Llevo ya cerca de dos años colaborando con el Servicio de Innovación de la Diputación Foral de Bizkaia. Nudos de intereses comunes se han ido desgranando desde entonces. Ya he escrito por aquí alguna vez al respecto. Ellos están obsesionados por construir programas que giren en torno al protagonismo de las personas en las empresas. Así que tratan de que sus diferentes líneas de actuación lleven ese sello común.
Por otra parte, el camino también te va cruzando con otros profesionales de la consultoría. Ahí surgen químicas, a veces para el acuerdo y a veces para el disenso. Dentro de mi “red” puedo presumir de relación con la gente de Hobest, por amistad personal y por enfoques comunes a la hora de plantear las actuaciones con los clientes. Lo comento porque ellos también andan de por medio con proyectos para el Servicio de Innovación de la Dipu.
El jueves tuve una reunión allí en la “planta noble”, dentro una línea de trabajo que hemos denominado “mesa de aprendizaje“, y que pretende reflexionar sobre el mensaje y las propuestas conceptuales que se quieren plantear a las empresas. Es una mesa que hurga en el territorio del conocimiento. Maite Darceles ha escrito un libro que usamos como guía y que nos sirve para poner sobre la mesa inquietudes que nos ayuden a progresar en los conceptos y sus posibles aplicaciones en las empresas.
Esa reunión fue estupenda. Disfruté como un enano tratando de explicar la trascendencia que hoy tiene añadir el adjetivo “compartido” al conocimiento o por qué hay que tender puentes con el paradigma anterior de gestión si queremos avanzar en que las personas se impliquen y sean realmente protagonistas de los proyectos empresariales en que participan. Comenté también cómo la lógica de la propiedad sobre el conocimiento se rige por criterios y diferentes de la lógica de la propiedad sobre medios físicos de producción. En fin, muchas cosas.
Quedé en esa “mesa de aprendizaje” en que comenzaría a abrir la conversación a través de este blog con el fin de buscar opiniones que completen la escena. En la mesa tenemos un blog privado (con el sentido de hacer músculo y descubrir qué sentido tiene lo privado/público) al que iré trasladando puntos de vista que surjan por aquí. Será un curioso camino de ida y vuelta, donde espero que este humilde blog pueda servir como eje de transmisión: tratará de dar y recibir. Veremos cómo evoluciona.
Para que comprendáis los temas de trabajo que nos ocupan, Borja Lastra ha propuesta inicialmente una “pequeña lista” de 27 preguntas. En torno a ellas haremos girar la conversación.
1. ¿Cuáles son, a tu juicio, los principales cambios que se están dando en la realidad que afectan al mundo del trabajo y a la gestión de las organizaciones?
2. ¿Cuáles son las principales fuentes de malestar que se vivencian en las organizaciones?
3. ¿Cuáles son nuestros esquemas mentales que condicionan nuestra interpretación de la realidad y nuestra conducta?
4. ¿Qué consecuencias implica la importancia del conocimiento como factor de competitividad?
5. ¿Cuáles son los principales rasgos de la sociedad del conocimiento?
6. ¿Qué claves, palancas… hay que considerar para impulsar proyectos de transformación que lleguen al núcleo del trabajo y de las organizaciones (y no se queden en elementos periféricos o anecdóticos)?
7. ¿Qué otro tipo de creencias, supuestos mentales, enfoques, conceptos… pueden facilitar una transición hacia otras maneras de hacer empresa?
8. ¿Cómo superar las contradicciones entre el trabajo cognitivo y las estructuras organizativas?
9. ¿Que significa innovar? ¿Cómo innovar el concepto de innovación?
10. ¿Cómo podemos generar nuevos conceptos de producción de la riqueza y del concepto de trabajo? (¿Cómo nos puede ayudar el lenguaje y la comunicación a todo ello?)
11. ¿Qué tipo de alianza y relaciones es preciso hacer entre las personas trabajadoras y las que detentan la propiedad y el poder formal en las organizaciones?
12. ¿Cómo generar, de verdad, contextos favorables al trabajo en cooperación y al despliegue del potencial de las personas?
13. ¿Cómo aumentar el potencial liberador del trabajo cognitivo sin que se traduzca en mayor dependencia?
14. ¿Cómo convivir en las organizaciones construyendo proyectos que busquen lo común y a la vez incluir la aceptación de la diversidad?
15. ¿Qué cambios se deben propiciar a nivel de la propiedad, de distribución del poder y de formas organizativas para que se consoliden otras formas de hacer empresa donde las personas y equipos despliegan su saber hacer y sus deseos?
16. ¿Cómo establecer conexiones virtuosas entre deseo e innovación?
17. ¿Repercusiones de los intentos de planificación y previsión del futuro?
18. Idem del control y de la necesidad de la medida
19. ¿Son gestionables las personas? ¿y la motivación?
20. ¿Cuáles son los rasgos diferenciales de una organización viva?
21. ¿Qué es necesario aprender y/o desaprender para alumbrar lo nuevo?
22. ¿Qué queremos decir cuando se habla de “estrategia inmanente”?
23. ¿Qué queremos decir cuando se propone una gestión expansiva y extensiva?
24. ¿Cómo se puede potenciar la conectividad, el trabajo en red y en equipo?
25. ¿Cómo se pueden construir otros modos de intervención?
26. ¿Cuáles son las claves para el despliegue de la participación?
27. ¿Cuál es el rol de las personas directivas en este nuevo paradigma?
David nos trazaba un mapa interesante hace unos días en su artículo quehaydelomio2.0. Estamos trabajando con varias organizaciones para adentrarnos en nuevos territorios. Pues bien, ¿qué panorama es el habitual en nuestras empresas? Un inmensamente mayoritorio 1.0 que en momentos de pesimismo resbala hacia lo 0.5. Seamos realistas. Las cosas son como son. Así que voy a hacer de abogado del diablo. David, ¿qué hay de lo mío 1.0? Enfrenta la realidad.
Necesitamos tácticas en las empresas. Cuando una abrumadora mayoría 1.0 está instalada en el poder, necesitamos tácticas. Primer asunto: lo 2.0 es una amenaza. ¿Por qué? Porque no sé lo que es, lo desconozco, promete mucho y luego ya será menos, se mueve en un territorio ajeno a las lógicas que me han conducido a donde estoy. Lo 2.0 es algo que no comprendo y que cuanto más me lo vendes más me confundes. Mi sensación es de lío, jaleo, inundación: elefante en cacharrería.
Lo 1.0, de repente, aparece como el apestado, el paria de la sociedad del siglo XXI. Lo 2.0 es lo cool. Lo 1.0 representa un estadio poco evolucionado. Es el pasado, representa valores caducos, obsoletos, tristes. Lo 2.0 brilla, reluce con letras grandes y redondeadas, es puro neón. Promete felicidad, un terreno por descubrir, la ilusión de comenzar un viaje. Pero, ¿quién te ha dicho que quiero viajar?, ¿por qué supones que quiero aceptar la vorágine de la apertura, la transparencia y el conocimiento compartido? Supones mucho, pero no sabes de mi negocio. He llegado hasta aquí sin nada de lo que tú me vendes. Que lo sepas.
Genís Roca habla mucho de lo 1.5. Según dónde, hay que jugar más humilde . Más con el 1.1. El 1.5 sigue asustando porque las personas que dirigen nuestras empresas continúan encadenadas. Con grilletes pegados a la productividad, a la eficiencia, a la planificación estratégica, al PDCA. Son los grilletes de las cosas bien hechas. Bien hechas y con esfuerzo. Y con sentido colectivo. ¿Acaso eso no es deseable?
Lo 2.0 no va a poder abrirse paso si no diseña tácticas y juega a tender puentes. Tu paradigma abierto en el mundo 2.0 es ciencia ficción para el 99,9% de los directivos de esta parte del sur de Islandia. Has entrado por la puerta y me has dicho que tengo un problema, que vivo fuera del mundo. Un mundo que llamas digital. Ese mundo me agrede, me conduce al consumo desmedido, socava mi privacidad, eleva el riesgo. ¿Qué hay de lo mío 1.0? Yo tengo el poder.
Pensemos en un ¿perverso? mapa quéhaydelomío1.0:
El cliente es prioritario en la gestión 1.0. Eso sí que lo saben. Si nos vamos a pensar en herramientas operativas, yo ya tengo mis instrumentos para hacer que el cliente compre mi producto. Tengo mis herramientas tradicionales de marketing y mis canales de venta están bien engrasados. Si quieres moverte hacia aspectos más profundos relacionados con valores y creencias, no hay problema. Te voy a convencer porque mis campañas de publicidad saben tocarte la fibra sensible. Voy a mirar quién eres, qué segmento representas. No me va a hacer falta sino desplegar más argucias. Vas a caer, ya lo verás. Y si, en el fondo, estamos hablando de cambios culturales profundos, que sepas que yo soy quien sabe de este producto. Lideraré el cambio, este es mi negocio y yo sé de él. Tengo la sartén por el mango, aunque ahora estemos en crisis.
¿Y con mis clientes internos? Bueno, vale, los llamaré así. Pero que sepas que son mis empleados. En lo que se refiere a herramientas operativas, tengo medios para controlar relaciones aquí dentro. Tengo áreas, departamentos, funciones, procesos. Puedo controlar las relaciones entre mi gente. Puedo y lo hago. Y sé que la información es poder. Por eso le colocamos perímetros de seguridad y la protegemos. ¿No has oído hablar de las patentes y la propiedad intelectual? ¿Acaso no vives en este mundo? Tenemos que proteger lo que sabemos. Lo hemos hecho, lo hacemos y lo seguiremos haciendo. Y si hace falta provocar un cambio cultural, lo lideraremos desde la dirección. ¿Acaso le compete a alguien más? Sabemos cómo hacer para que te sientas agradecido por el empleo que te damos. Vamos a jugar a la misión, la visión y los valores. Sentirás el proyecto compartido. Hemos aprendido a hacerlo bien. Sabemos cómo hacerte formar parte de la tripulación. No me vengas con otra forma de sentir la pertenencia. Sé que la nuestra está bien trabajada.
Bienvenidos a la resistencia. Qué hay de lo mío 1.0.
Lo he escrito también en Blogs, el blog de Innovación Social de Innobasque donde colaboro: Iván comienza hoy su viaje alrededor del mundo para aprender y emprender. Esta mañana parte para Londres y de ahí se va a Delhi, donde empieza su agenda de ilusiones.
Ayer mientras comíamos con Aitor y David, de ObEa, y otros compañeros de la facultad , comentábamos los nervios que debía sentir Iván ahora que todo comienza. Quizá sea sólo el cosquilleo de saber que un gran proyecto personal se pone en marcha. Nosotros, en la medida que hayamos servido para que lo haga realidad, ya nos llevamos suficiente satisfacción.
Hoy no podía dejar de escribir aquí este sencillo reconocimiento a un tipo diferente con el que vamos a aprender muchas cosas. No resulta fácil explicar el proyecto. Pero sí resulta fácil darse cuente de que es un gran proyecto. Personal y colectivo. Ánimo, Iván. Te deseamos buen viaje.
Ya sabes: ponte la mantita en el vuelo, que eres de estómago delicado, y no tomes cosas frías, que sabes que te sientan mal. Y acuérdate de llamar cuando llegues. Y sé educado, que se note has estudiado, ¿vale? Si te mareas, tómate las pastillas que te dio la chica de la farmacia. Ah… y dile a quien conduzca el avión que no corra, que lo importante es llegar.
Te hacemos la ola, compañero y te seguiremos en tu blog y en twitter.
Internet es “una cosa para informarnos que está en el ordenador” y un blog un “cuaderno de pintar“. Estupendas definiciones con mucho sentido. Está bien que lo digan los niños.
Todo a cuenta del primer encuentro de videocreadores en la web que ha estado sucediendo estos días aquí en Bilbao. Algún día me haré mayor y usaré mi cámara de video para bloguear. Pienso pedirlo a Olentzero algún año de estos.
No recuerdo muy bien cuál fue la expectativa y cómo empezó todo.
– ¿Qué hacéis en el Foro Itaca?
– Pues lee la misión y los objetivos, ahí está escrito.
– Ya, pero hay tantas misiones y objetivos escritos, la competencia es grande.
– ¿A qué te refieres?
– Que cada empresa, cada organización, parece estar basada en una misión.
– Sí, claro, así tiene que ser, ¿no?
– No lo sé, ¿tú estás segura de que es así?
– No puede ser de otra forma, ¿no? ¿Cómo si no aúnas esfuerzos?
– Pues parece que ese modelo deja escapar demasiado compromiso. ¿No hay demasiadas personas despotricando de sus trabajos? Quizá no estén comprometidas con el proyecto que dicen tener sus empresas.
– Ya, es lógico. Siempre hay que gente que se escabulle.
– Pero, ¿son la mayoría?
– No, no. La mayoría acepta el proyecto compartido.
– Bueno, entonces no son todas las personas. Pero, las que lo aceptan, ¿con qué intensidad lo aceptan?
– En fin, hay de todo, claro. Hay quienes lo aceptan y quienes se comprometen. Ya lo decía Senge: hay niveles. Empezando por quien mira el reloj a ver cuándo termina este rollo y terminando con quien se siente comprometido en cuerpo y alma.
– Pero, ¿la empresa está basada en las personas?
– Sí, claro.
– Entonces, ¿no debería estar basada en sus proyectos personales?
– Bueno… esto… quizá, pudiera ser. Pero hay un proyecto más importante, el proyecto colectivo.
– Colectivo, colectivo… ¿qué quieres decir?, ¿que lo han definido entre todas las personas?
– Sí, eso es.
– Pero los proyectos de empresa no los definen entre todas las personas. Normalmente se define entre unas pocas personas… bueno, a veces entre bastantes, pero nunca entre todas, ¿no?
– Sí, es que entre todas sería imposible.
– ¿Por qué?
– Porque no nos podríamos poner de acuerdo. Siempre habría opiniones diferentes.
– Pero entonces, ahora mismo, también habrá opiniones diferentes a las del proyecto compartido y oficial.
– Sí, pero ya te decía que son las menos.
– ¿Y el resto de las personas se sienten involucradas en el proyecto conjunto?
– Bueno, es evidente que hasta cierto punto. Pero, ya te digo, no insistas: es imposible convencer a todas las personas. Hay gente que lo acata.
– Ya, porque son diferentes, ¿no? O sea, que lo acatan.
– Eso es.
– ¿Y no podríamos empezar desde sus proyectos personales? Digo por huir de lo de “acatar”. Suena un poco mal si hablamos de compromiso, ¿no?
– Sí, pero es imposible. Los proyectos personales podrían ser completamente divergentes.
– Pero serían intensos y con compromiso máximo. A fin de cuentas serían “sus” proyectos.
– Sí, pero es imposible.
– ¿Y si esos proyectos personales se integraran de alguna forma en un proyecto común? Sería tremenda la energía que desplegaríamos. Esa sería una verdadera revolución, ¿verdad?
– Sí, pero es imposible.
– Esa energía personal y ese convencimiento íntimo serían estupendos.
– Sí, pero es imposible.
Me niego a pensar que es imposible. Es una razón para compartir conversación en el Foro Itaca.
Voy con mi humilde contribución para explicar por qué Twitter está funcionando. Como quiera que últimamente me lo preguntan en un buen montón de lugares, socializo respuesta. Son mis 10 razones, perfectamente rebatibles, faltaría más.
Twitter nada a favor de corriente: esta sociedad ha aceptado como seña de identidad la información fragmentada. Breve, directo, mensaje corto, flash, zarpazo. Explota la paradoja moderna de la polución informativa: muchos pero breves impactos.
Twitter es utilizable desde múltiples plataformas con una curva de aprendizaje muy rápida. Puedes twittear desde el teléfono móvil, el netbook, el portátil, el ordenador de sobremesa. La dinámica es muy similar.
Twitter explota la simplicidad mítica de Google: una caja de texto.
Twitter sirve para la tontería y para lo serio, sirve a quien quiere vacilar y a la empresa que quiere un canal unívoco corporativo: esa amplísima variedad de registros juega a su favor.
Twitter permite canalizar de forma muy simple información que proviene de otras herramientas. Dime qué usas y te lo twittearé por el mismo precio.
Twitter engancha con el valor de lo inmediato y recupera el lado cotilla que la mayor parte de la gente lleva dentro: cuéntame lo que pasa.
Twitter deja que imágenes y video entren fácil en el discurso de lo inmediato. Mejor incluso que contarme lo que pasa es que pueda ver una imagen o un video de lo que pasa.
Twitter se deja enriquecer como experiencia por terceras partes: sigue la idea de las extensiones de Firefox. Todo un modelo de desarrollo.
Twitter es un estupendo altavoz para personalidades públicas. Uno de esos ejemplos pudiera ser Lance Armstrong.
Twitter elimina el miedo escénico del discurso elaborado: cualquiera puede contar algo. La forma pierde relevancia frente al fondo.
¿Cómo lo ves? Seguro que hay más razones, pero dándole vueltas al asunto, son las que se me ocurren.
No volví a pisar el colegio. Los días pasaron allí con sentimiento carcelario. Puede sonar a exageración pero mi experiencia nunca fue agradable. No recuerdo cristales pintados con colores, no recuerdo la alegría del patio, no recuerdo los juegos y las sonrisas. Aquella verja alrededor, verde, alta y crispada, nos separaba del resto del mundo. Nunca lo percibí como un lugar para aprender, compartir y disfrutar. Era una asquerosa obligación que de vez en cuando me provocaba dolor de tripas.
Recuerdo un año en que llegamos a compartir aula cincuenta y dos niños. Sólo chicos. Don Enrique llegaba por las tardes con su faria y le dedicaba los últimos suspiros allá dentro. El Pascual era la bestia parda; golpeaba limpio y duro. Irreal y esperpéntico, pero cruel al mismo tiempo. Sólo quedaba espabilar. Sí, había que buscarse la vida para salir adelante en aquel extraño recinto. Ahora la distancia y el paso del tiempo han desfigurado el recuerdo. Sólo permanece en blanco y negro, extraño, callado, fantasmal. Pero vive conmigo.
Mi odio infantil vivía extrañamente aferrado a las clases de gimnasia. No sé por qué, se dirigía a los aparatos que usábamos: el plinto, el potro y todos aquellos intrumentos de tortura. Aquellas clases extremas fluían entre el uso cruel de esos aparatos y el alivio de no hacer nada que no fuera jugar a fútbol en el patio. Gimnasia: qué horror. De nada me sirvió que acabara jugando en el equipo de fútbol del colegio. Mi percepción de aquellas clases siempre fue enfermiza. Y lo fue durante demasiados años.
Ahora la distancia reinterpreta todo aquello. Ahora Michel Foucault es toda una ayuda para comprender lo inhóspito del lugar. Ahora racionalizo para comprender el desasosiego de esa etapa infantil. Pero allí permaneció durante un largo periodo de mi vida. Nunca me gustó, nunca disfruté a pesar de poder rescatar un cierto número de escenas simples y felices. Pero no sirven para tapar una sensación general de que aquello no se lo deseo a nadie. A nadie. Así que nunca volví.
Es el factor fundamental, el gran obstáculo, el miedo atávico. ¿Me estás queriendo decir que todos pueden ver esto? Pero… ¿eso quiere decir que cualquiera puede ver lo que hago? Nuestras empresas trabajan, evidentemente, con otro paradigma. Lo hemos dicho aquí de mil formas y colores. Pero pasa el tiempo y seguimos enfrentados al mismo gran problema.
Además, ahora hay nuevos argumentos: la privacidad está siendo traspasada por los dardos bellamente emponzoñados de las redes sociales. El intento de Facebook de quedarse con toda nuestra información o el omnipresente poder de Google en nuestras vidas están levantando barreras aún más altas. Compartir, compartir, compartir. Sí, pero ¿a beneficio de quién?
Hemos pasado de ser “productores de información” a ser “disparadores de consumo”. Una buena minería de datos interpreta nuestra información y nos la devuelve en forma de irresistible fórmula de “compra porque sé que eso te gusta”. La información traspasa la línea y se convierte en publicidad sutil, dirigida a ti como individuo único, como persona específica. Sabemos lo que te gusta, cuándo lo consumes, cómo lo consumes. Sabemos de ti más de lo que crees y vamos a utilizarlo para moverte como una marioneta en el mercado del consumo desbocado.
Así que, ¿por qué las empresas y las personas van a querer jugar a la transparencia? Es posible que su argumentación contra ella tenga cada vez mejores argumentos. ¿Voy a transparentarme para ser mejor objetivo de quienes quieren hacer negocio conmigo? Así no juego.
Necesitamos herramientas y educación para controlar mejor nuestra privacidad. Cada vez que la ingeniería social consigue colarme unas condiciones de uso sin que las lea debido a su farragosidad, cada vez que eso suceda, habrá nuevos argumentos contra la transparencia. Porque ya no es condición de salud de un sistema; no si no se consigue dotar a la persona de herramientas para cerrar aquellas puertas que estime conveniente.
Lo contrario de opacidad empieza a no ser transparencia. Lo contrario de opacidad es simetría, son derechos de privacidad, es educación. Vale, también es transparencia. Pero sólo cuando va acompañada de otros ingredientes. No me sirve la transparencia completa si no es un acto voluntario y del que conocemos las consecuencias.
La empresa abierta tiene un nuevo enemigo: los cada vez más numerosos ejemplos de mal uso de la información que volcamos en ese inmenso saco sin fondo que es Internet. Cada mal uso es un nuevo obstáculo.
Reclamo mi derecho a disfrutar de la naturaleza sin estar sujeto a la amenaza y el ruido de los disparos de los cazadores.
Reclamo mi derecho a deambular libremente por los espacios y vías públicas sin estar sujeto a las restricciones y obstáculos a que da lugar la actividad cinegética.
Rechazo que eduquen a las nuevas generaciones considerando a los animales como meros objetos, son seres con vida propia y capacidad de sentir y no podemos rebajarlos a simples dianas.
Declaro mi compromiso de disfrutar de la naturaleza responsablemente sin dañarla ni molestar ni perjudicar a terceras personas ni a sus bienes legítimos.
Si te apetece declarar públicamente tu condición de no cazador, puedes hacerlo desde la web de Ecologistas en Acción.
No, no es lo mismo. ¿Cuántos contactos tienes en LinkedIn?, ¿cuántos amigos en Facebook? No te engañes: esa no es tu red social. Eso es lo que determinado software ha sido capaz de poner en el mercado como zanahoria para generar ingresos. Dicho lo cual: ¿debemos huir de esas plataformas como alma que lleva el diablo? Va a ser que no.
La estrategia es de actitud proactiva y crítica. Hay que indagar sobre lo que se puede hacer y sobre lo que quizá no se deba hacer. Es conocimiento, es inquietud intelectual por saber qué supone hacer click en determinados sitios. El mundo va como va. ¿Que no quieres teléfono móvil, porque es un arma de destrucción masiva? Vale, también puede salvar vidas humanas. Así que pudiera ser que la mejor estrategia es la del uso adecuado.
No obstante, conviene tener todas las alertas activas. No es cuestión de actuar con la masa de borregos y dejar que nuestras vidas fluyan por conductos que no controlamos. Por eso no está de más hacer las cosas con todo el sentido crítico del que seamos capaces.
Se me ha venido todo esto a la cabeza ante un par de excelentes discusiones que se han estado produciendo en la estupenda lista de Redes, moderada por José Luis Molina. Uno de esos sitios que no me cansaré de recomendar. Y aunque siempre hay que andarse con ojo con algunas interpretaciones, me ha parecido interesante esta referencia que hace unos días paso un redero, Esteban Moro Egido: