Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
Este sábado pasado compré “Corrientes fundamentales en psicoterapia“, un manual clásico escrito hace ya tiempo por Jürgen Kriz y reeditado ahora en Amorrortu Editores que describe las principales vías de abordar la intervención psicológica con una persona. De un tiempo a esta parte ando dándole vueltas a esa comparativa entre persona y organización a la que tantas veces acudimos para tratar de comprender cómo funciona un sistema. Y, desde ese punto de vista, sacar pistas para decidir cómo intervenir en él.
Jürgen Kriz agrupa cuatro grandes corrientes de intervención en psicoterapia: desde la psicología profunda, desde el humanismo, desde el enfoque conductual y desde la perspectiva sistémica. ¿Es una mejor que otra? Seguramente que cada caso podría requerir una intervención particular. Y, además, por otra parte, hay que tener en cuenta la preparación de quien se pone manos a la obra.
Comento esto porque de vez en cuando suelo utilizar una diapositiva en la que muestro una comparativa entre elementos del sistema “humano” y elementos del sistema “empresarial” (si alguien conoce la fuente, lo agradeceré, porque no sé muy bien de dónde lo saqué). Hay una lógica de intervención bastante evidente en tanto que cuando afrontas una terapia individual, son múltiples las posibilidades de abordar el problema y, a su vez, muchos los elementos sobre los que podríamos actuar.
Maite Darceles dedica una parte de su libro Guías para la transformación a proponer enfoques de intervención en las organizaciones. En el Foro Itaca es uno de los temas que comentamos en la última reunión. Si lo releyéramos desde la perspectiva psicológica cabría considerar que su propuesta es fundamentalmente de abordaje sistémico aunque con rasgos de las otras corrientes. ¿Os parece útil este tipo de comparaciones?, ¿puede ayudar a enfocar una intervención en la empresa?, ¿pasa todo ello por reconocer organizaciones enfermas? Hay que tener en cuenta que todo esto proviene del enfoque “terapéutico” donde un buen predictor de éxito radica siempre en reconocer el problema o limitación inicial. Y no sé si esto suele suceder.
Tengo entre manos ahora un proyecto donde se reconoce una situación a mejorar que tiene que ver con múltiples factores. Surge de ciertos datos que evidencian el problema. Hay, por tanto, un reconocimiento explícito. Pero dicho esto, la cuestión es cómo intervenir. Y hay múltiples opciones, desde la psicología analítica de Jung a los enfoques de la teoría del aprendizaje y el abordaje cognitivo, pasando por planteamientos de psicoterapia de diálogo y centrada en el cliente de Rogers o de carácter más sistémico. Múltiples posibilidades, desde luego.
No cabe duda de que las investigaciones en torno al funcionamiento de las comunidades online son bienvenidas. Miguel Cornejo anda ahora enfrascado en una y creo sinceramente que merece la pena que le echemos un cable. Este tipo de actividades siempre son bienvenidas y quienes trabajamos en temas de investigación sabemos de lo complicado de conseguir un nivel adecuado de respuestas. Por eso os agradecería si aportáis vuestro granito.
La puesta en marcha y dinamización de comunidades online en las organizaciones es territorio complejo, con muchas variables que condicionan su éxito o fracaso. Por medio intervienen aspectos de cultura, de habilidades en las personas que la animan o de motivaciones de los usuarios. Pero no hay que olvidar asuntos relacionados con la propia tecnología utilizada para dar soporte a la comunidad: su facilidad de uso, la percepción del beneficio que reporta con relación al coste de intervenir, etc.
En esta ocasión, Miguel se plantea centrar la investigación de esta forma:
El Estudio pretende conocer algunos aspectos fundamentales del funcionamiento de las comunidades online en nuestro país. A diferencia de otros estudios centrados en participación o impacto publicitario, queremos centrarnos en las organizaciones que las usan: las áreas desde las que se promueven, los objetivos que se plantean, la forma en que crean y capturan valor, el grado en que cuentan con el respaldo de la organización, el modo en que evolucionan, el ecosistema en el que se mantienen.
Para contribuir con tus experiencias sólo tienes que pasar por el sitio de la encuesta y animarte a contestarla. ¿Estás trabajando alrededor de alguna comunidad online? Pues anímate y contribuye con tus respuestas.
Tenía pendiente compartir la charla que di con motivo de la puesta en marcha del cluster de turismo de Canarias. Edu William, alma del proyecto, me dio la oportunidad de darle un par de vueltas a un enfoque diferente de cluster. A partir de ahí creo estar viendo nuevas posibilidades de colaboración de la mano de las redes heterogéneas. En fin, si os apetece, podéis escucharlo. Va en cuatro entregas. Está también disponible en la web del cluster de turismo.
Escrito el 28 de junio, 2009 por Julen en Escapatoria
Al fondo del pasillo se escuchaban ruidos. La puerta estaba cerrada pero eso no impedía escucharlos. Bien que no se distinguían las voces con claridad, pero era evidente que estaban discutiendo. El pasillo apenas si daba pistas. Un pasillo más. Quizá algo más estrecho de lo normal. Un rodapié color crema unía el suelo ya desgastado y la pared. El papel pintado era de los de antaño, soso, vulgar, sin más función que la de ocultar las vergüenzas que salpicaban la pared.
A ambos lados del pasillo las puertas. Sólo puertas. Detrás nada más que la imaginación. Porque ella nunca había abierto aquellas puertas. Sin embargo ya lo había supuesto todo; de cada persona, de cada inquilino. Había dibujado personalidades y había jugado a manipularlas. Eran creación suya, al margen de que tuvieran vida propia. Ella había asignado nombres, hechos, pruebas, coartadas. ¿Por qué no? Cada cual debía tener una razón. Las cosas no suceden nunca porque sí; por tanto, había que componer una escena, el resultado de una cadena lógica de acontecimientos. Aquellas personas, todas ellas, necesitaban una vida que justificara todo aquello.
Las voces llegaban a veces a ser gritos. Pero al rato recuperaban un tono más sinuoso y ordenado. Una especie de monólogo de voces que requería de algún grito que otro para dar coherencia a la escena. La puerta cerrada. Blanca. Detrás la ficción hecha realidad, la mezcla turbia de deseo y frustración. Dos personas desde sus camas. Porque ella quería que así fuera la historia. Las postraba en cama para que las escenas sólo ocurrieran en la imaginación. Pasar a cumplir los deseos era chocar con el mundo y herir a demasiada gente. La puerta sólo cerraba el paso a lo que había sido diagnosticado como trastorno obsesivo compulsivo. Pero eso es lo que dice el curandero, que se creía cuerdo. Pobre imbécil. Ella le había descubierto.
Mucha gente, mucha gente para lo que era costumbre en nuestros talleres. Y muchas caras nuevas. ¿Será el tema?, ¿será la simple cuestión de conocernos? Supongo que de todo hay. Aprendizaje informal y conocimiento compartido.
Ya sabíamos que montar un taller sobre propiedad intelectual muestra sus numerosas aristas. Hay personas muy sensibles con la cuestión entre quienes escribimos en la web social. Y estuvo muy bien que tuviéramos la aportación de profesionales del derecho. Para mucha gente activa en Internet pueden resultar gente lejana y algo tostón. Pero no cabe duda de que su labor ha sido y es muy necesaria para desbrozar el farragoso mundo de la propiedad intelectual cuando fluye por Internet como nuevo medio de difusión del conocimiento. En este sentido, estupendo que estuviera gente como por ejemplo Jorge Campanillas.
Crear, crear, ¿somos creativos? ¿Recombinamos porque no hay otra opción? ¿Todo está conectado con algo previo o hay algún tipo de creación original? Los blancos o negros quedan fundidos en amplísimas gamas de grises. Hay que hilar muy fino. Pero cuanto más podamos reutilizar, mejor, porque más podemos aportar y avanzar. Pero todo esto ya no es igual desde que realizamos un uso masivo de Internet.
De los muchos asuntos que tratamos, hay una cuestión sobre la que me gustaría incidir: la presión que la ciudadanía debe hacer a las instituciones para que legislen contra los abusos de las empresas que “captan” usuarios. La web social basa su arquitectura en el valor de uso, lo que supone que cuantos más usuarios, más valor. La conclusión es clara: necesitan millones de usuarios. Google era el ejemplo, pero feisbuk y el resto de redes sociales lo son aún de forma más evidente.
¿Por qué no nos leemos las condiciones de uso de los contratos que aceptamos? Por una estupenda obra de ingenería social. Por cierto, que os recomiendo para sensibilizaros con este asunto la lectura de La sociedad de control de Jose F. Alcántara. Bueno, a lo que iba. Que esos contratos están pensados para que hagamos click sin leerlos. ¿Por qué no obligar a que habiliten una versión “humana” de esos contratos? Si Creative Commons lo ha hecho con iconos y simplificando mensajes para que sepamos qué estamos haciendo, ¿por qué no lo pueden hacer esas grandes compañías cuya ansia fundamental es conseguir adeptos? Me sirve la misma táctica para las operadoras de telecomunicaciones. El lenguaje administrativo farragoso de esos contratos es un gran diseño que consigue perversos resultados: que no leamos esa información que es tan importante.
Quizá mientras tanto debamos hacer nosotras la simplificación y presentarla para quien quiera leerla de forma más sencilla. Txipi nos explicó un trabajo que ha llevado a cabo con sus alumnos en la Universidad de Deusto. Han estado analizando lo que dicen esos contratos que no leemos. Me parece muy importante difundirlo. No sé a cuántas personas llegaremos, pero merece la pena hacer visible lo invisible, sobre todo cuando supone traficar con nuestra información. En cuanto tenga ese material, lo difundiremos por aquí.
En fin, que el taller reunió a más de 30 personas. Un detallazo que se acercara Javier Leiva desde Manlleu. Quizá podamos hacer otro taller por allá algún día. Además, la cobertura mediática propia subió enteros. Estuvimos emitiendo a través de Ustream gracias a Josu Garro y a las labores de Sergio Monge al frente de la cacharrería. Por supuesto, también se anduvo twitteando el taller. Y la guinda: la gente de Nickdutnik se vinieron a grabar buena parte del taller. Luego todo continuó alrededor de la mesa de un bar, como siempre.
Si quieres seguir las crónicas, ver fotos y demás material, lo tienes todo en la wiki de Aprendices en la página del taller.
Ah… la bomba final, las malas lenguas dicen que Txopi estuvo trabajando en un entorno Windows (hay pruebas gráficas, pero para no atentar contra la honorabilidad del sujeto las mantenemos ocultas) :-p
Para medir hay que controlar y para controlar hay que formalizar. Si queremos que la gente aprenda a usar tecnologías nuestro sistema educativo está preparado para aplicar el rodillo PDCA. Pero esto no obvia para que reconozcamos que hay otras formas a veces más poderosas de aprendizaje. Son las que tienen que ver con el contacto informal y que se sustentan en que “alguien quiere aprender algo”.
El caso es que nunca como hasta ahora se había podido aprender de forma tan fácil. ¿Por qué lo digo? Porque podemos acceder a tantos estímulos que es fácil encontrar en ellos la fuente de aprendizaje. No es tanto que el “método” de aprendizaje sea el correcto sino que, pudiendo acceder a personas y contenidos, aprender es “cosa de niños”. Eso sí, hay que buscar referentes para interiorizar, pero, como digo, hay muchos donde elegir.
¿La tecnología interesa? Como es lógico, esto se aplica a una pequeña parte de la población. La mayoría de las personas “usan” tecnologías, pero no les otorgan valor en sí mismas. Para eso hay otra gente, sesuda y preocupada, que toma ese rol. Pero dar valor a la tecnología frente al simple uso es cuestión delicada. Nos hemos acostumbrado a que las cosas valen en tanto su uso nos reporta beneficios. No importa el producto y sus características sino, en términos de marketing moderno, la “experiencia que nos genera”. La tecnología, desde ese punto de vista, cuanto más transparente, cuanto menos se note, mejor. Qué gran invento, qué gran perversión.
Pero las tecnologías no son inocuas. Hoy usar Google es un estándar. La tecnología es tal que muchas personas acceden a una url pasando por la caja tonta del buscador. Google actúa de intermediario y me ofrece la url que yo ya sabía. ¿Acaso a alguien le importa? Bueno, según tu configuración de Google, puedes estar proporcionando la mejor de las materias primas para que se comercie contigo: información. Este es el maná del primer mundo en el siglo XXI. Porque, claro, en el tercer mundo no hay que olvidar que el maná es la electricidad. Pero aquí el comercio se basa en información digital. Y, efectivamente, somos productores intensivos de información, lo quieras o no.
¿Por qué comento todo esto? Porque el aprendizaje informal, ese que sucede cada día, pasa por lo digital. Y entonces sucede que lo que allí se produce, tan natural, tan despegado de juicio crítico, no es tan inocuo. Las personas jóvenes se socializan en lugares donde la moneda de cambio es la información. No son conscientes, quizá no les importe porque bastante hacen con pasarlo bien. Lo hicimos nosotros los cuarentones, lo hacen ellos y lo harán quienes vengan después. El acto en sí de compartir en un lugar que te proporciona dinámica relacional es suficiente. Allí se aprende lo bueno y lo malo. Un aprendizaje poderoso e incontrolable al 90%. No porque no se pueda sino porque no interesa. Porque el rastro de información que dejan esos aprendizajes informales en lo digital se usa, en la inmensa mayoría de ocasiones, para generar consumo. Ahí están los estilos de vida, ahí la información para traducirse en consumir y consumir. Chaval, tú verás.
Hay quien me dice que mi visión de la “empresa” es muy limitada, que caben marcos más amplios, que no todo el monte es orégano, que dentro de esos límites se pueden y deben mejorar muchas cosas. Claro que mi vida profesional ha transcurrido durante doce años allá dentro y todavía hoy vive condicionada en gran parte por esto que llamamos “empresa”. Cada cual habla desde sus experiencias y la forma en que las va interpretando.
Ya he escrito muchas veces por aquí sobre si hoy en día las empresas hacen falta o no. Sigo pensando en el derrumbado criterio de los costes de transacción de Ronald Coase. Por eso, para no repetirme, me remito, entre otros, al artículo ¿Necesitamos empresas? Pero, a lo que íbamos. Yo voy a seguir metiéndole caña a la idea actual de empresa, de esas que suponen más del 90% de lo existente, porque creo en otros modelos de organización.
Amalio A. Rey manejaba de forma muy inteligente la idea de empresa como “buffer de seguridad”. Claro que cuando se lo preguntas a los ex de Altos Hornos de Vizcaya o a la gente que trabaja en automoción hoy en día, el supuesto buffer está en cuestión. La “seguridad” de la nómina mensual es ahora una ilusión. Y cuando deja de ser realidad, el panorama es dantesco porque las personas se han hecho empresa-dependientes y han perdido buena parte de su capacidad original de “buscarse la vida”.
Una empresa con máquinas consigue otra ilusión percibida: como hay máquinas a las que alimentar hay trabajo. La máquina necesita materia prima y mientas haya piezas que fabricar, el binomio máquina-empresa proporciona cobijo al humano, que vive no ya esclavo de la propiedad sino del proceso de trabajo. Esta idea de “dar de comer” a la máquina es una perversión en sí misma por cuanto remite la seguridad a un factor ajeno a la propia persona. Sobre la empresa como organizacional maquinal, podéis leer Guías para la transformación (pdf descargable), el libro de Maite Darceles. Ella lo explica mejor y con más detalle.
En la empresa industrial parece que los árboles no dejan ver el bosque. Hace falta inversión para que nuestra mano de obra tenga ocupación y consiga su ración de seguridad. Ese trabajo físico que desprende olor a taladrina garantiza que hace falta la “entidad” empresa. ¿Cómo las personas van a fabricar si no hay un inversor capitalista o un grupo de cooperativistas que decidan que allí se puede ganar dinero? Además, la máquina genera dependencia: hay máquina luego hay trabajo. No hay máquinas, pues no hay trabajo. ¿Dónde queda el trabajo con nuestro cerebro y con nuestro corazón? ¿No hay trabajo si no hay máquinas? ¿Sólo hay trabajo “de verdad” si hay máquinas de por medio?
Por otra parte, en las empresas siempre hay que hablar de los sistemas de gestión. ¿Quién y cómo se decide? Comienza el tortuoso viaje para hacer posible lo imposible de explicar. Las personas son segmentadas según jerarquías, sean organizativas y falsamente aplanadas, o sean retributivas y salvajemente agrandadas. La cuestión es que se separa el pensar del hacer. La complejidad en la toma de decisiones y en la gestión en general requiere el desmenuzamiento humano: tú esto, tú esto otro, aquél tal cosa y así hasta donde haga falta. Luego, claro está, recuperar todo eso en la ventanilla única es imposible. La persona ya ha sido troceada y no hay cirujano que recomponga la fisiología al completo… y mucho menos el corazón.
No cabe duda de que seguimos que tener trabajando con lo que tenemos: empresas. Pero los condicionantes son demasiados. Por ejemplo, ¿cómo tratamos a las personas que se incorporan al mundo laboral? Se está produciendo, me temo, un choque generacional que produce un daño irreparable. No vamos a disponer de una segunda ocasión para causar la primera impresión: todo ese ejército de mileuristas es una bomba de relojería que va estallar en las manos de la empresa, de la empresa oficial tal como la concebimos. Nadie en su sano juicio querría algo así.
Así que la realidad de las empresas se define sobre todo por:
su pretendida unidad de funcionamiento: visión, misión, valores y objetivos
su perímetro de producto/mercado, que define en qué hay que andar metido y en qué no
su perímetro de seguridad física, mediante el que recibimos instrucciones de qué está permitido puertas adentro y qué hay que cuidarse compartir puertas afuera
su sistema de toma de decisiones falto de democracia, supeditado al objetivo final de ganar dinero
su necesidad de competir contra el vecino, que conduce a las prácticas que hagan falta (luego podemos ver las multas a diversas empresas, la producción en países del tercer mundo con personas mano de obra barata y todas esas menudencias que la comunicación corporativa se encarga de tapar)
Y dicho todo lo cual, las empresas siguen aquí. Desde hace muchos, muchos años. Son una institución de hondo calado social. Como el estado, el ejército o la religión. ¿Son el futuro? Si tuviera 20 años buscaría alternativas. Pero como tengo cuarenta y cuatro, pues también.
Este viernes realizaremos el octavo taller de Aprendices. Tratará sobre propiedad intelectual, con esta lista de temas previstos:
Derechos de autor y propiedad intelectual.
Licencias, desde el secreto/copyright hasta el dominio público/copyleft.
Cómo buscar y tratar contenidos abiertos.
El procomún y los derechos de autoría.
Redes sociales y propiedad de los contenidos.
El negocio de los contenidos y la piratería.
¿Cuándo y por qué pagar por contenidos?
Recursos en Internet donde compartir tus creaciones: bubok, jamendo.
OpenData: reutilización de datos públicos.
Ahora que ando releyendo -lo que en mi caso quiere decir re-subrayando lo subrayado- El artesano de Richard Sennet, me viene muy a cuento para explicar la idea que está detrás de estos talleres. Tomaré ideas prestadas de este libro.
Sennet dedica el segundo capítulo de su libro a la idea de “taller“. En Aprendices es evidente que compartir conversación en torno a lo que sabemos y lo que no sabemos es fuente de conocimiento. Pero no sé si el “qué” acaba perdiendo terreno frente al simple hecho de reunirnos. Aprendizaje informal en estado puro. Siempre parece necesitarse una disculpa, pero lo importante tiene que ver con la relación cara a cara. Esos contactos generan autoridad y permiten autonomía, dentro de un marco ético (pág. 73 y 81):
Más satisfactoria es la siguiente definición de taller: espacio productivo en el que las personas tratan las cuestiones de autoridad en relaciones cara a cara. [...] Para emplear esta definición necesitamos tener en cuenta el antónimo de autoridad: autonomía, trabajo autosuficiente realizado sin interferencia de nadie. La autonomía tiene su propio poder de seducción.
[...] Tener “autoridad” es algo más que ocupar un lugar honorable en una red social. Para el artesano, la autoridad reside igualmente en la cualidad de sus habilidades. Y en el caso del orfebre, las buenas habilidades que establecía la autoridad del maestro eran inseparables de su ética.
Han sido ya siete talleres. Ha habido de todo, incluyendo estrella invitada, como fue el caso de Fernando Tricas. También los hubo sobre RSS, HTML, escritura en blogs o presentaciones. La mayoría son simples de comprender: un tema que parece que concita interés suficiente, un día, una hora y un local. Hemos estado en la Universidad de Deusto, en un centro Konekta del barrio de San Francisco en Bilbao y en Hikaateneo. Nos buscamos la vida, sin más. Somos orfebres itinerantes (pág. 80):
A pesar de que los orfebres adultos constituían algo semejante a los modernos trabajadores flexibles, que se desplazan a donde hay trabajo, los miembros de los gremios forjaron un fuerte sentimiento de comunidad.
Este viernes hay una larga lista de gente inscrita en el taller. El colectivo de Aprendices se amplia, con límites difusos. Sólo hace falta querer compartir lo que se sabe. Siempre hay elevadas dosis de informalidad en etos encuentros porque lo último que pretendemos es establecer distancia entre quien enseña y quien aprende. Muy al contrario, lo que buscamos es fundir intereses (pág. 85):
En resumen, el artesano medieval era al mismo tiempo hermano y extraño para la mirada actual. Su trabajo era migrante, aunque también procuraba estabilidad mediante la habilidad compartida. La conducta ética estaba implícita en su trabajo técnico. Su oficio requería participación activa, como una práctica clínica.
Así pues, si te apetece, date una vuelta este viernes a las 15:30. Ya hay 34 personas inscritas. Gente de procedencia diversa y con ganas de compartir su tiempo. Es la idea que nos explica Sennet del taller como “espacio social” (pág. 96):
Los talleres, hoy como ayer, han sido y son un factor de cohesión social mediante rituales de trabajo, sea el de compartir una taza de té, sea el del desfile de la ciudad; mediante la tutoría, sea la formal paternidad subrogada del medievo, sea el asesoramiento informal en el lugar de trabajo; o mediante el hecho de compartir cara a cara información”.
Más entradas en este blog sobre Aprendices y su dinámica:
Las tecnologías de defensa y vigilancia, el desarrollo de las policías privadas, las urbanizaciones fortificadas, las videocámaras repartidas por la ciudad, la medicina preventiva, son la expresión de un miedo en el sentido común. No será, por tanto, un miedo generado por la “turbación de los sentidos”, sino producto mismo de la sociedad de la información y la paradoja de una ideada transparencia tanto más opaca cuanto más trata de representar su nitidez.
Escrito el 21 de junio, 2009 por Julen en Escapatoria
Le miraba con fiereza, sin gruñir en exceso. La mirada, eso era lo que le tenía paralizado. El perro le miraba fijamente, con un hilo de baba que le colgaba de la boca. Allí se adivinaban los dientes, blancos, asidos al gruñido.
El camino era angosto, casi cegado por los helechos y las zarzas. Apenas paso para una persona. Ninguna alternativa, ni a un lado ni a otro. Un suelo algo resbaladizo no tanto por las lluvias sino por la niebla, casi permanente en esa zona de la montaña. Un lugar apartado, un sendero olvidado en un monte cualquiera. Un lugar anónimo. Mal sitio para el encuentro. Nunca antes se había topado con un perro allí.
El corazón le golpeaba infame con cada latido. El pánico, por fin lo había encontrado. Un pánico atroz, inmenso, que se fundía con su persona. El perro estaba allí enfrente. Un primer paso adelante, aún sin ladrar, pero elevando el volumen de su gruñido aterrador. Un segundo pasó y saltó.
Se le veía tranquilo y feliz, relajado. Jugueteando con su dueño, el perro ladró de nuevo y siguió su camino, alegre y satisfecho.
Tenía apuntado entre mis deberes retomar la senda de las 27 preguntas. Me ha venido de perlas la conversación con Jesús Fernández y Yuri Noda a cuenta del artículo “La empresa como factor limitante” para retomarlas. En la lista de preguntas se formula una en positivo, que hace la número siete. Dice concretamente: ¿Qué otro tipo de creencias, supuestos mentales, enfoques, conceptos… pueden facilitar una transición hacia otras maneras de hacer empresa? Pues allá vamos con cinco modelos mentales para avanzar hacia empresas diferentes.
Olvidar la lógica de mercado y potenciar la lógica de la química entre personas. Es una idea derivada de la teoría de redes: me importan más las conexiones que los nodos en sí mismos. Esto es un cambio radical, por supuesto. Porque los negocios miran a su mercado, sus competidores, sus competencias nucleares y todo eso. Si abandonas esa lógica y te guías más por la de la conexión emocional entre personas es seguro que vas a conformar otro tipo de organizaciones. Las personas ya actuarán con sentido común, pero comprometidas entre sí, con lazos fuertes alrededor de proyectos propios.
Desarrollar actividades para navegar con gusto en la incertidumbre. Creo que es una de las competencias básicas para los tiempos que corren: disfrutar con no saber lo que va a pasar. Si aceptamos que la complejidad limita sobremanera nuestra capacidad predictiva, entonces no queda sino aprender a trabajar en la incertidumbre y disfrutar de ella. Lo que está por venir llegará y gozar del camino parece una actitud sana mental y emocionalmente, ¿no?
Tiempo y espacio disponibles sin apenas restricción. Tiempo y espacio son restrictores de la actividad empresarial. Cuanto menos tiempo tardas en hacer algo, más competitivo eres. Cuanto menos espacio utilizas, más de lo mismo. Pero las distancias físicas empiezan a ser irrelevantes si lo que movemos son objetos digitales que luego podrán volver a convertirse en átomos. Por su parte, el tiempo es factor irrelevante en la sociedad del conocimiento: pensamos las 24 horas del día, incluso dormidos. Somos seres capaces de desarrollar actividad 24/24.
Recuperar la lógica del artesano: diseñar y hacer es lo mismo. Si queremos que las personas se apropien de lo que hacen y pongan en ello los cinco sentidos y también sentimiento, tenemos que utilizar el enfoque artesano. Pero con herramientas del siglo XXI y colaborando en redes sobre las que basar la competitividad. Como dice Richard Sennet, “las habilidades innatas sobre las que se basa la artesanía no son excepcionales; por el contrario, las comparte la gran mayoría de los seres humanos más o menos en la misma medida”. Es decir, que “conviene no hacer juicios sobre el destino y estimular el organismo humano todo lo posible”. Tenemos potenciales artesanos con nosotros, sólo hace falta dejar que lo sean.
Abandonar la lógica de la visión, misión y valores como “rasgos empresariales de unidad”. Es mejor un mínimo común denominador y luego explotar las diferencias. Si de verdad una empresa quiere innovar lo peor que puede hacer es que sus directivos se pongan a ello. Va a ser más de lo mismo con alto grado de probabilidad. Tenemos que buscar en las zonas fronterizas y en la falta de consenso. Es algo así como coger las ideas que no caben en la ortodoxia del consenso e introducir tensión creativa. La lógica del consenso busca estabilizar, pero puede que no sea ésta una característica deseable de las empresas.
Las empresas que están detrás de esta lógica diferente no son fácilmente predecibles. Quizá sorprendan, quizá den giros inesperados y tengan que cambiar de CNAE cada año. Serán organizaciones basadas en seres humanos, en tanto que individuos y en tanto que colectivos. Las imagino recreando sus proyectos en función de una pluriarquía que las conduce por nuevos territorios. Se modifican con el tiempo, son pequeñas unidades altamente competitivas, difíciles de medir y donde los organigramas son imposibles.
La serie completa de las 27 preguntas, de la que llevamos seis, la puedes localizar a través de la etiqueta 27-preguntas de este blog.
El lunes 15 me pasé un momento por la presentación que Disonancias hacía de los proyectos de su última edición. Se trata de un programa que conduce a territorio común a artistas y empresas. Según parece no conforman un oxímoron, qué cosas. Tuve la ocasión de ver el documental preparado por Pernan Goñi y su equipo. Entretenido y suficientemente explicativo del proyecto.
DISONANCIAS busca, en el largo plazo, transmitir a la sociedad la importancia de desarrollar entornos creativos y extender la cultura de la innovación en todas sus vertientes, además de promover la responsabilidad social de las organizaciones y el compromiso de los artistas con la sociedad. La plataforma entiende la innovación, no como un fin en si mismo, sino como una herramienta para cambiar formas de actuar, actitudes y valores.
Julen… ¿por qué muchas veces das un enfoque tan pesimista de las organizaciones? Una cosa es ser crítico… OK… Es tu rol eso de ser “provocador”… pero … ¿Te has cansado de tratar de cambiar haciendo cosas?
Pues va a ser que sí. Al menos respecto a cierto tipo de empresa. La idea de fondo es simple y ya la he planteado aquí más de una vez: ¿la empresa potencia o limita nuestras capacidades? Van unas cuantas andanadas. Sé que no puedo generalizar, pero creo que lo que explico a continuación está demasiado extendido.
Las empresas son conservadoras porque su referencia fundamental es la cuenta de resultados anual. Hay que ganar dinero y hacerlo rápido. Demasiada presión en la máquina.
Las empresas buscan “perfiles” y no “personas”. Si tu capacidad excede al perfil, eso juega en tu contra. La empresa te quiere en tanto que te aproximes a una limitada concepción de la persona: la que proporciona el perfil.
Las empresas consiguen minimizar la diversidad humana al tratar de unir al rebaño en un redil espiritual muy elaborado: el de la visión, misión, valores y todo ese rollo. Esta uniformización trata de eliminar divergencias. La empresa teje, sobre todo, fuerzas centrípetas.
Las empresas no tratan bien a las personas que comienzan a trabajar en ellas. Siguen provocando un daño irreparable al causar una primera impresión lamentable. En demasiadas ocasiones ese primer contacto con el mundo empresarial te acompaña como poso de desconfianza ante lo que te “vendan” desde la empresa. Hay que estar prevenidas.
Las empresas no son apetecibles para las nuevas generaciones como lugar donde compartir y potenciar relaciones sociales. La “vida de verdad” sucede fuera de ellas. En su interior han emergido unas reglas de competitividad y eficiencia dantescas: ahora con la crisis las cartas están boca arriba, ahora se hace evidente que las personas son recursos prescindibles.
¿Me paso con mi vaso medio vacío? Pues dicho todo eso, creo que hay mucha ilusión por construir proyectos compartidos. El problema es si la empresa es la forma a través de la cual plasmarlos. Y… va a ser que no.
Sin embargo, la empresa es sólo una de las posibles maneras de organizarse y responde a una asignación de responsabilidades delegada, reglada y normalizada. Las leyes sólo nos permiten, prácticamente, conseguir ese dinero nuestro de cada día convirtiéndonos en empresa. Como empresarios o como trabajadores debemos participar de esa figura organizativa para salir adelante. Es difícil imaginar una alternativa; pero toda lógica lleva a pensar que debe haberla. Las invenciones humanas siempre han tenido fecha de caducidad. La clave debe de residir en el adjetivo: 2.0 o abierta, más que en el sustantivo: empresa.
Retorciendo más el argumento de Miquel, los adjetivos empiezan a configurar un oxímoron con el sustantivo al que acompañan. Espero que seáis felices en vuestras empresas. Pero yo me quedo con la posibilidad de hacer algo distinto, como el mismo Miquel explica:
Creo que ya somos bastantes los que pensamos que esto es así. Los que creemos que podemos llegar a organizarnos de manera abierta y colaborativa; pero que para poder disfrutar de ese juego hacker de trabajar de manera distribuida, para transformar nuestros entornos de trabajo, para divertirnos en nuestros proyectos, para ganar dinero con honestidad sin tener que renegar del tiempo que empleamos en conseguirlo, necesitamos algo más que la empresa… y también romper con esos rígidos y prácticos moldes conceptuales que nos impiden ver algo más que empresas y derivadas como única manera de entenderse. Nada de transitar a la empresa 2.0. Empezar de nuevo con todas estas posibilidades que la red nos ofrece.
A veces la gente ya es eficiente, pero la empresa no deja que lo demuestra. Por eso “la motivación la traigo de casa; el trabajo ya se encarga de quitármela”. ¿No os suena la frasecita?
Dice Ramón Sangüesa en su blog hablando de la experiencia de compartir Citilab con la gente de a pie:
Estamos, pues, al principio de los principios puesto que nuestro tozudo objetivo es ayudar a los ciudadanos de a pie a convertirse en creadores e innovadores desde la tecnología. Y estamos trabajando sobre nuestra forma de trabajar para conseguirlo. Lo que incluye sistematizar un método de trabajo desde y con los usuarios.
Creo que si Citilab quiere completementar el modelo de Living Labs es importante desarrollar una aproximación propia y probada por la práctica de codiseñar sus actividades con los propios ciudadanos. O nos vamos a quedar en el típico telecentro de cursos y más cursos.
El mundo lo cambiamos con ideas y con hechos. Hay quienes se manejan mejor en las ideas y quienes se ven mejor en el torrente de la acción. Unas personas y otras hacen falta. Pero todas ellas necesitan un campo de experimentación activa, sea en un mundo imaginario o toqueteando la realidad.
LEINN arrancará el curso próximo y se enfrenta al reto de educar haciendo. ¿Será LEINN un Citilab universitario? No tengo claro cuál será el papel de la tecnología en el emprendizaje de equipo que traerá consigo el nuevo grado. Habrá que estar atento. Provocará conflictos y habrá que resolverlos. Si algo me queda claro es que LEINN va a traer bronca a la universidad, un conflicto necesario porque hasta la fecha el alumno “recibía clases” y ahora desemboca en un ecosistema turbulento donde hay que mojarse el culo para coger peces.
El diseño de LEINN sólo tiene sentido en la práctica. Es importante que las personas que aprenden (antes llamados alumnos) tomen las riendas de esta parte de su existencia: la de aprender. El laboratorio-aula y el entorno sobreprotector de la universidad van a estallar. No van a poder resistir la presión. Va a resultar una prueba de verdad para todas las partes implicadas. De momento las movidas tipo Ametsen Ekaitza ya son una primera prueba.
¿Debería quien aprende diseñar la forma en que hacerlo? Suelo decir que tú eres la única persona que se va a pasar contigo toda tu vida. Habrá ocasiones en que tengas que espabilar. Y de acuerdo en que necesitamos equipo y gente alrededor. Pero piénsatelo bien: sólo tú vas a permanecer contigo cada minuto de tu existencia.
Va una primera conclusión del experimento en que os preguntaba por estilos de liderazgo. Por supuesto que habéis matizado fino y en la dirección correcta: depende de muchos factores. ¿Hay un estilo mejor? ¿No deberían evolucionar con el tiempo? Porque las cosas cambian y requieren enfoques diversos. Todo eso es cierto. Pido perdón de antemano porque lo mismo pensáis que los tres párrafos siguientes van con bala, pero nada más alejado de la realidad. Son sólo palabras con argumentos y como tales sujetas a rebate.
La puntuación más baja la recibe eso de que “cada cual ya tiene su proyecto” y es líder del mismo. Parece muy difícil asumir que cada cual tenemos nuestro proyecto y que la empresa puede ser el lugar donde lo llevamos a cabo. Eso no es de este planeta empresarial. Bueno, con alguna honrosa excepción. Quienes “acometen una empresa” es habitual que se lo planteen como un reto, una especie de realización personal, de esfuerzo por el que merece la pena hacer algo. Para este tipo de gente no hay líder que valga. Pueden tener sus referentes, pero ya se encargan ellas mismas de generar la energía suficiente. Llevan dentro el liderazgo que necesitan.
La empresa aparece, por tanto, como el mínimo común denominador de un conjunto de personas. No ya un factor potenciador de las capacidades e ilusiones de la gente sino como un modesto factor común que lima pasiones y dota de sentido racional al proyecto. Vamos, que le quita emoción y lo deja en mercados, productos, servicios, procesos, sistemas de gestión, auditorías y toda una retahíla de asuntos aburridos. Un rollo, vamos. Un rollo al que es muy difícil enchufarse por soso y falto de vida.
Así que las personas tenemos una doble vida. En la profesional hacemos lo que tenemos que hacer. En la nuestra, la que nos pertenece, hacemos lo que nos gusta hacer. Lástima que ambas vidas no coincidan, ¿verdad? Las empresas juegan en desventaja porque ven individuos que trabajan. Pero las personas son mucho más. Y es precisamente en este “mucho más” en el que reside, creo, el talento, el compromiso y la ilusión. Todo ello fuera de las empresas. Que tengáis buena semana.