar a la intolerancia. Como dice Slavoj Žižek en la introducción a su libro En defensa de la intolerancia:
De ahí que sea necesario, en nuestros días, suministrar una buena dosis de intolerancia, aunque sólo sea con el propósito de suscitar esa pasión política que alimenta la discordia.

Actualización.- Olvidaba comentar que también actuarán de maestros de ceremonia la gente de Tagzania. Disculpas.
Este próximo viernes celebramos el décimo taller de Aprendices. Esta vez abordaremos la construcción colaborativa de mapas tomando como referencia proyectos ya existentes como OpenStreetMap a nivel global y las Mapping Parties en particular. El taller sigue la línea de aprender acerca de diferentes maneras de contribuir al procomún con nuestra actividad cotidiana. En el caso de OpenStreetMap, tomando directamente de la wiki del proyecto:
OpenStreetMap es un proyecto dirigido expresamente a crear y ofrecer datos geográficos libres, tales como planos de calles, a cualquiera que los desee. El proyecto comenzó debido a que muchos mapas que se cree que son libres, tienen en realidad restricciones legales o técnicas para su uso, lo cual evita que la población los utilice de forma creativa, productiva o inesperada.
Me tengo por casi analfabeto en lo que tiene que ver con el uso del GPS, pero ya aprenderé. De momento, algo sencillo que cualquier persona puede hacer es aportar información a los mapas a partir del conocimiento de su entorno local. Fácil, fácil. Aportamos lo que sabemos para que otras personas puedan beneficiarse de ello cuando aterrizan por nuestra zona. En mi caso, por ejemplo, voy a ir “mapeando” mi barrio aquí en Bilbao. Tan simple como indicar sobre él dónde están las farmacias, las paradas de taxi o las de autobús. Ah… vaaaaleeee, y también los baretos y locales de alegría y regocijo para nuestras almas.
El caso es construir mapas que puedan ser reutilizados y que queden al servicio de la ciudadanía de forma libre. Por supuesto que ahí también tienen que aportar las instituciones, ya que ellas disponen de mucha información cartográfica que podría ser útil para quienes pagamos impuestos. Es el caso, por ejemplo, de las diputaciones forales. Eso sí, todos sabemos por este barrio que Alorza “lo tiene metido entre ceja y ceja” dentro de un proyecto más amplio de Open Data, según informaciones recientes. Encomiable empeño, desde luego.
Por otra parte, me encanta que David nirelandia Ketari sea el que haya impulsado esta iniciativa vía Aprendices. Poca gente conozco tan “desprendida” como este buen hombre a la hora de arrimar el hombro para proyectos colaborativos. Como en otras ocasiones, tendrá lugar entre las paredes de algún aula de la Universidad de Deusto, gracias al buen oficio de Loretahur y Txipi. Eso sí, crucifijo mediante, peaje espiritual por usar suelo católico.
Información sobre el taller e inscripciones (gratuitas y bienvenidas) en nuestra página de la wiki. Sólo tienes que editar la página y añadir tu nombre a la lista y traer ganas de aprender. Nos vemos.
Una de las incoherencias en el management de moda es la constante alusión al error como fuente de aprendizaje y, al mismo tiempo, la escasa tolerancia al fracaso. El éxito está encumbrado en la literatura de gestión. En las baldas de las librerías se reparten libros acerca del éxito: éxito personal y éxito empresarial. Sea lo que sea, pero éxito. Y mira que la palabra ya resulta es sí misma delicada de definir porque va pegada a felicidad. Pero no importa: a por el éxito. Google te devuelve 41 millones de páginas de resultados si buscas “éxito”. Elige el que mejor te convenga.
El caso, además, es que el éxito o el fracaso viven sujetos a nuestra percepción. Aplicamos el filtro que proceda en cada momento y decidimos en qué habitación pasarán a vivir. Interpretamos la realidad.
Muchas personas y organizaciones desarrollan, además, un elevado grado de intolerancia al fracaso. La sensación de fracaso provoca sentimientos negativos que minan la moral. Nadie parece sentirse cómoda/o con el fracaso. ¿Cómo es posible?, ¿qué hice mal? Cae como una losa y dibuja sombras sobre nuestra competencia. Quizá no seamos tan válidos. ¿Qué van a pensar los demás de mí?
La parodia que ahora comienza en la televisión mira al éxito como referente cultural. Lo santifica a base de grandes audiencias, con potentes luces de neón que iluminan la oscuridad de nuestras sosas y aburridas existencias. Valores de esfuerzo y ambición colocados en la carrera hacia el éxito. Y, sin embargo, no cabe duda de que en nuestra vida serán muchos los fracasos que conoceremos. Fracasar forma parte de nuestra construcción personal y colectiva. Convivir con el fracaso, ejercer la crítica feroz, hurgar en la divergencia, ahondar en lo que no funciona, son ejercicios que se destierran porque incomodan. Vivimos en una sociedad hedonista que no acepta el fracaso y prefiere la morfina del éxito edulcorado. Si hace falta, la cosmética transforma fracaso en éxito.
La aceptación y gestión de nuestros fracasos nos hace más resilientes. Y nadie dice que sea fácil. Apuntar constantemente a la felicidad desde el éxito es irreal. El mundo normal está lleno de personas fracasadas y de empresas que hacen las cosas mal. Aceptar la realidad es un primer paso. Pero hay que sentirse relativamente a gusto en el fracaso porque la tensión de no conseguir lo que queremos nos hace demasiado daño. Y no conviene abonar ese oscuro jardín de dolor.
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Actualización.- Disculpas, había olvidado citar la referencia de la fotografía: es de Heart Industry en Flickr.

¿Cómo se triunfa en la red? Puesssss… esto… no sé muy bien… Bueno, no te preocupes. Euskadi 5.0, un producto de El Correo Digital, te lo va a poner en bandeja. Los próximos días 8 y 9 de octubre en Muskiz, la cuna de Petronor, podrás aprenderlo. Eso sí, quizá yo, ahora mismo, esté infringiendo la ley por reproducir sin permiso expreso de los organizadores este evento y haciendo un copia/pega de lo que dice su sitio web. Disculpen, si quieren lo retiro, como le ha pasado a Mikel Agirregabiria a cuenta de otra historia que confirma lo que ya sabíamos: el mundo es como es.
El Correo Digital, Euskaltel y Petronor están con los blogs. Junto a Renfe, el mismísimo Gobierno Vasco y el Ayuntamiento de Muskiz. Todos a una al servicio de las blogosferas diversas para que entres en el hall of fame que tanto deseabas. Al módico precio de 5 euros la inscripción puedes “presentar tu blog en sociedad”. Porque la “sociedad” todos sabemos lo que es: el lugar adecuado en el momento adecuado y de la mano de gente adecuada. Vamos, como toda la vida. Qué te habías creído.
Un sitio montado con wordpress y un bonito copyright para que quede bien claro: Euskadi 5.0, un producto de El Correo Digital. Suena bien, ¿verdad? Vivimos de la comunicación, de ser capaces de influir en la sociedad. Por eso hay que hacer marketing y colocar en el escenario a la estrella que puedes ser. Hay que vender, es lo que hay. Lenguaje de siempre para captar a las multitudes. Grandes figuras, grandes nombres para que aprendas. Hay quien diría que es rankismo puro y duro.
Y dicho lo anterior, vayamos con lo positivo, que lo tiene. El evento cuenta con gente muy interesante, que seguro que aportará valor al encuentro. Sólo por escuchar un rato a gente tan legal como Julio Alonso o Juan Varela, merece la pena. Son las contradicciones del momento. Y, por cierto, creo que, como casi siempre, será un encuentro testosterónico. Entre la gente invitada a las ponencias no hay color: 17 hombres y 3 mujeres, según el cartel actual. Que lo disfrutes.
Si viene de María Ptqk ya es de fiar, pero creo que más allá de la persona y su trabajo, el tema merece la pena. Este jueves día 1 de octubre a las 19:00h en la Sala Amárica de Vitoria-Gasteiz se inaugura Soft Power. La exposición, así como las conferencias, proyecciones y performances tendrán lugar hasta el 6 de noviembre. Copio/pego algunos extractos del sitio donde se presenta el proyecto.
“Soft Power” es un programa de actividades culturales sobre biotecnología, una rama de la ciencia que, con los avances de la ingeniería genética, la industria farmacéutica o la agricultura transgénica, ha entrado definitivamente en la vida cotidiana. A partir de las obras de artistas, pensadores y activistas, “Soft Power” ofrece un recorrido por este nuevo territorio creativo en el que el arte y la cultura se encuentran con la ciencia, la tecnología, la economía global o la filosofía política. El programa incluye una exposición y una serie de conferencias, documentales y performances. [...]
La biotecnología, encarnada en la cultura del diseño del yo, nos devuelve al viejo sueño de la subjetividad programable, a la posibilidad de un destino dirigido por la genética y las ciencias de la vida. Con su promesa de una humanidad high-tech, abre un capítulo nuevo en la interminable discusión inaugurada por Michel Foucault en la década de los setenta sobre el concepto de biopolítica: el gobierno de las personas mediante el control de los cuerpos, las mentes y todos los aspectos de la vida, especialmente los que tienen que ver con la esfera de la subjetividad. Hoy, el mito del cyborg regresa diluido en productos de consumo cotidiano controlados por el mercado global de la bioindustria. [...]
Soft Power como propuesta se ubica precisamente en ese lugar, el de las prácticas artísticas contemporáneas que exploran los nuevos lenguajes de lo biopolítico. Prácticas que investigan el encuentro interdisciplinar entre arte y ciencia pero también las condiciones reales de las investigación científica hoy: su impacto en las formas de vida, las categorías de la imaginación que moviliza y las redes internacionales de la bioindustria.
Ayer comiendo con un amigo un arroz negro (vete tú a saber de dónde vendría y cómo se habría producido) hablamos durante un rato de la introspección y el optimismo. Me decía él, que se dedica a eso de las personas y las empresas, que detectaba hoy en día una importante falta de introspección. Suele hacer una pregunta simple: ¿cómo eres? Y dice que encuentra con demasiada frecuencia esta respuesta: No sé, eso es muy difícil. Y él continúa: Pero, ¿no deberías ser tú quien misma/o quien mejor te conozcas? Claro que eso presupone que quieras conocerte. Porque puede provocar en ti optimismo o pesimismo. Tú decides.
Tiene esto que ver con el asunto de saber o no saber. Quizá hoy en día muchas personas construimos nuestras chozas de felicidad en el territorio de la ignorancia deliberada. ¿Es mejor saber que estás enfermo?, ¿es mejor que alguien sepa que tiene una enfermedad terminal? Mejor no saber quién eres, lo que comes, lo que sientes. Mejor dejar que todo fluya, movido por grandes o pequeños hilos, propios o ajenos. ¿Para qué tomar conciencia?
¿Mejor no saber quiénes somos? ¿Es una forma de resistir o de claudicar?
Información general sobre Soft Power y calendario de actividades para este otoño. Si te acercas este jueves día 1, nos vemos por allí.
Estamos en un mundo normal.
A los cerca de mil policías de la ciudad se han sumado un batallón de combate de la Guardia Nacional recién llegado de Irak, así como 3.000 agentes adicionales de las fuerzas de seguridad estatales y nacionales. Las autoridades han desplegado alrededor del centro de convenciones muros de hormigón y vallas metálicas, mientras que varios helicópteros militares sobrevuelan la zona para prevenir incidentes.
Tan normal como que el extracto anterior tiene que ver con una cumbre que busca una nueva era de cooperación internacional.

La imagen y el extracto están tomadas de http://www.soitu.es.
Es vieja la historia de que los ríos revueltos son ganancia para muchos pescadores. Lo que sucedió con la gripe aviar volverá a suceder la porcina, ahora mejor identificada como gripe A. Luego vendrá la gripe B, luego la gripe C y así sucesivamente. Oportunidades para ganar dinero en bolsa. Los medios de comunicación, cada cual en su sitio y dueños de sus amos, contribuirán con sus habituales cajas de resonancia funcionando a toda máquina. Así que en el río revuelto de la gripe A las farmacéuticas harán su negocio. ¿Dónde se verá de forma cristalina? Pues en la bolsa, dónde si no. Allí se recogen dividendos. Y los gobiernos que gestionan sistemas de salud pública contribuirán a ello, sea con buena voluntad o con algún que otro chanchullo aprovechando que el Pisuerga pasaba por Valladolid.
Vaya por delante que no tengo ni idea de cómo funciona la bolsa. Lamentable en un ciudadano del siglo XXI. Soy un tipo muy, pero que muy conservador respecto a mis finanzas. Ahí donde me veis. Nada de incertidumbres ni riesgos ni alegrías. Soy triste, acobardado y desconfiado. La bolsa no es para mí aunque supongo que algo me debe de afectar porque aquí nadie escapa a esos nuevos dioses de la humanidad. Sí, lo reconozco: me oculto en mi ignorancia para pensar que soy inmune.
Pero mis entendederas me dan para comprender la lógica del mercado: una farmacéutica que trabaje para sus amos necesita enfermedades. Si han leído las bondades de los océanos azules, ¿cuál será su lógica? Nuevas enfermedades, beneficio seguro. Mientras no haya otro, el que llega primero da dos veces. Así que no te extrañe que Miguel Jara nos lo explique en El beneficio de crear enfermedades y ofertar los tratamientos. Es lo que hay. Un buen marketing, nada más.
Por cierto, es curioso que un tipo como Arie de Geus, tan poco sospechoso de ser rojeras, diga en La Empresa Viviente respecto a los accionistas que “obedecerlos puede no ser necesariamente lo mejor para los intereses de la empresa”. Es más, este hombre viene a decir que los propietarios (quienes ponen pasta para ganar con la empresa) no forman parte del “nosotros” de la empresa. En sentido parecido, pero desde un enfoque muy diferente, Richard Sennet en varios de sus libros hace alusión al problema del “cortoplacismo” en la búsqueda de beneficios dentro del sistema actual. Dinero y cuanto antes, eso es lo que parece regular la vida de las empresas. Vivimos en la sociedad de la impaciencia.
Así que la vida parece quedar supeditada a la bolsa. Entre la bolsa y la vida, el mundo ha elegido: la vida a través de la bolsa, la vida a través del dinero. El consumo como fuente de felicidad requiere dinero. Y las máquinas de fabricarlo son las empresas. Simple, no hay que buscar más explicaciones. El dueño es el dueño, aquí y en la conchinchina. Y si no ganas lo suficiente y en un plazo suficientemente corto de tiempo, adiós. Y en ese terreno de juego las grandes corporaciones juegan a proyectar películas repletas de guiones cautivadores basados en grandes visiones y sentido del propósito. Los dueños han dado su beneplácito si sirve para ganar más dinero.
Disculpad estos rollos, que hoy es viernes y no soy quién para andar jodiendo con estas menudencias. Como decía el otro día David, siempre te queda la opción de levantarte con ánimo, lleno de energía y decirte a ti misma/o eso de: “Hoy es un gran día. Voy a ser feliz y disfrutar. Voy a pasarlo bien y divertirme. Soy funky, soy capitalista”. Es lo que hay. Relájate y disfruta.
No cabe duda de que la empresa “avanzada” detectó hace ya tiempo que necesitaba a las personas en cuerpo y alma. “Necesitar” no quiere decir que sean lo más importante. “Necesitar” quiere decir que para los fines de competitividad las personas son elemento indispensable. Así que hace ya tiempo que se puso manos a la obra.
Por tanto, hacía falta construir historias donde las personas fueran protagonistas. Y un buen símil son las películas, ¿no? Las películas tienen “protagonistas”: son personajes que juegan un rol destacado, un rol que enseguida conecta con quien observa. Claro que una película es ficción y una empresa es ¿realidad? El management usa el lenguaje de ficción porque sabe que durante muchos años ha conectado con los sentimientos de la gente.
Sin embargo, la película dura dos horas. Y la empresa quiere más. Por eso necesita volverse camaleónica. Sabe que no va a poder ofrecer seguridad. Ya no constituye un eje vertebrador de la vida de las personas por su obsesión en los resultados de corto plazo. Lo que vale es lo de hoy. Considerado como “coste”, el “personal” (esa forma aséptica de agrupar al género humano) debe ser el mínimo posible. Es la empresa sin personas, un objetivo contradictorio pero manejable como tendencia. Productividad quiere decir hacer más con menos, donde “menos” se aplica, por supuesto, también a las personas.
Las empresas se mueven como serpientes para dar sentido a su obra colectiva. Alusiones épicas a grandes esfuerzos para grandes logros, luchas y sudor para ganar en competitividad. Porque en lo alto de la colina, al conquistar ese nuevo mercado, el ganador se lo lleva todo. Nada de win-win. A la competencia ni las migajas. A no ser que podamos llegar a un acuerdo por el que coloquemos los precios de forma pactada convirtiendo al cliente en enemigo al que, por fin, hemos logrado avasallar.
La película puede dejar unas secuelas, pero son dos horas. La empresa puede dejar otras secuelas, más profundas. Porque permanece durante mucho tiempo hurdiendo tramas en nuestras vidas. Nos desplaza de un lugar a otro en aras de la globalización, nos propone organizaciones y desorganizaciones, nos hace participar en la construcción del guión. Todo una retahíla en la que, sin embargo, no tenemos baza para hablar del final. La película parece interminable y nuestras emociones pasan por altibajos. Estamos atrapados por la trama y la empresa juega a que seamos felices ¿en la ficción?
En fin, escribir sobre la ficción y la realidad tiene que ver con mis últimas lecturas. Unes La corrosión del carácter, de Sennet, con Storytelling, de Christian Salmon, y Vida de Consumo, de Zymunt Bauman, y ya está: no sabes si habitas un mundo real o imaginario. Relájate y sé feliz.