Flores, una isla de colores
Seguimos en Azores. De Terceira a Flores, de una isla a otra, pero con matices. Flores es más pequeña, está más lejos. Y es que aquí presumen del municipio más occidental de Europa. Bueno más que municipio, fregesía, que no es lo mismo. Porque sí, esto sigue siendo Europa, en mitad del Océano Atlántico, pero Europa. Y eso que mañana sábado si el tiempo acompaña, iremos hasta Corvo. Esta isla es aún más pequeña en la escala de islas que compiten por disponer del fin del mundo, para lo cual, por cierto, da igual un continente que otro.
Estamos en ¿la capital? de Flores, un pueblecito pegado al mar y al aeropuerto. Sales de la pequeña plazoleta donde los hombres conversan al cobijo del bar o en los bancos y ya estás en el aeropuerto. Pero no molesta. Dos o tres aviones al día no molestan demasiado. La terminal es un edificio modesto, uno más del pueblo, con una pequeña salita para recoger los equipajes que salen en un cinta transportadora que no tendrá más de seis u ocho metros.
Quizá me repito, pero todo aquí parece rodar a escala más humana. Excepto la grandeza del paisaje, claro está, que reparte lagunas colonizadoras de cráteres y cascadas a partes iguales. Una orografía de desniveles pronunciados que nos dejan a los humanos en muy poca cosa comparada con esa desmesura. Orografía que reparte miradores a cientos, unos con bendición oficial y otros, seguramente los más, sin ella.
Tres días sin conexión a Internet. Pues no pasa nada, casi nada, como es más que evidente. El tiempo transcurre mientras la mirada se reparte entre la simplicidad de la vida en los pueblos y pequeñas aldeas y un horizonte azul que une mar y cielo.
Seguimos en Azores, en islas que bien merecen recorridos tranquilos porque aquí, ya lo dicen los lugareños, todo va más despacio. Ellos se refieren a la forma en que te atienden en comercios y restaurantes, pero no deja de ser toda una declaración de intenciones. Ahora que estoy leyendo El Arte de la vida de Zygmunt Bauman, puede que esta forma de vivir sea una forma como otra cualquiera de conseguir la felicidad. ¿Progreso? No lo tengo tan claro. Tranquilidad, eso seguro. Nos leemos.





Noe
04/09/2009 at 07:58Se te ha olvidado contar que en la isla de Flores, incapaces de pronunciar tu nombre y apellido, te rebautizaron como Yúlian Turbo, que suena a superhéroe de tebeo ful. Quiero dejar aquí constancia para que no se me olvide y pueda seguir pitorreándome toda la vida. Paz y amor.
Julen
04/09/2009 at 08:02Mala persona de gustos vulgares... :-p
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