Monday, Oct. 20, 2014

A la puta calle

En Camera Café Antúnez usa esta expresión a menudo, aunque Victoria y Julián son quienes llegan a un curioso acuerdo tras hacer realidad el despido: se necesitan. Ayer en el Foro Hobest, en el fondo, estuvimos analizando la cuestión. En palabras gruesas: ¿qué haces cuando una persona está jodiendo un equipo? Claro: a la puta calle. Pero: ¿es así de simple?

Los problemas en los equipos surgen en buena parte de la complejidad de relaciones personales, intereses y expectativas que se despliegan. La trayectoria de cada persona está repleta de percepciones. Cada cual estructura un esquema de valores que responde a sus experiencias pasadas y a sus expectativas futuras. Simplificar y ver en una persona la causa de los males de un equipo es asunto delicado.

Hace ya más de ¡¡tres años!! que escribí en este blog un artículo aportando reflexión al respecto: ¿Qué hacemos con los malos? Y algo más adelante otro a cuenta de una entrevista que escuché en la radio. Un miembro de una ONG explicaba cómo llevaban a cabo la selección de personal: Nadie no vale. Resumiendo, el debate tiene que ver con las reglas de las que se dota un equipo o una organización para tratar las diferencias y, al mismo tiempo, con reconocer que las variables en juego son muchas como para que la salida de una persona no sea tratada desde el consenso.

En el proyecto cooperativo de los exploradores electrónicos el derecho a la segregación está en la base. Primero debemos reconocer que un proyecto individual puede tomar vida propia independiente cuando lo considere oportuno. Es el punto de partida. Pero ¿cómo se enfoca cuando el proyecto parece que quiere continuar dentro de otro mayor y, al mismo tiempo, parece estar torpedeándolo? ¿Cómo tratamos la diversidad que ataca el conjunto? Complicada respuesta.

Mi intervención fue ayer en una línea muy clara: en un equipo o en una organización surgen patologías y hay que tratarlas desde un punto de vista profesional. En ocasiones se requiere una intervención terapéutica. Y mejor si se lleva a cabo con un enfoque sistémico. No parece lógico considerar que hay un problema con una persona concreta. Aunque esto no suponga que el bisturí, llegado el caso, no pudiera ser la solución. Claro que ese bisturí necesita un consenso en la toma de decisión. Y no lo percibiría como un fracaso, sino como fuente de aprendizaje para el futuro.

En cualquier caso, sí parecería importante marcar pautas para la forma en que se abandona un proyecto. Parecería que es ahí donde la colectividad demuestra su madurez. Y todo esto considerando que aunque el papel lo aguanta todo, el dolor y la frustración son expresiones humanas asociadas al fracaso de una relación. Y ahí el papel es siempre es papel mojado.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.