Desde luego que Kjell A. Nordström y Jonas Ridderstrale juegan a provocar de forma simple y directa con sus libros. Es la misma historia en sus tres entregas y con un mensaje que se repite en cada una de ellas de forma machacona: el capitalismo es lo que es, está aquí, y no queda sino disfrutar con él si no quieres ser un amargado de por vida. Funky Business Forever.
Dicho eso, resulta curioso que este nuevo producto generado en 2008 viva argumentalmente tan cerca de Wikinomics de Don Tapscott, de La Larga Cola de Chris Anderson, la estrategia de océanos azules de W. Chan Kim y Renée Mauborgne, incluso de toda la tradición de Charles Handy y su donut invertido, del discurso provocador de Tom Peters o hasta de la idea de competencia nuclear de Gary Hamel y C.K. Prahalad.
Así que las ideas fluyen por territorios comunes. Todos estos autores interpretan una sociedad que es como es y donde personas y empresas sólo pueden tener éxito en tanto sepan nadar en la incertidumbre propia de estos tiempos. Allí no cabe lugar para el estándar, para la mediocridad. Allí sólo sirve despuntar, por raro, por único, por diferente, por provocador, por lo que sea. Pero, o despuntas o te vas al hoyo.
Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura de este último libro de los suecos locos que dicen ser mentes con visión de futuro (siempre un punto de desconfianza), lo comparaba con las argumentaciones de Naomi Klein tanto en La doctrina del shock como en No Logo (pdf completo). Desde mi perspectiva, hunden la argumentación en la misma cenagosa realidad. Pero a partir de ese punto común, las explicaciones toman caminos radicalmente diferentes. Si Funky Business, la estrategia de océanos azules o Wikinomics buscan una alternativa de éxito sin tratar de modificar las condiciones del sistema, Naomi Klein se tira al monte para flagelar al monstruo que ha surgido en los últimos 30 años: el capitalismo salvaje.
Hacía tiempo que no encontraba un libro que tuviera ideas tan parecidas a las que manejamos en este blog desde hace ya tiempo. Entre ellas, algunas que manejan Nordström y Ridderstrale:
La pertinencia de lo pequeño en un mundo globalizado. no hay por qué crecer en dimensión.
El papel transformador de la información y las tecnologías que la soportan.
La persona como centro de toda la revolución: el individualismo como motor de la sociedad.
Los microsegmentos como lugar natural para ser competitivo y entregar servicios diferentes y únicos, valorados excepcionalmente por los clientes, con quienes se conforman verdaderas comunidades (tribus).
Pero junto a todo este arsenal de cambio, de locura y de diferencia, sigo necesitando el discurso de Naomi Klein y otra gente crítica con el sistema global. Porque cuando las empresas admiten que deben ser competitivas a cualquier precio, entonces la acaban cagando. El poder del que disponen hoy en día necesita límites. Es evidente que no todo vale. Funky Business habla de ética y habla de estética. Cita primero la ética como factor clave para que la ciudadanía se enganche a una empresa y luego habla de la estética.
Sin embargo, de por medio siempre está el precio como factor de compra. En unos casos por necesidad y otros por oscuras motivaciones psicológicas, pero lo barato vende y lo gratis aún más. Lo barato necesita costes de producción ridículos. Y muchas empresas han encontrado que ese objetivo de precio de venta barato sólo puede llegar cambiando las condiciones del sistema que lo genera: aquí, en el primer mundo, no salen los números. Hay que ir a otros lugares, a otras sociedades que supuestamente tolerarán lo que aquí sería imposible: salarios de miseria, condiciones inhumanas, nulos derechos de los trabajadores. El mercado parece abocar a olvidarse de la ética, porque si no, no hay juego; los números no saldrían. Y esto sí que da miedo.
Todo el mensaje de competitividad que lanzamos a las empresas encierra una perversión: no vais a llegar por métodos racionales. Si las empresas necesitan personas para entregar sus productos y servicios, si las empresas necesitan materiales para transformarlos agregando valor añadadido, ya lo sentimos: los números no salen. Quienes compramos somos clientes y nuestra ética al comprar determina también las condiciones del sistema global. Al tiempo que surgen empresas ganadoras en los mercados actuales, es evidente que surgen prácticas indignas. ¿Cuántas empresas ganadoras han entrado en el juego de lo indigno? Quiero pensar que no son todas, pero cuando se ha rebasado la dimensión humana de la empresa, entonces hay muchas manos izquierdas que no saben lo que hacen las derechas. Se adereza con una buena memoria de responsabilidad social corporativa y a ver si hay suerte y no nos pillan en una gorda.
Desde luego que voy a manejar con mis clientes y en mis clases en la universidad argumentos extraídos de Funky Business y de planteamientos semejantes. Pero creo de veras que tenemos que mirar a la sociedad en su conjunto. Echar mano también de argumentos críticos con el sistema global, como maneja Naomi Klein. Y por supuesto sin perder de vista que somos las personas las responsables últimas de lo que pase en este mundo. No podemos mirar para otro lado. Somos nosotras, somos nosotros quienes compramos, con mayor o menor compulsión. No podemos eludir nuestra responsabilidad en cada acto de compra ni tampoco en la denuncia de lo indigno que veamos a nuestro alrededor.
Me ha encantado esta presentación de M.Luz Congosto referente a su proyecto en curso, Barriblog, para analizar los barrios de las blogosferas. Claro que soy parte afectada y seguro que no soy imparcial. No importa.
Además, creo que la presentación nos ayuda a profundizar en la forma y fondo de las relaciones que se generan en esos barrios. Desde mi humilde punto de vista, me parece uno de los trabajos más serios y concienzudos en curso para comprender cómo se generan los barrios de las blogosferas. Cada vez tenemos más material para analizar y este tipo de estudios, por tanto, absolutamente necesarios para entender lo que pasa. Las relaciones entre blogs no son sólo enlaces; también son citas, etiquetas compartidas o, por supuesto, comentarios. M.Luz nos ayuda a profundizar en todo ello.
Os dejo con algo más de 30 minutos de la presentación que realizó en el simposio de Visualizar organizado por Medilab Prado allá por noviembre del año pasado. Tiene plena vigencia, de verdad.
El tiempo pasa deprisa y son ya cuatro años en que la gente de Gartner van publicando sus archifamosos “hype cycle for emerging technologies” (a cerca de 2.000 dólares el morlaco de 2008, por cierto). Dejo aquí la evolución, ordenada al estilo blog, de más reciente a más antigua. ¿Cómo lo ves? Blogs corporativos hundidos en la miseria. No está mal, ¿verdad?
Es evidente que cuando ya has rebasado con creces los 1.000 artículos en el blog tienes la sensación de que toda esa diarrea mental que ha estado fluyendo los últimos tres años largos debería tener algún uso más allá del que uno consigue cuando bucea en él vía Google. En mi caso, de vez en cuando me asaltan ideas-deseo:
escribir un libro seleccionando entradas (bueno, quizá varios libros jajajaja)
hacer listas de mis artículos favoritos según temas
extraer material para mis clases en la universidad
extraer citas
marcar comentarios de especial valor…
Bueno, son muchas las alternativas de lo que se puede hacer con toda ese material que fluye por el subsuelo de este blog y muchos los sudores que me asaltan al pensar en ello. No obstante, si estáis en situación similar, puede venir muy bien la docena de alternativas que ha estado publicando Liz Fuller desde Business and Blogging: A Dozen Ways to Re-use Old Blog Posts. Como las travacaciones todavía presionan repletas de vagancia, os hago un simple copia-pega de las opciones. Anímate, que hay ideas interesantes:
Algún día, cuando sea mayor, prometo ponerme con ello. Mi blogger dice que llevo publicadas 1.333 entradas en este blog. ¿Explotará algún día? Menuda escabechina como le dé por reventar. Cuidaos.
Quizá esto de cumplir años tenga una relación directa con incrementar las posibilidades de interactuar con el sistema de sanidad. Vaya faena. En mi caso, se trata de Osakidetza. Mis experiencias hasta la fecha, no demasiadas, me conducen a pensar que mejor si uno se busca alternativas privadas si de lo que hablamos es de plazos.
Claro que la cuestión del plazo tiene su miga. Si lo que estás esperando es una pieza para que determinada máquina funcione, bueno, según circunstancias, podría ser importante. Pero hablamos de seres inanimados, por mucho cariño que alguien pueda depositar en ellos. Sin embargo, cuando el plazo tiene que ver con la salud, creo que el discurso requiere un registro radicalmente diferente. El plazo en la salud es crítico.
En la última semana de junio pasé por una consulta de la que, para mayor seguridad, me recomendaron la realización de una prueba médica: la fecha que me dieron fue la del 10 de octubre: suponían tres meses y medio. Ayer por una cuestión más sencilla: una radiografía y una consulta con un traumatólogo, el plazo ha sido de exactamente un mes. La consulta debería ser el 25 de septiembre.
En mi familia hay ya quien sabe moverse mucho mejor que yo en estos berenjenales. Más de una vez suele explicar cómo conseguir que estos plazos se acorten. Es cuestión de ir aprendiendo a partir de contactos con el sistema. Todo es modificable. Sólo hace falta cierto arte y disponer de información sobre cómo va la fiesta. Así que no dudo que haya quien consiga mejores condiciones. Debe ser que no valgo para determinadas negociaciones respecto a los plazos en asuntos de salud.
Desde luego que otra de las tentaciones es recurrir a los servicios de Urgencias. Me niego a moverme en ese terreno, pero no cabe duda de que se puede entender a quienes los utilizan. Perfectamente.
Así que, ¿cuál es la alternativa para recibir una asistencia en plazos razonables? Claro, la sanidad privada. Yo sólo puedo aportar los dos ejemplos que cito, pero las leyendas urbanas sobre la extensión de estos plazos son de todos conocidas. EFQM, referente de gestión que enarbola Osakidetza, incorpora a través de sus memorias información al respecto. La última que encuentro en su web es la de 2006 (pdf, 1Mb). Y sí, allí hay algunos gráficos curiosos, como los que toman como unidad de medida para la demora ¡el mes!
Sí, ya sé que soy un cascarrabias. Utilizar el mes como unidad para medir el plazo de la asistencia médica tras pasar por tu médico de cabecera es lo normal. Pero tampoco te asustes si la unidad pasa al trimestre respecto al número de pacientes en lista de espera quirúrgica:
No conozco ni de lejos las interioridades de una campaña electoral en los iuesei, pero desde la lejanía, todo parece regirse por las leyes del espectáculo. Supongo que es como una gran película en la que realidad y ficción se entremezclan a partir de trabajados guiones que deben procurar golpes de efecto en momentos concretos: lágrimas cuando son necesarias, risas contagiosas y no sé cuántos otros ardides para influir en el estado de opinión colectivo.
Desde la perspectiva económica, las cifras que uno escucha son en sí mismas descalificadoras del proceso (1). Ese gasto podría suponer la mejora espectacular en las condiciones de vida de millones de personas. Así que de nuevo el sistema monta un conglomerado de actividades donde la mano izquierda no sabe lo que está haciendo la mano derecha. El sistema democrático estadounidense, la economía/sociedad referente y líder a comienzos del siglo XXI es así: un gran mercado.
Las elecciones se rigen bajo criterios del mundo del espectáculo apoyadas en imponentes análisis que vienen de la sociología y del marketing. La palabra clave es “influir“. Hay que desplegar cualquier tipo de medio para influir en cada persona, de forma individual y de forma colectiva. Y vale de todo: niños y niñas que enternezcan, mujeres que deben mostrar su papel de costilla de Adán, respetables señores mayores que deben aportar seguridad y voz de la experiencia. Todo vale en una carrera larga, donde el objetivo final justifica todos los medios.
Parece que el papel de las grandes (¿y pequeñas?) empresas es aportar bacalao al circo electoral para que sus elegidos tengan dinero suficiente. Eso sí, con luz y taquígrafos. Toma pasta. Pero que te quede bien claro de dónde viene. Financiación en buena parte privada. Aunque ya puestos, supongo que también podrán pagar en especie y proporcionar a los candidatos los mejores servicios profesionales. Total, el asunto es el mismo en la empresa y en las elecciones: vender algo, conectar con los clientes y que éstos compren, compren y compren.
Internet también está ahí. Bueno, podríamos decir que “tecnología” en su más impresionante despliegue. Hay que llegar a cada ciudadano, a cada ciudadana, porque allí hay un voto. Así que si hay “medios sociales” en Internet, nadie con dos dedos de frente renunciará a usarlos. Por tanto, los candidatos y su aparato mediático se ponen las pilas. Y las blogosferas, las microblogosferas, las redes sociales y el resto de la parafernalia dospuntocero cabalga desbocada.
Si no fuera por lo dramático del momento, quizá podríamos preguntarnos, como ese niño desorientado en la masacre de Barajas: ¿cuando termina la película? Pero, por desgracia, no, no es una película. Es la realidad de un mundo que navega en las aguas del espectáculo cotidiano. Pasen y vean, compren. La función no es que haya comenzado; es que no tiene fin. Es la sesión continua de antaño, que ha evolucionado de tal forma que todo se ha fundido: actores y espectadores compartimos escena. Pero espero que tengamos la habilidad de poder reescribir el guión. Si no, triste futuro.
Eso sí, el espectáculo es el espectáculo, incluyendo narcocorrido:
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(1) En las elecciones de 2004 hay estimaciones de que se pudieron gastar 3.900 millones de dólares en la broma y se prevé un 30% más en las actuales. Fuente: usinfo.state.gov
Así que pasan por los tribunales muchas grandes empresas. ¿Será que forma parte del juego y que compensan los beneficios si no te pillan? ¿Algo así podríamos decir de la pérdida de vidas humanas en sectores como el de la construcción? Qué miedo.
Quizá aquí vivamos en el mundo del pillo. Quizá estemos influidos porque hemos sabido de un género que provoca cariño y sonrisa: la picaresca. Así que si puedes engañar, ¿vas a ser el tonto que no lo haga? Todos los demás van a hacerlo, ¿no? Ya tenemos la razón. Alguien está robando en un supermercado. Es un pequeño hurto, poca cosa. ¿Qué hacer?, ¿denunciar? Mejor te fijas cómo lo hace, para ver si luego puedes hacerlo tú. Mira, fíjate: ¡qué arte tiene! Y si eres un poco echao palante, allá vas detrás. ¿Es esto lo que hacen empresas y personas porque viene de serie en el equipamiento genético?, ¿sólo cambian las escalas de las acciones? No lo creo así.
Claro que luego la casta y pura empresa tiene que parecerlo. Y llega la responsabilidad social corporativa para que la mano izquierda no sepa lo que hace la mano derecha. Porque esas empresas multadas elaboran sesudas y argumentadas memorias en las que explican que son buenas, que se preocupan por el mundo en que vivimos, que sus valores nos defienden del mal. Y ahí es donde llega el problema en un mundo que se transparenta cada vez más. Aparece la incoherencia y de ahí el siguiente paso es la hipocresía.
Pero ¿hay empresas que no hacen trampas? Claro que las hay. Y son muchas. En gran parte anónimas para el gran público, porque no rellenan voluminosas memorias de responsabilidad social corporativa. ¿Y entre las grandes corporaciones?, ¿las hay que se salvan de la quema? Aquí es donde me surge la duda. Porque para crecer, para subir alto en los rankings, para ganar a los demás, es difícil vivir al margen de lo ilegal. En pequeña escala puede ser picaresca, pero en gran escala es otra cosa. Cuando eres grande tienes poder. Y el poder es un arma capaz de todo.
La picaresca es un género que se caracteriza por su determinismo (tomado de la wikipedia):
(…) aunque el pícaro intenta mejorar de condición social, fracasa siempre y siempre será un pícaro. Por eso la estructura de la novela picaresca es siempre abierta. Las aventuras que se narran podrían continuarse indefinidamente, porque no hay evolución posible que cambie la historia.
Las grandes corporaciones no pueden vivir sin sus departamentos de imagen y relaciones públicas. Saben que no pueden jugar a la picaresca, porque ese es un juego reservado a quienes no tienen la condición de hidalgos. Saben que, además, van a recibir los actos pícaros de quienes sienten que robar a un ladrón no es mayor problema porque tienes cien años de perdón. Total, ¿quién eres tú con tu picaresca para influir en la gran empresa que está robando a gran escala?
Cada vez más pienso que la clave está en la dimensión humana. Hay un tamaño a partir del cual las empresas salen del círculo de lo emocional. Yo lo coloco más allá del número de Dunbar. Pero, inteligentes, saben que la conexión emocional es una de las grandes claves para provocar actos de compra. Así que se lanzan ladera abajo en busca de elaboradas historias donde los sentimientos son el puente de oro hacia el consumo. Y surgen los vomitivos anuncios de Endesa, Repsol o de cualquier fabricante de vehículos.
Cada vez más pienso que la clave está en la dimensión humana de las empresas. Cuando la pierden, perdidas están.
Disculpas anticipadas por el supuesto batiburrillo de temas. Espero que se entiendan las conexiones.
En las bases del cooperativismo de MONDRAGON que que he conocido hay un valor que se maneja con cierta frecuencia: el de la propiedad. El sistema basa en buena parte el control sobre los medios de trabajo y sus resultados a través de la idea de ser y sentirse propietario. Parece que en la medida en que las personas se hacen propietarias de algo (un proceso de trabajo, un medio, un objetivo) su compromiso con ese algo se incrementa. Consecuencia: mejor rendimiento, mayor productividad en el trabajo de la empresa cooperativa. Podemos leer en documentos de MONDRAGON:
Se trata de una organización comprometida con el entorno, la mejora competitiva y la satisfacción del cliente, para generar riqueza en la sociedad mediante el desarrollo empresarial y la creación de empleo, preferentemente cooperativo, que:
Se basa en compromisos de solidaridad.
Utiliza métodos democráticos (una persona, un voto).
Impulsa la participación en la gestión, los resultados y la propiedad.
Promueve la formación y la innovación.
Aplica un modelo de gestión propio.
En la última versión del modelo de gestión de MONDRAGON se insiste bastante en la idea de “personas en cooperación” y se utiliza el concepto de “copropietarios comprometidos“. La copropiedad serviría para que las personas acometan empresas de forma cooperativa. Más en concreto se habla de “propietarios del trabajo y de sus frutos“.
En todo el planteamiento de nuestro grupo de investigación sobre empresa abierta (ObEa) subyace la idea -quizá todavía por concretar- de compartir sobre la base no tanto de sentirse “copropietarios” de algo, sino mirando al procomún. Y de forma paralela a esta tensión entre propiedad y procomún, creo que aparece también la dicotomía entre el lucro y una idea más amplia de “social”. Así, me parece que la propiedad compartida como motor de generación de riqueza ligada al lucro como objetivo empresarial han generado un pozo de aguas turbias donde es complicado salir a flote con dignidad.
Ganar dinero suficiente es una cosa. Ganar dinero más que suficiente es otra. El límite entre suficiente y más que suficiente no admite leyes universales, pero todos sabemos que tiene que ver con cuestiones éticas y morales. Porque las desigualdades continúan agrandándose entre las personas en un mundo (el primer mundo) que permite estar bien informado a quien quiere y sabe moverse con habilidad entre la infoxicación reinante. Las desigualdades pueden tener que ver con comparar salarios en una empresa, pero también con comparar responsabilidades y oportunidades en ellas. Las personas medianamente informadas nos rebelamos, como no podía ser de otra forma, contra las desigualdades injustificadas que percibimos.
La propiedad privada a través de las empresas ha conquistado la sociedad presente. Hoy muchas empresas quieren utilizar Internet (1) para asegurar esa conquista. Cuidado. Internet permite transacciones más fáciles y reducciones de costes a través de la digitalización pero al mismo tiempo ha hecho emerger unas leyes que no son las de la propiedad privada y el ánimo de lucro desbocado. La gente comparte cosas porque le da la gana. Y es evidente que cuando media un interés monetario en las transacciones muchas veces sucede que se pierde el interés, que las cosas “ya no son igual”, que cuando hay dinero de por medio sale, desgraciadamente, lo peor de cada casa. Sobre todo, esto sucede cuando la iniciativa parte de “la empresa”.
Pero la propiedad privada es una de las bases de nuestra cultura. Nos han machacado en la sociedad de consumo para hacernos compulsivos poseedores de cientos de artilugios. La personalización y el micromarketing han hecho su trabajo y nos han dicho: puedes tener tu propio artilugio, único y exclusivo para ti. Ese artilugio te diferenciará de tus semejantes, te hará ser más tú mismo. Aquí tienes tu Mac, tu ipod, tu coche. Ahí, en esos objetos, te reconocerás. En la medida en que seas propietario de ellos, en esa medida, podrás ser tú mismo.
Hoy las tierras del procomún son objeto de análisis desde diferentes perspectivas. Está el Medialab del Prado donde sé que mi admirado Antonio Lafuente empuja lo que puede, Tíscar Lara me explicó su fantástico proyecto de aplicar las ideas del procomún a la producción audiovisual, allá en California Howard Rheingold mueve muchas cosas a través del The Cooperation Commons, David Bollier también mueve conciencias desde onthecommons.org. Pero, ¿qué pasa con las empresas?, ¿son el enemigo público número uno del procomún porque su obsesión por el lucro arrasa cualquier seña de racionalidad?, ¿también las cooperativas están enfermas de este mal porque siguen manejando la idea de propiedad?
En buena parte, la idea de lo público está en horas bajas. Privado igual a eficiente. Público igual a corrupción, pasotismo e ineficiencia. Si quieres que algo funcione, privatízalo. ¿La cultura? La cultura también. Privatízala. Que funcione como los nuevos referentes de éxito del siglo XXI: museos Guggenheim o logotipos de Iberdrola y Movistar en los pañuelos de la Aste Nagusia (la Semana Grande) de las fiestas aquí en Bilbao. ¿No hay otra manera? Si la gente quiere pañuelos y los quiere gratis que pague publicidad. La cultura se mantiene por la publicidad. El Athletic de Bilbao no va a poder mantenerse si no luce el logo de Petronor en su camiseta. Esta es la realidad, ¿no? ¿Quién es propietario de un equipo de fútbol? ¿Acaso puede y debe usarse el término “propiedad” o quizá debiéramos considerarlo como “procomún”, algo que comparte cierto grupo de gente pero a lo que no puede aplicarse la idea de propiedad?
¿Llegaremos a ver como Petronor es propietaria del Athletic de Bilbao? Lo social y lo económico se darían la mano… o quizá no. ¿Quién gana?, ¿quien ha generado más beneficios económicos?, ¿quien ha conseguido un logro social o deportivo?, ¿podrían ser objetivos contrapuestos? _________
Ya estoy en Bilbao. Piensa que te piensa qué estoy haciendo mal al andar en bici como lo hago. Llevo con este problema de la tendinitis en la rodilla izquierda desde el 19 de marzo de este año. Lo tengo apuntado en la agenda. Ese día me pasé, fue evidente. Llevaba un tiempo sin andar, cogí la bici con ganas, me emocioné y el resultado fue una hermosa tendinitis. Pero el caso es que ahora, cinco meses después, parece que estamos como al principio; o peor, claro está. Aunque no tengo dudas de que me la acabaré quitando de encima. Tengo tiempo y tengo ganas.
Cuerpo y alma van bien juntos en mi caso. Tengo meridianamente claro que si mi fisiología anda bien, mi alma tiene más boletos para caminar tranquila. Y ahora no es así. Necesito recuperar mi rodilla izquierda, que sólo tengo una y parece que no puedo darle esquinazo. Es tan mía como el resto de huesos, músculos y tendones. Así que no queda sino reconciliarse con ella y tratarla mejor. Por arriba y por abajo de la rodilla hay mucho músculo para trabajar para que ella sufra menos. Estoy seguro de que una de las claves de la recuperación tiene que ir por ahí: una mínima visión sistémica del problema, ¿no?
El jueves por la tarde hice una prueba por el parque de La Arboleda en Almazán. Son las cosas que pasan cuando se juntan la civilización y el Duero: una zona amplia de esparcimiento con esculturas al aire libre en un parque que genera una sombra reparadora del calor estival. Me fui por la tarde tras la sesión con la fisioterapeuta del día anterior. Debo decir que me sentía mucho mejor y que incluso tenía esperanzas (pocas) de que podría continuar. En el parque rodé bien, pero preferí salir a hacer algunos kilómetros a la carretera que iba para Berlanga de Duero por aquello de probar algo más. Y, cómo no, el dolor llegó de inmedianto en cuanto apreté un poco. Por tanto, no quedaba más que volver de nuevo a Duruelo de la Sierra para recoger el coche.
Así que ayer viernes a las 9:30 ya estaba en Soria, adonde llegué en un autobusito desde Almazán (imposible llevar la bici conmigo). Ella se quedó en el hotel de Almazán y la pasé a recoger con el coche luego por la tarde. Disfruté de una mañana tranquila en Soria. Me subí hasta el Parque del Castillo e hice algunas fotos más de San Saturio desde allá arriba. Entré en un par de librerías, me senté en una terraza y dejé pasar el tiempo como sólo en Castilla puedes hacer. Entre tanto, casi me termino la novela de Matt Scudder, ese atípico detective privado “que hace favores”, de Lawrence Block. Le dejé con tres asesinatos entre los que encontrar la conexión.
A las 14:15 autobús desde Soria hasta Duruelo de la Sierra y batallita para contar en el hotel rural donde había estado durmiendo el martes. Cuando me ven llegar con una semana de adelanto sobre lo previsto, me miran extrañados. Tuve que relatar el susedido. Así que esto ha sido un efímero intento de acompañar en bici al río Duero.
Ya en coche, de nuevo camino a Almazán por unas carreteritas secundarias que tenía controladas de tanto mirar mapas, me topé con una tormenta espectacular. La veía a mi derecha en la distancia y actuaba como un imán: casi no podías apartar la mirada de ella. Me paré un par de veces para hacer fotos. Tremenda, aunque la foto quizá no recoge su intensidad. Luego puede ver el típico granizo a las orillas de la carretera.
En fin, que dejo guardados mis planes cicloturistas con el Duero, al igual que el año pasado tuve que dejar guardados los del Camino del Cid. Ya van dos años de calabazas y algo tendremos que hacer con estas rodillas, ¿no? En fin, que tengo todavía una semana por delante para disfrutar de estas extrañas travacaciones. Seguimos escribiendo y leyéndonos. Saludos.
No sé si será que estoy mayor para mi propósitos cicloturistas. Quiero pensar que no, que se trata de simple y mala suerte o de una inadecuada gestión de mi músculos y articulaciones. ¡Toma definición de consultoría para decir que no a estoy a tono, jajajaja. El caso es que mi rodilla izquierda está hecha una mierda, hablando de plata. No se me ocurre mejor forma de expresarlo.
Sí, estoy en Almazán, en el centro cívico Tirso de Molina, aquí en la sala de informática, junto a la biblioteca. Esto es otra cosa, distinta del encanto de la de Duruelo de la Sierra. Aquí hay tiempo para escribir y subir algunas fotos. A 108 km de Duruelo, como estaba previsto, pero, claro, no de la forma en que llegué ayer. Me casqué los 35 últimos km a base de un desencuentro profundo con mi rodilla. Nos enfadamos a base de bien.
A las 7:15 de la mañana ya estaba dando pedales. Mi pulsómetro insistía en decir que había ¡tres grados! Supongo que los 1200 m de altitud de Duruelo tendrían la culpa. O sea, un frío de coj… Frío, pero llevadero con la ilusión de acompañar al Duero para que no sienta tan solo. Los kilómetros pasaban deprisa: Covaleda, Salduero, Vinuesa, El Royo, Garray y, por fin, Soria. La temperatura iba subiendo aunque la manga corta sólo ha sido posible a eso de las 11:00 de la mañana. Y es que a las 10:30 ya estaba entrando en Soria, tras una primera parte de la etapa encantadora por carreteras muy poco transitadas.
En Soria, cómo no, directo a la ermita de San Saturio para pedalear junto a la curva de ballesta machadiana. Me parece un sitio encantador. Ese paseo hasta la ermita es precioso y, además, diferente según la época del año en que lo hagas. Un rato de descanso allí, algunas fotos, contento porque todo iba bien. Hay una pasarela peatonal sobre el Duero al pie de la ermita y por ella he subido de nuevo a Soria. Junto a la pasarela un pequeño monolito recoge los versos de Gerardo Diego.
Era ya la hora de avituallamiento sólido. A media mañana hay que ver cómo ha avanzado el hambre. Tres horas largas de pedaleo abren las compuertas del apetito de cualquier ser humano. Me comería de todo. A veces pienso que este es uno de los placeres de andar en bici: los resayunos de media mañana. Recuerdo en Francia cuando hice el Camino de Santiago por Le Puy-en-Velay aquellos atracos boulangeriles. ¡Qué lujuria!
Pues desde Soria ya sólo quedaban 40 km hasta Almazán para hacerlos con tranquilidad y llegar al final de la etapa. La salida de Soria estaba horrible: obras en la N-111 que para quienes vamos en bici resultan mastodónticas. Coches y camiones te pasan deprisa; en general hay mucho polvo, piedrillas y mil porquerías que resultan bien desagradables. Es la inferioridad de condiciones de quienes nos propulsamos con nuestros propios medios.
Y en el lugar más feo, allí ha aparecido de repente. ¡Zas! La rodilla, el mismo viejo dolor que ya reconozco al instante. Me he dado cuenta enseguida de que era mi viejo amigo. Se me ha caído el mundo encima. El peor sitio: una asquerosa carretera en obras con un montón de tráfico. El caso es que he decidido seguir hacia adelante y coger el desvío hacia Almazán vía Tardajos de Duero. Me quedaban 35 km y he pensado que podía hacerlos despacio. Pero el asunto se ha ido poniendo cada vez peor.
Poco a poco los kilómetros han ido pasando. Una pequeña colina, un descenso suave, la arboleda a la izquierda que anuncia que allá está el Duero, un pequeño pueblo, los olores de las plantas aromáticas. Más kilómetros, pero más dolor. Mal, mal. Mi mente ya solo pensaba en el hielo que me aplicaría a la rodilla en cuanto llegara al hotel de Almazán. El sol apretaba algo más, aunque era llevadero después de los días en Aracena. Eso sí, el clima castellano ha relucido espectacular: mínima de tres grados y máxima de treinta y tres.
Así que aquí estamos, trascribiendo estas líneas que escribí ayer en una terraza de la Plaza Mayor de Almazán, junto a la estatua de Diego Laynez. Pude a última hora pasar por un masaje reparador en un centro de fisioterapia, pero desde luego que casi con toda seguridad, aquí se acabará el intento por acompañar al Duero en bici. Hoy voy a descansar por aquí y esta tarde haré una prueba para dar un paseo en bici a ver qué pasa. Me temo lo peor. De todas formas, no abandono la idea de probar con etapas estilo Verano Azul, 30 ó 40 km, porque no dará para más. Pero quizá ni eso.