Saturday, Jul. 20, 2019

Hospital de Cruces, una organización enferma

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18/12/2005


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El miércoles pasado, día 14 tuve que acudir a Urgencias del Hospital de Cruces (Barakaldo, Bizkaia) debido a un problema de un familiar cercano. No entro en detalles del caso. A quien acompañé se encuentra bien y es lo que de verdad me importa. Pero, tras darle un par de vueltas, coloco en este blog para quien quiera oírlo mi experiencia con ese hospital, una organización enferma, creo yo.

El concepto “urgencia” supongo que es un valor relativo. Se lo asigna quien acude al Hospital con un problema. En las seis horas y media que estuve allí, creí ver urgencias en familiares que lloraban. Los que no lloraban no sé si estaban allí con una urgencia o no.

Cómo manejar la información en ese momento del ingreso en urgencia me parece fundamental. La tabla de salvación son unas palabras y estás allí, como familiar, para esperarlas. Cuando alguien entra por la puerta de “boxes” (así es como lo llaman), los familiares pierden la información visual; ya no les queda sino esperar. Esperar información.

Tras 85 minutos suena por megafonía el nombre de tu familiar. Las miradas de los demás familiares te acompañan, con el deseo no expresado de que tengas suerte, de la misma forma que se la desean a sí mismos. En nuestro caso el médico nos conduce a una habitación con una mesa de despacho y tres sillas. Una silla a un lado y las otras dos enfrente. El despacho está desprovisto de cualquier elemento humano: paredes más bien blancas y una sensación de frío. Lo mismo allí habrán comunicado a mucha gente que “no hay nada qué hacer”. Nosotros tenemos suerte, nuestro familiar está bien. Parece que sido una sencilla lipotimia, aunque con dudas porque ha habido episodios similares anteriores con otras causas.
Luego accedes a ver a tu familiar. Dice que ha estado una hora y diez minutos sin que le atienda nadie. Dice que ha tenido que pedir tres veces una manta. Dice que ha estado a punto de levantarse para salir a la sala de espera para decirnos que estaba bien. Dice que estaba mal porque sabía que nosotros no sabíamos cómo estaba. La palabra mágica: información. Ella sabía que estaba bien, se sentía bien, pero nosotros no lo sabíamos. Ella lo sabía, el hospital, Urgencias, alguien de allí también lo sabía. Nosotros no. Eso es provocar dolor innecesario, aunque sólo sean 85 minutos de las vidas de dos familiares.

Hace ahora diez años ya tuvimos un error mucho más serio con mi padre por un problema de información. Y sigo encontrando ejemplos de que el sistema es un monstruo. Una completa aberración. Un ente enfermo organizado para funcionar a pesar de que existan familiares que esperan fuera. Un monstruo allí en Urgencias del Hospital de Cruces, un monstruo ajeno a las personas que allí trabajan. La atención directa al paciente es una actividad. Pero en el sistema están los familiares y la relación con ellos es otra actividad que afecta a la salud del paciente. En el sistema la información es crítica para curar o para empeorar.

Allí en Urgencias la megafonía dispara nombres y los familiares se levantan. Hay una barrera física entre el enfermo y el familiar. El punto de contacto es la nada. Es un tiempo que se llena de fantasmas, de supuestos optimistas y pesimistas, de lágrimas, de cigarrillos en la puerta. Es un tiempo que no entra dentro de ningún proceso EFQM; es un tiempo del familiar. Que se pudra y espere.

Tuve que traerle un bocadillo a un familiar que acompañaba a su mujer, ingresada en una cama cercana. Al traérselo una enfermera me preguntó allí en boxes que a quién le llevaba el bocadillo. Le dije que era para un viejillo que estaba sólo con su mujer. Ella muy digna me dijo que por qué no se lo pedía a ella. Le conteste que era una gran pregunta.

Todo esto es simplemente porque de mi relación con el Hospital de Cruces deduzco que aquello es un monstruo. No seré estadísticamente representativo de nada. Pero allí hay un sistema que gana la partida a las personas: a quienes son profesionales y allí trabajan, a quienes son enfermos/as y a quienes somos de momento sólo familiares de pacientes. Qué miedo. Tuve tiempo de leer en una pared los derechos del enfermo; estaban junto a un cuadro con el cristal roto.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(3) comentarios

  1. Telémaco
    19/12/2005 at 09:46

    Cuanta razón tienes. Tener que ir a urgencias en un hospital es una de las experiencias más deprimentes que existen.

    Yo hace un año tuve que pasar una noche entera en urgencias con un familiar, que al final tuvo que quedar ingresado y como no había camas en "la planta" (como le llaman ellos) lo tuvieron en una sala terrorifica detrás de urgencias en que había decenas de pacientes esperando cama.

    Me pasé la noche arropando a algunos, llevándole agua a otros, intentando consolar y tranquilizar a más de uno,... porque los médicos y enfermeros no hicieron acto de presencia en toda la noche. El trato humano en urgencias de los hospitales es en demasiados casos absolutamente inhumano.

  2. Iñaki
    19/12/2005 at 11:36

    La verdad es que da rabia que no se cuiden cosas que tienen tan fácil solución y que harían tanto bien a las personas en circunstancias especialmente delicadas y que, por ello, es cuando más se agradecerían.


    Supongo que todo se rutiniza y los que viven cada día el ambiente de urgencias, dejan de sentir o de ver lo que todo el mundo que llega allí por primera vez o esporádicamente puede captar enseguida.

    Cuando hablamos de orientar la Administración al ciudadano aquí tenemos un ejemplo claro de por donde empezar.

  3. Alorza
    19/12/2005 at 15:53

    Después de haber trabajado nueve años en la Sanidad vasca conozco demasiado bien el problema. Todo lo que dices es cierto. Cruces es una organización enferma, dentro de un sistema sanitario que cada día va a peor. Lo curioso en que los, hasta hace poco, gestores de Cruces ha cobrado fama de ser buenísimos y ahora mismo ocupan la cúpula de la Sanidad. Seguro que los indicadores les han cuadrado, pero los usuarios...

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