Vía Portals and KM.
Una más de las cosas que se inventan los americanos. ¿Quieres saber lo que vale tu blog? Pues vete a esta dirección y teclea tu URL. Todo ello basado en datos de Technorati. Me parto la caja.
Por cierto, lo siento. No estoy en venta
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Ramón Sangüesa habla de territorios y empresas: Espacios creativos: second life y huck finn. Yo lo interpreto a mi manera. Creo que en el fondo está hablando de los límites. Sí, los límites de una empresa. Y el asunto me parece relevante, muy relevante.
Primero, hay que matizar. Una empresa es, en la mayor parte de los casos, algo aburrido. A veces aburrimiento total. Lo divertido es tu hobby. Lo aburrido es lo que haces mientras trabajas. Con tu hobby metes pasión, con tu trabajo obligación. Lo profesional te lo trabajas. Lo amateur lo disfrutas. La ética hacker ya fue formulada. Y reformulada para la ciudadanía por Juan Freire y los amigos de Administraciones en Red. Pero no por ello está presente. Por eso Open Business, desde mi punto de vista, debe recrear su comunidad de referencia, fundirse con ella, comprometerse. Si no, las empresas seguirán con su mala prensa, ganada con toda justicia.
Segundo, las empresas han crecido dibujando territorios. Vallas físicas, reglas de presencia y protecciones intelectuales. Han querido que lo suyo fuera lo suyo. Así de simple. Al competidor ni agua. Las cosas son como son: las empresas no son ONGs que se dedican a hacer el bien. Compran y venden. Y están ahí para generar riqueza por todos aquellos medios permitidos por la ley o por aquellos con que son capaces de burlarla. Los territorios de las empresas están salvaguardados por contratos de alquiler de horas de humanos.
Tercero, las personas dentro de las empresas tienen una función. Miras su puesto de trabajo, lo lees y ya está. Eso es lo que tienes que hacer. Lo dice San ISO nueve mil y pico. Responsabilidades. Ya sean de la dirección o de los indios. Tú eres responsable, tú colaboras, tú supervisas, tú supervisas a quien supervisa, tú auditas al responsable de quien supervisa a quien supervisa. El sistema es el sistema. Basado en la desconfianza, hay que dejar claro que lo que hay que hacer es… lo que hay que hacer. Punto redondo. Por eso las empresas tienen que aprender de los modelos de negocio del software libre, como explica Paul Graham en What Business Can Learn from Open Source.
Cuarto, las empresas están cayendo en la cuenta de que no son tan competitivas cuando enfrente aparecen humanos que trabajan porque sí. Bueno, no exactamente “porque sí”. Lo hacen porque disfrutar es un objetivo interesante: ya lo dice Von Hippel a cuenta de los lead users en Democratizing Innovation. Las empresas que definen límites te impiden, la mayor parte de las veces, disfrutar. Así que estos monstruos huyen hacia delante y generan planes de acción. Que ni siquiera acciones, sino “planes de acción”. Son planes que tienden a superprofesionalizar. Necesitas aprender francés, CNC, trabajo en equipo, interpretación de planos y no sé qué historias más. Eso sí, tú ni te das cuenta. Para eso estamos aquí, los de la empresa aburrida: para decirte qué tenemos que enseñarte. Torpe, que eres un torpe. Y encima ni nos lo agradeces.
Y quinto, lo de siempre. Lo más curioso: los territorios inexplorados siguen siendo los más atractivos. Nuestra sociedad sobreprotege a sus niños. Nuestras empresas han sobreprotegido su conocimiento. Lo han vallado. Y ahora resulta que descubrimos que lo que nos emociona es lo que está más allá de la valla. Así que en una nueva huida hacia delante ahora coachizamos directivos. Les decimos que son primero personas y luego directivos. Su desarrollo nos preocupa. Tienen que ser mejores, más altos, más fuertes, llegar más lejos. Necesitamos que profundicéis en vuestro interior para mejorar. Sed mejores personas. Las empresas os lo agradecerán.
Y todo esto mientras las empresas siguen en territorios vallados de acuerdo con su cerrazón intelectual. No digo ya emocional. No, sólo digo que el trabajo aburre, que las empresas, para la inmensa mayoría de la gente, son cárceles. Como las escuelas, como los hospitales. Es el modelo que describió Michel Foucault: vigilar y castigar. Así que va a resultar que las empresas son lugares donde lo mejor que te puede pasar es que consigas escapar. Suerte.
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He terminado de preparar un curso sobre comunicación interna para la Fundación Santa María La Real. Estaré con ellos dos días trabajando allá en Aguilar de Campoo en la segunda semana de julio. Me apetece tomar contacto con esta gente, dedicada al mantenimiento y recuperación del patrimonio histórico-artístico, sobre todo del arte románico.
Y preparando, preparando, he estado dándole vueltas al binomio contacto físico – contacto digital y su repercusión en la comunicación interna. Buceando en las fuentes que uno maneja he recordado el sacrosanto libro de allá de principios de los 80 “En busca de la excelencia” de Tom Peters y Robert Waterman. Allí recuerdo haber leído las maravillas del contacto directo, personal, a través de lo que llamaban el MBWA: Managing By Wandering Around. O sea, la gestión a base de una vueltita por aquí, otra por allá, una conversación amable en esta esquina, una escucha atenta… Pero todo ello basado, eso sí, en el contacto visual, físico.
La pregunta que me viene a la cabeza es evidente: ¿perdemos calidad de comunicación interna en una organización al sobrevalorar el contacto digital?, ¿estamos simplemente ante una mutación en las formas pero manteniendo la riqueza del contacto? Ya veis que el colega Castells nos dice lo que ya sabíamos: que las relaciones en el plano digital incrementan las relaciones en el plano no digital. ¿De veras es así? Claro que ambas comunicaciones, físicas y digitales, son necesarias. Sí, sí, pero ¿cómo? Pongamos un caso práctico.
Llegas por la mañana a currar a tu oficina. ¿Lo primero? Elige:
- una vuelta para charlar directamente con colegas, o
- directo al correo electrónico para contestar digitalmente a tus colegas.
Y si haces lo uno no haces lo otro, claro está.
Hace poco una persona me llamó por teléfono y me dijo algo así como que “prefiero decírtelo directamente porque el correo es más impersonal“. Me dejó con la sonrisa puesta para todo el día porque se trataba de una felicitación a cuenta de un artículo que publicaré en una revista de aquí a unos meses. Quiso felicitarme a través de una conversación telefónica (que tampoco directa cara a cara) porque le parecía más sincera y real que si lo hacía mediante un correo electrónico.
Reconozco que no acabo de ver claro el asunto. Hasta que nadie demuestre lo contrario, la comunicación cara a cara es la máxima expresión de contacto humano. Cuando ves ojos, labios, gestos, movimiento; sólo cuando ves todo esto sabes que la comunicación es (o puede ser) intensa. Sin embargo, este tipo de comunicación requiere inversión en tiempo. Y tiempo parece que es lo que nos falta en este acelerado mundo. No hay tiempo para zarandajas. Al grano, que no voy a estar aquí todo el día esperando a que me lo cuentes. Un poco triste, ¿no?
Por eso el MBWA es atractivo. Porque coloca el contacto directo como prioridad. Y, de momento, no es digital. Es directo, intenso, radical. ¿Lo estamos perdiendo dentro de las empresas, inundados por la comunicación digital? Quizá la gran esperanza sea que la comunicación digital avance hasta fundirse con la física. De momento, sin embargo, las personas necesitamos cultivar el contacto directo. Si no, ¿qué son los talleres de Aprendices?, ¿qué son los Beers & Blogs?, ¿qué son los eventos que florecen por doquier? La simple necesidad de vernos los ojos.
Así que al final he decidido dejar una diapositiva consagrada al MBWA. A ver lo que les parece. Continuará…
Nota.- El propio Tom Peters hizo su propia pequeña reflexión hace un par de años en torno al MBWA a cuenta del desastre del Katrina en Nueva Orleans.
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Estoy en mi periodo trabacacional de junio. El tránsito desde mi ocupación anterior a la actual de artesano en red tuvo lugar un 1 de junio de 2003. Han pasado cuatro años. Estoy dándole vueltas.
Cada vez más creo que la competitividad no puede ir despegada del placer. Hace ya mucho tiempo hice mis confesiones de artesano. Y ahora me apetece volver con ellas. Lo mismo, pero con cuatro años transcurridos. Un poco, sólo un poco, más de horizonte.
Estoy emigrando. Vengo de un campo profesional y serpenteo ahora por otro diferente. Es tierra de mestizaje. Personas, tecnologías, empresas. Eso sí que sigue como siempre. Pero hay muchos matices. La red es ya una realidad. ¿Dónde estoy? En un lugar de una red distribuida que abarca un inmenso territorio. Soy suficientemente grande y suficientemente pequeño. Suficientemente aislado y conectado.
Miro cómo fue aquello cuatro años atrás. Menos mal. Si quieres disfrutar de nuevo, piensátelo: una alternativa es recomprar tu tiempo. Suspendido el contrato de alquiler de mi tiempo de trabajo, ya no hay disculpas para mirar a otro lado. La responsabilidad es plena. No hay excusa; eres quien dice ser, pero también eres lo que haces.
Mi consultoría se ha ido moviendo en estos cuatro años. Proyectos relacionados con la organización, con cambios para afrontar los objetivos de otra manera. Y por allí pasan siempre personas. A veces tecnologías. Los proyectos son la forma en que combinar acciones para cambiar. Pero el cambio es fruto de la convicción del cliente. Y de vez en cuando ves que falta convicción. Lógico. Yo tampoco la llevo conmigo todo el tiempo.
Me siento cómodo en mi egoísmo. Porque desde él comprendo que no tiene sentido. Paradoja tremenda, pero potente motor de cambio. No soy nadie sin mi gente. No soy nadie sin mi blog. ¡Quién me lo iba a decir! De vez en cuando descubro que alguien me lee. Alguien que está en clase, alguien que está en otra universidad, alguien que es un cliente. Están ahí, leen. A veces en diagonal, a veces ni siquiera eso. A veces leen con interés. Gracias.
Yo fragmentaría la actividad empresarial en millones de pedazos. Pedazos que adquieren sentido porque son personas. Y las personas se enchufan vitalidad cada mañana. Porque no tiene sentido caminar sin energía cuando el lugar por donde caminas es tu sendero. Te pertenece. No tienes que buscar a nadie más para mantenerlo. Es el sendero que conduce tu actividad. Cuídalo, mira con qué otros senderos se entrelaza. Pero no delegues su gestión. Verás que de vez en cuando se une a otros en pequeñas plazas. Todo un goce para cuerpo y alma.
Son cuatro años y mis ciclos son de seis. Me quedan dos años para un imaginario cambio. De momento miro con respeto un par de cosas que me asustan. La primera es que mi tiempo de trabajo se ha disparado. Muchas horas, muchos frentes abiertos, muchos intereses. Necesito aplicar embudo. No llego a tanto como quisiera. La segunda tiene que ver con mis errores. Ya tengo inventariados unos cuantos. Ahora tengo que ver cómo los gestiono. Me he equivocado con mi tesis. Me he equivocado en algunos proyectos de consultoría. Me he equivocado aceptando algunas clases. Me he equivocado dejándome llevar. Seguiré equivocándome.
Y no voy a seguir más allá. El día está nublado. Curioso que aquí pasen estas cosas. Mis trabacaciones de junio, cuatro años después, me están haciendo pensar algunas cosas. Pero la que me queda más clara de todas ellas es que la artesanía es una profesión con mucho futuro. En breve espero ordenar mis pensamientos tirando de fabbing, con permiso de David de Ugarte, un tipo que, maravillas de las blogosferas, me hace pensar. Artesanía en red, fabbing de los nuevos tiempos.
No os preocupéis, es sólo una mañana de finales de junio.
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Resulta que Manuel Castells dice ahora lo que ya toda persona de buena fe sabía:
El sociólogo Manuel Castells -codirector del estudio junto a la rectora de la UOC, Imma Tubella- asegura que el proyecto “ha verificado lo que ya se sabía, que las nuevas tecnologías no encierran a la gente en casa sino que activan la sociabilidad”. Según Castells, considerar que el uso de Internet “aísla y enajena” es una “patraña sin ninguna base científica”.
Más información en: El País, La Vanguardia.
De vez en cuando descubro situaciones delirantes. Personas cultas, seres inteligentes con trabajos en consonancia que fracasan estrepitosamente en el manejo de las tecnologías de información. Vamos, que “el ordenador se les resiste”. Me ha venido de nuevo a la cabeza al leer a Antonio Fumero en El abecé doscero, quien cita las II Jornadas de Alfabetización Digital, y también a Tíscar Lara, que nos aporta un inteligente -como siempre- análisis en su blog: Alfabetización digital, una asignatura pendiente.
Suelo impartir un módulo denominado “Conocimiento y participación” en varios cursos de postgrado. Mi enfoque arranca de las personas pero pasa obligatoriamente por hacer mención a las TICs. Debo reconocer que cuando entro en este territorio dos son las reacciones más frecuentes:
- eso es un lío
- pero lo importante son las personas, ¿no?
La primera reacción pone el énfasis en la desquiciante oferta digital. Mi alfabetización (nada digital) allá a finales de los años 60 del siglo pasado tuvo que ver con secuencias pausadas: abcd, 123, lunes martes miércoles, primavera verano otoño invierno… Hubo un orden y mi hemisferio izquierdo lo captó. Me entrenaron y ahora me cuesta mucho menos leer colores que ver colores (hay tu mismo el ejemplo con la imagen). Así estamos.
Ese mundo secuencial se fue rompiendo en pedacitos conectados: los famosos hiperenlaces. Y ahí debió producirse alguna crisis neuronal en buena parte de nuestra culta -o no tanto- clase directiva. Las empresas tienen allá en la cumbre cierto número de personas bloqueadas por su incapacidad para regenerar neuronas. Se han acostumbrado a ser usadas en determinada forma y desaprender cuesta tanto que desisten.
La segunda reacción, la de la importancia de las personas, introduce un argumento perverso. Claro que las personas primero. Pero las TICs debieran potenciar nuestra capacidad, no simplemente suplantarla. Sin embargo, demasiadas veces éste ha sido el objetivo: no despliegues tu capacidad, la máquina lo hará por ti.
A veces pienso que las TICs han golpeado demasiado duro y han lesionado cierta parte del potencial de aprendizaje de los humanos. El fenómeno del dumbing down es un ejemplo. La tecnología también subnormaliza. ¿Quién va a hacer operaciones matemáticas con rapidez si dispones de una calculadora que hace el trabajo sucio por ti? Así que es fácil: la comodidad de que sea una máquina quien “piense” por ti es un argumento irrefutable. Adiós a pensar, adiós a calcular.
Pero hoy estamos de acuerdo: la alfabetización digital es crítica para nuestra eficiencia personal y profesional. Cuidado, cuidado, que también hay otro argumento: lo digital también es fuente de ineficiencia. No debemos olvidarlo. Aprender a usar y a vivir lo digital requiere un cierto proceso de aprendizaje acompañado. Casi siempre estamos pensando en que hay una mejor manera de aprender o de enseñar TICs. Pero si vamos al origen, a la diversidad de humanos que poblamos este planeta, encontramos que hay diferentes estilos de aprendizaje.
Es decir que cuando compramos una cámara digital, podemos aprender a usarla:
- leyendo primero el manual
- quedando con una amistad para que nos enseñe
- experimentando en primera persona y asumiendo errores
- acudiendo a un curso
- observando a una persona experta en el manejo
Somos diferentes y quizá haya que desplegar diferentes tácticas para conseguir una alfabetización digital digna. No está de más, recordar los estilos de aprendizaje que también describió hace muchos años David A. Kolb. No es tan importante quien enseña sino quien aprende. Así que mejor le damos la vuelta al asunto. Mis directivos tienen que desaprender primero y recuperar la confianza. Y no va a ser fácil. Necesitan volver a un punto cero, a un punto origen donde recuperar la sensación de propiedad sobre su aprendizaje. Hay que empezar por el principio: esto es un balón. Y, como dice Tíscar, “la alfabetización digital es algo más que ratones y teclas”. Más, mucho más. Y quizá ni siquiera tengamos que empezar por ahí, sino por la información. Porque primero fue la información y luego fue digital.
Y no quiero terminar sin algo que me asalta cada vez que escribo de estas cosas. No hay que olvidar que la alfabetización digital no tiene demasiado sentido para más de 2.000 millones de personas de este planeta, con necesidades mucho más básicas y prioritarias en la pirámide de Maslow. Jodida contradicción, ¿verdad?
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Extraños mundos estos en los que el objetivo como negocio es que te compren. Digo que te compren… como negocio completo, vaya. O al menos parece que mola y que es sinónimo de éxito: lo lograste, te han comprado. Me refiero a esta fiebre de adquisiciones donde parece que el sentido del negocio tiene que ver con que alguien empieza con ilusión y ganas… para luego acabar siendo pasto de las ansias de comprar del gran vecino del norte.
Claro que va a resultar que soy un carca. Va a resultar que tanta cooperativa me ha vuelto turulato (encima en inglés). Que las cosas no son así en el mundo exterior. Las empresas se crean en el tupido universo de las transacciones comerciales, donde todo se compra y todo se vende. Antes era en el mercado callejero y ahora es en eBay, con confianza, eso sí. Pues que sepas que da lo mismo: sólo ha cambiado el collar. El perro sigue siendo el mismo.
Bueno, me centro. Creo percibir como modelo de negocio aceptado el de “empieza sin dinero pero con ideas, a ver si lo haces bien y llega alguien con los bolsillos llenos para comprarte“. Cuando te compren, entonces es que has tenido éxito. A nivel planetario Google o Yahoo son quienes deben comprarte; déjate de chorradas. Aunque luego, claro está, hay una pléyade de compradores candidatos a todopoderosos, pero de segunda división. Bien, bien, vale. De acuerdo, también sirven. Si tienen pasta, claro. Puedes probar a ponerte en bolas en el escaparate a ver si tienes suerte.
Nada de continuar con tu proyecto. Si se fijan en ti lo mejor es dejar que te penetren. La utopía es para los tontolainas que no saben que el dinero no viene de París sino de las Américas americanas. Porque esto tiene que ver con el dinero. Ni web 2.0 ni empresa 2.0 ni chorradas. Aquí lo que mola es que te compren, que eso sí que da dinero. El mundo está montado como está. Unos tienen la pasta y sólo tienes que hacer que se fijen en ti. Cuando el rey Midas aparece, entonces la mente se nubla, que para eso Dioniso le concedió el don de que todo lo que tocara se convirtiera en oro. Es simple y fácil. No es más que dinero. Para eso son las empresas, ¿no? Para ganar dinero. Pues entonces.
Así que ya he descubierto cuál es uno de los principales modelos de negocio en el universo 2.0: desaparecer previo pago de una recompensa. No tanto desaparecer. Porque la idea seguirá. Pero sí desaparecer como proyecto con las señas de identidad originales. Porque a partir de la compra, serás “quien fue comprado“. Y qué suerte si con ello te entró pasta en cantidad. Así está montado el tinglado. Eso sí, quizá tengas ideas porque no tienes pasta. Y ten cuidado, no vaya a ser que con tanta pasta te quedes sin ideas. Tú verás. Suerte.
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Cuando digo tercer mundo me refiero a esta parte del mundo, no miréis a otro lado. Y es que lo de las colas y la falta de recursos para este trámite obligatorio para la ciudadanía es lamentable.
Como quiera que me tocaba renovarlo, allá que me dije: mejor electrónico, ¿no? Tate, en Bilbao imposible. Hay que ir a Miranda de Ebro, Burgos, Santander, Pamplona… Pues vale. La primera en la frente.
Por si acaso, como en su web comentan la posibilidad de equipos móviles, lo consulté. ¿Dónde? En su “servicio de atención al cliente” a través de un correo electrónico. Enviado hace un par de semanas todavía estoy esperando respuesta. Alucina. Toma DNI electrónico.
Así que al teléfono. Burgos te da cita previa para dentro de 3 semanas. Miranda de Ebro está cambiando el sistema, de no sé cuál al de cita previa. Me dijeron que lo sentían, pero que no podían garantizarme que si me iba allí, me pudieran hacer el DNI electrónico en el momento (¿?). Al final, decidí Pamplona.
Pamplona te da número. Abren a las 8:30. Si llegas a esa hora hay una cola de unas 60-80 personas (al menos ayer 22 de junio). Dan 300 números al día. Una vez que coges el número te dan la hora a la que tienes que volver, que puede estar entre las 9 y las 19:30. Ante el follón, tienen dos personas dedicadas a atender a la cola: malos rollos, informaciones varias, que si no hay derecho, que si aquí esperando, que si son las 8:31 y no han abierto.
Conste que antes una persona muy amable me explicó que ya sabía que era una faena para la gente que veníamos de fuera. Como tantas veces, se quejó de un sistema del que ella no era responsable. Antes daban cita previa y ahora no. Miranda de Ebro antes no daba cita previa y ahora lo van a hacer. Nada nuevo bajo el sol.
El caso es que el DNI electrónico tiene un procedimiento de obtención patético. Aquí en Bilbao también tengo el gusto de ver las colas que se forman en torno a la comisaría de policía. Por cierto, esto de hacerlo en la policía, ¿tendrá que ver con la razón por la cual tenemos DNI? Da confianza, ¿verdad?
Luego el trámite con la funcionaria duró 15 minutos de los cuales diría que 10 fueron de charleta amable y el resto de espera a que las máquinas hicieran su trabajo. Pues eso, que ya tengo DNI electrónico de primer mundo. Eso sí, con procedimiento de obtención del tercero.
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Zestoa, para los que no somos de allí, es conocido sobre todo por su balneario o porque fue donde nació el famoso Urtain. Al que escribe esto le sucedió una anécdota un día que pasaba por el pueblo y la escribió: Surrealismo en Zestoa. Si Google no fuera tonto, esa entrada no debería aparecer en las búsquedas de “Zestoa”. Pero como Google no se entera de las ironías y el título del blog recogió la palabra Zestoa, pues ahí que aparece (eso sí en un discreto lugar 11).
Donde pone Zestoa podría poner cualquier otro lugar del mundo. El texto no recoge más que la casualidad de que coincidieran allí los hechos. No refleja para nada lo que yo pueda pensar de Zestoa. Entre otras cosas, porque no puedo pensar demasiadas cosas ya que no conozco el lugar ni a su gente y ni siquiera he pisado su balneario. Eso sí, he pasado un montón de veces por allá porque el trabajo me lleva últimamente a recorrer el interior de Gipuzkoa. Extrañas cosas que nos pasan a los consultores
Cuento esto porque parece que ha molestado… incluso a gente del ayuntamiento. A través de un amigo me acabo de enterar. Si releéis el post, en él ya aparecen un par de comentarios de personas mosqueadas con el artículo (eso creo entender). Como a mí no me cuesta absolutamente nada escribir aquí que, si ha molestado, desde luego ésa no era la intención, lo hago y ya está.
El susedido tiene que ver con un momento concreto y que suceda en Zestoa es lo de menos. Insisto en que no pretendo ni por asomo decir que Zestoa es de esta forma o de esta otra. Sólo hablo de un bar y de un momento concreto. Nada más. A otra cosa mariposa. Anda que si me pongo con las conversaciones que oí ayer aquí en Irurtzun mientras cenaba…
Nota.- Iba a colocar alguna foto de Zestoa de las que tienen en la web del ayuntamiento. Pero parece que las tienen sometidas a copyright. Qué cosas.
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Soy un incrédulo. He llegado a este estado tras varios años de encuentros en tercera fase con la realidad. En 1999 recibí mi bautizo cuando conduje, junto a un equipo de proyecto, la implantación de la Intranet en Maier. Eran otros tiempos, mucho antes de que lo 2.0 existiera. Allí encontré que:
- los directivos no entendían, en general, de qué iba la fiesta
- los humanos infrautilizaban las TICs por múltiples y variadas causas, entre las que una espectacularmente poderosa era “porque sí”
- las métricas de acceso no mentían
- publicar en aquel puñetero FrontPage era una especie de milagro mariano
- había directivos que no estaban para perder el tiempo (recuerdo una bronca como si fuera hoy)
Ha pasado más de un lustro y un tal McAfee se cascó el asunto de la empresa 2.0, wikipedia de por medio. Aquí es uno de nuestros temas re-re-recurrentes. Puedes mirar el resumen sobre estas cosas en mi wiki. Pero a lo que vamos, o sea, que hace falta diseñar táctica para que esto funcione.
El colega Davenport le dijo a McAfee que tururú, que había cuestiones culturales y que se olvidara de que esto era el país de las maravillas. Bueno, más o menos es mi discurso: la estupidez humana nunca debe ser infravalorada. Los directivos, como el resto de mortales, están ahí. Además, Murphy mediante, prepárate para que se cuelgue Windows Vista el día de tu precioso pouerpoin delante del director general. Si ya te dije que esas herramientas las carga el diablo.
Así que McAfee que esto es la octava maravilla del mundo (novena, después del nuevo San Mamés… ahora que seguimos en primera… por el momento). Y Davenport que naranjas de la china, que antes hay que derribar las murallas culturales de nuestros directivos, usuarios y personal de sistemas.
Por eso, se me ocurren cuatro tácticas que someto a escarnio público por si alguien considera que pueden ayudar a vencer al enemigo, sea quien sea:
Táctica 1: no te aceleres.
Suave, despacio, sin una palabra más alta que otra. Nada de acrónimos extraños. El ERP ni lo mientes. Sonrisa en los labios. Vaselina para ayudar a la dilatación de esfínteres. Paso 1, paso 2, paso 3, paso 4… hasta el infinito. Ni se te ocurra decir lo que se puede hacer con la tecnología. Tan sólo hay que centrarse en cómo hacer de forma más eficiente lo que ya están haciendo. Si consigues demostrarlo, avisa.
Táctica 2: a grandes males grandes remedios.
Sin piedad. El mundo va así, no lo he inventado yo. O te montas en el carro o quedas fuera. Grandes convulsiones que pueden representar cambios de paradigma. Es la táctica que puede conseguir la paralización del directivo. Así que cuando está ahí, impactado y débil, zas y zas. Para adentro. Que no querías cucharada, pues toma cucharada y media. Las cosas son así. Ya veremos luego cómo lo vamos explicando, pero es que si vas suave suave te toman por el pito de un sereno (pobres pitos, pobres serenos).
Táctica 3: el caballo de Troya.
Esta táctica se la debo al viajante Juan Freire y le doy vueltas desde nuestro primer encuentro openbussinero, Ramón Sangüesa y Francisco Vargas incluidos. El asunto pasaría por una buena cosmética inicial de producto. Hay que vestir al santo para que sea irresistible. Porque tiene que entrar, vaselina o no de por medio. Así que búscate la vida, pero allí tienen que entrar las tecnologías. Ya puedes utilizar mano derecha, mano izquierda o la del centro. Porque el asunto es que necesitamos a las TICs dentro del corazón empresarial. Una vez allí dentro, se abre la tripa del caballo y toma revolución cultural y tecnológica. Pero ya estás dentro. No hay vuelta atrás.
Táctica 4: la subversión siempre funcionará.
Adiós a los directivos y jefecillos del lugar. Están desprestigiados y sólo dan lástima. Así que mejor vía guerrilla. Hay que conseguir pequeñas victorias locales usando gente comprometida con la causa, más allá de su papel formal. ¿Dónde están los usuarios pasionales? Alguna habrá, ¿no? Pues estas personas son con quienes vamos a subvertir el sistema. No se van a enterar. Para cuando quieran mover un dedo, ya será en modo 2.0. Tiene un carácter más divertido, pero siempre cabe la posibilidad de que te vayas a la puta calle. No pasa nada. Anda que no lo pasamos bien.
Son las 4 tácticas que se me ocurren para que esto de las TICs en modo 2.0 pueda seguir avanzando en el farragoso y aburrido mundo empresarial. Mientras vamos comentándolo, nunca está de más recordar que más un gerente os diría eso de que… si por mí fuera, prohibía Internet.
En modo anglosajón, la disputa -me temo que todo pose jolivudiense- entre Davenport y McAfee la han tratado bloggers de pro, como Bill Ives. Y allá en Chile también anda con ello Richard Johnson Hurtado, a cuyo blog me acabo de suscribir porque me ha parecido de lo mejorcito que se puede leer sobre estas cosas en el idioma de Cervantes.
Diviértete, que merece la pena.
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