Despacio
Aunque nos quieran engañar, aunque el mundo parezca dirigirse al lado opuesto, conviene ir despacio. Despacio, con ritmo, pero despacio. Para que cada paso sea diferente del anterior. Suave, sin prisa, despacio, dejando que el horizonte siga donde tiene que estar. Nunca vamos a alcanzarlo. ¿Para qué correr?
Tiempo para desayunar, tiempo. En cada acción aprendemos. Pero no conviene precipitar el acontecimiento. Que llegue antes no significa nada. El momento justo existe y todas esas veces que has llegado antes, el momento, ese momento, se te escurrió entre las manos, sin poder disfrutarlo. Y estaba ahí, sólo hacía falta dejar que llegara. Porque iba a llegar. Despacio.
Pasa un tiempo. Pasa porque no le dejamos que se quede. Le invitamos al olvido porque esperamos que detrás haya otro acontecimiento. Y cuantos más seamos capaces de devorar más creemos que hemos vivido. Pero el tiempo tenía su exigencia: dejar que sucediera. Y casi siempre es despacio, más despacio de lo que crees.
Observar es ir despacio. Respirar. Dejar que el tiempo se vaya a través de la simple observación. Perder la mirada en el horizonte. Dejar que se mueva allá, con suavidad. Despacio, despacio. No hay otra forma de apreciarlo. Despacio.




Moli
12/07/2009 at 11:50¡qué bien,Julen!. Lo que es leido (mal leído) como debilidad o vulnerable, (...) no saben muchos y muchas, que es una impresionante fortaleza. Muxuak
Noe
13/07/2009 at 08:24Encantada de verte convertido a mi religión del slow life.
Javier Bárez
16/07/2009 at 16:11Kaixo Julen Hay quien dice que uno de las maneras de buscar la felicidad es hacerlo todo despacio, moverse despacio, andar despacio, hablar despacio, escuchar despacio, y por qué no hacer el amor despacio, con tranquilidad, con tiempo, para observar, percibir todo lo que ocurre alrededor nuestro, el aire, la música, los sonidos, las personas, sus emociones, sus cuerpos. La antítesis de los "dogmas" de nuestro tiempo de prisas y cortoplacista Es hacer "elogios de lentitud", o recordando a John Franklin, protagonista de "El descubrimiento de la lentitud" de Sten Nadolny. John se descubre a sí mismo por medio de una percepción ralentizada del tiempo que concede al instante vivido toda su importancia. Un brazo