Wednesday, Oct. 22, 2014

Redes sociales y la psicología social del terruño


Este planeta dispone de suficiente diversidad como para que inventos globalizadores de relación entre personas, como las redes sociales basadas en Internet, deban ser miradas con cautela. He hablado de esto unas cuantas veces con David Sánchez tras su estancia en la Universidad de Michigan: la sociedad americana es como es (que se la coman con patatas en buena parte) y allí Facebook y todo el arsenal de redes sociales disponen de terreno abonado. Eso sí, el abono puede ser un auténtico fracaso de relación personal directa.

Don Tapscott recoge en Wikinomics una cita de Danah Boyd, una de las musas de la cibercultura, donde comenta:

Los clásicos lugares de encuentro de la década de 1950, como la pista de patinaje o la hamburguesería están desapareciendo, mientras que los grandes centros comerciales y los 7-Eleven no admiten adolescentes a menos que vayan acompañados por sus padres. Salir por el barrio o caminar por el bosque se considera peligroso por miedo a acosadores, traficantes de droga y secuestradores.

Así que, si la relación cara a cara se va a la mierda, siempre nos quedará la relación social soportada en Internet. Aunque, por otra parte, todos sabemos que Internet is for porn, además de que esté lleno de pederastas y de gente que sólo busca robarte todo el dinero de la herencia que te dejó la abuela.

De todas formas, lo que me interesa resaltar es que de nuestras sociedades, de nuestras tribus (que dirían los suecos del funky business), han emergido pautas específicas de conducta social. Los individuos mostramos esas conductas y a ellas se superponen las conductas de relación basadas en Internet. Por supuesto que no sólo se superponen sino que también pueden transformarlas. Conducta cara a cara y conducta mediada tecnológicamente se interrelacionan y definen nuevas pautas de contacto, de colaboración, de enemistad.

Ya hace tiempo que la investigación insiste en demostrar que Internet no provoca falta de socialización, sino que, al contrario, en muchas ocasiones nos devuelve personas de intensa “vida social”. Pero cuando las redes sociales sociales basadas en Internet aterrizan no cabe duda de que la forma en que se aceptan y usan deben ser diferentes según las pautas de conducta de relación personal ya existentes.

En nuestro caso, aquí al sur de Islandia, lo de la cuadrilla y la vida en sociedad tiene su miga. La socialización pasa por tribus de adolescentes con cierta idiosincrasia particular. Aquí hay bares, muchos bares, bares con pinchos, bares de toda la vida. Existen las calles de bares, existe la hipocresía del alcohol a partir de los 18 años. Esa alternativa de relación es bien distinta de la americana de supuesta hamburguesería y pista de patinaje. La socialización de tribus adolescentes aquí tiene que ver también con la política, el fútbol y otros elementos bien diferentes a los del otro lado del charco. Bien es cierto que el teléfono móvil forma parte de las nuevas conversaciones adolescentes.

Cuando oigo al abuelo McCain decir que los USA están “en guerra” pienso que, más que en guerra, si saliera elegido, eso demostraría que los USA están enfermos de gravedad. Si el argumento de la “guerra” puede ser utilizado para captar interés y votos entonces me gustaría que, en la medida de lo posible, no hagamos lo que hacen por allí. Porque de gente con ese discurso no se puede esperar nada bueno. Simplemente da miedo.

Por eso las prácticas de conducta social basada en Internet que llegan de los USA deberían ser tomadas con precaución. Porque pudieran llegar de una sociedad con valores dantescos: la desconfianza en el otro, la violencia como argumento preventivo, un nacionalismo patriótico ridículo, la pena de muerte como condena, el rifle como símbolo de conquista y defensa, el espionaje personal justificado porque todo vale contra el terrorismo. Y junto a todo esto, nos llegan las pautas innovadoras de relación social: el poder de la red de redes, el Google, el Facebook, la web 2.0 y todo el arsenal por todos conocido.

En el fondo, claro está, las redes sociales basadas en Internet son simples herramientas. Hacemos con ellas lo que queremos. Las usamos para mostrar lo que somos, para mostrar lo que quisiéramos ser, para vendernos profesionalmente, para iniciar una relación basada en un interés común. Son útiles y pueden ayudar, pero interactúan con las prácticas de conducta social de cada terruño. Y de la misma forma que el sur de Islandia es particular, muchos otros sitios también lo serán.

Sé que en el fondo refunfuño de estas redes sociales porque no estoy siendo capaz de usarlas sino en modo pasivo. La gente me invita y yo me dejo. Me veo dentro de redes sociales generadas por mi actitud pasiva. Sólo hay que pinchar en “aceptar”, a veces en inglés. Pero no sé si los datos que ahí residen no son armas que las carga el diablo. Y allí en los USA las armas parecen formar parte de su sociedad. Sirven para la guerra y para los recurrentes episodios de matanzas porque sí, todo un síntoma de sociedad enferma, de sociedad referente para la red de redes. Ya, da un poco de miedo, ¿verdad?

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.