
¿Llegaremos, tal como crece la polución informativa, a colocar un filtro al filtro del filtro de lo filtrado vía RSS? Parece que puede ser el camino.
Vía Smart Mobs: Alterslash — only the best Slashdot comments
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Leyendo este post de Nicholas Carr en el que aparece en varias ocasiones el concepto de la “virtualization of the computing infrastructures”, se me hace un pequeño lío la cabeza. El artículo navega en torno a la cuestión de la virtualización de servidores y predice un cierto declive en el campo de este tipo de cacharrería. Según este gurú, the server market is a big one, and it looks fairly healthy at the moment. But that may be an illusion. There are growing indications that the server business is a dead man walking.
El asunto tiene que ver con un cambio de estrategias de ciertos monstruos empresariales. Están reduciendo su número de servidores. In this scenario, the core unit of business computing would not be small, inflexible servers but rather large, flexible computing clusters or grids. These clusters in turn would be built not from traditional branded servers but from cheap, commodity subcomponents – chips, boards, drives, power supplies, and so on – that the grid operators would assemble into tightly networked physical or virtual machines.
Y como siempre la referencia al modelo Google, modelo de éxito: Google doesn’t buy any servers to run its search engine. It buys cheap, commodity components and assembles them itself into vast clusters of computers that it describes as “resembl[ing] mid-range desktop PCs.”
Más o menos es algo así como una interpretación libre del modelo federalista para gestionar empresas. Grande pero pequeño, grande pero ágil, el poder en la base, adiós al tamaño porque sí. Si eres grande y no sabes actuar como cuando eras pequeñ@, estás hundid@.
Technorati tags | digital
Estoy terminando de leer “El viaje a la
felicidad”, de Eduardo Punset. Aunque Telémaco pueda pensarlo, no tiene nada que ver con el favicon de smiley que he elegido para este blog. No obstante, reconozco que mi optimismo últimamente anda desbocado. Extracto un par de parrafitos de Mr. Punset para la reflexión.
Reflexión tras un mal día en el trabajo
Muchos trabajos no sólo han perdido su creatividad de antaño y se desarrollan en espacios nada seductores, llenos de gente tóxica que contamina el ambiente con su incapacidad para trabajar en equipo o con sus psicopatías, sino que prevalece una creciente sensación de impotencia para incidir en el perfil del producto, la empresa, la sociedad o lo que ocurre en el resto del mundo.
El consuelo del día siguiente
El único descubrimiento positivo reciente sobre la relación entre el trabajo y el nivel de felicidad es la constatación de los beneficios innegables que dimanan de aplicar al trabajo las propias virtudes o habilidades. Una vez asumido que el trabajo está mal repartido, si el sujeto consigue aplicar a un trabajo poco satisfactorio algunas de sus cualidades innatas o adquiridas, su nivel de bienestar y satisfacción aumentará.
Pero no es preocupéis demasiado, porque según el loco Punset, la felicidad la fabricamos más desde nuestro interior, química y fisiológicamente. Yo prefiero pensar que tenemos una buena fábrica para generar felicidad y que hay que aplicarnos en la mejora continua. Vamos, algo así como una mezcla de planificación TOC de sentimientos, SMED de malos rollos y una aplicada gestión visual para hacer más fácil la comunicación con los semejantes.
Technorati tags | trabajo felicidad Eduardo Punset
En mi etapa de antes, de cuando pasaba las horas en LKS, cogí
una costumbre, que me ha ayudado a cultivarme, humildemente hablando. Y es que si eres consuoltor, mejor llevar siempre un libro encima (Txetxu me lo agradecerá). Reconozco que siempre ha sido una alternativa entablar conversación con el maromo de la portería o la chica de recepción (estereotipos ambos dos de diversas formas de enfocarse al cliente), pero el libro te da más intimidad.
¿Nunca os ha pasado llegar y que vuestra reunión se retrasa?, ¿o la persona con la que habéis quedado está entretenida bien sea porque sí o bien sea porque lo está de verdad?, ¿no os ha acompañado la compasión de quien dirige la recepción mientras tiempo pasa y pasa? Pues para eso y mucho más, la solución es un libro. Te sientas cómodamente y aprovechas esos despreciables minutos para aislarte de tu alrededor. No te pones de mala hostia, no te enfadas con el mundo; disfrutas del momento, mientras el tipo de la portería se repasa los dientes con un palillo bien sobado, que aquí son muy educados y no se meten la uña para escarbar en las cuevas.
¡Cuantos libros han caído en esos brillantes momentos de idiota espera! ¿Que no llega el megadire con el que has quedado? Mejor para ti. La lástima es cuando Mr. Gates dice eso de “Puede pasar”. Claro, tú le dirías que si no puede esperar un poco más, que aún no has terminado el capítulo y que está muy interesante, que Chamorro está chateando para pillar al asesino. Pero, claro, el maromo no lo entendería.
Bueno, mi consejo: lleva siempre un libro encima. Nunca sabes cuándo salta la oportunidad. Ya sé que tienes alternativas más tech pero tampoco es cuestión de humillar al pobre prejubilau de la recepción. Y que conste que, a veces, una buena conversación con el de la portería te descubre más de un secreto que la comandancia general de Acme & Cía consideraba a salvo de cualquier asaltapatentes.
Hace ya un par de semanas que no comentamos nada acerca de
la coalición de consultores. Buenas sobredosis de trabajo y otros entuertos nos han tenido callad@s, que no inactiv@s.
El caso es que Germán (coloco enlace a su web, pero está desactualizada ya que ahora todos sabemos por aquí que va por libre) nos ha puesto ya un proyecto encima de la mesa a algunos de nosotros. Comenzamos pues con la política de “a Dios rogando (reflexionando sobre el modelo de la coalición) y con el mazo dando (de proyectos vive el consultor)”. Desde cliente el primer acercamiento pinta bien porque se le ha explicado lo esencial del modelo y lo ve con buenos ojos. La oferta seguramente sumará las referencias de cada uno y así es bastante fácil impactar. Es suma que equivale quizá a multiplicación si le añadimos la naturaleza optimista que nos acompaña.
Sin embargo, este viernes pasado Germán y yo mantuvimos una ¿reunión de trabajo? en torno al siguiente paso de la coalición. Bueno, un bar, un cafelito, un agua mineral, un ordenador portátil al lado de los jamones… fue una reunión, ¿no? Germán quiere ya ya ya y con urgencia contacto físico. O sea, compartir tiempo y espacio. Vamos, vernos las caras, mirar cómo sonreímos o si fruncimos el ceño, comprobar el sentido del humor, si miramos a los ojos… Si no, no ve que esto pueda avanzar. Y, entre líneas, lo que dibuja es un modelo sobre todo emergente: saldrá lo que tenga que salir y cuantas menos reflexiones previas casi como que mejor.
Y yo, que soy más miedoso y analítico, quiero debatir antes utilizando este medio que ahora estoy usando. Quiero oír voces y más voces para ver si mi (nuestro) modelo de coalición se entiende en la forma en que yo lo planteo. Utilizo la palabra “yo” porque no puedo usar otra. Es decir, de momento es “mi” propuesta y todavía no puedo ver hasta dónde realmente es “nuestra” propuesta, porque todavía que sé hasta dónde llega “nuestra” química.
Un problema que atisbo en el horizonte es la diferente actitud ante la comunicación vía tecnologías web 2.0. Así dicho supone que yo me creo a pies juntillas que aquí, en este tipo de herramientas tecnológicas, está uno de los detonadores de la coalición. Y esto evidentemente Germán no lo ve así. Y aquí estoy un poco perdido. Porque, por ejemplo, si Telémaco me dice que se engancha a esto (todavía no sé si soy capaz de ver cómo), yo no necesito que venga a ninguna reunión, aunque estoy seguro de que llegará el momento. Simplemente por motivos de trabajo, porque será difícil que no sea así. Es pura lógica.
Además, está el hecho de que la coalición tiene necesariamente que asumir planteamientos previos, que nos hagan cómplices de una nueva forma de hacer consultoría. Esto va a suponer compartir conocimiento en algún lugar digital, al margen de cualquier exifracaso comercial. Puede ser un enfoque como el de Creative Minds, pero tengo que profundizar en lo que puede aportar su personal MBA y reconozco que aún no lo hecho (disculpa, blogobrother).
Y en todo esto ya hay un tema inmediato. Tenemos un proyecto y hay que hablar de marca porque el cliente necesita una imagen que unifique nuestro potencial. ¿Qué marca usar?
¿Cómo seguimos con todo esto?
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Aunque para mí un poco rara y sorprendente la clasificación que ofrece Brandchannel sobre notoriedad, parece que Google ya domina el mundo de la marca. El plan era conocido desde cierto tiempo atrás.
No soy experto en temas de marca y supongo que ya habrá otros bloggers que le metan caña al asunto, pero no deja de ser curiosa esta notoriedad. A mí, simple mortal, me sorprende no ver por aquí a Mr. Microsoft Bill Gates (por cierto, ¿nunca habéis pensado como puñetas un tipo apellidado “puertas” ha podido levantar un imperio a base de “ventanas“?). Os adjunto una tabla que también podéis encontrar en el post de Brandchannel. Vía Enpresa digitala.

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Me ha salido del alma, nada más leerlo.
Recogen en Microsiervos la famosa cita de Sun Tzu, en su libro “El arte de la guerra“, por cierto, parece que todito disponible en la Wikipedia. Pues la cita en cuestión comienza por… “El arte de la guerra se basa en el engaño” ¡Qué razón más simple de no querer que haya guerras! Estúpidos humanos. Qué pena que tantas veces infravaloremos la primera ley fundamental de la estupidez humana: Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación.
Por cierto, doy por hecho el oxímoron que supone el arte de la guerra. Y me niego a comparar nuestros humildes esfuerzos por gestionar dignamente empresas y trabajar desde la universidad con cualquier tipo de guerra. Declaro mi objeción de conciencia.
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Estupendo el post de Juan Freire reflexionando sobre la forma en que incentivar la participación en clase en la universidad, pero… no estoy del todo de acuerdo. Me explico.
Crear “condiciones de mercado” donde usemos recompensas directas para l@s alumn@s en función de su grado de participación no deja de ser reproducir el sistema. Aunque, claro está, no dudo que este concepto tenga su interés, avalado por ejemplo por Thomas Malone en su libro “El futuro del trabajo“). Creo que hay que introducir más elementos que tiendan a cuestionar el modelo global de “clase”. El uso del incentivo supone mantener una asimetría excesiva en quien trabaja (alumn@) y quien tiene el poder de recompensar (profesor/a). Esa distancia, ese alejamiento del p2p, no contribuye a enraizar la participación en la vida cotidiana del aula.
Pudiera ser que tengamos que definir peldaños en este proceso de migrar a una clase más participativa. Pudiera ser que el primer paso sean hermosas y suculentas zanahorias, pero hay que ir más allá. Si no, el modelo nos servirá para el corto plazo, pero tenderá a morir si no estás constantemente introduciéndole energía externa (ver el concepto organización haya frente organización jardín). Si no, será el mismo perro con distinto collar. Y levantaremos sospechas en nuestr@s alumn@s. Y eso son defensas que cuesta mucho ¿vencer?
Alberto ya pudo conocer de primera mano el experimento que hemos llevado a cabo en mi taller de último curso de la licenciatura de administración y dirección de empresas en la Universidad de Mondragón. Nos colocó un post, que agradecimos, aunque no fuésemos capaces de entablar diálogo con él. Fue un exifracaso del que aprendimos. En nuestro experimento (Juan cita otro de Marcelino Fuentes, un compañero suyo allí en A Coruña) hemos tratado de empezar desde el principio.
La clase se configuró en equipos de proyecto en torno a asuntos relativamente desestructurados (unos menos que otros). Debieron buscar un cliente dentro de la facultad para conversar sobre el proyecto que debían sacar adelante. Este cliente participaría en la evaluación y el equipo de proyecto tendría que decidir internamente cómo distribuía la nota. Podían repartirla por igual o asignarla de forma diferente entre los miembros. Sólo uno de los equipos ha decidido, al final, no ser “plano”. Han reconocido la reputación y el trabajo bien hecho de uno de ellos y le han colocado más nota que al resto.
Los equipos han sido autónomos en su trabajo y nos hemos guiado por una planificación global del taller en la que situamos una serie de reuniones. Esto me gustó mucho: bastante veces hablaban de que “tenemos reunión” y no de que “tenemos clase“. Los equipos debieron presentar una oferta, la tuvimos que validar y luego ya comenzar el proyecto en sí.
Como hemos terminado el experimento -aunque quizá debería explicarlo con más detalle- disponemos de la valoración conjunta que hicimos el último día en clase. Esta fue la valoración de l@s alumn@s. La pongo a vuestra disposición por si queréis comentar al respecto.
Aspectos positivos
- Sentido práctico
- Elaborado en horas de clase en su mayor parte
- Se aprende más que si hubiera sido teórico
- Charlas (nos referimos a que trajimos personas de fuera para dialogar con ellas)
- Hemos aprendido qué es un blog
- Dirigirnos a un cliente
- Indefinición inicial de los proyectos
- Cercanía y contacto (nos referimos al profe)
- Las entrevistas y disponer de diferentes puntos de vista
- Lo “atípico” de la asignatura
- La charla con Alberto (nos referimos al día que estuvimos dialogando con él)
- La superación del concepto “aula”
Aspectos a mejorar (cuando aparece “el profesor”, es quien escribe esto)
- La gestión del tiempo
- Compartir la información de otros equipos, no miramos lo de los demás
- Quisimos hacer un blog
- El profesor no llega a ver las contribuciones personales (ve más el equipo)
- Los clientes han llegado tarde a las presentaciones
- Nuestras habilidades para presentar
- Indefinición inicial de los proyectos
- Poca flexibilidad para hacer más equipos
- La configuración de los equipos
- El profesor se ha sentido infrautilizado
- Nos hace falta más imaginación
- “Cultivar al cliente”
- Destrezas informacionales
- Habilidades de relación interpersonal
La idea general es la de llevar adelante una participación radical, desde el origen. Queremos asumir la capacidad de transformar la propia aula, la relación profe-alumn@. Y conste, que en este sentido, es estupendo leer reflexiones sobre la universidad como las de Juan Freire en su blog. Voy a ver si poco a poco las voy digiriendo y aprendemos entre tod@s.
Más posts en este blog relacionados con: autogestión, Mondragon Unibertsitatea.
Technorati tags | universidad participación autogestión
A través de Smart Mobs, tenéis disponible un interesante informe en PDF sobre la búsqueda en blogs. Parece que lo que se busca por aquí es tecnología, diversión y tema político. Vale, pero todos sabemos que hay mucho más, mucho más en la laaaaaaaaaarga cola. Otra cosa son los hábitos del 95% de la población, muy respetables, porque son más, claro.
El informe se enmarca en una muy interesante conferencia sobre recuperación de información que se celebrará en el Imperial College (esto es un nombre para un centro de enseñanza y lo demás tonterías) de Londres, del 10 al 12 de abril. Pues habrá que estar atento.
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Hace unos días comentaba con el gerente de una empresa cliente la teoría de la larga cola. He leído no con la profundadidad necesaria aún el post de Wired (hay que tomarse un tiempo, son cinco páginas y allí hay cosas para subrayar y releer) y también los de quienes han comentado el asunto. Ahí están la simple cita de Joi Ito y desde luego los que han seguido con el asunto en Merodeando por la enredadera o el mismo Enrique Dans. Además, está el estupendo análisis de Mario en Nodos en la red, donde me siento un poco abrumado porque cita nuestro caso de la coalición, de la que pronto seguiremos hablando, por cierto. Todo este tema de la microsegmentación de mercado (o simplemente nichos) tiene ya su tiempo, pero quizá ahora la podamos reinterpretar.
La teoría, en lo básico, viene a manifestar la existencia de una larga cola de pequeños microsegmentos que descienden en volumen a partir de otros grandes mercados ya existentes. Cerca de este concepto aparece en lo industrial, por ejemplo, la fabricación minimasiva, la orientación hacia lotes progresivamente más pequeños, la personalización… Bueno, el concepto es evidente, ¿no? No hay mucho que desbrozar.
Pero lo que me interesa es trasladar ciertos aspectos de la teoría de la larga cola, muy enfocada hacia los productos de consumo y la gestión de información que conlleva, hacia una empresa industrial más clásica. Pongamos por caso una empresa que fabrica un producto más o menos commodity pero que cuando se redefine desde la perspectiva de cliente, adquiere una complejidad insospechada. En el cuerpo del supuesto animal con larga cola están los monstruos multinacionales globalizados que actúan tratando de gestionar su paradoja de tamaño (es fácil cómo) y flexibiliad (es mucho más difícil cómo). Pero en la cola de este animal hay infinidad de microsegmentos. Por eso me interesa dar vueltas en torno a la larga cola. Lo estamos aplicando a la blogosfera, pero creo que tiene otras implicaciones para otros sectores económicos (¿lo son los blogs?).
Cuando leo esto de que “A blog is like a shark: If it stops moving, it dies. Without fresh postings every day—hell, every few minutes—even the most well-linked blog will quickly lose its audience.” ¿Es aplicable igualmente a la actividad industrial dirigida a los microsegmentos? Es decir, para que un microsegmento de los que están en la larga cola sea rentable, ¿requiere intereactuar de forma constante con él? Quizá tenga que ver con una actividad de conocimiento del cliente: dar vueltas por allí, conocerle, saber qué puede requerir y quiénes otros como él lo pueden requerir. Me queda claro que es intensidad de relación, pero no sabría decir muy bien cómo.
¿Cómo son los márgenes en las diferentes partes de la cola? La tentación es atribuir menos margen al peso pesado y más margen al peso pluma, ¿no? Pero quizá no deba ser así porque una apuesta por la larga cola sólo por cuestiones de margen puede conducir al riesgo de ver el cesto lleno antes de que la gallina ponga los huevos. Hay que tratar de no penalizar con márgenes excesivos a quien forma parte de la parte final de la cola. Si no, aunque ahora forme parte de ella, su tendencia natural será a salir de allí en cuanto pueda. Y, además, supongo que en cuanto salga contará lindezas de sus proveedores. Vamos, que los pondrá a caldo porque se “han aprovechado de su situación”. No obstante, parece pensar que allí hay más margen. La imagen que me viene de forma repetida a la cabeza es el diferente precio que hemos pagado quienes disfrutamos del mismo “producto”: un asiento apretadito… si es que no quieres rascarte el bolsillo y pasar a la parte delantera del avión, ésa que llaman visnes.
Otra cuestión para que sea rentable dar servicio a los de la larga cola es el enfoque mundial (aquí en Bilbao, eso no es problema
. Me refiero a que busques en el mundo la dimensión de ese mercado. Podría ser algo así como: si atiendo a un microsegmento, como los mieleros (sí, sí, los de la miel), quizá la cuestión sea mirar al mielero con un “enfoque mundo” y no un enfoque peninsular, pongamos por caso. Claro que esto pasa por otro enfoque de comercialización y aquí el asunto supongo que se complica. Pero la larga cola, además de ser larga, puede no tender nunca a cero por una simple cuestión planetaria. Cuando somos tantos, siempre habrá más de una persona… pirada por los anapurnis (un tipo de loro que apasiona a un grupo de pirados, entre los que se encuenta un familiar). Y cuando los de los anapurnis se juntan conforman, aunque parezca increíble, un potencial nicho de mercado.
Me gustaría profundizar en este tema y contar con algunas de vuestras opiniones. ¿Cómo desarrollar la teoría de la larga cola en nichos concretos de la industria manufacturera?. Me vienen más preguntas que respuestas, pero quizá es que no he reflexionado lo suficiente:
- ¿hay que buscar sólo unos pocos microsegmentos, limitando su número para no “desquiciar” el enfoque?
- si estás en la larga cola, ¿puedes estar también en otras partes más “gordas” del mercado?
- ¿es posible atender a demandas mundiales de la cola para conseguir facturación y sacar del mercado a cualquier competidor o hay que buscar un nicho geográfico también?
- comercializar y/o fabricar, ¿la industria manufacturera debería fagocitarse si emprende el camino de atender a estos microsegmentos para dejar paso a otro tipo de negocios?
- ¿cómo manejar la información de esos microsegmentos?, ¿cómo generar intensidad de relación en el microsegmento?
Si queréis profundizar un poco más aquí tenéis una búsqueda un poco fina en Technorati. Voy a pasar este post también a algunas personas que no suelen transitar por la blogosfera para ver si consigo introducir ideas al respecto y traerlas aquí también. Gracias a todos.
Nota aclaratoria.- Aunque detrás de lo que planteo tengo una empresa concreta en la cabeza, me gustaría reflexionar con quienes andáis por aquí sobre esta cuestión en genérico. ¿Cómo enfocar un negocio excelente que atienda como fabricante y distribuidor de productos/servicios en esa larga cola?
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