Las llaves sonando por el pasillo. Había dos alternativas: o cagarse de miedo o aguantarse la risa. El prefecto de disciplina hacía sonar sus llaves por el pasillo. Era el anticipo de su presencia. La figura de autoridad necesitaba teatralizar su función.
Bata blanca. Básicamente un cabrón. Claro que eso lo entiendes con el tiempo. En el momento de suceder los hechos era simple tensión escénica. ¿Miedo? Podía ser. Hoy es fácil comprender cómo nacen los traumas. Freud se frotaría las manos con la capacidad de producir clientes que tuvieron aquellos colegios.
No volví a pisar aquel patio. Tampoco quiero cargar las tintas, pero nunca más volví a pisarlo. Las filas antes de entrar a clase y el timbre. Una imagen. El orden, el orden ficticio de unos niños -sólo niños- encarcelados en unas filas que conducían a las aulas. Educación que con sangre entra. Amplia gama de castigos.
El colegio sigue allí. Perímetro de seguridad con vallas altas. Dentro es dentro, con una insalvable frontera que separa las aulas de la realidad. Y allí hablan de valores, de espíritu. Hablan hasta de amor. Educan. Qué miedo. Y no es físico, claro. El miedo es libre y corroe la imaginación.
En Bilbao mucha gente conoce el bar EME. ¿Por qué? Por sus triángulos y sus torres. Si te acercas allí, ya sabes lo que vas a encontrar. Es la repetición hecha sandwich. Siempre el mismo sabor. Y funciona.
Es curioso como en este hipervalorado mundo de la innovación, lo inamovible también funciona. Claro, tiene que ser producto de calidad. Si funciona, ¿para qué cambiarlo? Pero no, la competitividad la hemos desplazado en gran medida al arte del cambio continuo. Seguramente porque así alguien pensó que: nuevos productos, nuevos mercados, la tarta crece, más facturación.
Pero resulta que en este mundo hiperactivo también vende el pueblo donde nunca pasa nada o el triángulo del EME, el mismo que podías comer hace 20 años. Ahí siguen, paradójicamente instalados en el fragor de la batalla cotidiana por no innovar. La beta permanente quedó aparcada en algún trastero, olvidada por inútil. Los triángulos siguen funcionando y se llevan en cantidades industriales. ¡5 para llevar! y tira de papel de aluminio para envolver.
Están bien estos toques de atención resistente. ¿Son los triángulos del EME slow food? A lo mejor cuesta encajarlos en ese modelo porque su consumo tiene poco de slow, pero no cabe duda de que viven instalados en un mundo aparte. Un lugar donde sólo unos pocos privilegiados han encontrado productos casi perfectos que resisten el paso del tiempo.
No me tengo por consumidor habitual de torres y triángulos en el EME, pero sí que cae alguno que otro al cabo de un año. Y la sensación es siempre la misma: sabes exactamente lo que vas a encontrar. Servilletas de papel amontonadas en el suelo e imposible no pringarte con la mayonesa y la salsa secreta. Y allá volvemos. Por cierto, vía Botxo Follies podéis encontrar la receta, pero me temo que no tiene mucho de abierta porque hay “salsa secreta”. Eso sí, con página en Facebook.
Pues eso: que la web 2.0 no genera participación “per se”. Lo comento porque en más de una ocasión me parece percibir una especie de mantra de que web 2.0 = participación masiva. Y no es el caso… necesariamente. Pareto sigue siendo Pareto y las leyes de participación en medios sociales son ¿inquebrantables? Es una cuestión difícil de resolver.
En nuestro curso sobre Entornos de trabajo 2.0 hemos propuesto una reflexión en torno a la participación, basada en un antiguo post que escribí por aquí. Entre las preguntas que podían guiar la reflexión una tenía que ver con el “derecho a estar callado“. ¿Es este un derecho sin más, que hay que respetar y convivir con quienes no quieren hacer oír su voz de forma pública? Pues sí y no. Vaya paradoja.
Si consiguiéramos una participación masiva, que tienda al 100% de las personas de una organización en todos los asuntos, ¿mejoraríamos la gestión? Todos en todo parece algo ¿no deseable? Entiendo que hay una lógica que dice “zapatero a tus zapatos” y que eso supone que yo participo más activamente en ciertos temas y tú en otros, ¿no? Así que siguiendo esa lógica siempre tendríamos una parte de las personas que deciden mantener su boca cerrada en determinados asuntos. ¿También en asuntos que incumben a toda la ciudadanía?
Claro que esto de montar un blog mucha gente lo ve como la forma directa de conseguir participación. Y no, no es el caso en la mayor parte de las ocasiones. Tenemos entre manos ahora un proyecto en el que vamos a profundizar en torno al “lurker“, al “mirón”, que está pero que no da señales de vida. El rol de estas personas es a veces denostado porque “hay que participar”. Pero ¿por qué hacerlo? Asunto interesante de analizar. En el caso de la web social en las organizaciones, parece lógico considerar tres ejes: la persona, la organización y las propias herramientas que se pongan en marcha.
De todas formas, conviene recordar que no, que web social no genera participación de forma inmediata. Es más, la web social puede transparentar las miserias de la falta de participación. Por eso conviene decirlo. Hay dinámicas de participación que quizá no requieran de la web social y otras que lo están pidiendo a gritos. Seguiremos con el asunto. Si quieres leer otros artículos de este blog relacionados con este asunto de la participación te dejo estos tres:
VISIO 2009 tendrá lugar los días 4 y 5 de junio en Vitoria-Gasteiz. Tenemos el gustazo de participar en este congreso internacional sobre Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva impartiendo la conferencia inaugural. Hemos escrito un artículo tratando de enlazar ideas de la web social con la inteligencia competitiva que ya compartiremos por aquí una vez publicado. ¿Cuál ha sido el puente que unía ambos conceptos? Acertaste: la persona.
En la conferencia inaugural vamos a exponer nuestro proyecto Learning Around The World. O lo que es lo mismo, el proyecto que compartimos con Iván Marcos Peláez, nuestro ciudadano en el mundo, que ahora anda por Tailandia. Usaré la presentación que tenemos de este proyecto e incorporaré algunas ideas a partir de los tres primeros meses de experiencia.
Las ideas básicas de la ponencia son: las nuevas formas de la vigilancia competitiva a pie de calle, la web social como soporte para conectar de ideas y la persona como base de todo el entramado. Ahora que he repasado la presentación que hizo Iván en su día, creo encontrar todavía más argumentos y razones para avanzar en estas líneas. De hecho, tenemos ahora entre manos otro proyecto con Asier López, que también quiere emprender una actividad similar a la de Iván -con matices propios, claro está- como cool hunter. En breve lo comentaremos con más detalle por aquí.
Durante la exposición (tenemos 45 minutos) espero poder conectarme con Iván a través de Skype. Así que Tailandia estará a un click de Vitoria-Gasteiz. Nos leemos.
Ahora quien ha tenido su particular problema ha sido David de Ugarte. Y nada más decir que se piraban de la CAN por el mal servicio que estaban recibiendo, allá que vuelve Fernando Egido al rescate. Y de nuevo llega la solución.
¿Será que esto de bloguear en directo las movidas sirve para algo? Es evidente que la CAN lo está teniendo en cuenta porque actúan rápido. Sin embargo, supongo que Euskaltel, Iberdrola o Caja Laboral pasan del asunto. Da igual que les pongas a caldo. Al menos esa es mi experiencia. Dudo de si llegarán a leer la queja, pero el caso es que “no news”. Te quedas igual que antes. Vale, ha servido de desahogo, pero allá queda la queja en tu blog, para la posteridad. A mayor gloria de su departamento de atención al cliente, si es que lo tienen.
¿Es mejor utilizar la queja vía reclamación formal o le damos aire en el blog? Seguro que hay que moverlo en paralelo, pero resulta mucho más interesante la forma en que se transparenta el asunto a través de los blogs. En el caso de David, la serie es bien simple: post de queja, comentario de Fernando (no puedo enlazarlo pero es el primero al post de David) y post de resolución del conflicto. ¿Cómo sería en el lento sistema burocrático de atención al cliente de cualquier monstruo empresarial? No quiero ni pensarlo.
Ayer estuve hablando de nuevo con Iberdrola por las facturas rectificativas. Seguimos sin ver el asunto claro. Me atendió una chica muy maja, que me dio su nombre y me dijo que llame hoy de nuevo preguntando por ella. Pero me temo que pinta mal. Lamentable el lío de Iberdrola con la facturación. Y da igual que bloguees o no.
Mis últimos proyectos cicloturistas se han ido, año tras año, al garete. Lesión tras lesión, han quedado en eso: en proyectos. Si hace un par de años no pude hacer la ruta del Cid y el año pasado a la segunda etapa de acompañar al Duero mi rodilla se enfadó, este año no por eso no voy a volver a intentarlo.
Casi estaba decidido a coger la bici e irme a Irlanda. Como mis viajes son conmigo mismo y mis circunstancias, me podía servir para practicar inglés, que falta me hace. Pero sé que me tocaría mojarme, avión de por medio para llevar la bici… en fin, que me daba pereza. Otra posibilidad era hacer la Transpirenaica completa. Hace unos años la hice desde El Pont de Suert hasta Hondarribia. Disfruté como un enano. Así que irme a Llança y desde allí empezar a subir y bajar puertos por pistas, senderos y carreteritas apartadas era toda una tentación. Pero hay que estar fino porque es muy dura cuando llevas alforja. También había pensado hacer el Camino de Santiago del Norte, ida y vuelta desde Bilbao. Por proyectos que no sea.
Pero ya estoy casi decidido a recorrer una buena parte de la TransAndalus. Es este un proyecto muy interesante por la forma en que lo han concebido. Dicen en su web: “La TransAndalus es un proyecto realizado por bikers andaluces, que de forma voluntaria, y contactando a través de Internet han colaborado aportando información de tramos de sus respectivas provincias. Esperamos que disfrutéis de la bicicleta y de Andalucía”. Vamos, un proyecto colaborativo construido sobre un interés común y puesto a disposición de la comunidad.
La TransAndalus es una ruta en bicicleta de montaña de 2000 Kms alrededor de Andalucía que da una vuelta completa a esta comunidad a lo largo de sus ocho provincias. El clima óptimo de Andalucía para la práctica del cicloturismo de alforjas invita a recorrer los caminos y vías pecuarias, y descubrir parajes, paisajes y gentes, en muchas ocasiones alejados de los circuitos turísticos tradicionales.
La forma en que se ha aportado la información es espectacular. Hay una buena cantidad de gente que ha contribuido con su conocimiento. A día de hoy los tramos están muy detallados, incluyendo descripción técnica completísima del rutómetro, servicios de alojamiento, comentarios de quienes la han recorrido, fotografías, videos… Es evidente que no voy a tener tiempo suficiente para recorrerla en su totalidad, pero sí que voy a tratar de ciclar por las zonas que más me apetecen: Sierra de Cazorla, Sierra Norte de Sevilla, Sierra de Aracena, Los Alcornocales, Sierra de Grazalema, Alpujarras (Pampaneira, Capileira, Trevélez y toda esa zona). En fin, a ver si este año hay más suerte y podemos dar pedales. Calorcito seguro que no faltará, ¿verdad?
Actualización.- Nada más publicar esto ya se ha puesto en contacto conmigo gente de TransAndalus (concretamente Francisco J. Cortés) para intercambiar detalles del viaje. Estupenda perspectiva. Intentaremos colaborar en lo que podamos.
Cayó desde la balda más alta. Había vivido en riesgo los últimos 30 años. Era un libro. Olvidado, allá arriba, desconectado del mundo. Sólo en compañía de su inseparable amigo de viaje: el polvo. En la balda más alta vivían los olvidados.
Entre ellos, las conversaciones siempre giraban en torno a la exclusión. Eran testigos desde su atalaya de lo que acontecía en aquella habitación. Pero sus vidas estaban atadas al silencio. Lo sabían todo, pero nadie sabía de ellos. Un pacto de silencio no escrito.
Por eso cuando el libro cayó al suelo, Antonio se llevó un buen susto. Nunca estuvo en el guión de lo previsible. Era un accidente del destino que aquel objeto inerte hubiera recorrido los cerca de dos metros para volver a la vida. Golpeó la alfombra y se confundió polvo con polvo. Levantó una pequeña nube que hizo todo más evidente.
Antonio tuvo que levantarse tras el sobresalto. Dio un par de pasos para acercarse y lo reconoció de inmediato. No pudo contenerse. Rompió a llorar.
Andamos debatiendo en OBEA si constituirnos como empresa. Ya sabéis: CIF, cuenta de resultados y esas cosas. Es lo que hay. A mí particularmente me gustaría, pero no lo tengo nada claro. Lo reconozco. Es un sí, pero no. Es, hasta cierto punto, una paradoja.
En parte me recuerda al curioso caso que nos sucedió en Aprendices. Surgió el debate de si constituirnos como asociación cultural para darle más potencia al proyecto y organizar actos de mayor relevancia. Hablamos de organizar un macroencuentro. Algún día saldrá. Pero, ¿qué pasó? Tras una votación en la que muchos dijimos que adelante, todo quedó en que nadie hizo nada. ¿Reconocimiento implícito de que no apetecía?
¿Será que formalizar algo le resta autenticidad y potencia? La lógica hasta la fecha nos diría que no, que un compromiso formal con un proyecto que quiera ser algo es necesario. Pero, ¿qué hay de la diversión? No, un negocio, una asociación formal o un proyecto colectivo son cosas serias. Ya no se trata de “jugar” a pasarlo bien. Hay que trabajar duro.
OBEA necesita a la universidad. Es su lugar de origen y donde tiene sentido. Pero juega con los límites y plantea otras formas de hacer ¿empresa? Quizá necesitemos experimentar un determinado modelo de empresa para dar ejemplo. ¿Qué tipo de empresa? Aquí está la madre del cordero. Por ejemplo, me encantaría tomar el modelo de Obsoletos.org: dineros transparentes. ¿Seremos empresa traspasada por el lucro? ¿Y si nuestro propósito fuera contribuir al dominio público con un trabajo de investigación y consultoría que tienda al beneficio cero y entregue a la sociedad sus descubrimientos? ¿Eso es competitividad?
Sabemos que jugamos con una ola que nos empuja hacia delante. No movemos nada en particular, no tenemos “web oficial”, no acabamos de montar una jornada de trabajo presencial como dios manda, no estamos publicando en los circuitos oficiales… y acabo de ver que el grupo en Linkedin tiene 88 miembros (disculpas, ni le había prestado atención hasta ahora). Incluye a un americano que pregunta por las cooperativas, a gente de otras universidades y escuelas de negocios y a otras personas que algo habrán visto en la jugada. Y, claro, también hay gente que “está” por las personas que somos. Así de simple. ¿Y si eso fuera una empresa? ¿Perdemos ilusión? ¿Ganamos tensión? ¿Tenemos que hacerlo? ¿Es una aventura o un camino hacia el aburrimiento? ¿Tan sólo es algo instrumental y no tiene mayor importancia?
La frase literal la escuché el día que compartí seminario sobre empresa abierta en la EOI con Genís Roca: “hay que innovar para competir”. Competir, competir, competir: la razón que mueve todo el engranaje. Ambición, lucro, dinero, éxito, estatus, reconocimiento. Lucha.
Pero hay otros motivos más poderosos: innovar para colaborar, innovar para compartir, innovar en beneficio del procomún. La mayor parte de las empresas se reconocen en territorio belicoso. No hay alternativa: o comes o te comen. Sucede pocas veces que las empresas colaboren para que la tarta sea más grande. Lo habitual es competir porque tu pedazo sea mayor que el del vecino. Es ley de vida, es la ley de la jungla. Todo parece territorio enemigo.
Porque innovar a troche y moche ¿está bien? Pero, ¿para qué? Basarla en motivación “que sale de dentro” es importante porque aguanta mejor el paso del tiempo. Cada día que pasa es más evidente que hay un gran espacio para otra forma de organizarnos en busca de objetivos que merezcan la pena. Cuando Endesa me dice que piensa en los hijos de mis hijos juega a ocupar ese espacio. Pero el valor que sabe que debe entregar a sus accionistas distorsiona todo el juego.
Por eso la innovación social tiene un hermoso espacio. ¿Es un hecho económico?, ¿compite con la innovación empresarial? Probablemente tenga sus roces con ella, derivados del afán de lucro de la empresa privada, allá donde la vista se nubla con el crecimiento y la riqueza. De ahí la reivindicación de otra forma de hacer empresa, de hacerlo de forma abierta en busca de otros propósitos. En busca de lo que sale de dentro. Colaborar, cooperar. Luego vendrán los negocios… si tienen que venir.
Creo que la consultoría tradicional se mueve culturalmente en territorios cerrados. Por dos motivos:
Lo que uno trabaja con su cliente se mueve en el plano de lo confidencial, faltaría más.
Lo que uno desarrolla y convierte en método de trabajo se cierra con siete llaves para que no lo fusile la competencia.
AVIC es la Asociación Vasca de Ingeniería y Consultoría. Entre los materiales de su web (pequeño desastre, por cierto, con un montón de enlaces que no van) puedes encontrar el código deontológico, que incluye código de conducta, contenido de una oferta y sistema de evaluación de proyectos. Entre otras cosas, se dice, respecto a la conducta personal, que hay que “mantener una actitud abierta a la colaboración con otros colegas“. Pero a la vez, en cuanto a profesionalidad, la recomendación es “mantener la confidencialidad sobre la información recibida y dada a sus clientes“, así como “difundir la imagen corporativa de colaboradores leales con sentido de la confidencialidad“.
En el fondo, este negocio de la consultoría está basado, en gran parte, en el paradigma de la relación confidencial cliente-consultor. Luego pueden realizarse arabescos de colaboración entre consultores, pero la realidad es que “abrir contenidos” en un proyecto de consultoría resulta, en general, contra natura. Cabe la posibilidad, no obstante, de que conviniera “abrir”. ¿Cuándo? En aquellas situaciones en las que suponga publicidad para la empresa.
Y es que es difícil abrir la lata. Este negocio tira mucho del clásico diván. Lo que el consultor aporta al cliente debe quedar remitido estrictamente a un marco de confidencialidad, como secreto de terapia. ¿Qué razones puede haber para considerar que un modelo abierto de consultoría con contenidos accesibles a cualquiera fuera pertinente? Muy pocas, desde la perspectiva del tradicional modelo de consultoría.
Así que estamos ante un asunto cultural, arraigado en la profesión y anclado en su código deontológico. Un proyecto de consultoría pide una wiki… ¡¡cerrada!! Toma pan y moja pero que no se entere nadie. Esto es entre cliente y consultor. Pero, ¿hay otro modelo? Si lo hay, ¿cuántas empresas lo abrazarían como forma natural de trabajo entre consultor y cliente? Seamos realistas, casi ninguna. ¿El modelo abierto es un sinsentido en la consultoría?
Otros artículos relacionados con la consultoría en este blog (por cierto tendría que retomar una serie de artículos que comencé en su día y quedó truncada):