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Nueva idea: sin calendario anual de trabajo 6 comentarios

Como ya habíamos comentado, comenzamos las ideas de bombero, a las que siempre identificaré con la misma imagen, ésta que tienes al lado. Y como las ideas van a estar relacionadas con proyectos de consultoría abiertos, aquí va la primera. No hay que consensuar un calendario laboral anual, no tiene sentido.

El calendario anual es una limitación a la que todos engañamos. El tiempo es un argumento para reducir la incertidumbre y su interpretación no puede ser la misma para todas las personas que habitan la empresa. En todo caso, si el calendario debiera tener único objetivo, ese sería el que se reduzca al máximo… porque nos haría ser más eficientes, en términos de productividad.

Una idea sería la de que cada área de la empresa (y, por agregación, la empresa en su conjunto) establezca un objetivo de reducción de las horas de calendario, manteniendo otros objetivos de eficacia y eficiencia.

Pero, además, como el tiempo puede ser “disfrutado” habría que gestionar las horas de “disfrute”. Este concepto de disfrutar horas podría ser interno o externo. Es decir, disfrutar lo puedes hacer dentro o fuera de la empresa. Cada cual debería decidir las horas de disfrute. Pero me niego a que “disfrutar” horas sea hacerlo fuera de la empresa.

Como todos sabemos que el tiempo de trabajo no mantiene una relación directa con las horas de presencia en un lugar concreto (puedo trabajar cuando pienso en el trabajo mientras voy en bici; puedo no hacerlo cuando estoy turulato perdido sentado en el despacho), otra alternativa sería la de no medirlo porque, de hecho, es imposible hacerlo. Y como no lo puedes medir (vale, sí, pero es mentira tu medición), ¿para qué vas a colocarle límites?

Si el calendario fuera las horas de presencia éstas se irían acordando semana a semana o mes a mes, según vayan las cosas. Es igual que cuando tienes proyectos, según la carga de trabajo metes más o menos horas.

Otro claro objetivo del calendario sería flexibilizarlo… para todos/as. Me refiero a acordar con tu equipo cómo organizas las necesidades de tu vida de no-trabajo. Cada equipo tendrá circunstancias diferentes y desde fuera es imposible regularlo. Tienen que hacerlo a través del concepto equipo-haya y no equipo-jardín. Si desde fuera lo regulas, la gente pierde el control sobre su tiempo y estarán a la defensiva.

El objetivo final escondido tras toda esta historia es que el tiempo no tiene sentido como valor absoluto. Si lo disfrutas querrás que dure muuuucho, si lo sufres querrás que acabe cuanto antes. Por eso no sirve para medir a las personas. Un proyecto productivo es para mí uno en el que haya metido muchas horas porque me gustaba meterlas. Si no fuera yo y mis circunstancias, como consultor artesano que soy, alguien me estaría dando la murga para que entrara en razón y no generara tantas pérdidas. Cuanto más tiempo pasas disfrutando más dinero estás perdiendo. Me niego.

Si no hay calendario de trabajo, hacemos algo parecido a dejar campo abierto al caos. Claro que a veces sucede que el caos genera sistemas emergentes, se autorregula el asunto y se reducen los accidentes al quitar señales de tráfico, semáforos y limitaciones. El mensaje es: la gente será responsable para organizarse si eliminas la limitación del tiempo.

Nuevas ideas en fascículos 1 comentario


He decidido abrir una sección específica en el blog para lanzar nuevas ideas en torno a las empresas, con especial dedicación a los aspectos referidos a la gestión de la información. No obstante, como ya me conozco, iré también divagando en torno a otras cuestiones de más amplio horizonte.

La característica común de estas ideas será su radicalidad. O sea, ideas de bombero. A grandes males, grandes remedios. Aunque no quisiera partir de la autoflagelación, sé que habitualmente lanzamos ideas rompedoras cuando la carretera por la que circulábamos se ha vuelto intransitable. Si a alguien le sirven los nuevos trazados, encantado. Si no, también.

Así pues, lo que compartirán estas ideas será:

  • radicalidad como recurso para que genere debate
  • apertura a quien la quiera modificar, rebatir
  • relatividad ya que mañana podríamos decir lo contrario
  • el cuestionamiento de modelos mentales imperantes

Como no me tengo por ningún genio, me equivocaré un montón de veces; menos mal.

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Optimismo 1 comentario


Suelo comentar de vez en cuando que esto de “ser de Bilbao y además tener alta la autoestima” es la hostia. Claro que la estadística es demoledora. Cada vez que preguntas a algún amiguete a ver qué tal en el trabajo, tienes muchos boletos para que te explique por qué el mundo (laboral, al menos) se ha puesto en su contra. Jefes, jornada de trabajo, los de personal y no sé cuántas cosas más conforman un conjunto de elementos dispuestos a machacar al humano de turno. Tremenda losa si son ocho horas al día, un buen pedazo de tu tiempo de vida. Y anda que no hay blogs para decir lo mal que va todo. Por eso hoy con mi amigo Germán he mantenido una conversación de las que te dan subidón. Joder, qué suerte tengo.

Tengo que rebuscar en mis apuntes de los 80, cuando estudiaba (no sé si esta es la palabra adecuada) psicología, en qué maldita asignatura me hablaron de la actitud mental positiva. Pero mira tú que es un invento.

Por eso, cuando parece haber gente tan machacada (o con la percepción de serlo), reconozco que:

  • es una suerte haber nacido en esta parte del planeta; empecemos por ahí, y no en casi cualquier parte de África, ¿no?
  • es una suerte haber podido estudiar, leer y aprender… y poder seguir haciéndolo, y no haber tenido que trabajar desde canajo
  • es una suerte poder hablar con otras personas de la blogosfera de la suerte que tengo por poder hablar con ellas, y no hablar sólo conmigo mismo
  • es una suerte que me dejen experimentar en la vida y en el trabajo, y no actuar como una puta máquina
  • es una suerte que dé al grifo y salga agua, y no tener que andar kilómetros para cargar con la garrafa cada mañana
  • es una suerte teclear letras y componer palabras, y no ser analfabeto
  • es una suerte estar alfabetizado en lo digital, y no sufrir porque no te enteras qué coño es el güisigüij (¿?)
  • es una suerte conducir despacio por la autopista, sin la prisa de todos los que me adelantan, que mira que son batallón (qué pena que no tengan tiempo)

Así que este post no va ni de información, ni de empresa, ni de conocimiento, ni de flautas en vinagre. Va de que, si lo estás leyendo, es que quizá (estadísticamente hablando en el planeta tierra) tienes una suerte del copón. O sea que aprovecha, que esto va deprisa. Ah, y cuando una persona te pregunte algún día para elegir entre dos cosas, dile que elija ella, que acertará coja la que coja. Yo no tengo la respuesta, la tienes tú, pero estoy seguro de que acertarás, siempre y cuando pienses que vas a acertar.

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Sssshhh, el placer de la pequeña multitud 1 comentario


Callando, callando sin que demasiada gente nos oiga. El placer de lo pequeño que tantas macroempresas quieren encontrar. Lo grande pervierte los principios de colaboración. Yo esto era lo que pensaba. Pero ahora tengo un pequeño lío.

Estoy trabajando en empresas industriales donde buscamos con ahinco impulsar dinámicas que desarrollen lo pequeño. El pequeño equipo de trabajo, la referencia a un entorno inmediato donde ves que tu comportamiento influye en los resultados, el pequeño detalle de felicitarte si has hecho algo bien. Lo pequeño, todo el tiempo lo pequeño, lo íntimo, el espacio donde podemos mirarnos cara a cara, donde te veo y siento si hago química contigo. Estamos empeñados en recuperar un ámbito humano, la dimensión en que entiendes las cosas, en que comprendes que no puedes escaquearte porque no estaría bien con tus compañeros. Pero ahora tengo un lío.

Tengo el lío que surge de usar palabras como las que usa Rheingold y cía: multitudes inteligentes, many-to-many. La referencia ahora es el mundo, es una ingente cantidad de personas de cierto nivel de vida, suficiente para enhufarse a la red cada mañana. Y yo no me muevo bien entre las multitudes. No me gustan las fiestas con mucha gente, no me gustan los conciertos mastodónticos, no me gustan las multitudes de más de tres personas, no me gusta levantar la mano en la asamblea de la cooperativa y hablar, no me gusta no saber los nombres de las personas que tengo enfrente.

Y aquí estoy escribiendo para desconocidos que tienen rostros desconocidos. Y la vergüenza de escribir para muchos sólo es superada por la paradoja de que no lo lean tantos. En mis cursos de comunicación hablo de que el ser humano tiene capacidad mediática, es capaz de escribir para multitudes. Como en las empresas, cuando un día resulta que te diste cuenta de que no podías relacionar caras y nombres. Entonces decidiste que quizá había que dejarlo.

Espero que no demasiada gente lea este post. Es mejor así. Supongo que las multitudes inteligentes son la agregación de personas inteligentes que usan tecnologías que les permiten vivir de forma emocionalmente inteligente.

Esto me pasa por madrugar.

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Caligrafía digital, caligrafía de gestión empresarial Sin comentarios

En muchas de mis clases suelo manejar el concepto de “torpe digital”, con todo mi cariño. Y suelo decir la cuadrilla de torpes digitales habitualmente ha ganado el poder. En buena parte, son nuestros directivos (casi siempre del género masculino, quizá para agravar el problema). Y, claro, esta cuadrilla de torpes digitales son los que nos hacen trabajar. Hay que convencerlos de qué es el p2p, las herramientas colaborativas, explicarles lo que es Internet, para qué vale, cómo nos afecta al negocio… Aunque ellos quizá necesiten, en muchos casos, caligrafía digital.
La pirámide se ha invertido. Los que ganan pasta, más torpes digitalmente hablando, están arriba. Es la estadística, pero hay excepciones… aún peores.
Entonces, la escena es tal que:
- A veeer, a veeer, señó diretó, si nos aclaramos. La m con la a… maaaa. Entonces, esto es el teclado y esto el ratón. La tele, ehhh, la tele, es…. la pantalla. Y vale para ver lo que aprieta en el teclado…
Vale, vale, puede que no sea para tanto. Pero parece que en Holanda han buscado una alternativa para que insignes catedráticos y gente de esa calaña aprenda con la chavalería. Fotos a raudales. Real como la vida misma. Es por lo que escribo este post. Me trae recuerdos entrañables.
El mundo se repite. Esta misma experiencia la puse en marcha allá por el año 99 en Maier, mi querida ex-empleadora, una empresa que me dio una tarjeta en la que se podía leer: Julen Iturbe-Ormaetxe, responsable de gestión del conocimiento. Impresionante, aquí una prueba, no miento (página de contribuyentes al informe) . Y yo, sin guardar ninguna de aquellas tarjetas. Con lo chulo que quedarían en el museo de los horrores empresariales. Al grano; el caso es que coloqué becarios multiuso con los directivos paleolítico-digitales. ¿Para qué? Para que les acompañaran en el uso de los ordenadores, para que aquella cuadrilla de torpes digitales hicieran lo que se supone que debían hacer asumiéndolo ellos mismos y no escaqueándose debido a sus limitaciones.
En todo esto siempre hay que considerar que nada puede darse por supuesto. Hay que ir al punto 0. Empezar porque el ordenador (curioso nombre, ahora que lo pienso, para mí que últimamente no hago más que hablar del caos… o sea ¿caotizador?) es un bicho que suele enchufarse a la corriente eléctrica y al que poco a poco se le coge cariño, como al perro. Empezar por explicar que siempre puede preguntarle por la noche a su hijo, el pequeño, si es que hay algo que no han entendido. Es decir, tratando de buscar una relación amistosa entre máquina y humano.
Claro está que extrapolando el contenido del aprendizaje, me surge una reflexión: ¿los directivos podrían aprender de gestión empresarial con la becaria que ha terminado la carrera y empezó ayer a trabajar? ¿Cómo sería la escena si lo que la chavalería está enseñando es gestión empresarial? Total, me da que es la misma cuestión, ahora que la caligrafía de gestión empresarial ya no es cómo la aprendió mi querido gerente allá a mediados del siglo pasado. Sí, ése que al que le saca de marrones su hijo de 11 años cuando se les chufla el mando del video.

Sin señales 3 comentarios


Gracias a Bittor, director industrial en Consonni S.Coop. he conocido una experiencia de la que no había oído hablar: la eliminación de señales, semáforos y otros elementos de regulación para mejorar el tráfico en un espacio determinado. El mundo al revés. Y es que el asunto ha sido analizado hasta en Wired: A New Paradigm for Road Safety.

De mi precipitada lectura y a falta de profundizar más en ello, saco dos ideas básicas:

  1. El concepto de “sistema” arrasa. Regular el tráfico es regular el no-tráfico. Cuando delimitas una vía pública para los coches lo estás haciendo también para los peatones. La segregación genera distancias y aleja objetivos comunes. Si eliminamos límites internos, obligamos a la gente a colaborar entre sí y a asumir responsabilidades que antes estaban fuera de su capacidad.
  2. Los modelos mentales que leí en La Quinta Disciplina de Peter Senge (sí, sí, accesible en Rincón del Vago) nos condicionan en negativo para poder mejorar. En un mundo en el que necesitamos, para determinados ámbitos, radicalidad, nuestro punto de partida es lamentable. Haciendo las cosas como las hemos hecho hasta ahora, el horizonte no se mueve apenas. Así que, si andas mal, muy mal, no pierdas el tiempo en tratar de mejorar. Olvida lo que sabes… si puedes.

Otro asunto a perseguir: ¿qué pasa si quitas los límites? Que las personas deben buscar nuevas conexiones, un nuevo marco de relaciones. Me pierdo en la inmensidad del nuevo enfoque. A descansar un rato.

Por defecto no… peligro, personas 8 comentarios

Ayer en una reunión con una persona de los servicios centrales de MCC lo volví a escuchar. Cada proyecto de consultoría que se pone en marcha requiere una “gestión del cambio”. Y es que el día anterior ya se lo había escuchado a Alberto Ortiz de Zárate en un detalle que tuvo con mis alumnos/as en la Uni. Parece que hay que desplegar tácticas sesudamente concebidas para conseguir que las cosas cambien. Reconozco en el fenómeno dos elementos, uno positivo y otro negativo. Está bien que miremos a las personas y veamos cómo operan cuando han de afrontar un cambio. De ello seguro que aprendemos acerca de la naturaleza humana desplegada en el lugar de trabajo. Todo un mundo en sí mismo. Claro está que otra vez enreda el concepto organización-jardín. En la medida que actuamos desde una perspectiva externa, anticipo que, por defecto, será no. No sé lo que me quieres contar, no sé lo que me quieres vender, no sé lo que tratas de cambiar, pero, por si acaso, más vale malo conocido que bueno por conocer. Así que, ¿sabes qué te digo? Que no, que no y que no. Dentro no tenemos la energía para mantenernos a nosotros mismos. Así que son necesarias sucesivas inyecciones de motivación licuada. Y parece que no hay otra manera. A través de los amigos de Smart Mobs y todo el fenómeno peer to peer creo que podemos vislumbrar otro factor que provoca el no. Habitualmente quien implanta herramientas de gestión o como lo queráis llamar ha sido colocado en un plano de superioridad, sea técnica, tecnológica, por lo que cobran o porque sí. Adiós a la relación de igual a igual. Las jerarquías provocan distancias y las distancias alejan la colaboración natural. Me interesa todo esto porque me niego aceptar el “por defecto no”. Pero también reconozco que el virus está extendido y que la vacuna quizá tarde unos cuantos años en llegar.

Cooperativas p2p 1 comentario

Ayer en Huhezi, la Facultad de Humanidades de Mondragón Unibertsitatea, tuve la ocasión de impartir unas clases en su Máster de Proyectos Empresariales. Al finalizar, mantuve una conversación muy interesante, que me conduce a este post.
Ya hemos realizado un breve comentario al concepto antes, pero ahora me interesa remarcar el campo que puede abrirse buscando similitudes entre nuestro querido fenómeno cooperativo y estos asuntos del p2p. En un momento en que las cooperativas de MCC siguen dándole vueltas a sus valores, cómo los definen, los explican, los hacen o no realidad y cosas por estilo, no veo por ningún lado que nadie se acerque a estos fenómenos de la construcción de software libre y la colaboración a través de herramientas p2p para extraer ideas de cara al desarrollo de las cooperativas. Cuando en el ciberespacio conceptos como comunidad, multitud inteligente y otros del estilo se dispersan por doquier, en las cooperativas parece que ese campo queda al margen (al menos desde mi limitado conocimiento de causa).
No sé lo que hay realmente detrás de lo que estoy diciendo, pero creo que merece la pena hurgar un poco en ello. Cuando parecemos asistir a una cierta crisis de identidad, surgen fenómenos espontáneos (¿o no tanto?) de colaboración entre iguales allá por el espacio digital. El software social es una realidad de la que aprender. Nosotros, en nuestras cooperativas, venga tirar de asamblea y de intensa comunicación compartiendo tiempo y espacio. Y no digo que esto esté mal, pero que hay nuevas posibilidades mirando a un tipo de colaboración que se rige por patrones de cierta emergencia. ¿Por qué no mirar a wikipedia e indagar en los extendidos fenómenos de software social para tratar de aprender sobre nuevas formas de compartir?
Soy consciente de que no sé muy bien lo que hay detrás de lo que digo, pero también estoy convencido de que es un mundo apasionante del que aprender. Espero tener las luces suficientes para abrir una línea de posts en torno a esta cuestión.

Caos e información… para los humanos 3 comentarios

De mis limitadas fuentes de bloggers ilustres y con mi tesis renqueando, me muevo en un continuo donde tengo claros los extremos, pero donde me cuesta encuentrar un justo medio, caso de que existiera. Cada vez me atrae más el caos porque sí, por su potencial para que el humano extraiga de él desplegando sus capacidades. Me gusta el reto que conlleva. Ahí es donde abrimos herramientas Google Desktop y similares. Manos a la obra, con paciencia, cada vez me siento más cómodo en este caos, lo reconozco. Yo, que era un 5S auténtico. El otro extremo es que reconozco cuando leo el último post de Aránzazu sobre sus categorías. Ahí también estoy yo, compañera, sudando por saber de qué quiero saber, cómo es todo eso que me interesa. Y lo primero que creo que necesitaría es un orden, unos cajones donde meter lo que me hace falta. Pero, claro, esa definición de cajones es horrible. Cada mañana tengo una idea nueva al respecto y el desasosiego, serendípico total, me invade. Y me extenúa. El blog de redes sociales de Alianzo (algún día quedaremos, prometo) incorpora un sugerente artículo de un tal James Torio sobre las necesidades de comunicación del humano. Tengo que repasar a toda mecha mis noventa mil artículos al respecto. Humanos, necesidades de comunicación, claro que ahora con nuevas tecnologías, psicología social… sí, sí… dónde estaba… pues como que lo de siempre, ¿no? Pero cada vez que releo a estos nuevos teóricos de la comunicación humana, blogosféricamente hablando, encuentro algunas nuevas ideas para darle al coco. Como podéis ver, quizá voy a peor y ya no sé entiende ni lo que escribo. Pero me tranquiliza saber que la raza humana pelea por encontrar también su justo medio entre el orden y el desorden. Lo reconozco, me escurro hacia el caos. Eso sí, tesis doctoral en curso. Aparenta divertido el futuro.

Productividad por los suelos Sin comentarios

No lo digo yo, sino que lo leo de un informe elaborado por una consultora. Tan sólo el 20% dice que rinde al 100%. Y cuando buscan razones, entre otras, encuentran:

  • Urgencias y falta de comunicación adecuada
  • Presión por el corto plazo
  • Falta de organización clara de los procesos
  • Falta de autonomía y delegación…

Y yo aquí, perdiendo el tiempo en un blog. Qué placer, medir tu propia productividad. Sacar un porcentaje digno de tus posibilidades es cuestión de uno mismo. Eso sí, la empresa tapón hace bien su trabajo para tratar de impedirlo. Mientras esto ocurre, tira pa China, que allí todavía cobran menos. Y así se nos va pasando el tiempo, que diría Astrud. Lamentable asunto el de derramar cerebro y corazón en tanta empresa sin norte.

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